lunes, 3 de octubre de 2016

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (10,25-37) POR EL PAPA FRANCISCO:




Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano. Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús (...) hace una pregunta, que se vuelve muy valiosa para nosotros: «¿Quién es mi prójimo?» 

Y Jesús responde con una parábola en la que convergen un sacerdote, un levita y un samaritano. Las dos primeros son figuras relacionadas al culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir, el samaritano. 

En el camino de Jerusalén a Jericó, el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones habían asaltado, saqueado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse...

Y aquí la parábola nos da una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Puedes conocer toda la Biblia, puedes conocer todas las rúbricas litúrgicas, puedes aprender toda la teología, pero de conocer no es automático el amar: amar tiene otro camino, es necesaria la inteligencia pero también algo más... El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. 

Sin embargo, no existe un verdadero culto si no se traduce en servicio al prójimo. No olvidemos nunca: frente al sufrimiento de mucha gente agotada por el hambre, la violencia y las injusticias, no podemos permanecer como espectadores. 

Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a ese hombre, a esa mujer, a ese niño, a ese anciano o a esa anciana que sufre, no me acerco a Dios. 

Pero vamos al centro de la parábola: el samaritano, que es precisamente aquel despreciado, aquel por el que nadie habría apostado nada, y que igualmente tenía sus compromisos y sus cosas que hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban ligados al templo, sino que «tuvo compasión». 

Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las entrañas se conmovieron! Esa es la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano estaba en sintonía con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. 

Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué quiere decir? Sufre con nosotros y nuestros sufrimientos Él los siente. Compasión significa «padecer con». El verbo indica que las entrañas se mueven y tiemblan ante el mal del hombre. 

Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Nos está cerca y no nos abandona nunca. 

Cada uno de nosotros, que se haga la pregunta y responda en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con muchos problemas y tantas cosas?». Pensad en esto, y la respuesta es: «¡Sí!». Pero cada uno tiene que mirar en el corazón si tiene fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: es paciente y está siempre a nuestro lado.

El samaritano actúa con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se hace cargo personalmente y provee para su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa cuidar del otro hasta pagar en persona. Significa comprometerse realizando todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús da la vuelta a la pregunta del doctor de la Ley y le pregunta: «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequívoca: «El que practicó la misericordia con él» (v. 37). 

Al comienzo de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se hizo cercano. Jesús invierte la perspectiva: no clasificar a los otros para ver quién es prójimo y quién no. Tú puedes convertirte en prójimo de cualquier persona en necesidad, y lo serás si en tu corazón hay compasión, es decir, si tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

Esta parábola es un regalo maravilloso para todos nosotros, y ¡también un compromiso! A cada uno de nosotros, Jesús le repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Vete y haz tú lo mismo». Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se ha inclinado sobre nosotros, se ha convertido en nuestro servidor, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, del mismo modo.

(Papa Francisco, catequesis del 27-4-2016)

¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?



Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.

Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta."

Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Que Azerbaiyán continúe por el camino de colaboración entre distintas culturas y confesiones religiosas, el Papa a las autoridades

“La adhesión a los genuinos valores religiosos es totalmente incompatible con el tentativo de imponer con la violencia a los otros las propias formas de ver, escudándose en el santo nombre de Dios”: fue la afirmación del Papa Francisco al dirigirse a las autoridades de Azerbaiyán, en el último día de su XVI viaje apostólico internacional, que lo llevó a visitar también tierra georgiana.
En su discurso el Papa expresó la propia “admiración por la complejidad y riqueza de la cultura del pueblo aserí, “fruto de la aportación de tantos pueblos que a lo largo de la historia han habitado estas tierras. Y recordando que el 18 de octubre Azerbaiyán celebrará el 25 aniversario de su independencia, Francisco indicó como una posibilidad el analizar el camino recorrido y las “problemáticas” que el país está afrontando. Un camino que, según el Papa, “muestra claramente los notables esfuerzos que se han hecho para consolidar las instituciones y favorecer el crecimiento económico y civil de la nación”; una trayectoria que requiere “una constante atención a todos, especialmente a los más débiles” y  que es posible gracias a una sociedad “que reconoce los beneficios de la multiculturalidad y de la necesaria complementariedad de las culturas”.
El Santo Padre destacó la importancia de este esfuerzo común en la construcción de una armonía entre las diferencias “porque demuestra – explicó – que es posible testimoniar  la propia concepción de la vida sin conculcar los derechos de los que tienen otras concepciones”. De ahí la convencida afirmación del Papa: “Toda pertenencia étnica o ideológica, como todo auténtico camino religioso, debe repudiar actitudes y concepciones que instrumentalizan las propias convicciones, la propia identidad o el nombre de Dios para legitimar intentos de opresión y dominio.”
Francisco constató asimismo como el drama de muchos conflictos que sufre el mundo “se alimentan de la intolerancia fomentada por ideologías violentas y por la negación práctica de los derechos de los más pobres” e indicó como solución eficaz a estas “peligrosas desviaciones” el crecimiento de la “cultura de la paz” alimentada de una incesante disposición al diálogo y la conciencia de que no existe otra solución que la búsqueda continua de “soluciones compartidas”.
“Deseo vivamente, agregó después  el Papa,  que Azerbaiyán prosiga por este camino de colaboración entre las distintas culturas y confesiones religiosas”.
El Vicario de Cristo expresó luego su cercanía al pueblo aserí, recordando  “a quienes han debido abandonar su tierra y a tantas personas que sufren a causa conflictos sangrientos. Con la esperanza de que “la comunidad internacional sepa ofrecer con constancia su indispensable ayuda”.
Y recordando la imagen que diera de esta tierra su predecesor San Juan Pablo II cuando definió al Cáucaso «puerta entre Oriente y Occidente», Francisco expresó su deseo de que esta zona se convierta también en “una puerta abierta hacia la paz y un ejemplo en el que fijarse para resolver antiguos y nuevos conflictos”.
(MCM-RV)

El Papa en el Encuentro Interreligioso: “Las religiones nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos”

“En la noche de los conflictos que estamos atravesando, las religiones son auroras de paz, semillas de renacimiento entre devastaciones de muerte, ecos de diálogo que resuenan sin descanso, caminos de encuentro y reconciliación para llegar allí donde los intentos de mediación oficiales parecen no surtir efecto”, lo dijo el Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso con el Jeque y los Representantes de las otras Comunidades Religiosas de Azerbaiyán.
En la última actividad oficial de su 16° Viaje Internacional a Azerbaiyán, el Santo Padre agradeció a los Líderes religiosos de este país caucásico por la acogida que le brindaron, porque reunirnos aquí, dijo el Papa, “es un gran signo de amistad fraterna en este lugar de oración, un signo que manifiesta esa armonía que las religiones juntas pueden construir a partir de las relaciones personales y de la buena voluntad de los responsables”.
“Aquí se desea custodiar el gran patrimonio de las religiones y se busca al mismo tiempo una mayor y fecunda apertura – agregó el Pontífice – es lo que ayuda a construir sociedades mejores y pacíficas”. La fraternidad y el intercambio que queremos aumentar, precisó el Obispo de Roma, no será apreciado por aquellos que quieren hacer hincapié en las divisiones, reavivar tensiones y sacar ganancias de conflictos y controversias; sin embargo, son invocados y esperados por quienes desean el bien común, y sobre todo agradan a Dios, compasivo y misericordioso.
Abrirse a los demás no empobrece, subrayó el Sucesor de Pedro, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humanos: “a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros; a ver como objetivo no los propios intereses, sino el bien de la humanidad; a actuar sin idealismos y sin intervencionismos, sin ninguna interferencia perjudicial o acción forzada, sino siempre respetando la dinámica histórica de las culturas y de las tradiciones religiosas”. Las religiones tienen precisamente una gran tarea, señaló el Pontífice: “acompañar a los hombres en la búsqueda del sentido de la vida, ayudándoles a entender que las limitadas capacidades del ser humano y los bienes de este mundo nunca deben convertirse en un absoluto”.
Por lo tanto, concluyó el Papa Francisco, la religión es una necesidad para el hombre, para realizar su fin, una brújula para orientarlo hacia el bien y alejarlo del mal, que está siempre al acecho en la puerta de su corazón. “En este sentido, las religiones tienen una tarea educativa: ayudar al hombre a dar lo mejor de sí. Y nosotros, como guías, tenemos una gran responsabilidad para ofrecer respuestas auténticas a la búsqueda del hombre, a menudo perdido en las vertiginosas paradojas de nuestro tiempo”. En la noche de los conflictos que estamos atravesando, las religiones son auroras de paz, semillas de renacimiento entre devastaciones de muerte, ecos de diálogo que resuenan sin descanso, caminos de encuentro y reconciliación para llegar allí donde los intentos de mediación oficiales parecen no surtir efecto. Especialmente en esta querida región del Cáucaso, que yo tanto quería visitar y a la cual he venido como peregrino de paz, que las religiones sean vehículos activos para superar las tragedias del pasado y las tensiones de hoy.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)

domingo, 2 de octubre de 2016

2 de octubre: Santos Ángeles Custodios. Ángel de mi guarda, dulce compañía


«Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería». Millones de niños en todo el mundo han recitado y recitan esta oración junto con sus padres antes de irse a dormir. El 2 de octubre se celebra la fiesta de los Santos Ángeles Custodios, una festividad que se universalizó en el siglo XVII, y que conmemora a los ángeles de la guarda.
Los custodios aparecen ya en el salmo 90: «No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos». Aunque los primeros vestigios de la fiesta aparecen en el siglo V, en España y Francia, donde ya se celebraba de forma particular.
La historia de los Santos Ángeles Custodios se fue extendiendo poco a poco y apareció de nuevo de forma generalizada en el año 800 en Inglaterra. Fue en 1670 cuando el Papa Clemente X estableció oficialmente el 2 de octubre como el día de la celebración de la fiesta para los Santos Ángeles de la Guarda, la fiesta de los ángeles particulares de cada persona.
Uno de los grandes santos que tuvo un especial peso en la difusión de la fiesta fue san Bernardo, quien en el año 1010 hizo un famoso sermón acerca del Ángel de la Guarda. San Bernardo asegura que los cristianos, sobre los ángeles de la guarda, respetamos su presencia, agradecemos sus favores y confiamos en su ayuda.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

TENTACIONES EN LA ORACIÓN

En momentos difíciles, una actitud religiosa es recurrir a la súplica, al grito de auxilio, a la oración para pedir que se resuelva la prueba, sane el enfermo, se reconcilien las personas… Y si no sucede según nuestra necesidad y solicitud, es posible que surja la duda sobre la eficacia de la oración, y hasta la duda de la fe en la bondad de Dios. Así habla el profeta en su desesperanza: “¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?”

Pero quizá, lo más cierto es que seamos nosotros los que no sepamos comprender el mensaje que contiene el acontecimiento que nos parece negativo. El salmista nos invita a estar atentos: “Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.”
La duda y hasta la tentación de pensar que Dios no nos oye cuando le exponemos nuestras necesidades, cabe que se convierta en denuncia, según el Evangelio. “Los apóstoles le pidieron al Señor: -«Auméntanos la fe.» El Señor contestó: -«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería”.
La fe es la que mueve las montañas; por su fe los patriarcas y los profetas obtuvieron la bendición de Dios. María es la mujer creyente, que se convirtió en Madre de Dios por su fe en la Palabra. El ciego de Jericó, el leproso samaritano, la mujer cananea, el criado del centurión se curaron por la fe que tuvieron en Jesús.
San Pablo, en su carta a Timoteo, amonesta al discípulo con palabras que bien podríamos aplicarnos: “Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos”. Aunque el apóstol se puede referir al ministerio ordenado, todos hemos recibido en el bautismo el don de la fe, y si hemos sido confirmados, también se nos impusieron las manos para confirmarnos en ella.
Cuando parece que Dios no nos oye, o tarda en responder, es momento de acrisolar la fe, de dar crédito a la bondad divina, de no dudar de su misericordia, de gozar la experiencia de que tratamos con Él por amor, y con confianza.
Ángel Moreno de Buenafuente

Auméntanos la fe

De manera abrupta, los discípulos le hacen a Jesús una petición vital: «Auméntanos la fe». En otra ocasión le habían pedido: «Enséñanos a orar». A medida que Jesús les descubre el proyecto de Dios y la tarea que les quiere encomendar, los discípulos sienten que no les basta la fe que viven desde niños para responder a su llamada. Necesitan una fe más robusta y vigorosa.
Han pasado más de veinte siglos. A lo largo de la historia, los seguidores de Jesús han vivido años de fidelidad al Evangelio y horas oscuras de deslealtad. Tiempos de fe recia y también de crisis e incertidumbre. ¿No necesitamos pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe?
Señor, auméntanos la fe 
Enséñanos que la fe no consiste en creer algo sino en creer en ti, Hijo encarnado de Dios, para abrirnos a tu Espíritu, dejarnos alcanzar por tu Palabra, aprender a vivir con tu estilo de vida y seguir de cerca tus pasos. Solo tú eres quien «inicia y consuma nuestra fe».

Auméntanos la fe 
Danos una fe centrada en lo esencial, purificada de adherencias y añadidos postizos, que nos alejan del núcleo de tu Evangelio. Enséñanos a vivir en estos tiempos una fe, no fundada en apoyos externos, sino en tu presencia viva en nuestros corazones y en nuestras comunidades creyentes.

Auméntanos la fe 
Haznos vivir una relación más vital contigo, sabiendo que tú, nuestro Maestro y Señor, eres lo primero, lo mejor, lo más valioso y atractivo que tenemos en la Iglesia. Danos una fe contagiosa que nos oriente hacia una fase nueva de cristianismo, más fiel a tu Espíritu y tu trayectoria.

Auméntanos la fe 
Haznos vivir identificados con tu proyecto del reino de Dios, colaborando con realismo y convicción en hacer la vida más humana, como quiere el Padre. Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano.

Auméntanos la fe 
Enséñanos a vivir convirtiéndonos a una vida más evangélica, sin resignarnos a un cristianismo rebajado donde la sal se va volviendo sosa y donde la Iglesia va perdiendo extrañamente su cualidad de fermento. Despierta entre nosotros la fe de los testigos y los profetas.

Auméntanos la fe 
No nos dejes caer en un cristianismo sin cruz. Enséñanos a descubrir que la fe no consiste en creer en el Dios que nos conviene sino en aquel que fortalece nuestra responsabilidad y desarrolla nuestra capacidad de amar. Enséñanos a seguirte tomando nuestra cruz cada día.

Auméntanos la fe 
Que te experimentemos resucitado en medio de nosotros renovando nuestras vidas y alentando nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

El Papa Francisco abre la puerta a un futuro viaje a Irak



"Inshallah", si Dios quiere. Esa ha sido la expresión árabe utilizada por el Papa Francisco para responder al Patriarca caldeo Louis Raphael I Sako, quién le ha expresado la esperanza de que en el futuro, el obispo de Roma pueda realizar una visita a Iraq, "porque allí necesitamos de su presencia, de su apoyo y de su ánimo".
Así lo refieren las fuentes oficiales del Patriarcado caldeo, consultadas por la Agencia Fides. El intercambio de palabras entre el Papa y el Patriarca tuvo lugar durante el encuentro que el Obispo de Roma tuvo ayer por la tarde, a las 18 horas, en Tiflis, en laiglesia de San Simon Bar Sabbae, con la comunidad asirio-caldea que reside en Gorgia.
En el encuentro, que forma parte del programa de la visita papal a Georgia y Azerbaiyán, han estado presentes 12 obispos caldeos, veteranos del Sínodo anual que se acaba de celebrar en Erbil junto con los fieles caldeos procedentes de los EE.UU., de Francia y de Canadá y de un grupo de caldeos iraquíes que actualmente están viviendo con el estado de refugiados, después de abandonar sus hogares ante el avance de los yihadistas del Estado islámico.
Durante el encuentro, la asamblea y los coros han recitado y cantado en caldeo y arameo los himnos y las oraciones de las vísperas según el rito caldeo, mientras que el Papa ha recitado una oración preparada apara la ocasión: "Señor Jesús - ha exclamado el Papa en su oración - extiende la sombra de tu cruz sobre los pueblos en guerra: que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz experimentar el gozo de tu resurrección a los pueblos desfallecidos por las bombas: arranca de la devastación a Iraq y Siria; reúne bajo la dulzura de tu realeza a tus hijos dispersos: sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor".

¡Si tuvierais fe!


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10
En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", y os obedecería.
¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo, "Enseguida, ven y ponte a la mesa"?
¿No le diréis más bien: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:
"Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer"».
Palabra del Señor.

sábado, 1 de octubre de 2016

Francisco reza por la paz con la comunidad asiro-caldea en Georgia


El primer día del viaje del papa Francisco a Georgia ha concluido con un encuentro con la comunidad católica del rito asirio-caldeo, en la iglesia de san Simón Bar Sabbae en Tbilisi. Se trata de la primera vez que un Papa visita un lugar de culto asiro-caldeo.  A su llegada, el Santo Padre ha sido acogido por el patriarca de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphaël Sako, y por el párroco de la iglesia.
A continuación, el papa Francisco ha ido en procesión hacia la capilla del santísimo, entre los fieles de la diáspora asiro-caldea. Y después un canto y una oración en arameo, el Santo Padre ha realizado una oración por la paz.
De este modo, el Pontífice ha recordado que la cruz “nos libra del pecado, origen de toda división y de todo mal” y la Resurrección “rescata al hombre de la esclavitud del fracaso y de la muerte”.  Así, ha pedido: “Señor Jesús, por tu gloriosa pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo” que arranque “de su condición a las víctimas de la injusticia y de la opresión” ya haga “brillar el triunfo de la vida”.
El Santo Padre también ha pedido a Dios que una a su cruz “los sufrimientos de tantas víctimas inocentes”, “los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos”. Y ha pedido por los que “se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad”, por los “exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida”.
También ha tenido presente en la oración a los “pueblos en guerra”, para que “aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón”. Del mismo modo ha mencionado a los “pueblos desfallecidos por las bombas”, en concreto por Irak y Siria.  “Sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor”, ha pedido el Pontífice.
Para concluir el encuentro, el Santo Padre ha impartido su bendición a los presentes.
En declaraciones a la agencia Fides, el patriarca Sako había indicado que durante el encuentro, le diría al Santo Padre que “esperamos que nos visite próximamente en Irak. Allí necesitamos de su presencia y de su apoyo”.
En el encuentro con el Papa han estado presentes 12 obispos caldeos, veteranos del Sínodo anual que se acaba de celebrar en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Además de los fieles de la comunidad asirio-caldea presente en Georgia, también han recibido al papa Francisco varios grupos de fieles caldeos procedentes de los EE.UU., Francia y Canadá, junto con un grupo de caldeos que actualmente están viviendo con el estado de refugiados, después de abandonar sus hogares ante el avance de los yihadistas del Estado islámico, ha explicado el patriarca.
En Georgia, viven alrededor de 10 mil cristianos pertenecientes a las comunidades caldea y asiria. Sus raíces iniciales en el Cáucaso se remontan a los flujos migratorios que se registraron en la primera mitad del siglo XIX y que se incrementaron a principios del siglo XX, debido a las persecuciones sufridas también por los asirios y caldeos durante la Primera Guerra Mundial. “El encuentro con el Sucesor de Pedro” declara a la agencia Fides el patriarca caldeo, “será un momento fuerte, y lo viviremos para ser confirmados en la fe, en la esperanza y también en la elección de perseverar y permanecer en nuestra tierra martirizada”.

1 de octubre: santa Teresa del Niño Jesús: La historia de un alma


María Francisca Teresa nació el 2 de enero de 1873 en Francia. Era hija de un relojero y de una costurera. Era la menor de sus hermanas y no muy devota. Su madre falleció cuando Teresa tenía tan solo cuatro años. Corría el año 1877 y su padre tuvo que vender la relojería e irse a vivir a Lisieux.
Cinco años después de la muerte de la madre y del traslado de la familia, Paulina entró en el convento de las carmelitas. La hermana pequeña presintió que ella seguiría los pasos de su hermana. A los catorce años otra de las hermanas de Teresa ingresa también en las carmelitas. Era 1886, Teresa tenía dos hermanas monjas y sufre, durante las Navidades, una gran conversión que recordó para el resto de sus días. Ella misma lo describió así: «En esa noche de Navidad acababa de nacer otra Teresita. Jesús me transformó de tal manera que ni yo misma me conocía».
A raíz de esta conversión decide entrar en el convento pero su padre fue el único que le apoyó. Las monjas, así como el señor obispo de Bayeux pensaban que todavía era muy joven. Teresa tenía 14 años.
La pequeña se había convertido y tenía claro su ingreso en las carmelitas, por eso, aprovechando un viaje a Roma con motivo del jubileo sacerdotal del Papa León XIII, se arrodilló delante del Santo Padre y le pidió su ingreso en la orden. El Pontífice le recomendó seguir las directrices de sus superiores. Se volvió de Roma con la negativa de León XIII pero tres meses después recibió el beneplácito del Papa y con 15 años, el 9 de abril de 1888, entró en el Monasterio del Carmelo de Lisieux.
Su ingreso en el convento supuso un reguero de oraciones y sacrificios ofrecidos por la conversión de los pecadores y por las misiones. En 1893, con tan solo 20 años, Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias.
En 1897 enfermó de tuberculosis y ya nunca volvió a salir de la enfermería. Sus últimos meses de vida se vieron envueltos entre grandes padecimientos físicos y morales. Lo vivió con santidad pensando que era lo mejor que le podía ofrecer al Señor. Teresa murió el 30 de septiembre de 1897 agarrada a un pequeño crucifijo y exclamando «Dios mío, os amo».
Teresita del Niño Jesús puso su acento en la oración y en las pequeñas cosas del día a día hechas por amor a Dios. Ella lo llamó la pequeña vía como un camino para llegar a la infancia espiritual. Su espiritualidad se recogió en el libro Historia de un alma, una autobiografía que escribió por orden de sus superioras y que se publicó como obra póstuma al morir Teresa. «Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor», escribe la santa en el libro.
Fue beatificada en 1923 y canonizada dos años después por el Papa Pío XI. En 1997, el 19 de octubre, fue proclamada Doctora de la Iglesia por san Juan Pablo II.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

Una comunidad es cristiana cuando sigue a Jesús de Nazaret


Una comunidad se recrea cada día en la mesa de la vida, del compartir, de la intimidad, de sentirnos unidos por el anhelo renovado de una auténtica fraternidad y amistad.
La comunidad nace de una llamada que se escucha desde distintas realidades existenciales, que se nos comunica por medio de otros, que se metaboliza y discierne en lo hondo de nosotros mismos.
La comunidad convoca a la oración del corazón misericordioso, en el que resuenan las súplicas, las alegrías, las lágrimas y las esperanzas de la humanidad, de nuestro mundo.
La comunidad es garantía de la presencia de la Divinidad, por medio del otro que camina a mi lado en cualquier circunstancia, que sé que nunca me faltará cuando le necesite.
Una comunidad verdadera practica el don del perdón liberador, de la revisión fraterna comprensiva, de la autocrítica compasiva y favorece el crecimiento personal de todos sus miembros.
La comunidad nos ayuda a humanizarnos (y, por lo tanto, a divinizarnos), cuando contemplamos la injusticia, el desprecio, el abuso y nos comprometemos a combatirlos, pues no podemos permanecer indiferentes ante los atropellos hacia los más débiles.
La comunidad es un espacio para el encuentro gozoso de unos con otros. Para el encuentro con el otro, que en su diferencia me enriquece, me ayuda a crecer y me invita con cariño a salir de mi comodidad.
La comunidad es el lugar donde se experimenta la gratuidad, la donación desinteresada al otro, como semilla y signo de una nueva sociedad, donde se da el testimonio de que es más importante lo que se es y se ofrece que lo que se tiene.
La comunidad nos ayuda a valorar lo que de verdad es lo más importante, lo que tiene más interés y trascendencia, el tesoro más valioso, el gozo de estar unidos compartiéndolo todo.
La comunidad suaviza y hace llevadera la cruz de cada día, aceptando el carácter propio del otro, ayudándole en sus necesidades, practicando la humildad, dejándose guiar y transformar...
La comunidad es un don y un quehacer diario, que hay que regar, abonar y cuidar para que crezca, se fortalezca, dé frutos y adquiera así su máxima plenitud.
La comunidad es siempre deudora de otras personas que la precedieron y que nos han ofrecido su ejemplo de vida; de otras realidades que se han vivido en común; de experiencias históricas que la ayudan a caminar hacia lo que está llamada a ser.
La comunidad es una escuela de mística, de espiritualidad encarnada, de trascendencia, vislumbrando e intentando hacer realidad la utopía, ese otro mundo posible y necesario, que hoy no es todavía, pero que puede ser si nos empeñamos con esfuerzo, constancia y esperanza.
La comunidad nos enseña a vivir con la mayor naturalidad, sin doblez ni fingimiento, con sinceridad y alegría, tomando con humor nuestra propia vulnerabilidad, nuestros defectos, y con paciencia nuestros avances y retrocesos. Es el templo donde se celebra la vida con sus gozos, esperanzas y tristezas.
La comunidad ayuda a vivirlo todo con sencillez, compartiendo lo que se es y lo que se tiene, para que otros puedan vivir con dignidad, teniendo las puertas de la casa y de cada corazón abiertas.
Una comunidad es cristiana cuando sigue a Jesús de Nazaret, intentando vivir con sus mismos sentimientos, para buscar de su mano una plena humanización y la unión íntima con el Misterio de la Divinidad, el Amor que habita dentro de nosotros, en cada ser humano y en todo el universo. Así Jesús se convierte en modelo y paradigma de una nueva humanidad.
En una comunidad cristiana se intentan vivir las bienaventuranzas, lo contracultural, lo alternativo de la buena noticia de Jesús, en la realidad concreta de nuestro mundo. Por eso nunca podrá ser conservadora, sino abierta, liberadora, en progreso continuo, renovada y comprometida desde las fronteras existenciales de los empobrecidos y excluidos. Solo así se disfrutará de la alegría, la paz y la felicidad verdaderas.
La comunidad que se esfuerza y desea vivir de forma integral su fe y su vida, es un nuevo sacramento que "contiene, visualiza y comunica otra realidad diferente a ella, pero presente en ella... una grieta por la que penetra una luz superior que ilumina las cosas, las hace transparentes y diáfanas".

Francisco: “Jamás se debe hacer proselitismo, es un gran pecado contra el ecumenismo, somos hermanos”


Son muy pocos, apenas llegan a las doscientas personas. Son los sacerdotes, seminaristas, religiosos y agentes de pastoral de Georgia, que se han encontrado con el Papa Francisco en la iglesia de la Asunción. Una auténtica minoría que trabaja con dificultad, y que sintieron la visita del Papa como un bálsamo, como un vaso de agua fresca en mitad de la incomprensión y las dificultades.
Se trató de un encuentro recogido, pequeño, humilde, en el que algunos miembros de la Iglesia georgiana plantearon a Francisco algunos temas. Tras el saludo de Giuseppe Pasotto (administrador apostólico del Cáucaso), Kaká, un joven, le habló de los problemas de la juventud católica. El Papa iba apuntando en un cuaderno la apelación del joven, que hablaba de las incomprensiones que viven los jóvenes católicos, y la necesidad de seguir hacia adelante "con orgullo y sin miedo". Después, improvisó durante más de media hora, en familia, como a él le gusta. Como se aparece como auténticamente Francisco.
Irina, una madre de familia, habló de los retos, desde la educación de los hijos al divorcio, pasando por la ideología de género, los métodos anticonceptivos y todos los aspectos abordados en Amoris Laetitia. "Usted saben bien cuántas fuerzas luchan en contra de la familia", apuntó la mujer.
Un seminarista, por su parte, habló del crecimiento de las vocaciones, pese a vivir en la minoría, con el camino ecuménico como rumbo para el futuro en el país. "Me siento orgulloso de ser católico, y de convertirme en sacerdote católico georgiano", señaló.
Un sacerdote armenio, que acompañó al Papa en su visita a aquel país del Cáucaso, destacó la importancia de la espiritualidad y del testimonio. "Mantener viva la memoria del pasado, y tener la valentía de soñar un futuro", proclamó.

Tras estas intervenciones, el Papa habló, e improvisó. Esta es la transcripción de las palabras de Francisco.
Al final de la misa, ... yo hablaré a todos mezclando todas las preguntas que han hecho ustedes
En Armenia, al final de la misa invité a subir al papamóvil a Su Excelencia y al Obispo de la Iglesia apostólica armenia de la misma ciudad. Éramos tres obispos: el obispo de Roma, el obispo católico de Tumek, y el obispo armenio. Casi como si fuera ortodoxo (risas). Es una buena ensalada (macedonia)
Habíamos hecho el recorrido, y después descendimos. Cuando yo iba hacia el automóvil, una viejita me hizo gestos de acercarme. Tendría... ¡si tenía 80 no era vieja! (risas). Parecía que tenía bastantes más. Yo he sentido en el corazón la necesidad de acercarme a saludarla, porque estaba detrás de las vallas. Era una mujer humilde, muy humilde. Me ha saludado con amor, tenía un diente de oro..., y me ha dicho esto: "Yo soy armenia, pero vivo en Georgia. Y he venido de Georgia". Había viajado ocho horas en el bus para ver al Papa.
Al rato, cuando andábamos, me la encontré de nuevo, dos horas después. Y le dije: Señora, ¿pero usted vino más para encontrarme? Y me respondió. Sí, es la fe.
Has hablado de ser firmes en la fe. Estar firmes en la fe es el testimonio que ha dado esta mujer. Creía que Jesucristo, el hijo de Dios, ha dejado a Pedro sobre la tierra como su vicario, y ella quería ver a Pedro. Firmes en la fe significa capacidad de recibir de los otros la fe, conservarla y transmitirla
Has hablado de tener viva la historia del pasado, la historia nacional, y tener el coraje de buscar un futuro mejor. Firmes en la fe significa no olvidar aquello que hemos aprendido. Es más, hacerlo crecer. Darlo a nuestros hijos. Por eso, en Cracovia, les he dado como misión especial a los jóvenes, hablar con los abuelos. Son los abuelos los que nos han transmitido la fe, que tantos de vosotros tienen que enseñarles a escuchar a los abuelos, hablar con ellos. Para recibir el agua fresca de la fe. Elaborarla en el presente, hacerla crecer, no esconderla en un cajón como ése... Y transmitirla a nuestros hijos.
El Apóstol Pablo, hablando a su discípulo predilecto, Timoteo, les pedía conservar firme la fe que había recibido de su madre y de su abuela. Este es el camino que nosotros tenemos que seguir. Estos nos hará madurar tanto, recibir la herencia, hacerla germinar, y darla.
Una planta sin raíces no crece. Una fe sin raíces de la madre y de la abuela no crece. Pero una fe que me ha sido dada y no la doy a los otros tampoco crece. Así, para resumir, ser firmes en la fe, es necesario memoria del pasado, coraje en el presente, esperanza en el futuro.
No se olviden de esa señora georgiana, capaz de ir seis-ocho horas en el autobús, en Armenia. No se olviden, es una mujer armenia pero georgiana, y las mujeres georgianas tienen fama de ser mujeres fuertes, de fe, que llevan adelante la iglesia
Y tú, una vez has dicho a tu mamá, yo quiero hacer lo que hace ese sacerdote. Y al final de tu intervención dijiste que estabas orgulloso de ser católico y sacerdote georgiano. Es todo un camino. No has dicho lo que dijo tu mamá. ¿Qué te dijo tu mamá cuando se lo dijiste? (el joven responde: era un niño, y mi madre me dijo 'está bien, haz lo que hace ese hombre'). Otra vez, la madre, la mujer georgiana. Fuerte. La madre está perdiendo a un hijo, pero se lo daba a Dios, lo acompañó en su camino. Y tu madre ha perdido la oportunidad de convertirse en suegra (risas). En el inicio de una vocación siempre está la madre, la abuela... pero dijiste la palabra clave, memoria.

Conservar la memoria de la primera llamada. Custodiar ese momento, como tú custodias ese recuerdo. Mamá, yo quiero hacer como hace ese hombre. Eso no es una fábula que ha venido a tu mente, ha sido el Espíritu Santo que te ha tocado, y custodiar con la memoria ésto, es custodiar la memoria del Espíritu Santo. Estoy hablando a todos los religiosos y religiosas.
Todos nosotros, en nuestra vida, tenemos o tendremos momentos de oscuridad. También los consagrados tenemos momentos oscuros, cuando parece que las cosas no van adelante, cuando hay dificultades de convivencia. En ese momento, hay que detenerse y hacer memoria: memoria del momento en el que he estado tocado por el espíritu santo. Como ha dicho él. La perseverancia en la vocación está radicada en la memoria de aquella caricia que el Señor nos ha hecho, y nos ha dicho que viene con nosotros.
Esto es lo que yo os digo a todos vosotros, consagrados: no volver atrás cuando se encuentra la dificultad. Si quieren mirar atrás, la memoria de ese momento, lo único. Y así la fe permanece firme, la vocación permanece firme. Con nuestras debilidades, con nuestros pecados. Todos somos pecadores, todos necesitamos confesarnos, pero la misericordia, el amor de Jesús es más grande que nuestros pecados.
Ahora yo quisiera hablar dos cosas. ¿Es tan fuerte el frío en casa que están en invierno? Y vas adelante lo mismo. Irina: hemos hablado con el sacerdote, con el religioso, con los consagrados sobre la fe firme. ¿Pero cómo es la fe en el matrimonio? El matrimonio es la cosa más bella que Dios ha creado.
La Biblia nos dice que Dios hizo hombre y mujer semejantes a Él. Yo entiendo, Irina, cuando explicabas la dificultad que tantas veces hay en el matrimonio. Las incomprensiones, las tentaciones, buscar el camino del divorcio, yo me busco otro y él se busca otra y empezamos de nuevo... Irina, ¿tú sabes quién paga los gastos del divorcio? Dos personas. Los dos, y más, y paga Dios, porque cuando se separa lo que es una sola carne, ensucia la carne de Dios. Pagan los hijos, los niños.
No sabemos, queridos hermanos, cuánto sufren los niños pequeños cuando ven peleas y separación de sus padres. Se debe hacer de todo para salvar un matrimonio, pero es normal que en el matrimonio se pelee, es normal. Sucede que a veces vuelan los platos, es normal. Si hay verdadero amor, se hace la paz inmediatamente. Yo aconsejo a los matrimonios que peleen todo lo que quieran, pero no acaben el día sin hacer las paces. ¿Sabéis por qué? La guerra fría del día siguiente es peligrosísima. Cuántos matrimonios se salvan si tienen el coraje, de al final de la jornada, no hacer un discurso, sino una caricia, y se hace la paz.
Pero es verdad que hay situaciones muy complejas, cuando el diablo se mezcla y pone una mujer delante de un hombre que le parece más bella que la suya, o cuando pone a un hombre delante de una mujer que le parece mejor que el suyo. ¡Pidan ayuda inmediatamente cuando venga esta tentación, pidan ayuda inmediatamente! Esto es lo que tú decías de ayudar a las parejas. A las parejas se las ayuda recibiéndolas. La cercanía del acompañamiento, el discernimiento, la integración en el cuerpo de la Iglesia. Acoger, acompañar, discernir e integrar. En la comunidad católica se debe ayudar a salvar el matrimonio.
Hay tres palabras de oro en la vida del matrimonio: yo les preguntaría a un matrimonio ¿se quieren bien? Me responderán que sí, y cuando hay alguna cosa que uno hace por el otro, ¿saben decir gracias?. Y si alguno de los dos hace algo mal, ¿saben pedir perdón? Y si quieren llevar adelante un proyecto ¿saben pedir la opinión del otro?. Tres palabras: Puedo, Gracias, Perdón.
Si en el matrimonio se usan estas palabras, puedo, gracias, perdón, el matrimonio caminará bien, irá hacia adelante.
Tú, Irina, has mencionado a un gran enemigo del matrimonio, que es la teoría de género. Hoy hay una guerra mundial para destruir el matrimonio. Hoy no se destruye con las armas, se destruye con las ideas. Hay una colonización ideológica que destruye, hay colonizaciones ideológicas que destruyen. Por tanto, defenderse de las colonizaciones ideológicas. Si hay problemas, hacer la paz lo antes posible, y no olvidar las tres palabras: permiso, gracias y perdón.
Y tú, Kaka, has hablado de una Iglesia abierta, que no se cierra en sí misma, que esté abierta para todos. Una Iglesia madre, porque la Iglesia es así. Hay dos mujeres que Jesús ha querido para todos nosotros. Su madre, y su esposa. Las dos se asemejan: la madre de Jesús, que él ha dejado como madre nuestra; la Iglesia es la esposa de Jesús, y también es nuestra madre. Con la madre Iglesia, con la madre María se puede ir hacia adelante seguro, y ahí encontramos otra vez a la mujer. Parece que el Señor tiene una predilección para llevar adelante la fe con las mujeres. María, la Santa Madre de Dios, la Iglesia, la santa esposa de Dios, nosotros, pecadores, sus hijos. Y la abuela, la madre, que nos han dado la fe. Será María, la Iglesia, la abuela, la madre... las que defiendan la fe. Sus antiguos monjes decían esto, escuchen bien: cuando hay turbulencias espirituales, hay que refugiarse bajo el manto de la santa Madre de Dios. Y María es el modelo de la Iglesia, de la madre, de la mujer. De la mujer, porque la Iglesia es mujer, y María es mujer.
Una última cosa: ¿dónde la tengo? A ver... El problema del ecumenismo. Jamás pelear. Dejemos a los teólogos que estudien las cosas abstractas de la teología. ¿Qué debo hacer yo con un amigo, un vecino, una persona ortodoxa? Ser abierto. Ser amigo. ¿Debo esforzarme por convertirlo? Hay un grave pecado contra el ecumenismo: el proselitismo. Jamás se debe hacer proselitismo con los ortodoxos. ¡Son hermanos y hermanas nuestros, discípulos de Jesucristo! Que por las situaciones históricas tan complejas hemos terminado así. Sean ellos, seamos nosotros, creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, creemos en la Santa Madre de Dios. ¿Qué tengo que hacer? No condenar, no puedo. Amistad, caminar juntos, orar unos por los otros, rezar, y hacer obras de caridad juntos, porque se puede. Esto es el ecumenismo. Pero jamás condenar a un hermano o una hermana, jamás dejar de saludarlo porque es ortodoxo.
Quisiera terminar, también con el pobre Kote... Has dicho que estás orgulloso de convertirte en un sacerdote georgiano. A ti, y a todos vosotros, católicos georgianos, les pido por favor defendernos de la mundanidad. Jesús nos ha hablado tan fuerte contra la mundanidad. En el discurso de la Última Cena, pidió al Padre que nos defendiera de la mundanidad. Pidamos esta gracia todos juntos. Que el Señor nos libre de la mundanidad, y nos haga hombres y mujeres de Iglesia. Firmes en la fe que hemos recibido de la abuela y de la madre. Firmes en la fe que es segura bajo la protección de la Santa Madre de Dios, y así, como estamos, recemos a la santa madre de Dios el Ave María.

Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre»
Él les contestó:
«Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Si, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
Palabra del Señor.