viernes, 29 de julio de 2016

Francisco en Auschwitz: «¡Señor, ten piedad! ¡Perdón por tanta crueldad!» Silencio y oración han marcado la visita del Papa a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau

«Desde lo hondo a ti grito, Señor». El salmo 130 han sido las únicas palabras que, cantadas en hebreo por el rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, y repetidas en polaco por un sacerdote católico, se han escuchado este viernes durante la visita del Papa Francisco a los campos de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau.
El Papa visitó primer Auschwitz I. En silencio, atravesó la verja con el letrero «El trabajo hace libres», y se sentó durante casi un cuarto de hora para rezar entre los edificios del campo, en el lugar donde se hacía el recuento y donde san Maximiliano Kolbe ofreció su vida a cambio de la de otro preso. Hoy hace 75 años, el franciscano conventual se ofreció a intercambiarse por un preso condenado a muerte junto con otros nueve como represalia por la fuga de un compañero.
Después besó el poste de la estructura donde se colgaba a los presos como castigo, y saludó a 11 judíos supervivientes que le esperaban en el patio donde eran ejecutados los presos. Entre ellos, estaba la pianista Helena Dunicsz, que el sábado cumple 101 años y que ha acogido en su casa a peregrinos de la JMJ.
En la celda del hambre
A continuación, como hicieron sus predecesores, ha presentado su homenaje ante el muro de los fusilamientos. En este caso ha sido una lámpara, cuya base de madera imita la verja del campo, erosionada por el tiempo, que representa el poder que asume la supremacía sobre el hombre y la naturaleza. Entre estas ruinas, surgen la fauna y la fauna, símbolo de la redención de la historia realizada por Cristo. Por último, la lámpara tiene un Sagrado Corazón de Jesús en el que arde el fuego de la caridad.
Otro de los momentos clave de la visita han sido los diez minutos de oración en la celda del hambre, donde san Maximiliano Kolbe pasó sus últimos días, confortando a los otros nueve presos condenados a muerte por él. A la salida de la celda, ha firmado en español en el libro de honor del campo: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!»
Después, la comitiva papal recorrió en coche los tres kilómetros que los separaban de Auschwitz II-Birkenau, donde le esperaban un millar de personas, entre ellos otros supervivientes ¬–presos políticos– y 25 justos de las naciones, personas que ayudaron a los judíos. pasó sus últimos días, confortando a los otros nueve presos condenados a muerte por él. A la salida de la celda, ha firmado en español en el libro de honor del campo: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!»
Justos entre las naciones
Después, la comitiva papal recorrió en coche los tres kilómetros que los separaban de Auschwitz II-Birkenau, donde le esperaban un millar de personas, entre ellos otros supervivientes ¬–presos políticos– y 25 justos de las naciones, personas que ayudaron a los judíos.
Después del rezo del salmo 130, el Santo Padre ha rezado y colocado una vela al lado de las lápidas que conmemoran el Holocausto en los idiomas de los 23 países de los que eran los prisioneros del campo. Luego ha saludado uno a uno a los 25 justos entre las naciones.
Entre ellos, estaba también Janina Kierstan, madre general de las hermanas franciscanas, en memoria de sor Matylda Getter, que salvó a 500 niños y 250 ancianos del gueto de Varosvia; y el sacerdote Stanislaw Ruszala, de Markowa, en recuerdo del matrimonio de Józef y Wiktoria Ulma, que junto con sus siete hijos fueron asesinados por los nazis por ayudar a judíos. Su causa de canonización se abrió en 2003.
María Martínez López
Alfa y Omega

Marta de Betania, Santa


Marta   es mencionada solamente en dos evangelios: el   de Lucas   ( Lc   10,38-42 ), y el   de Juan   ( Jn   11,1-5 ).


Etimoligía:   Marta = ama de casa, señorial, atractiva. Viene de la lengua hebrea. 

Marta es hermana de María y de Lázaro y vivía en Betania, pequeña población distante unos cuatro kilómetros de Jerusalén, en las cercanías del Monte de los Olivos.

Jesús Nuestro Señor vivía en Galilea pero cuando visitaba Jerusalén acostumbraba hospedarse en la casa de estos tres discípulos en Betania, que, tal vez, habían cambiado también su morada de Galilea por la de Judea. Marta se esforzó en servirle lo mejor que pudo y, más tarde, con sus oraciones impetró la resurrección de su hermano.. 

Lucas, capítulo 10
Yendo de camino, entró Jesús en una aldea. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 
Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras; Marta se afanaba en múltiples servicios. Hasta que se paró y dijo: ---Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en esta tarea? Dile que me ayude. 
El Señor le replicó: ---Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán


Así, en la vida de la Iglesia, en los primeros pasos que da, se refleja, en cierta manera, lo que había acontecido durante la vida pública de Jesús, en casa de Marta y María, en Betania. Marta andaba muy afanada con el servicio de la hospitalidad que se debía ofrecer a Jesús y a sus discípulos; María, en cambio, se dedica a la escucha de la Palabra del Señor (cf.   Lc   10, 38-42).

En ambos casos, no se contraponen los momentos de la oración y de la escucha de Dios con la actividad diaria, con el ejercicio de la caridad. La amonestación de Jesús: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» ( Lc   10, 41-42), así como la reflexión de los Apóstoles: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra» ( Hch   6, 4), muestran la prioridad que debemos dar a Dios. No quiero entrar ahora en la interpretación de este pasaje de Marta y María. En cualquier caso, no se debe condenar la actividad en favor del prójimo, de los demás, sino que se debe subrayar que debe estar penetrada interiormente 

también por el espíritu de la contemplación. Por otra parte, san Agustín dice que esta realidad de María es una visión de nuestra situación en el cielo; por tanto, en la tierra nunca podemos tenerla completamente, sino sólo debe estar presente como anticipación en toda nuestra actividad. Debe estar presente también la contemplación de Dios. 


No debemos perdernos en el activismo puro, sino siempre también dejarnos penetrar en nuestra actividad por la luz de la Palabra de Dios y así aprender la verdadera caridad, el verdadero servicio al otro, que no tiene necesidad de muchas cosas —ciertamente, le hacen falta las cosas necesarias—, sino que tiene necesidad sobre todo del afecto de nuestro corazón, de la luz de Dios.

San Ambrosio, comentando el episodio de Marta y María, exhorta así a sus fieles y también a nosotros: «Tratemos, por tanto, de tener también nosotros lo que no se nos puede quitar, prestando a la Palabra del Señor una atención diligente, no distraída: sucede a veces que las semillas de la Palabra celestial, si se las siembra en el camino, desaparecen. Que te estimule también a ti, como a María, el deseo de saber: esta es la obra más grande, la más perfecta» . Y añade que«ni siquiera la solicitud del ministerio debe distraer del conocimiento de la Palabra celestial», de la oración ( Expositio Evangelii secundum Lucam , VII, 85: pl 15, 1720). Los santos, por lo tanto, han experimentado una profunda unidad de vida entre oración y acción, entre el amor total a Dios y el amor a los hermanos. 

San Bernando, que es un modelo de armonía entre contemplación y laboriosidad, en el libro   De consideratione , dirigido al Papa Inocencio II para hacerle algunas reflexiones sobre su ministerio, insiste precisamente en la importancia del recogimiento interior, de la oración para defenderse de los peligros de una actividad excesiva, cualquiera que sea la condición en que se encuentre y la tarea que esté realizando. San Bernardo afirma que demasiadas ocupaciones, una vida frenética, a menudo acaban por endurecer el corazón y hacer sufrir el espíritu 


( BENEDICTO XVI . Miércoles 25 de abril de 2012 )

Viaje apostólico a Polonia: Visita a Auschwitz

“La misericordia tiene rostro joven”, el Papa en la ceremonia de bienvenida

En la explanada del Parque Jordán en Cracovia tuvo lugar la Ceremonia de Bienvenida de los jóvenes en medio de un clima festivo y coloreado con banderas provenientes del mundo entero.
Entre los cantos y la alegría de los jóvenes, el evento tuvo su momento culmen con la llegada y el encuentro con el Papa Francisco. Contó con músicas y danzas típicas del lugar que expresban la acogida del pueblo polaco a los jóvenes de todo el mundo, y con el desfile de grupos de jóvenes que presentaban al Papa las banderas de los diversos continentes y las fotografías de los santos "Testigos de Misericordia": San Vicente de Paúl por Europa, la beata Madre Teresa de Calcuta por Asia,  Santa María MacKillop (también llamada Santa María de la Cruz), por Australia y Oceanía, Santa Josefina Bakhita por África, San Damián de Molokai por América del Norte y la Beata Maria Rita Lopes Pontes de Sousa Brito, llamada hermana Dulce por América del Sur.
"Es Jesús quien nos ha convocado a esta 31 Jornada Mundial de la Juventud; y es Jesús quien nos dice ‘Felices los misericordiosos, porque encontrarán misericordia’" (Mt 5,7) les dijo el Papa a los jóvenes, después de haber agradecido a  todos por la calurosa acogida.  En las palabras que les dirigió, el pontífice les hizo presente que es "un regalo del cielo" poder ver que, con sus cuestionamientos, los jóvenes buscan hacer que las cosas sean diferentes, y afirmó además que la Iglesia hoy los mira y quiere aprender de ellos, para renovar su confianza en que la Misericordia del Padre tiene rostro siempre joven y no deja de invitar a todos a ser parte de su Reino.  
La misericordia siempre tiene rostro joven, porque un corazón misericordioso se anima a salir de su comodidad, sabe ir al encuentro de los demás y logra abrazar a todos, explicó el Papa Francisco, y confesó asimismo el dolor que le genera encontrar a jóvenes que parecen haberse "jubilado antes de tiempo", o a los que dejan la vida buscando el "vértigo" por caminos oscuros, detrás de falsos vendedores de ilusiones.
"¿Quieren para sus vidas ese vértigo alienante o quieren sentir esa fuerza que los haga sentirse vivos, plenos?", les preguntó el Pastor y Guía de la Iglesia Universal, quien dio a los jóvenes un mensaje muy claro: "para ser plenos, para tener fuerza renovada, hay una respuesta: no es una cosa, no es un objeto, es una Persona y está viva, y se llama Jesucristo". "Jesucristo es quien sabe darle verdadera pasión a la vida, Jesucristo es quien nos mueve a no conformarnos con poco y a dar lo mejor de nosotros mismos; es Jesucristo quien nos cuestiona, nos invita y nos ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. Es Jesucristo quien nos impulsa a levantar la mirada y a soñar alto". A continuación, las palabras del Papa: 
(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios




Evangelio según San Juan 11,19-27. 

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. 

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. 

Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 

Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas". 

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". 

Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día". 

Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?". 

Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo". 

jueves, 28 de julio de 2016

Ceremonia de acogida de los jóvenes que participan en la Jornada Mundial de la Juventud. Se celebra en el Parque Jordan, en Błonia, Cracovia.

Papa: pequeño, cercano concreto, hilo divino y mariano en la historia polaca y humana


Las lecturas de esta liturgia muestran un hilo divino, que pasa por la historia humana y teje la historia de la salvación.
El apóstol Pablo nos habla del gran diseño de Dios: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Ga 4,4). Sin embargo, la historia nos dice que cuando llegó esta «plenitud del tiempo», cuando Dios se hizo hombre, la humanidad no estaba tan bien preparada, y ni siquiera había un período de estabilidad y de paz: no había una «edad de oro». Por lo tanto, la escena de este mundo no ha merecido la venida de Dios, más bien, «los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11). La plenitud del tiempo ha sido un don de gracia: Dios ha llenado nuestro tiempo con la abundancia de su misericordia, por puro amor ¡por puro amor!  ha inaugurado la plenitud del tiempo.
Sorprende sobre todo cómo se realiza la venida de Dios en la historia: «nacido de mujer». Ningún ingreso triunfal, ninguna manifestación grandiosa del Omnipotente: él no se muestra como un sol deslumbrante, sino que entra en el mundo en el modo más sencillo, como un niño dado a luz por su madre, con ese estilo del que nos habla la Escritura: como la lluvia cae sobre la tierra (cf. Is 55,10), como la más pequeña de las semillas que brota y crece (cf. Mc 4,31-32). Así, contrariamente a lo que cabría esperar y quizás desearíamos, el Reino de Dios, ahora como entonces, «no viene con ostentación» (Lc 17,20), sino en la pequeñez, en la humildad.
El Evangelio de hoy retoma este hilo divino que atraviesa delicadamente la historia: desde la plenitud del tiempo pasamos al «tercer día» del ministerio de Jesús (cf. Jn 2,1) y al anuncio del «ahora» de la salvación (cf. v. 4). El tiempo se contrae, y la manifestación de Dios acontece siempre en la pequeñez. Así sucede en «el primero de los signos cumplidos por Jesús» (v. 11) en Caná de Galilea. No ha sido un gesto asombroso realizado ante la multitud, ni siquiera una intervención que resuelve una cuestión política apremiante, como el sometimiento del pueblo al dominio romano. Se produce más bien un milagro sencillo en un pequeño pueblo, que alegra las nupcias de una joven familia, totalmente anónima. Sin embargo, el agua trasformada en vino en la fiesta de la boda es un gran signo, porque nos revela el rostro esponsalicio de Dios, de un Dios que se sienta a la mesa con nosotros, que sueña y establece comunión con nosotros. Nos dice que el Señor no mantiene las distancias, sino que es cercano y concreto, que está en medio de nosotros y cuida de nosotros, sin decidir por nosotros y sin ocuparse de cuestiones de poder. Prefiere instalarse en lo pequeño, al contrario del hombre, que tiende a querer algo cada vez más grande. Ser atraídos por el poder, por la grandeza y por la visibilidad es algo trágicamente humano, y es una gran tentación que busca infiltrarse por doquier; en cambio, donarse a los demás, cancelando distancias, viviendo en la pequeñez y colmando concretamente la cotidianidad, esto es exquisitamente divino.
Dios nos salva haciéndose pequeño, cercano y concreto. Ante todo, Dios se hace pequeño. El Señor, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), prefiere a los pequeños, a los que se ha revelado el Reino de Dios (Mt 11,25); estos son grandes ante sus ojos, y a ellos dirige su mirada (cf. Is 66,2). Los prefiere porque se oponen a la «soberbia de la vida», que procede del mundo (cf. 1 Jn 2,16). Los pequeños hablan su mismo idioma: el amor humilde que hace libres. Por eso llama a personas sencillas y disponibles para ser sus portavoces, y les confía la revelación de su nombre y los secretos de su corazón. Pensemos en tantos hijos e hijas de vuestro pueblo: en los mártires, que han hecho resplandecer la fuerza inerme del Evangelio; en las personas sencillas y también extraordinarias que han sabido dar testimonio del amor del Señor en medio de grandes pruebas; en los anunciadores mansos y fuertes de la misericordia, como san Juan Pablo II y santa Faustina. A través de estos «canales» de su amor, el Señor ha hecho llegar dones inestimables a toda la Iglesia y a toda la humanidad. Y es significativo que este aniversario del Bautismo de vuestro pueblo coincida precisamente con el Jubileo de la Misericordia.
Además, Dios es cercano, su Reino está cerca (cf. Mc 1,15): el Señor no desea que lo teman como a un soberano poderoso y distante, no quiere quedarse en un trono en el cielo o en los libros de historia, sino que quiere sumirse en nuestros avatares de cada día para caminar con nosotros. Pensando en el don de un milenio abundante de fe, es bello sobre todo agradecer a Dios, que ha caminado con vuestro pueblo, llevándolo de la mano – como un papá con su niño - y acompañándolo en tantas situaciones. Es lo que siempre estamos llamados a hacer, también como Iglesia: escuchar, comprometernos y hacernos cercanos, compartiendo las alegrías y las fatigas de la gente, de manera que se transmita el Evangelio de la manera más coherente y que produce mayor fruto: por irradiación positiva, a través de la transparencia de vida.
Por último, Dios es concreto. De las Lecturas de hoy se desprende que todo es concreto en el actuar de Dios: la Sabiduría divina «obra como artífice» y «juega» con el mundo (cf. Pr 8,30); el Verbo se hace carne, nace de una madre, nace bajo la ley (cf. Ga 4,4), tiene amigos y participa en una fiesta: el eterno se comunica pasando el tiempo con personas y en situaciones concretas. También vuestra historia, impregnada de Evangelio, cruz y fidelidad a la Iglesia, ha visto el contagio positivo de una fe genuina, trasmitida de familia en familia, de padre a hijo, y sobre todo de las madres y de las abuelas, a quienes hay mucho que agradecer. De modo particular, habéis podido experimentar en carne propia la ternura concreta y providente de la Madre de todos, a quien he venido aquí a venerar como peregrino, y a quien hemos saludado en el Salmo como «honor de nuestro pueblo» (Jdt 15,9).
Aquí reunidos, volvemos los ojos a ella. En María encontramos la plena correlación con el Señor: al hilo divino se entrelaza así en la historia un «hilo mariano». Si hay alguna gloria humana, algún mérito nuestro en la plenitud del tiempo, es ella: es ella ese espacio, preservado del mal, en el cual Dios se ha reflejado; es ella la escala que Dios ha recorrido para bajar hasta nosotros y hacerse cercano y concreto; es ella el signo más claro de la plenitud de los tiempos.
En la vida de María admiramos esta pequeñez amada por Dios, que «ha mirado la sencillez de su esclava» y «enaltece a los humildes» (Lc 1,48.52). Él se complació tanto de María, que se dejó tejer la carne por ella, de modo que la Virgen se convirtió en Madre de Dios, como proclama un himno muy antiguo, que cantáis desde hace siglos. Que ella os siga indicando la vía a vosotros, que de modo ininterrumpido os dirigís a ella, viniendo a esta capital espiritual del país, y os ayude a tejer en la vida la trama humilde y sencilla del Evangelio.
En Caná, como aquí en Jasna Góra, María nos ofrece su cercanía, y nos ayuda a descubrir lo que falta a la plenitud de la vida. Ahora como entonces, lo hace con cuidado de Madre, con la presencia y el buen consejo; enseñándonos a evitar decisionismos y murmuraciones en nuestras comunidades. Como Madre de familia, nos quiere proteger a todos juntos, a todos juntos. En su camino, vuestro pueblo ha superado en la unidad muchos momentos duros. Que la Madre, firme al pie de la cruz y perseverante en la oración con los discípulos en espera del Espíritu Santo, infunda el deseo de ir más allá de los errores y las heridas del pasado, y de crear comunión con todos, sin ceder jamás a la tentación de aislarse e imponerse.
La Virgen demostró en Caná mucha concreción: es una Madre que toma en serio los problemas e interviene, que sabe detectar los momentos difíciles y solventarlos con discreción, eficacia y determinación. No es dueña ni protagonista, sino Madre y sierva. Pidamos la gracia de hacer nuestra su sencillez, su fantasía en servir al necesitado, la belleza de dar la vida por los demás, sin preferencias ni distinciones. Que ella, causa de nuestra alegría, que lleva la paz en medio de la abundancia del pecado y de los sobresaltos de la historia, nos alcance la sobreabundancia del Espíritu, para ser siervos buenos y fieles.
Que, por su intercesión, la plenitud del tiempo nos renueve también a nosotros. De poco sirve el paso entre el antes y el después de Cristo, si permanece sólo como una fecha en los anales de la historia. Que pueda cumplirse, para todos y para cada uno, un paso interior, una Pascua del corazón hacia el estilo divino encarnado por María: obrar en la pequeñez y acompañar de cerca, con corazón sencillo y abierto.
(from Vatican Radio)


El papa Francisco en Polonia. Santa Misa en Jasna Gora

Francisco emociona a los jóvenes polacos al asomarse desde el balcón "Ahora los despido. Ustedes hagan su deber, que es hacer lío toda la noche"


"Ahora los despido. Ustedes hagan su deber, que es hacer lío toda la noche". Manteniendo una tradición inaugurada por san Juan Pablo II, el Papa Francisco se ha asomado la noche del miércoles al balcón del palacio arzobispal de Cracovia para saludar a una multitud de jóvenes bulliciosos y entusiastas de verle.
Pero Francisco les ha sorprendido pidiéndoles silencio y adelantándoles que les hablaría de un tema serio. Sus palabras fueron unhomenaje a Maciej Szymon Cieśla el diseñador de 22 años «que se presentó voluntario a la JMJ y ha realizado los logotipos, las mochilas, y las imágenes de los patronos», san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska, que se ven por toda la ciudad.
El Papa les ha contado que «el pasado mes de noviembre le diagnosticaron un cáncer, y los médicos no pudieron salvarle la vida, ni siquiera mediante la amputación de una pierna».
Los chicos y chicas escuchaban en silencio.Muchos no sabían que ese muchacho, artísticamente genial, apenas era creyente pero se acercó a la Jornada Mundial de la Juventud con la esperanza de revitalizar su fe.
Francisco les dijo que Maciej quería vivir, «y tenía puesto reservado en el tranvía en que iremos el jueves al encuentro con los jóvenes».
Era un tema inesperado, que obligaba a meditar. El Papa les dijo que no lo mencionaba «para arruinar la noche» sino por otro motivo: «tenemos que acostumbrarnos a las cosas bonitas y a las feas. La vida es así».
Después de rezar todos juntos, Francisco desató de nuevo el entusiasmo asegurándoles que este muchacho, fallecido el pasado 2 de julio, «está ya con Jesús, y nos está mirando a todos nosotros. ¡Un aplauso para él!».
Les dijo también que era lógico que celebrasen ruidosamente por la noche «para mostrar vuestra alegría cristiana, la alegría de los jóvenes cristianos».
El consejo era innecesario. En cualquier calle de Cracovia se encuentran grupos de chicos y chicas que sonríen, cantan y bailan a la menor oportunidad. Da la impresión de que esta ciudad es la «capital mundial de la alegría».
(RD/Agencias)

Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran


Evangelio según San Mateo 13,47-53. 

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 

Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 

¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. 

Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo". 

Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

miércoles, 27 de julio de 2016

El Papa invita al presidente polaco a "recibir a los que huyen de la guerra y el hambre"


No esperó ni un minuto. En su primer discurso, el Papa Francisco lanzó un misil a la línea de flotación del ultraconservador gobierno polaco. Ante las autoridades políticas, la sociedad civil y el cuerpo diplomático de Polonia, Bergoglio pidió al Ejecutivo "disponibilidad para recibir a los que huyen de la guerra y el hambre", para así "dar testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos" de los que presume, no sin razón, la nación polaca.
Hay que recordar que Polonia es uno de los países que se han opuesto con mayor crudeza a la acogida de los refugiados que huyen del Estado islámico. "Hace falta disponibilidad para recibir a los que huyen de la guerra y el hambre, y solidaridad con aquellos que sufren en sus derechos, incluidos los que tienen problemas para profesar su fe", añadió el Papa, quien abogó por generar "sinergias internacionales" para "encontrar soluciones a los conflictos y las guerrasque obligan a las personas a abandonar su hogar".
El camino del Papa desde el aeropuerto a su encuentro con las autoridades polacas está marcado por tres claves: la lluvia, el afecto de la multitud, y la seguridad. Hasta ocho motoristas abren la comitiva papal, cuyo automóvil está rodeado por media docena de furgonetas con policías y militares armados hasta los dientes. Nunca se había visto un servicio de seguridad tan obvio: Polonia se ha tomado en serio las amenazas.
El camino transcurre por largas avenidas, y cada cincuenta metros policías de a pie contienen a la multitud. Jóvenes de todos los rincones de la tierra han abandonado por unas horas el Campo de la Misericordia (sede de la JMJ) para, uniformados con sus banderas y chubasqueros, dar a Francisco la más cálida acogida. Jóvenes españoles, mexicanos, turcos, estadounidenses, rusos, brasileños, panameños (Francisco anunciará este sábado que Panamá será la sede de la próxima JMJ de 2019) acompañan al Papa en su camino hasta el castillo de Wawel, donde Bergoglio mantuvo un encuentro con el cuerpo diplomático y las autoridades, antes de una breve visita de cortesía al presidente Duda.


 Duda y su esposa esperaban a las puertas de la empalizada al Papa. Dzwisz, en un discreto segundo plano, acompañaba varios pasos por detrás a Bergoglio. En su discurso, el presidente polaco calificó de "honor poderle dar la bienvenida" al país. "Le doy la bienvenida a la tierra polaca en Cracovia". "La JMJ será un gran banquete espiritual", subrayó Duda, quien recordó la memoria de Karol Wojtyla, que "fue a Roma para servir como un líder espiritual a toda la Iglesia universal". Duda reivindicó a san Juan Pablo II como el creador, desde Cracovia, de las jornadas mundiales de la juventud, y su papel en el fin del comunismo. "Mirando lo que sucede ahora, también hoy necesitamos renovar la faz de la Tierra", concluyó.
En su discurso, el Papa agradeció la recepción de las autoridades civiles, educativas y políticas del país, y recordó que "es la primera vez que visito Europa central, y he querido iniciarlo por Polonia, tierra del inolvidable san Juan Pablo II".
"A él le gustaba hablar de una Europa que respiraba por dos pulmones", subrayó Bergoglio, quien reclamó las "raíces sólidas" del Cristianismo entre los polacos, quienes "libres de complejos de superioridad", pueden trabajar por una nueva sociedad "sobre la base de su patrimonio humano, político y religioso", manteniendo la tradición pero con la mirada abierta al futuro.
Tras recordar el 1050 aniversario de la cristianización del país, el Papa clamó por el "respeto de la identidad propia y de los demás", pues "no puede haber diálogo si cada uno no parte de su identidad" y sabe diferenciar entre los dos tipos de memoria: la buena y la negativa, "que está fijada obsesivamente en el mal, sobre todo en el cometido por otros".
En este punto, el Papa reivindicó "el perdón ofrecido y recibido entre el episcopado polaco y el alemán, a los 50 años de la Guerra Mundial", o la declaración conjunta entre los católicos polacos y la Iglesia Ortodoxa de Moscú, "un proceso de fraternidad, no sólo entre las dos iglesias, sino también entre los dos pueblos".
Con esta intención, y sabiendo que "todo está implicado: la economía, el medio ambiente y el modo de gestionar el complejo fenómeno de la migración, que requiere un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mejor bien posible", el Papa reclamó esa "disponibilidad" para acoger a los refugiados y para trabajar "por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos".
"Invito a la nación placa a mirar con esperanza el futuro, y los retos que ha de afrontar", en una "actitud de respeto y de diálogo constructivo", para crear las mejores condiciones para el presente y el futuro, señaló el Papa, quien defendió que "la vida siempre ha de ser acogida y protegida, ambas cosas juntas, desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla".
"Es nuestra responsabilidad acompañar y ayudar concretamente, quien quiera que se encuentre en capacidad de dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a los más pobres", concluyó el Papa, antes de reunirse en privado con el presidente polaco en lo que se presume un encuentro no exento de tensión. Y es que a Francisco no se le puede echar en cara que no diga las cosas como las piensa.
 Jesús Bastante

Francisco, en el vuelo a Polonia: "Estamos en guerra, pero no hablo de guerra de religión"



El Papa Francisco ya está en Polonia. Pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, el vuelo de AirItalia aterrizó en el aeropuerto "San Juan Pablo II" de Cracovia, donde le esperaban el presidente de Polonia, Andrzej Duda, su esposa, y el cardenal Dziwisz, así como dos niños que le hicieron entrega de un ramo de flores. El Papa estaba relajado, seguramente porque antes, en el breve saludo a periodistas en el avión, habló, y fue rotundo: "Estamos en guerra, una guerra en serio y no hablo de guerra de religión. Todas las religiones queremos la paz".
Con el recuerdo del asesinato del sacerdote francés Jacques Hamel, Bergoglio apuntó que "la palabra que se repite es seguridad, pero la verdadera palabra es guerra". El Papa recordó que "desde hace tiempo que decimos que el mundo está en una guerra de a pedazos". Evocó las dos primeras Guerras Mundiales, "con sus métodos", y destacó que la guerra actual "quizás no es tanto orgánica, sí organizada, pero es guerra".
"Éste santo sacerdote murió justo en el momento en el que se recogía en las oraciones por la Iglesia", subrayó el Pontífice, quien también recordó a "cuántos cristianos, cuántos inocentes, cuántos niños! Pensemos en Nigeria, por ejemplo... Ah, pero éso es África". Aquí, en Cracovia, las medidas de seguridad son impresionantes, y el Papa ha sido casi introducido en un coche negro, rodeado de patrullas policiales.
"Es guerra, no tengamos miedo de decir esta verdad, el mundo está en guerra porque ha perdido la paz", agregó. Sobre la JMJ, Francisco mostró su esperanza en que los jóvenes "nos digan algo que nos dé un poco de esperanza en este momento".
"Hay guerra por intereses, hay guerra por el dinero, hay guerra por los recursos de la naturaleza, hay guerra por el dominio de los pueblos, esto es la guerra", concluyó el Papa. "Alguien puede pensar que estoy hablando de guerra de religiones. No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Entendido?", insistió.
 Antes de partir para Cracovia, Francisco se dirigió a la Basílica de San Pedro, en donde se detuvo a orar en la tumba de San Juan Pablo II. Sucesivamente, el Pontífice saludó a ungrupo de niños enfermos con sus familias, acompañados por los miembros de la Asociación Peter Pan.
Asimismo, al salir de la residencia Santa Marta en el Vaticano, a las 13.30 horas, para emprender su viaje hacia Cracovia, el obispo de Roma recibió el saludo de quince jóvenes refugiados, nueve chicos y seis chicas, de diversas nacionalidades, llegados desde hace poco tiempo a Italia y aun sin documentos que les permitan ir al extranjero.
Comienza un viaje que se promete totalmente nuevo a lo que se preveía. El asesinato del sacerdote y la obsesión por la seguridad marcarán, a buen seguro, una jornada que debía estar marcada por la esperanza y la alegría. Veremos cómo este Papa logra, si puede, darle la vuelta. Una vez más.
Religión digital

A la luz de los principios cristianos que la han inspirado, Polonia sepa avanzar en su camino, deseo del Papa a las Autoridades

Señor Presidente,
Distinguidas autoridades,
Miembros del Cuerpo Diplomático,
Rectores Magníficos,
Señoras y señores
Saludo con deferencia al Señor Presidente y le agradezco la generosa acogida y sus amables palabras. Me es grato saludar a los distinguidos miembros del Gobierno y del Parlamento, a los Rectores universitarios, a las autoridades regionales y municipales, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático y demás autoridades presentes. Es la primera vez que visito la Europa centro-oriental y me alegra comenzar por Polonia, que ha tenido entre sus hijos al inolvidable san Juan Pablo II, creador y promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A él le gustaba hablar de una Europa que respira con dos pulmones: el sueño de un nuevo humanismo europeo está animado por el aliento creativo y armonioso de estos dos pulmones y por la civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo.
El pueblo polaco se caracteriza por la memoria. Siempre me ha impresionado el agudo sentido de la historia del Papa Juan Pablo II. Cuando hablaba de los pueblos, partía de su historia para resaltar sus tesoros de humanidad y espiritualidad. La conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, es esencial para organizar una comunidad nacional basada en su patrimonio humano, social, político, económico y religioso, para inspirar a la sociedad y la cultura, manteniéndolas fiel a la tradición y, al mismo tiempo, abiertas a la renovación y al futuro. En esta perspectiva, han celebrado recientemente el 1050 aniversario del Bautismo de Polonia. Ha sido ciertamente un momento intenso de unidad nacional, confirmando cómo la concordia, aun en la diversidad de opiniones, es el camino seguro para lograr el bien común de todo el pueblo polaco.
También la cooperación fructífera en el ámbito internacional y la consideración recíproca maduran mediante la toma de conciencia y el respeto de la identidad propia y de los demás. No puede haber diálogo si cada uno no parte de su propia identidad. En la vida cotidiana de cada persona, como en la de cada sociedad, hay, sin embargo, dos tipos de memoria: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros. Al mirar su historia reciente, doy gracias a Dios porque han sabido hacer prevalecer la memoria buena: por ejemplo, celebrando los 50 años del perdón ofrecido y recibido recíprocamente entre el episcopado polaco y el alemán tras la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa, que implicó inicialmente a las comunidades eclesiales, desencadenó también un proceso social, político, cultural y religioso irreversible, cambiando la historia de las relaciones entre los dos pueblos. En este sentido, recordemos también la Declaración conjunta entre la Iglesia Católica en Polonia y la ortodoxa de Moscú: un gesto que dio inicio a un proceso de acercamiento y hermandad, no sólo entre las dos Iglesias, sino también entre los dos pueblos.
La noble nación polaca muestra así cómo se puede hacer crecer la memoria buena y dejar de lado la mala. Para esto se requiere una firme esperanza y confianza en Aquel que guía los destinos de los pueblos, abre las puertas cerradas, convierte las dificultades en oportunidades y crea nuevos escenarios allí donde parecía imposible. Lo atestiguan precisamente las vicisitudes históricas de Polonia: después de la tormenta y de la oscuridad, su pueblo, recobrada ya su dignidad, ha podido cantar, como los israelitas al regresar de Babilonia: «Nos parecía soñar: [...] Nuestra boca se llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 126,1-2). El ser conscientes del camino recorrido, y la alegría por las metas logradas, dan fuerza y serenidad para afrontar los retos del momento, que requieren el valor de la verdad y un constante compromiso ético, para que los procesos decisionales y operativos, así como las relaciones humanas, sean siempre respetuosos de la dignidad de la persona. Todas las actividades están implicadas: la economía, la relación con el medio ambiente y el modo mismo de gestionar el complejo fenómeno de la emigración.
Esto último requiere un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mayor bien posible. Se han de identificar las causas de la emigración en Polonia, dando facilidades a los que desean regresar. Al mismo tiempo, hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe. También se deben solicitar colaboraciones y sinergias internacionales para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria. Se trata, pues, de hacer todo lo posible por aliviar sus sufrimientos, sin cansarse de trabajar con inteligencia y continuidad por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos.
A la luz de su historia milenaria, invito a la nación polaca a mirar con esperanza hacia el futuro y a las cuestiones que ha de afrontar. Esta actitud favorece un clima de respeto entre todos los componentes de la sociedad, y un diálogo constructivo entre las diferentes posiciones; además, crea mejores condiciones para un crecimiento civil, económico e incluso demográfico, fomentando la confianza de ofrecer una buena vida a sus hijos. En efecto, ellos no sólo deberán afrontar problemas, sino que disfrutarán de la belleza de la creación, del bien que podamos hacer y difundir, de la esperanza que sepamos infundirles. De este modo, serán aún más eficaces las políticas sociales en favor de la familia, el primer y fundamental núcleo de la sociedad, para apoyar a las más débiles y las más pobres, y ayudarlas en la acogida responsable de la vida. La vida siempre ha de ser acogida y protegida —ambas cosas juntas: acogida y protegida— desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla. Por otro lado, es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad acompañar  y ayudar concretamente quienquiera que se encuentre en situación de grave dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a las personas más vulnerables y más pobres.
Señor Presidente, la nación polaca puede contar, como ha ocurrido a lo largo de su dilatada historia, con la colaboración de la Iglesia Católica, para que, a la luz de los principios cristianos que han inspirado y forjado la historia y la identidad de Polonia, sepa avanzar en su camino en las nuevas condiciones históricas, fiel a sus mejores tradiciones y llenos de confianza y esperanza, incluso en los momentos más difíciles.
Le renuevo mi agradecimiento y expreso, a usted y a todos los presentes, mis mejores deseos de un sereno y provechoso servicio al bien común.
Que Nuestra Señora de Częstochowa bendiga y proteja a Polonia.
(Raúl Cabrera -Radio Vaticano)

Comentario del Papa Francisco al Evangelio según San Mateo 13,44-46.


Queridos hermanos y hermanas, 
Las breves semejanzas propuestas por la liturgia de hoy... nos dicen que el descubrimiento del reino de Dios puede llegar improvisamente como sucedió al campesino, que arando encontró el tesoro inesperado; o bien después de una larga búsqueda, como ocurrió al comerciante de perlas, que al final encontró la perla preciosísima que soñaba desde hacía tiempo. 

Pero en ambos casos, el dato primario es que el tesoro y la perla valen más que todos los demás bienes, y, por lo tanto, el campesino y el comerciante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder adquirirlos. 

No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar en ello, de reflexionar: inmediatamente se dan cuenta del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

Así sucede con el reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, lo que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡este es el gran tesoro!

Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, quedaron tan conmovidos por Jesús que se convirtieron a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano «al agua de rosas». Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. 

El Evangelio te permite conocer al verdadero Jesús, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí lo dejas todo. Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte. 

Leer el Evangelio... Cada día leer un pasaje del Evangelio; y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera, al alcance de la mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús. 

Todo adquiere sentido allí, en el Evangelio, donde encuentras este tesoro, que Jesús llama «el reino de Dios», es decir, Dios que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. 

Esto es lo que Dios quiere, y esto es por lo que Jesús entregó su vida hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y llevarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús y tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo. 

Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede mantener oculta su fe, porque se transparenta en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más sencillos y cotidianos: se trasluce el amor que Dios nos ha donado a través de Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y a todo el mundo su reino de amor, justicia y paz.
(Del Ángelus del Papa Francisco el 27 de julio de 2014)

EL REINO DE LOS CIELOS ES EL MAYOR TESORO




Evangelio según San Mateo 13,44-46. 

Jesús dijo a la multitud:

"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. 

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."