Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
martes, 29 de octubre de 2013
Francisco en Santa Marta: 'La esperanza es la expectativa de la revelación de Dios'
La
esperanza no es optimismo, sino "una ansiosa espera" ante la
revelación del Hijo de Dios. Son las palabras del papa Francisco en la misa de
la mañana del martes en la Casa Santa Marta. El papa dijo que los cristianos
deben cuidarse del clericalismo y de las actitudes cómodas, ya que la esperanza
cristiana es dinámica y vivificante.
¿Cuál es
la esperanza de un cristiano? El santo padre ha tomado las palabras de san
Pablo, en la Primera lectura, para subrayar la dimensión única de la esperanza
cristiana. No se trata de optimismo, advirtió, sino de "una ansiosa
espera" ante la revelación del Hijo de Dios. La creación, dijo, "fue
sujetada a la caducidad" y el cristiano vive por lo tanto la tensión entre
la esperanza y la esclavitud. "La esperanza --dijo haciéndose eco de san
Pablo--, no decepciona, es segura". Sin embargo, reconoció, “no es fácil
entender la esperanza". A veces, dijo, "pensamos que ser personas de
esperanza es como ser personas optimistas". Pero no lo es.
"La
esperanza no es el optimismo, no es aquella capacidad de ver las cosas con buen
ánimo y seguir adelante. No, eso es optimismo, no es esperanza. Ni la esperanza
es una actitud positiva frente a las cosas. Esas personas brillantes,
positivas... esto es bueno, ¡eh!, pero no es la esperanza. No es fácil entender
lo que es la esperanza. Se dice que es la más humilde de las tres virtudes,
porque está oculta en la vida.
La fe se
ve, se siente, se sabe lo que es. La caridad se hace, se sabe lo que es. Pero,
¿qué es la esperanza? ¿Qué es esa actitud de la esperanza? Para acercarnos un
poco a ella, podemos decir primero que la esperanza es un riesgo, es una virtud
riesgosa; es una virtud, como dice san Pablo 'de una ansiosa espera ante la
revelación del Hijo de Dios’. No es una ilusión".
Tener
esperanza, añadió, es lo siguiente: "estar en expectativa hacia esta
revelación, hacia esta alegría que llenará nuestra boca de sonrisas". San
Pablo, dijo Francisco, hace hincapié en que la esperanza no es optimismo, es
aún más. Es “otra cosa diferente". Los primeros cristianos, recordó el
papa, la "pintaban como un ancla: la esperanza era un ancla, un anclaje
fijo en la ribera" del más allá. Y nuestra vida es justamente caminar
hacia esta ancla:
"Se
me ocurre la pregunta, ¿dónde estamos anclados nosotros, cada uno de nosotros?
Estamos anclados justamente allá, en la orilla de aquel océano tan inmenso o
estamos anclados en una laguna artificial que hemos construido nosotros, con
nuestras normas, nuestros comportamientos, nuestros horarios, nuestros
clericalismos, nuestras actitudes eclesiásticas o no eclesiales, ¿eh? ¿Estamos
anclados allí? Todo cómodo, todo seguro, ¿acaso?, esa no es la esperanza. Donde
está anclado mi corazón, allá en esta laguna artificial, con un comportamiento
irreprensible de verdad..."
San
Pablo, indica a continuación otro modelo de la esperanza, el del parto.
"Estamos a la espera, esto es un parto. Y la esperanza entra en esta
dinámica", de "dar vida". Sin embargo, agregó, "la primicia
del Espíritu no se puede ver". Sin embargo, sé que "el Espíritu
obra". Obra en nosotros "como un grano de mostaza diminuto, pero que
por dentro está lleno de vida, de fuerza, que va hacia adelante" hasta
convertirse en árbol. El Espíritu obra como la levadura. Así, continuó, la
"obra el Espíritu: no se ve, pero existe. Es una gracia para pedir".
"Una
cosa es vivir en la esperanza, porque en la esperanza hemos sido salvados, y
otra cosa es vivir como buenos cristianos no más. Vivir a la espera de la
revelación o vivir bien con los mandamientos; estar anclados en la orilla del
más allá o instalados en la laguna artificial. Pienso en María, una niña joven,
cuando después de haber oído que sería mamá ha cambiado su actitud y va, ayuda
y canta ese cántico de alabanza. Cuando una mujer queda embarazada es mujer, pero
no es (solamente) mujer: es madre. Y la esperanza tiene algo de esto. Nos
cambia la actitud: somos nosotros, pero no somos nosotros; somos nosotros,
buscando más allá, anclados más allá".
Fue
entonces que el papa concluyó su homilía dirigiéndose a un grupo de presbíteros
mexicanos presentes en la misa, con motivo de su vigésimo quinto aniversario de
ordenación. “Pidan a la Virgen, Madre de la esperanza”, dijo, para que sus años
"sean años de esperanza, para vivir como presbíteros de la esperanza,
dando esperanza".
Traducido
y adaptado por José A. Varela del texto en italiano de Radio Vaticana.
sábado, 26 de octubre de 2013
Más Tweets del Papa Francisco que nos hacen pensar
Muchas
veces contribuimos a la globalización de la indiferencia; intentemos, más bien,
vivir una solidaridad global.
La
cultura del descarte produce muchos frutos amargos, como el desperdicio de
alimentos y el aislamiento de muchos ancianos.
Ser
cristiano implica renunciar a nosotros mismos, tomar la cruz y llevarla con
Jesús. No hay otro camino.
El
Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; nos habla de un Amor que vence
al mal y al pecado.
Para
conocer al Señor es necesario cultivar el trato con Él: escucharlo en silencio
ante el Sagrario, acercarse a los Sacramentos.
Muchas
veces contribuimos a la globalización de la indiferencia; intentemos, más bien,
vivir una solidaridad global.
La
Iglesia no tiene otra razón de ser ni otra finalidad que dar testimonio de
Jesús. No lo olvidemos.
La
verdadera caridad es un poco atrevida: no tengamos miedo a ensuciarnos las
manos para ayudar a los más necesitados.
Hay
muchos indigentes en el mundo de hoy. ¿Me encierro en mis cosas, o estoy atento
a quien necesita ayuda?
A
veces ni siquiera conocemos a los vecinos de casa: esto no es vivir como
cristianos.
Jesús
viene en medio de nosotros y transforma nuestras vida. En Él vemos que Dios es
amor, fidelidad, vida que se nos da.
Dejemos
que nuestra vida se identifique con la de Jesús, para tener sus sentimientos y
sus pensamientos.
La
vida cristiana no se limita a la oración, pero requiere un compromiso diario y
valiente que surge de la oración.
En
la vida cristiana son esenciales: la oración, la humildad, el amor a todos.
Éste es el camino hacia la santidad.
Para
el cristiano, la vida no es producto de la casualidad, sino fruto de una
llamada y de un amor personal.
La cuenta Twitter del Papa Francisco
La cuenta Twitter del
papa Francisco “@Pontifex” está casi en los 10 millones de seguidores. Lo
indicó hoy el
arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Pontificio Consejo
de las Comunicaciones Sociales a la Radio Vaticano.
De otro lado, en la
página Twitter en español se ve que hoy se superaron los 4 millones de
seguidores.
En total los
seguidores son 9.980.000 los seguidores en las nueve cuentas de “@Pontifex”:
español, inglés, italiano, portugués, francés, latín, alemán, polaco y árabe,
puestos aquí en orden según el número de personas.
Esto se debe,
consideró el cardenal, a la capacidad de comunicación del papa Francisco. “Para
nosotros la cosa importante es la siguiente: es el papa quien quiere hablar con
los hombres y las mujeres de hoy y con un lenguaje que sea comprensible y muy
usado. Utiliza el lenguaje del tweet, o sea que se comunica solamente en 140
caracteres”.
“Un tuit del papa
-prosigue mons. Celli-- es reenviado por sus amigos y según un cálculo, acaban
recibiéndolo unos 60 millones de personas”. Y concluye: “También Jesús usaba en
su lenguaje, por así decirlo un 'mini-tuit': pensemos solamente a la
formulación de las beatitudes evangélicas como Bienaventurados los
pobres de espíritu”.
(25 de octubre de 2013) © Innovative Media Inc.
viernes, 25 de octubre de 2013
Confesémonos ante Dios sin miedo, pide el Papa Francisco

Tener el coraje ante el confesor de llamar a los pecados con su nombre, sin esconderlos. En su homilía de la Misa celebrada esta mañana en la Casa de Santa Marta, el Papa se centró en el Sacramento de la Reconciliación. Confesarse, dijo, es salir al encuentro del amor de Jesús con corazón sincero y con la transparencia de los niños, sin rechazar, sino acogiendo la “gracia de la vergüenza”, que nos hace percibir el perdón de Dios.
Para muchos creyentes adultos confesarse ante el sacerdote es uno esfuerzo insostenible – que induce con frecuencia a esquivar el Sacramento – o una pena tal que transforma un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos – comentó el Papa – hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que en “su carne no habita el bien”. Afirma que es un “esclavo” que no hace el bien que quiere, sino que realiza el mal que no quiere. Francisco observó que esto sucede en la vida de la fe porque “cuando quiero hacer el bien, el mal está junto a mí”:
“Y esta es la lucha de los cristianos. S nuestra lucha de todos los días. Y nosotros no siempre tenemos el coraje de hablar como habla Pablo de esta lucha. Buscamos siempre una vía de justificación: ‘Pero sí, somos todos pecadores’. Lo decimos así, ¿no? Esto lo dice dramáticamente: es nuestra lucha. Y si nosotros no reconocemos esto, jamás podemos tener el perdón de Dios. Porque si ser pecador es una palabra, un modo de decir, una manera de decir, no tenemos necesidad del perdón de Dios. Pero si es una realidad, que nos hace esclavos, tenemos necesidad de esta liberación interior del Señor, de esa fuerza. Pero más importante aquí es que para encontrar el camino de salida, Pablo confiesa a la comunidad su pecado, su tendencia al pecado. No la esconde”.
La confesión de los pecados hecha con humildad es “lo que la Iglesia pide a todos nosotros”, recordó el Papa, y citó también la invitación de Santiago: “Confiesen entre ustedes los pecados”. Pero “no – aclaró Francisco – para hacer publicidad”, sino “para dar gloria a Dios” y reconocer que “es Él quien me salva”. He aquí porqué, añadió el Santo Padre, para confesarse se va al hermano, “el hermano sacerdote”: es para comportarse como Pablo. Y sobre todo, subrayó, con la misma “concreción”:
Algunos dicen: “Ah, yo me confieso con Dios”. Pero es fácil, es como confesarte por e-mail, ¿no? Dios está allá, lejos, yo digo las cosas y no hay un cara a cara, no hay un a cuatro ojos. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara. Otros: “No, yo voy a confesarme”, pero se confiesan cosas tan etéreas, tan en el aire, que no tienen ninguna concreción. Y eso es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión de psiquiatría, ni siquiera ir a una sala de tortura: es decir al Señor: “Señor soy pecador”, pero decirlo a través del hermano, para que este decir sea también concreto. “Y soy pecador por esto, por esto y por esto”.
Concreción, honradez y también – dijo el Papa Francisco – una sincera capacidad de avergonzarse de las propias equivocaciones: no hay sendas en sombra alternativas al camino que lleva al perdón de Dios, a percibir en lo profundo del corazón tu pecado y su amor. Y en este punto el Pontífice dijo que hay que imitar a los niños:
“Los pequeños tienen esa sabiduría: cuando un niño viene a confesarse, jamás dice una cosa general. “Pero, padre he hecho esto y he hecho esto a mi tía, al otro le he dicho esta palabra” y dicen la palabra. Son concretos, ¡eh! Tienen esa sencillez de la verdad. Y nosotros tenemos siempre la tendencia a esconder la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa bella: cuando nosotros confesamos nuestros pecados como son ante la presencia de Dios, siempre sentimos esa gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: “Yo me avergüenzo”. Pensemos en Pedro, cuando, después del milagro de Jesús en el lago dice: “Pero, Señor, aléjate de mí, yo soy pecador”. Se avergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo”.
25 de octubre
(María Fernanda Bernasconi – RV).
jueves, 24 de octubre de 2013
Libro de la Sabiduría (Antiguo Testamento), Capítulo 1
1 Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen rectamente
acerca del Señor y búsquenlo con sencillez de corazón.
2 Porque él se deja encontrar por los que no lo tientan, y se manifiesta a los
que no desconfían de él.
4 La Sabiduría no entra en un alma que hace el mal ni habita en un cuerpo
sometido al pecado.
5 Porque el santo espíritu, el educador, huye de la falsedad, se aparta de los
razonamientos insensatos, y se siente rechazado cuando sobreviene la
injusticia.
6 La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo
las palabras del blasfemo, porque Dios es el testigo de sus sentimientos, el
observador veraz de su corazón, y escucha todo lo que dice su lengua.
7 Porque el espíritu del Señor llena la tierra, y él, que mantiene unidas todas
las cosas, sabe todo lo que se dice.
8 Por eso no podrá ocultarse el que habla perversamente, la justicia acusadora
no pasará de largo junto a él.
9 Los designios del impío serán examinados: el eco de sus palabras llegará
hasta el Señor, como prueba acusadora de sus iniquidades.
10 Un oído celoso lo escucha todo, no se le escapa ni el más lleve murmullo.
11 Cuídense, entonces, de las murmuraciones inútiles y preserven su lengua de
la maledicencia; porque la palabra más secreta no se pronuncia en vano, y una
boca mentirosa da muerte al alma.
12 No busquen la muerte viviendo extraviadamente, ni se atraigan la ruina con
las obras de sus manos.
13 Porque Dios no ha hecho la muerte ni se complace en el perdición de los
vivientes.
14 El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son
saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su
dominio sobre la tierra.
15 Porque la justicia es inmortal.
16 Pero los impíos llaman a la muerte con gestos y palabras: teniéndola por
amiga, se desviven por ella y han hecho con ella un pacto, porque son dignos de
pertenecerle.
NEWS.VA
Dios llega por doquier, incluso dentro de las celdas, el Papa a los capellanes de las cárceles italianas
Les agradezco, y quisiera aprovechar de este encuentro con ustedes que trabajan en las cárceles de toda Italia para hacer llegar un saludo a todos los detenidos. A todos. Por favor, díganles que rezo por ellos, que los llevo en el corazón, rezo al Señor y a la Virgen para que puedan superar positivamente este periodo difícil de su vida. Que no se desalienten, que no se cierren: ustedes saben, un día todo va bien, otro día se decaen, es esa oleada difícil...
El Señor está cerca. Pero díganselo con los gestos, con las palabras, con el corazón que el Señor no se queda afuera de su celda, no se queda fuera de la cárcel: está adentro, está allí. Pueden decirles esto: el Señor está dentro con ellos; también Él es un encarcelado... de nuestros egoísmos, de nuestros sistemas, de tantas injusticias que son fáciles para punir al más débil, ¿no? Pero los peces grandes nadan libremente en el agua, ¿no? Ninguna celda está tan aislada como para excluir al Señor, ninguna: Él está allí, llora con ellos, trabaja con ellos, espera con ellos. Su amor paterno y materno llega a todas partes. Rezo para que cada uno abra el corazón a este amor del Señor. Y también cuando recibo una carta de uno de ellos – en Buenos Aires los visitaba, ¿no? – y desde aquí cada vez que llamo a alguno de aquéllos de Buenos Aires que conozco, que están en la cárcel, un domingo, y tengo una charla, después, cuando termino, pienso: “por qué él está allí y yo no, que tengo tantos y más méritos que él para estar allí?” Y esto me hace bien. ¿Por qué el ha caído y no he caído yo? Porque las debilidades que tenemos son las mismas y para mí es un misterio que me hace rezar y me hace acercarme a ellos. También decirlo.
Y rezo también por ustedes Capellanes, por su ministerio, que no es fácil, muy arduo y muy importante: expresa una de las obras de misericordia, hace también visible aquella presencia del Señor en la cárcel, en la celda...ustedes son signo de la cercanía de Cristo a estos hermanos que tienen necesidad de esperanza. Recientemente, han hablado de una justicia de reconciliación, ¿no? También una justicia de esperanza, de puertas abiertas, de horizontes... ésta no es una utopía: se puede hacer. No es fácil, porque nuestras debilidades están por todos lados, también el diablo está por todos lados, las tentaciones están por todos lados... pero siempre buscar aquello, ¿no? Les deseo que el Señor esté siempre con ustedes, los bendiga y la Virgen los custodie. Siempre de la mano de la Virgen, porque Ella es la Madre de todos ustedes y de todos aquellos en la cárcel. Les deseo esto. Gracias.
Y pidamos al Señor que los bendiga a ustedes y a sus amigos y a sus amigas en las cárceles. Pero antes oremos a la Virgen para que nos lleve siempre hacia Jesús: Ave María...
(María Cecilia Mutual – RV).
miércoles, 23 de octubre de 2013
Se levantó un fuerte huracán. San Agustín
También nosotros navegamos en un lago en el que no faltan ni viento ni tempestades; las tentaciones cotidianas de este mundo casi hunden nuestra barca.
¿Qué quiere decir que Jesús se duerme? Quiere decir que tu fe en Jesús está dormida. Se levantan los huracanes en el lago: ves prosperar a los malvados y sufrir a los buenos; hay una tentación, un choque de las olas. Y en el interior de tu alma dices: "Dios mío, ¿dónde está tu justicia si los malos prosperan y los buenos se sienten abandonados en su sufrimiento?"
Y Dios te contesta: "¿Es ésta tu fe? ¿Qué es lo que, en efecto, te he prometido? ¿Es que te has hecho cristiano para tener éxito en este mundo?¿Te has atormentado por la suerte de los malos aquí abajo cuando no conoces su suerte en el otro mundo?"
Pero el Señor se despertará, es decir, volverás a tener fe y, con la ayuda de Jesús, reflexionarás en tu corazón y caerás en la cuenta de que los bienes concedidos hoy a los malos no durarán. Sus bienes, o bien se les acaba en esta vida, o bien deberán abandonarlos en el momento de su muerte.
Pero para ti, por el contrario, lo que se te ha prometido durará por toda la eternidad. Da, pues, la espalda a lo que acaba en ruina y vuelve tu rostro hacia lo que permanece.
Cuando Cristo se despierte, el huracán ya no sacudirá tu corazón, las olas no hundirán tu barca, porque tu fe mandará a los vientos y a las olas, y el peligro desaparecerá.
San Agustín.
¿Nos dejamos iluminar por la fe de María nuestra Madre?, pregunta el Papa
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, y siguiendo el Concilio Vaticano II, quiero reflexionar sobre María como modelo «de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo».
Ella es modelo de fe, no sólo porque como hebrea esperaba al redentor, y con su sí se adhiere al proyecto de Dios, sino porque desde ese momento su vida se centra en Jesús.
Además lo hace desde la cotidianeidad de una mujer humilde que, sin embargo, vive inmersa en el misterio, y su sí, ya perfecto desde el inicio, crece hasta la cruz, en la que su maternidad abraza a todos.
Y es modelo de caridad, como vemos en la Visitación, pues ella no sólo ayuda a su prima, sino que le lleva a Cristo, la perfecta alegría que viene del Espíritu y se manifiesta en un amor oblativo.
Es modelo también de unión con Cristo, sea en su tarea cotidiana, sea en el camino de la cruz, hasta unirse a Él en el martirio del corazón.
Y ahora preguntémonos: ¿cómo nos interpela la figura de María? ¿la vemos lejana? ¿acudimos a ella en la prueba? ¿somos capaces, como ella, de amar dándonos totalmente? ¿nos sentimos unidos a Jesús, según su ejemplo, en una relación constante o sólo nos acordamos de Él en la necesidad?
“Dios no nos salva por decreto, se implica con nosotros para curar nuestras heridas”, dijo el Papa
Contemplación, cercanía, abundancia: son las tres palabras en torno a las cuales el Papa Francisco centró esta mañana su homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre reafirmó que no se puede comprender a Dios sólo con la inteligencia, y subrayó que “el desafío de Dios” es “comprometerse” en nuestras vidas para curar nuestras llagas, precisamente como ha hecho Jesús.
Inspirándose en la Primera Lectura de hoy, que corresponde a un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Papa explicó que la Iglesia, “cuando quiere decirnos algo” sobre el misterio de Dios, usa sólo una palabra: “maravillosamente”. Porque este misterio, dijo, es “un misterio maravilloso”:
“Contemplar el misterio, esto que Pablo nos dice aquí, sobre nuestra salvación, sobre nuestra redención, sólo se comprende de rodillas, en la contemplación. No sólo con la inteligencia. Cuando la inteligencia quiere explicar un misterio, siempre – ¡siempre! – ¡se vuelve loca! Y así ha sucedido en la historia de la Iglesia. La contemplación: inteligencia, corazón, rodillas, oración… todo junto, entrar en el misterio. Esta es la primera palabra que tal vez nos ayude”.
La segunda palabra que nos ayudará a entrar en el misterio, dijo a continuación el Papa, es “cercanía”. “Un hombre ha cometido un pecado - recordó - un hombre nos ha salvado”. “¡Es el Dios cercano!” Y, prosiguió, “cerca de nosotros, de nuestra historia”. Desde el primer momento, añadió Francisco, “cuando eligió a nuestro Padre Abraham, ha caminado con su pueblo”. Y esto se ve también con Jesús que hace “un trabajo de artesano, de obrero”:
A mí, la imagen que me viene es la del enfermero, de la enfermera en un hospital: cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se implica, se mete en nuestras miserias, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo personal de Jesús. Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo. Cercanía. Dios no nos salva sólo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros.
La tercera palabra, prosiguió el Papa, es “abundancia”. “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. “Cada uno de nosotros – observó – conoce sus miserias, las conoce bien. ¡Y abundan!” Pero, evidenció, “el desafío de Dios es vencer esto, curar las llagas” como ha hecho Jesús. Es más: “hacer ese regalo sobreabundante de su amor, de su gracia”. Y así, explicó el Papa Francisco, “se comprende esa predilección de Jesús por los pecadores”:
“En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba hacia ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor. La gracia de Dios siempre vence, porque es Él mismo quien se entrega, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos cura. Y por esto, quizá a alguno de nosotros no nos guste decir esto, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, llama a todos: ‘¡Vengan, vengan!’. Y cuando le piden una explicación, dice: ‘Pero, aquellos que tienen buena salud no tienen necesidad del médico; yo he venido para curar, para salvar”.
“Algunos santos – afirmó también el Papa – dicen que uno de los peores pecados es la difidencia: desconfiar de Dios”. Por eso el Santo Padre se preguntó “¿cómo podemos desconfiar de un Dios tan cercano, tan bueno, que prefiere nuestro corazón pecador?” Este misterio, reafirmó una vez más, “no es fácil de entender, no se lo comprende bien, con la inteligencia”. Quizá nos ayuden sólo estas tres palabras”: contemplación, cercanía y abundancia. Es un Dios, concluyó el Pontífice, “que siempre vence con la sobreabundancia de su gracia, con la su ternura”, “con su riqueza de misericordia”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
Ángelus: la necesidad de rezar siempre
A mediodía el Papa se ha asomado a la ventana de su estudio
para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y, antes
de la oración mariana, ha comentado el Evangelio de hoy en que Jesús cuenta una
parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es
una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra justicia. Y
Jesús concluye: Si la viuda consiguió convencer a aquel juez, ¿pensáis que Dios
no nos escucha, si le rezamos con insistencia`? La frase de Jesús es muy
fuerte: “¿No hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y
noche?”.“¡Clamar día y noche” a Dios! Nos sorprende esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿Por qué Dios lo quiere? ¿No conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene “insistir” con Dios”, ha observado el pontífice.
Esa pregunta “nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa que nos hace falta, o porque no nos escuche. Al contrario, nos escucha siempre y sabe todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal, fuera y dentro de nosotros, el Señor, está a nuestro lado; luchamos junto a Él, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia, su misericordia, su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia... Es una lucha que prosigue cada día; Dios es nuestro aliado; la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”. Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida”.
“Aprendamos, por tanto, de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. ¡Era buena esta viuda!, Sabía luchar por sus hijos! Pienso en tantas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan jamás! Un recuerdo hoy, de todos nosotros, a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de fe, de coraje, un modelo de oración... Rezar siempre, ¡pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros de qué cosa tenemos necesidad! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, cada momento, para vencer el mal con el bien”
lunes, 21 de octubre de 2013
El papa en el Ángelus recuerda que la oración nos hace sentir más cerca a Dios
Un domingo más, el santo padre se ha unido a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro para rezar juntos el Ángelus. Minutos antes de comenzar la oración mariana, en la Vía de la Conciliación se ha estado celebrando la iniciativa del Consejo Pontificio de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano, "100 metros de carrera y de fe", en la que personas de todas las edades y representando distintas nacionalidades han realizado el tramo corriendo, en esta actividad que se enmarca en el Año de la Fe.
Con este evento se ha querido subrayar la importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana. Durante el desarrollo del evento, varios corredores han dado testimonio y compartido con los presentes su historia de fe y el mundo del deporte.
Ante una repleta plaza de San Pedro y alrededores, el santo padre ha reflexionado sobre la viuda del Evangelio de hoy, invitando a los presentes y a los fieles a no cansarse nunca de rezar, porque Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa qué necesitamos o porque no nos escuche.
Del mismo modo, Francisco ha recordado que en "nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda".
En la jornada mundial misionera que se celebra hoy, el santo padre ha querido recordar que la misión de la Iglesia es difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo. Así, ha nombrado a dos testigos de la fe que supieron cumplir esta misión de anunciar el Evangelio aunque les costara la vida; Afra Martinelli, italiana asesinada en Nigeria hace unos días y Stefano Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest.
Con este evento se ha querido subrayar la importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana. Durante el desarrollo del evento, varios corredores han dado testimonio y compartido con los presentes su historia de fe y el mundo del deporte.
Ante una repleta plaza de San Pedro y alrededores, el santo padre ha reflexionado sobre la viuda del Evangelio de hoy, invitando a los presentes y a los fieles a no cansarse nunca de rezar, porque Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa qué necesitamos o porque no nos escuche.
Del mismo modo, Francisco ha recordado que en "nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda".
En la jornada mundial misionera que se celebra hoy, el santo padre ha querido recordar que la misión de la Iglesia es difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo. Así, ha nombrado a dos testigos de la fe que supieron cumplir esta misión de anunciar el Evangelio aunque les costara la vida; Afra Martinelli, italiana asesinada en Nigeria hace unos días y Stefano Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest.
Un pensamiento especial también hoy para las mujeres, que como la viuda del Evangelio, luchan por su familia, que rezan, que no se rinden nunca. Un recuerdo hoy todos nosotros a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de bien, de valentía, de poder de la oración. También ha saludado especialmente a las madres argentinas, ya que hoy se celebra el día de la madre en la tierra natal del papa.
domingo, 20 de octubre de 2013
Algunos Tweets del Papa Francisco que nos hacen pensar
Seguir a Jesús significa
ponerlo en primer lugar, despojándonos de tantas cosas que ahogan nuestro
corazón.
No nos resignemos ante el
mal. Dios es Amor que ha vencido al mal con la muerte y resurrección de Cristo.
Nuestra oración no se
puede reducir a una hora el domingo; es importante tener una relación cotidiana
con el Señor.
Queridos jóvenes, no
tengan miedo a dar pasos definitivos en la vida. Tengan confianza, el Señor no
los abandonará.
Señor, ten piedad! Muchas
veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a
nuestro lado.
Seguir a Jesús significa
ponerlo en primer lugar, despojándonos de tantas cosas que ahogan nuestro
corazón.
El misterio de la cruz, misterio de amor, sólo se
puede comprender en la oración. Recen y lloren de rodillas ante la cruz.
El secreto de la vida cristiana es el amor. Sólo
el amor llena los vacíos, las profundidades negativas que el mal crea en los
corazones.
La misericordia es lo
único que puede salvar al hombre y al mundo del pecado y del mal.
Queridos jóvenes, ustedes
tienen muchos proyectos y sueños para el futuro. ¿Ponen a Cristo en el centro
de sus proyectos y de sus sueños?
¿Rezamos de verdad? Sin una relación constante
con Dios, es difícil llevar una vida cristiana auténtica y coherente.
Donde haya odio y
oscuridad, pongamos un poco de amor y de esperanza, para darle un rostro más
humano a la sociedad.
Todos los matrimonios
pasan por momentos difíciles, pero estos encuentros con la Cruz nos fortalecen
para recorrer el camino del amor.
No nos hacemos cristianos
por nuestras propias fuerzas. La fe es un don de Dios que se nos da en la
Iglesia y por medio de la Iglesia.
¡El perdón de Dios es más
fuerte que cualquier pecado!
sábado, 19 de octubre de 2013
Lucas nos dió a conocer a todos a Cristo
| La Iglesia celebra a san Lucas poniendo en la liturgia el pasaje de los setenta y dos discípulos que salen predicar la palabra de Dios. Lucas nos narra aquí la alegre partida del primer grupo de predicadores de la historia cristiana. Más adelante nos narrará, en los Hechos, los frutos imparables de esta primera predicación. ¿Sabía san Lucas que el Evangelio llegaría con la velocidad de un reguero de pólvora a todo el mundo conocido? ¿Sabía que esa locura en la que él había creído conquistaría miles de millones de vidas? Sabemos, ciertamente que Lucas creyó, y creyó con tal fuerza que nos quiso escribir los avances incontenibles de la fe por la que había apostado en la vida y por la que había dado todo lo que tenía. Desde el cielo, Lucas nos mira continuamente y -estoy seguro- arde en deseos de gritarnos que creamos, que confiemos, que estemos seguros de que todo esfuerzo por transmitir la fe tiene a Dios por garantía infalible y que, por lo tanto, dará su fruto. Pero sin perder de vista que nuestra primera misión somos nosotros mismos. Cristo, lo fundamental que hizo fue obedecer al Padre respecto a la voluntad que Éste tenía para Él, y así consiguió para nosotros la salvación. Pues nosotros, como empresa apostólica primera tenemos la salvación de nuestra alma, y el cumplimiento de la Voluntad de Dios sobre nosotros. No suceda, como dice san Pablo, que habiendo predicado a otros, yo vaya a ser reprobado.
Fuente: Catholic.net
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