miércoles, 10 de junio de 2015

UN CORAZÓN PARA CULTIVAR Y CUSTODIAR TODO LO CREADO

Dentro de muy pocos días el Papa Francisco nos va a dar a conocer una nueva Encíclica sobre Ecología. Y este viernes celebramos en toda la Iglesia la fiesta del Sagrado Corazón. ¿Qué tienen que ver aparentemente cuestiones tan diferentes como son una Encíclica sobre Ecología y la fiesta del Sagrado Corazón? Os he de decir que mucho. Los cristianos decimos en el Credo así: “Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra, de todo lo visible e invisible”. En la Biblia, en sus primeras páginas, se nos dice que el hombre y la mujer fueron creados y puestos en la tierra por Dios para que cultivasen y custodiasen la tierra (cf. Gn 2, 15). ¿Cómo ser cultivadores y custodios? No se puede hacer más que con amor, atención, pasión y dedicación. Contemplando el corazón de Cristo, descubrimos los rasgos que hacen posible cultivar  y custodiar, y así hacer ver, con obras y palabras,  las huellas de la bondad, de la belleza y de Dios en todo lo creado. Ello nos hace abrir nuestra vida a la alabanza y a la oración, con el salmista: “Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. / ¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro?/ El hombre de manos inocentes y puro corazón, / que no confía en los ídolos/ ni jura contra el prójimo en falso. / Ese recibirá la bendición del Señor, /le hará justicia el Dios de salvación. / Esta es la generación que busca al Señor, / que busca tu rostro, Dios de Jacob. (Sal 24, 1-6).
        
    Nuestro Señor Jesucristo, con su vida y con sus obras, nos ha dicho que todo es de Dios, todo lo hizo Él. De ahí su invitación a poner en el centro de la creación al ser humano, a reverenciar a todo ser humano y a todo lo que puso Dios al servicio de todos los hombres. Custodiar y reverenciar la creación entera es un mandato del Señor. No podemos usar el mundo y todo lo que Dios ha creado abusando de ello, como si se tratase simplemente de un material para nuestro obrar y querer. Toda la creación es un don que nos ha sido encomendado a todos los hombres. Es necesario y urgente que nos tomemos la tarea de convertirlo en un jardín de Dios y por ello también en un jardín del hombre. ¿Hemos asumido cada uno de nosotros ese compromiso? Estemos abiertos a escuchar y ver las múltiples formas de abuso que hacemos los hombres en la tierra, con nosotros mismos y con todo lo creado. Con estos abusos robamos al hombre y nos quedamos con lo que ha puesto Dios a su servicio. Escuchemos en estos momentos de la historia el gemido de la creación del que San Pablo nos habla en la Carta a los Romanos. En este sentido, se puede entender aquello de que “la creación espera con impaciencia la revelación de los hijos de Dios” (Rm 8, 22). Solamente el Corazón de Cristo, trasplantado a cada uno de los hombres, nos hará ver, el vínculo estrecho e inseparable entre desarrollo, necesidad humana y salvaguarda de la creación.
            Defender la creación. No hay que hacerlo por ser útil para nosotros, sino por sí misma. La creación es un don del Creador. Toda ella tiene las huellas de Dios. La familia humana necesita tener “casa”. Esa “casa” es la tierra en la que habitamos. Y  Dios nos encarga mantenerla, cuidarla, habitarla con creatividad y responsabilidad. Y para ello es necesario que el ser humano -centro de la creación- tenga el Corazón de Cristo.  Con ello quiero decir que la tierra no sea considerada de manera egoísta, para intereses de grupo, pues todos los hombres tienen derecho a obtener el beneficio que nos hace ser cada día más personas, y por tanto, con un corazón con las medidas del corazón de Cristo, que ama, promueve, alienta, regala misericordia, hace partícipes a todos, no descarta a nadie, crea la cultura del encuentro. Todos los hombres hemos de estar incluidos en el destino universal de los bienes de la creación. El desarrollo y el equilibrio ecológico en todas las dimensiones, también la ecología humana, hay que buscarlo entre todos, de tal manera que fortalecer la alianza entre el ser humano y el medio ambiente solamente es posible si los hombres somos reflejo del amor de Dios. Para ello, hagamos trasplante de corazón.
            Jesucristo nos enseña que descuidar el medio ambiente en el que Dios ha querido que los hombres vivamos alcanza a toda la tierra y a todos los hombres. El descuido ecológico ambiental y humano daña la convivencia humana y traiciona la dignidad del hombre, violando los derechos más fundamentales de la persona. Todos estamos llamados a proveer y salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana que nos hará vivir la ecología ambiental. Esto solo se puede realizar  si el hombre hace un trasplante de corazón, acogiendo en su vida el Corazón de Cristo. No puedo ni debo entrar en cuestiones técnicas, pero sí ofrecer el impulso que nos lleve a asumir responsabilidades y dar respuestas. Por eso os invito a redescubrir el rostro del Creador y nuestra responsabilidad ante Él por su creación. Él nos ha dado unas capacidades para asumir un estilo de vida que marque una manera nueva de relacionarnos los hombres y de vivir en este jardín que hizo Dios para nosotros, que es todo lo creado.
            Abordemos siempre el problema ecológico desde Dios. Fue el Espíritu creador quien creó todo lo que existe y lo renueva sin cesar, como nos lo dicen las primeras páginas del libro del Génesis. La fe en el Espíritu creador pertenece al contenido esencial del Credo cristiano. Las ciencias modernas de la naturaleza nos dicen que la materia tiene una estructura matemática que está llena de espíritu, está estructurada inteligentemente. Nosotros creemos que esta estructura inteligente procede del Espíritu creador y que nos lo dio  a nosotros. Aquí está el fundamento de nuestra responsabilidad  respecto a la tierra y al hombre. Nada de lo creado es propiedad nuestra, nada podemos explotar según intereses y deseos personales o de grupo. En el corazón de Jesucristo, Dios manifiesta al hombre unas orientaciones a las que debemos atenernos como administradores que somos de la creación. La Iglesia tiene que explicar el credo cristiano en su integridad, transmitir el mensaje de salvación que incluye cultivar y custodiar la creación, es decir, defender la tierra, el agua, el aire que son dones que pertenecen a todos, pero también debe proteger al ser humano contra la destrucción de sí mismo. La fe en Dios Cr eador y la atención que tiene que tener el ser humano nos lo regala Cristo cuando dejamos que su Corazón entre en nosotros. Entonces no hay autodestrucción del hombre ni destrucción de la obra de Dios.
            Defender la creación y al hombre mismo nos hace ver que ecología humana y ecología ambiental han de ser un compromiso de todos los cristianos. El problema decisivo está en la capacidad moral de una ecología global que también respeta la vida desde el inicio hasta la muerte natural. No se puede defender la ecología ambiental y destruir la ecología humana. El libro de la naturaleza es uno e indivisible en todo lo que concierne al desarrollo humano integral. Urge hacer trasplante de corazón.
            Con gran afecto, os bendice:  
                                     +Carlos, Arzobispo de Madrid

De musulmán a cristiano: “Tu enfermedad se llama Cristo y no tiene remedio”

“Tu enfermedad se llama Cristo y no tiene remedio. Nunca podrás curarte”, le dijo su tío a modo de “sentencia de muerte”. Fue el 22 de diciembre del 2000, cuando Mohammed al-Sayyid al-Moussawi, hoy Joseph Fadelle, se encontró encañonado por su propio tío y algunos de sus hermanos debido a conversión del Islam al Cristianismo. 

La historia comenzó en 1987, cuando el joven sayyid (título nobiliario) al-Moussawi, fue enviado al servicio militar, donde conoció a Massoud, un campesino de edad madura con quien se vio obligado a compartir su dormitorio, algo que él rechazó ya que el hombre era cristiano. Para Mohammed, los cristianos eran inferiores, impuros y compartir el espacio con uno de ellos lo ponía en peligro. 

Con el paso del tiempo y en este compartir con su compañero de cuarto, su visión de los cristianos fue cambiando, lo que lo llevó a profundizar en las raíces mismas de la fe católica, provocándole una crisis existencial que removió los cimientos de sus creencias y, finalmente, lo llevó a su conversión al cristianismo. 

Entonces pasó de ser el favorito del clan familiar, nacido en una de las familias chiítas más importantes de Irak y miembro de la realeza de su pueblo a ser un perseguido y refugiado, amenazado de muerte hasta hoy por su propia familia. 

“Yo vengo de una tribu donde mi padre era el líder y yo debí haber sido el líder después de él”, contó Fadelle para explicar el contraste de su vida anterior con la actual, alejada de su cultura y familia tras su conversión. 

En la religión musulmana, la conversión al cristianismo o a cualquier otra religión es motivo de castigo, incluso la muerte. 

Pese a las persecuciones que sufrió, sobrevivió a todo ello y de esta experiencia nació el libro “El precio a pagar”, que presentó a fines de mayo en el salón Fresno del Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en una actividad organizada por la Editorial LMH (Leer Más Hoy) y cuya venta superó las 50 mil copias en 2010. 

“Estoy aquí por el gran amor que le tengo a Jesucristo”, dijo al inicio de su testimonio durante la conferencia realizada por el lanzamiento de la quinta edición del libro que narra su historia. 

La obra se ha convertido en una herramienta pastoral, narrando su proceso desde la comprensión del Corán y la religión musulmana hasta el descubrimiento del cristianismo y la fe católica a través de la lectura de la Biblia. 

Este libro y su propia historia son también una denuncia del drama de los cristianos perseguidos en Irak y otro países de la región, quienes deben esconderse, pagar impuestos adicionales y sufrir toda clase de amenazas y peligros debido a su fe. 

“Si quieres cruzar el río, debes comer el Pan de Vida” 

Mohammed pasó un tiempo estudiando el Corán, a pedido del cristiano como condición a entregarle una Biblia. Este proceso, que le provocó una crisis profunda debido a la falta de respuestas que encontró frente a sus interrogantes sobre su religión y la persona de Mahoma, culminó con un sueño que no logró comprender en un inicio. 

En su sueño, veía a un hombre parado al otro lado de un angosto río que le parecía amable y sentía un fuerte deseo de ir hacia él, pero cuando intentaba cruzar el río se quedaba paralizado y no lograba pasar al otro lado. Entonces el hombre lo toma y le ayuda, y al llegar junto a él le dice “Si quieres cruzar el río, debes comer el Pan de Vida”. 

Lo que a Mohammed le pareció solo un sueño, se convirtió en la clave que dio paso a una revolución interior que dura hasta hoy, cuando por fin su amigo cristiano le entregó una Biblia. El joven la abrió casualmente en el Libro de Juan, donde encontró las mismas palabras que no habían tenido significado para él en un comienzo: El Pan de Vida. 

Una vez bautizado, después de 13 largos y angustiosos años, Mohammed al-Sayyid al-Moussawi tomó el nombre de Joseph Fadelle. 

No solo él, sino su esposa e hijos son hoy musulmanes conversos, lo que los pone en peligro. Ellos debieron huir de Irak, primero a Jordania y más tarde a Francia, donde residen actualmente.
Fuente: Archidiócesis de Madrid

La última palabra

La «identidad cristiana» encuentra su fuerza en el testimonio y no conoce ambigüedad: por ello el cristianismo no puede ser «aguado», no puede esconder su ser «escandaloso» y trasformado en una «bonita idea» para quien siempre tiene necesidad de «novedad». Y atención también a la tentación de la mundanidad, propia de quien «ensancha la conciencia» en tal medida que en ella quepa todo. Lo afirmó el Papa en la misa que celebró el martes 9 de junio, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta, recordando que «la última palabra de Dios se llama “Jesús” y nada más».
«La liturgia de hoy nos habla de la identidad cristiana», destacó el Papa Francisco, proponiendo inmediatamente la cuestión central: «¿Cuál es esta identidad cristiana?». Refiriéndose a la primera lectura del día (2 Cor 1, 18-22), el Papa recordó que «Pablo comienza contando a los Corintios las cosas vividas, algunas persecuciones», y «el testimonio que dieron de Jesucristo». Y, en concreto, les escribe: «Es motivo de orgullo para mí —es decir yo me enorgullezco de mi identidad cristiana— que haya sido así. Y Dios es testigo de que nuestra palabra hacia vosotros es “sí”, es decir nosotros os hablamos de nuestras identidad, la que es».
«Para llegar a esa identidad cristiana —explicó el Papa Francisco— nuestro Padre, Dios, nos hizo recorrer un largo camino de historia, siglos y siglos, con figuras alegóricas, con promesas, alianzas, y así hasta el momento de la plenitud de los tiempos, cuando envió a su Hijo nacido de mujer». Se trata, por lo tanto, de «un largo camino». Y, afirmó el Papa, «también nosotros debemos hacer en nuestra vida un largo camino, para que nuestra identidad cristiana sea fuerte y dé testimonio». Un camino, precisó, «que podemos definir de la ambigüedad a la identidad auténtica».
Así, pues, en la carta a los Corintios el apóstol escribe que «la palabra que os dirigimos no es sí y no, ambigua». En efecto, añade Pablo, «el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros... no fue sí y no, sino que en Él sólo hubo sí». He aquí, entonces, dijo el Pontífice que «nuestra identidad está precisamente en imitar, en seguir a este Cristo Jesús, que es el “sí” de Dios para nosotros». Y «esta es nuestra vida: caminar todos los días para reforzar esta identidad y dar testimonio de ella, paso a paso, pero siempre hacia el “sí”, no con ambigüedad».

«Es verdad», reconoció luego el Pontífice, «está el pecado y el pecado nos hace caer, pero nosotros tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y seguir adelante con nuestra identidad». Pero, añadió, «yo diría también que el pecado es parte de nuestra identidad: somos pecadores, pero pecadores con fe en Jesucristo». En efecto, «no es sólo una fe de conocimiento» sino «una fe que es un don de Dios y que ha entrado en nosotros desde Dios». Así, explicó el Papa, «es Dios mismo quien nos confirma en Cristo. Y nos ha conferido la unción, nos ha impreso el sello, el adelanto, la prenda del Espíritu en nuestro corazón». Sí, repitió el Papa Francisco, «es Dios quien nos da este don de la identidad» y «el problema es ser fiel a esta identidad cristiana y dejar que el Espíritu Santo, que es precisamente la garantía, la prenda en nuestro corazón, nos conduzca hacia adelante en la vida».
«Somos personas que no vamos detrás de una filosofía», afirmó también el Pontífice porque «tenemos un don, que es nuestra identidad: somos ungidos, tenemos impreso en nosotros el sello y tenemos dentro de nosotros la garantía, la garantía del Espíritu». Y «el Cielo comienza aquí, es una identidad hermosa que se refleja en el testimonio». Por esto, añadió, «Jesús nos habla del testimonio como el lenguaje de nuestra identidad cristiana» cuando dice: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?». Se refiere al pasaje evangélico de san Mateo propuesto hoy por la liturgia (5, 13-16).
Cierto, continuó el Papa, «la identidad cristiana, porque somos pecadores, es también tentada, es tentada, sufre la tentación —las tentaciones siempre están— y puede ir tras ella, puede debilitarse y puede perderse». ¿Pero cómo puede ser esto? «Yo pienso —sugirió el Pontífice— que se puede ir tras ello principalmente por dos caminos».
El primero, explicó, es «el de pasar del testimonio a las ideas» y esto es «aguar el testimonio». Como si se dijese: «Pues sí, soy cristiano, el cristianismo es esto, una bonita idea, yo rezo a Dios». Así «del Cristo concreto, porque la identidad cristiana es concreta —lo leemos en las Bienaventuranzas; esta realidad concreta está también en el capítulo 25 de san Mateo—, pasamos a esta religión un poco soft, en el aire y en el camino de los gnósticos». Detrás, en cambio, «está el escándalo: esta identidad cristiana es escandalosa». Como consecuencia «la tentación es decir “no, no, sin escándalo; la cruz es un escándalo; que Dios se haya hecho hombre» es «otro escándalo» y se deja a un lado; es decir, buscamos a Dios «con estas espiritualidades cristianas un poco etéreas, vagas». En tal medida, afirmó el Papa, que «están los agnósticos modernos y te proponen esto, esto: no, la última palabra de Dios es Jesucristo, no hay otra».
«Por este camino», continuó el Papa Francisco, están también «los que siempre necesitan la novedad de la identidad cristiana: olvidaron que fueron elegidos, ungidos, que tienen la garantía del Espíritu, y buscan: “¿Dónde están los videntes que nos comunican hoy la carta que la Virgen nos mandará a las 4 de la tarde?”. Por ejemplo, ¿no? Y viven de esto». Pero «esto no es identidad cristiana. La última palabra de Dios se llama “Jesús” y nada más».
«Otro camino para dar un paso atrás en la identidad cristiana es la mundanidad», continuó el Papa. Es decir «ensanchar tanto la conciencia que allí dentro entra todo: “Sí, nosotros somos cristianos, pero esto sí…”, no sólo moralmente, sino también humanamente». Porque «la mundanidad es humana, y así la sal pierde el sabor». He aquí porqué, explicó el Papa, «vemos comunidades cristianas, incluso cristianos, que se llaman cristianos, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo». Y «así la identidad va hacia atrás, va hacia atrás y se pierde» y es «este nominalismo mundano lo que nosotros vemos todos los días».
«En la historia de la salvación —dijo el Papa Francisco— Dios, con su paciencia de Padre, nos condujo de la ambigüedad a la certeza, a la realidad concreta de la encarnación y la muerte redentora de su Hijo: esta es nuestra identidad». Y «Pablo se enorgullece de esto: Jesucristo, hecho hombre; Dios, el Hijo de Dios, hecho hombre y muerto por obediencia». Sí, destacó el Pontífice, Pablo «se enorgullece de esto» y «esta es la identidad y allí está el testimonio». Es «una gracia que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no busque acomodarse a las cosas que le harían perder el sabor de la sal».
Antes de continuar la celebración eucarística, el Papa Francisco no dejó de destacar que también esta es «un “escándalo”». Es más, concluyó: «Me permito decir que es “un doble escándalo”». Primero, explicó, «porque es el “escándalo” de la cruz: Jesús que entrega su vida por nosotros, el Hijo de Dios». Y luego «el “escándalo” que nosotros cristianos celebramos la memoria de la muerte del Señor y sabemos que aquí se renueva esa memoria». Así, precisamente la celebración eucarística «es un testimonio de nuestra identidad cristiana».


lunes, 8 de junio de 2015

Un millón de niños y niñas en el mundo están en prisiones o detenidos


Naciones Unidas advierte que más de un millón de niños, niñas y jóvenes en todo el mundo se encuentran privados de libertad, en comisarías, prisiones o centros de reclusión para menores. La mayoría no tiene antecedentes y han sido acusados por delitos leves o por delitos que en adultos no lo son, como dormir en la calle. Además, el 59 por ciento de los menores internados no ha recibido sentencia a pesar de estar retenidos, denuncia la ONU. 

Por su parte, Misiones Salesianas ha lanzado este miércoles la campaña ‘IN-Justicia Juvenil’ para alertar de la realidad que viven estos niños, niñas y jóvenes. “Existen alternativas a la entrada del niño o niña a la cárcel o a un reformatorio. El gran desafío es entender que para acabar con la violencia necesitamos ser capaces de transformar el corazón del agresor y dejar de pensar en la venganza”, explica la portavoz de la organización, Ana Muñoz. "Transformar a los jóvenes, niños y niñas con problemas con la ley a través de la educación es la propuesta que los misioneros salesianos llevan a cabo en países como Sierra Leona, Filipinas, El Salvador, India o Brasil", señalan en un comunicado. 

"Los menores que son privados de libertad ven cómo sus derechos son violados sistemáticamente. Muchos niños y niñas son tratados como delincuentes cuando en realidad lo que necesitan es un poco de apoyo y asistencia social. El envío de un menor a la cárcel o a un reformatorio debería ser uno de los últimos recursos, sin embargo, en muchos lugares, es un procedimiento habitual", aseguran desde Misiones Salesianas. Por ejemplo, en Kenya, más de 1.800 menores están privados de libertad por estar en una situación de desamparo o viviendo en las calles, otros 500 por no estar bajo el control paterno y cerca de 600 por mendigar. 

“Mi vida en la cárcel de Pademba Road (Freetown) fue una continua tortura. Estuve en una celda con delincuentes comunes adultos. Sólo tomaba una taza de té negro sin azúcar y un plato de arroz. Los otros presos me quitaban los panecillos del desayuno y la yuca del arroz. Por la noche no podía dormir porque tenía que abanicar a los macho boys, y si lo hacía era en cuclillas. Por la mañana, me ocupaba de limpiar la lata donde hacíamos nuestras necesidades. Pero lo peor fueron los abusos sexuales de los que fui víctima durante dos largos años. Lo denuncié, pero nadie me escuchó. Era un niño de 14 años”. Ésta es la experiencia de Johny en Sierra Leona. Su delito, dormir en la calle.
Fuente: Archidiócesis de Madrid

El origen de Corpus Christi

Teresa ilumina Ávila

domingo, 7 de junio de 2015

La Eucaristía, fuente de amor para la vida de la Iglesia, es escuela de caridad y de solidaridad, el Papa en el Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas , buenos días!
Hoy se celebra en muchos Países, entre los cuales Italia, la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o, según la más conocida expresión latina, la solemnidad del Corpus Domini.

El Evangelio presenta el relato de la institución de  la Eucaristía, cumplida por Jesús durante la Última Cena, en el cenáculo de Jerusalén. La víspera de su muerte redentora sobre la cruz, Él realizó aquello que habia anunciado: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo…  El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,51.56), así dijo el Señor. Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo» (Mc 14,22). Con este gesto y con estas palabras, Él asigna al pan una función que no es más aquella del simple nutrimiento físico, sino aquella de hacer presente a su Persona en medio de la comunidad de los creyentes.

La Última Cena representa el punto de llegada de toda la vida de Cristo. No es solamente anticipación de su sacrificio que se cumplirá sobre la cruz, sino también síntesis de una existencia ofrecida para la salvación de la humanidad entera. Por lo tanto, no basta afirmar que en la Eucarístia está presente Jesús, sino que se debe ver en ella la presencia de una vida donada y de ella tomar parte. Cuando tomamos y comemos aquel Pan, nosotros venimos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con Él, nos comprometemos en realizar la comunión entre nosotros, a transformar nuestra vida en don, sobre todo a los más pobres.

La fiesta de hoy evoca este mensaje solidario y nos empuja a  recibir la intíma invitación a la conversión y al servicio, al amor y al perdón. Nos estimula a convertirnos, con la vida, en imitadores de aquello que celebramos en la liturgia. El Cristo, que nos nutre bajo las especies consagradas del pan y del vino, es el mismo que nos sale al encuentro en los eventos cotidianos; está en el pobre que extiende la mano, está en el sufriente que implora ayuda, está en el hermano que pide nuestra disponibilidad y espera nuestra acogida. Está en el niño que no sabe nada de Jesús, de la salvación, que no tiene fe. Está en todo ser humano, también en el más pequeño e indefenso.

La Eucaristía, fuente de amor para la vida de la Iglesia, es escuela de caridad y de solidaridad. Quien se nutre del Pan de Cristo no puede permanecer indiferente ante aquellos que no tiene el pan cotidiano. Y hoy - lo sabemos- es un problema cada vez más grave.


Que la fiesta del Corpus Domini inspire y alimente cada vez más en cada uno de nosotros el deseo y el compromiso por una sociedad receptiva y solidaria. Depongamos estos deseos en el corazón de la Virgen Maria, Mujer eucarística. Ella suscite en todos la alegría de participar a la Santa Misa, especialmente el domingo, y el valor alegre de testimoniar la infinita caridad de Cristo.

«¡OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!». Santo Tomás de Aquino.

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.
Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida. [...]

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.
Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.
De las Obras de santo Tomás de Aquino, presbítero
(Opúsculo 57, En la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4)

Fuente: News.va

La sangre detrás de la vocación de tantos religiosos, religiosas, sacerdotes y seminaristas


La catedral de Sarajevo fue el escenario del intenso encuentro por las vocaciones que el Papa Francisco mantuvo la tarde del primer sábado de junio con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas a quienes no dejó de agradecerles su servicio al Evangelio y a la Iglesia, incluso en los momentos difíciles de la historia de sus comunidades cristianas, caracterizadas en esta región, por ser minoría. El Obispo de Roma aludió a la importancia de la formación de los laicos para que sean protagonistas de la misión evangelizadora, sin olvidar a los hermanos y hermanas enfermos y ancianos que sólo pudieron estar espiritualmente presentes.
Muy tocante el momento de los testimonios que ofrecieron tres consagrados que tanto sufrieron por la causa de Cristo. Se trata del Reverendo Zvonimir Matijević, a quien el Santo Padre le besó las manos y bendijo pidiéndole a su vez que rezara por él; Fray Jozo Puškarić a quien Francisco abrazó y besó conmovido y Sor Ljubica Šekerija a quien también el Pontífice abrazó y besó sonriéndole.
El sacerdote de la diócesis de Banja Luka, Zvonimir Matijević, relató brevemente cuanto padeció en 1992 pidiendo a Dios que bendiga a todas las personas gracias a las cuales logró conservar su vida. Y agradeció a Francisco esta visita a Bosnia y Herzegovina con expresiones llenas de paz y consuelo para cuantos sufrieron, incluso más que él; a la vez que manifestó su convicción de que la presencia del Papa, con sus palabras, son como un ungüento para las heridas de tantas personas en esta tierra, y un aliciente para despertar la bondad, incluso en el corazón de los muchos que hicieron el mal; porque, como afirmó, la oración del Pontífice y sus palabras, impulsarán a todos a hacer el bien.
De la misma manera Fray Jozo Puškarić – sacerdote miembro de la Provincia franciscana de Bosnia Argentina –  manifestó su gratitud a Dios por la oportunidad de encontrarse con el Obispo de Roma gracias a que su Arzobispo, el Cardenal Vinko Puljić, lo eligió para que relatara la experiencia deshumana que vivió durante la reciente guerra, en 1992, en un campo de concentración en el que “el tiempo –   dijo –  no se contaba por días, porque eran demasiado largos y estaban llenos de incertidumbre y temor”, sino por horas, e incluso segundos, hasta concluir que los 120 días transcurridos en aquel lugar equivalen a 120 años, o más.

Tras confesar que llegó a desear morir, con tal de que terminara su agonía, y de afirmar que hasta el fin de sus días seguirá testimoniando los horrores de la guerra; le pidió al Papa que siga rezando por todos los hombres y mujeres de esta nación, a la vez que añadió: “Después de la difícil experiencia de la guerra, junto a San Juan Pablo II, también yo puedo gritar: ¡Nunca más la guerra!”.
Tras relatar las indecibles vejaciones y humillaciones sufridas en 1993, la religiosa Ljubica Šekerija, de la Congregación de las Hijas de la Divina Caridad agradeció al Papa Bergoglio esta visita “que – dijo –  nos anima y refuerza en nuestra vocación”. Y explicó que por más insensibles y malvados que hayan sido los enemigos que tanto padecimiento les procuraron, también a otros consagrados durante la última guerra en Bosnia y Herzegovina, sobre ellos  – dijo –  “ha sobreabundado la gracia de Dios”.
A estos tres testigos de la fe, que padecieron en su propia carne su adhesión a Cristo y a la Iglesia, sin perder la esperanza y animando a los demás, el Papa les dijo – sin leer el discurso preparado para esta ocasión –  que deseaba dirigirles unas palabras teniendo en cuenta su experiencia de vida, porque sus testimonios hablan solos, hablan de la memoria de su pueblo, la memoria de sus padres y madres en la fe. Sólo hablaron tres – dijo Francisco –  pero detrás de ellos hay muchísimos más que han sufrido igualmente. De ahí que haya destacado la palabra perdón, porque hay momentos en que perdonar es verdaderamente difícil, a quien te ha torturado, amenazado con matarte apuntándote un fusil, es difícil, y ellos lo han hecho, y predican que hay que hacerlo.
Otra palabra que Francisco dijo que le quedó impresa fue la de los 120 días vividos en un campo de concentración. En que los días eran contados por minutos, porque cada minuto era una tortura, viviendo en la intemperie, sin comer, ni beber, con frío y calor, durante tanto tiempo. Mientras nosotros nos quejamos cuando nos duele un diente o queremos tener la televisión en nuestra habitación, con tantas comodidades; o hablamos de la superiora o del superior, cuando la comida no es muy rica…  Piensen en cuánto han sufrido – dijo el Papa –  que llevan una vida digna de la cruz de Cristo, en contraposición con la caricatura que representan los obispos o sacerdotes mundanos que no sirven porque no tienen la memoria de los mártires y han perdido la memoria del Señor.
Busquen el bien de todos – añadió el Santo Padre –  recordamos que todos somos hijos de Dios. Y pidió a los presentes que no se olviden del testimonio de estos religiosos mártires; a la vez que pidió que recen por las familias para que florezcan con tantos hijos y no falten las vocaciones.
El Papa dijo que ésta fue una historia de crueldad, por lo que invitó a tener actitudes de ternura y hermandad, de perdón, contrarias a la crueldad, llevando siempre la cruz de Cristo porque la Santa Madre Iglesia los quiere así: pequeños mártires; para los cuales invocó la bendición del Señor para que los recompense abundantemente.

(Desde Sarajevo, María Fernanda Bernasconi - RV)

sábado, 6 de junio de 2015

El Papa en Sarajevo: "Se eleva desde esta ciudad el grito del pueblo de Dios de '¡nunca más la guerra¡'"




Tras la parte política en la presidencia tripartita de Bosnia, Francisco inicia la espiritual. En el estadio Kosevo, totalmente abarrotado de gente, sobre todo de croatas, que son mayoritariamente católicos en el país. Reciben al Papa con el "Tú has venido a la orilla", cantado en croata.
En este mismo estadio estuvo Juan Pablo IIen 1977, que ya entonces les decía: "Perdonemos y recibamos perdón".
Ante más de 60.000 personas, el Papa sube altar, decorado con los colores blanco y amarillo del Vaticano, acompañado, entre otros, del cardenal Puljic, del cardenal Parolin o del cardenal Koch.
Suena una campana, mientras la procesión se acerca al altar, presidido por un gran Cristo de madera y, a la derecha, un cuadro de la Virgen. En el centro, una gran sede tallada en madera por un artesano del país.
Primera lectura del profeta Isaías: "La obra de la justicia será la paz...mi pueblo habitará en lugar de paz".
Salmo: "Venga, Señor, tu Reino de justicia y paz"
Carta de San Pablo a los Colosenses: "Sopórtense los unos a los otros y perdónense mutuamente...El Señor les ha perdonado, hagan ustedes lo mismo...Que la paz de Cristo reine en sus corazones"

Lectura del Evangelio de Mateo: "Bienaventurados los que trabajan por la paz...Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia...Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos"

15 frases de San Francisco de Asís que estremecerán tu corazón

San Francisco de Asís no escribió ningún tratado sobre la oración. Tampoco se preocupó demasiado en enseñar a sus hermanos un método de oración. Pero esto no le impidió ser un guía seguro, al tiempo que un ejemplo viviente, en el camino de la unión con Dios. 
Lo esencial de su enseñanza, así como de su experiencia personal sobre la oración, se halla contenido en la siguiente frase de la Regla bulada:
"Aplíquense los hermanos a lo que por encima de todo deben anhelar: tener el espíritu del Señor y su santa operación" (2 R 10,8-9)
La vida de oración, según Francisco, es ante todo ese gran anhelo, esa búsqueda incesante del Espíritu del Señor y de su acción en nosotros. Somos incapaces, por nosotros mismos, de nombrar dignamente a Dios. No sabemos orar como es debido. ¿No consiste la oración, para el cristiano, en unirse a Jesús en su relación con el Padre? Orar es aprender a decir «Abba». Y eso sólo es posible gracias al Espíritu. El Espíritu del Señor es el gran iniciador en la vida de oración. Por eso debemos anhelarlo por encima de todo y dejarle actuar en nosotros. *
San Francisco se Asís, fue un humilde servidor de Dios que lo dejó todo para seguir al Señor, se preocupó mucho por la Santidad de los demás y de todos los hermanos, realizaba muchos Sacrificios y ayunos. Sus escritos estan llenos de una santa humildad y obediencia a la Iglesia. Un Laico comprometido que Amó al Señor más allá de sus propios límites.

A continuación algunas de las Frases de San Francisco:

1.       "Si tú, siervo de Dios, estás preocupado por algo, inmediatamente debes recurrir a la oración y permanecer ante el Señor hasta que te devuelva la alegría de su Salvación"
2.       "La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos."
3.       "Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible."
4.       "Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado."
5.       "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote."
6.       "Espíritus malignos y falsos, hagan en mi todo lo que quieran. Yo sé bien que no pueden hacer más de lo que les permita la mano del Señor. Por mi parte, estoy dispuesto a sufrir con mucho gusto todo lo que él les deje hacer en mí."
7.       "Es siervo fiel y prudente el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: interiormente, por la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra"
8.       "El diablo se alegra, sobre todo, cuando logra arrebatar la alegría del corazón del servidor de Dios. Llena de polvo las rendijas más pequeñas de la conciencia que puedan ensuciar el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal."
9.       "Cuando el servidor de Dios es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de terminarla debe levantar los ojos al cielo y, (juntas las manos), decir al Señor: “Señor, a mi, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta consolación y dulzura; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo soy un ladrón de tu tesoro.” Y también: “Señor, arrebátame tu bien en este siglo y resérvamelo para el futuro.” Así debe ser, de modo que, cuando salga de la oración, se presente a los demás tan pobrecito y pecador como si no hubiera obtenida ninguna gracia nueva. Por una pequeña recompensa se pierde algo que es inestimable y se provoca fácilmente al Dador a no dar más."
10.   "Luchemos por alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambias las cosas que podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras."
11.   "Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras."
12.   "Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor; donde haya ofensa, perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, alegría."
13.   "¡Terrible es la muerte!, pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama!"
14.   "No peleen entre sí y con los demás, sino traten de responder humildemente diciendo, “Soy un siervo inútil."
15.   "En la santa caridad que es Dios, ruego a todos los hermanos, tanto a los ministros como a los otros, que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, como mejor puedan, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio corazón y mente pura, que es lo que Él busca por encima de todo; y hagamos siempre en ellos habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo" (1 R 22,26-27)

Fuente: PildorasdeFe.net

Cuerpo y Sangre de Cristo

(Marcos 14,12-16.22-26)

LA CENA DEL SEÑOR

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?
La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?
Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?
¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?
Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.
José Antonio Pagola

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

LA COPA QUE BENDECIMOS
“Tomando una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: -«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».” (Mc 14,24)

El día 28 de mayo último, fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, después de visitar la exposición “Los caminos del Grial”, tuve el privilegio de celebrar la Eucaristía, junto a los compañeros de mi arciprestazgo, en la catedral de Valencia, dentro de la capilla donde se venera el Santo Cáliz.
Es conocida la gran importancia de la hospitalidad en la cultura oriental, de tal forma que si alguien invita a otro a su casa y le ofrece de comer o de beber, le está demostrando una gran amistad. Se cuenta que Saladino, cuando venció a los cruzados en la batalla de los “Cuernos del Hattín”, en Galilea, el 4 de julio de 1187, le ofreció a Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, un vaso de agua; y con este gesto le indicaba que no lo mataría, en agradecimiento a lo que el rey cruzado había hecho con la hermana del sultán cuando fue ofendida por Reinaldo de Châtillon.
Ofrecer un trozo de pan untado, como hizo Jesús con Judas, significaba la mayor intimidad, y nadie podría sospechar que le estaba señalando como traidor, sino como todo lo contrario.
En la Eucaristía, Jesucristo sigue ofreciendo la copa santa como gesto de alianza, de perdón, de amistad, y quien acepte beber de este cáliz con respeto y dignidad, se lleva la prenda de la vida futura, porque aquel que come del pan partido en la Mesa del Señor, y bebe de la Copa de la Salvación, recibe vida eterna.
La Eucaristía es sacramento de la presencia real de Jesucristo y en ella se prolonga la hospitalidad divina. Con ese gesto, Jesús nos ofrece la señal más auténtica de su amistad y entrega generosa.
El salmista nos brinda la expresión más adecuada: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre” (Sal 115).
La adoración, la hospitalidad, la entrega, el respeto, la gratitud, el sobrecogimiento, la comunión, brotan en el corazón de quien se acerca con fe a la mesa santa. Al tiempo que rendimos homenaje a la Eucaristía, aprendamos el mandamiento de la hospitalidad magnánima, al menos con el perdón.

 P. Ángel Moreno de Buenafuente

Esa pobre viuda ha echado más que nadie

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:
_ «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:
«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Palabra del Señor.