lunes, 2 de mayo de 2016

"La misericordia evangélica se compadece del que padece y es crítica con el inmisericorde"



Con "Amoris Laetitia", el Papa "asume la tradición cristiana y critica el poder del fuerte"


"Cristo ya no juzga sino por amor, que es la clave de la gracia en el cristianismo"


El Cristo de la misericordia comparece en el Evangelio compadeciéndose de la gente, según la atinada versión de la Vulgata: misereor super turbas (Marcos, 8,2). Jesús aparece conmovido y turbado por la turba que le sigue, y que lleva tres días sin comer. La misericordia evangélica es aquí compasión activa, pero también crítica o discernidora. En efecto, Jesús se compadece de los que padecen y no de los impasibles, tiene misericordia de la gente y su miseria, y no del inmisericorde, así como perdona al pecador y no al que se autojustifica.
La misericordia evangélica se compadece del que padece y es crítica con el inmisericorde. Se trata de una misericordia crítica o discernidora, la cual no destruye la naturaleza de la justicia (humana), sino que la perfecciona. Podemos afirmar con san Pablo que la justicia es propia de la ley que procede del Antiguo Testamento, y se asienta en el Estado de derecho. Pero en medio de ella, la Iglesia cristiana representa la gracia y la misericordia, siquiera crítica y no acrítica. Por eso Jesús se compadece de la gente que padece, pero critica a los fariseos por meros leguleyos.
El Papa Francisco ha asumido la tradición cristiana de la misericordia crítica, cuando se apiada de la debilidad del débil y critica el poder del fuerte o poderoso. La clave está en que amar consiste en potenciar la impotencia y depotenciar el poder, así pues en abajar el poder y elevar al impotente, como dice el Magnificat. O como lo expresa el filósofo germano-coreano B.C.Han, amar es ser capaz de no ser capaz, o sea, de abajarse al otro. Por eso la misericordia del Papa franciscano no es populista sino encarnatoria, y no pertenece a la casuística jesuítica sino al personalismo cristiano frente al impersonalismo pagano. Pues la persona no es una mera máscara, sino un rostro personal.
El Cristo del Juicio Final de Miguel Ángel simboliza espléndidamente el amor de misericordia, compasión y perdón de Jesús en el Evangelio. En efecto, este Cristo que se dispone a enjuiciar y condenar, he aquí que detiene su gesto judicial, el cual queda contenido ante la visión a su izquierda del joven rubiáceo: el cual representa al discípulo amado y evangelista del amor, el apóstol Juan. Ahora el Cristo ya no juzga sino por amor, que es la clave de la gracia en el cristianismo. Pero el amor no es la verdad pura, purista o puritana, sino la verdad-sentido, el sentido encarnado o humanado, la entraña misericordiosa del cristianismo.
(Andrés Ortiz-Osés).

Entrar, salir, respirar. "Me seduce esta imagen de Iglesia desplegada"


"Abre sus ventanas y deja que entre el sol en sus habitaciones cerradas"

"Yo soy la puerta: quien entre por mí podrá entrar y salir..." (Jn 10,9) Es una de esas afirmaciones del evangelio que llega a nosotros en Pascua como una ráfaga de libertad y de aire libre. El Papa Francisco es un pastor que ha aprendido del Gran Pastor y hace bien su oficio: saca a la Iglesia de espacios lóbregos, aunque el exceso de luz le deslumbre los ojos. La empuja fuera de sus atmósferas viciadas.

Abre sus ventanas y deja que entre el sol en sus habitaciones cerradas. Le descubre la salida de ese laberinto en el que a veces da vueltas sin fin. La invita a dejar atrás situaciones relacionales o institucionales que asfixian y angustian.

Me seduce esta imagen de Iglesia desplegada y respirando con anchura, que va tirando por el barranco estrecheces, minucias y casuísticas rancias. Que se aplica a la tarea de barrer las sabandijas que aún se agazapan en sus rincones oscuros. Y que cuelga en sus puertas abiertas un cartel con este anuncio: "Entrad y salid por aquí todos los que hacéis del amor la causa de vuestra alegría".

(Dolores Aleixandre)

Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.


Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a. 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 

«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. 

Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. 

Les he dicho esto para que no se escandalicen. 

Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. 

Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. 

Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»

¡No estamos solos: Jesús está cerca de nosotros! El Papa en el Regina Coeli

¡Queridos  hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de hoy nos vuelve a llevar al Cenáculo. Durante la Última Cena, antes de enfrentar a la pasión y la muerte en la cruz, Jesús promete a los Apóstoles el don del Espíritu Santo, que tendrá la tarea de enseñar y de recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. Lo dice el mismo Jesús: « El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho» (Jn 14,26). ).  Enseñar y recordar. Y esto es aquello que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones.
En el momento en el que está por regresar al Padre, Jesús preanuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará  a los discípulos a comprender cada vez más plenamente el Evangelio, a acogerlo en su existencia y a hacerlo vivo y operante con el testimonio. Mientras está por confiar a los Apóstoles – que justamente  quiere decir “enviados” –  la misión de llevar el anuncio del Evangelio por todo el mundo, Jesús promete que no se quedarán solos: el  Espíritu Santo, el Paráclito, estará con ellos, a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos. Jesús regresa al Padre pero continúa acompañando y enseñando a sus discípulos mediante el don del Espíritu Santo.
El segundo aspecto de la misión del Espíritu Santo consiste en el ayudar a los Apóstoles a recordar las palabras de Jesús. El  Espíritu tiene la tarea de despertar la memoria, recordar las palabras de Jesús. El divino Maestro ha comunicado ya todo aquello que pretendía confiar a los Apóstoles: con Él, Verbo encarnado, la revelación es completa. El Espíritu hará recordar las enseñanzas de Jesús en las diversas circunstancias concretas de la vida, para poderlas poner en práctica. Es precisamente lo que sucede todavía hoy en la Iglesia, guiada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que pueda llevar a todos el don de la salvación, o sea el amor y la misericordia de Dios. Por ejemplo, cuando ustedes leen todos los días – como les he aconsejado – un pasaje del Evangelio, pedir al Espíritu Santo: “Que yo entienda y que yo recuerde estas palabras de Jesús”. Y luego leer el pasaje, todos los días… Pero antes aquella oración al Espíritu, que está en nuestro corazón: “Que yo recuerde y que yo entienda”.
¡No estamos solos: Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros! Su nueva presencia en la historia ocurre mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado. El Espíritu, difundido en nosotros con los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, actúa  en nuestra vida. Él nos guía en la forma de pensar, de actuar, de distinguir qué cosa es buena y qué cosa es mala; nos ayuda a practicar la caridad de Jesús, su donarse a los  demás, especialmente a los más necesitados.
¡No estamos solos! Y la señal de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Les doy mi paz» (v. 27). Ella es diferente de aquella que los hombres se desean e  intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y señal de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado en la seguridad de su victoria y en la espera de su definitiva venida.
Que la Virgen María nos ayude a acoger con docilidad el Espíritu Santo como Maestro interior y como Memoria viva de Cristo en el camino cotidiano.
(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Radio Vaticano)


domingo, 1 de mayo de 2016

Expondrán las reliquias de los apóstoles Felipe y Santiago. El 3 de mayo, solemnidad de ambos apóstoles.


Custodiadas en el Vaticano desde el siglo VI

Un nuevo evento de fe acompañará el Año Jubilar: la ostensión, del 3 al 15 de mayo en la ciudad de Roma, de las reliquias de los Santos Felipe y Santiago, ambos del siglo I d.C. (sobre el primero se sabe que era original de Betsaida, en Galilea, y sobre el segundo se conocen pocos datos), que se pusieron a seguir a Jesús. Hablan de ellos los Evangelios y ambos fueron martirizados.
Desde alrededor del año 560, época de Papa Pelagio, los restos de ambos apóstoles se conservan en la basílica romana, la misma que desde el siglo XV se encuentra bajo el ala de los Frailes menores conventuales. Los restos de ambos apóstoles fueron redescubiertos en 1875.
Y el reconocimiento comenzó el 5 de abril en la cripta de la basílica, de manera privada y ante la presencia de la comunidad de los frailes franciscanos.
El evento abierto a los fieles comenzará el próximo martes 3 de mayo, solemnidad litúrgica de ambos apóstoles, con una misa a las 18.30 en la basílica que será presidida por el cardenal Francesco Coccopalmerio. La visita a las reliquias podrá hacerse todos los días, sin interrupción, de las 7 a las 20 hrs.

«Poder estar en contacto tan directo con los apóstoles Felipe y Santiago -comenta el párroco fray Angelino Stoia-, en ocasión del año jubilar de la Misericordia promulgado por nuestro obispo, el Papa Francisco, es una alegría grande que deseamos franciscanamente compartir lo más posible».

LA IGLESIA

Estamos llegando al final de la cuarentena pascual, y las palabras de Jesús en el Evangelio suenan a despedida, pero a la vez nos ofrecen una clave que es transfiguradora en todo tiempo. “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo” (Jn 14, 28-29).
En principio parece que el despojo de la visión de la persona de Jesús es motivo de tristeza, pero si creemos que el Resucitado permanece entre nosotros, su marcha nos posibilita una relación más inmediata que si se apareciera visiblemente. Es la presencia que nos promete en la Iglesia, en la Palabra, en la Eucaristía, en la asamblea reunida en su nombre, en el prójimo, y hasta en los mismos acontecimientos.
La nueva Jerusalén ha comenzado, y la visión del Apocalipsis tiene su mejor concreción en la Iglesia. Ella es la esposa, la revestida como una novia, la nueva Jerusalén: “El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios” (Ap 21, 10).
A lo largo de los siglos, gracias a la asistencia del Espíritu a la Iglesia, los creyentes pueden participar de la vida divina. La gracia bautismal, el perdón de los pecados, tomar parte en la mesa del Señor, el fortalecimiento en la fe, la sacramentalidad divina del amor humano, el ministerio sacerdotal y el bálsamo que cura las heridas son las mediaciones sacramentales que nos posibilitan vivir en este mundo como familia de Dios y formar, como piedras vivas el nuevo templo, la ciudad santa.
Vivimos momentos de esperanza. Si en los primeros tiempos del cristianismo, los discípulos, reunidos en concilio, bajo la acción del Espíritu, comprendieron que para pertenecer a la Iglesia, no era necesaria la circuncisión -“Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables” (Act 15, 28), el mismo Espíritu, por voz del papa Francisco, sigue alentando a los hombres y mujeres de nuestro tiempo para que todos se sientan atraídos hacia el recinto de la misericordia y del perdón, y gocen así de la alegría del Evangelio.
Jesús se despide, pero el Maestro nos ha dejado la posibilidad de convivir con Él, de sentir su acompañamiento, de sabernos en la comunidad de los discípulos gracias a la mediación de la Iglesia, que nos ofrece la gracia sacramental, según la necesidad de cada uno.

¡Que nadie se prive del gozo de la misericordia! ¡Que todos puedan sentir la cercanía de Cristo resucitado, quien a través del Espíritu Santo, sigue alegrando el corazón de sus fieles!
Ángel Moreno de Buenafuente

La paz en la Iglesia

La misericordia de Dios no tiene fin.
En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio.
Ella sabe que la primera t

area, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.
Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin.
Francisco, Misericordiae Vultus 25
Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia
En el evangelio de Juan podemos leer un conjunto de discursos en los que Jesús se va despidiendo de sus discípulos. Los comentaristas lo llaman «El Discurso de despedida». En él se respira una atmósfera muy especial: los discípulos tienen miedo a quedarse sin su Maestro; Jesús, por su parte, les insiste en que, a pesar de su partida, nunca sentirán su ausencia.
Hasta cinco veces les repite que podrán contar con «el Espíritu Santo». Él los defenderá, pues los mantendrá fieles a su mensaje y a su proyecto. Por eso lo llama «Espíritu de la verdad». En un momento determinado, Jesús les explica mejor cuál será su quehacer: «El Defensor, el Espíritu Santo... será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho». Este Espíritu será la memoria viva de Jesús.

El horizonte que ofrece a sus discípulos es grandiosoDe Jesús nacerá un gran movimiento espiritual de discípulos y discípulas que le seguirán defendidos por el Espíritu Santo. Se mantendrán en su verdad, pues ese Espíritu les irá enseñando todo lo que Jesús les ha ido comunicando por los caminos de Galilea. Él los defenderá en el futuro de la turbación y de la cobardía.
Jesús desea que capten bien lo que significará para ellos el Espíritu de la verdad y Defensor de su comunidad: «Os estoy dejando la paz; os estoy dando la paz». No solo les desea la paz. Les regala su paz. Si viven guiados por el Espíritu, recordando y guardando sus palabras, conocerán la paz.
No es una paz cualquiera. Es su paz. Por eso les dice: «No os la doy yo como la da el mundo». La paz de Jesús no se construye con estrategias inspiradas en la mentira o en la injusticia, sino actuando con el Espíritu de la verdad. Han de reafirmarse en él: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde».
En estos tiempos difíciles de desprestigio y turbación que estamos sufriendo en la Iglesia,sería un grave error pretender defender nuestra credibilidad y autoridad moral actuando sin el Espíritu de la verdad prometido por Jesús. El miedo seguirá penetrando en el cristianismo si buscamos asentar nuestra seguridad y nuestra paz alejándonos del camino trazado por él.

Cuando en la Iglesia se pierde la paz, no es posible recuperarla de cualquier manera ni sirve cualquier estrategia. Con el corazón lleno de resentimiento y ceguera no es posible introducir la paz de Jesús. Es necesario convertirnos humildemente a su verdad, movilizar todas nuestras fuerzas para desandar caminos equivocados y dejarnos guiar por el Espíritu que animó la vida entera de Jesús.
José Antonio Pagola

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo.


Evangelio según San Juan 14,23-29. 

Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. 

El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 

Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. 

Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» 

Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
 
Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 

Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. 

«EL ALELUYA PASCUAL». SAN AGUSTÍN


Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura, si no se ejercita ahora en esta alabanza. [...] Es cosa buena perseverar en este deseo, hasta que llegue lo prometido; entonces cesará el gemido y subsistirá únicamente la alabanza.

Por razón de estos dos tiempos —uno, el presente, que se desarrolla en medio de las pruebas y tribulaciones de esta vida, y el otro, el futuro, en el que gozaremos de la seguridad y alegría perpetuas—, se ha instituido la celebración de un doble tiempo, el de antes y el de después de Pascua. El que precede a la Pascua significa las tribulaciones que en esta vida pasamos; el que celebramos ahora, después de Pascua, significa la felicidad que luego poseeremos. Por tanto, antes de Pascua celebramos lo mismo que ahora vivimos; después de Pascua celebramos y significamos lo que aún no poseemos. Por esto, en aquel primer tiempo nos ejercitamos en ayunos y oraciones; en el segundo, el que ahora celebramos, descansamos de los ayunos y lo empleamos todo en la alabanza. Esto significa el Aleluya que cantamos. [...]

En efecto, lo alabamos ahora, cuando nos reunimos en la iglesia; y, cuando volvemos a casa, parece que cesamos de alabarlo. Pero, si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios. Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia y de lo que a él le place. Si nunca te desvías del buen camino, aunque calle tu lengua, habla tu conducta; y los oídos de Dios atienden a tu corazón. Pues, del mismo modo que nuestros oídos escuchan nuestra voz, así los oídos de Dios escuchan nuestros pensamientos.

De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
Fuente: News.va

sábado, 30 de abril de 2016

Audiencia Jubilar: “el pecado nos aleja del amor de Dios”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy deseo reflexionar con ustedes sobre un aspecto importante de la misericordia: la reconciliación. Dios no ha dejado jamás de ofrecer su perdón a los hombres: su misericordia se ha manifestado de generación en generación. Muchas veces pensamos que nuestros pecados alejan al Señor de nosotros: en realidad, pecando, nosotros nos alejamos de Él, pero Él, viéndonos en el peligro, con mayor razón nos viene a buscar. Dios no se conforma jamás con la posibilidad que una persona permanezca extraña a su amor, pero a cambio de encontrar en ella algún signo de arrepentimiento por el mal realizado.
Sólo con nuestras fuerzas no lograremos reconciliarnos con Dios. El pecado es de verdad una expresión de rechazo a su amor, con la consecuencia de cerrarnos en nosotros mismos, iludiéndonos de encontrar mayor libertad y autonomía. Pero lejos de Dios no tenemos más una meta, y de peregrinos en este mundo nos hacemos “errantes”. Un modo común de decir es que, cuando pecamos, nosotros “le damos la espalda a Dios”. Es justamente así, el pecador ve solo a sí mismo y pretende de este modo ser autosuficiente; por eso, el pecado aumenta siempre más la distancia entre nosotros y Dios, y esto se puede convertir en un abismo. A pesar de ello, Jesús viene a buscarnos como buen pastor que no está contento hasta cuando no ha encontrado la oveja perdida, como leemos en el Evangelio (Cfr. Lc 15,4-6). Él reconstruye el puente que nos une al Padre y nos permite reencontrar la dignidad de hijos. Con el sacrificio de su vida nos ha reconciliado con el Padre y nos ha donado la vida eterna (Cfr. Jn 10,15).
«¡Déjense reconciliar con Dios!» (2 Cor 5,20) - «¡Dejémonos reconciliar con Dios!» -: el grito que el apóstol Pablo dirige a los primeros cristianos de Corinto, hoy con la misma fuerza y convicción vale para todos nosotros. ¡Dejémonos reconciliar con Dios! Este Jubileo de la Misericordia es un tiempo de reconciliación para todos. Tantas personas quisieran reconciliarse con Dios pero no saben cómo hacerlo, o no se sienten dignos, o no quieren admitirlo ni siquiera a sí mismos. La comunidad cristiana puede y debe favorecer el regreso sincero a Dios de cuantos sienten su nostalgia. Sobre todo cuantos realizan el «ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18) están llamados a ser instrumentos dóciles del Espíritu Santo para que ahí donde ha abundado el pecado pueda sobre abundar la misericordia de Dios (Cfr. Rom 5,20). ¡Ninguno permanezca alejado de Dios a causa de obstáculos puestos por los hombres! Y esto es válido, esto vale también – y lo digo enfatizándolo – a los confesores, es válido para ellos: por favor, no pongan obstáculos a las personas que quieren reconciliarse con Dios. ¡El confesor debe ser un padre! ¡Está en lugar de Dios Padre! El confesor debe acoger a las personas que van a él para reconciliarse con Dios y ayudarlos en el camino de esta reconciliación que está haciendo. Es un ministerio tan bello: no es una sala de torturas ni un interrogatorio, no, es el Padre quien recibe, Dios Padre, Jesús, que recibe y acoge a esta persona y perdona. ¡Dejémonos reconciliar con Dios! ¡Todos nosotros! Este Año Santo sea el tiempo favorable para redescubrir la necesidad de la ternura y de la cercanía del Padre y para regresar a Él con todo el corazón.

Tener la experiencia de la reconciliación con Dios permite descubrir la necesidad de otras formas de reconciliación: en las familias, en las relaciones interpersonales, en las comunidades eclesiales, como también en las relaciones sociales e internacionales. Alguno me decía, los días pasados, que en el mundo existen más enemigos que amigos, y creo que tiene razón. Pero no, hagamos puentes de reconciliación también entre nosotros, comenzando por la misma familia. Cuantos hermanos han discutido y se han alejado solamente por la herencia. Pero mira, ¡esto no es así! ¡Este Año es el año de la reconciliación, con Dios y entre nosotros! La reconciliación de hecho es también un servicio a la paz, al reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas, a la solidaridad y a la acogida de todos.
Aceptemos, por lo tanto, la invitación a dejarnos reconciliar con Dios, para convertirnos en nuevas creaturas y poder irradiar su misericordia en medio a los hermanos, en medio a la gente.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

30 de abril: san Pío V, papa

La notable familia de los Ghislieri había venido a menos económicamente en los comienzos del siglo XVI. A Pablo y Dominga Augeria les nació un hijo el 17 de enero de 1504, en Bosco Marengo, al norte de Italia; le pusieron el nombre del santo del día que era san Antonio Abad. Desde pequeño fue pastor por no poder ser clérigo y tener que arrimar el hombro a la economía familiar.
Sabedor de las inclinaciones del muchacho, el Sr. Bastone se ofreció a pagar los gastos para que pudiera entrar en la escuela de los dominicos, cuando también ingresó a su hijo Francesco.
Ingresa en los dominicos de Voghera; a fray Miguel –es ahora su nuevo nombre– lo destinaron a Vigevano; en Bolonia cursa los estudios filosóficos y teológicos y aprende santidad allí mismo junto al sepulcro del fundador santo Domingo de Guzmán. Se ordenó sacerdote en Génova en 1528.
Fray Miguel de Alessandría vive pobre, enseña y predica, atiende los oficios divinos y combate a los herejes en Pavía, Alba y Como, donde lo nombraron inquisidor. Camina a pie de un lado a otro poniendo orden entre los nobles y herejes, sin respeto humano, ni miedo a las amenazas del Conde de Alba –llegó a amenazarle con arrojarlo a un pozo–, o a los mercaderes que se irritan profundamente cuando les requisa los libros heréticos.
En 1550 está en Roma; hasta allí han llegado las quejas y protestas por la rectitud con la que lleva adelante su encargo inquisitorial; vista la cosa, nadie puede ponerle un pero a su trabajo, que supo llevar con una escrupulosidad ejemplar. El mismo cardenal Caraffa lo reconoció y hasta lo admiró.
Al bueno y recto fray Miguel lo nombraron obispo de Sutri y Nepi el 4 de septiembre de 1556 y Paulo IV lo hizo cardenal de la Iglesia el 15 de marzo de 1575, y luego, Inquisidor General.
Pío IV, Médici de pura cepa, lo despreció, olvidó e ignoró porque varias veces tuvieron un ten con ten en el que el último papa del Renacimiento solía recibir alguna que otra amonestación del cardenal Ghislieri, amante de la pobreza, despegado del mundo y de los honores, recio, y en algunos puntos inflexible.
Contra su voluntad lo eligieron papa el 7 de enero de 1566, por la decisión que tomaron en un agitadísimo cónclave los cardenales Borromeo y Farnesio. Lo pintan de mediana estatura, de ojos pequeños con mirada aguda, y nariz aguileña; lleva como atributos un crucifijo y un rosario.
En el Vaticano se nota que ha dado un giro la Iglesia con su presencia. Despidió a todos los bufones, se mostró enemigo de los abundantes aduladores y generosísimo con los pobres; decía Misa diaria –cosa nada frecuente en aquella época–, impuso austeridad y redobló la oración meditando de modo preferente la Pasión, acompañada por el Rosario; desconfiando de los cardenales, se propuso renovar el Colegio. Se iban corriendo las voces de que el antiguo inquisidor –ahora papa– solo sabía reformar.
Y tenían bastante razón aquellos rumores. Pío V ha decidido poner en marcha los Decretos del Concilio Tridentino; reforma el Breviario y el Misal; publica el Catecismo de Trento, que también se conoce por su nombre; urge la obligación de residencia en sus diócesis para los obispos, les manda la celebración de sínodos anuales, y da ejemplo en Roma realizando las visitas pastorales. El viejo inquisidor frena todo lo que puede la herejía protestante, contando con el saber y la fidelidad de Pedro Canisio, ayudando a los católicos franceses a luchar contra los hugonotes, y adoptando medidas para favorecer la ortodoxia: fomentó las ciencias eclesiásticas, cuidó la universidad de Roma y nombró Doctor de la Iglesia a santo Tomás de Aquino.
Además hay un terrible problema planteado. El turco. A Pío V le preocupa la unidad de la Iglesia, defender y extender la fe. Intenta la unidad de los príncipes y reinos cristianos para dar respuesta al peligro turco; una y mil veces propone formar la Santa Liga y fracasa tanto por sus escasas dotes políticas como por los sobrados intereses políticos de los gobernantes. Por fin, consigue la Triple Alianza entre Venecia, los Estados Pontificios y España para montar una escuadra capaz de presentar batalla a los turcos; los venció en Lepanto y la mandaba Juan de Austria como almirante.
Murió el ilustre piamontés que tuvo un origen tan humilde, el 1 de mayo de 1572, como simple fraile dominico; deseó morir vestido con el hábito de la Orden. Su voluntad expresa fue que se le enterrara en Bosco, pero en este punto no le dieron gusto; el papa Sixto V trasladó sus restos a Santa María la Mayor, desde su entierro provisional en el Vaticano.
Al papa de la recuperación moral de la Iglesia –el que se mostró implacable contra el nepotismo, que excomulgó a Isabel de Inglaterra y eliminó en la práctica el protestantismo en Italia– lo canonizaron en 1712, aunque hubiera sido tratado de intransigente y duro. Y es que en la Iglesia pasa como en el cuerpo humano; arreglarlo, cuesta. Y a veces es preciso cortar para el bien de la totalidad.

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El Papa pide que el lucro no impida la investigación de las enfermedades raras

El Santo Padre invita a los médicos e investigadores que en este Año Jubilar sean ‘cooperadores cualificados y generosos de la misericordia del Padre’
El santo padre Francisco recibió en audiencia este viernes por la mañana en el Vaticano, a los participantes de la III Conferencia Internacional de Medicina Regenerativa, que lleva como título “Cellular horizons: how science, technology, information and communication will impact society” .
El congreso organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura se celebra en el Aula Nueva del Sínodo, en el Vaticano, con la colaboración de diversos entes entre los cuales la “Stem For Life Foundation”, y ve hoy en el Aula Pablo VI el punto culminante, con la audiencia pontificia.
El Santo Padre agradeció este encuentro dedicado a las enfermedades raras que afectan a millones de personas en todo el mundo, “porque a estos pacientes muchas veces no le dan la debida atención, dado que no se vislumbra un consistente retorno económico a las inversiones hechas en favor de ellos”.
“Este encuentro asume –añadió el Papa– un valor aún más significativo en el horizonte del Jubileo Extraordinario de la misericordia” y despierta esperanza ya que involucra a diversas personas e instituciones de diferentes partes del mundo.
El Pontífice señaló tres ideas principales durante su discurso: sensibilización,  investigación y acceso a los tratamientos médicos.
Sensibilización: “Tiene una importancia fundamental –aseguró Francisco– promover que en la sociedad crezca la empatía para que nadie se quede indiferente al pedido de ayuda del prójimo, también cuando sufre una enfermedad rara”. Y cuando no se encuentran soluciones hay que responder con rapidez a estas personas, porque la sensibilidad humana “debería ser universal, independientemente del credo, posición social o contexto cultural”.
La segunda idea es ‘investigación’ en sus dos aspectos, “la educación y la investigación científica propia”. Junto a las facultades intelectuales de los estudiantes es necesario garantizar una adecuada formación humana, asegurando el máximo nivel profesional, con recorridos interdisciplinarios, que den preparación humana y ética. “Porque la investigación hoy requiere una constante atención a los temas morales para ser instrumento de tutela de la vida y de la dignidad de la persona humana”.
El tercer concepto es ‘acceso a los tratamientos médicos’. El Santo Padre recordó que en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium ha señalado “el valor de los progresos de la humanidad en este momento” en el “ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación”. Entretanto lamenta “una economía de la exclusión y de la iniquidad”, cuando “el mecanismo del lucro prevalece sobre el valor de la vida humana”. Por este motivo “a la globalización de la indiferencia hay que contraponer la globalización de la empatía”. Esto nos invita a “volver evidente el problema de las enfermedades raras en escala mundial” a invertir en formación y recursos así como a “promover la adecuación legislativa” para que “sea promovida la persona humana”.
El Papa concluyó invitando a los médicos e investigadores en este Año Jubilar, a ser cooperadores cualificados y generosos de la misericordia del Padre.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

Italia detiene a cuatro extremistas islámicos que planeaban atentar contra el Vaticano


Cuatro extremistas islámicos detenidos en Italia planeaban atentar, entre otros objetios, contra la embajada de Israel en Roma y el Vaticano durante el Año de la Misericordia, según confimó ayer el ministro del Interior, Angelino Alfano.

"Los acusados fueron inducidos a realizar atentados o actos violentos en Italia", declaró el funcionario en una entrevista televisiva. Al respecto, el fiscal adjunto de Milán, Maurizio Romanelli, reveló en conferencia de prensa que este mes fue interceptado un mensaje enviado a uno de los detenidos desde Siria o Irak en el que se le invitaba a "efectuar atentados en Italia".

"Juro que seré el primero en atacarlos en esta Italia de cruzados, juro que atacaré, en el Vaticano", aseguró uno de los seis sospechosos que según las autoridades italianas planeaban integrarse a las filas del grupo extremista Estado Islámico.
El expediente judicial incluía transcripciones de conversaciones telefónicas entre esos tres sospechosos, agregó la agencia. Romanelli confirmó que fueron emitidas seis órdenes de arresto contra otros tantos imputados, pero que solamente fueron ejecutadas cuatro.
En la norteña localidad de Baveno, provincia de Verbania, fue detenida Wafa Koraichi, de 24 años de edad, mientras que en la vecina ciudad de Lecco fueron capturados el boxeador Abderrahim Moutaharrik y su esposa Salma Bencharki, de 27 y 26 años de edad, respectivamente.

El cuarto arrestado fue Abderrahmane Khachia, de 22 años, residente en Brunello, hermano de un militante del Estado Islámico (EI) que habría muerto en combate. Los cuatro nacieron en Marruecos y residían en Italia desde hace varios años.

EL SEÑOR ES BUENO, SU MISERICORDIA ES ETERNA

Del Salmo 99:


Aclama al Señor, tierra entera


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.


Aclama al Señor, tierra entera

Sabed que el Señor es Dios:
que Él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.


Aclama al Señor, tierra entera

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.


Aclama al Señor, tierra entera

Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes


Evangelio según San Juan 15,18-21. 


Jesús dijo a sus discípulos: 


«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. 

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. 

Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»