miércoles, 21 de diciembre de 2016

Monseñor Viganò invita a dejarse sorprender por Dios para comunicar la Buena Nueva


El prefecto de la Secretaría para la Comunicación, monseñor Dario Edoardo Viganò, ha presidido este lunes en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, la celebración de la Misa navideña, con numerosos empleados del dicasterio. Además –informa Radio Vaticana– han concelebraron unos veinte sacerdotes, entre los cuales Monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación; el padre Giuseppe Costa, director de la Librería Editorial Vaticana, y el padre Andrzej Majewski, director de los Programas de Radio Vaticano.
En su homilía, el prefecto ha pedido que «nos dejemos sorprender por Dios para poder comunicar al mundo la Buena Nueva de su Misericordia». Además, ha reflexionado sobre las figuras propuestas por las Lecturas del día, que muestran que «nada es imposible para quien se encomienda al Señor».
Deteniéndose en la misión de quien está llamado en la Santa Sede a comunicar la Buena Noticia de la Misericordia de Dios, monseñor Viganò ha desarrollado su homilía como «una peregrinación ideal siguiendo las huellas de los personajes propuestos por la Palabra de Dios».
Por otro lado, el prefecto ha recordado que «Dios que nos visita y pide que lo escuchemos, incluso cuando se revela de manera sorprendente, o fuera de nuestros esquemas e incluso en tiempos no previstos por nosotros». Y ha señalado que el Papa Francisco repite que «la oración es una llave que abre el corazón de Dios».
Al mismo tiempo ha precisado que «en estos oasis, en estos refugios del espíritu», el Señor «nos revela lo que desea de nosotros», «para responder a su llamada». Si no escuchamos, se ha preguntado, «¿cómo podemos dar una respuesta?». Una buena regla de comunicación: «escuchar, para entender y responder de modo sensato».
Monseñor Viganò ha exhortado a los empleados de la Secretaría para la Comunicación a «sentirse como dones recíprocos, o chispas de belleza», tanto «en el trabajo como en la propia familia».
«Se nos pide compromiso – ha añadido – respeto de las reglas, superación de las inevitables dificultades y tentaciones» que nos producen «fatigas, incomprensiones y decepciones, pero que nos hacen encontrar el camino de la fidelidad a Dios, a su llamada».
Zenit

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS (1,39-45) POR SANTA TERESA DE CALCUTA



“Después que María fue visitada por el ángel, se puso rápidamente en camino a casa de su prima Isabel, la cual también esperaba un hijo. Y el niño que había de nacer, Juan Bautista, saltó de gozo en el vientre de Isabel. ¡Qué maravilla! ¡El Dios todopoderoso, para anunciar la venida de su Hijo, escogió a un niño que había de nacer!

María, a través del misterio de la Anunciación y de la Visitación, representa el modelo de vida que deberíamos llevar. Primero acogió a Jesús en su existencia; seguidamente, compartió lo que había recibido. 

Cada vez que recibimos la Santa Comunión, Jesús, el Verbo, se hace carne en nuestra vida –don de Dios, al mismo tiempo bello, gracioso, singular. Esta fue la primera Eucaristía: María ofrece a su Hijo en ella, en quien Él había puesto el primer altar. María, la única que podía afirmar con una confianza absoluta: «Esto es mi cuerpo», a partir de ese primer momento ofreció su propio cuerpo, su fuerza, todo su ser, para la formación del Cuerpo de Cristo.

Nuestra Madre la Iglesia ha elevado, delante del rostro de Dios, a un gran honor a las mujeres proclamando a María Madre de la Iglesia.

El regocijo y el gozo eran la fuerza de Nuestra Señora. Fue su hijo quien hizo de ella la presurosa sirvienta de Dios, porque desde que entró en ella «se fue a toda prisa». Solamente el gozo podía darle la fuerza para marchar a toda prisa más allá de las colinas de Judea y convertirse en la servidora de su prima. 

Esto sirve igualmente para nosotros; igual que ella debemos ser siervos del Señor y cada día, después de la santa comunión, apresurarnos para ir más allá de las dificultades que nos encontremos al ofrecer con todo nuestro corazón nuestro servicio a los pobres. Dar Jesús a los pobres en tanto que siervas del Señor.

El gozo es la oración, el gozo es la fuerza, el gozo es el amor, es una red de amor gracias a la cual podréis alcanzar a las almas. «Al que da de buena gana lo ama Dios» (2Co 9,7). El que da gozosamente, da más. 

Si en el trabajo encontráis dificultades y las aceptáis con gozo, con una amplia sonrisa, en esto, como en muchas otras cosas, daréis prueba de que vuestras obras son buenas y el Padre será glorificado en ellas. La mejor manera de mostrar vuestro agradecimiento a Dios y a los hombres es aceptándolo todo con gozo. Un corazón gozoso proviene de un corazón que arde en amor”.

(De “El amor más grande”, de Santa Teresa de Calcuta)

LO QUE HA DICHO EL SEÑOR SE CUMPLIRÁ (EVANGELIO DE HOY)



Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-45):


En aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Palabra del Señor


Cercanía del Papa Francisco con el pueblo ruso por el asesinato del embajador en Turquía

El Papa Francisco envió un telegrama de pésame a través del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, al Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, tras el asesinato ayer, en Ankara (Turquía), del embajador ruso en ese país, Andrei Karlov.
“Su Santidad, el Papa Francisco ha recibido con profunda tristeza la noticia del acto de violencia en Ankara, se lee en el mensaje, que ha causado la muerte del embajador Andrei Karlov. El Pontífice da su más sentido pésame a cuantos lloran su pérdida y, en especial a los familiares del difunto Embajador. Al mismo tiempo, que encomienda el alma del fallecido a Dios Todopoderoso, el Papa Francisco, le asegura, al entero pueblo de la Federación Rusa, sus oraciones y su solidaridad espiritual en estos momentos”.
Por otra parte, esta mañana, el Secretario Vaticano para las Relaciones con los Estados, Mons. Richard Gallagher, se comunicó telefónicamente con el Embajador ruso ante la Santa Sede, Alexander Avdeev, para expresarle sus condolencias por el asesinato del Embajador.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

“Que la locura homicida no encuentre más espacios en nuestro mundo”. Pésame del Papa por el atentado en Berlín

“Me uno a todas las personas de buena voluntad comprometidas en que la locura homicida del terrorismo no encuentre más espacios en nuestro mundo”, lo dice el Papa Francisco a través del Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, en un telegrama de pésame enviado al Arzobispo de Berlín Mons. Heiner Koch, con motivo del atentado contra un mercadillo de Navidad en el centro de Berlín, a última hora de la tarde de ayer, en el que resultaron fallecidas 12 personas y heridas 45.
“El Santo Padre ha recibido con profunda consternación las noticias del terrible acto de violencia sucedido en Berlín – se lee en el telegrama – en el cual, además del considerable número de heridos, han encontrado la muerte muchas personas. Asimismo, Su Santidad manifiesta su participación en el luto de los familiares expresándoles su compasión y asegurándoles cercanía en su dolor. En sus oraciones confía a los difuntos a la misericordia de Dios al que suplica también la curación de los heridos. Igualmente, el Santo Padre da las gracias a los servicios de socorro y de seguridad por los esfuerzos realizados. El Papa Francisco se une a todas las personas de buena voluntad comprometidas en que la locura homicida del terrorismo no encuentre más espacios en nuestro mundo. Para ello, Su Santidad implora de Dios Padre misericordioso el consuelo, la protección y la bendición consoladora”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

martes, 20 de diciembre de 2016

El cristianismo vivo de Juan XXIII



Mientras las corrientes intelectuales europeas comprometidas con la izquierda impregnaban la atmósfera de la sociedad española de estimulantes perspectivas, los primeros años sesenta hacían resonar también la conciencia de los católicos. Un nuevo Papa, de breve pontificado, de extraordinaria capacidad de comunicación y de una lucidez valiente, bondadosa y humilde, iluminó el compromiso de los cristianos con los hombres y las condiciones inviolables de su dignidad. La voz de Juan XXIII llegó justo a tiempo, cuando la crítica al régimen de Franco hallaba fácil anclaje en el espíritu de quienes heredaban una derrota completa o una victoria falseada en la guerra civil. Pero había de encontrar muchas más dificultades para abrirse paso entre los que vivían, inflexibles, en la ensoñación gloriosa de la «cruzada».
Con Juan XXIII, el nacionalcatolicismo empezó a perder no solo el apoyo de algunos sectores de la Iglesia española, sino que sufrió el abierto rechazo y la misericordiosa reprobación del sucesor de San Pedro, cuya antipatía al franquismo era bien conocida desde tiempo atrás. El magisterio eclesiástico no se retractaba, en verdad, de ninguna de sus históricas manifestaciones sobre la cuestión obrera, la justicia social, la legitimidad de la propiedad privada, los derechos de los católicos o su responsabilidad en una vida terrenal que había de guiarse por la existencia de Dios. Era precisamente esa lealtad a lo que la Iglesia había proclamado desde la Rerum novarum de León XIII la que permitía ahora encauzar las tareas pastorales con la reafirmación de la doctrina y la repulsa de cualquier exégesis que pudiera ponerse al servicio de un proyecto nacionalcatólico.
Desde luego, toda idea que vulnerara la universalidad de la persona, que legitimase su exclusión por opiniones políticas o que silenciara la violencia ejercida contra la dignidad sagrada del hombre, quedaba incursa en la condena del nuevo Papa. Así la Iglesia se desprendía del pesado fardo de su complicidad con situaciones heredadas de los años de incansables guerras, totalitarismos y vejaciones del individuo y reclamaba el derecho de la religión a tomar partido contra la dictadura.
Como agua vivificante, como inspiración del Espíritu, las palabras de Juan XXIII sembraron ilusión y esperanza en los corazones de quienes habían sido educados en el mensaje de Jesús. Provocaron contrariedad solamente en quienes habían extraviado su fe en la encrucijada de la historia y en los que habían perdido la caridad en la dureza de las persecuciones sufridas o en la muda indignidad de la injusticia tolerada. En 1961, la encíclica Mater et Magistra proclamó: «la doctrina de Cristo une, en efecto, la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna». Tal exigencia no implicaba -nunca lo ha implicado en el pensamiento católico- la despreocupación por lo que suceda en esta vida mortal, ni mucho menos la demanda de conformidad de los humildes ante el sufrimiento. Lo que se recordaba con claridad era el fundamento de la condición humana: disponer de un alma eterna y de una conciencia moral basada en la trascendencia del hombre, en su universal y personal contacto permanente con el Creador.
Un mundo nuevo había brotado setenta años después de la publicación de la Rerum novarum. Pero las bases sobre las que se erguía la civilización cristiana y la ética del catolicismo seguían en pie, debiendo reconducirse tras el desaliento y la confusión de las décadas que siguieron a la Gran Guerra. Por ejemplo, la urgencia de denunciar la escandalosa distribución de la riqueza, cuando el impulso del progreso técnico ofrecía tantas opciones de bienestar. Por ejemplo, el requerimiento a los gobernantes a comprometerse con el bien común, lo único que les legitimaba de acuerdo con la doctrina política clásica del catolicismo. Por ejemplo, la advertencia de que en las condiciones de trabajo, más allá de la remuneración salarial, debía asegurarse que «le sea posible al hombre asumir la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a sí mismo».
Según Juan XXIII el cristianismo era liberación sustancial del hombre de tal modo que la tarea de promoción de la doctrina evangélica significaba un verdadero acto de emancipación: «El hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden sobrenatural». Todos los creyentes estaban obligados a organizar su vida pública conforme a los principios éticos proclamados y a orientar siempre sus actos a la defensa de la dignidad humana. Y ello suponía una determinada concepción del hombre como criatura de Dios, y se fundamentaba en la existencia de un orden moral universal, contrario a toda manifestación de relativismo. Lo que defendía era «una ley moral objetiva, superior a la realidad externa y al hombre mismo, absolutamente necesaria y universal y, por último, igual para todos».
El incumplimiento de ese principio general había tenido consecuencias funestas en la conducta de tantos hombres, y tantos cristianos entre ellos, que dieron la espalda a sus obligaciones para con los demás. Tres meses antes de morir Juan XXIII publica la Pacem in terris , su testamento doctrinal dirigido a todas las personas de buena voluntad comprometidas en la promoción de la paz y pronto convertido en la biblia de la oposición católica en España. Aquellos prodigiosos años sesenta devolvían al mensaje cristiano su primitiva frescura y su esencia liberadora empujando a los católicos a colocarse en una primera línea de combate por una verdadera reconciliación. No solo la de los españoles como ciudadanos, sino la de los hombres de España con los fundamentos de su civilización. Una civilización cristiana que no debía confundirse con el nacionalcatolicismo y que habría de dar sustancia ideológica y perfección moral a nuestra comunidad.
Fernando García de Cortázar/Domingos con Historia/ABC
Alfa y Omega

El Papa invita a «encontrar un momento para detenernos» para descubrir el verdadero sentido de la Navidad



Contemplar el Pesebre nos ayuda a «entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, que se acerca –el Dios con nosotros, cercano a nosotros–», dijo Francisco en el último Ángelus dominical de Adviento
Último Ángelus dominical de Adviento en la plaza de San Pedro. «El próximo domingo será Navidad. En esta semana tratemos de encontrar un momento para detenernos, para estar un poco en silencio, e imaginar a la Virgen y a San José mientras van a Belén», aconseja el Papa. Tiempo para imaginar «el camino, la fatiga, pero también la alegría, la conmoción, y luego su ansiedad por encontrar un lugar, su preocupación…».
Haciendo esto, «nos ayuda mucho el Pesebre» para «entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, que se acerca –el Dios con nosotros, cercano a nosotros–, para recibir la gracia de esta fiesta, que es una gracia de cercanía, de amor, de humildad y de ternura», dijo Francisco al término de la oración mariana, en la recordó también «el diálogo en la República Democrática del Congo» y pidió rezar para que «se desarrolle con serenidad, para evitar todo tipo de violencia y por el bien del país».
Previamente, al comentar el pasaje evangélico del día, el Papa recordó que María y José «han sido los primeros en acoger a Jesús mediante la fe», y ellos por tanto «nos introducen en el misterio de la Navidad. María nos ayuda a colocarnos en actitud de disponibilidad para acoger al Hijo de Dios en nuestra vida concreta, en nuestra carne. José nos insta a buscar siempre la voluntad de Dios y a seguirla con total confianza».
A ese mismo «Dios que se acerca yo le abro la puerta –al Señor– cuando siento una inspiración interior, cuando siento que me pide hacer algo más por los demás, cuando me llama a la oración», añadió el Papa. «Dios-con-nosotros, Dios que se acerca. Que este anuncio de esperanza, que se cumple en Navidad, lleve a cumplimiento la espera de Dios también en cada uno de nosotros, en toda la Iglesia, y en tantos pequeños que el mundo desprecia, pero que Dios ama y a los cuales se acerca».
Alfa y Omega

20 de Diciembre: santo Domingo de Silos, monje

Domingo de Silos fue pastor durante su juventud y posteriormente, tras ser elevado al presbiterado, se retiró a la vida eremítica. Hacia el año 1030 ingresó en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla (La Rioja) y, después de desempeñar el cargo de maestro de novicios, el abad Sancho le encomendó la misión de restablecer el priorato de Santa María, cerca de su villa natal de Cañas.
De vuelta a la abadía de San Millán fue nombrado prior, cargo desde el cual se enemistó con García V el de Nájera, rey de Navarra, al negarse a entregarle los tesoros del monasterio que el monarca navarro pretendía con el pretexto de haber sido donados por sus antepasados. Por este motivo tuvo que abandonar San Millán y expatriarse en Burgos, donde por sus dotes intelectuales y de trabajo se atrajo las simpatías del obispo de Burgos y de Fernando I el Magno, rey de Castilla y de León, que le propuso para restaurar el monasterio de San Sebastián de Silos (Burgos), fundado por Fernán González, con el cargo de abad.
Tras tomar las riendas del mismo en 1041, Domingo levantó la iglesia románica y el claustro, y organizó el scriptorium o sala de copistas, donde se creó una de las más completas y ricas bibliotecas de la España medieval. Considerado ya en vida como un santo, a su muerte recibió culto como tal; el monasterio que guarda sus restos tomó su advocación, denominándose en lo sucesivo Santo Domingo de Silos.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1,26-38

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
- «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor.

Contagien la alegría y la paz del Evangelio y cuiden a los abuelos. Tarea del Papa a los chicos de la Acción Católica italiana

 «La Navidad se acerca y me alegra encontrarlos para este momento de intercambio de felicitaciones»…Contagien su alegría a todos - en especial a los abuelos -  anunciado el amor y la ternura de Jesús, fue la invitación del Papa Francisco, con su cordial bienvenida a los chicos y chicas de la Acción Católica italiana.
Recordando el anuncio del ángel a los pastores: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11), el Santo Padre señaló que la alegría se multiplica compartiéndola y testimoniándola en todas nuestras relaciones: en familia, en la escuela, en la parroquia, en todas partes.
Con el lema que tienen para este año, «rodeados de alegría», que en italiano «Circondati di allegría» - se presta a un juego de palabras, que recuerda la imagen del circo, el Papa destacó que la alegría es contagiosa y les asignó la tarea de hablar con sus abuelos y de escucharlos, animándolos también a seguir impulsando la paz y la solidaridad:
«Anunciando a todos el amor y la ternura de Jesús, se vuelven apóstoles de la alegría del Evangelio ¡Y la alegría es contagiosa! ¿Es verdad? ¿Están de acuerdo?
Quisiera darles una tarea. Esta alegría contagiosa hay que compartirla con todos, pero en especial – y ésta es la tarea - con los abuelos. ¡Piensen bien en esto: esta alegría hay que compartirla con todos, pero en especial con los abuelos! Hablen a menudo con sus abuelos; también ellos tienen esta alegría contagiosa. Pregúntenles tantas cosas, escúchenlos, ellos tienen la memoria de la historia, la experiencia de la vida. Y para ustedes éste será un gran don que los ayudará en su camino. También ellos tienen necesidad de escucharlos a ustedes - también ellos tienen necesidad de escucharlos a ustedes - tienen necesidad de comprender sus aspiraciones, sus esperanzas. He aquí la tarea que les doy: hablar con los abuelos, escuchar a los abuelos. Los ancianos tienen la sabiduría de la vida.
¡Para no olvidar, repitamos juntos la tarea: hablar con los abuelos, escuchar a los abuelos! ¡Chicos y chicas, todos juntos!...
¡Pero qué débiles que están! ¡Más fuerte!...
¡El próximo año les preguntaré sobre esto, sobre lo que hicieron!
Es contagioso también vuestro compromiso por la paz. También este año han querido enlazar la palabra ‘paz’ con la palabra ‘solidaridad’, con una iniciativa en favor de sus coetáneos de un barrio marginal de Nápoles. Es un gesto bueno, que indica el estilo con el que quieren anunciar el rostro de Dios que es amor. Que el Señor bendiga este proyecto vuestro de bien».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Esperanza




La esperanza puede ser una actitud positiva en quienes son optimistas por temperamento o porque en la vida han tenido suerte y todo les va bien. Pero esta esperanza, aunque ayuda, no es la virtud teologal que espera contra toda esperanza.
La esperanza cristiana se funda en la Palabra de Dios, en sus promesas, en la fidelidad que Él nos asegura con su Palabra dada. Desde esta referencia, aun en el caso de sufrir pruebas, oscuridades, tentaciones, el creyente soporta la intemperie y espera en silencio la salvación de nuestro Dios.
Tenemos en María, la Madre de Jesús, el mejor ejemplo de quien supo esperar y puso en Dios su confianza, cuando el Ángel le anunció su maternidad. Ella es portadora de la mayor esperanza, madre de la esperanza, del Hijo de Dios, Salvador del mundo.
El salmista nos invita a no desfallecer en la prueba: “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor, que volverás a alabarlo” (Sal 26).
Hoy muchas personas celebran su onomástica, y la Iglesia en el rito hispano - mozárabe honra a la Madre de Dios con fiesta mayor y solemnidad. Nos sumamos a la felicitación de la Iglesia a María, al mismo tiempo que nos sentimos bendecidos por su próximo alumbramiento.
José Antonio Moreno de Buenafuente

Experiencia interior


El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también «Emmanuel». Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa «Dios con nosotros»? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.
Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos «Dios» no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo si yo no tengo alguna experiencia personal, por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera vivo dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nosotros podremos rastrear su presencia en nuestro entorno.
¿Es posible? El secreto consiste sobre todo en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar «acogiendo» la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.
Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo XX, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, «esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre». El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio conoceremos la alegría de la Navidad.
José Antonio Pagola

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY (evangelio según san Mateo 1,18-24) POR BENEDICTO XVI


 


“A la comunicación sobre la concepción del niño en virtud del Espíritu Santo, sigue un encargo: María «dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados» (Mt 1,21). Junto a la invitación de tomar con él a María como su mujer, José recibe la orden de dar un nombre al niño, adoptándolo así legalmente como hijo suyo. 

Es el mismo nombre que el ángel había indicado también a María para que se lo pusiera al niño: el nombre Jesús (Jeshua) significa YHWH es salvación. El mensajero de Dios que habla a José en sueños aclara en qué consiste esta salvación: «Él salvará a su pueblo de los pecados.»

Con esto se asigna al niño un alto cometido teológico, pues sólo Dios mismo puede perdonar los pecados. Se le pone por tanto en relación inmediata con Dios, se le vincula directamente con el poder sagrado y salvífico de Dios. 

Pero, por otro lado, esta definición de la misión del Mesías podría también aparecer decepcionante. La expectación común de la salvación estaba orientada sobre todo a la situación penosa de Israel: a la restauración del reino davídico, a la libertad e independencia de Israel y, con ello, también naturalmente al bienestar material de un pueblo en gran parte empobrecido. 

La promesa del perdón de los pecados parece demasiado poco y a la vez excesivo: excesivo porque se invade la esfera reservada a Dios mismo; demasiado poco porque parece que no se toma en consideración el sufrimiento concreto de Israel y su necesidad real de salvación.

En el fondo, en estas palabras se anticipa ya toda la controversia sobre el mesianismo de Jesús: ¿Ha redimido verdaderamente a Israel? ¿Acaso no ha quedado todo como antes? La misión, tal como Él la ha vivido, ¿es o no la respuesta a la promesa? Seguramente no se corresponde con la expectativa de la salvación mesiánica inmediata que tenían los hombres, que se sentían oprimidos no tanto por sus pecados, cuanto más bien por su penuria, por su falta de libertad, por la miseria de su existencia.

Jesús mismo ha suscitado drásticamente la cuestión sobre la prioridad de la necesidad humana de redención en aquella ocasión en que cuatro hombres, a causa del gentío, no podían introducir al paralítico por la puerta y lo descolgaron por el techo, poniéndolo a sus pies. La propia existencia del enfermo era una oración, un grito que clamaba salvación, un grito al que Jesús, en pleno contraste con las expectativas del enfermo mismo y de quienes lo llevaban, respondió con estas palabras: «Hijo, tus pecados quedan perdonados» (Mc 2,5). 

La gente no se esperaba precisamente esto. No encajaba con sus intereses. El paralítico debía poder andar, no ser liberado de los pecados. Los escribas impugnaban la presunción teológica de las palabras de Jesús; el enfermo y los hombres a su alrededor estaban decepcionados, porque Jesús parecía hacer caso omiso de la verdadera necesidad de este hombre.

Pienso que toda la escena es absolutamente significativa para la cuestión de la misión de Jesús, tal como se describe por primera vez en la palabra del ángel a José. Aquí se tiene en cuenta tanto la crítica de los escribas como la expectativa silenciosa de la gente. Que Jesús es capaz de perdonar los pecados lo muestra ahora mandando al enfermo, ya curado, que tome su camilla y eche a andar. No obstante, de esta manera queda a salvo la prioridad del perdón de los pecados como fundamento de toda verdadera curación del hombre.

El hombre es un ser relacional. Si se trastoca la primera y fundamental relación del hombre —la relación con Dios— entonces ya no queda nada más que pueda estar verdaderamente en orden. De esta prioridad se trata en el mensaje y el obrar de Jesús. Él quiere en primer lugar llamar la atención del hombre sobre el núcleo de su mal y hacerle comprender: Si no eres curado en esto, no obstante todas las cosas buenas que puedas encontrar, no estarás verdaderamente curado.

En este sentido, la explicación del nombre de Jesús que se indicó a José en sueños es ya una aclaración fundamental de cómo se ha de concebir la salvación del hombre, y en qué consiste por tanto la tarea esencial del portador de la salvación.

En Mateo, al anuncio del ángel a José sobre la concepción y nacimiento virginal de Jesús, siguen dos afirmaciones integrantes.



El evangelista muestra en primer lugar que con ello se cumple todo lo que había anunciado la Escritura. Esto forma parte de la estructura fundamental de su Evangelio: proporcionar a todos los acontecimientos esenciales una «prueba de la Escritura»; dejar claro que las palabras de la Escritura aguardaban dichos acontecimientos, los han preparado desde dentro. Así, Mateo enseña cómo las antiguas palabras se hacen realidad en la historia de Jesús. Pero muestra al mismo tiempo que la historia de Jesús es verdadera, es decir, proviene de la Palabra de Dios, y está sostenida y entretejida por ella.

Después de la cita bíblica, Mateo completa la narración. Refiere que José se despertó y procedió como le había mandado el ángel del Señor. Llevó consigo a María, su esposa, pero, «sin haberla conocido», ella dio a luz al hijo. Así se subraya una vez más que el hijo no fue engendrado por él, sino por el Espíritu Santo. Por último, el evangelista añade: «Él le puso por nombre Jesús» (Mt 1,25).

También aquí, y de modo muy concreto, se nos presenta de nuevo a José como «hombre justo»: su estar interiormente atento a Dios —una actitud gracias a la cual puede acoger y comprender el mensaje— se convierte espontáneamente en obediencia. Si antes se había puesto a cavilar con su propio talento, ahora sabe lo que es justo y lo que debe hacer. Como hombre justo, sigue los mandatos de Dios, como dice el Salmo 1”.

(Del libro de Benedicto XVI “La infancia de Jesús”)

JESÚS SALVARÁ A SU PUEBLO DE LOS PECADOS (EVANGELIO DE HOY)




Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Palabra del Señor

El Papa pidió rezar para que su vejez sea "tranquila, religiosa y fecunda… Y también alegre"

17 de diciembre, cumpleaños del Sano Padre. Este sábado en el Vaticano no hay festejos especiales. Francisco inició sus actividades del día con una misa en la Capilla Paulina con los cardenales presentes en Roma.
El Evangelio según Mateo marcó la homilía del Papa. En el momento en el que la espera vigilante se hace más intensa en este trayecto del Adviento – dijo-   en este momento en el que la Iglesia se acerca a la Navidad, la Liturgia nos hace detenernos un poco. Dice: “Detengámonos” ¿Qué significa este detenerse en un momento que aumenta en intensidad? Simplemente, la Iglesia quiere que hagamos memoria: “Detente, y haz memoria. Mira hacia atrás, mira el camino”.  "Este es el significado de la jornada litúrgica de hoy: la gracia de la memoria. Es necesario pedir la gracia de no olvidar", reflexionó Francisco.
No olvidar es una propiedad del amor, puntualizó luego el Obispo de Roma: tener siempre presente todo lo bueno que hemos recibido. “Es una propiedad del amor mirar la historia, de dónde venimos, nuestros padres, nuestros antepasados, el camino de la fe… Y esta memoria nos hace bien, porque hace aún más intensa la vigilante espera de la Navidad”. 
Finalizando la celebración en la Capilla Paulina el Papa agradeció a los cardenales por “haber compartido este día”, y reflexionando en que la “vejez es sede de sabiduría”, Francisco se auguró que sea así también con él.
"La vejez no tiene que ser una palabra fea, que asusta", puntualizó Francisco. Se debe pensar en ella como una etapa de la vida en la que se da alegría, sabiduría, esperanza, en la que uno recomienza a vivir. Citando al poeta alemán Friedrich Hölderlin: «La vejez es tranquila y religiosa» – el Santo Padre pidió rezar por él para que su vejez sea así: "tranquila, religiosa y fecunda… Y también alegre".
Mientras tanto los fieles de Italia y del mundo no han dejado de saludar al Papa y mostrarle su afecto de muchas maneras. En estos días han llegado a Santa Marta presentes y felicitaciones de todas partes.Hasta la mañana del sábado Francisco ha recibido casi 50 mil saludos a través del correo electrónico. Los más numerosos son en español, inglés e italiano.
Ocho sin techo, dos mujeres y seis hombres llegaron a la Casa de Santa Marta para saludar al Papa. Estuvieron acompañados por Mons. Konrad Krajewski, Limosnero de Su Santidad, quien muy temprano los encontró en los alrededores de San Pedro: cuatro italianos, un moldavo, dos rumanos y un peruano.
A las 7.15 el Papa saludó afectuosamente a cada uno. Estas personas regalaron al Papa tres ramos de girasoles que Francisco hizo colocar inmediatamente en la capilla de Santa Marta. Luego el Pontífice los invitó a tomar desayuno con él.
El día de hoy en muchos comedores de Roma, al final de la comida se ofrece en nombre del Santo Padre un dulce de cumpleaños, mientras que los huéspedes de diversos dormitorios reciben una bolsa con un recuerdo de Francisco por Navidad y un pequeño presente.  
Gracias a todos por los saludos