sábado, 27 de mayo de 2017

Papa: El cristiano tiene la mirada en el Cielo y los pies en el mundo

El lugar del cristiano es el mundo para anunciar a Jesús, pero su mirada está dirigida hacia el Cielo para estar unido a Él. Lo dijo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Galilea, lugar del primer encuentro con Jesús
El Papa observó que las Escrituras nos indican tres palabrastres lugares de referencia del camino cristiano. La primera palabra es memoria. El Señor resucitado dice a sus discípulos que lo precedan en Galilea: aquí se produjo el primer encuentro con el Maestro. Y “cada uno de nosotros – afirmó Francisco – tiene su propia Galilea”, allí donde Jesús se ha manifestado por primera vez, lo hemos conocido y “hemos tenido esta alegría, este entusiasmo para seguirlo”. Además, el Santo Padre recordó que “para ser un buen cristiano es necesario tener siempre la memoria del primer encuentro con Jesús y de los encuentros sucesivos”. Es “la gracia de la memoria” que “en el momento de la prueba me da certidumbre”.
La mirada hacia el Cielo y los pies en el mundo
El segundo punto de referencia es la oración. Cuando Jesús asciende al Cielo – explicó el Papa Francisco – no se separa de nosotros: “Físicamente sí, pero está siempre unido a nosotros para interceder por nosotros. Le hace ver al Padre las llagas, el precio que ha pagado por nosotros, por nuestra salvación”. Por lo tanto, “debemos pedir la gracia de contemplar el Cielo, la gracia de la oración, la relación con Jesús en la oración que en este momento nos escucha y está con nosotros”:
“Después hay un tercer punto: el mundo. Jesús antes de irse – lo hemos escuchado ayer en el Evangelio de la Ascensión – dice a los discípulos: ‘Vayan al mundo y hagan discípulos’. Vayan: el lugar del cristiano es el mundo, para anunciarle la Palabra de Jesús, para decirle que hemos sido salvados, que Él ha venido para darnos la gracia, para llevarnos a todos con Él ante el Padre”.
Memoria, oración y misión
El Pontífice observó a continuación que “ésta es la topografía del espíritu cristiano”, los tres lugares de referencia de nuestra vida: la memoria, la oración y la misión. Mientras las tres palabras para nuestro camino son: Galilea, el Cielo y el mundo:
“Un cristiano debe moverse en estas tres dimensiones y pedir la gracia de la memoria. Decir al Señor: ‘Que no me olvide del momento en que Tú me has elegido, que no me olvide de los momentos en que nos hemos encontrado’. Después rezarmirar hacia el Cielo porque Él está para interceder, allí. Él intercede por nosotros. Y después ir a la misión, lo que no quiere decir que todos deben ir al extranjero; salir en misión es vivir y dar testimonio del Evangelio, es hacer saber a la gente cómo es Jesús. Y esto, con el testimonio y con la Palabra porque si yo digo como es Jesús, como es la vida cristiana y vivo como un pagano, aquello no sirve. La misión no va”.
La vida cristiana es gozosa
Si en cambio vivimos en la memoria, en la oración y en la misión – concluyó el Papa Francisco su meditación – la vida cristiana será bella y también será gozosa:
“Y ésta es la última frase que Jesús nos dice hoy en el Evangelio: ‘Aquel día, el día en el que ustedes vivirán la vida cristiana así, sabrán todo y nadie podrá quitarles su alegría’. Nadie. Porque yo tengo la memoria del encuentro con Jesús, tengo la certeza de que Jesús está en el Cielo en este momento e intercede por mí, está conmigo, y yo rezo y tengo el coraje de decir, de salir de mí y decir a los demás, y dar testimonio con mi vida, de que el Señor ha resucitado, está vivoMemoriaoraciónmisión. Que el Señor nos dé la gracia de entender esta topografía de la vida cristiana e ir adelante con alegría, con esa alegría que nadie podrá quitarnos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 26 de mayo de 2017

“La columna vertebral de la Iglesia es el sufrimiento de las comunidades perseguidas”


Mons. Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, obispo de Paksé y administrador apostólico de la diocesis de Vientiane, capital de Laos, será creado cardenal por el papa Francisco el 18 de junio próximo junto a otros cuatro obispos, como anunciado el 21 de mayo pasado después de la oración del Regina Coeli.
El obispo de Paksé concedió una entrevista a ZENIT, el pasado mes de febrero, durante la visita ad límina que realizaron en Roma los obispos camboyanos en la que  ha explicado la situación difícil de su país que vive bajo un régimen comunista, los intentos de diálogo de la Iglesia de Laos con el gobierno, los proyectos de estudio para los seminaristas, y del ánimo que el Papa ha infundido a los obispos asiáticos durante su visita a Roma.
“La columna vertebral de la Iglesia es el sufrimiento de las pequeñas Iglesias”, declaró Mons. Ling, citando las palabras del Papa en la homilía del 30 de enero de 2017: “Él repitió esto: la fuerza y la pujanza de la Iglesia reside en las pequeñas Iglesias sufridoras”, y es gracia a esto “que nosotros vivimos en aquí en tranquilidad”.
Beatificación de los mártires de Laos
Mons. Ling estimó que “existe una espiritualidad realmente teológica” en este mensaje que el Papa hizo, aludiendo a la beatificación de 17 mártires en Laos, el 11 de diciembre de 2016 en Vientiane, de los cuales 11 eran misioneros franceses asesinados o muertos durante la guerrilla comunista, entre 1954 y 1970. Y consideró “un milagro” que el gobierno lo haya permitido.
Señaló que la misa de beatificación presidida por el cardenal filipino Orlando Quevedo, OMI, arzobispo de Cotabato, representando al papa Francisco, se celebró ante unas 6 mil personas y 15 obispos de Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam.
“Quisimos fuera un cardenal asiático quien representara al Papa –explica Mons. Ling– porque hacemos juntos nuestras reuniones y conoce nuestros problemas”. Señaló que cuando prepararon la lista de obispos para presentar al Gobierno, les dijeron que no era necesario, sino simplemente una vista turística. El obispo de Paksé considera el gesto como “una apertura hacia el diálogo” por parte del gobierno.
Celebración en París: “Recen por nuestros mártires”
El 5 de febrero de 2017 se celebró en Francia una misa de acción de gracias por la beatificación, en Notre Dame de París, presidida por el cardenal Vingt-Trois quien aseguró que “debemos reconocer quienes construyeron la Iglesia con su sangre”.

“Recen a estos mártires pidiéndole un milagro que sirva para su canonización” pidió y señaló que la fiesta litúrgica será cada 16 de diciembre.
Laos, un país diferente
“Laos es un país muy diverso de los otros asiáticos, subraya Mons. Ling. Porque “está bajo un régimen comunista, con libertad religiosa y actividades restringidas” sin medios de comunicación o radio, con actividades sociales reducidas: solo un jardín de infantes y los primeros cursos de escuela primaria.
“Mientras en Camboya se permiten a los misioneros extranjeros”, indica Mons. Ling, en Laos tienen que ser nativos. En 1975 cuando Laos se volvió un estado socialista, con un partido único marxista-leninista “los misioneros extranjeros recibieron un gracias y fueron enviados a sus países” . Y de los 200 misioneros quedaron solamente 20 allí nacidos, para todo el país. De sus 6 millones de habitantes, “hay unos 50 mil católicos”.
Del centenar de monjas que hay en el país, “el gobierno aceptó” que ellas trabajen “en los centros de reeducación para los discapacitados”. Ellas pidieron un capellán, y el gobierno aceptó desde que haya nacido en Laos.
“Lo mismo vale para los jóvenes, hay al menos dos comunidades aceptadas”, son las hermanas salesianas. “Los salesianos de Vietnam fueron aceptados en Laos, he visto el otro día a dos o tres de ellos en Thakhek”.
Formación de los futuros sacerdotes
Es un tema importante, indicó Mons. Ling, que envió dos seminaristas a Francia, en Ars, “quienes fueron muy apreciados en el seminario”, si bien prefiere que vayan a países asiáticos, como en Vietnam, pero también en Filipinas donde se habla inglés. “La iglesia en Vietnam –añadió Mons. Ling– cuenta con 8 millones de católicos en una población de unos 95 millones de habitantes”
“Si me quieren criticar, ¡adelante!” dijo el Papa
La visita ad limina anterior fue hace siete años y en la actual, dijo, “el Papa nos invitó a hablar y dijo francamente: ‘Hablen de lo que quieran y si quieren criticarme, ¡adelante!”, a lo que Mons. Ling dijo riendo: es un poco fuerte.
Entrevista realizada por Anita Burdin

Monseñor Aguirre acoge a 2.000 musulmanes: «La situación puede volver a estallar»


«Los musulmanes alojados en la catedral están traumatizados por el asesinato de su imán. Pero han encontrado esperanza gracias al apoyo de monseñor Aguirre. Si no hubiera sido por el obispo español, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios», dice a Alfa y Omega el portavoz del Colectivo de Musulmanes Centroafricanos
«Aquí estamos todos con las botas puestas. Estos días son cruciales». Cuando monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, habla con Alfa y Omega, esta ciudad de 35.000 habitantes al sur de la República Centroafricana vive un impasse después de los dramáticos acontecimientos de la semana pasada. La catedral, el seminario menor y hasta la casa del propio obispo acogen a 2.000 musulmanes, convertidos en refugiados en su propia ciudad tras el ataque de grupos de autodefensa antimusulmanes. Dos representantes del Gobierno visitaron la zona el martes para tomar una decisión. «Es excesivo dejar a tantas personas en el seminario. Pero parece ser que no quieren montar un campo de refugiados», cuenta el obispo cordobés, misionero comboniano.
El rebrote de la violencia en la República Centroafricana ha causado 11.000 desplazados en los últimos tres meses. Pero ahora «todo el país, sobre todo las zonas con más musulmanes, tienen su mirada puesta en Bangassou. Si mueren o hieren a muchos musulmanes, podría volver a estallar la situación en zonas que costó muchísimo aplacar [tras la guerra civil de 2013-2014]. Por ejemplo, el barrio PK5 de Bangui, donde está la mezquita que el Papa Francisco tuvo el coraje de visitar. Podrían pensar incluso en atacar Bangassou», añade el prelado.
El obispo, escudo humano
El 13 de mayo unos 2.300 hombres bien armados y organizados llegaron a la ciudad. Se definían como un grupo de autodefensa. Mayoritariamente cristianos, decían plantar cara a la violencia que desde comienzos de año siembra en la zona un grupo escindido de las milicias seleka, formadas sobre todo por musulmanes. «Estos grupos de autodefensa meten a todos los musulmanes en el mismo saco, y se han mostrado igual de criminales que los otros», lamenta Aguirre.
Los milicianos atacaron Tokoyo, un barrio musulmán. Sus habitantes buscaron refugio en la mezquita central, y comenzó el asedio. Al día siguiente, monseñor Aguirre se dirigió allí para negociar con los milicianos y proteger a los asediados. «Hice de escudo [humano] muchas horas. Nadie me disparó. Pero a los musulmanes les disparaban como a conejos», contó luego.
El presidente de la Conferencia Episcopal Centroafricana, el cardenal Dieudonné Nzapalainga, se desplazó hasta Bangassou el día 15 para prestar su apoyo. También una fuerza de intervención rápida de soldados portugueses reforzó durante unos días a los cascos azules de la MINUSCA, la misión de Naciones Unidas en la República Centroafricana. Cuando por fin evacuaron la mezquita y llevaron a quienes estaban en ella al seminario, el saldo según Cruz Roja era de más de cien muertos. Entre ellos, el imán.
«He hablado con los musulmanes que están en el seminario y están traumatizados por las masacres y especialmente por el asesinato de su líder –relata a Alfa y Omega Farah Mahamat, portavoz del Colectivo de Musulmanes Centroafricanos–. También el cardenal Nzapalainga estaba conmovido. Acababa de hablar con el imán, se fue a renegociar con los asediadores, y entonces se enteró de que había muerto. Dijo a la gente que esperara en oración y creyera en Dios».
En los últimos días, sus correligionarios «han encontrado esperanza gracias al apoyo material y psicológico de monseñor Aguirre, que estaba incluso dispuesto a sacrificarse para salvarlos. Dicen que si no hubiera sido por él, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios».
Desde el miércoles, monseñor Aguirre se esfuerza por atender a sus 2.000 huéspedes con la ayuda de la Iglesia local, de varias ONG y de la ONU. Alterna esta actividad con intervenciones en la radio llamando a la convivencia, y con el diálogo a tres bandas: con los milicianos, para que depongan las armas; con los cascos azules de la ONU, para evitar acciones que eleven el miedo y la tensión; y con los propios musulmanes, para ayudarlos a discernir su futuro.
«Sería un fracaso que los musulmanes se fueran»
Los grupos de autodefensa aseguran que no abandonarán la ciudad hasta que todos los seguidores del islam se hayan ido. «Algunos quieren quedarse, porque han nacido aquí. Otros quieren marcharse definitivamente», explica monseñor Aguirre. «Han perdido todo, han quemado sus casas, sus tiendas… Pero sería un fracaso enorme que se fueran. Desde que llegué aquí hace 35 años, Bangassou ha sido una sociedad pluricultural y plurirreligiosa».
Durante la guerra, Bangassou «fue una isla en medio del mar –explica Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou–. Los conflictos se solucionaban sin violencia en los grupos de intermediación que creó [el obispo] con evangélicos y musulmanes. Observadores de la ONU quisieron verlo por si se podía reproducir en otros sitios».
Ahora, de nuevo, grupos llegados de fuera amenazan este trabajo al que tantos esfuerzos han dedicado tanto los líderes cristianos como musulmanes. Pero ellos siguen insistiendo en que «esta no es una guerra religiosa –afirma Mahamat–. Quienes fueron a matar a los musulmanes no lo hacían en nombre del cristianismo o de Jesús. Los dos grupos armados quieren manipular el conflicto haciendo creer que es religioso, pero eso es falso. No quieren que musulmanes y cristianos convivan, crean caos y más caos para saquear y apoyar sus movimientos rebeldes. Esta guerra es política y no se parará pronto. Es una guerra instrumentalizada por el control del poder y la riqueza».
María Martínez López
Alfa y Omega

Carta del arzobispo de Madrid: Los medios caminan, edifican y confiesan


Hay una maestra en el arte verdadero de la comunicación: la Virgen María, que nos dio la noticia más importante que existe. La misión de la Iglesia es dar la gran noticia de Jesucristo a los hombres con hechos y palabras
Este domingo celebramos la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que el Papa Francisco ha convocado este año con el lema Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos. Creo que hay una maestra con el arte verdadero de la comunicación. Ella sabe dónde está el manantial de la esperanza y la confianza. Permitidme hablaros de la singularidad de esta artista que es la Virgen María. Ella nos dio la noticia más importante que existe y mantiene su vigencia, y también fue la que mejor comunicó la misma. La misión de la Iglesia es dar la gran noticia de Jesucristo a los hombres con hechos y palabras y, ahora que terminamos el mes de mayo, me parece oportuno poner a la Virgen como una propuesta de comunicadora que siempre construye y que nos une a los hombres. A un mundo que vive con una rapidez inusitada procesos de cambio y de transformación, Ella le puede entregar lo más necesario: a Jesucristo. Con los ojos de María vemos que esta época –mucho más que otros momentos– requiere un crecimiento en la cultura de la comunicación, que lo es de escucha y de diálogo. Atrevámonos a hacerlo todos y asumamos esta responsabilidad.
Cuando uno se pone a pensar en cómo la Iglesia debe hacer la comunicación, inmediatamente, por lo menos a mí, aparece la Santísima Virgen María. No es extraño que el Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen gentium, diga sobre María: «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta la muerte» (LG 57), «la Madre de Dios es figura de la Iglesia, como enseñaba san Ambrosio: en el orden de la fe, del amor y de la unión perfecta con Cristo» (LG 63). Es de Ella, por Ella y con Ella con la que debemos vivir el aprendizaje de la comunicación a todos los hombres. ¿Por qué será que a la Virgen todos la escuchan y atienden, hasta los que parece que están y son más distantes? ¿Qué es lo que provoca en el corazón?
Mucho me gustaría que ahora que termina este mes de mayo acogiésemos el regalo de María de la comunicación. ¿Cómo? Caminando como Ella, edificando como Ella y confesando como Ella. Que sea la Virgen quien nos regale la comunión que tenemos que tener con Cristo, esa que tan bellamente describe Ella en su vida, en los momentos más importantes de la vida del Hijo de Dios con los hombres. Hemos recibido y estamos estudiando y respondiendo al documento preparatorio del próximo Sínodo de los Obispos, dedicado a Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Es oportuno pedir a María que nos regale su unidad y comunión con Cristo para ver, para poder descubrir que todos tenemos una vocación al amor que asumir y que tenemos que concretarla en la vida cotidiana a través de una serie de opciones que van a articular un estado de vida.
En esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales ofrezcamos el camino de María, que es tan sugerente para vivir y mantener en todas las circunstancias un encuentro de honda existencia, para comunicar una noticia que configura una manera de ser, estar, vivir y construir nuestra sociedad. Me agradaría que hiciéramos el mismo itinerario que María. Su capacidad de comunicación y de entrar en el corazón de los hombres llevando la noticia que hace al mundo diferente y a los hombres nuevos, se nos manifiesta y revela en su historia personal: a) desde el primer instante en que recibe la noticia de que va a ser Madre de Dios, se pone en camino; b) cuando nace Jesús en Belén, allí con los pastores y los magos, muestra a su Hijo; c) cuando presenta a Jesús en el templo y el anciano Simeón, tomándole en sus brazos, exclama: «Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones»; d) cuando, perdido Jesús en el templo de Jerusalén, lo encuentran sus padres y les dice que está «ocupado en las cosas de su Padre»; e) en las bodas de Caná, cuando, movida por compasión, pide a su Hijo que realice el primer milagro y promueva la alegría de la fiesta entre aquellas gentes; f) cuando oye cómo su Hijo pone y propone el Reino por encima de consideraciones y de lazos de la carne y de la sangre, diciendo que son felices quienes escuchan y guardan la Palabra de Dios; g) cuando el Señor nos la entrega como Madre de todos los hombres, y h) en los inicios de la Iglesia, cuando los discípulos perseveraban en la oración unidos, allí estaba Ella también.
Tres tareas
Al repasar esta trayectoria, podemos sacar tres tareas que nos da Santa María para ser comunicadores según el Evangelio:
1. Caminar como Santa María: no te pongas en el camino de la vida sin llevar noticias que dan vida y horizontes, formulan y construyen caminos de fraternidad, de unidad. Deseamos ser un pueblo, una familia única. ¿Qué llevamos en y para el camino? ¿Nos detenemos a dialogar con todos los hombres? ¿Somos capaces de formular con hechos la cultura del encuentro? Hay que saber decir a la Virgen que queremos ser un solo pueblo, no queremos estar peleados y divididos; deseamos ser familia, no hablamos de revanchas; deseamos cuidar unos de otros, necesitamos vivir como hermanos y por eso eliminar la envidia, la discordia, la violencia. Es necesario recuperar la memoria de cómo se vive como hermanos. En ti, Madre de todos los hombres, recuperamos esa memoria. Hay que caminar para encontrar al otro y hacerle experimentar la fuerza de Dios que se manifiesta en nuestras vidas, como lo hizo María: atravesó regiones montañosas, hizo saltar de gozo a un niño que aún no había nacido y prorrumpir de alegría a una mujer que sintió el gozo de la presencia de Dios.
2. Edificar como Santa María: se edifica escuchando a Dios, siguiendo la orientación que Él nos da con su Palabra. María es maestra en el arte de escuchar. Sepamos detenernos a escuchar al otro, detenernos en su vida, en su corazón, no pasar de largo. ¿Tenemos miedo a escuchar? ¡Cuántas cosas cambiarían si escuchásemos! Así se edifica sobre roca, sobre la realidad y no sobre arena. Dejemos que el otro entre en nuestra vida. Que sepamos sentir lo que tienen los demás en su corazón. ¡Cuánto cambiaría nuestro mundo! Que sepamos escuchar para recibir lo que otros tienen en sus vidas y necesitan contárnoslo. Que nunca seamos una ventanilla oficial que damos o nos entregan papeles, pero no nos dejan comunicar lo que más necesita el ser humano. Hay que edificar sobre un terreno que debemos saber cómo es y qué tiene.
3. Confesar como Santa María: se es testigo del Señor cuando se le confiesa con nuestra vida. Cuando sabemos que tenemos que vivir con las palabras que salieron de la boca de la Virgen María: «Haced lo que Él os diga». La alegría llega a la vida de cada uno de nosotros y a todos los hombres cuando hay coherencia y somos capaces de mantener la esperanza, sabiendo y teniendo la certeza de que el Señor siempre camina a nuestro lado y ni un instante nos abandona. Nunca apaguemos el corazón a esta confianza, seamos luz de esperanza como María. Comuniquemos esta luz. Dejémonos siempre sorprender por Dios, también cuando llegan las dificultades, ya que Él siempre nos sorprende con su amor. Alejados de Él nada podemos comunicar, ni alegría, ni esperanza. Fuera de Él nada podemos confesar. Como le gustaba decir al Papa Benedicto XVI, «el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro».
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

26 de mayo: san Felipe Neri, fundador


Nació en Florencia el 21 de julio de 1515. Su padre era notario; su madre murió pronto y lo educó su madrastra. En 1532 abandonó su casa; se marchó a San Germán, cerca de Montecasino con su tío, un comerciante rico, que quiso nombrarlo heredero y se quedó con las ganas.
Se fue a Roma en 1536, y ya no saldrá de allí; quería vivir como ermitaño laico. Vivió pobre de solemnidad; sobrevivió –entre penitencias, ayunos y mucha oración– gracias a la ayuda que le prestó durante catorce años su compatriota Galeotto Caccia, trabajador de la Aduana pontificia. Estudió filosofía en la Sapienza y teología con los agustinos. Al terminar los estudios se dedicó con todas sus energías al apostolado, montando curiosas y novedosas empresas que le dieron más de un disgusto grave.
Había que tener iniciativas porque la cosa estaba mal en la Iglesia. El Renacimiento había traído todos los ya sepultados cadáveres del paganismo, y aquellos vientos trajeron la tempestad de la herejía protestante y la Contrarreforma… de la cabeza a los pies hay ponzoña; hasta el papa Adriano VI lo ha dicho. Por todas partes hay gente pobre e ignorante, los jóvenes van y vienen sin guía. Felipe decide poner en juego toda su imaginación y optó por el camino de la alegría, llegando a ser el conversador más simpático, afable y divertido del viejo barrio de los peregrinos; se hace encontradizo con los jóvenes, es bromista y dicharachero; con su simpatía atrae a la gente que luego se queda pegada en el imán de su bondad; organiza actividades para ejercitar la caridad con visitas a las cárceles, ayudando a estudiantes pobres, y dando ánimo a los enfermos de los hospitales.
Entremedias, comienzan a rumorearse por Roma algunos resultados más llamativos de su afán apostólico, como cuando llevaban al cadalso al antiguo intelectual dominico Paleólogo, hereje convicto y confeso; Felipe le salió al encuentro y le habló con tal entusiasmo y convicción que se convirtió.
Con treinta y seis años, «Pippo Buono» –Felipe el Bueno– se decidió a hacerse sacerdote; tardó tanto en su decisión, por un pronunciado sentimiento de indignidad; era el 1551. Se retiró a la iglesia de San Girolamo della Caritá, –San Jerónimo de la Caridad–. Empezó bien para ganar más en humildad; un día, ya revestido con alba vieja no muy limpia y ornamentos de desecho le impidieron celebrar la misa porque se habían enterado de que animaba a los sacerdotes a celebrar diariamente la Eucaristía, y a los fieles a que comulgasen con frecuencia. Bonsignore Cassiaguerra, que acababa de ser elegido superior de la casa, lo ayudó porque compartía sus ideas; luego se les añaden Tarugi, senador romano que llegó a ser arzobispo de Avignon, y Baronio. Con estos apoyos, el apostolado cobra intensidad: interminables horas de confesonario, incremento de las visitas a enfermos en hospitales, y atención a la afluencia de discípulos, que se reúnen en una especie de desván habilitado para rezos, cánticos e instrucción religiosa.
Procura diversión sana para la juventud. ¡Organizó muchas y frecuentes procesiones populares! sin tumulto ni degeneración profana; rezando, cantando y caminando entre las siete Basílicas, con comida en pleno campo, y durando un día; aquellas manifestaciones multitudinarias adquirían especial solemnidad, folclore, y parafernalia con aditamentos juveniles expresivos, principalmente durante el carnaval romano. Claro que aquella manera de proceder no fue a gusto de todos. Hubo gente muy seria y conspicua a la que le pareció extraño en exceso aquel apostolado. La Inquisición se interesó por Felipe y menos mal que el papa Paulo IV se quedó prendado de él; con Pío V se le prohibieron las procesiones y vigilaron su predicación; les parecía que tanto éxito se basaba en la excentricidad.
Su principal obra fue la fundación del Oratorio. Lo nombraron rector de la iglesia de San Juan Bautista de los florentinos; el papa firmó una bula en 1575 por la que instituía en Congregación de sacerdotes y clérigos, dándole la iglesia de la Vallicella, en la Vía Giulia, y el nombre de Oratorio, al grupo de clérigos que habían ido agrupándose en torno a Felipe; se gobernarían por los sencillísimos estatutos que para el orden y vida en San Jerónimo había dejado escritos Felipe. Ni quiso, ni aceptó una extensión fuera de Roma, como tampoco permitió vincular una casa con otra, porque el único vínculo que él quería entre los sacerdotes del Oratorio era el de la caridad, tratando de santificarse sin votos especiales con los consejos evangélicos, y que la dirección de cada casa estuviera bajo el cuidado de un rector autónomo elegido cada tres años.
Con la oración, recibió abundantes gracias místicas y sufrió frecuentes éxtasis en la mejor hora, la de la acción de gracias después de celebrar. En una de esas trepidaciones, se le rompieron algunas costillas, como lo demostró la autopsia.
En 1595 se puso muy enfermo; recibió los últimos sacramentos y la comunión de manos de Carlos Borromeo. El día 26 de mayo murió.
Lo canonizaron en la misma ceremonia que a los españoles Isidro, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Teresa de Jesús.
Me cae especialmente simpático este hombre enamorado de Dios que supo ir contracorriente en tiempos muy difíciles, que se puso el mundo por montera, que vivió la caridad de modo eminente, que descubrió el camino a tantos con su alegría y buen humor, y que se preocupó por los sacerdotes. Sí, me gusta que haya sido canonizado con tanta gente española; es un buen contacto, y quizá una premonición, un presagio. Ya veremos.
Archimadrid.org

Nadie os quitará vuestra alegría




Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «En verdad, en verdad os digo, vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.
También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».
Palabra del Señor.

jueves, 25 de mayo de 2017

¿Por 'todos' o por 'muchos'?

 Ha causado estupor, por no decir escándalo, el cambio de las palabras de la consagración eucarística, ordenado por la Congregación del Culto y asumido por nuestros obispos, imponiendo el "entregado por vosotros y por muchos" en vez del "por todos" pacíficamente arraigado.
Si desde el principio se hubieran traducido así las palabras de Jesús en la institución de la Eucaristía, ya sería discutible, pero el cambio tardío no puede dejar de producir la impresión de que el "muchos" deroga el "todos", y de que Jesucristo no murió por todos los hombres. ¿Habrán nacido algunos predestinados a la condenación eterna?
Se ha alegado una traducción literal del latín tradicional "pro multis", pero detrás del latín está el griego "pollois", y detrás del griego está el hebreo "rabbim", que no es limitativo sino indefinido y significa multitud, número infinito, como en el Siervo de Yahvé de Is 53,13.
Puestos a revisar versiones tradicionales con afán de literalidad, con el mismo criterio habría que cambiar también la última petición del padrenuestro según Mateo. El "libera nos a malo" latino se ha traducido siempre, en la liturgia, el catecismo y la piedad, por "líbranos del mal", cuando literalmente deberíamos decir "líbranos del malo", es decir, del demonio.
En el original griego de Mateo 6,13, leemos "ponerou", traducido al latín por "malo", pero no es ablativo del neutro "malum", "el mal", sino del masculino "malus", "el malo", "el maligno". En Mateo es una explicitación de la petición anterior: "no nos dejes caer en la tentación, antes líbranos del tentador", "del maligno".
En el fondo de esta aparente fidelidad al texto original hay que ver una resistencia a la reforma litúrgica conciliar, de la que se han dado ya repetidas muestras.

(Hilari Raguer osb).

Los 80 millones de muertos en China de los que nadie habla


El periodista italiano Gerolamo Fazzini asegura en su último libro, Encadenados, publicado por Palabra, que «es posible afirmar que Mao Zedong fue responsable de un número semejante o incluso mayor de crímenes –en cuanto a duración o  crueldad– que Hitler o Stalin». Un exjerarca maoísta, Chen Yizi, afirmó haber leído un documento del Partido Comunista que cuantificaba en 80 millones los muertos entre 1958 y 1961.
El régimen chino se cebó especialmente con los cristianos. Su objetivo era crear un hombre nuevo borrando toda huella de Dios. El padre Chan, sacerdote que vivió encarcelado durante 13 años, recuerda en sus memorias, transcritas en el volumen que nos ocupa, que «fueron muchos cristianos jóvenes los que mostraron una valentía de auténticos leones» al no renegar de su fe. La mayoría acabó en los laogai, campos de concentración chinos, donde murieron de enfermedad, cansancio o hambre. Juan Liao, un laico que estuvo 20 años entre rejas, agradece a Dios en su diario «que no me haya permitido traicionarle jamás».
Pero la semilla de los mártires siempre acaba floreciendo. «Cuando el comunismo desaparezca, muchos vendrán a nosotros a pedir la solución al problema de la vida», vaticinaba el padre Chan. Tenía razón: actualmente cada año se bautizan 150.000 adultos en el gigante asiático, aunque como aclara Bernardo Cervellera, director de AsiaNews en el prólogo del libro, los hechos narrados no corresponden a un pasado lejano. Sin ir más lejos, monseñor Ma Daquin, obispo auxiliar de Shanghái, el mismo día de su ordenación episcopal fue arrestado por dimitir de sus cargos en la Iglesia patriótica, controlada por el régimen. Aunque en enero de este año se reintegró, eso sí, como simple sacerdote.
La realidad de la Iglesia patriótica y la clandestina, explica Fazzini, «es más compleja de lo que parece y es mejor evitar juicios precipitados». Con frecuencia se piensa que «los creyentes auténticos pertenecen exclusivamente a la Iglesia clandestina. Eso implica aseverar que quienes aceptan las normas del régimen son católicos sospechosos o de segunda clase». Pero hasta el padre Chan, en su testimonio escrito durante sus años de cautiverio, recuerda cómo ya entonces «ante la confusa realidad, los católicos buscaban descifrar de buena fe cuál era la mejor manera de preservar su credo y su pertenencia a la Iglesia. Fue una bonita manera de mostrar respeto sin añadir obstáculos a la futura reconciliación», concluye el autor.
Cristina Sánchez Aguilar
Alfa y Omega

Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría


Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,16-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver».
Comentaron entonces algunos discípulos:
- «¿Qué significa eso de "dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver", y eso de "me voy al Padre"?»
Y se preguntaban:
- «¿Qué significa ese "poco"? No entendemos lo que dice».
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:
- «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: "Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver"? En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría».
Palabra del Señor.

Maternidad espiritual y mediación materna de María

Se ha dicho acertadamente que el Concilio Vaticano II ha sido el concilio de la maternidad espiritual de María, como el de Éfeso fue el de su divina maternidad, porque compendia en el concepto de influjo materno, todos los vínculos que unen a María con la Iglesia, íntimamente unida a su Hijo, no solo en su ser de Dios hombre, sino en su obrar salvífico: "en la restauración de la vida espiritual de las almas" (LG,61).
Esta insistencia del Concilio en la maternidad espiritual tuvo un intrínseco complemento en la proclamación de Pablo VI al final de la 3ª sesión del Concilio de María como Madre de la Iglesia, que expresa en síntesis maravillosa el singular puesto de la Virgen en ella. Se ponía así a plena luz la armoniosa integración de las dos tendencias mariológicas –cristotípica y eclesiotípica- lograda en el C.VIII de la "Lumen Gentium", pero que precisaba de esta explicitación del título, que no fue recogido en el texto de la Constitución conciliar por reticencias minimistas debidas a prejuicios de escuela de la tendencia eclesiotípica, que no admitió una trascendencia de María respecto a la Iglesia, por no considerarla compatible con su condición de miembro más excelso de la misma y a ella inmanente.
En el Congreso mariológico de Lourdes de 1958 se enfrentó esta corriente con la cristotípica, que, al subrayar el paralelismo con Cristo, veía en María, ante todo, la asociación da su obrar salvífico en la adquisición y distribución de los frutos de la Redención; la cual funda una trascendencia de María respecto a la Iglesia por ser su causa no sólo ejemplar sino también eficiente, subordinadamente a Cristo, como Madre de la misma. La LG es un compromiso entre los dos sistemas enfrentados, en el que integra las aportaciones de la Mariología eclesiotitímica (María, hija de Sion…) a la doctrina clásica de la celebración de María eficiente, próxima y objetiva a la Redención de Cristo, tradicional desde S. Ireneo.
(from Vatican Radio)

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Papa de las sorpresas, con cinco nuevos cardenales



«Dios es siempre nuevo». Así es el Dios de los cristianos, según Francisco. «El Dios de las sorpresas». Por eso, su vicario en la tierra no podría ser de otra manera. Fiel a su estilo, el Papa argentino sorprendió una vez más este fin de semana al anunciar un inminente consistorio para la creación de cinco nuevos cardenales. Entre ellos el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. Además, con los elegidos sentó precedentes inéditos, como el de elevar al cardenalato a un obispo auxiliar mientras el titular de la diócesis no lo es.

Ningún observador lo tenía previsto. Ningún vaticanista pudo anticiparlo, como en otras ocasiones. El último domingo, al finalizar el rezo del Regina Coeli y asomado a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico, el Papa Francisco anunció a la multitud su decisión de convocar un consistorio cardenalicio para el próximo 28 de junio.
Un anuncio cuanto menos extraño, sobre todo por el momento. Ya desde el papado de Benedicto XVI, la creación de cardenales se realizaba a inicios o finales de año, coincidiendo –según el caso– con la fiesta de la Cátedra de San Pedro (febrero) o de Cristo Rey (noviembre). Así ocurrió, también, con los primeros tres consistorios de Francisco. Pero ya se sabe, el Papa tiene plena libertad en este ámbito, incluso para sorprender.
Ante la multitud congregada en la plaza de San Pedro, el Pontífice leyó los nombres de los nuevos purpurados. Además de Omella, incluyó a Jean Zerbo, arzobispo de Bamako (Mali); Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, en Suecia; Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Paksé, en Laos y Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, en El Salvador.
«Su procedencia de diversas partes del mundo manifiesta la catolicidad de la Iglesia difundida en toda la tierra, y la asignación de un título o una diaconía en la urbe expresa la pertenencia de los cardenales a la diócesis de Roma, que preside en la caridad de todas las Iglesias», dijo Francisco. El jueves 29 de junio, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Obispo de Roma concelebrará la Misa con los nuevos cardenales, con el Colegio Cardenalicio, con los nuevos arzobispos metropolitanos, obispos y algunos presbíteros.
Según la tradición, la fiesta de esos apóstoles es la entrega del palio, la indumentaria litúrgica que identifica a los arzobispos. Pero este año todo se juntará, y el consistorio eclipsará el viaje a Roma de los nuevos pastores metropolitanos. «Confiamos los nuevos cardenales a la protección de los santos Pedro y Pablo, para que sean auténticos servidores de la comunión eclesial y anunciadores alegres del evangelio en el mundo entero», añadió el Papa.
Aire fresco en la cúpula eclesial
En este imprevisto anuncio, Francisco ratificó una opción precisa: su voluntad manifiesta de incluir aire fresco en los órganos de decisión de la Iglesia, de reconocer a personalidades venidas de sitios geográficos considerados como secundarios e, incluso, hasta irrelevantes. Al menos en la geopolítica moderna. Pero no irrelevantes para la catolicidad.
El Papa dejó en claro, otra vez, que la elección de sus colaboradores más cercanos es suya, personal, y no responde a dinámicas condicionadas por las presiones de ocasión. Para él no existen automatismos, ni carrerismos, ni sedes cardenalicias cuyos obispos deben recibir el birrete colorado obligatoriamente. Ejemplos emblemáticos de esta orientación resultan Turín y Venecia, dos históricas y poderosas diócesis italianas que llevan años sin ser guiadas por un cardenal.
Como contraparte, en estos años de pontificado, Francisco ha roto muchos esquemas. En Panamá creó purpurado al obispo de la pequeña diócesis de Ciudad David, dejando al primado como arzobispo. Y ha concedido el primer birrete cardenalicio de la historia a varios países, incluidas pequeñas islas de Oceanía como Tonga y Papúa Nueva Guinea.
Algo similar ocurrirá ahora. En junio incluirá en el Colegio Cardenalicio al obispo auxiliar de San Salvador. Una verdadera rareza en los tiempos modernos de la Iglesia. Sobre todo, porque establecerá una situación en la cual el inferior tendrá un más alto rango episcopal que el superior, el actual arzobispo de esa diócesis salvadoreña, José Luis Escobar Alas.
De ahí que el elegido, Gregorio Rosa Chávez, haya asegurado haberse sentido «confuso, desconcertado y abrumado» cuando supo la noticia. Reconoció que, con su distinción, el Papa quiso rendir un tributo al obispo de los pobres, Óscar Arnulfo Romero, asesinado por los escuadrones de la muerte que asolaron el país centroamericano en 1980.
La situación inédita en El Salvador y los nombres de los otros futuros purpurados refuerzan el camino impreso por Francisco a la barca de Pedro: de cercanía a la gente, de misericordia y de periferia, donde el cardenalato es a la persona por sus méritos y no por otras razones. En Suecia, donde el catolicismo es minoría, el Papa quiso destacar el testimonio de Anders Arborelius, obispo procedente de una familia luterana que se convirtió a los 20 años. Él será el primer purpurado escandinavo tras 500 años de reforma. Jean Zerbo, de Mali, es un hombre conocido por su trabajo a favor de la paz en un país azotado constantemente por las luchas étnicas, políticas y sociales. Así como en sus anteriores consistorios el Papa mandó cardenales a tierras de inestabilidad y turbulencia (Venezuela y Siria), ahora lo hace con este martirizado territorio africano.
El cambio irreversible
«Me iré cuando el cambio sea irreversible», le dijo, casi al inicio de su pontificado, el Papa a un hombre de su estima. Esa transformación se está manifestando especialmente en el Colegio Cardenalicio. Los tiempos le ayudan. En sus primeros cuatro años de su ministerio petrino muchos cardenales superaron los 80 años, permitiéndole designar un buen número de sustitutos. Así, a partir del 28 de junio, Francisco habrá renovado 49, siete menos que los designados por Benedicto XVI en sus ocho años de pontificado. Corresponderán al 40 % de los 121 electores que podrían votar por su sucesor en un futuro cónclave.
Poco a poco, Bergoglio ha ido modificando el equilibrio geográfico entre Europa y el resto del mundo. En 2013, la mayoría de los cardenales que lo eligieron Papa provenían del Viejo Continente. Ahora la proporción se ha invertido. Con las nuevas designaciones, los extraeuropeos suman 68: 34 de América, 15 de África, 14 de Asia y cinco de Oceanía. En cambio, los europeos son 53.
Una brecha que podrá ampliarse aún más, si Francisco lo desea. En 2018 siete cardenales superarán los 80 años y perderán sus derechos electivos. Solo uno de ellos no es europeo, la mayoría son italianos. Otros diez superarán esa edad en 2019, dándole la oportunidad de profundizar su reforma de las personas del Colegio Cardenalicio.
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

Primeras Comuniones: de acto religioso a evento social de exhibición


La crisis no ha frenado el desembolso de las familias, que puede llegar a superar los 8.000 euros
Antaño, la celebración de una comunión reunía a los familiares más cercanos en una comida sencilla en casa, y los niños recibían como regalo algún detalle nada ostentoso. Hoy, al llegar el mes de mayo, las familias se preparan para desembolsar una cantidad de dinero que puede llegar a superar los 8.000 euros –aunque el gasto medio es de 4.000–, entre carísimos viajes a parques temáticos y listas de invitados que son más propias de bodas que de comuniones.
Parece ser cierto que «se nos está yendo la pinza con los convites, banquetes y regalos», como advirtió la semana pasada el juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, en una entrada en su cuenta de Facebook que en pocas horas se convirtió en un alegato viral contra la desmesura.
El gasto en el festejo social que envuelve al acto religioso supone un endeudamiento importante para muchas familias, y ha afianzado la tendencia al exceso que vienen recogiendo las asociaciones de consumidores en los últimos años, que recomiendan «adaptar el presupuesto a los tiempos y a las posibilidades económicas». Ni siquiera la crisis ha logrado frenar el sobregasto, y de producirse una contención, es mínima.
Elemento de «exhibición»
¿Por qué esta tendencia a materializar este acto religioso? El sociólogo José Luis Barceló Mezquita, del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid, identifica que uno de los primeros motivos de este dispendio es la cuestión demográfica.
Las parejas españolas tienen muchos menos niños que hace 15 o 20 años –la tasa de natalidad ha caído dos puntos porcentuales desde la década de los 80– y pueden permitirse hacer una mayor inversión en ellos, en ocasiones con una intención implícita de «exhibir» su poder adquisitivo. «Antes, cuando las familias eran más numerosas, esto no se hacía», apunta Barceló Mezquita. Según el experto, «el que tiene uno o dos hijos los ha convertido en un elemento de distinción, no sólo en este tipo de celebraciones, también, por ejemplo, en la búsqueda de un colegio caro para que estudien».
En esta misma línea, el profesor de Historia del Pensamiento y Movimientos Sociales de la Universidad San Pablo CEU, Juan Carlos Jiménez, habla de «esnobismo de estatus»: el evento religioso es accesorio a la fiesta social, hasta tal punto que los padres se ven obligados a competir para que el niño eleve su estatus mostrando su celebración».
Barceló Mezquita coincide en que «se ha llegado a ridiculizar la comunión». Apunta, además, un dato curioso y contradictorio que aporta una pista del carácter psicosocial de los españoles: el 50% de los enlaces entre parejas a día de hoy se producen por lo civil. «Nos encontramos con que a pesar de que sean parejas civiles sí que quieren que sus hijos hagan la comunión».
En este sentido, Alejandro Néstor García, sociólogo y profesor en la Universidad de Navarra, cree que «esta celebración ha perdido en parte su carácter religioso –aunque, puntualiza, no totalmente– para coger forma de evento social familiar». Y justifica esta tendencia en el cambio en las relaciones familiares: «ahora hay una mayor movilidad de los miembros, por lo que el núcleo se ve fragmentado, y aprovecha estas ocasiones para convertirlas en un motivo de celebración de suma importancia». Inevitablemente, se le da la misma relevancia al consumo y se invierte mucho más en los preparativos.
Sentimiento de culpa
¿Qué lleva a los padres a actuar así? La psicóloga Rocio Martín-Serrano, autora del libro Autoconcepto y ansiedad en adolescentes: un programa de intervención clínica, apunta como primer motivo a que estos comportamientos sirven a los padres para mitigar posibles sentimientos de culpa. «El ritmo de la sociedad ha contribuido a que las obligaciones laborales de los padres les impida pasar más tiempo con sus hijos», así que se vuelcan en la preparación de estos días señalados para los niños adoptando una «conducta de compensación». De esta forma se sustituye «inconscientemente» el componente afectivo por el material: menos atención, pero más regalos.
«Que no sea menos que los demás», «que no le falte de nada», y todo este tipo de proverbios paternales que muestran la inclinación de los progenitores a cuidar en exceso de los hijos, según aclara Martín-Serrano, son otras de las causas del derroche, que sólo contribuyen a «frenar sus habilidades evolutivas» y entorpecer su enfrentamiento a contratiempos futuros.
La causa de esta conducta radica en la inseguridad de los propios padres: «el hecho de que los progenitores le transmitan a su hijo, por ejemplo, que tener menos regalos significa ser menos que los demás, demuestra la inseguridad de ellos», que se proyecta en el niño generando un patrón de conducta que se acabará repitiendo. «Lo único que consiguen estas recompensas inmediatas, vinculadas al capricho, es frenar sus inseguridades a corto plazo, pero -concluye Martín-Serrano- seguirán expuestos a ellas y desarrollarán baja tolerancia a la frustración cuando surgen imprevistos».
Patricia García/ABC
Alfa y Omega

El Papa urge a Trump a evitar las guerras y ser «instrumento de paz»


El Papa Francisco ha recibido este miércoles con una sonrisa cordial a un presidente Donald Trump más bien tenso para un primer encuentro que ha servido para dejar atrás reticencias y abrir un canal de diálogo directo entre dos personas con posturas muy distintas en temas importantes.
«Santidad, es una gran honor estar aquí. Muchísimas gracias», fueron las primeras palabras de saludo del presidente, pronunciadas en su idioma, a lo que Francisco ha respondido con amabilidad «mucho gusto en conocerle, no hablo muy bien inglés».
Durante la conversación de algo menos de 30 minutos en privado, y de nuevo en el intercambio de regalos, el Papa ha urgido al presidente americano a evitar la proliferación de guerras y promover la paz.
Lo hizo en público al comentar en detalle a su visitante el significado del regalo de despedida: un medallón con ramos de olivo y una horrible fractura en el centro, que Trump se lleva como recuerdo a Estados Unidos. Según Francisco, «esa división es la guerra».
En la misma línea de «sugerencia» Francisco le ha regalado también sus tres grandes documentos, La alegría del Evangelio, La alegría del amor, sobre la familia, y Laudato sí sobre, la necesidad de proteger el medio ambiente y disminuir el consumo de combustibles fósiles para aminorar los daños del cambio climático. Con cortesía, Trump ha prometido leerlos.
Al término de cada audiencia, el Papa utiliza los regalos para insistir en algún punto y que sirvan de recordatorio a su visitante. En ese caso, a los tres documentos extensos ha añadido otro más breve pero muy significativo en el que ha puesto especial énfasis: el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017, haciendo notar que «se lo firmé personalmente».
Francisco ha insistido en comentarle que se lo regalaba con el deseo de que sea «instrumento de paz», a lo que Trump ha respondido «necesitamos la paz».
A su vez, el presidente americano ha regalado al Santo Padre una gran caja con libros de Martin Luther King, diciéndole «creo que le gustarán. Espero que le gusten».

«No olvidaré lo que me dijo»
Después de la conversación de casi media hora en privado –el tiempo normal para jefes de Estado, aunque el encuentro con Obama había durado casi el doble- , ambos parecían más relajados, casi aliviados.
De nuevo en presencia de los periodistas, el presidente americano le ha presentado su séquito, comenzando por su esposa Melania y su hija Ivanka, las dos visiblemente conmovidas.
La primera dama le pidió que bendijese un pequeño objeto, quizá un rosario, que sostenía en el hueco de la mano, mientras Ivanka Trump le daba las gracias con afecto.
El encuentro tuvo momentos distendidos y simpáticos, como cuando Francisco preguntó inesperadamente a la primera dama que le daba de comer a su marido. Melania Trump respondió divertida «¡Pizza!».
Trump fue presentando también al Papa a los demás miembros de su delegación, empezando por su yerno Jared Kushner, el secretario de Estado Rex Tillerson, el consejero de Seguridad Nacional H.R. McMaster y otros siete funcionarios. Todos recibieron como regalo un rosario de manos del Santo Padre.
«No olvidaré lo que me dijo», fueron las últimas palabras del presidente en inglés justo en el apretón de manos de despedida, a las que Francisco respondió en español con un animoso: «¡Buena suerte!».
A continuación, el presidente y sus principales colaboradores se trasladaron a otra sala para un encuentro con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, y el responsable de Relaciones Exteriores, Paul Gallagher, donde se tratarían más en detalle los principales asuntos de interés mutuo.
Como hace con todos los jefes de Estado, Francisco había salido a recibirle en la antecámara de su biblioteca privada y ambos posaron durante unos instantes para la primera foto oficial. En ese momento se notaba contraste de rostros: el Papa mantenía un gesto serio mientras que el presidente lucía una y otra vez una gran sonrisa, casi de campaña electoral.
En cuanto tomaron asiento a ambos lados de una sencilla mesa de madera, el presidente acercó un poco más su silla como si quisiera escuchar mejor o estar más cerca de su interlocutor. El lenguaje corporal era positivo y manifestaba interés.
A su vez, el Papa inició una explicación muy serena y amable durante el medio minuto inicial hasta que se ordena la salida del resto de las personas. Junto al Papa, en un clima de total reserva, se quedó solamente su traductor Mark Miles, un británico nacido en Gibraltar.
La comitiva del presidente Trump había llegado al Vaticano a las 8.15 y entrado por una puerta lateral en lugar de atravesar la hermosísima plaza de San Pedro, que en ese momento se encontraba repleta de peregrinos para la audiencia general de los miércoles. Ese era el motivo por el que el Papa le había dado cita tan temprano.
Donald Trump, la primera dama y su hija Ivanka, pudieron experimentar por primera vez lo que se parece más bien a un cambio de planeta: pasar de las calles ruidosas de Roma y su tráfico caótico a los Jardines Vaticanos, un oasis de belleza y tranquilidad, donde todo está limpio y ordenado.
El presidente fue recibido en el patio de San Dámaso por un piquete de la Guardia Suiza y por el jefe de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, quien también saludó a la primera dama y a Ivanka Trump, ambas vestidas de riguroso negro y ataviadas con mantillas de encaje ya desde ese momento.
Refiriéndose al viaje iniciado en Arabia Saudí y continuado en Palestina e Israel, Trump comento a Gaenswein que está siendo «una gira muy buena».
Escoltado por los gentilhombres del Vaticano, el presidente recorrió los impresionantes pasillos que llevan hasta la biblioteca privada del Santo Padre, escuchando las explicaciones de Georg Gaenswein sobre la historia del lugar y algunas de las obras de arte.
Daba la impresión de que Trump no le escuchaba mucho. Probablemente, su cabeza estaba totalmente concentrada en el encuentro que estaba a punto de mantener con el Papa y que, a juzgar por el cambio de rostros al final, ha resultado positivo.
Comunicado de la Santa Sede
Al finalizar la visita, la Santa Sede ha emitido un comunicado en el que asegura que durante el encuentro entre ambos mandatarios se ha expresado «el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Asimismo, «se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes».
Las conversaciones de Trump con el Pontífice y con el secretario de Estado del Vaticano también han permitido, según la Santa Sede, «un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas».