miércoles, 17 de febrero de 2016

Piden al papa que hable de migración en la valla fronteriza

Los inmigrantes indocumentados envían una carta a Francisco
Donald Trump los acusa de delincuentes en su campaña política
En la víspera de la visita del papa Franciscoa Ciudad Juárez, cientos de personas, entre ellos familias de inmigrantes indocumentados, se reunieron hoy en su honor en la localidad fronteriza de Sunland Park, en Nuevo México, para pedirle que aborde en su mensaje el tema de la inmigración.
En la ceremonia de reunificación en esta localidad situada a 15 kilómetros de El Paso (Texas), organizada por la Red Fronteriza por los Derechos Humanos, se leyó una carta dirigida al pontífice en la que los inmigrantes indocumentados expusieron las condiciones adversas en las que tienen que vivir en Estados Unidos.
"Somos los que con nuestro sudor y sangre construimos este país de Norteamérica. Los mismos que ahora somos perseguidos y atacados, a los que ahora nos llaman violadores y criminales por el simple hecho de cruzar esta frontera buscando una mejor vida para nuestras familias", leyó una de las portavoces de la agrupación.
Los autores de la carta se referían, sin citarlo, al candidato presidencial republicano,Donald Trump, que desde el comienzo de su campaña acusó a México de enviar delincuentes a los Estados Unidos, al tiempo que propuso construir un muro en la frontera.
La misiva, previamente enviada al papa Francisco, está escrita a nombre de las familias de indocumentados participantes, cuyo estatus migratorio les impide acudir a la misa papal del lado mexicano.
En su mensaje, los inmigrantes, que se vieron acompañados por personas congregadas al otro lado de la valla fronteriza en un acto de reunificación, exhortaron al papa a incluir el tema migratorio en su discurso.
En una emotiva ceremonia, los participantes soltaron globos rojos y blancos, como símbolo de la esperanza y la sangre de los inmigrantes en este país.
El evento fue organizado dentro de las actividades que la agrupación defensora de los derechos de los inmigrantes ha anunciado con motivo de la visita que el miércoles realizará el líder de la Iglesia católica a Ciudad Juárez, al otro lado de la frontera, donde pondrá fin a su primera visita a México como sumo pontífice.
El papa Francisco recordó este sábado en su discurso ante los obispos y el clero mexicano los riesgos y la integración, a veces difícil, de los migrantes que van al norte en busca de una vida mejor.
En la catedral de Ciudad de México, en el encuentro con los obispos y religiosos, Francisco expresó su apreció por todo lo que están haciendo "para afrontar el desafío"de una "época representada en las migraciones".
"Son millones los hijos de la Iglesia que hoy viven en la diáspora o en tránsito, peregrinando hacia el norte en búsqueda de nuevas oportunidades", explicó.
Francisco destacó cómo "muchos de ellos dejan atrás las propias raíces para aventurarse, aun en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, en búsqueda de la luz verde que juzgan como su esperanza".

(RD/Agencias)

Salmo de misericordia

Salmo 18, 2

2 Señor, no me reprendas por tu enojo
ni me castigues por tu indignación.

3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
sáname, porque mis huesos se estremecen.

4 Mi alma está atormentada,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo...?

5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
sálvame por tu misericordia,

6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
¿y quién podrá alabarte en el Abismo?

7 Estoy agotado de tanto gemir:
cada noche empapo mi lecho con llanto,
inundo de lágrimas mi cama.

8 Mis ojos están extenuados por el pesar
y envejecidos a causa de la opresión.

9 Apártense de mí todos los malvados,
porque el Señor ha oído mis sollozos.

10 El Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi plegaria.

11 ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror,

y en un instante retrocedan avergonzados!

ü  El orante

o   Abatido, extrema necesidad
§  Huesos, alma, ojos

o   Suplica y apela
§     ¿Hasta cuándo?

o   El orante confía
ü  Dios
o   Escucha
o   Fiel y misericordioso.
o   Pedagogo y educador, no juez.

Jóvenes con testimonio y esperanza hacen lío en Morelia



Aleteia

Francisco advierte a los jóvenes contra el narcotráfico: “Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios”

85.000 jóvenes. Un estadio abarrotado. El "José María Morelos y Pavón" nunca se vio en otra. El Papa Francisco se encontró con toda la juventud mexicana, ansiosa por escuchar sus palabras. Bergoglio dijo tres: "riqueza, esperanza dignidad", y advirtió a los jóvenes contra la "mentira" de que "la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte". "Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, nos llama discípulos, nos llama amigos".
El Papa llegó con adelanto a la cita, subido en una suerte de mini-golf, junto al arzobispo de Morelia. Apenas cabían los dos, que sonreían divertidos ante la ocurrencia de la organización. Los jóvenes le recibieron con efusión, con locura, incluso con algún conato de tumulto, provocado por las ganas del Papa de estar cerca de ellos. Representantes de todos los estados mexicanos se encontraban en el estadio de Morelia, y hubo representaciones de las culturas, danzas y tradiciones indígenas del país, un tanto caótico: debió ser imposible que Francisco se fijara en todas a la vez.
Dos chicas con síndrome de Down, una de ellas voluntaria de la organización, se saltaron el cordón de seguridad y corrieron a abrazar y besar al Papa. Es fascinante el poder de atracción del sucesor de Pedro. Aquel momento era una fiesta, aunque pocos prestaban atención de los testimonios de los jóvenes elegidos, atareados en contemplar el espectáculo o en "hacer la ola", un invento muy mexicano, en el estadio de fútbol.
Francisco sí escuchaba. Es más, pidió un bloc para tomar notas, y se saltó el discurso preparado por primera vez en este viaje. Antes de comenzar, envió un saludo y una bendición a los miles de jóvenes de Guadalajara reunidos en una plaza. "Somos dos estadios: la plaza Juan Pablo II y noostros aquí, y después, tantos otros por el pueblo".
El Papa comenzó reconociendo que conocía lo que los jóvenes le iban a decir, porque "me habían hecho llegar el borrador de lo que iban a decir. Es verdad, para qué les iba a mentir". Aun así, quiso improvisar. "Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven", subrayó Bergoglio, quien insistió que "ustedes, jóvenes, son la riqueza de esta tierra (...). Pero esa riqueza hay que transformarla en esperanza con el trabajo".
"Todos podemos vivir, pero no podemos vivir sin esperanza", destacó el Papa, quien pidió "construir esperanza, con mis manos, con mi corazón y con mi mente". Y es que "la esperanza nace cuando se puede experimentar que no todo está perdido. Y para eso hay que empezar por sí mismo. No estoy perdido, yo valgo, yo valgo mucho".
"La principal amenaza a la esperanza -denunció- son los discursos que te desvalorizan, que te van como chupando el valor, y terminás.... como caído, ¿no es cierto? Como arrugado, con el corazón triste". Discursos "que te hacen sentir de segunda, o de cuarta. La principal amenaza contra la esperanza es cuando sentís que no le importás a nadie, o sentís que te dan de lado. Y eso es duro, pero eso sucede, ¿sí o no? Eso sucede"
Esa sensación "mata, nos aniquila, y es la puerta de ingreso para tanto dolor", lamentó el Papa. "Pero hay otra principal amenaza para la esperanza, y es hacerte creer que empezás a ser valioso cuando te disfrazás de ropas, marcas de último grito de la moda, o cuando te volvés prestigio importante por tener dinero, pero en el fondo tu corazón no cree que seas digno de cariño o de amor, y eso tu corazón lo intuye".
Así, "la esperanza está amordazada por lo que te hacen creer. No te la dejan surgir. La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar incluso el cariño de los demás (...). Ustedes son la riqueza de México, son la riqueza de la Iglesia... y no los estoy sobando el lomo, no los estoy adulando. Y entiendo quemuchas veces se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos continuamente expuestos a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror".
"Es difícil sentirse la riqueza cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitación", apuntó el Papa, cuando "no se sienten reconocidos los derechos que terminan impulsándolos a situaciones límites. Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando por ser jóvenes se les usa para fines mezquinos, con promesas que no son reales, son pompas de jabón. La riqueza la llevan en el corazón".
"Perdimos el encanto de disfrutar el encuentro", parafraseó el Papa, apuntando una frase de uno de los jóvenes. "Perdimos el encanto de caminar juntos, el encanto de soñar juntos. Y para que esta riqueza, movida por la esperanza vaya adelante hay que caminar juntos, hay que encontrarse, hay que soñar. Atrévanse a soñar".
¿Por qué este convencimiento? "Porque, como ustedes, creo en Jesucristo: es él quien renueva continuamente la esperanza, es él quien renueva continuamente mi mirada, es él quien despierta en mí, en cada uno, el encanto de disfrutar, de soñar, el encanto de trabajar juntos. Es él quien me invita a convertir el corazón".
Y es de la mano de Jesús mediante la que "podemos hacer camino, que una y otra vez podamos volver a empezar, que podamos decir que es mentira que la única forma de vivir es dejando la vida del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar injusticia y muerte. ¡Eso es mentira!, y lo decimos de la mano de Jesús".

(Jesús Bastante).-

Misa del Papa en Morelia: ¡Dios, Papá nuestro, no nos dejes caer en la tentación!

«Hay un dicho, entre nosotros que dice así: «Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas», porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas»; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida; porque nuestra vida habla en la oración y la oración habla en nuestra vida. 

A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración. Y Pablo, a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o lo exhortaba a vivir la fe le decía “acordate de tu madre y de tu abuela”, y a los seminaristas cuando entran al seminario muchas veces me preguntaban… Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda más mental … mirá seguí rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende. Como en la vida.

  Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la Vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: «Padre nuestro». En Jesús, esta expresión, Padre Nuestro, no tiene el «gustillo» de la rutina o de la repetición, al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: Padre nuestro.


   Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir «Padre nuestro», como Pablo insiste, Abba. ¡Ay de mí sino evangelizara!, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar, prosigue, no es motivo de gloria sino de necesidad (cf. 1 Co 9,16). 
Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros consagrados, consagradas, seminaristas, sacerdotes, obispos, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros.

No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final, como nuestro hermano Obispo que murió anoche, qué es la misión sino decir con nuestra vida «Padre nuestro»?

 A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días: y qué le decimos en una de esas cosas,  no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos —de ayer y de hoy— no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al Presbiterado, al Episcopado, qué tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

 Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ¿Y qué le vas a hacer? La vida es así. Una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide, no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar, nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar. Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación. 
Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta aquí.
 Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).
 Agradezco, paréntesis, al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el Cáliz de él. Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá.
Padre, papá, Tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.
 Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la acedia, no nos dejes caer en la tentación de la  pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro».

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás



Evangelio según San Lucas 11,29-32. 


Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 

Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. 

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. 

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 

martes, 16 de febrero de 2016

El Papa en Tuxtla Gutiérrez: “que la Familia, no se pierda por la precariedad y la soledad”

“Prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una sociedad enferma por el encierro y la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort”, lo dijo el Papa Francisco en su discurso en el Encuentro con las Familias celebrado en el Estadio «Víctor Manuel Reyna», de Tuxtla Gutiérrez en México.
En su discurso, el Santo Padre señaló que es necesario seguir confiando en Dios pata tener “motivos para seguir apostando, soñando y construyendo una vida que tenga sabor a hogar, a familia”. Porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia. Porque Él es capaz, dijo el Papa, “de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos muchas veces aguados en vino de fiesta”.
Respondiendo a las dificultades que las familias deben afrontar en nuestros días, el Obispo de Roma señaló que debemos luchar contra la precariedad y la soledad. Sobre todo contra la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y para ello, se necesita “legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno. Por otro lado, transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal – dijo el Papa – son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Homilía del Papa en Chiapas: Vencer la injusticia con la solidaridad

Li smantal Kajvaltike toj lek – la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma, así comenzaba el salmo que hemos escuchado. La ley del Señor es perfecta; y el salmista se encarga de enumerar todo lo que esa ley genera al que la escucha y la sigue: reconforta el alma, hace sabio al sencillo, alegra el corazón, es luz para alumbrar el camino.
Esa es la ley que el Pueblo de Israel había recibido de mano de Moisés, una ley que ayudaría al Pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados. Ley que quería ser luz para sus pasos y acompañar el peregrinar de su Pueblo. Un Pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del Faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato hasta que Dios dice basta, hasta que Dios dice: ¡No más! He visto la aflicción, he oído el clamor, he conocido su angustia (cf. Ex 3,9). Y ahí se manifiesta el rostro de nuestro Dios, el rostro del Padre que sufre ante el dolor, el maltrato, la inequidad en la vida de sus hijos; y su Palabra, su ley, se volvía símbolo de libertad, símbolo de alegría, sabiduría y luz. Experiencia, realidad que encuentra eco en esa expresión que nace de la sabiduría acunada en estas tierras desde tiempos lejanos, y que reza en el Popol Vuh de la siguiente manera: El alba sobrevino sobre todas las tribus juntas. La faz de la tierra fue enseguida saneada por el sol(33). El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia.
En esta expresión, hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente. En el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de una tierra, de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz.
Nuestro Padre no sólo comparte ese anhelo, Él mismo lo ha estimulado y lo estimula al regalarnos a su hijo Jesucristo. En Él encontramos la solidaridad del Padre caminando a nuestro lado. En Él vemos cómo esa ley perfecta toma carne, toma rostro, toma la historia para acompañar y sostener a su Pueblo; se hace Camino, se hace Verdad, se hace Vida, para que las tinieblas no tengan la última palabra y el alba no deje de venir sobre la vida de sus hijos.
De muchas maneras y de muchas formas se ha querido silenciar este anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles. Frente a estas formas, la creación también sabe levantar su voz; «esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22)» (Laudato si’, 2).
El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos impactan a todos (cf. Laudato si’,14) y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia.
En esto ustedes tienen mucho que enseñarnos, que enseñar a la humanidad. Sus pueblos, como han reconocido los obispos de América Latina, saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como «fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano» (Aparecida, 472).
Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su
cultura, sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón! Perdón hermanos, el mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes.
Los jóvenes de hoy, expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas y características diversidades culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan que no se pierda la sabiduría de sus ancianos.
El mundo de hoy, preso del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratuidad.
Estamos celebrando la certeza de que «el Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, que no se arrepiente de habernos creado» (Laudato si’, 13). Celebramos que Jesucristo sigue muriendo y resucitando en cada gesto que tengamos con el más pequeño de sus hermanos. Animémonos a seguir siendo testigos de su Pasión, de su Resurrección haciendo carne Li smantal Kajvaltike toj lek – la ley del Señor que es perfecta del todo y reconforta el alma.

Jesús les enseñó a orar al Padre.

Evangelio según San Mateo 6,7-15.

Jesús dijo a sus discípulos: 

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 

No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 

Ustedes oren de esta manera: 

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

lunes, 15 de febrero de 2016

Esta tierra tiene sabor guadalupano, la siempre Madre se nos adelantó en el amor, Ángelus del Papa en Ecatepec


Queridos hermanos:

En la primera lectura de este domingo, Moisés le da una recomendación al pueblo. En el momento de la cosecha, en el momento de la abundancia, en el momento de las primicias no te olvides de tus orígenes, no te olvides de donde venís. La acción de gracias nace y crece en una persona y en un pueblo que sea capaz de hacer memoria. Tiene sus raíces en el pasado, que entre luces y sombras fue gestando el presente. En el momento que podemos dar gracias a Dios porque la tierra ha dado su fruto, y así poder producir el pan, Moisés invita a su pueblo a ser memorioso enumerando las situaciones difíciles por las que ha tenido que atravesar (cf. Dt 26,5-11).

En este día de fiesta, en este día podemos celebrar lo bueno que el Señor ha sido con nosotros. Damos gracias por la oportunidad de estar reunidos presentándole al Buen Padre las primicias de nuestros hijos, nietos, de nuestros sueños y proyectos. Las primicias de nuestras culturas, de nuestras lenguas y tradiciones. Las primicias de nuestros desvelos…

Cuánto ha tenido que pasar cada uno de ustedes para llegar hasta acá, cuánto han tenido que «caminar» para hacer de este día una fiesta, una acción de gracias. Cuánto han caminado otros que no han podido llegar pero gracias a ellos nosotros hemos podido seguir andando.

Hoy, siguiendo la invitación de Moisés, queremos como pueblo hacer memoria, queremos ser el pueblo de la memoria viva del paso de Dios por su Pueblo, en su Pueblo. Queremos mirar a nuestros hijos sabiendo que heredarán no sólo una tierra, una lengua, una cultura y una tradición, sino que heredarán también el fruto vivo de la fe que recuerda el paso seguro de Dios por esta tierra. La certeza de su cercanía y de su solidaridad. Una certeza que nos ayuda a levantar la cabeza y esperar con ganas la aurora.
Con ustedes, también me uno a esta memoria agradecida. A este recuerdo vivo del paso de Dios por sus vidas. Mirando a sus hijos no puedo no dejar de hacer mías las palabras que un día les dirigió el beato Pablo VI al pueblo mexicano: 
«Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad [...] para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable, […] no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones». Y luego prosigue el Beato Pablo VI con una invitación a «estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos [...] para mejorar la situación de los que sufren necesidad», a ver «en cada hombre un hermano y, en cada hermano a Cristo» (Radiomensaje en el 75 aniversario de la Coronación de Ntra. Sra. de Guadalupe 12 octubre 1970).
Quiero invitarlos hoy a estar en primera línea, a primerear en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad. Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos.
Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte.
Esta tierra tiene sabor guadalupano, la que siempre Madre se nos adelantó en el amor, y digámosle desde el corazón:
Virgen Santa, «ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz» (Evangelii gaudium, 288).
El ángel del Señor anunció a María…


"Bendición a quienes curan también con la cariñoterapia", el Papa Francisco en su visita al Hospital Pediátrico «Federico Gómez»


Amigas y amigos. Queridos niños
Buenas tardes.
             Agradezco a Dios la oportunidad que me regala de poder venir a visitarlos, de reunirme con ustedes y sus familias en este Hospital. Poder compartir un ratito de sus vidas, la de todas las personas que trabajan como médicos, enfermeras, miembros del personal y voluntarios que los atienden, tanta gente que está trabajando para ustedes.
            Hay un pedacito en el Evangelio que nos cuenta la vida de Jesús cuando era niño. Era bien chiquito, como algunos de ustedes. Un día los papás, José y María, lo llevaron al Templo para presentárselo a Dios. Y ahí se encuentran con un anciano que se llamaba Simeón, el cual cuando lo ve, muy decidido el viejito y con mucha alegría y gratitud, lo toma en brazos y comienza a bendecir a Dios. Ver al niño Jesús provocó en él dos cosas: un sentimiento de agradecimiento y las ganas de bendecir. O sea, dar gracias a Dios y le vinieron ganas de bendecir, al viejo.
            Simeón es el «abuelo» que nos enseña esas dos actitudes fundamentales de la vida: agradecer y a su vez bendecir.
            Acá yo los bendigo a ustedes, los médicos los bendicen a ustedes, cada vez que los curan las enfermeras, todo el personal, todos los que trabajan los bendicen a ustedes, los chicos, pero ustedes también tienen que aprender a bendecirlos a ellos y a pedirle a Jesús que los cuide porque ellos los cuidan a ustedes.  Yo aquí (y no sólo por la edad) me siento muy cercano a estas dos enseñanzas de Simeón. Por un lado, al cruzar esa puerta y ver sus ojos, sus sonrisas - algunos pillos-, sus rostros, me generó ganas de dar gracias. Gracias por el cariño que tienen en recibirme; gracias por ver el cariño con que se los cuida aquí, con el cariño con que se los acompaña. Gracias por el esfuerzo de tantos que están haciendo lo mejor para que puedan recuperarse rápido.

            Es tan importante sentirse cuidados y acompañados, sentirse queridos y saber que están buscando la mejor manera de cuidarnos, por todas esas personas digo: «¡Gracias!». «¡Gracias!».
Y, a su vez, quiero bendecirlos. Quiero pedirle a Dios que los bendiga, los acompañe a ustedes y a sus familias, a todas las personas que trabajan en esta casa y buscan que esas sonrisas sigan creciendo cada día. A todas las personas que no sólo con medicamentos sino con «la cariñoterapia» ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría. ¡Tan importante «la cariñoterapia»! ¡Tan importante! A veces una caricia ayuda tanto a recuperarse.
¿Conocen al indio Juan Diego, ustedes, o no? (Responden: Si) A ver, levante la mano quien lo conoce. Dos Cuando el tío de Juanito, Juan Diego, estaba enfermo, él estaba muy preocupado y angustiado. En ese momento, se aparece la Virgencita de Guadalupe y le dice: «No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?».
Tenemos a nuestra Madre, pidámosle para que ella nos regale a su Hijo Jesús. Y ahora, a los chicos les voy a pedir una cosa, cerremos los ojos, cerremos los ojos y pidamos lo que nuestro corazón hoy quiera, un ratito de silencio con los ojos cerrados y adentro pidiendo lo que queremos. Y ahora juntos digamos a nuestra Madre
Dios te salve Maria…
            Que el Señor y la Virgen de Guadalupe los acompañe siempre. Muchas gracias. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. No se olviden, que Dios los bendiga.

El Papa en el 'infierno' de Ecatepec advierte que no se puede "tener el pan a base del sudor del otro o de su propia vida"

"La tercera tentación, la peor: la del orgullo. Ponerse en un plano de superioridad"

"Con el demonio no se dialoga, no se puede dialogar, porque nos va a ganar siempre"

Una vez visitada a la Virgen y saldados sus compromisos con obispos y políticos del DF, el Papa Francisco se va a las periferias de Ecatepec, para dedicarse a los suyos: los descartados. Y, ante ellos, denuncia que es "pan amargo" el de la riqueza que s eacumula "a base del suro del otro o de su propia vida". E invita a no caer en las tentaciones de la riqueza, de la vanidad y del orgullo. Y a no dialogar con el Maligno, "porque nos va a ganar siempre".

Tras un recorrido de decenas de kilómetros en papamóvil, el Papa se acerca a Ecatepec. Las calles están repletas de gente a ambos lados. A su paso le cantan: "Se ve, se siente, el Papa está presente". Y "ésta es la juventud del Papa".

En la enorme explanada de 'El Caracol', le esperan unas 400.000 personas. A la entrada el papamóvil recorre varios kilómetros sobre una alfombra de flores. Mientras, por megafonía, se suceden los 'vivas' al Papa.
Impresiona el rugir de la muchedumbre, mientras Francisco no se cansa de saludar. Es la apoteosis del líder de los pobres, del Papa de los miserables.
El escenario es como una enorme tienda semicircular, decorada con motivos indígenas.El altar sencillo, presidido por una enorme cruz en su interior. Y comienza la eucaristía con un solemne 'Pueblo de Reyes'. Mientras salen los cardenales y los obispos al altar y miran. con gesto de sorpresa a la inmensa multitud congregada. Hasta el propio Guido Marini, acostumbrado a acompañar a Benedicto y a Francisco en eucaristías multitudinarias, pone caro de cierta sorpresa.

El coro, multitudinario y la orquesta, también. Y suenan magníficamente en la enorme explanada, en medio del silencio y del recogimiento de la gente que, de pronto, ha cesado sus gritos y vivas, para entrar en la oración y en la celebración de la eucaristía.
La primera lectura del libro del Deuteronomio: "Mi padre feu un arameo errante..." El Evangelio del pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto.

(José M. Vidal).-

'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?

Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.

Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.
Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.
Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".