martes, 20 de junio de 2017

Papa Francisco: La adolescencia no es una patología y no se debe afrontar como si lo fuera


En un discurso pronunciado en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma, ante los participantes en el congreso eclesial diocesano, el Papa Francisco animó a afrontar la adolescencia de los hijos con comprensión y teniendo presente la importancia de esa fase que no debe ser vista con temor, porque «la adolescencia no es una patología».
El Santo Padre reflexionó sobre el tema en el que se centrará el Congreso y que considera «importante para la vida de nuestras familias: acompañar a los padres en la educación de los hijos adolescentes».
El Papa hizo referencia al dialecto propio de la ciudad de Roma para hablar de las características, dificultades y bondades de construir una familia en una gran ciudad y educar en ella a los hijos, «con toda su riqueza, sus oportunidades, su variedad y al mismo tiempo sus retos».
«La vida de las familias y la educación de los adolescentes en una gran metrópoli como esta exige poner una especial atención en los pilares», afirmó. «No podemos tomarla a la ligera, porque no es lo mismo educar o ser una familia en un pequeño pueblo que en una metrópoli», agregó.
Francisco detalló algunas de las experiencias que le han transmitido en sus visitas pastorales: «la distancia entre casa y el trabajo que en algunos casos llega a dos horas de viaje; la falta de lazos familiares cercanos debido a la necesidad de trasladarse para encontrar un trabajo o para poder pagar un alquiler; el vivir siempre ‘al céntimo’ para poder llegar a fin de mes porque el ritmo de vida es muy costoso; el tiempo tantas veces insuficiente para conocer a los vecinos donde vivimos; el tener que dejar muchas veces a los hijos solos en casa».
Por todo ello, animó a reflexionar sobre la familia y la educación de los hijos «en romanesco», teniendo presente los rostros de familias concretas.
En segundo lugar, el Obispo de Roma mostró su preocupación por el desarraigo presente en la sociedad. «Familias y personas que poco a poco van perdiendo su arraigo, sus vínculos, esa red vital tan importante para sentirse parte unos de otros, para participar con los demás en un proyecto común».
El Papa resaltó «la experiencia de saber que pertenecemos a los demás, en el sentido más noble del término. Es importante tener en cuenta este clima de desarraigo» que genera «una cultura desarraigada, una familia desarraigada, una familia sin historia, sin memoria, sin raíces».
«Por ello –recomendó–, una de las primeras cosas en las que debemos pensar como padres, como familias, como pastores, es el escenario donde arraigarnos, donde establecer vínculos, donde encontrar raíces, donde hacer crecer esa red vital que nos permite sentirnos en ‘casa’».
El Pontífice recordó que la adolescencia es un período de la vida en la que se permanece en movimiento, en transición: «es una fase ‘puente’, y por ese motivo los adolescentes no son de ni aquí ni de allí, están en camino, en tránsito. No son niños y no quieren ser tratados como tales, y tampoco son adultos pero quieren ser tratados como tales, especialmente a nivel de los privilegios».
«Buscan siempre la comparación, preguntan, lo discuten todo, buscan respuestas, atraviesan diversos estados de ánimo, y las familias con ellos».
No obstante, también destacó el valor positivo de la adolescencia: «Es un tiempo precioso en la vida de vuestros hijos. Un tiempo difícil, sí. Un tiempo de cambios y de inestabilidad, sí. Una fase que presenta grandes riesgos, sin duda. Pero, sobre todo, es un tiempo de crecimiento para ellos y para toda la familia».
Por eso quiso ser tajante al afirmar que «la adolescencia no es una patología y no podemos afrontarla como si lo fuese».
Asimismo, animó a plantear la educación de los adolescentes con una «alfabetización socio-integrada, es decir, una educación basada en el intelecto (la cabeza), los afectos (el corazón) y las habilidades (las manos). Esto ofrecerá a nuestros jóvenes la posibilidad de crecer de forma armónica no sólo a nivel personal, sino también social».
El Papa advirtió que «hoy los jóvenes encuentran mucha competición y pocas personas con las que compararse». Atribuyó este fenómeno a la cultura de la «eterna juventud». «Parece que crecer, envejecer, estacionarse es un mal. Un sinónimo de vida frustrada o agotada».
«Hoy parece que todo se enmascara o se disimula, como si el mismo hecho de vivir no tuviese sentido (...). Me da pena cuando veo… a los que se tiñen el pelo. Me da pena que se quiera hacer un lifting al corazón. Hoy se usa más la palabra lifting que la palabra corazón».
«Estas arrugas me han costado toda la vida, son preciosas», dijo el Santo Padre, y lamentó que hoy en día «encontramos muchos padres adolescentes, muchos que quieren jugar a ser adolescentes para siempre».
Esta realidad «puede aumentar la tendencia natural que tienen los jóvenes a aislarse o a frenar su proceso de crecimiento ante la falta de un referente en el que reflejarse».
El Santo Padre recordó la urgencia de «recuperar el principio espiritual de la austeridad» frente a un contexto de consumismo extremo.
«Hemos entrado en una vorágine de consumo y hemos sido inducidos a creer que valemos tanto como lo que somos capaces de producir y de consumir». «Educar en la austeridad es una riqueza incomparable», finalizó.
ACI/Miguel Pérez Pichel

El arzobispo, en la Cumbre Bíblica de Nueva York: «Jesucristo no hace cosméticas, cambia el corazón y las relaciones entre los hombres»



El pasado sábado, 17 de Junio, se llevó a cabo la VII Cumbre Bíblica en la ciudad de Nueva York, con el lema Discípulos Misioneros. Llevando la Palabra de Dios al Mundo entero. Los dos conferenciantes principales fueron el cardenal Thomas Collins, arzobispo de Toronto (Canadá), en inglés, y cardenal Osoro en español.
  
El arzobispo de Madrid llegó a Nueva York el miércoles 14 de junio por la tarde con una apretada agenda de visitas, en las que estuvo acompañado por el vicario de Pastoral Social e Innovación, José Luis Segovia, y el padre Tomás del Valle, sacerdote español que trabaja con la comunidad hispana de la ciudad.
  
Sus primeros dos encuentros se llevaron a cabo el jueves 15. Por la mañana se trasladó al Bronx para visitar la comunidad de las Siervas de María, donde fue recibido por la hermana Emma Muñoz, superiora de la comunidad. Toda la comunidad esperaba en la capilla para celebrar la Eucaristía. A su conclusión, compartieron la comida y una amena y sencilla tertulia en la que el cardenal Osoro pudo conocer de primera mano la obra pastoral que las hermanas llevan a cabo entre los enfermos y descartados de la sociedad neoyorquina.
El segundo encuentro tuvo lugar también en el Bronx, en la parroquia del Espíritu Santo. El párroco, Ricardo Fajardo, invitó a los sacerdotes hispanos a una cena-encuentro con el arzobispo de Madrid. La treintena de sacerdotes que pudieron asistir compartieron alegría y esperanzas a la vez que las penas y tristezas del ministerio. Fue destacada la presencia de viejos pastores, curtidos por los años, junto a jóvenes sacerdotes. Ambos grupos agradecieron la presencia del prelado, quien se hizo una idea de la dura  vida de los sacerdotes en una ciudad hostil como es Nueva York.
El viernes 16 de junio la agenda fue bastante extensa. Por la mañana hubo una visita de cortesía al embajador de España ante las Naciones Unidas, Román Oyarzun, quien puso al tanto al cardenal del día a día de la misión y los esfuerzos destacados de España por hacerse presente en los organismos internacionales. De la misión de España se pasó a la misión de la Santa Sede ante las Naciones Unidas. Allí fue informado de la presencia del Vaticano en los diversos organismos de la ONU, para terminar con una comida fraterna.
Por la tarde se desplazó a residencia del nuncio ante las Naciones Unidas, el arzobispo  donde participó, como invitado especial en un programa de televisión que se emitirá en los próximos días. En la misma residencia se llevó a cabo una cena en honor del arzobispo de Madrid a la cual asistieron destacadas personalidades del mundo financiero, eclesiástico y diplomático. Entre estos últimos destacaba la presencia del nuncio del Vaticano ante los Estados Unidos y la Organización de los Estados Americanos, el arzobispo de origen francés Christophe Pierre, venido de Washington para participar en la cena. Entre los invitados estaba igualmente el Dr. Roy Peterson, presidente de la Sociedad Bíblica Americana –organizadora de la Cumbre Bíblica junto al departamento de Catequesis la archidiócesis de Nueva York–.
El sábado a primera hora de la mañana, el cardenal Osoro se trasladó desde la residencia del nuncio ante las Naciones Unidas, donde se hospedó durante su estancia en Nueva York, al Centro Católico de Nueva York, en cuyos salones académicos se llevó a cabo la VII Cumbre Bíblica. El apretado horario comenzó con una conferencia de saludo, introducción y testimonio a cargo del Dr. Roy Peterson. A continuación se celebró una Eucaristía presidida por el nuncio en Estados Unidos y concelebrada por los cardenales de Toronto y Madrid junto con el obispo hispano de la diócesis de Brooklyn y un numeroso grupo de sacerdotes asistentes a la cumbre. Concluida la celebración de la Misa, dieron comienzo a las dos ponencias principales del día, la dictada en inglés por el cardenal Collins y la dictada en español por el cardenal Osoro.
En su intervención, el arzobispo de Madrid incidió en que «somos discípulos y misioneros de una Iglesia en salida» en un contexto de globalización, en el que hay que trabajar por «un mundo acogedor y seguro» y ello exige «salir de la indiferencia.  «Jesucristo no hace cosméticas, cambia el corazón y las relaciones entre los hombres», aseveró.
Al concluir ambas presentaciones se procedió al rezo del ángelus y a un breve receso, para luego dar paso a los diversos talleres tanto en inglés como español. El arzobispo de Madrid no pudo quedarse en estas actividades porque debía volver a Madrid para participar en las celebraciones del Corpus Christi.
Texto y fotos: Padre Tomás del Valle / Infomadrid

El arte de amar a los enemigos. PAPA FRANCISCO.



Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio». Sin embargo es el camino indicado y recorrido por Jesús para nuestra salvación. 

En su homilía del 18 de junio el Pontífice recordó que la liturgia propone estos días reflexionar sobre los paralelismos entre «la ley antigua y la ley nueva, la ley del monte Sinaí y la ley del monte de las Bienaventuranzas». Entrando en las lecturas —de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (8, 1-9) y del Evangelio de Mateo (5, 43-48)—, el Santo Padre se detuvo en la dificultad del amor a los enemigos, preguntándose cómo es posible perdonar: «También nosotros, todos nosotros, tenemos enemigos, todos. Algunos enemigos débiles, algunos fuertes. También nosotros muchas veces nos convertimos en enemigos de otros; no les queremos. Jesús nos dice que debemos amar a los enemigos».

«Jesús nos dice dos cosas —expresó el Papa afrontando la cuestión de cómo amar a los enemigos—: primero, mirar al Padre. Nuestro Padre es Dios: hace salir el sol sobre malos y buenos; hace llover sobre justos e injustos. Su amor es para todos. Y Jesús concluye con este consejo: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”». Por lo tanto, la indicación de Jesús consiste en imitar al Padre en «la perfección del amor. Él perdona a sus enemigos. Hace todo por perdonarles. Pensemos en la ternura con la que Jesús recibe a Judas en el huerto de los Olivos», cuando entre los discípulos se pensaba en la venganza.

«Jesús nos pide amar a los enemigos -insistió-. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos». La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, «alguna pequeña enemistad».

Es cierto: «el amor a los enemigos nos empobrece, nos hace pobres, como Jesús, quien, cuando vino, se abajó hasta hacerse pobre». Tal vez no es un «buen negocio» —agregó el Pontífice—, o al menos no lo es según la lógica del mundo. Sin embargo «es el camino que recorrió Dios, el camino que recorrió Jesús» hasta conquistarnos la gracia que nos ha hecho ricos.

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 25, viernes 21 de junio de 2013

Amad a vuestros enemigos


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Palabra del Señor.

lunes, 19 de junio de 2017

Video-mensaje de Francisco: el Rosario, una oración que lleva paz a los corazones, a la iglesia y al mundo



“También yo rezo frecuentemente el Rosario delante a un mosaico: un pequeño mosaico de la Virgen con el Niño, donde parece que en el centro está María, cuando en realidad Ella, usando sus manos se vuelve una especie de escalera a través de la cual Jesús puede bajar en medio de nosotros”.
Así el papa Francisco explicó este domingo cómo la María lleva a Jesús, durante el video-mensaje enviado al santuario de la Virgen de Ta’ Pinu, en la isla de Gozo en Malta, en ocasión de la inauguración de un mosaico en el exterior de la basílica que representa los cuatros misterios marianos.
El Santo Padre les aseguró que “en un gran abrazo de mosaicos les esperan Jesús y su madre” y que recuerda “una oración contemplativa, simple, accesible a todos, grandes y pequeños: la oración del santo Rosario.
“En la oración del Rosario –aseguró el sucesor de Pedro– nos dirigimos a la Virgen María para que nos lleve cada vez más cerca a su hijo Jesús, para conocerlo y amarlo cada vez más”.
Señaló que “mientras repetimos ‘ Ave María’, meditamos los misterios, las etapas gozosas, luminosas, dolorosas y gloriosas de la vida de Cristo, pero también de nuestra vida: porque nosotros caminamos con el Señor”.
“Rezando llevamos todo a Dios: las fatigas, las heridas, los miedos, pero también las alegrías, los dones, las personas queridas… todo a Dios. Rezando le permitimos a Dios entrar en nuestro tiempo, recibir y transfigurar todo lo que vivimos”, dijo.
El Papa concluyó exhortando: “Sírvanse con frecuencia de este instrumento potente que es la oración del santo Rosario, porque lleva paz en los corazones, en las familias, en la Iglesia y en el mundo”.

Los niños endemoniados que desaparecen



Mercedes García Hurtado es hermana de la Caridad de Santa Ana y enfermera. Trabajó durante 25 años en un hospital psiquiátrico en Tarragona y en 2012 llegó hasta Costa de Marfil «porque siempre quise ser misionera, pero me quedé en España más de 20 años para cuidar a mi madre enferma». Además de atender el dispensario, Soro Gnenetcho –que quiere decir mujer del cielo, como la llaman en su aldea– atiende y hasta en ocasiones salva la vida a las personas con discapacidad intelectual o enfermedades psiquiátricas en un país lleno de tabús y creencias animistas que las consideran espíritus a los que hacen desaparecer. Mercè, como la llaman en su tierra, pide ayuda, porque se necesitan medios para las personas con discapacidad intelectual puedan tener las mismas oportunidades que los demás.
¿Cómo que desaparecen?
Los marfileños consideran que los enfermos mentales tienen demonios dentro porque han hecho algo mal. Sus familias los llevan a curanderos, cuando no los abandonan en el campo. El marabú practica un ritual místico y los hace desaparecer.
Pero… ¿dónde van a parar?
El ritual consiste en aplicar unas hierbas y esparcir agua sobre su cuerpo. Si es una serpiente, la persona comenzará a moverse y se transformará en una cobra, y entonces desaparecerá. Si es un genio comenzará a dar vueltas sobre sí mismo como un remolino y desaparecerá también. En cambio, si se trata de un hombre se quedará quieto, aunque, eso sí, el espíritu no desaparecerá de su cuerpo, pero su familia deberá aceptarlo y llevarlo de nuevo a casa. La gente que ha ido a estos curanderos nunca más aparece… no sabemos dónde están, nadie los vuelve a ver. Y la familia tiene que estar contenta, porque si no, al próximo embarazo también caerá la maldición.
¿Los matan?
No lo sabemos.
¿Y cómo trabaja una enfermera experta en psiquiatría entre tanta creencia mágica?
Es difícil, porque cambiar el mundo de las creencias es casi imposible. Por ejemplo, a las personas con síndrome de Down o a los epilépticos ni se los toca porque creen que son contagiosos, los echan de la escuela o el trabajo… Es todo un estigma.
Se quedarán pasmados cuando la ven a usted acercarse a los personas con enfermedades mentales.
Tanto que me llaman Soro Gnenetcho, que significa mujer del cielo. Ven extraordinario –pero en positivo– que me acerque a esos espíritus que echan espuma por la boca y los atienda con cariño y atención.
En un entorno así la parte evangelizadora también tiene pinta de ser difícil.
Es otro buen desafío. Aquí el cristianismo lleva 100 años, está muy poco arraigado. Pero, eso sí, en sus creencias también hay un solo dios, y además es mujer.
Entonces predican con sus obras.
Atendemos un pequeño dispensario al que vienen enfermos de todas las aldeas de alrededor. Son muy pobres, pero es curioso el culto a los muertos tan desarrollado que tienen. Cuando fallece alguien de la familia hacen un gran despliegue de actos, gastan todo lo que tienen en comidas… de hecho, no hay fecha para enterrarlos. Yo sé de familias que tienen un miembro sin enterrar desde hace 20 años porque no se han reunido todavía todos. Este momento es crucial para ellos, porque se tiene que hacer bien el traspaso a la otra orilla.
La clave, aunque parezca un lugar común, es la educación.
Sí, pero no creas, es difícil con los jóvenes. Aquí hay un rito, el del bosque sagrado, una iniciación en la que el muchacho entra en la edad adulta. Los jóvenes se pasan casi un año dentro del bosque sin poder salir. Si se ponen enfermos, tienen que curarse a base de hierbas, y muchos mueren en el intento. Si la novia o la madre va a ponerle un plato de comida y al día siguiente está intacto es que ha muerto. Las religiosas que están en la escuela están enfadadísimas porque, claro, los muchachos dejan durante mucho tiempo de ir a clase.
¿Y las mujeres?
No van al colegio. Aquí la mujer está para trabajar en el campo, para tener hijos –varones, porque si no corre el riesgo de ser abandonada– y para casarse de niñas con hombres mucho más mayores. Son un cero a la izquierda, son esclavas. Por ponerte un ejemplo de lo más cotidiano, en los funerales preparan comida para cientos de personas y, si hay solo una silla, el hombre nunca permitirá que ella se siente a descansar. Se sienta él.
Cristina Sánchez Aguilar
Con la colaboración de Obras Misionales Pontificias (OMP)
Alfay Omega

Cardenal Osoro, en el Corpus Christi: «Si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos»



«Que la Eucaristía sea siempre el lugar donde encontramos Vida y la forma también de dar Vida a todos los hombres». Con este deseo ha terminado el cardenal Osoro su homilía en la solemnidad del Corpus Christi, Día de Caridad.
El arzobispo de Madrid ha recordado que «la Nueva Jerusalén tiene que glorificar al Señor, porque Él nos trae la Paz, Él nos sacia» y que precisamente en este día «honramos la presencia real de Jesucristo en el misterio de la Eucaristía».
«Recordemos siempre y no olvidemos nunca al Señor» –ha pedido–, porque Él nunca se olvida de los hombres como, por ejemplo, cuando el pueblo de Israel pasaba «aflicción» y le entregó el maná. «No olvidemos nunca al Señor, Él nos alimenta como alimentó al pueblo de Israel y nos alimenta también a nosotros con su propia vida en el camino. […] Si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos; es posible entender el mandato de Jesús cuando nos dice que nos amemos los unos a los otros», ha aseverado.
En «un momento de la historia difícil» en el que «los enfrentamientos son reales», es necesario que «vivamos en comunión con Cristo y con los hermanos» –ha explicado–. «No es extraño que en este día se celebre el Día de Cáritas, es estar mirando las necesidades de los demás, de los más pobres […]. De lo que habéis comido, dad. Nos deis otra cosa. Dad a Dios. El Señor es fraternidad, es paz, es reconciliación, es compromiso con el otro…».
Nuevo director de Cáritas Madrid
En el marco del Día de Cariad, justo después de la homilía, ha tomado posesión como nuevo director de Cáritas Madrid Luis Hernández Vozmediano, que sustituye a Julio Beamonte Mayayo. El cardenal Osoro ha agradecido la labor de este último, incidiendo en el «bien» que la entidad caritativa de la Iglesia «ha querido regalar a todos los hombres». Y el canciller-secretario del Arzobispado, Alberto Andrés Domínguez, ha leído su nombramiento como caballero de la Orden de San Gregorio Magno.
Además, el vicario de Acción Caritativa, Javier Cuevas, ha agradecido la «entrega y generosidad» del hasta ahora delegado episcopal de Cáritas Diocesana, Pablo González Díaz, quien «ha lavado los pies» como el Señor y ha sabido «acompañar la búsqueda de un futuro con esperanza de tantas personas que caminan sin sentido».

Adelanto fotográfico: los madrileños acompañan al Señor por las calles

A pesar del calor, miles de madrileños han salido este domingo por la tarde a acompañar al Señor por las calles de Madrid en la solemnidad del Corpus Christi. La procesión ha estado encabezada por el cardenal Osoro, que esta misma mañana había subrayado que «si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos», y ha salido de la catedral pasadas las 19 horas para discurrir por las calles Mayor, Milaneses y Santiago, plaza de Ramales, plaza de Oriente, calle de San Quintín y calle Bailén, con vuelta a la plaza de la Almudena. 

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5,38-42)





... ¿Cuál es el sentido de esas palabras? ¿Por qué Jesús pide amar a los propios enemigos, o sea, un amor que excede la capacidad humana? En realidad, la propuesta de Cristo es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. 

Este “plus” viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y es la única que puede “desequilibrar” el mundo del mal hacia el bien, a partir del pequeño y decisivo “mundo” que es el corazón del hombre.

Con razón, esta página evangélica se considera la charta magna de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse ante el mal —según una falsa interpretación de “presentar la otra mejilla” (cf. Lc 6, 29)—, sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12, 17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. 

Así, se comprende que para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad.

El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”, revolución que no se basa en estrategias de poder económico, político o mediático. La revolución del amor, un amor que en definitiva no se apoya en los recursos humanos, sino que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. 

Esta es la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido. Este es el heroísmo de los “pequeños”, que creen en el amor de Dios y lo difunden incluso a costa de su vida.

[…] Pidamos a la Virgen María, dócil discípula del Él nos ha amado, para ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre que está en los cielos (cf. Lc 6, 36).

(Del Ángelus de Benedicto XVI el 18-2-2017)

EVANGELIO DE HOY: DEVOLVER BIEN POR MAL



Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Ángelus del Papa: En la Eucaristía Jesús alimenta nuestra fe, esperanza y caridad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En Italia y en muchos países se celebran este domingo la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo - a menudo se utiliza el nombre latino Corpus Domini o Corpus Christi. Cada domingo la comunidad eclesial se reúne alrededor de la Eucaristía, sacramento instituido por Jesús en la última cena. Sin embargo, cada año tenemos la alegría de celebrar la fiesta dedicada a este misterio central de la fe, para expresar en plenitud nuestra adoración a Cristo que se dona como alimento y bebida de salvación.
El pasaje del Evangelio de hoy, tomado de San Juan, es una parte del discurso sobre el "pan de vida" (cf. 6,51-58). Jesús afirma: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. [...] El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo"(v. 51). Él quiere decir que el Padre lo envió al mundo como alimento de vida eterna, y que para ello Él se sacrificará a sí mismo, su carne. De hecho, Jesús, en la cruz, ha donado su cuerpo y ha derramado su sangre. El Hijo del hombre crucificado es el verdadero Cordero pascual, que hace salir de la esclavitud del pecado y sostiene en el camino hacia la tierra prometida. La Eucaristía es el sacramento de su carne dada para hacer vivir el mundo; quien se nutre de este alimento permanece en Jesús y vive por Él. Asimilar a Jesús significa estar en él, volviéndose hijos en el Hijo.
En la Eucaristía, Jesús, como lo hizo con los discípulos de Emaús, se pone a nuestro lado, peregrinos en la historia, para alimentar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; para confortarnos en las pruebas; para sostenernos en el compromiso por la justicia y la paz. Esta presencia solidaria del Hijo de Dios está en todas partes: en las ciudades y en el campo, en el Norte y Sur del mundo, en países de tradición cristiana y en los de primera evangelización. Y en la Eucaristía Él se ofrece a sí mismo como fuerza espiritual para ayudarnos a poner en práctica su mandamiento – amarnos los unos a otros como Él nos ha amado -, mediante la construcción de comunidades acogedoras y abiertas a las necesidades de todos, especialmente de las personas más frágiles, pobres y necesitadas.
Nutrirnos de Jesús Eucaristía significa también abandonarnos con confianza en Él y dejarnos guiar por Él. Se trata de recibir a Jesús en el lugar del propio "yo". De este modo el amor gratuito recibido de Jesús en la comunión eucarística, con la obra del Espíritu Santo, alimenta el amor por Dios y por los hermanos y hermanas que encontramos en el camino de cada día. Nutridos por el Cuerpo de Cristo, nos volvemos cada vez más y concretamente, Cuerpo Místico de Cristo. Nos lo recuerda el Apóstol Pablo: «La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan».(1 Cor 10,16-17).
La Virgen María, que siempre ha estado unida a Jesús Pan de Vida, nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, a nutrirnos de ella con fe, para vivir en comunión con Dios y con hermanos.
Ángelus domini...
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

domingo, 18 de junio de 2017

18 de junio: san Marcos y san Marcelino, mártires


Marcos y Marcelino, mártires, fueron hermanos gemelos, hijos de san Tranquilino y santa Marcia, convertidos a la fe por san Sebastián, y crucificados en Roma por la fe en Jesucristo, el año 286.
Son patronos secundarios de la hoy Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Un rayo que cayó en el castillo fue la causa del terrible fuego que amenazaba a todas luces alcanzar el polvorín o almacenes de pólvora de la ciudad y cuya explosión hubiera sido una catástrofe. El apresurado rezo a los santos del día en aquel apuro hizo que milagrosamente se detuvieran las llamas en la misma zona inmediatamente próxima al almacén de munición. Se pidió a las autoridades eclesiásticas sea oficialmente reconocida la protección de los santos que les libraron en aquella terrible tormenta.
Un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos faculta al Deán y Cabildo para elegirlos patronos menos principales de la ciudad de Badajoz. Una vez ejecutado, es aprobado por el obispo Juan Marín Rodezno, el 13 de junio de 1699. Su celebración es solo para la ciudad.
Archimadrid.o

Solemnidad del Corpus Christi. El pan vivo bajado del cielo


Celebramos este domingo la solemnidad del Corpus Christi; una fiesta que nos invita a detenernos en torno al misterio eucarístico y a su significado para la vida de la Iglesia. Para comprender lo que implica el don de la Eucaristía, el Evangelio nos presenta la última parte del discurso de san Juan sobre el pan de vida. Comienza el pasaje con las palabras «yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre». En el Antiguo Testamento el pan es, ante todo, un don de Dios, esencial para la subsistencia del hombre. Por eso, en la oración que el Señor enseña a sus discípulos parece resumir en este alimento todo lo necesario para la vida del hombre, al mismo tiempo que anticipa el don eucarístico.
El maná y la Eucaristía
Cuando los judíos escuchaban «pan bajado del cielo» pensaban inevitablemente en el maná, el alimento que Dios dio a Israel durante la marcha por el desierto, conforme escuchamos este domingo en la primera lectura, del libro del Deuteronomio. El maná tenía un carácter misterioso. Pero a través de este medio de subsistencia Dios hace patente su presencia en medio de su pueblo, que recordará siempre este don poniendo en el arca, junto a las tablas de la ley, un vaso con maná.
La Palabra que nos propone hoy la liturgia busca subrayar la relación entre el maná y el verdadero pan que nos da Dios. Lo hemos escuchado también en la primera lectura: «no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios» (Dt 8,3). El Evangelio insiste en que el verdadero pan no es el maná —el cual no libraba al hombre de la muerte—, sino Jesús mismo, verdadero pan del cielo. La poesía cristiana nos lo ha transmitido a través de la secuencia Lauda Sion, que desde hace siglos se canta en este día. En una de sus estrofas se resaltan los precedentes o figuras del Pan verdadero: «Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres».
Del mismo modo que Dios se preocupó por alimentar a su pueblo cuando estaba en el desierto, Jesús ofrece a sus discípulos un don aún mayor: la Eucaristía, esencial para la vida. Jesús no se refiere a la vida física, sino a la vida verdadera, la que une a Dios con el hombre para siempre y a los hombres entre sí. Esta es la «vida eterna» de la que nos habla.
Pan de comunión
Durante estos días muchos niños han recibido por primera vez al Señor en la Eucaristía. Han hecho la comunión. San Pablo nos dice en la carta a los Corintios que el cáliz que bendecimos y el pan que partimos son comunión. ¿Qué significa esto? Unión íntima y profunda. El Señor quiere ofrecernos el vínculo más hondo que puede existir con él mismo. Pero recibir al Señor crea al mismo tiempo un lazo estrecho entre los cristianos, tal y como afirma Pablo: «el pan es uno, nosotros, siendo muchos formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan». Por lo tanto, la Eucaristía no puede ser considerada nunca como un hecho privado. Su celebración nunca ha sido un acontecimiento reservado para unos pocos, de manera exclusiva. Cuando acudimos a Misa no elegimos quién nos acompañará, y, probablemente, en el mismo lugar haya personas completamente desconocidas para nosotros, de distintas profesiones, condición o, incluso, nacionalidad. Por eso, la Eucaristía ha sido siempre un antídoto frente a cualquier tentación de particularismo. De hecho, durante muchos años la única celebración eucarística que había en cada ciudad era la presidida por el obispo, donde en torno a la Eucaristía y al obispo se visibilizaba la única comunidad, expresión de la unidad de la Iglesia. El caminar en procesión junto al Señor sacramentado permite hoy día seguir reflejando la unión de quienes, como miembros de la Iglesia, dirigimos la mirada hacia el Señor resucitado.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,51-58)




... El Evangelio de Juan presenta el discurso sobre el «pan de vida», pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, en el cual afirma: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6, 51). 

Jesús subraya que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, su vida, como alimento para quienes tienen fe en Él. Esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra vida, con nuestras actitudes, un pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. 

Para nosotros, en cambio, son los comportamientos generosos hacia el prójimo los que demuestran la actitud de partir la vida para los demás.

Cada vez que participamos en la santa Misa y nos alimentamos del Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, plasma nuestro corazón, nos comunica actitudes interiores que se traducen en comportamientos según el Evangelio. 

Ante todo, la docilidad a la Palabra de Dios; luego, la fraternidad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desalentados y acoger a los excluidos. De este modo la Eucaristía hace madurar un estilo de vida cristiano. 

La caridad de Cristo, acogida con corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar no según la medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios. ¿Y cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! 

Y así llegamos a ser capaces de amar también nosotros a quien no nos ama: y esto no es fácil. Amar a quien no nos ama… ¡No es fácil! Porque si nosotros sabemos que una persona no nos quiere, también nosotros nos inclinamos por no quererla. Y, en cambio, no. Debemos amar también a quien no nos ama. Oponernos al mal con el bien, perdonar, compartir, acoger. 

Gracias a Jesús y a su Espíritu, también nuestra vida llega a ser «pan partido» para nuestros hermanos. Y viviendo así descubrimos la verdadera alegría. La alegría de convertirnos en don, para corresponder al gran don que nosotros hemos recibido antes, sin mérito de nuestra parte. Esto es hermoso: nuestra vida se hace don. Esto es imitar a Jesús. 

Quisiera recordar estas dos cosas. Primero: la medida del amor de Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Y nuestra vida, con el amor de Jesús, al recibir la Eucaristía, se hace don. Como ha sido la vida de Jesús. No olvidemos estas dos cosas: la medida del amor de Dios es amar sin medida; y siguiendo a Jesús, nosotros, con la Eucaristía, hacemos de nuestra vida un don. 

Jesús, Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María santísima. Después de llevarlo consigo con inefable amor, Ella lo siguió fielmente hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, y a hacer de ella el centro de nuestra vida, especialmente en la Misa dominical y en la adoración. 
(Del Ángelus del Papa Francisco el 22 de junio de 2014)

EVANGELIO DE HOY: EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE




Lectura del santo Evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor