sábado, 14 de mayo de 2016

Papa: con la Madre de Jesús, en la víspera de Pentecostés

En la audiencia general  de los sábados del Jubileo de la Misericordia, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco invitó a contemplar el modelo de la Virgen María, icono de la piedad, aprendiendo de la Madre de Dios a amar al Señor y al prójimo.  En sus exhortaciones a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo -  que a pesar de la intensa lluvia, acudieron a la cita jubilar, en la Plaza de San Pedro -  el Obispo de Roma hizo hincapié en la importantke y tierna presencia materna de la Virgen, en nuestras vidas, así como fue en Cenáculo, con los ruegos de María implorando que el don del Espíritu Santo Consolador abra e ilumine nuestros corazones:«A través de la  intercesión de la Virgen María, estamos invitados, en la víspera de Pentecostés a sacudir nuestra indiferencia, que a veces nos impide ver las necesidades de nuestros hermanos y liberarnos de la esclavitud de los bienes materiales.En esta víspera de Pentecostés, queremos unirnos espiritualmente con la Virgen María y los apóstoles reunidos en oración en espera del Espíritu Santo. El Paráclito nos ayude a crecer en la fe y en la caridad para ser testimonios de la verdadera piedad.Mañana celebraremos la Solemnidad de Pentecostés. Pidamos al Espíritu Santo que llene nuestros corazones. Abrámoslos a su acción. San Pablo nos recuerda que es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefables. Pidámosle que sostenga nuestra oración y nuestras acciones, que las ilumine con su luz, que las haga conformes a la voluntad de Dios».El mes mariano y el Rosario, no podían faltar en las palabras del Papa«Este mes de María nos invita a multiplicar cotidianamente los actos de devoción e imitación de la Madre de Dios. ¡Recen el Rosario cada día! ¡Dejen que la Virgen Madre posea su corazón, encomendándole lo que son y tienen! Y Dios será todo en todos»En su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco recordó que la audiencia general coincidió con la memoria litúrgica de San Matías -  que completó el número doce de los Apóstoles, después de la Ascensión del Señor, cuando los mismos junto con María y varios discípulos, se dedicaron a la oración y a esperar la venida del Espíritu Santo:«Hoy es la fiesta de San Matías, el último apóstol que entró entre los Doce. Que su vigor espiritual estimule en ustedes, queridos jóvenes - en especial a los alumnos del Sagrado Corazón y Pablo VI de Roma – a ser coherentes con su fe. Que su entrega a Cristo Resucitado los sostenga a ustedes, queridos enfermos, en los momentos de mayor dificultad. Que su dedición misionera les recuerde a ustedes, queridos recién casados, que el amor  es el cimiento insustituible de la familia»(CdM – RV)(from Vatican Radio)

ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO


Evangelio según San Juan 15,9-17. 

Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

viernes, 13 de mayo de 2016

Dramático llamamiento de Patriarca católico a sacerdotes que abandonaron Irak

El Patriarca Caldeo de Bagdad (Irak), monseñor Louis Sako, calificó como un «pecado grave» el de aquellos sacerdotes y religiosos que abandonaron Irak rumbo a Estados Unidos sin permiso de sus superiores, pues «debemos vivir y morir en el lugar donde Dios nos llama».
En una carta a la Eparquía de San Pedro de los Caldeos en San Diego, California (Estados Unidos), recogido por la agencia vaticana Fides, monseñor Sako recordó a los sacerdotes y religiosos que emigraron que «su futuro se apoya en el Señor y en dar un testimonio de Cristo no solo con las palabras, sino con el ejemplo, en negarse a sí mismos, amando y sirviendo a su pueblo, especialmente aquellos necesitados».
En febrero de este año, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó en un boletín que la violencia desatada en Irak por el Estado Islámico (ISIS) ha ocasionado más de 3,3 millones de desplazados internos en el país desde enero de 2014.
Según un informe de Naciones Unidas publicado a inicios de 2016, entre enero de 2014 y octubre de 2015 más de 18 mil 800 civiles fueron asesinados y otros 36 mil han resultado heridos.
En marzo de este año, Estados Unidos reconoció como «genocidio» los crímenes de ISIS contra los cristianos y otras minorías religiosas en Medio Oriente y otras regiones que están bajo su poder.
Los sacerdotes y religiosos, precisó monseñor Sako, «no deben buscar condiciones de vida confortables, sino servir a los hermanos siguiendo a Cristo, aceptando también cargar la cruz, cuando lo requieran las circunstancias».
«Esta es la razón por la que nadie puede dejar su diócesis o comunidad religiosa sin la aprobación formal del obispo o superior, como también fue reiterado en el Sínodo de los Obispos Caldeos en junio de 2013», señaló.

ACI

«MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA». SAN EFRÉN

María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación. En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas. María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. 
Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo. 
Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena. Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol. Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.

Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. 
En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. 
En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad. 
En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. 
En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida. 
El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.
De los sermones de san Efrén, diácono
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)
Fuente: News.va

JESÚS CONFÍA SU REBAÑO A PEDRO

Evangelio según San Juan 21,15-19.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, Tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. 
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

jueves, 12 de mayo de 2016

El Papa Francisco abre la puerta al diaconado de las mujeres. Anuncia la creación de una "comisión oficial" para que "la Iglesia aclare este punto"

En la actualidad, este servicio está reservado de manera exclusiva a los hombres
Francisco afirmó hoy que creará una comisión de estudio para analizar la posibilidad de permitir a las mujeres ejercer el servicio del diaconado en la Iglesia católica, actualmente reservado de manera exclusiva a hombres.
Esto durante un encuentro -en el Aula Pablo VI del Vaticano- con unas 900 líderes de congregaciones religiosas femeninas del mundo, asistentes a la asamblea trienal de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).
En la reunión el pontífice respondió improvisando a seis preguntas de las presentes, una de ellas le cuestionó: "¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la cuestión?".
En su respuesta el líder católico reveló que había abordado el asunto hace algunos años con un "buen y sabio profesor", el cual tenía estudios sobre el uso de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia.
Siguió reconociendo que no estaba claro qué papel tenían esas mujeres. "¿Cuáles fueron estas mujeres diáconos? ¿Tenían ordenación o no? Está poco claro eso. ¿Cuál fue el papel de esas ‘diaconisas' entonces?", se cuestionó.
"¿Constituir una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión? Creo que sí. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare este punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto. Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar", añadió.
Actualmente la Iglesia católica reserva el diaconado exclusivamente a los hombres. Los seminaristas son ordenados "diáconos temporales" un tiempo antes de recibir la ordenación sacerdotal.
Pero no sólo pueden ser diáconos quienes serán presbíteros, también existe una categoría distinta de "diáconos permanentes" que incluso pueden ser casados. Estos son considerados el "grado inferior de la jerarquía eclesiástica".
Entre las funciones permitidas a los diáconos destacan la proclamación del evangelio, la predicación y la asistencia en el altar, la administración del sacramento del bautismo y el presidir matrimonios, dar bendiciones. Ellos no pueden celebrar misa ni confesar o dar la unción de los enfermos.
La discusión sobre el diaconado femenino no es nueva. Durante la pasada asamblea del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2015, el arzobispo canadiense Paul-André Durocher avanzó el tema.
"El Sínodo debería reflexionar seriamente sobre la posibilidad de permitir el diaconado femenino, porque abriría el camino a mayores oportunidades para las mujeres en la vida de la Iglesia", señaló.
"En donde fuese posible, a mujeres calificadas se les debería asignar posiciones y autoridades de decisión en las estructuras eclesiásticas", añadió.
 Religión digital


Homilía del Papa: los cristianos trabajan por la unidad, los cizañeros dividen

 Jesús ruega por la unidad de los cristianos, pero en la Iglesia hay cizañeros que dividen y destruyen las comunidades con la lengua, dijo el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
La unidad es una de las cosas más difíciles
Antes de su Pasión, Jesús reza por la unidad de los creyentes, de las comunidades cristianas, para que sean una sola cosa, como Él con el Padre, para que el mundo crea. El Obispo de Roma reflexionó sobre las palabras y oración de Jesús, con la lectura del Evangelio del día:
«La unidad de las comunidades cristianas, de las familias cristianas son testimonio: testimonian que el Padre ha enviado a Jesús. Y, quizá llegar a la unidad – en una comunidad cristiana, una parroquia, un obispado, una institución cristiana, una familia cristiana – es una de las cosas más difíciles. Nuestra historia, la historia de la Iglesia nos hace avergonzar tantas veces: ¡hicimos guerras contra nuestros hermanos cristianos! Pensemos en una, la Guerra de los Treinta Años».
Pedir perdón por las divisiones
Donde los cristianos se hacen la guerra unos contra otros, no hay testimonio, hizo hincapié el Papa:
«¡Tenemos que pedir tanto perdón al Señor por esta historia! Una historia, tantas veces, de divisiones y no sólo en el pasado… ¡Aún hoy! ¡Aún hoy! Y el mundo ve que estamos divididos y dice: ‘Que se pongan de acuerdo, después veremos… Cómo, Jesús ha Resucitado y está vivo ¿y sus discípulos no se ponen de acuerdo?’. Una vez, un cristiano católico le preguntó a otro cristiano de Oriente, también católico: ‘Mi Cristo resucita pasado mañana. El tuyo ¿cuándo resucita? ¡Ni siquiera en la Pascua estamos unidos! Y el mundo no cree».
Los cizañeros embarran y destruyen
«Fue la envidia del diablo la que hizo entrar el pecado en el mundo», reiteró el Santo Padre, señalando luego que también en las comunidades cristianas es casi habitual que haya egoísmos, celos, envidias, divisiones. Y ello lleva a chismear unos contra otros ¡Cuántos chismes! Las divisiones comienzan con la lengua de los que siembran cizaña. ¡Por envidia, celos y también por cerrazón! ¡No! ¡La doctrina es ésta!.. La lengua es capaz de destruir una familia, una comunidad, una sociedad, de sembrar odio y guerras. En lugar de buscar una clarificación, es más cómodo chismear y destruir la fama del otro. Evocando a San Felipe Neri - que le dijo a una mujer chismosa, que como penitencia desplumara una gallina y desparramara las plumas, para luego intentar recogerlas, a lo que ella respondió que es imposible – el Santo Padre, concluyó su homilía alentando a pedir la gracia de la unidad y volvió a recordar las consecuencias del chismorreo:
«El chismear es así: embarrar al otro. ¡El que chismea embarra! ¡Destruye! Destruye la fama, destruye la vida y tantas veces - ¡tantas veces! – sin motivo, contra la verdad. Jesús rezó por nosotros, por todos nosotros que estamos aquí y por nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestras diócesis: ‘Que sean uno’. Roguemos al Señor que nos dé la gracia, porque es tanta, tanta la fuerza del diablo, del pecado que nos empuja a la desunión. ¡Siempre! Que nos dé la gracia, que nos dé el don: y ¿cuál es el don que hace la unidad? ¡El Espíritu Santo! Que nos dé este don que hace la armonía, porque Él es la armonía, la gloria en nuestras comunidades. Y que nos dé la paz, pero con la unidad. Pidamos la gracia de la unidad para todos los cristianos, la gracia grande y la gracia pequeña de cada día para nuestras comunidades, nuestras familias. ¡Y la gracia de poner un freno a la lengua!»
(CdM – RV)

JESÚS ORA POR LA UNIDAD DE LOS QUE CREEN EN ÉL

Evangelio según San Juan 17,20-26. 

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: 

"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 

Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. 
Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado, y que yo los amé cómo Tú me amaste. 

Padre, quiero que los que Tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. 

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que Tú me enviaste. 

Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos". 

Rodrigo Miranda, sacerdote en Siria «Los cristianos de Siria e Irak se sienten abandonados por la Iglesia de Occidente»

Rodrigo Miranda, sacerdote en Siria, pide al Papa que sea más claro con el apoyo a los cristianos en Alepo «porque la caridad empieza por casa»
El sacerdote chileno Rodrigo Miranda llegó a Alepo, la capital de Siria, en marzo de 2011, nueve meses antes de que comenzara la guerra que se ha cobrado ya 470.000 muertos y ha dejado 12 millones de desplazados y refugiados. Licenciado en Bellas Artes y especialista en la cultura árabe, el padre Rodrigo asegura que aprendió a ser sacerdote en Siria en medio del sufrimiento de una minoría cristiana que ha pasado en los últimos cinco años del 10 al 2% de la población. Miembro del Instituto Verbo Encarnado, este sacerdote ha sido responsable de la pastoral de la catedral latina de Alepo hasta que tuvo que abandonar el país a finales de 2014.
¿Qué tipo de guerra hay en Siria?
Es una oposición al Gobierno de Bashar al-Ásad compuesta por muchos grupos de sirios –entre ellos Al Qaeda– y que tratan de derrocar al presidente. Por lo tanto, no es una guerra civil. En realidad es una extensión del conflicto de Irak.
En este contexto, ¿cuál es la situación de los cristianos?
Son el blanco de los grupos de la oposición, no solo del Daesh. Pero no son las únicas víctimas. A nosotros nos llega la información de que los cristianos apoyan al Bashar al-Ásad, pero esto en realidad tiene que ver con la elección de las comunidades cristianas por la protección y también por no permitir la aplicación de la ley islámica, ya que esto significaría que los cristianos fueran tratados como han sido tratados históricamente. Es decir, que deben convertirse al islam o pagar el «jizya» (impuesto) para ser tratados como infieles admitidos dentro de la comunidad islámica. Por lo tanto, el trato siempre será malo.
¿Cómo es la Iglesia en Alepo?
Sigue siendo una Iglesia muy fervorosa, muy devota, con mucha actividad. Nosotros, los de rito latino, somos la minoría dentro de la minoría.
¿Cómo es la vida de los cristianos?
Desde el inicio de la guerra ha sido muy dura. Ahora mi comunidad lleva cinco meses sin agua ni electricidad. Se han ido buscando soluciones para sobrevivir pero hay momentos muy dramáticos. Además los barrios cristianos han sido destruidos.
Y, ¿antes de la guerra?
Los fines de semana teníamos en la misa entre 250 y 300 personas, ahora debemos tener 15. A las iglesias del centro de la ciudad acude más gente porque están más protegidas. Al ser una minoría todos nos conocemos. Uno conoce por nombre y apellido las personas que han sido asesinadas.
¿Cómo se transmite el Evangelio en medio de tanto dolor? ¿Cómo se habla de esperanza?
En todos los años que estuve en Siria no escuché a ninguna persona quejarse contra Dios. Lo contrario. Agradecen a Dios por cada día. Cuando te cuentan las historias más escabrosas siempre terminan diciendo: «Pero gracias a Dios estamos vivos, podemos venir a la Iglesia». Los cristianos de Oriente Medio tienen un temple distinto. Cada vez que hay un bombardeo, se llena la Iglesia. No veo rostros tristes aunque eso no signifique que no sufran.
¿Cómo les ayuda la Iglesia?
La Iglesia católica en sus diferentes ritos es la que ha sostenido la ayuda. No solo en lo material sino también a la hora ofrecer esperanza. Sobre todo porque los cristianos de Irak y Siria se sienten abandonados. Obviamente ellos no esperan mucho de la comunidad internacional, pero tampoco de la Iglesia Occidental. Tanto acento puesto a la crisis de refugiados cuando ellos son asesinados en la ciudad…
El Papa ha llamado la atención sobre el conflicto en varias ocasiones…
Gracias a Dios ha habido varias intervenciones pero a mí me gustaría que fuera más claro porque la caridad comienza por casa. Cuando en nuestras parroquias están siendo asesinados literalmente nuestros cristianos y piden la ayuda de la Iglesia de afuera y simplemente no se les ayuda entonces se mira con desazón lo que hace la Iglesia en Occidente. Por eso a mí me gustaría que fuese una cosa más clara de ayuda concreta. Lo digo porque es lo que yo percibo de los cristianos en Alepo.
¿Qué mensaje dan a la Iglesia estos cristianos?
Su testimonio es un antídoto al mundo mediocre y decadente de nuestras sociedades. Nos hacen despertar a las cosas esenciales e importantes de la vida. Nos invitan a preguntarnos en qué estamos perdiendo la vida o qué estamos haciendo para ganarla. En Occidente uno tiene que hacer toda una pastoral hollywoodense para atraer a los jóvenes a la parroquia. En Alepo muchas veces se sentaban a hablar de qué pasaría si entraran a sus barrios a asesinarlos. Me preguntaban: «Padre, ¿es cierto que uno tendría que dar la vida por Cristo?». Esos eran sus temas de conversación. Yo aprendí a ser sacerdote en Siria.
Laura Daniele/AB


miércoles, 11 de mayo de 2016

El Papa en la audiencia general: «Nunca dejaremos de ser hijos de un Padre que nos ama»


Bajo un cielo que amenazaba lluvia, por lo que los enfermos han tenido que seguir la audiencia desde el Aula Pablo VI, Francisco ha recordado «nuestra condición de hijos de Dios» que es «fruto del amor» y que «ni siquiera el diablo puede quitarnos»
El Papa Francisco dedicó la catequesis de su audiencia general semanal a la parábola del hijo pródigo, en la que habló de la lógica de misericordia de Dios, que es distinta de la de los hombres.
«La lógica de la misericordia usada por el padre es muy distinta a la lógica usada por los dos hijos de la parábola», afirmó el Obispo de Roma quien explicó que el hijo menor, «pensaba merecer un castigo por los pecados cometidos», mientras que el hijo mayor, «esperaba una recompensa por los servicios prestados».
En esta línea, el Papa añadió que «tanto el uno como el otro necesitaban experimentar la misericordia, por eso el padre invita a ambos a hacer fiesta, pues la lógica de la misericordia no entiende de premios o castigos, sino de acoger a todo el que necesita de misericordia y perdón, y de que todos vuelvan a ser hermanos».
«En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, de un Padre que me ama y que espera mi regreso», afirmó el Papa Francisco a los miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
Al finalizar, el Pontífice invitó a los presentes a acoger con gozo «la invitación de Jesús a participar en la fiesta de la misericordia y de la fraternidad» y a abrir el corazón «para ser misericordiosos como el Padre».

Radio Vaticano/Alfa y Omega

RECONOZCAN EL PODER DE DIOS

º

Del Salmo 67:
Reyes de la tierra, cantad a Dios
Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.

Reyes de la tierra, cantad a Dios
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»

Reyes de la tierra, cantad a Dios
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito!

Reyes de la tierra, cantad a Dios

"PADRE SANTO, CUIDA A AQUÉLLOS QUE ME DISTE"


Evangelio según San Juan 17,11b-19. 

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: "Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. 

Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. 

Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. 

Yo les comuniqué tu Palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 

No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. 

Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu Palabra es verdad. 

Así como Tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. 

Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad." 

«EL ESPÍRITU SANTO ENVIADO A LA IGLESIA»



Consumada la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Espíritu
Él es el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna, por quien vivifica el Padre a todos los muertos por el pecado hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales. El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos. Con diversos dones jerárquicos y carismáticos dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia, a la que guía hacia toda verdad, y unifica en comunión y ministerio, enriqueciéndola con todos sus frutos. Hace rejuvenecer a la Iglesia por la virtud del Evangelio, la renueva constantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: «Ven». Así se manifiesta toda la Iglesia como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

La universalidad de los fieles, que tiene la unción del Espíritu Santo, no puede fallar en su creencia, y ejerce ésta su peculiar propiedad mediante el sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando desde el obispo hasta los últimos fieles seglares manifiesta el asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres. Con ese sentido de la fe que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios, se adhiere indefectiblemente a la fe que se transmitió a los santos de una vez para siempre, la penetra profundamente con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida. 

Además, el mismo Espíritu Santo no solamente santifica y dirige al pueblo de Dios por los sacramentos y los ministerios y lo enriquece con las virtudes, sino que, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece, reparte entre los fieles gracias de todo género, incluso especiales, con que los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo.

De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo (Núms. 4 y 12) Fuente: News.Va


San Juan de Ávila – 10 de mayo

 «Maestro de la caridad, doctor de la Iglesia y patrón del clero secular español. Influyó en la conversión de san Juan de Dios y de san Francisco de Borja. San Antonio María Claret también apreció su excelsa virtud»
Nació en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, España, el 6 de enero de 1499 o 1500. Sus padres eran propietarios de unas minas de plata en Sierra Morena, pero el pequeño Juan no estimaba en nada los recursos que poseía. Formado por ellos en la abnegación y el amor al prójimo, se desprendía de sus pertenencias fácilmente. Así, se deshizo de su sayo nuevo que ofreció a un niño pobre. Fue enviado a estudiar a Salamanca cuando tenía 14 años. Y a los 18 regresó al domicilio paterno después de haber cursado leyes, con el reducto espiritual que le dejó una experiencia de conversión. Vivió en oración y penitencia hasta que en 1520, alentado por un franciscano, partió a Alcalá de Henares para seguir estudios. Tomó contacto con el que luego sería arzobispo de Granada, Pedro Guerrero, y con el venerable Fernando de Contreras. Seguramente conoció allí a san Ignacio de Loyola. Entre tanto, perdió a sus padres. En honor a ellos, cuando en 1526 fue ordenado sacerdote eligió su ciudad natal para decir su primera misa poniendo el signo de invitar a doce pobres a comer a su mesa, entre los cuales repartió sus bienes; comenzó la evangelización en su propio pueblo.

Su siguiente etapa fue Sevilla, desde cuyo puerto pensaba embarcar rumbo a América junto al recién elegido obispo de Tlaxcala, Nueva España. Los planes de la Providencia eran otros. En el compás de espera compartió sus ansias de pobreza, oración y sacrificio con el padre Contreras. Ambos asistían a los pobres y les instruían en la fe. A través de este compañero, la brújula marcó al santo otro destino para su vida. Contreras le habló de él a monseñor Manrique, arzobispo de Sevilla, y éste pidió a Juan que predicara en su presencia. Estuvo toda la noche orando ante el crucifijo, lleno de gran timidez. Según confesó después, en esos momentos pensaba en la vergüenza que Cristo pasó desnudo en la cruz. El sermón causó tal impresión que le llenaron de alabanzas, y él respondió: «Eso mismo me decía el demonio al subir al púlpito». De allí partió a Écija, Sevilla y Cádiz, lugares en los que su predicación y labor como director espiritual siguieron siendo excepcionales.
Sus acciones le acarrearon persecuciones y enemistades. En 1531 fue procesado por la Inquisición siendo acusado de graves hechos que no cometió. Pasó un año en la cárcel sin aceptar defensa alguna porque –así lo reconocía–, estaba en las mejores manos: las de Dios. La celda fue lugar de celestiales consuelos. En el juicio respondió a los cargos que se le imputaban dando testimonio de su fe, sin reprobar a los cinco testigos de la acusación. De pronto aparecieron 55 que testificaron a favor suyo. En prisión escribió Audi, Filia. Este periodo le enseñó mucho más que los libros y experiencias anteriores. Fue liberado, pero la injusta sentencia señalaba «haber proferido en sus sermones y fuera de ellos algunas proposiciones que no parecieron bien sonantes». Y le impusieron, bajo pena de excomunión, que las declarase convenientemente donde las hubiera expuesto.
En 1535 partió a Córdoba llamado por el obispo Álvarez de Toledo. Entonces conoció a fray Luís de Granada. Creó los colegios de san Pelagio y de la Asunción, y un año más tarde se fue a Granada para ayudar al arzobispo en la fundación de la universidad. Allí le oyeron predicar san Juan de Dios y san Francisco de Borja; el influjo de sus palabras cambió radicalmente sus vidas. Tenía gran devoción por el Santísimo Sacramento y por la Virgen. Y sabiendo de su capacidad persuasiva, un día le pidieron que abogase a favor de un templo dedicado a María que se estaba construyendo. Se ofreció él mismo de inmediato: «Yo iré allí, y tomaré una piedra sobre mis hombros para ponerla en la casa que se edifica a honra de la Madre de Dios». Desde luego, como esperaban, movió la generosidad de la gente. Hasta los pobres respondieron a sus peticiones con sus mermadas pertenencias. La clave de su fuerza en los sermones se hallaba en el «amar mucho a Dios». Oración, sacrificio y estudio eran sus pilares. A su espíritu de pobreza unía paciencia, modestia, prudencia, abnegación, discreción; hacía de la frugalidad virtud ejemplar dando testimonio con su propia vida de lo que predicaba. Renunció a dignidades cardenalicias y episcopales.
En Granada formó en 1537 un grupo sacerdotal que tuvo bajo su amparo y en 1539 ayudó a la fundación de la universidad de Baeza, Jaén. Gran escritor y predicador, su amor por el sacerdocio le llevó a pedir la creación de seminarios para una verdadera reforma de la Iglesia y del clero. En 1551 enfermó y tuvo que permanecer en la localidad cordobesa de Montilla. Durante quince años siguió escribiendo y aconsejando a personas de toda clase, edad, condición y procedencia. Estuvo relacionado con san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús, quien le dio a examinar el «Libro de su vida», y causó gran influjo en san Antonio María Claret. En mayo de 1569 su salud, que ya venía lesionada de atrás, empeoró. En medio del dolor, exclamaba: «Señor mío, crezca el dolor, y crezca el amor, que yo me deleito en el padecer por Vos» o «¡Señor, más mal, y más paciencia!». Esa era su disposición. Pero cuando le vencía le debilidad, manifestaba: «¡Ah, Señor, que no puedo!». Incluso una noche en la que arreciaron los dolores pidió a Dios que los erradicara, y así sucedió. A la mañana siguiente reconoció: «¡Qué bofetada me ha dado Nuestro Señor esta noche!».

Pronto a partir de este mundo, no hallaba mayor consuelo que la recepción de la Eucaristía.«¡Denme a mi Señor, denme a mi Señor!», suplicaba. En los postreros instantes, en medio de intensísimo dolor y fatiga que le hacía proferir: «Bueno está ya, Señor, bueno está», no cesaba de recitar esta jaculatoria: «Jesús, María; Jesús, María». Murió el 10 de mayo de 1569. León XIII lo beatificó el 4 de abril de 1894. Pío XII lo designó patrono del clero secular español el 2 de julio de 1946. Pablo VI lo canonizó el 31 de mayo de 1970. Y el 7 de octubre de 2012 Benedicto XVI lo declaró doctor de la Iglesia.
Zenit

martes, 10 de mayo de 2016

Homilía del Papa: el misionero ‘quema’ su vida por Jesús


La docilidad a la voz del Espíritu impulsa a ‘quemar’ la vida por el anuncio del Evangelio, aun en los lugares más lejanos. Es lo que caracteriza a cada mujer y a cada hombre, cuya opción es misionar para servir a la Iglesia. Lo destacó el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
Una llamada que «encadena», un impulso irresistible, que lleva a donar la vida a Cristo, aún más a ‘quemarla’ por Él. Como el fuego que ardía en el corazón de San Pablo, el mismo que arde en aquellos «jóvenes, muchachos y muchachas, que dejaron su patria, su familia, para ir lejos, a otros continentes, para anunciar a Jesús».
‘Encadenados’ por el Espíritu
El Obispo de Roma reflexionó, con los Hechos de los Apóstoles, sobre la despedida de Pablo de la comunidad de Mileto, cuando anuncia que va a Jerusalén «como encadenado por el Espíritu Santo», que tiene el señorío de su vida, para cumplir su carrera y la misión que recibió del Señor Jesús: «la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios» (cfr Hch 20,34). Y destacó que esta lectura evoca la vida de nuestros misioneros de toda época:
«¡Iban como encadenados por el Espíritu Santo: una vocación! Y cuando, en esos lugares, vamos a los cementerios y vemos sus lápidas: tantos murieron jóvenes, con menos de 40 años. Porque no estaban preparados a soportar las enfermedades del lugar. Dieron su vida siendo jóvenes: ‘quemaron’ su vida. Pienso que, en ese último instante, lejos de su patria, de su familia, de sus seres queridos, ellos dijeron: ‘¡Valía la pena, lo que hice!’».
Los Misioneros son la gloria de la Iglesia
Haciendo hincapié en que «el misionero va sin saber lo que le espera», citando la despedida de San Francisco Javier, que narra José María Pemán, el Papa señaló que evoca la de San Pablo: «Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan». Y con emoción, el Santo Padre habló de los misioneros de hoy:
«Nuestros misioneros, estos héroes de nuestros tiempos. Europa que llenó de misioneros otros continentes… Se iban sin volver… Me parece justo que demos gracias al Señor por el testimonio que dieron, son verdaderos testigos. Pienso en cómo fue el último momento de ellos: ¿cómo habrá sido su despedida? Como Javier: ‘¡Lo dejé todo, pero valía la pena!’ Se fueron de forma anónima. Mártires, ofreciendo su vida por el Evangelio. ¡Estos misioneros son nuestra gloria! ¡La gloria de nuestra Iglesia!».
Jóvenes ‘quemen’ su vida con la alegría de anunciar el Evangelio
Recordando que la docilidad es una cualidad de los misioneros, el Papa concluyó con su anhelo y ruego, para que los jóvenes de hoy que están capturados por la insatisfacción, escuchen la voz del Espíritu:
«Quisiera decirles a los muchachos y a las muchachas de hoy, que sé que no se sienten cómodos, que no son tan felices con la cultura del consumismo, del narcisismo… ¡Miren el horizonte! ¡Miren más allá, miren a estos misioneros nuestros! Recen al Espíritu Santo para que los impulse a ir lejos a ‘quemar’ su vida. Es una palabra algo dura, pero la vida vale la pena vivirla. Y, para vivirla bien, ‘quemarla’ en el servicio, en el anuncio, e ir adelante. Ésta es la alegría del anuncio del Evangelio».
(CdM – RV)