jueves, 25 de junio de 2015

Papa: No a los pastores que hablan demasiado y escuchan poco

La gente sabe cuándo un pastor tiene esa coherencia que le da autoridad. Es uno de los pasajes de la homilía del Papa Francisco durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, centrada en la distinción entre los verdaderos predicadores delEvangelio y los “pseudo profetas”.
El pueblo sigue maravillado a Jesús porque Él enseña como uno que tiene autoridad y no como los escribas. Desarrollando su reflexión a partir del pasaje del Evangelio del día el Santo Padre observó que la gente percibe, sabe, “cuando un sacerdote, un obispo, un catequista o un cristiano tiene esa coherencia que le da autoridad”. Jesús – dijo el Papa – “pone en guardia a sus discípulos” ante los “falsos profetas”. Y después les explicó cómo hacer para comprender “dónde están los verdaderos profetas y dónde los pseudo profetas”; “dónde están los verdaderos predicadores del Evangelio y dónde los que predican un Evangelio que no es Evangelio”.
Hablar, hacer y escuchar
El Papa también afirmó que hay tres palabras-clave para entender esto: “Hablar, hacer y escuchar”. Ante todo – advirtió retomando la admonición de Jesús – “No cualquiera que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos”:
“Estos hablan, hacen, pero les falta otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento del hablar, del hacer: les falta escuchar. Por tanto, prosigue Jesús: ‘Quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica: el binomio hablar-hacer no es suficiente… nos engaña, tantas veces nos engaña. Y Jesús cambia y dice: el binomio es el otro, escuchar y hacer, poner en práctica: ‘Quien escucha mis palabras y las pone en práctica será semejante a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca’”.
Estar atentos ante los “pseudo profetas”
En cambio – prosiguió diciendo el Papa – “el que escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, es decir no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como aquel que edifica su casa sobre la arena”. Y – añadió –  “conocemos el resultado”:
“Cuando Jesús pone en guardia a la gente de los ‘pseudo profetas’, dice: ‘Por sus frutos los conocerán’. Y aquí, de su actitud: tantas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la palabra de Dios y estos son los ‘pseudo cristianos’, los ‘pseudo pastores’. Es  verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca”.
Los pastores mundanos hablan demasiado y escuchan poco
Les falta – especificó Francisco – “la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios”. Y sin esta roca –  advirtió – “no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba”. “Son  – dijo el Santo Padre  – los  ‘pseudo pastores’, los pastores mundanos; también los pastores o los cristianos que hablan demasiado, tienen miedo del silencio, quizá hacen demasiado”. Pero no son capaces de escuchar, hacen lo que dicen, hacen de lo propio, pero no de Dios”:
“Recordemos estas tres palabras, son un signo: hacer, escuchar, hablar. Uno que sólo habla y hace, no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo: no está sobre la roca del amor de Dios, no está firme como la roca. Uno que sabe escuchar y de la escucha hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la propia, ese permanece firme. Si bien sea una persona humilde, que no parece importante, ¡pero cuántos de estos grandes hay en la Iglesia! ¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes que saben escuchar y de la escucha hacen!”
Un ejemplo de nuestros días – dijo también el Papa –  es la Madre Teresa de Calcuta que “no hablaba, y en el silencio ha sabido escuchar” y “¡ha hecho tanto! No se derrumbó ni ella, ni su obra”. “Los grandes – añadió Francisco  – saben escuchar y de la escucha hacen porque su confianza y su fuerza está en la roca del amor de Jesucristo”.
“Que la debilidad de Jesús, que de fuerte se hizo débil para hacernos fuertes  –concluyó el Papa – nos acompañe en esta celebración y nos enseñe a escuchar y a hacer de la escucha, no de nuestras palabras”.

(María Fernanda Bernasconi - RV)

DAD GRACIAS AL SEÑOR PORQUE ES BUENO

Del Salmo 105:

Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?

Dad gracias al Señor porque es bueno

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.

Dad gracias al Señor porque es bueno

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.

Dad gracias al Señor porque es bueno

Por la fe y el amor a los hijos hay esposos que siguen dando testimonio de fidelidad al vínculo conyugal, dijo el Papa en la Catequesis

“Por nuestras familias, especialmente por los que pasan por dificultades, para que sepan superar y sanar siempre las heridas que causan división y amargura”, pidió el Obispo de Roma el miércoles 24 de junio de 2015.

En otra Catequesis más sobre la familia el Papa, que anteriormente había considerado la fragilidad de la familia con la pobreza, la enfermedad y la muerte, esta vez propuso reflexionar sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. “Se trata –dijo- de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer”.

Francisco afirmó que “si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos. Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente”. Y explicó que esto es así porque “en la familia todo está entrelazado. Los esposos son ‘una sola carne’, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia”.

El Sucesor de Pedro expresó que “en algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños”. Pero que no faltan “los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído”. jesuita Guillermo Ortiz - RADIO vATICANA

SEÑOR, TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES


Del Salmo 138: 

Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, Tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.


Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma.


Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra.



Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente
News.va

miércoles, 24 de junio de 2015

Tal día como hoy, nacía Juan de la Cruz



Tal día como hoy, en 1542, según la tradición, nació Juan de Yepes, quien, andado el tiempo, sería el carmelita Juan de la Cruz. Así figura en una inscripción:

«En esta pila se bautizó el Místico Doctor San Juan de la Cruz, primer Carmelita Descalzo, lustre y honra de esta nobilísima Villa de Fontiveros por haber sido natural de ella. Nació el año de 1542 a 24 de Junio. Murió el año de 159 a 14 de Diciembre. Hízose siendo cura el Licenciado José Velado año de 1680»

Carlos Osoro: "Si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios"

"Si no existiese Dios, no habría ateos". Carlos Osoro se presentó anoche en un lugar cuando menos atípico para un obispo. "No soy torero pero he predicado en una plaza de toros. Nunca me imaginé en un teatro y aquí estoy, encantado". El arzobispo de Madrid participó en la sala Pérez Galós del Teatro Español en la segunda edición de "Voces de Madrid", un proyecto que quiere sentar en el escenario a personajes de la vida pública para hablar y escuchar.
El moderador, Ignacio García May, reconoció no esperar nunca que un obispo llegara al estrado. Osoro se ganó enseguida al público, recordando su vocación y reivindicando la normalidad de ser cristiano, y el deber de confrontar la fe en la sociedad. De modo pacífico e incluyente, pues "si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios".
"El peregrino", apodo que le puso el Papa Francisco ("y mi amigo Jesús Bastante, que está aquí", señaló, indicando a este ruborizado cronista) se calificó como "un nómada permanente", y justificó la verdad del término que lo califica. "Madrid no se puede conocer desde mi despacho". Anoche, en el centro de un escenario, acompañado por un piano y una escenografía propia de un cabaret, con mesas redondas, sillas y un granizado.
"El Dios en quien yo creo ha dado al hombre la tierra para que pueda vivir compartiéndola", pues "hablar de Dios supone dedicarse al ser humano. Dios no nos anula ni nos distancia de los demás", aclaró.
"El cristianismo es un bien social, porque a mí me enseña a respetar al otro", apuntó el obispo, quien incidió en que "tenemos que vivir para los demás. Si creo en Dios, no puedo hacer otra cosa. Y creer no estorba a los demás". De hecho, muchos de sus amigos "no creen ni en las aspirinas, pero cuando necesitan consejo ahí estoy. Y nunca nos hemos abandonado".
"A mí ser obispo me ha ensanchado el corazón", confesó Carlos Osoro, quien mostró su objetivo de "ser pastor de todos, y acercarme a las personas no por lo que tienen, sino por lo que son". Confesó que le costó mucho abandonar Valencia, y que "el acto de obediencia más grande de mi vida ha sido tener que venir a Madrid. Por eso, me entrego totalmente".

Pese a todo lo que está cayendo, Osoro es optimista: "Éste es un tiempo de gran esperanza, porque el ser humano está necesitado de una Buena Noticia; que Dios le quiere y no pasa de nadie", concluyó. Cayó el telón, y los aplausos. Y otro mito: el de ver a un obispo ante las tablas.

El amor está más en las obras que en las palabras, el Papa a los jóvenes

Una plaza repleta de jóvenes con Rosarios en las manos y entonando “Emanuel” acogieron en la tarde del pasado domingo al Papa Francisco, llegado a la Plaza Vittorio Veneto de Turín donde también se encontraba la cruz de la JMJ.
Amor, vida y amigos: fueron éstos los temas fundamentales del discurso del Papa, respondiendo a las preguntas que le dirigieron algunos jóvenes.
El amor es concreto, es diálogo, es casto, es sacrificio, es finalmente “servicio”: así definió el Papa el amor, respondiendo a la primera pregunta. El Obispo de Roma explicó que el amor se mueve en base a dos ejes fundamentales: el primero, es el ser concreto: “el amor está más en las obras que en las palabras”, dijo. El segundo eje, es el diálogo: “el amor se comunica, se hace en el diálogo, en comunión”, prosiguió. 
Francisco les invitó a vivir plenamente su vida, con amor, andando a “contra corriente”, siguiendo las palabras del beato Pier Giorgio Frassati: “vivir, no sobrevivir”. “A mí me da mucha tristeza y mucha pena ver a los jóvenes que se jubilan a las 20 años. Han envejecido rápidamente. Lo que hace que un joven no se jubile, son las ganas de amar”, dijo.

El Papa, quien habló sin papeles en la mano, quiso también que los jóvenes pensaran sobre los conflictos bélicos que se viven actualmente en el mundo, en Europa, en África, en Medio Oriente… “¿yo puedo tener confianza en una vida así de este modo?, ¿puedo confiar en los dirigentes mundiales? Cuando yo voy a votar a un candidato; ¿puedo confiar que no llevará mi país a la guerra?”. E insistió también en la hipocresía de hablar de paz y fabricar armas.

Nada te turbe. Juan Santamaría.

«Natividad de San Juan Bautista»


Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. 

Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. 

El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. 

Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

News.va

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.

Evangelio según San Lucas 1,57-66.80. 

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 

Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. 

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 
pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 

Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 

Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 

Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 

Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él. 

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel. 
News.va

domingo, 21 de junio de 2015

Papa Francisco rezó y tocó el Santo Sudario en Turín

Dentro de la catedral de Turín en penumbras, el domingo 21 de junio de 2015, Francisco veneró en silencio la misteriosa sábana sepulcral en la que envolvieron a un crucificado, con todos los signos de la pasión de Jesús de Nazaret que refiere el Evangelio. El momento central de esta peregrinación del Papa, fue en absoluto silencio. Ni lecturas, ni discursos, ni cantos, ni  música. Solo varios minutos de contemplación y oración delante del Santo Sudario, con algunos enfermos en silla de ruedas en primera fila.
“El hombre de la Sábana Santa nos invita a contemplar a Jesús de Nazaret” dijo Francisco en un video mensaje en los días previos a su visita. “También yo me pongo con ustedes  ante la Sábana Santa… no se trata simplemente de observar, sino de venerar; es una mirada de oración. Y diría aún más: es un dejarse mirar. Este rostro tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, misteriosamente nos mira y, en el silencio, nos habla. Esta imagen –grabada en el lienzo– habla a nuestro corazón y nos lleva a subir al monte del Calvario, a mirar el madero de la cruz, a sumergirnos en el silencio elocuente del amor."
"Así pues, dejémonos alcanzar por esta mirada, que no va en busca de nuestros ojos, sino de nuestro corazón. Escuchemos lo que nos quiere decir, en el silencio, sobrepasando la muerte misma. A través de la Sábana Santa nos llega la Palabra única y última de Dios: el Amor hecho hombre, encarnado en nuestra historia; el Amor misericordioso de Dios, que ha tomado sobre sí todo el mal del mundo para liberarnos de su dominio."
"Este rostro desfigurado se asemeja a tantos rostros de hombres y mujeres heridos por una vida que no respeta su dignidad, por guerras y violencias que afligen a los más vulnerables... Sin embargo, el rostro de la Sábana Santa transmite una gran paz; este cuerpo torturado expresa una majestad soberana. Es como si dejara trasparentar una energía condensada pero potente; es como si nos dijera: ten confianza, no pierdas la esperanza; la fuerza del amor de Dios, la fuerza del Resucitado, todo lo vence”.
El Obispo de Roma, sentado frente a la reliquia de Jesús miraba y bajaba la cabeza, en contemplación y oración, finalmente se persigno, se levantó y camino subiendo los escalones que lo separaban de la misteriosa sábana y tocó el vidrio que la protege.
Después de la misa y previamente a la oración del Ángelus dijo: “El Santo Sudario nos atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, nos empuja hacia el rostro de cada persona sufriente y injustamente perseguida. Nos empuja en la misma dirección del don de amor de Jesús. “El amor de Cristo nos apremia”.

"Los ojos en Él", disco de las carmelitas descalzas de Andalucía



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sábado, 20 de junio de 2015

Conversar. Teresa de Jesús

Teresa de Jesús es doctora de la Iglesia y maestra de espirituales, está reconocida como una de las grandes místicas de todos los tiempos, pero ha elegido un modo muy sencillo para enseñar y compartir su experiencia: conversar con quien desea crecer.
Era una mujer que se sentía hecha para la relación, que disfrutaba comunicando y que, a la vez, luchaba con las palabras, inmensas e insuficientes, para poder decir lo que quería. Por eso, había escrito: «¡Oh Dios mío, quién tuviera entendimiento y letras y nuevas palabras para encarecer vuestras obras como lo entiende mi alma!». Quería nuevas palabras, para decir algo del infinito amor que había descubierto.
Y para tanta grandeza, prefería un camino llano, para que fueran muchos los que lo transitaran. Por eso, Teresa conversaba. Quería «engolosinar» y a eso animaba a sus hermanas, cuando les pedía que aprendieran a conversar para «despertar a alguna alma para este bien»: el bien de vivir con el «amigo verdadero» que es Dios.
La escritora estadounidense, M. Wheatley decía que «la conversación humana es la forma más antigua y más fácil de cultivar las condiciones necesarias para cambiar, personal y comunitariamente, en las organizaciones y a nivel planetario». Teresa había experimentado algo de eso: que conversar puede hacer abrir los ojos, reorientar los caminos y abrir puertas selladas.
De joven, lo había comprobado en sí misma. Contaba que entre las agustinas del convento adonde la llevó su padre, para que se formase y madurase, había una monja cuya conversación caló en ella y decía: «Comenzando a gustar de la buena y santa conversación de esta monja, holgábame de oírla cuán bien hablaba de Dios, porque era muy discreta y santa… Comenzó esta buena compañía a desterrar las costumbres que había hecho la mala y a tornar a poner en mi pensamiento deseos de las cosas eternas».
Teresa tenía capacidad innata para la amistad, para crear lazos, para establecer redes de comunicación. Después de esta experiencia, a través de un largo camino, fraguará en ella la conciencia de que su don para la comunicación era una responsabilidad y lo pondrá al servicio de Dios y de las gentes.
Una buena parte de la conversación que lleva entre manos Teresa, al escribir sus grandes obras, tiene que ver con todo esto: con el imperioso deseo de comunicar lo que ha entendido, de clarificarlo también, y de compartir el camino que ha recorrido.
Sus textos están llenos de expresiones que reflejan la conversación: «Yo os digo… diréisme», «os diré, trataré, os pido yo… si decís que… ¿qué pensáis?». Y de recomendaciones, para animar a conversar, a tener trato unos con otros, los buenos amigos de Dios. Decía: «Grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto» y aún añadía que quien mucho conversa con esos buenos amigos, crece y avanza más deprisa en el camino del amor.
Una de las primeras hijas de Teresa, María de san José, reconocía que la conversación de la «Madre» era lo que la había movido a comprometer su vida en el seguimiento de Jesús:«Tratando a nuestra Madre y a sus compañeras, las cuales movían a las piedras con su admirable vida y conversación, y lo que me hizo ir tras ellas fue la suavidad y gran discreción de nuestra buena Madre».
Ya no es solo Teresa, va a generar un estilo, un modo de vivir en permanente diálogo, es decir, en disposición de escuchar y de comunicarse. Quien conversa con ella, aprende a conversar: con Dios y con los demás.
Cuando habla del «amigo de amigos», dice: «Comenzóme mucho mayor amor y confianza de este Señor en viéndole, como con quien tenía conversación tan continua». Y aunque siga refiriéndose a este amigo, puede extenderse a toda buena compañía lo que poco antes había escrito: «Una compañía santa no hace su conversación tanto provecho de un día como de muchos; y tantos pueden ser los que estemos con ella, que seamos como ella».
Por todo eso, la maestra se sienta a conversar con quien quiere avanzar en la amistad con Dios y aconseja procurar «amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo». Después, dejará para todos los creyentes una consigna clara: conversar es tender puentes, es un modo de enseñar, de compartir la sabiduría y de crear comunión. Por eso, escribe:

«Procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto: mientras más santas, más conversables».
Gema Juan

¿Por qué somos tan cobardes?

«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son laspreguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?
El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.
De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No solo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.
Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados». Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.
El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a la «otra orilla». La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.
José Antonio Pagola

Tormenta

Coincide este domingo con la entrada del verano en el hemisferio norte, un cambio de estación, para muchos un tiempo de descanso, de cambio de actividad, de nuevas relaciones, circunstancias que se han podido desear, pero que cuando llegan, no siempre definen un tiempo sereno y pacífico, sino que cabe, como describe la Palabra de este día, que sobre él se cierna la tormenta, el huracán y la crisis.
Los que estudian los comportamientos humanos, suelen ofrecer estadísticas curiosas, en las que se señalan incidencias de violencia, tristeza, hasta depresión, como efecto del tiempo vacacional. No obstante la posible tormenta, la primera lectura afirma que “el Señor habló a Job desde la tormenta” (Jb 38, 1).
¡Cuántas veces un momento recio desahoga la tensión y libera la mente de fantasmas! Además, según la enseñanza que hoy nos ofrece la Liturgia de la Palabra, la secuencia no termina en el fragor del trueno o del huracán, sino que pasa la fenomenología atmosférica y acontece la experiencia del sosiego y de la calma, efecto del poder del Señor. “Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:-«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» (Mc 4, )
Si observamos otros pasajes bíblicos, el relato parece que obedece a un canon. Así se describe la travesía del Mar Rojo, cuando los israelitas llegaron al borde del mar, al atardecer, vieron venir sobre ellos los ejércitos de Faraón, creyeron morir, y gracias a la intervención divina, se abrieron las aguas, pasaron a pie enjuto, y al amanecer se vieron a salvo a la otra orilla.
Si la tormenta puede ser símbolo de crisis, también se puede contemplar como manifestación del poder del Creador, y ver en el rayo, en el trueno, en el relámpago, y en el chaparrón la fuerza divina. El salmista canta: “Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano. Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto” (Sal 106).
Más allá de una interpretación referida a efectos atmosféricos, el relato bíblico se puede aplicar a los acontecimientos humanos, a los procesos personales, que tantas veces atraviesan por situaciones dramáticas, en las que se cree que no hay remedio o que acontecerá lo peor, y después todo se resuelve felizmente.
Una actitud creyente es saber esperar, y aunque surja de nosotros el grito de auxilio, sabernos acompañados por la Providencia divina, que permite que lleguemos al límite de nuestras fuerzas para que se vea más claramente su intervención, y que no es nuestra pericia la que resuelve la tormenta, sino el favor del Señor

 Ángel Moreno de Buenafuente