martes, 9 de febrero de 2016

Comentario al Evangelio según San Marcos 7,1-13 por el papa Francisco

El Evangelio de hoy presenta una disputa entre Jesús y algunos fariseos y escribas. La discusión se refiere al valor de la «tradición de los antepasados» (Mc7, 3) que Jesús, refiriéndose al profeta Isaías, define «preceptos humanos» y que nunca deben ocupar el lugar del «mandamiento de Dios».
Las antiguas prescripciones en cuestión comprendían no sólo los preceptos de Dios revelados a Moisés, sino también una serie de dictámenes que especificaban las indicaciones de la ley mosaica.
Los interlocutores aplicaban tales normas de manera muy escrupulosa y las presentaban como expresión de auténtica religiosidad. Por eso recriminan a Jesús y a sus discípulos la transgresión de éstas, en particular las que se refieren a la purificación exterior del cuerpo.
La respuesta de Jesús tiene la fuerza de un pronunciamiento profético: «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios —dice— para aferraros a la tradición de los hombres».
Son palabras que nos llenan de admiración por nuestro Maestro: sentimos que en Él está la verdad y que su sabiduría nos libra de los prejuicios.
Pero ¡atención! Con estas palabras, Jesús quiere ponernos en guardia también a nosotros, hoy, del pensar que la observancia exterior de la ley sea suficiente para ser buenos cristianos.
Como entonces para los fariseos, existe también para nosotros el peligro de creernos en lo correcto, o peor, mejores que los demás por el sólo hecho de observar las reglas, las costumbres, aunque no amemos al prójimo, seamos duros de corazón, soberbios y orgullosos.
La observancia literal de los preceptos es algo estéril si no cambia el corazón y no se traduce en actitudes concretas: abrirse al encuentro con Dios y a su Palabra, buscar la justicia y la paz, socorrer a los pobres, a los débiles, a los oprimidos.
Todos sabemos, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestros barrios, cuánto daño hacen a la Iglesia y son motivo de escándalo, las personas que se dicen muy católicas y van a menudo a la iglesia, pero después, en su vida cotidiana, descuidan a la familia, hablan mal de los demás, etc. Esto es lo que Jesús condena porque es un anti-testimonio cristiano. (…)
Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen Santa, que nos dé un corazón puro, libre de toda hipocresía. Este es el adjetivo que Jesús da a los fariseos: «hipócritas», porque dicen una cosa y hacen otra. Un corazón libre de toda hipocresía, para que así seamos capaces de vivir según el espíritu de la ley y alcanzar su finalidad, que es el amor.
(Del Ángelus del Papa Francisco el 30-8-2015)

POR SER FIELES A SU TRADICIÓN, DESCARTAN EL MANDAMIENTO DE DIOS


Evangelio según San Marcos 7,1-13.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. 

Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?".

Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: 

'Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos'. 

Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".

Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. 

En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...' En ese caso, le permiten no hacer nada más por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como éstas, hacen muchas otras cosas!".

lunes, 8 de febrero de 2016

¡Conviérteme, Señor!


¡Conviérteme, Señor!
Del ruido que me impide escucharte,
a la paz que me permite sentirte con nitidez.
De la comodidad, que desfigura mi felicidad
a la sobriedad que necesita mi alma para no perderte.
 
¡Conviérteme, Señor!
De mi voz, suave y tímida para anunciarte,
a un testimonio vivo ,eficaz y valiente,
para proclamar que, como Vos,
nada ni nadie ha de salvar al hombre.

¡Conviérteme, Señor!
De mi autosuficiencia, orgullo y seguridades
a la humildad para saber y poder encontrarte.

De mis apariencias, simples e interesadas,
a la plenitud que me ofrece tu presencia,
real y misteriosa, dulce y exigente,
divina y humana, audible….y a veces silenciosa,
con respuestas….y a veces con interrogantes.

¡Conviérteme, Señor!
Y dame un nuevo corazón para alabarte.
Y dame un nuevo corazón para bendecirte.
Y dame un nuevo corazón para esperarte.
Y dame un nuevo corazón para amarte.


Publicado por Reflejos de Luz Pastoral 

Francisco: "Occidente tiene que hacer autocrítica sobre su actuación en Oriente Medio".Europa debe y puede cambiar y debe y puede reformarse

Desvela que Merkel le llamó "enfadada porque había comparado Europa con una mujer estéril"
El Papa ha revelado en una entrevista publicada este lunes en el diario italiano «Corriere della Sera» que poco después de su viaje a Estrasburgo (Francia), en el que comparó al «Viejo Continente» con la mujer de Abraham (Sara) que a los 90 años milagrosamente logró tener un hijo, le llamó la canciller alemana, Angela Merkel,«enfadada porque había comparado a Europa con una mujer estéril, incapaz de tener hijos».
«Me preguntó si de verdad pensaba que Europa no podría tener hijos y yo le contesté que sí, que Europa podría tenerlos aún porque tiene raíces sólidas y profundas, porque ha tenido y pude tener un papel fundamental (...) y porque en los momentos más oscuros ha demostrado siempre tener recursos», ha explicado.
Una metáfora que ya uso Jorge Bergoglio durante el discurso que pronunció ante el Parlamento Europeo, en el que echó mano de este personaje bíblico al referirse a «una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz».
En esta línea, el Pontífice ha cifrado sus esperanzas en que un día «Europa sonría a los inmigrantes» durante la entrevista al rotativo italiano redactada como artículo: «Europa debe y puede cambiar y debe y puede reformarse. Si no es capaz de ayudar económicamente a los países de donde proceden los refugiados, entonces tiene que plantearse el problema de cómo afrontar este gran desafío que es en primer lugar humanitario y no sólo», ha sostenido Francisco.
En concreto, ha recordado su visita a Lampedusa, la isla italiana considerada una puerta de Europa para los inmigrantes, cuando «el problema de la inmigración estaba sólo al inicio y ahora ha estallado».
 Para el papa, Europa «tiene que afrontar este desafío con inteligencia, naturalmente porque detrás está el terrible y enorme problema del terrorismo». El máximo responsable de la Iglesia Católica ha asegurado que en el Viejo Continente «se ha roto un sistema educativo: el que transmitía los valores de abuelos a nietos y de padres a hijos y que hay que plantearse el problema de cómo reconstruirlo».
Francisco ha revelado su admiración ante los «grandes personajes olvidados» en Europa tras la II Guerra Mundial y ha citado «al canciller (alemán) Konrad Adenauer; el ministro de Exteriores francés Robert Schuman o el italiano Alice De Gasperi», mientras que de personalidades italianas actuales ha nombrado a la exministra, excomisaria europea y líder radical Emma Bonino y al expresidente de la República Giorgio Napolitano.
También ha incluido en este grupo a la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, por cómo se ha empeñado a favor de los inmigrantes.
Por otra parte el papa ha considerado que «Occidente tiene que hacer autocrítica»sobre cómo ha afrontado la situación «en Libia antes y después con la intervención militar». Mientras que sobre Irak y las llamadas «Primaveras árabes», «se podía imaginar lo que iba a pasar», ha asegurado el pontífice, quien explicó como en parte coincidieron sobre lo que podría suceder «los analistas de la Santa Sede y Rusia». Aunque ha precisado que «sólo en parte y no hay que exagerar porque Rusia tiene también sus intereses».
El papa Francisco señaló que "Europa debe y puede cambiar y debe y puede reformarse" al afirmar que no es capaz de afrontar la actual crisis migratoria, en una entrevista publicada hoy en el diario italiano "Corriere della Sera".
"Europa debe y puede cambiar y debe y puede reformarse. Si no es capaz de ayudar económicamente a los países de donde proceden los refugiados, entonces tiene que plantearse el problema de cómo afrontar este gran desafío que es en primer lugar humanitario y no sólo", señaló el pontífice.
En la entrevista, redactada en forma de articulo sin preguntas y respuestas, Francisco aseguró que en Europa "se ha roto un sistema educativo: el que transmitía los valores de abuelos a nietos y de padres a hijos y que hay que plantearse el problema de como reconstruirlo".

 (RD/Agencias)

La Iglesia católica llama a frenar la llegada de refugiados a Alemania. Cardenal Marx: "No utilicemos solo la caridad, sino también la razón"

"Alemania no puede acoger a todos los necesitados del mundo", dice el cardenal
La Iglesia católica pidió "reducir el número de refugiados" acogidos en Alemania, en una entrevista publicada el sábado en la prensa alemana. "Necesitamos reducir el número de refugiados en Alemania", declaró el presidente de la conferencia episcopal, elcardenal Reinhard Marx, en una entrevista difundida por el periódico regional Passauer Neue Presse.
"Alemania no puede acoger a todos los necesitados del mundo", agregó Marx, y pidió que en este caso no se tome en cuenta sólo "la caridad, sino también la razón".
Alemania anunció a fin de mes nuevas restricciones al derecho de asilo para reducir la llegada de refugiados en la primavera. El objetivo de estas medidas es preparar el terreno a una reducción "tangible" del flujo migratorio, tras la llegada al país de más de un millón de migrantes en 2015.
Este progresivo endurecimiento se produce mientras Alemania aparece en Europa como el único destino para centenares de miles de migrantes. Suecia y Finlandia han anunciado su decisión de querer expulsar a decenas de miles de migrantes llegados en 2015; Holanda espera reenviarlos a Grecia, mientras que Macedonia, Croacia y Serbia sólo quieren dejar pasar a quienes tengan como destino Austria o Alemania.
En Dinamarca, un texto aprobado por mayoría en el parlamento prevé confiscar los efectos de valor de los migrantes, disminuir sus derechos sociales y limitar la reagrupación familiar.
Unos 30 mil refugiados sirios, iraquíes y afganos siguieron tomando la ruta de los Balcanes en enero, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).
Por su parte, los ministros del Interior francés y alemán estimaron el viernes en Grecia que urge frenar la llegada de migrantes desde Turquía hacia la Unión Europea (UE).

(RD/Agencias)

El Papa visita por sorpresa los restos del padre Pío y de san Leopoldo. Las reliquias de ambos santos están en la Basílica hasta el próximo 11 de febrero

El Pontífice se ha unido a la oración del rosario que hacían en ese momento los fieles
Como un fiel más, el papa Francisco ha acudido este sábado por la tarde a la basílica de San Pedro para rezar frente a las reliquias del padre Pío de Pietrelcina y san Leopoldo Mandić, santos de la misericordia. Desde el viernes por la tarde, los cuerpos de los dos santos se encuentran en la nave central de la Basílica, frente al Altar de la Confesión, para la veneración de los fieles.
En las fotos publicadas por el Osservatore Romano, se puede ver al Santo Padre rezando sentado en un banco junto a las urnas de ambos santos.
De este modo, el Pontífice se ha unido a la oración del rosario que hacían en ese momento los fieles. Después de una media hora rezando, ha leído en voz alta el texto de una oración escrita por el cardenal Angelo Comastri, según ha indicado el periódico Avvenire, publicación de la Conferencia Episcopal Italiana.
Antes de dejar la Basílica, ha saludado a algunos fieles y religiosos de la comunidad deSan Giovanni Rotondo que se encontraban allí.
Esta misma mañana, el Santo Padre ha recibido en audiencia en la plaza de San Pedro a miles de fieles y devotos del padre Pío.

(Zenit).-

REFLEXIÓN DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO MARCOS 6, 53-56

Hoy tenemos la oportunidad de reflexionar sobre la experiencia de la enfermedad, del dolor y, más en general, sobre el sentido de la vida que es preciso realizar plenamente incluso cuando se sufre...
Si ya quedamos sin palabras ante un adulto que sufre, ¿qué decir cuando la enfermedad afecta a un niño inocente? ¿Cómo percibir también en situaciones tan difíciles el amor misericordioso de Dios, que nunca abandona a sus hijos en la prueba?
Son frecuentes y a veces inquietantes esos interrogantes, que en verdad, en un plano meramente humano, no encuentran respuestas adecuadas, pues el dolor, la enfermedad y la muerte en su significado siguen siendo insondables para la mente humana. Pero viene en nuestra ayuda la luz de la fe.
La Palabra de Dios nos revela que incluso estos males son misteriosamente "abrazados" por el plan divino de salvación; la fe nos ayuda a considerar que la vida humana es hermosa y digna de vivirse en plenitud, a pesar de estar menoscabada por el mal.
Dios creó al hombre para la felicidad y para la vida, mientras que la enfermedad y la muerte entraron en el mundo como consecuencia del pecado.
Sin embargo, el Señor no nos ha abandonado a nosotros mismos. Él, el Padre de la vida, es el médico del hombre por excelencia y no deja de inclinarse amorosamente hacia la humanidad que sufre.

El Evangelio relata cómo Jesús "expulsaba los espíritus con su palabra y curaba a los enfermos", indicando el camino de la conversión y de la fe como condiciones para obtener la curación del cuerpo y del espíritu.
El Señor quiere siempre esta curación, la curación integral, de cuerpo y alma; por eso expulsa los espíritus con su Palabra. Su Palabra es palabra de amor, palabra purificadora: expulsa los espíritus de temor, soledad y oposición a Dios; así purifica nuestra alma y nos da paz interior. Así nos da el espíritu de amor y la curación que comienza en nuestro interior.
Pero Jesús no sólo habló; es Palabra encarnada. Sufrió con nosotros y murió. Con su pasión y muerte, asumió y transformó hasta el fondo nuestra debilidad.
Precisamente por eso, como dice san Juan Pablo II en la carta apostólica Salvifici doloris, "sufrir significa hacerse particularmente receptivos, particularmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo" (n. 23).
Queridos hermanos y hermanas, somos cada vez más conscientes de que la vida del hombre no es un bien del que se pueda disponer, sino un cofre valioso que es preciso custodiar y cuidar con el mayor esmero posible, desde el momento de su inicio hasta su término último y natural
La vida es un misterio que, de por sí, exige por parte de todos y de cada uno responsabilidad, amor, paciencia y caridad. Aún más necesario es rodear de cuidados y de respeto a quienes están enfermos y sufren.
Esto no siempre es fácil, pero sabemos dónde encontrar la valentía y la paciencia para afrontar las vicisitudes de la existencia terrena, especialmente las enfermedades y todo tipo de sufrimiento. Para nosotros, los cristianos, en Cristo es donde se encuentra la respuesta al enigma del dolor y de la muerte.

(Benedicto XVI, palabras a los enfermos el 11 de febrero de 2009)
Fuente:News. va

QUIENES SE ACERCAN A JESÚS SANAN


Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,53-56):

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. 

Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. 

En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

domingo, 7 de febrero de 2016

Ángelus del Papa: misión de la Iglesia es que todos encuentren la misericordia de Dios


«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de este domingo cuenta – en la narración de San Lucas – la llamada de los primeros discípulos de Jesús (Lc 5,1-11). El hecho sucede en un contexto de vida cotidiana: hay algunos pescadores en la orilla del lago de Galilea, los cuales, después de una noche de trabajo pasada sin pescar nada, están lavando y arreglando las redes. Jesús sube a la barca de uno de ellos, Simón, llamado Pedro, le pide que se aparte un poco de la orilla y se pone a predicar la Palabra de Dios a la multitud que se había reunido. Cuando termina de hablar le dice que navegue mar adentro y que echen las redes. Simón había conocido ya a Jesús y experimentado el poder prodigioso de su palabra, por lo que le responde: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». (v 5). Y esta su fe no queda decepcionada; en efecto las redes se llenan de tal cantidad de peces que estaban a punto de romperse (cf v.)
Ante este evento extraordinario, los pescadores quedan apoderados por el temor. Simón Pedro se echa a los pies de Jesús diciendo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». (v 8) Este signo prodigioso lo ha convencido de que Jesús no es solo un formidable maestro, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esa presencia tan cercana suscita en Pedro el fuerte sentido de su mezquindad e indignidad. Desde un punto de vista humano, piensa que debería haber una distancia entre el pecador y el Santo. En verdad, precisamente su propia condición de pecador requiere que el Señor no se aparte de él, de la misma forma en que un médico no puede alejarse de las personas que están enfermas.
La respuesta de Jesús a Simón Pedro es aseguradora y firme: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». (v 10) y nuevamente el pescador de Galilea, volviendo a confiar en esta palaba, abandona todo y sigue a Aquel que se ha vuelto su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, socios en el trabajo con Simón. Ésta es la lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia: ir a buscar, ‘pescar’ a los hombres y a las mujeres, no para hacer proselitismo, sino para devolver a todos su plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerador y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno pueda encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. Y aquí, en particular, pienso en los confesores: son los primeros en tener que dar la misericordia del padre, según el ejemplo de Jesús, como hicieron también los dos frailes santos, el Padre Leopoldo y el Padre Pío.
El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos confiar verdaderamente en la palabra del Señor? O ¿nos dejamos desalentar por nuestros fracasos? En este Año Santo de la Misericordia estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos ante el Señor y abatidos por sus propios errores, diciéndoles las palabras de Jesús: «No temas». ¡La misericordia del Padre es más grande que tus pecados! ¡No temas!
Que nos ayude la Virgen María a comprender cada vez más que ser discípulos significa poner nuestros pies en las huellas dejadas por el Maestro: son las huellas de la gracia divina que regenera la vida para todos».
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

ELEGIDO DEL SEÑOR

Estamos a punto de entrar en el Tiempo de Cuaresma y el texto bíblico nos propone las vocaciones de Isaías y de Simón Pedro y de su hermano. La Palabra de Dios que se proclama este domingo parece que adelanta la intención del papa Francisco de enviar, como signo especial, a los misioneros de la misericordia, el próximo miércoles de ceniza: “Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios” (MV 18).

En ambos casos de las lecturas bíblicas, los elegidos reaccionan con la misma actitud de sorpresa, porque no ven razón personal para tal honor. El profeta, al hacerse consciente de la visión, se siente morir, porque le parece incompatible su identidad de pecador con la experiencia luminosa de gracia. Pero el Señor le responde: -«Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: -«¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: -«Aquí estoy, mándame.»

Simón Pedro, ante la pesca milagrosa, se echa a los pies de Jesús: Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: -«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» A lo que el Maestro le responde: -«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
La llamada es más fuerte que la debilidad, el profeta declina toda resistencia, y de manera abierta y disponible, responde: “Aquí estoy, mándame”. Y Simón Pedro, como gesto comprometido, junto con su hermano, “sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.
La conclusión parece evidente: si Jesús nos llama no deberemos resistirnos, ni siquiera escudados en nuestra pobreza y debilidad. Cabe incluso que en la providencia divina, el elegido haya tenido que sufrir la experiencia de su fragilidad, para convertirse en verdadero misionero de la misericordia.
San Benito, en su Regla, anticipa que el Señor, que comienza en nosotros su obra, Él mismo la lleva a término. “Ante todo, cuando te dispones a realizar cualquier obra buena, pídele con oración muy insistente y apremiante que él la lleve a término” (Prólogo 4). El salmista expresa: “Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.

Tú puedes ser un signo de la misericordia divina. No lo rehúses por creerte pecador, la gracia de Dios es mayor que la pobreza de la fragilidad. Deja que a través de ti el Señor prolongue su misericordia.
Ángel Moreno de Buenafuente

Reconocer el pecado

El relato de «la pesca milagrosa» en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero solo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.
Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce, ante todos, su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.

Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.
¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es «santa» porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es «pecadora» porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.
Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica? ¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies de Jesús?

José Antonio Pagola

Comentario de Benedicto XVI al Evangelio de la Pesca Milagrosa


Los evangelios permiten seguir paso a paso el itinerario espiritual de san Pedro. El punto de partida es la llamada que le hace Jesús. Acontece en un día cualquiera, mientras Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo.

El número de oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. Él entonces pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca. Así, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús.

Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes". 

Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Simón el pescador se fía de este Rabino, que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de Él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Jesús responde invitándolo a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres". 

Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí "pescador de hombres" para el Señor. Acepta esa llamada sorprendente a dejarse implicar en esta gran aventura. Es generoso, reconoce sus limitaciones, pero cree en el que lo llama y sigue el sueño de su corazón. Dice sí, un sí valiente y generoso, y se convierte en discípulo de Jesús. 

Pedro vivió otro momento significativo en su camino espiritual cerca de Cesarea de Filipo, cuando Jesús planteó a sus discípulos una pregunta precisa: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?"... Es Pedro quien contesta en nombre de los demás: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29), es decir, el Mesías... 

Con todo, Pedro no había entendido aún el contenido profundo de la misión mesiánica de Jesús, el nuevo sentido de la palabra Mesías. Lo demuestra poco después, dando a entender que el Mesías que buscaba en sus sueños es muy diferente del verdadero proyecto de Dios. Ante el anuncio de la pasión se escandaliza y protesta, provocando la dura reacción de Jesús (cf. Mc 8, 32-33). 

Pedro quiere un Mesías "hombre divino", que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su poder. También nosotros deseamos que el Señor imponga su poder y transforme inmediatamente el mundo. Pero Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre siguiendo el camino de la humildad y el sufrimiento.

Es la gran alternativa, que también nosotros debemos aprender siempre de nuevo: privilegiar nuestras expectativas, rechazando a Jesús, o acoger a Jesús en la verdad de su misión y renunciar a nuestras expectativas demasiado humanas. (...)

Pedro aprende así lo que significa en realidad seguir a Jesús... "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 34-35). 

Es la ley exigente del seguimiento: hay que saber renunciar, si es necesario, al mundo entero para salvar los verdaderos valores, para salvar el alma, para salvar la presencia de Dios en el mundo. Aunque le cuesta, Pedro acoge la invitación y prosigue su camino tras las huellas del Maestro. 

Me parece que estas diversas conversiones de san Pedro y toda su figura constituyen un gran consuelo y una gran enseñanza para nosotros. También nosotros tenemos deseo de Dios, también nosotros queremos ser generosos, pero también nosotros esperamos que Dios actúe con fuerza en el mundo y transforme inmediatamente el mundo según nuestras ideas, según las necesidades que vemos nosotros.

Dios elige otro camino. Dios elige el camino de la transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo. Debemos seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es Él quien nos muestra el camino. 

Así, Pedro nos dice: tú piensas que tienes la receta y que debes transformar el cristianismo, pero es el Señor quien conoce el camino. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: sígueme. Y debemos tener la valentía y la humildad de seguir a Jesús, porque Él es el camino, la verdad y la vida.
(Benedicto XVI, catequesis del 17 de mayo de 2006) 

Serás pescador de hombres


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1 -11  

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios.

Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. 
Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.


Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: - «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo: - «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse.
Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían
.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: - «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: - «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.

sábado, 6 de febrero de 2016

6 de febrero: san Pablo Miki y los mártires del Japón

En 1587, Hideyoshi, por entonces mandamás de Japón, publicó el primer edicto de prohibición del cristianismo, lo que conllevaba la expulsión de los misioneros -jesuitas, franciscanos y laicos- que, siguiendo la senda de San Francisco Javier, llevaban ya un tiempo evangelizando por tierras niponas. Diez años después, en Nagasaki, ciudad a la que fueron llevados veintiséis de ellos desde Kyoto, el encargado de aplicarla era Terazawa Hazaburo, hermano del gobernador de la ciudad.
En las primeras horas de la mañana del 5 de febrero de 1597, ya estaban preparadas las cruces sobre las que iban a ser martirizados los misioneros. La amistad que unía a Hazaburo con el jesuita Pablo Miki, uno de los futuros mártires, permitió retrasar levemente la ejecución. Un momento que fue aprovechado por otros dos jesuitas, los padres Pasio y Rodríguez, atender a los condenados antes de que muriesen.
Fue la única concesión. Pocos minutos después, comenzó la crucifixión de los veintiséis, que estaban clavados a sus respectivas cruces con unas anillas de hierro en las manos, los pies y el cuello y atados por una cuerda. Desde sus cruces, no dejaron de alabar a Dios con alegría. Cuando estaban todos listos, los soldados hicieron caer las cruces sobre las fosas previstas al respecto.
Delante se había erigido la tabla en la que estaba escrita la sentencia: «Por cuanto estos hombres vinieron de Filipinas con el título de embajadores y se quedaron en Miyako (Kyoto) predicando la ley de los cristianos que yo prohibí rigurosamente los años pasado, mando que sean ajusticiados junto con los japoneses que se hicieron de su ley…»

J.M. Ballester Esquivias 

La Delegación de Juventud anima a participar en la JMJ de Cracovia