jueves, 24 de marzo de 2016

Carlos Osoro: "'El 'arma' para cambiar este mundo es el amor"


El arzobispo de Madrid asegura que "la Iglesia no es enemiga del hombre"
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha afirmado este miércoles que "la Iglesia no es enemiga del hombre" y que su labor, que "se manifiesta en régimen de libertad total, sin prohibiciones ni persecuciones", está dirigida a promover "el desarrollo integral del hombre".
Así lo ha explicado Osoro en su misiva dedicada a la Semana Santa, en la que ha indicado que el hombre "necesita de Dios", ya que un "desarrollo auténtico exige una visión trascendente de la persona". "Os invito a que contempléis a un Dios que enriquece plenamente al hombre", ha añadido en referencia a las celebraciones de esta semana.
El arzobispo ha explicado que la Iglesia "abre al hombre a la plenitud" y que "urge hacer ver a la humanidad la necesidad de la perspectiva de la vida eterna para no encerrar al ser humano en la historia". "En esta Semana Santa, recordad que el Bautismo fue la primera y fundamental relación vital entre la Pascua del Señor y nuestra Pascua", ha añadido.
En su carta, Osoro ha animado a los madrileños a descubrir "la riqueza" que trae Jesucristo. "El Domingo de Ramos descubríamos cómo entró en Jerusalén en un borrico que nadie había montado", explica. Este "detalle" de que "nadie lo había montado" significa que "Él viene sin la fuerza de la violencia, sin imposiciones", según el arzobispo.
Otro de los mensajes que traslada es que "el arma" para "cambiar este mundo" es el "amor". Osoro indica que Jesús "es insultado, ultrajado, azotado" y "el arma que Él utiliza" es el "su amor". "Atrevámonos a acoger ese amor", añade.

Osoro ha finalizado su carta pidiendo que "tengamos el atrevimiento de encontrarnos con Él para saber dónde está la fuente de la alegría". "Utilicemos el arma de su Amor", finaliza.(RD/Ep)
Misa crismal
El bonus odor Christi se hace vida hoy de una manera real, visible, latente, en las manos sacerdotales de los que un día decidieron poner su corazón en las manos de un Dios que prometió compensarles su entrega con el ciento por uno. Esta mañana, la catedral de Santa María la Real de la Almudena ha sido testigo de la Misa Crismal que, un año más, sirve para renovar las promesas bautismales del presbiterio que peregrina en Madrid ante su Pastor, el arzobispo de Madrid.
Acompañado por el arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela; el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ; el vicario general y los vicarios episcopales, y numerosos sacerdotes, monseñor Osoro ha presidido esta celebración en la que ha consagrado el Santo Crisma y, además, ha bendecido los restantes óleos o aceites (destinados a los enfermos y a los catecúmenos).
In persona Christi
En su homilía, el prelado ha afirmado que a los sacerdotes no se les pide más que lo que, «con gran acierto», formula el Papa Francisco: «que seamos expertos en ser rostros vivos de la misericordia». Jesús, ha dicho, «nos muestra ese rostro en una de las parábolas de la misericordia», donde «nos hace ver el ministerio sacerdotal como el de unos hombres con un corazón en salida, que busca a los hombres y que lo hace bombeando tres esencias: alegría, esperanza y misericordia».
En una catedral repleta de sacerdotes y de fieles, ha aseverado que por la ordenación sacerdotal «hemos sido revestidos de Cristo», para «actuar in persona Christi». La imagen que mejor describe esto, ha continuado, «es la parábola de la oveja perdida, una de las parábolas de la misericordia». En la misma, «se nos muestra con una belleza extraordinaria la tarea y misión de Jesucristo como Buen Pastor y se nos regala la identidad que como pastores hemos de vivir». Una misión que, según el arzobispo, «se resume en tres expresiones: 1. Mirar con los ojos de Jesús; 2. Aprender a actuar y a vivir como Jesús; y 3. Jesús es pastor que se expone para atraerlos».
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
Este Año de la Misericordia, ha subrayado, «nos invita a que nuestro corazón bombee tres esencias que dan un perfume nuevo a la existencia de los hombres», que se hacen realidad «recordando siempre cómo se inició nuestro ministerio, cómo se tiene que mantener y cómo se ha de promover». Jesucristo, les ha recordado a los presbíteros, «nos dice: "Id y haced discípulos en todos los pueblos"», por lo que «nos quiere misioneros, saliendo a buscar a la gente donde esté y regalando en cercanía el fervor de los primeros cristianos, que experimentaban, junto a los apóstoles -como nos decía el beato Pablo VI-, "la dulce y confortadora alegría de evangelizar".
El prelado, además, ha asegurado que el anuncio «hay que realizarlo en clave misionera», sabiendo que «estamos llamados a promover la cultura del encuentro, eliminando todo intento de hacer cultura de la exclusión o del descarte, siendo servidores de la cultura de la comunión con la certeza de haber sido alcanzados y transformados por Cristo».

Francisco pide convertir el corazón de los "cegados por el fundamentalismo cruel"


Insta a "unánime condena de estos crueles hechos que sólo causan muerte, terror y horror"
El papa Francisco pidió hoy rezar para "convertir los corazones de estas personas cegadas por el fundamentalismo cruel" al recordar los últimos atentados y en particular los de ayer en Bruselas.
Durante los saludos en varios idiomas tras la audiencia general, Francisco explicó que ha seguido con "el corazón dolido" las tristes noticias sobre los atentados en Bruselas y expresó su cercanía y oración a toda la población belga y a los familiares de las víctimas y a los heridos.
Después realizó un llamamiento "a todas las personas de buena voluntad" para que se unan "a la unánime condena de estos crueles hechos abominables que sólo causan muerte, terror y horror".
Francisco instó a "perseverar" en la oración y pedir que "el Señor en esta Semana Santa conforte los corazones afligidos y convierta los corazones de estas personas cegadas por el fundamentalismo cruel".
El Vaticano difundió ayer el telegrama de pésame enviado por Francisco tras los atentados en Bruselas que causaron al menos 31 muertos y en los que se condenaba "la violencia ciega que causa tanto sufrimiento".
"Tres días intensos que nos hablan de la misericordia de Dios, pues hacen visible hasta dónde puede llegar su amor por nosotros", así describió el Papa Francisco el Triduo Pascual que celebraremos en este Año de la Misericordia.
Durante su catequesis semanal en la plaza de San Pedro ante miles de peregrinos, el Obispo de Roma animó a que en estos días santos "acojamos en nuestro corazón lagrandeza del amor divino en el misterio de la Muerte y Resurrección del Señor".
Además, el Papa recordó las palabras del Evangelio de Juan que son "la clave para comprender el sentido profundo" de estos días: «Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» y añadió que el Triduo Pascual "es el memorial de un drama de amor que nos da la certeza de que nunca seremos abandonados en las pruebas de la vida".
Posteriormente, el Pontífice explicó que el Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies "Jesús nos enseña que la Eucaristía es el amor que se hace servicio" y el Viernes Santo es un "momento culminante del amor, un amor que quiere abrazar a todos sin excluir a nadie con una entrega absoluta".

Por último, el Papa destacó que el Sábado Santo "es el día del silencio de Dios" que es un "gran misterio de amor y de misericordia" y que "nuestras palabras son pobres e insuficientes para expresarlo con plenitud" ya que Jesús "comparte con toda la humanidad el drama de la muerte, no dejando ningún espacio donde no llegue la misericordia infinita de Dios" y agregó que "en este día, el amor no duda, sino que espera confiado en la palabra del Señor hasta que Cristo resucite esplendente el día de la pascua".

«EL CORDERO INMACULADO NOS SACÓ DE LA MUERTE A LA VIDA»


Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida. Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, el que en otro tiempo libró a los israelitas de Egipto, y nos salva de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Este es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad. Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de las tinieblas al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua nuestra salvación. Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas. Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado en el madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo. 

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro.

De la homilía de Melitón de Sardes, obispo, sobre la Pascua (s. II)
(Núms. 65-71: SC 123, 95-101).  Fuente: News. va

Jueves Santo. Lectura de la Pasión



Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42. 

Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. 
Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. 
Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. 
Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A quién buscan?". 
Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". El les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. 
Cuando Jesús les dijo: "Soy yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra. 
Les preguntó nuevamente: "¿A quién buscan?". Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno". 
Jesús repitió: "Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejEn que estos se vayan". 
Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me confiaste".
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 
Jesús dijo a Simón Pedro: "Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?". 
El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. 
Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. 
Caifás era el que había aconsejado a los judíos: "Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo". 
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, 
mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. 
La portera dijo entonces a Pedro: "¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?". El le respondió: "No lo soy". 
Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. 
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. 
Jesús le respondió: "He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 
¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho". 
Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: "¿Así respondes al Sumo Sacerdote?". 
Jesús le respondió: "Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?". 
Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. 
Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: "¿No eres tú también uno de sus discípulos?". El lo negó y dijo: "No lo soy". 
Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: "¿Acaso no te vi con él en la huerta?". 
Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo. 
Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. 
Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen contra este hombre?". Ellos respondieron: 
"Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado". 
Pilato les dijo: "Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie". 
Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. 
Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?". 
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?". 
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?". 
Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí". 
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz". 
Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?". Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. 
Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?". 
Ellos comenzaron a gritar, diciendo: "¡A él no, a Barrabás!". Barrabás era un bandido. 
Pilato mandó entonces azotar a Jesús. 
Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, 
y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban. 
Pilato volvió a salir y les dijo: "Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena". 
Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: "¡Aquí tienen al hombre!". 
Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo". 
Los judíos respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios". 
Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. 
Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres tú?". Pero Jesús no le respondió nada. 
Pilato le dijo: "¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?". 
Jesús le respondió: " Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave". 
Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: "Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César". 
Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado "el Empedrado", en hebreo, "Gábata". 
Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: "Aquí tienen a su rey". 
Ellos vociferaban: "¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Voy a crucificar a su rey?". Los sumos sacerdotes respondieron: "No tenemos otro rey que el César". 
Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron. 
Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo "Gólgota". 
Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. 
Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz. 
Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. 
Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas: 'El rey de los judíos', sino: 'Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos'. 
Pilato respondió: "Lo escrito, escrito está". 
Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, 
se dijeron entre sí: "No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca". Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados. 
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". 
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. 
Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. 
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. 
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. 
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. 
Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, 
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. 
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. 
Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron. 
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús -pero secretamente, por temor a los judíos- pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. 
Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. 
Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. 
En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. 
Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Mensaje de Semana Santa 2016 por D. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid

Con Jesús la muerte es Vida


Cuándo tiene sentido la cruz
Preguntas de Semana Santa
En plena Semana Santa me vuelvo a preguntar qué sentido tiene la cruz en nuestra vida.

Cuándo no tiene sentido la cruz
• No le veo sentido a la cruz por la cruz. Hay personas que han sacralizado el sufrimiento en sí mismo, como si pasarlo mal fuera per se algo positivo. Eso no es una virtud, es una enfermedad.
• No tiene sentido la cruz como autoflagelación mental. Es decir, dejar a la mente que te pase películas negativas. Es otro morbo perjudicial en que se recrea mi peor yo, mi personaje más falso. A ese no hay que hacerle ni caso.
• Carece de sentido autoculparse para sufrir más. Procede de no perdonarse a uno mismo por lo que hice en el pasado. Dios te ha perdonado y tú no te perdonas. Se trata de un penitencia buscada para hacerme daño, que lejos de liberarme, me hunde más.
 Es una cruz falsa la que me impongo porque otro está sufriendo. Por ejemplo, mi madre, mi amigo, un ser querido está sufriendo y yo me siento culpable si no lo paso igual de mal que él. No caigo en la cuenta de que es al revés: tengo que estar bien para poder ayudarle; tengo que salir del pozo para poder sacarle.

Cuándo tiene sentido la cruz
• La cruz tiene sentido cuando es una consecuencia de opción auténtica de vida o de una verdad asumida. Por ejemplo, si sufro por llevar adelante una causa justa, por defender a seres humanos, por evitar un mal o denunciar una injusticia. Jesús no muere en la cruz para buscar el sufrimiento, sino por ser consecuente hasta el final con su mensaje: el amor incondicional de Dios.
• La cruz salva cuando es cruz por los demás. Si me sacrifico por estar al lado del que sufre, por sacarle de su sufrimiento, aunque sea solo por consolarle y acompañarle. Pero nunca es sufrimiento buscado, sino un dolor o privación que brota del amor.
• La cruz se ilumina cuando requiere el abrazo de una situación inevitable. Si la enfermedad no tiene cura, si la muerte del ser querido me lo arrebata, si una catástrofe natural o una guerra imparable nos zahiere, crezco cuando abrazo esa cruz y la supero espiritualmente.
• La cruz libera cuando no acaba en cruz, sino en resurrección. Mientras la llevamos es liviana, si cuenta con un horizonte de esperanza. "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera"(Mt 11, 28-30).
 La cruz glorifica cuando no me empeño en llevarla a solas, sino cuando camino por la vía de la amargura al lado de Jesús. Porque el yugo solo puede soportarse entre dos. Porque con Jesús la muerte es Vida y el caminar por la fugacidad del tiempo un encuentro con una luz que tiene vocación de eternidad.


(Pedro Miguel Lamet).

El padre salesiano, raptado tras el asesinato de cuatro religiosas, podría ser torturado y crucificado el próximo viernes. Convocada una oración intensa el Jueves Santo

OTRAS FUENTES INDICAN QUE ES FALSO.


El sacerdote Tom Uzhunnalil, de 56 años, era el capellán de las misioneras de Madre Teresa muertas por yihadistas en Adén, en Yemen, el pasado 4 de marzo. Desde la terrible tragedia que costó la vida a 16 personas, en el convento todavía no tienen noticias del padre salesiano, secuestrado mientras se encontraba en la capilla durante el transcurso de los hechos. No obstante, unos oscuros rumores llegados hasta la India hablan de una posible ejecución por “crucifixión” del padre salesiano el Viernes Santo, el próximo 25 de marzo, día de la Pasión y muerte de Cristo en la cruz.
A modo de respuesta, el rector mayor de los salesianos, el padre Ángel Fernández Artime, invita a todos los salesianos a unirse a “un momento muy intenso de oración” por la paz, con una intención especial para el padre Tom, en la tarde del Jueves Santo, “día especial de vigilias y de intensos momentos de oración”. El Jueves Santo es un momento fundamental en el año litúrgico, porque fue en Jueves Santo cuando Jesús instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio, cuando comenzó su Pasión y se abandonó definitivamente a la voluntad del Padre. El comunicado está recogido en la agencia de noticias de los salesianos, ANS.
En un mensaje por vídeo difundido en 20 idiomas este lunes 21 de marzo a través de las redes sociales, el rector de los salesianos expresa, en nombre de toda la congregación, “nuestra cercanía y nuestra solidaridad” con la familia del padre Uzhunnalil, natural del estado de Kerala, en la India. Miembro de una familia profundamente católica, su tío Matthieu, también salesiano, fallecido el año pasado, fue el fundador de la misión en Yemen.
La crucifixión, ¿información o propaganda?
Los rumores de torturas y de la inminente ejecución del padre Tom, según un plan orquestado por los yihadistas, no están confirmados en absoluto, y se consideran “aparentemente carentes de ningún fundamento” por los salesianos, aunque son lo suficientemente alarmantes como para alimentar los temores acerca de la suerte del salesiano y la de “tantas personas de diferentes religiones y confesiones, que sufren un auténtico martirio” en diversas partes del mundo.
El vídeo del mensaje del Rector Mayor está disponible en 20 idiomas en el canal ANSChannel de YouTube. “Ojalá toda nuestra familia salesiana en el mundo y nuestros jóvenes pudiéramos estar unidos en las horas respectivas en esta misma oración por la paz”, concluye el padre Fernández.
El padre Tom estaba listo para el martirio
En las redes sociales circulan también imágenes de una carta enviada por fax y atribuida a la Madre Sally, la superiora de las Misioneras de la Caridad en Adén, única superviviente de la masacre. Según dicha carta, que describe el ataque, la religiosa había ido en busca del capellán para advertirle de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, al capellán ya le constaba el estado de la situación a causa de los gritos que surgían del convento y, en lugar de huir, había ido a la capilla para consumir todas las hostias consagradas y evitar que los asaltantes cometieran actos sacrílegos. En otro pasaje, una hermana recuerda que el padre Uzhunnalil decía todos los días: “Preparémonos para el martirio”.

“No sabemos nada, no sabemos dónde está y si aún está vivo. Esperamos y oramos por él”, afirmaba también el obispo Paul Hinder, OFM Cap, Vicario Apostólico para Arabia del Sur (cf. Fides). Mientras tanto, Yemen sigue sufriendo la sacudida de la violencia y los ataques militares. El 14 de marzo, un centenar de personas murió en el bombardeo de un mercado abarrotado en Al Khamis, en la provincia de Hajjah, un bombardeo obra de una coalición dirigida por Arabia Saudí. El conflicto en Yemen ha provocado al menos 10.000 muertos y la evacuación de más de un millón y medio de personas.
Fuente: Aleteia

Hoy es un buen día para pedirle perdón por nuestras ofensas

Hoy es un día que podemos recordar cuando Jesús anuncia la traición de Judas. Acompañar a Jesús con nuestra contrición, con nuestra búsqueda de la conversión. Un buen día para pedirle perdón por nuestras ofensas, de hacer un buen examen de conciencia de nuestras traiciones grandes o pequeñas y de acudir al sacramento de la reconciliación.
A continuación presentamos una propuesta de examen de conciencia del Cardenal Stafford que puede servirte de apoyo en tu meditación de hoy.
Un examen de conciencia
"Al invitar a un examen de conciencia, la Iglesia sugiere ayudarse del Sermón de la montaña. Las palabras de Jesús son el texto representativo de la nueva Ley. La cruz es la imagen fundamental del discurso. El cuerpo desgarrado de Jesús es la luz que no fue derrotada por las tinieblas. La oscuridad del pecado nunca podrá suprimir la luz de lamisericordia divina. Los penitentes disipan la oscuridad gracias a una confesión sincera de sus pecados.
Para que profundicéis vuestra compunción os propongo el siguiente examen:
¿Renuncio al orgullo, la envidia y la ambición, para seguir el camino de humildad de Jesús? ¿Soy dócil y abierto a la palabra de Dios? ¿Estoy dispuesto a dejarme juzgar por ella, en vez de juzgarla yo a ella? ¿Paso demasiado tiempo leyendo periódicos y revistas, viendo la televisión y navegando por internet? ¿Cuánto tiempo dedico a la meditación y a la lectura de la sagrada Escritura?
¿Soy pobre de espíritu? ¿He puesto mi felicidad en poseer bienes materiales? ¿He animado a los que dudaban o erraban a seguir lo verdadero y lo bueno?
¿He tenido la humildad de invocar la venida del reino de Dios y de no resistirme a ella?
¿He sentido hambre y sed de justicia?
¿He sido misericordioso, perdonando las ofensas de los demás?
¿He sido puro de corazón o he caído en la tentación dela doblez?
¿Me he esforzado por llevar la paz, actuando como auténtico hijo de Dios?
¿He recibido las cosas buenas como dones de Dios con profundo sentido de gratitud? ¿He aceptado con paciencia las cosas malas que me han pasado?
¿He practicado la justicia, que regula mis relaciones con los demás y tiene como finalidad la instauración de la paz?
En mi trabajo y en el desempeño de mis responsabilidades civiles y políticas, ¿he reconocido que la perfección de todas las bienaventuranzas reside en la aceptación de la persecución por el bien del reino de Dios?
¿He seguido los preceptos de la nueva justicia que Jesús menciona después de las bienaventuranzas, es decir, los preceptos del ayuno, la oración y el perdón?

Reunidos en torno a la tumba del apóstol san Pedro, recordemos que su amor a Jesús fue el motivo por el cual lloró, arrepentido, y decidió obedecer sus mandamientos. También los penitentes deberían esforzarse por cumplir los mandamientos sólo por amor. Basta para ello la revelación del corazón traspasado de Jesús. (...) Nada es necesario, excepto el amor de Jesús. Todo lo demás es consecuencia.”
CELEBRACIÓN PENITENCIAL: FRAGMENTO DE HOMILÍA DEL CARD. JAMES FRANCIS STAFFORD EN EL ALTAR DE LA CONFESIÓN DE LA BASÍLICA VATICANA, Martes Santo, 11 de abril de 2006. Texto completo

Fuente: Catholic.net

El episcopado español condena los atentados de Bruselas contra "el sagrado tesoro de la vida"


Ricardo Blázquez escribe una carta de condolencias a monseñor De Kesel.
Pide el descanso de las víctimas, "la paz para sus familias y la conversión del corazón de los terroristas"

El Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, ha remitido una carta de condolencia al arzobispo de Malinas-Bruselas, Mons. Josef De Kesel. El cardenal, en nombre de los obispos de la CEE, le transmite "nuestros sentimientos de condolencia ante unos hechos que atentan contra el sagrado tesoro de la vida humana y dañan gravemente todos los derechos inherentes a nuestra naturaleza".
Texto íntegro dela carta del cardenal Blázquez
Muy estimado Mons. Jozef De Kesel:
He recibido con dolor y tristeza la noticia de los atentados que han tenido lugar durante esta mañana en Bruselas, que ha dejado una numerosa cifra de víctimas, muertos y heridos. En nombre de los obispos de la Conferencia Episcopal Española, quiero transmitirle nuestros sentimientos de condolencia ante unos hechos que atentan contra el sagrado tesoro de la vida humana y dañan gravemente todos los derechos inherentes a nuestra naturaleza.
Encomendamos al Señor de la vida a todas las víctimas y pedimos el consuelo y la fortaleza para sus familiares, así como para las autoridades y las instituciones que son también atacadas en estos atentados y que tienen la misión de proteger y garantizar la paz y la concordia.
En estos días, en que celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, confiamos al autor de la vida el alma de los fallecidos, la paz y la serenidad para sus familias y la conversión del corazón de los terroristas.
Pido también a usted que traslade estos sentimientos de condolencia y solidaridad a las familias de las víctimas y a todos los católicos belgas, así como la seguridad de nuestra oración.
Quedo suyo affmo. en el Señor.
+ cardenal Ricardo Blázquez Pérez
Arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española

MIÉRCOLES SANTO. LA ORACIÓN


Estos próximos días estamos llamados a estar con Jesús, a ir con El a la Cena, a Getsemaní, y por el Camino de la Cruz, hasta el Calvario. Son días de acompañar en silencio las últimas horas en la tierra del Nazareno. Con las muestras de la piedad popular, las celebraciones litúrgicas y la oración personal se nos invita a mantener una relación de amistad con el Señor.
Hay momentos de la vida que no se prestan a especulación; son aquellos en los que el dolor, la enfermedad, la prueba, el sufrimiento se enseñorean y parece que impondrán de manera despótica un desenlace fatal.
En la experiencia del límite, cuando la mente es propicia a adelantar el abismo, y el corazón se encoge, ante el riesgo inminente de la peor noticia, una posibilidad favorable, al menos para mantener la calma, es permanecer en la contemplación de los sufrimientos de Jesús, y al mismo tiempo que surge la compasión, se nos devuelve la fuerza para sobrellevar nuestra prueba.
La oración de estos días es de contemplación, de unión, de amor, de estar con el Señor, de vivir de forma discreta cada hora en la resonancia de aquella otra “Hora” en la que Jesucristo padeció por nosotros los tormentos de la Pasión, para que siempre tengamos la certeza de que no estamos solos, aun en las peores circunstancias.
La participación en las celebraciones litúrgicas, la asistencia a actos de piedad, la permanencia silenciosa en adoración de la Eucaristía y de la Santa Cruz, el movimiento compasivo de acompañar a María, la Madre Dolorosa, la especial sensibilidad con todos los que sufren hoy la deportación, la soledad, la extrema necesidad, son expresiones solidarias que se transforman en consuelo interior.
¡Cuánto ayuda en los momentos recios no quedar atrapados en un dolorismo intrascendente! ¡Cuánto ayuda poder transformar la prueba en ofenda por tantos que necesitan sentir una mano tendida, un acompañamiento silencioso y afectivo!
Hemos recorrido la cuarentena, ya no hay tiempo de lucubrar sobre cómo vivir el tiempo pasado, pero es momento de intentar vivir lo más consciente posible los días en los que los cristianos celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. De ello va a depender que nuestra historia personal se transforme en experiencia de salvación.

¡Santos días!
Ángel Moreno de Buenafuente

"Les aseguro que uno de ustedes me entregará".


Evangelio según San Mateo 26,14-25. 

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes  y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata. 



Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. 



El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?". 



El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'". 



Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. 



Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce  y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".



Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?". 



El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. 



El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!". 



Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús. 

martes, 22 de marzo de 2016

Oración y pésame de Francisco por víctimas de los atentados en Bruselas

El Papa Francisco ha enviado un mensaje de pésame, a través del Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin al arzobispo de Malinas- Bruselas, monseñor Jozef De Kesel, por los atentados terroristas de la mañana del martes en esa capital que han causado más de treinta víctimas y un centenar de heridos.
“Al tener noticia de los atentados cometidos en Bruselas que han afectado a numerosas personas -dice el texto- Su Santidad el Papa Francisco confía a la misericordia de Dios a cuantos han perdido la vida y se une en oración al dolor de sus seres queridos. Expresa su profunda cercanía a los heridos y a sus familiares, así como a todas las personas que contribuyen a las operaciones de socorro, pidiendo al Señor que les de fortaleza y consuelo en esta prueba. El Santo Padre condena de nuevo la violencia ciega que engendra tantos sufrimientos e, implorando a Dios, el don de la paz, invoca sobre las familias tan probadas y sobre los belgas el bien de las bendiciones divinas”.
(RC-RV)

(from Vatican Radio)

"Todos vais a tropezar" "Al atardecer llegó con los doce"


"No habló de culpa, ni de abandono, ni de traición: eran amigos frágiles"
En el relato de Marcos sobre los preparativos de la cena pascual, hay un significativo desplazamiento de lenguaje. El texto comienza diciendo: «El primer día de los ázimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, le dicen los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?... » (Mc 14,12). Sin embargo, cuando es Jesús quien da las instrucciones para el dueño de la casa, habla de «cenar con mis discípulos», desaparecen las alusiones a lo litúrgico y no hay ya ni una palabra sobre ázimos, cordero, hierbas amargas, oraciones o textos bíblicos: solo pan y vino, lo esencial en una comida familiar.
Quiere cenar con los suyos y para eso necesitan encontrar una sala en la que haya espacio para estar juntos: ese es el único objetivo que permanece y que Lucas subraya aún con más fuerza « ¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua!» (Lc 22, 15). El «con vosotros» es más intenso que la conmemoración del pasado, lo ritual deja paso a los gestos elementales que se hacen entre amigos: compartir el pan, beber de la misma copa, disfrutar de la mutua intimidad, entrar en el ámbito de las confidencias.
Su relación con ellos venía de lejos: llevaban largo tiempo caminando, descansando y comiendo juntos, compartiendo alegrías y rechazos, hablando de las cosas del Reino. Él buscaba su compañía, excepto cuando se marchaba solo a orar: había en él una atracción poderosa hacia la soledad y a la vez una necesidad irresistible de contar con los suyos como amigos y confidentes.

Al principio ellos creyeron merecerlo: al fin y al cabo lo habían dejado todo para seguirle y se sentían orgullosos de haber dado aquel paso; les parecía natural que el Maestro tomara partido por ellos, como cuando los acusaron de coger espigas en sábado y él los defendió (Mc 2,23-27); o cuando el mar en tempestad casi hundía su barca y él le ordenó enmudecer (Mc 4,35-41); o cuando volvieron exhaustos de recorrer las aldeas y se los llevó a un lugar solitario para que descansaran (Mc 6,30-31).
Sin embargo, las cosas que él decía y las conductas insólitas que esperaba de ellos les resultaban ajenas a su manera de pensar y de sentir, a sus deseos, ambiciones y discordias y una distancia en apariencia insalvable se iba creando entre ellos: le sentían a veces como un extraño venido de un país lejano que les hablaba en un lenguaje incomprensible.
Pero aunque ninguno de ellos se sentía capaz de salvar aquella distancia, Jesús encontraba siempre la manera de hacerlo. El día en que admiró la fe de los que descolgaron por el tejado al paralítico (Mc 2,5), estaba en el fondo reconociéndose a sí mismo: también él removía obstáculos con tal de no estar separado de los suyos y nada le impedía seguir contando con su presencia y con su compañía, como si los necesitara hasta para respirar.
Ellos se comportaban tal y como eran, más ocupados en sus pequeñas rencillas de poder que en escucharle, más interesados en lo inmediato que en acoger sus palabras, torpes de corazón a la hora de entenderlas. Pero él se había ido inmunizando contra la decepción: los quería tal como eran sin poderlo remediar, los disculpaba, seguía confiando en ellos.

« Todos vais a tropezar, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño» (Mc 14,27), dijo durante la cena. No habló de culpa, ni de abandono, ni de traición: eran amigos frágiles que tropezaban y no se puede culpar a un rebaño desorientado cuando se dispersa y se pierde. Sabía que iban a abandonarle pronto y que, si no habían sido capaces de comprenderle cuando les hablaba de sufrimiento y de muerte, tampoco lo serían para afrontarlo a su lado, pero sobre sus hombros no pesaba carga alguna de reproches o de recriminaciones. Libre de toda exigencia de que correspondieran a su amor, estaba seguro de que, lo mismo que su abandono en el Padre le daría fuerza para enfrentar su hora, aquel extraño apego que sentía por los suyos sería más fuerte que su decepción por su torpeza.
Y seguiría considerándolos amigos, también cuando uno de ellos llegara al huerto para entregarle con un beso.

(Dolores Aleixandre)

Martes Santo: Preparativos

“Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre” «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra» (Is 49, 1.6).
Ante la celebración de una gran fiesta, siempre se hacen diferentes preparativos para que todo salga bien, según el motivo que se desea conmemorar. Esta es la razón por la que estos días previos a la Pascua, los judíos se disponían a limpiar toda la casa, y sobre todo a retirar los utensilios que solían estar en contacto con la levadura.
Es preceptivo apartar todo el ajuar de platos, cubiertos, ollas, especialmente destinado a guisar la cena de Pascua, comida que no puede estar contaminada con levadura.

La levadura es un producto que hace fermentar la masa, y su ausencia permite un alimento más puro. Con esta imagen se entiende la exigencia de disponernos limpios de corazón, con la purificación de los sentimientos, y la conversión interior.

Días de reconciliación, de perdón, de hacer posible que la cena pueda tener lugar con todos los de casa. Para ello es necesaria la humildad, el reconocimiento de las posibles ofensas, la súplica al cielo del perdón de Dios, si fuera necesario.
En las proximidades de esta fiesta, surge un elemento muy significativo, el perfume. Aparece en Betania, en la cena que le ofrecieron a Jesús sus amigos, y el aroma volverá a aparecer a la hora de dar sepultura al cuerpo del Señor. El perfume da buen olor, y significa amor, gratuidad, generosidad. Se usa muy especialmente en el momento de la boda, del desposorio, así lo dice el salmista: “A mirra y áloe huelen tus vestidos”, cuando canta al príncipe el día de su boda.
Si encontramos los mismos perfumes en el momento de dar sepultura al cuerpo de Jesús, significa que el autor sagrado nos presenta la muerte de Cristo como el acto supremo de amor de Aquel que da la vida por la humanidad entera.
Históricamente el Nazareno será condenado a muerte, entregado por la traición de un amigo -«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»- (Jn 13, 21), pero la razón suprema es porque Él mismo se entrega para cumplir los designios de Dios, su Padre, para que todos nosotros podamos recuperar la dignidad de hijos de Dios.

¿Estás preparado para la Pascua?
Ángel Moreno de Buenafuente