miércoles, 27 de abril de 2016

Catequesis del Papa: La compasión “es una característica esencial de la misericordia de Dios”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano (Cfr. Lc 10,25-37). Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús con esta pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 25). Jesús le pide dar a él mismo la respuesta, y él lo da perfectamente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo» (v. 27). Jesús entonces concluye: «obra así y alcanzarás la vida» (v. 28).
Entonces aquel hombre hace otra pregunta, que se hace muy preciosa para nosotros: «¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29), y presupone: “¿mis parientes? ¿mis connacionales? ¿Aquellos de mi misma religión?...”. En fin, quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en “prójimo” y “no prójimo”, en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.
Y Jesús responde con una parábola, que pone en escena a un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas con el culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa. El sacerdote, tal vez, ha mirado el reloj y ha dicho: “pero, llegare tarde a la Misa… Debo decir la Misa”. Y el otro ha dicho: “pero, no sé si la Ley me lo permite, porque hay sangre ahí y quedare impuro…”. Van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos ofrece una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Tú puedes conocer toda la Biblia, tú puedes conocer todas las normas litúrgicas, tú puedes conocer toda la teología, pero del conocer no es automático el amar: el amar tiene otro camino, el amor tiene otro camino. Con inteligencia, pero con algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Ni siquiera existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo. No lo olvidemos jamás: ante el sufrimiento de tanta gente agotada por el hambre, por la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué cosa significa? Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a aquel hombre, a aquella mujer, a aquel niño, a aquel anciano o aquella anciana que sufre, no me acerco a Dios.
Pero, vayamos al centro de la parábola: el samaritano, es decir, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino «lo vio y se conmovió» (v.33). Así dice el Evangelio: “Tuvo compasión”, es decir, ¡el corazón, las vísceras, se han conmovido! Esta ahí la diferencia. Los otros dos “vieron”, pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano era sintonizado con el corazón de Dios. De hecho, la “compasión” es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué cosa quiere decir? Sufre con nosotros, nuestros sufrimientos Él lo siente. Compasión: “compartir con”. El verbo indica que las vísceras se mueven y tiemblan a la vista del mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la cual el Señor viene a encontrar a cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánta necesidad tenemos de ayuda y consolación. Esta cerca y no nos abandona jamás. Pero podemos, cada uno de nosotros, hacernos la pregunta y responder en el corazón: “¿Yo lo creo? ¿Yo creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con tantos problemas y tantas cosas?”. Pensar en esto y la respuesta es: “¡Sí!”. Pero, cada uno debe mirar en el corazón si tiene la fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: ¡es paciente! Siempre junto a nosotros.
El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para “acercarse” al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.
Concluida la parábola, Jesús devuelve la pregunta al doctor de la Ley y le pide: «¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequivocable: «El que tuvo compasión de él» (v. 37). Al inicio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se ha hecho cercano. Jesús cambia la prospectiva: no clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, tienes esa capacidad de sufrir con el otro.
¡Esta parábola es un estupendo regalo para todos nosotros, y también un compromiso! A cada uno de nosotros Jesús repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Ve, y procede tú de la misma manera» (v. 37). Estamos todos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se inclinó hacia nosotros, se ha hecho nuestro siervo, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado, del mismo modo. ¡Gracias!

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

¡Escuchemos a Jesús que nos pide obras de misericordia!, pidió el Papa a peregrinos del mundo

El Papa Francisco, en su Audiencia general de la quinta semana de Pascua del Jubileo de la Misericordia, alentó a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo a no quedar indiferentes ante los sufrimientos de cuantos encontramos. Y a seguir el ejemplo de Jesús, Buen Samaritano, que se agacha para curar nuestras heridas. En especial, el Año jubilar nos recuerda que estamos llamados a sentir compasión y brindar nuestra ayuda a los necesitados.
«En estos días de Jubileo, Jesús nos dice: ‘¡Anda y cumple las obras de misericordia!’. Estamos llamados a ir hacia los que sufren y los necesitados para curar sus heridas, que les quitan las ganas de vivir. Miremos en nuestras familias, en nuestro ambiente de trabajo, en nuestras parroquias y escucharemos, una vez más, las palabras del Señor: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". (Mt 25,40)
Queridos amigos, recuerden que caminamos juntos, ayudándonos unos a otros. Y que, como el Buen Samaritano, debemos de hacer  que nuestra vida sea un don de amor a las personas que nos rodean».
En su bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, con su aliento a ser instrumentos de la Misericordia de Cristo, un saludo especial a los universitarios del campus de los jesuitas en la capital libanesa:
«Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, ¡en particular, al grupo de la universidad de San José de los Padres Jesuitas de Beirut, por los 140 años de la fundación de su universidad!
Queridos hermanos y hermanas, hemos nacido en Cristo como instrumentos de reconciliación, para llevar a todos el perdón del Padre, para revelar con gestos de caridad la misericordia que resplandece en su rostro».
Con su cordial saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, la exhortación del Papa a testimoniar la alegría del encuentro con Jesús:
«A ustedes, queridos jóvenes, les deseo que sean siempre fieles a su Bautismo, testimoniando la alegría que viene del encuentro con Jesús. Los exhorto a ustedes, queridos enfermos a mirar a Aquel que ha vencido la muerte y que nos ayuda a acoger los sufrimientos como ocasión de redención y de salvación. E invito a ustedes, queridos recién casados a pensar y vivir su experiencia familiar de cada día con la mirada del amor que ‘todo lo disculpa, todo lo soporta’ (cfr 1 Cor 13,7)
(CdM – RV)

El padre Llanos «lo dio todo por los que no conocían a Cristo»

El padre Llanos «era un hombre de testimonio profético, evangélico, que nos mostró con su vida la opción preferencial por los pobres». Así lo ha reconocido el arzobispo de Madrid en un acto de homenaje al jesuita José María de Llanos que la Fundación que lleva su nombre ha organizado para conmemorar el 110 aniversario del nacimiento del sacerdote.
Y «conocerlo», ha continuado el prelado madrileño, «fue para mí una gracia». Monseñor Osoro, siendo todavía seminarista, acudió al Pozo del Tío Raimundo para entrevistar al sacerdote con motivo de un libro y para ver la labor que realizaba en el suburbio de Madrid. «Encontré a un hombre que dio un salto espectacular. Pasó de un mundo de clase alta, en el que vivía cómodamente, al mundo de los obreros, de los inmigrantes, donde vivió heroicamente como uno más, sin luz ni teléfono, sin servicios higiénicos…», ha recordado el prelado.
A continuación, el arzobispo ha explicado que «la conversión nos desvía de lo que creemos de nuestra vida y nos ponemos cara a cara con Dios y nos dice lo que piensa sobre ella». Y «esta luz de Dios que nos interpela, nos hace vivir una fe viva».
Opción por los pobres
Para monseñor Osoro, la fe del padre Llanos «le llevó a entregarse a los demás sin límites, lo dio todo por los que no conocían a Jesucristo» y por quien recelaba de Cristo por culpa de los que decían que tenían a Dios en sus vidas pero «no se acercaban a los pobres». La fe de José María «le llevó a una opción preferencial por los pobres».
Confianza, sorpresa y cariño
Antes de concluir, el arzobispo de Madrid ha resumido la vida «de este singular jesuita» con tres palabras: «Confianza, que siempre nos hace tener las puertas de nuestra vida abierta para todos los hombres sin excepción; sorpresa, con la que Dios nos habla a través de las personas de nuestro entorno; y cariño, el de Dios a cada uno de los hombres».

El prelado ha concluido su discurso dejando en el aire dos preguntas: «¿Cómo quieres a los que tienes a tu lado? ¿Qué haces por ellos?».

VAMOS ALEGRES A LA CASA DEL SEÑOR


Del Salmo 121: 

Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestro pies
tus umbrales, Jerusalén.


Vamos alegres a la casa del Señor

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el Nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.



Vamos alegres a la casa del Señor

«YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS»


El Señor, para convencernos de que es necesario que nos adhiramos a Él por el amor, ponderó cuán grandes bienes se derivan de nuestra unión con Él, comparándose a sí mismo con la vid y afirmando que los que están unidos a Él e injertados en su persona, vienen a ser como sus sarmientos y, al participar del Espíritu Santo, comparten su misma naturaleza (pues el Espíritu de Cristo nos une con él)... 

Nosotros... así llegamos a participar de su propia naturaleza y alcanzamos la dignidad de hijos adoptivos, pues, como afirma san Pablo, el que se une al Señor es un espíritu con Él. [...]

Esta vida la conservaremos si perseveramos unidos a Él y como injertados en su persona; si seguimos fielmente los mandamientos que nos dio y procuramos conservar los grandes bienes que nos confió, esforzándonos por no contristar, ni en lo más mínimo, al Espíritu que habita en nosotros, pues, por medio de Él, Dios mismo tiene su morada en nuestro interior.

De qué modo nosotros estamos en Cristo y Cristo en nosotros nos lo pone en claro el evangelista Juan al decir: En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Pues, así como la raíz hace llegar su misma manera de ser a los sarmientos, del mismo modo el Verbo unigénito de Dios Padre comunica a los santos una especie de parentesco consigo mismo y con el Padre, al darles parte en su propia naturaleza, y otorga su Espíritu a los que están unidos con Él por la fe: así les comunica una santidad inmensa, los nutre en la piedad y los lleva al conocimiento de la verdad y a la práctica de la virtud.

Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
Fuente: News.Va

PARA DAR BUENOS FRUTOS, HEMOS DE ESTAR UNIDOS A JESÚS


Evangelio según San Juan 15,1-8. 

Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. 

Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. 

Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. 

Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. 

La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

martes, 26 de abril de 2016

La paz verdadera

Cada uno de nosotros tiene algún problema que no sabe como resolver… alguna situación que nos preocupa y nos angustia… o alguna cruz que nos parece muy pesada y quisiéramos dejar de cargar… problemas en nuestros matrimonios o en nuestras familias… problemas en nuestros trabajos… problemas de salud… o problemas financieros… en fin, cargas que nos pesan y nos oprimen hasta el cansancio… la diferencia es que algunos siguen adelante con la mirada fija en el Señor, mientras que otros permiten que estas situaciones les roben la paz y la tranquilidad… y así dan pie a que el problema o la situación tome el control de sus vidas, tanto física como espiritualmente…
Hay algo que comprendí hace mucho tiempo: NADA en nuestra vida sucede por casualidad… aún en medio de las pruebas más grandes y los problemas más difíciles, el Señor camina a nuestro lado, pendiente de cada paso que damos… la Palabra dice que «hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados» (Mateo 10, 30)… pero tenemos que esperar con fe que llegue el “tiempo del Señor”… con paciencia, confiando en que Él lo sabe y lo puede todo… aunque no entendamos lo que sucede o porque sucede… San Pablo nos dice que «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Romanos 8,28)… confiemos… y dejémosle a Dios ser Dios…
Con esto en mente, quisiera invitarte a leer esta pequeña historia,
Cuentan que había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura el significado de la paz perfecta… llegaron artistas de todos los rincones del reino, pues todos querían intentarlo…
Al fin llegó el gran día y se reunieron todos los artistas con sus pinturas en un gran salón del palacio… el rey se paseaba por el salón, observando con atención y admirando todas las pinturas… estaba la pintura de una apacible pradera llena de verdor, donde unas ovejas pastaban tranquilamente… otra de un mar sereno y cristalino que reflejaba una hermosa luna llena… pero la preferida de todos era la pintura que estaba en el centro del salón…
El rey se detuvo ante ella y examinaba cada detalle de aquella pintura… era un lago muy tranquilo donde se reflejaban unas montañas majestuosas con sus picos cubiertos de nieve… sobre los picos, un cielo azul se adornaba con unas tenues nubes blancas… los presentes miraban extasiados y suponían que esta sería la pintura ganadora…
El rey siguió su recorrido por el salón y allí, en un apartado rincón, quedaba una última pintura que todos los presentes habían relegado al último lugar… cuando el rey la vio, su rostro cambió y mandó inmediatamente a buscar el artista que la había pintado… la gente estaba sorprendida…
Esta pintura mostraba un mar embravecido que azotaba fuertemente un acantilado… era una noche oscura y lluviosa, donde el cielo se iluminaba violentamente por los relámpagos… y en medio del rugir de la tormenta, un peñasco sobresalía de entre las olas… allí, en uno de sus lados había un nido, frágil y delicado, donde un pequeño pajarito alimentaba a sus polluelos…
El rey comenzó a explicarles que paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajos o sin dolor… paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas adversidades, a pesar de estar a la merced de las presiones y urgencias, nuestro corazón sea capaz de permanecer en calma… ese es el verdadero significado de la paz…

Fuente: Tengo sed de Ti 

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL


Los laicos, son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos, recuerda el Papa Francisco, que envió una Carta al  Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública.
En el documento - firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José, en el cuarto año de su pontificado -  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL, sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».
Recogiendo lo compartido espontáneamente y prosiguiendo su reflexión, con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el Obispo de Roma hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados amirar, proteger, acompañar, sostener y servir».
«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe el Papa Francisco, evocando en su densa reflexión el magisterio del Concilio Vaticano II y al Beato Pablo VI. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».
«Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados», madres, abuelas, padres…, recuerda luego, una vez más el Sucesor de Pedro, que antes de concluir su carta recuerda también su oración en México, ante la Madre de Dios y la oportunidad de estar a solas y de dejarse mirar por Ella.
(CdM – RV)

¿Sabemos amar de verdad?

 

¿Es posible el amor en el mundo en el que vivimos? El mandamiento nuevo que Jesús nos ofrece, ¿no es acaso un ideal hermoso pero inalcanzable? Una rápida mirada a la realidad actual podría darnos suficientes razones para pensar que efectivamente es así. Y no hace falta desplazarnos hasta regiones de la tierra donde mueren hombres, mujeres y niños en una guerra fratricida, ni recordar los atentados terroristas en Francia o Bélgica, o los millones de asesinatos de bebes inocentes que se cometen año a año en los vientres maternos. Muchas veces las manifestaciones del anti-amor, del egoísmo y el individualismo, tal vez menos escandalosas pero siempre dolorosas, están mucho más cerca de la puerta de nuestra casa si es que no están también dentro.
¿Es, pues, un ideal hermoso pero irrealizable en este mundo? Una vez más, la Palabra viva de Dios nos responde con fuerza: ¡No! Y nos anuncia que el amor es posible. ¿Por qué? Porque Dios nos ha amado primero. Nos amó primero cuando nos creó de la nada; nos amó primero cuando nos perdonó por haberle dado la espalda con nuestro pecado; nos amó primero hasta el punto de enviar al mundo a su Hijo Único a dar la vida por nosotros para reconciliarnos y obtenernos la vida verdadera: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10).
Comprender un poco mejor el alcance de lo que Jesús nos dice en el Evangelio pasa por preguntarnos por la novedad del mandamiento que nos da. ¿En qué sentido es un «mandamiento nuevo» cuando la ley de Israel también mandaba amar al prójimo (ver Lv19,18))? «¿Por qué, pues, llama nuevo el Señor a lo que nos consta que es tan antiguo?» se pregunta San Agustín. Y responde que la novedad está en que el Señor nos manda amarnos unos a otros «como Él nos ha amado». Eso lo cambia todo. «La verdadera novedad —nos dice el Papa Benedicto XVI— no es lo que hacemos nosotros, la verdadera novedad es lo que hace Él: el Señor nos ha donado su Persona, y el Señor nos ha dado la verdadera novedad de ser miembros suyos en su Cuerpo». Esta distinción, que podría parecer una sutileza, es fundamental. El amor que Cristo nos llama a vivir no es una mera expresión moral de una doctrina, que podría incluso llegar a ser heroica. Es mucho más que eso. El mismo Papa Benedicto nos señala: «Demos gracias al Señor porque nos ha sacado del puro moralismo; no podemos obedecer a una ley que está frente a nosotros, pero debemos sólo actuar según nuestra nueva identidad (…). La nueva ley no es otro mandamiento más difícil que los demás: la nueva ley es un don, la nueva ley es la presencia del Espíritu Santo que se nos da en el Sacramento del Bautismo, en la Confirmación y cada día en la santísima Eucaristía».
Amar como Él nos ha amado implica, pues, reconocer el amor de Dios que ha salido a nuestro encuentro y nos ha amado primero. Él ha transformado nuestro ser y en nuestro Bautismo realmente nos ha hecho creaturas nuevas (ver 2Cor 5,17-18), y nos ha hecho capaces de vivir el amor de Dios que ha «derramado en nuestro corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5,5). Dios mismo nos sostiene y fortalece con su Espíritu para vivir cotidianamente en Cristo, es decir, para que nuestra vida se desarrolle conforme con nuestra identidad de hijos de Dios de modo que actuemos de acuerdo a lo que somos. A veces estas frases apenas enunciadas nos pueden parecer teóricas, frías y lejanas. ¡Y, sin embargo, son tan reales! Está en manos de cada uno de nosotros permitir que esa fuerza del amor de Dios nos transforme, realmente cambie cosas concretas y cotidianas de nuestra vida, de nuestra relación con otras personas.
Ser cristianos, ser de Cristo, estar unidos a Él, lleva a que nuestras obras y acciones manifiesten y anuncien la presencia de Jesús. Queda claro que la medida del amor la pone Jesús, no nosotros. Por ello cuando el Señor nos manda amarnos unos a otros como Él nos ha amado nos invita a amar a nuestros hermanos con un amor comprometido, sin distinción, hasta el extremo, incondicional, sin pedir nada a cambio… con su amor. ¿Cómo haremos esto? ¿Por dónde comenzar en el panorama de un mundo desolado por falta de amor verdadero? Quizá por los que tenemos más cerca, por aquellos que nos son más «próximos”»y, en ese sentido, son el prójimo: «ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mt22,39).
El autor de esta reflexión es el teólogo Ignacio Blanco

China "debe estar alerta" ante infiltraciones a través de la religión. Xi Jinping advierte del extremismo religioso



Un claro ejemplo de ello es la campaña de retirada de cruces cristianas
China "debe estar alerta" ante posibles infiltraciones extranjeras a través de la religión, advirtió el presidente Xi Jinping, en un momento de aumento de la persecución contra grupos religiosos en el país.
En una conferencia de dos días sobre asuntos religiosos a la que asistió la plana mayor del Gobierno -entre ellos, el primer ministro Li Keqiang-, Xi destacó que los grupos religiosos deben seguir el liderazgo de la formación gobernante, publica hoy el diario oficial Global Times.
Según dijo el presidente en ese foro, que concluyó este fin de semana, los grupos religiosos deberían "hacer confluir las doctrinas religiosas y la cultura china, cumplir la legislación y entregarse al proceso de apertura y reforma del país y a la modernización socialista".
Además, instó a "combatir la infiltración extranjera a través de la religión" y a estar alerta ante el extremismo religioso.
El Global Times acompaña el artículo con un editorial hoy en el que explica que la religión "está muy politizada en muchos países y de vez en cuando se ve inmersa en confrontaciones políticas a nivel internacional" y defiende que, para "garantizar la coexistencia armoniosa de diferentes religiones", China pone por encima de todas ellas "el liderazgo del Partido y el Estado de Derecho".
Dada la influencia que tiene la religión sobre los creyentes, la religión se convertirá en "el punto más flaco" de China, por donde las "fuerzas extranjeras" podrán penetrar, "si está controlada por la política internacional", añade.
Las declaraciones de Xi se producen en un momento de aumento del control y la censura contra grupos religiosos en el país, criticado duramente por organizaciones de derechos humanos.
Un claro ejemplo de ello es la campaña de retirada de cruces cristianas iniciada por el Gobierno estos últimos años en múltiples partes del país, y especialmente en la provincia oriental de Zhejiang.
Desde hace más de un año y hasta el pasado febrero, 1.800 iglesias han visto desaparecer sus cruces en China, según datos de China Aid, organización que desde EE.UU. coordina una amplia red de activistas y cristianos clandestinos chinos.
Esta campaña del Gobierno motivó numerosas protestas, especialmente en la ciudad de Wenzhou, la conocida como el "Jerusalén de China" por su gran comunidad cristiana.
Zhang Kai, abogado conocido como el "defensor de las cruces" por protestar contra esa campaña, fue detenido siete meses y durante su tiempo recluido protagonizó una confesión en televisión en la que admitía haber colaborado con "fuerzas extranjeras", si bien ONG en defensa de los derechos humanos consideraron que Zhang fue "forzado" a realizar estas declaraciones.
El presidente chino ha reforzado el aparato de seguridad del Gobierno desde su llegada al poder contra las amenazas extranjeras pero también locales.
Entre sus iniciativas, se encuentra la controvertida ley de seguridad nacional que se aprobó el año pasado, y que abarca aspectos tan dispares como las finanzas, la política, el ejército, la ciberseguridad o la religión.

(Rd/Agencias)

PROCLAMEMOS LA GLORIA DEL SEÑOR



Del Salmo 144:

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo Nombre
por siempre jamás.

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado


LES DEJO LA PAZ, LES DOY MI PAZ

Evangelio según San Juan 14,27-31a. 

Jesús dijo a sus discípulos: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! 

Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. 

Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como Él me ha ordenado.»

lunes, 25 de abril de 2016

Comprender la Pobreza. "No es fatalidad ni infortunio, sino injusticia"

"La pobreza tiene causas humanas y es una realidad compleja"

La pobreza es un hecho complejo. No se limita, por lo tanto, sin que esto signifique negar su importancia, a la vertiente económica. La realidad de países plurirraciales y pluriculturales, como lo son una buena parte de los latinoamericanos, el Perú entre ellos, nos puso rápida y directamente ante esa diversidad.

Visión reforzada por la compleja comprensión que la Escritura, en ambos testamentos, tiene de los pobres: los que mendigan para vivir, las ovejas sin pastor, los ignorantes de la Ley, aquellos que son llamados "los malditos" en el evangelio de Juan (7,49), las mujeres, los niños, los extranjeros, los pecadores públicos, los enfermos de males graves.
Presente desde un inicio, como problema y como enfoque, esta complejidad (realidad que hoy las agencias internacionales han comenzado a subrayar) fue ahondada, por la reflexión teológica latinoamericana, siguiendo variadas líneas, en los años siguientes. Precisamente, la conciencia de esa multidimensionalidad llevó a las tempranas expresiones de ‘no persona' y de ‘insignificante' para referirnos a los pobres. Con ellas se quería subrayar lo que tienen en común todos los pobres: la ausencia del reconocimiento de su dignidad humana y de su condición de hijas e hijos de Dios, sea tanto por razones económicas, como raciales, de género, culturales, religiosas u otras.
Condiciones humanas, estas últimas, que la mentalidad dominante de nuestras sociedades no valora, creando una situación desigual e injusta.
Injusticia, no infortunio

La pobreza no es una fatalidad, es una condición; no es un infortunio, es una injusticia. Es resultado de estructuras sociales y de categorías mentales y culturales, está ligada al modo como se ha construido la sociedad, en sus diversas manifestaciones. Es fruto de manos humanas: estructuras económicas y atavismos sociales, prejuicios raciales, culturales, de género y religiosos acumulados a lo largo de la historia, intereses económicos cada vez más ambiciosos; por lo tanto, su abolición se halla también en nuestras manos.
Actualmente disponemos de los instrumentos -sujetos al examen crítico de rigor- que permiten conocer mejor los mecanismos económico-sociales y las categorías en juego. Analizar esas causas es una exigencia de honestidad, y, a decir verdad, el camino obligado si queremos realmente superar un estado de cosas injusto e inhumano. Punto de vista que -sin olvidar que en la pobreza de los pueblos intervienen variados factores- desvela el papel que tiene la responsabilidad colectiva en este asunto y, en primer lugar, la de quienes tienen mayor poder en la sociedad.
Reconocer que la pobreza no es un hecho ineluctable, que tiene causas humanas y que es una realidad compleja, conduce a repensar las formas clásicas de atender la condición de necesidad en la que se encuentran los pobres e insignificantes. La ayuda directa e inmediata a quien vive una situación de necesidad e injusticia conserva su sentido, pero debe ser reorientada y, al mismo tiempo, ir más allá: eliminar lo que da lugar a ese estado de cosas.
Pese a la evidencia del asunto, no puede decirse, sin embargo, que esta perspectiva estructural se haya convertido en una opinión generalizada en el mundo de hoy, ni tampoco en ambientes cristianos. Hablar de causas de la pobreza hace ver la delicadeza y, en verdad, la conflictividad del problema, razón por la cual muchos buscan soslayarlas.

Una situación que se agrava
A lo anterior se agregan otros elementos de nuestra actual percepción de la pobreza que deben ser considerados.
Uno de ellos es la dimensión planetaria de la situación en que se encuentra la gran mayoría de la población mundial. Esto vale para el conjunto de lo que entendemos por pobreza, aunque muchas veces los estudios al respecto insistan, más bien, en su vertiente económica, sin duda la más fácil de medirPor largo tiempo, las personas sólo conocieron la pobreza que tenían cerca, en su ciudad o, a lo sumo, en su país; su sensibilidad, cuando ella tenía lugar, se limitaba, se explica, a lo que tenían ante los ojos y, literalmente, al alcance de la mano (para dar una ayuda directa, por ejemplo).
Las condiciones de vida de entonces no permitían tener un entendimiento suficiente de la extensión de ese estado de cosas. Esto cambió, cualitativamente, con la facilidad de información que se fue adquiriendo; lo que antes era distante y remoto se ha hecho próximo y cotidiano. Además, los datos y los estudios sobre la pobreza masiva, realizados por un sinnúmero de organizaciones en nuestros días, se multiplican y perfilan sus métodos de investigación. No pueden ser ignorados.

Otro rasgo que ha modificado, asimismo, nuestra aproximación a la pobreza es su profundización y el incremento de la brecha entre las naciones y personas más ricas y las más pobres. Esto, a juicio de ciertos economistas, está llevando a lo que se ha calificado de neodualismo: la población mundial se coloca cada vez más en los dos extremos del espectro económico y social. Una de las líneas divisorias es el conocimiento científico y técnico que se ha constituido en el eje más importante de acumulación en la actividad económica y cuyos avances han acelerado la ya desenfrenada explotación -y depredación- de los recursos naturales del planeta que son un patrimonio común de la humanidad. Estos factores han acrecentado la distancia que anotábamos.
No obstante, el asunto no se limita al aspecto económico de la pobreza y la insignificancia. En el espacio creado por esa disparidad creciente intervienen y se entrecruzan los elementos mencionados anteriormente: los que vienen del terreno económico, por un lado, con los referentes a las cuestiones de orden cultural, racial y de género, por el otro. Esto último ha llevado a hablar, con razón, de una feminización de la pobreza; las mujeres constituyen, en efecto, el sector más afectado por la pobreza y la discriminación, sobre todo si pertenecen a culturas o a etnias postergadas. Si bien la cuestión ha alcanzado ahora proporciones escandalosas, el proceso de acentuación de esa distancia estaba en marcha desde hace décadas, lo que explica la alarma que ya provocaba entonces.
Hoy -y este hoy lleva ya un buen tiempo- la inhumanidad e injusticia de la pobreza, la ignorancia de sus causas y la percepción de su complejidad, extensión y hondura, tengamos o no una experiencia directa de ella, no puede ser disculpada. Es un conocimiento que se constituye en pauta importante para apreciar la calidad -y la eficacia- humana y cristiana de la solidaridad con el pobre.
Extracto de un artículo del P. Gustavo Gutiérrez para un libro en homenaje a Aloysius Pieris, Encounter with the Word
(Sri Lanka, The Ecumenical Institute for Study and Dialogue).

(Gustavo Gutiérrez, en RyL).-

CANTARÉ ETERNAMENTE TUS MISERICORDIAS, SEÑOR

Del Salmo 88: 

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor


Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»


Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu Rostro;
tu Nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

ANUNCIEN EL EVANGELIO A TODO EL MUNDO

Evangelio según San Marcos 16,15-20. 

Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. 

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán". 

Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. 

Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.