lunes, 18 de enero de 2016

En el diálogo judío-cristiano hay un ligamen único y peculiar en virtud de las raíces judías del cristianismo, el Papa en Sinagoga de Roma

El día que Italia celebra la Jornada de diálogo entre judíos y cristianos, 17 de enero de 2016, el Papa visitó la Sinagoga de Roma. Francisco dijo estar feliz de encontrarse en ese Templo Mayor y que extendía su saludo de toda la Iglesia católica a toda la comunidad judía. Bergoglio aseguró que tiene en el corazón estas relaciones ya desde Buenos Aires, con sus visitas a la sinagoga y siguiendo las fiestas y conmemoraciones de las comunidades allí reunidas para dar gracias al Señor que nos da la vida y nos acompaña en el camino de la historia.
Como tercer pontífice que atraviesa la puerta de este Templo Mayor, Francisco recordó que el 13 de abril de 1986 el Papa Juan Pablo II, en visita a la misma sinagoga, acuño la bella expresión “hermanos mayores”. “De hechos ustedes son nuestros hermanos y hermanas mayores en la fe –dijo-. Todos pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, el cual nos acompaña y nos protege como su pueblo. Juntos, como judíos y como católicos, estamos llamados a sumir nuestras responsabilidades en esta ciudad, aportando nuestra contribución sobretodo espiritual y favoreciendo la resolución de diversos problemas actuales.”

Después de referirse a la conmemoración del 50 aniversario de la Declaración “Nostra aetate” del Concilio Vaticano II, que hizo posible el diálogo sistemático en la Iglesia católica y el judaísmo, el Obispo de Roma dijo que, “junto con las cuestiones teológicas, no debemos perder de vista los grandes desafíos que el mundo de hoy tiene que afrontar. Aquella de una ecología integral es prioritaria, y como cristianos y judíos podemos y debemos ofrecer a la humanidad entera el menaje de la Biblia a cerca del cuidado de la creación. Conflictos, guerras, violencias y injusticias abren heridas profundas en la humanidad que nos llaman a reforzar el compromiso por la paz y la justicia. La violencia del hombre sobre el hombre es una contradicción en cada religión digna de este nombre, y en particular en las tres grandes religiones monoteístas. La vida es sagrada, como don de Dios. El quinto mandamiento del Decálogo es: “No matarás” (Éxodo 20,13). Dios es el Dios de la vida y quiere promoverla y defenderla siempre; y nosotros, creados a su imagen y semejanza, estamos llamados a hacer lo mismo. Cada ser humano en cuanto creatura de Dios es nuestro hermano, independientemente de su origen y de su pertenencia religiosa… Allí donde la vida está en peligro estamos llamados todavía más a protegerla. Ni la violencia ni la muerte tendrán jamás la última palabra frente a Dios, que es el Dios del amor y de la vida. Tenemos que pedirle con insistencia para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cada parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón y de la vida”.

Francisco expresó que “el pueblo judío, en su historia, ha debido experimentar la violencia y la persecución, hasta el exterminio de los judíos europeos durante la Shoah. Seis millones de personas, solo porque pertenecían al pueblo judío, fueron víctimas de la más inhumana barbarie, perpetrada en nombre de una ideología que pretendía poner al hombre en lugar de Dios. El 16 de octubre de 1943, más de mil hombres, mujeres y niños de la comunidad judía de Roma fueron deportados a Auschwitz. Hoy deseo recordarlos de modo particular: sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas no deben jamás ser olvidadas. Y el pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro. La Shoah nos enseña que es necesaria siempre la máxima vigilancia para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz. Quisiera expresar mi cercanía a cada testigo de la Shoah todavía viviente…”.

El Papa concluyó: "Queridos hermanos mayores, tenemos que estar verdaderamente agradecidos por todo lo que se ha sido posible realizar en los últimos 50 años, porque entre nosotros han crecido y se han profundizado la comprensión recíproca, la mutua confianza y la amistad. Recemos juntos al Señor, para que conduzca nuestro camino hacia un futuro bueno, mejor. Dios tiene para nosotros proyectos de salvación…” jesuita Guillermo Ortiz - RADIO VATICANA

"Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel" La Abadía de la Dormición en Jerusalén profanada con pintadas anticristianas

La policía israelí ha abierto una investigación.La Abadía de la Dormición, a las afueras de la vieja ciudadela amurallada de Jerusalén, amaneció esta mañana con pintadas con lemas contra los cristianos, informó la Policía israelí, que ha abierto una investigación.
Las pintadas en el edificio, que pertenece a una orden benedictina alemana, dicen: "Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel", "Sea su nombre borrado" y "Los cristianos al infierno".

La Abadía se levanta en el conocido comoMonte Sión y, según la tradición cristiana, fue erigida en el lugar donde María pasó su última noche antes de morir. En su cripta tiene una estatua de María dormida y está muy cerca del Cenáculo, otro lugar emblemático para el cristianismo, que considera que en ese lugar Jesús cenó la última noche antes de ser crucificado.

El papa Francisco ofició una misa en 2014 en la abadía, que también fue visitada por el papa Pablo VI durante su peregrinación a Tierra Santa en 1964, informó el diario Haaretz.

Este incidente se enmarca en una cadena de ataques en los últimos años de extremistas judíos contra símbolos religiosos cristianos y musulmanes, entre los que se cuenta también el incendio provocado el pasado junio en la iglesia de los Panes y los Peces, en la Galilea, que quedó gravemente dañada.

El ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, condenó el suceso, ordenó a la Policía dar prioridad a su investigación y señaló que su departamento tendrá "tolerancia cero para quien daña los cimientos democráticos del estado de Israel y la libertad religiosa". "Cogeremos a quienes cometieron este acto", prometió.
(RD/Agencias)

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.



Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 
 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
¿Por qué recitas mis preceptos 
y tienes siempre en la boca mi alianza, 
tú que detestas mi enseñanza 
y te echas a la espalda mis mandatos?
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Esto haces, ¿y me voy a callar? 
¿Crees que soy como tú? 
Te acusaré, te lo echaré en cara. 
El que me ofrece acción de gracias, 
ése me honra; 
al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El esposo está con ellos



Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó:
-«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto - lo nuevo de lo viejo - y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos. »
Palabra del Señor.

Amar a los enemigos en tiempos de terrorismo. "¿Seríamos capaces, si nos tocara de cerca?"

"Nuestra vida cristiana pasa por el Sermón de la Montaña"

Hace unos días, en la presentación del libro del Papa Francisco sobre la misericordia, el cineasta Roberto Begnini dijo lo siguiente: "Amar al enemigo es la frase más importante de la Humanidad". ¡Impresionante!
Un buen amigo creyente, a raíz de los atentados de París y del yihadismo, en un tono de ira me interrogaba sobre el amor a los enemigos: ¿Qué hacemos con esa página? A bote pronto le respondí no la podemos borrar. Ahí me quedé.
Humanamente no hay nada más antinatural que amar a los enemigos. Y lo de rezar por ellos es de nota. Pero este mandamiento está en el Sermón de la Montaña de Jesús, corazón de la vida cristiana y del carácter revolucionario de su mensaje (Mt 5, 43-45). Nuestra vida cristiana pasa por esa página como por otras que nos pueden parecer incomprensibles desde criterios puramente humanos.
Varias veces, Benedicto XVI, comentó este texto del evangelio: "¿Por qué Jesús nos pide amar a nuestros enemigos, es decir, un amor que sobrepasa nuestras capacidades humanas?". Se preguntaba en un Angelus en 2007. "En realidad, la proposición de Cristo es realista pues tiene en cuenta que en el mundo existe demasiada violencia, demasiada injusticia y que en consecuencia solamente podemos superar esta situación oponiendo un "plus" de amor y de bondad".
¿Qué significa tener la audacia de amar y rezar por el enemigo en tiempos de terrorismo? ¿Cómo se nos puede pedir amar y rezar por seres humanos que han destrozados impunemente vidas humanas inocentes? ¿Seríamos capaces de hacerlo si nos tocara de cerca? Muchas imágenes de barbaries cometidas nos vienen a la mente y al corazón al hacernos estas preguntas. Incluso, a muchos cristianos estas reflexiones les pueden parecer una frivolidad o un sarcasmo, después de algunos acontecimientos recientes o hechos históricos. Sin embargo, no podemos arrancar ciertas hojas del evangelio, que pueden molestarnos o inco modarnos.
Después de los atentados del 13 de noviembre en Paris, el grupo de Facebook, "Adopta un soldado de Daesh" ha tenido un éxito fulgurante. La página propone adoptar en su corazón un "yihadista" para rezar por él y para que se convierta al "amor". La idea es de una joven francesa, sin duda, atrevida.
Evidentemente, la dimensión afectiva y espiritual, que encarnan el amor y la oración, están profundamente enraizadas en la historia personal y colectiva de cada ser humano. Amar al enemigo no es una tendencia natural de ser humano, probablemente es más cierto lo contrario, el ojo por ojo, el odio y el deseo de venganza. El hombre sólo es difícil que pueda dar este paso hacia quien le ha hecho daño o desea hacérselo a él o a los suyos. Y, sin embargo Jesús insiste en el amor a los enemigos. ¿Cómo poder hacerlo? En primer lugar, reconocer nuestra incapacidad ontológica. Únicamente la obra transformadora de la "gracia" de Dios puede posibilitar esta acción. Vencer esa repugnancia es sólo obra del Espíritu Santo en nosotros, de manera procesual.
El primer paso podría empezar al cambiar nuestra mirada hacia la persona. Y este cambio podría ser la puerta del amor al enemigo, que sería pasar primero por la comprensión, no todavía la justificación. La comprensión es el camino hacia la "empatía" cristiana: ponerse en el lugar del otro, que es también hijo de Dios. Desde esta perspectiva se puede entender la oración por el enemigo. Es pedir que Dios cambie o haya cambiado su corazón para que no siga actuando de la misma manera. Así se convertirá en sujeto de la misericordia de Dios, como cada uno de nosotros lo hemos sido en otras circunstancias. Esta es la lógica cristiana de este mandamiento que nos resulta tan difícil.
El Papa Francisco, en una de sus homilías en Santa Marta nos dice: "Jesús nos pide amar a los enemigos -insistió-. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad».
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, en un discurso sobre la Cuaresma aconseja: "Invoca al Padre que está en los cielos y reza por tus enemigos, pues Saulo también era un enemigo de la Iglesia: rezaron por él y se convirtió en un amigo. Y si quieres saber la verdad, rezaron contra él, es decir contra su maldad, pero no contra su naturaleza. Reza tú también contra la maldad de tu enemigo, para que ella muera y pueda vivir él".
Evidentemente la lógica cristiana no pretende ser el Código Penal de una sociedad determinada. -en todo caso inspirarlo desde sus valores-. Por eso, las personas, que han tenido comportamientos terribles desde cualquier punto de vista, tendrán que asumir sus penas y el castigo que la sociedad les imponga. Pero en cristiano, aunque se encuentren en la cárcel, no podemos negarles el derecho al arrepentimiento y a la conversión, aunque la traducción de esto en términos carcelarios pertenecerá, lógicamente, a los jueces.

(José Luis Ferrando Lada).-

domingo, 17 de enero de 2016

Papa: María nos ayude a enamorarnos de Jesús y a testimoniarlo en el mundo

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo presenta el evento prodigioso en Caná, una aldea de Galilea, durante una fiesta de bodas en la que participan también María y Jesús, con sus primeros discípulos (cfr Jn 2. 1-11). La Madre le hace notar al Hijo que falta el vino, y Jesús, después de responderle que su hora no  ha llegado todavía, acoge sin embargo su solicitud y dona a los esposos el vino más bueno de toda la fiesta. El evangelista subraya que ‘Éste fue el primero de los signos de Jesús. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él’ (v. 11).
Los milagros, pues son signos extraordinarios que acompañan la predicación de la Buena Noticia y tienen el objetivo de suscitar o reforzar la fe en Jesús. En el milagro cumplido en Caná, podemos percibir un acto de benevolencia de parte de Jesús hacia los esposos, un signo de la bendición de Dios sobre el matrimonio. El amor entre hombre y mujer es un buen camino para vivir el Evangelio, es decir para encaminarse con alegría por la senda de la santidad.
Pero, el milagro de Caná no se refiere solo a los esposos. Toda persona humana está llamada a encontrar al Señor en su vida. La fe cristiana es un don que recibimos con el Bautismo y que nos permite encontrar a Dios. La fe atraviesa tiempos de alegría y de dolor, de luz y de oscuridad, como toda auténtica experiencia de amor. La narración de las bodas de Caná nos invita redescubrir que Jesús no se nos presenta  como un juez listo a condenar nuestras culpas, ni como un comandante que nos impone seguir ciegamente sus órdenes. Jesús se manifiesta como Salvador de la humanidad, como hermano, como nuestro hermano mayor, Hijo del Padre, se presenta como Aquel que responde a las expectativas y a las promesas de alegría que habitan en el corazón de cada uno de nosotros.
Entontes, podemos preguntarnos: ¿conozco de verdad al Señor así? ¿Lo siento cerca de mí, de mi vida? ¿Le estoy respondiendo en la misma honda de aquel amor esponsal que Él manifiesta cada día a todos, a todo ser humano? Se trata de darse cuenta de que Jesús nos busca y nos invita a hacerle espacio en lo íntimo de nuestro corazón. Y en este camino de fe con Él no se nos deja solos: hemos recibido el don de la Sangre de Cristo. Las grandes tinajas de piedra que Jesús hace llenar de agua para cambiarla en vino (v.7) son signo del pasaje de la antigua a la nueva alianza: en lugar del agua usada para la purificación ritual, hemos recibido la Sangre de Jesús, derramada de modo sacramental en la Eucaristía y de modo cruento en la Pasión y en la Cruz. Los Sacramentos, que manan del Misterio pascual, infunden en nosotros la fuerza sobrenatural y nos permiten saborear la misericordia infinita de Dios.
Que la Virgen María, modelo de meditación de las palabras y de los gestos del Señor, nos ayude a redescubrir con fe la belleza y la riqueza de la Eucaristía y de los otros Sacramentos, que hacen presente el amor fiel de Dios para con nosotros. Así podremos enamorarnos cada vez más del Señor Jesús, nuestro Esposo, y salir a su encuentro con las lámparas encendidas de nuestra fe alegre, siendo así sus testimonios en el mundo»
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)


“No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir”, el Papa a los migrantes y refugiados

Los migrantes, los refugiados, y las víctimas de los atentados de días pasados en Indonesia y Burkina Faso en el centro de los saludos del Papa Francisco después de la oración del Ángelus.
Recordando la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que se celebra hoy, y que es celebrada también como el “Jubileo de los Migrantes”, el Obispo de Roma saludó a los cerca de seis mil inmigrantes provenientes de diversas regiones de Italia, de treinta nacionalidades diferentes, que se dieron cita en la plaza de san Pedro para participar en el Ángelus, y que además, una vez finalizado, pasarán por la Puerta Santa y celebrarán la Santa Misa presidida por el Cardenal Antonio Maria Vegliò, Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes, en la Basílica Vaticana: 
“Queridos migrantes y refugiados, cada uno de ustedes lleva en sí una historia, una cultura, valores preciosos; y a menudo, lamentablemente, también experiencias de miseria, de opresión, de miedo. Su presencia en esta Plaza es signo de la esperanza en Dios. No se dejen robar esta esperanza y la alegría de vivir, que brotan de la experiencia de la divina misericordia, también gracias a las personas que los reciben y los ayudan. Que el pasaje de la Puerta Santa y la Misa que vivirán dentro de poco, les colme el corazón de paz. En esta misa yo quisiera agradecer, también ustedes agradezcan junto a mí, a los detenidos de la cárcel de Opera, por el don de las hostias confeccionadas por ellos mismos y que serán utilizadas en esta celebración. Los saludamos con un aplauso de todos. Todos juntos". 
Como es habitual, el Papa también saludó a los peregrinos provenientes de Italia y de otros países del mundo, en particular a la Asociación cultural Napredak de Sarajevo, a los estudiantes de Badajoz y Palma de Mallorca y a los jóvenes de “Osteria Grande” de Bolonia. 
Finalmente invitó a todos a dirigir una oración a Dios por las víctimas de los atentados de días pasados en Indonesia y Burkina Faso: “Que el Señor los reciba en su casa y sostenga el compromiso de la comunidad internacional por la construcción de la Paz. Recemos a la Virgen, Dios te salve María...” .
“A todos les deseo un buen domingo - concluyó - y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista” .
(GM – RV)



EL PROYECTO DE VIDA DE JESUCRISTO

Aunque ya hemos comenzado el llamado Tiempo Ordinario, la Liturgia nos ofrece los ecos de la manifestación del Señor, y este domingo nos propone el primer signo que hizo Jesús en Caná de Galilea, como muestra de su divinidad.
El día de Epifanía, el canto de Vísperas tiene como antífona del Magnificat la referencia a tres acontecimientos que se unen para expresar la divinidad de Jesucristo. “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.

En este contexto, el evangelio de las “Bodas de Caná”, colocado por el evangelista San Juan al inicio de la vida pública de Jesús y proclamado por la Iglesia al comienzo del Tiempo Ordinario, nos sugiere una revelación programática de la misión que ha recibido Jesús. Él viene a celebrar el amor de Dios y lo hará, dando su vida por su esposa, la Iglesia.

No es casual que el Cuarto Evangelio nos narre una fiesta nupcial como punto de partida de la acción pastoral del que ha venido a restaurar las relaciones de la humanidad con Dios. El texto narra: “En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.
Tan solo te indico que compares el relato de la “Boda de Caná” con el de la muerte del Señor, y contemples el paralelismo entre ambos. Precisamente, la Iglesia ha escogido como primera lectura el cántico de Isaías, que anuncia los desposorios de Dios con su pueblo: “Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”. Y el salmista nos invita a expresar la alegría: “Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre”.
¿De qué boda se trata? ¿Cuáles son las nupcias que se anuncian? Sin duda que no son otras que las que se celebran con la entrega total de Cristo, cuando en la Cruz mane de su costado agua junto con la sangre y entregue su Espíritu; Espíritu que nos une a todos en un solo cuerpo: “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.
Ángel Moreno de Buenafuente


Lenguaje de gestos. José Antonio Pagola

El evangelista Juan no dice que Jesús hizo «milagros» o «prodigios». Él los llama «signos» porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.
Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa «transformación del agua en vino» se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.
Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas cuando estas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.
El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es «sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.
No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.
A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.
¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una «religión aguada» y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.

José Antonio Pagola

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO DE HOY: EL MEJOR VINO ESTÁ POR VENIR


María está atenta, está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros. Tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de las bodas. Y como está atenta, con su discreción, se da cuenta de que falta el vino.

El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos.

También la carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es una madre «reclamadora», tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María, simplemente, es madre!: Ahí está, atenta y solícita. Es lindo escuchar esto: ¡María es madre! (…) 

Pero María, en ese momento que se percata que falta el vino, acude con confianza a Jesús: esto significa que María reza. Va a Jesús, reza. Directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: «¿Y qué podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). 

Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás apresura la «hora» de Jesús. Y María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón. Ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios; nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios.

Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: que vive bajo el mismo techo, que comparte la vida y está necesitado.

Y finalmente, María actúa. Las palabras «Hagan lo que Él les diga» (v. 5), dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás. Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos por amor servidores unos de otros. En el seno de la familia, nadie es descartado; todos valen lo mismo. (…)

Allí en la familia «se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño, cuando nos peleamos. (…)

La familia también forma una pequeña Iglesia, la llamamos «Iglesia doméstica», que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente más cercano el amor de Dios.

Y en la familia —de esto todos somos testigos— los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano… y muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que «debería ser». Hay un detalle que nos tiene que hacer pensar: el vino nuevo, ese vino tan bueno que dice el mayordomo en las bodas de Caná, nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado… Nace de lo ‘peorcito’ porque «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20). (…)

Y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir.
Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar.

Y el mejor de los vinos está por venir, aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario. El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir. Murmúrenselo cada uno en su corazón: el mejor vino está por venir.

Y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados: Tened paciencia, tened esperanza, haced como María, rezad, actuad, abrid el corazón, porque el mejor de los vinos va a venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas.

Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga». Hagan lo que Él les diga. Y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de la familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea».
(De la homilía del Papa Francisco en la Santa Misa por las Familias en Guayaquil –Ecuador-
Lunes 6 de julio de 2015)
«(…)

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:  «No tienen vino.»

Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dice:

«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. »

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

sábado, 16 de enero de 2016

El Papa a los trabajadores cristianos: “Den testimonio de gratuidad, solidaridad y espíritu de servicio”

“Den testimonio de gratuidad, solidaridad y espíritu de servicio, como verdaderos discípulos de Cristo en los lugares donde viven y trabajan”, lo dijo el Papa Francisco a los miembros del Movimiento Cristiano de Trabajadores, a quienes recibió en Audiencia en el Aula Pablo VI del Vaticano.
En su discurso el Santo Padre recordó que el trabajo es una vocación que viene de Dios Padre. “Es verdad: dijo el Papa, el trabajo es una vocación, porque nace de la llamada que Dios dirige desde el principio al hombre, para que cultive y cuide la casa común” (Cfr. Gen 2,15). No obstante el mal ha corrompido el mundo y también la actividad humana, en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario; el ser humano expresa y fortalece con el trabajo, afirma el Pontífice, la dignidad de la propia vida.
¿Cómo podemos responder bien a esta vocación, a la cual nos llama Dios? Se pregunta el Obispo de Roma. Para dar una respuesta adecuada, el Papa sugiere tres elementos: Educación, solidaridad y testimonio.
Educación
“Quisiera sugerir tres palabras, que pueden ayudarnos. La primera, apenas subrayada por María, es la educación. Educar significa ‘sacar a la luz’. Es la capacidad de extraer lo mejor del propio corazón. No es solo enseñar alguna técnica o impartir nociones, sino hacer más humanos a nosotros mismos y la realidad que nos circunda. Y esto vale de modo particular para el trabajo: es necesario formar un nuevo humanismo del trabajo, donde el hombre, y no la ganancia, este al centro; donde la economía sirva al hombre y no se sirva del hombre”.
En este sentido, afirma el Sucesor de Pedro, es importante recordar que educar ayuda a no ceder a los engaños de quien quiere hacer creer que el trabajo, la donación de uno mismo y el estudio no tienen valor. Existen siempre estas tentaciones, afirma el Papa, y se trata siempre de intercambios morales, indignos del hombre, eduquen el corazón a ser libre.
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El compartir, la solidaridad es el segundo elemento para responder adecuadamente a la llamada de Dios, sugiere el Vicario de Cristo. “La segunda palabra es el compartir. El trabajo no es solamente una vocación del individuo, sino es la oportunidad de entrar en relación con los demás: cualquier forma de trabajo presupone una idea sobre las relaciones que el ser humano puede o debe establecer con el otro. (Cfr. Laudato Si’, 125). El trabajo debería unir a las personas, no alejarlas, haciéndolas cerradas y distantes. Transcurriendo tantas horas en la jornada, también nos ofrece la ocasión para compartir lo cuotidiano, para interesarnos de quien tenemos al lado, para recibir como un don y como una responsabilidad la presencia de los demás”.
Es importante, agrega el Papa, que los otros no sean destinatarios solo de algunas atenciones, sino de verdaderos y propios proyectos. Por ello, es importante – agrega – tener presente los propios proyectos y los proyectos de los demás, es poner la inteligencia al servicio del amor, de este modo se logra ser una persona íntegra y tener una vida más feliz, porque así somos capaces de donar.
Testimonio
“La última palabra que quisiera sugerir es testimonio. El apóstol Pablo animaba a testimoniar la fe también mediante la actividad, venciendo la ociosidad y la pereza; y dio una regla muy fuerte y clara: quien no quiere trabajar, no coma. (Cfr. 2 tes 3,10)”. Hoy, señala el Papa, lamentablemente existen tantos jóvenes que no trabajan, son “los nuevos excluidos de nuestro tiempo” y son privados de su dignidad.
Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco animó a los miembros del Movimiento Cristiano de Trabajadores a “transmitir la esperanza, fortalecer el trabajo y dar una ayuda concreta a quienes más lo necesiten”. Asimismo, los invitó a dar testimonio personal y comunitario a partir del estilo de vida que llevan: “testimonio de gratuidad, solidaridad y espíritu de servicio”, como verdaderos discípulos de Cristo, “es su tarea, dijo el Papa, llevar la luz del Señor a los lugares donde viven y trabajan”.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)


EL PADRE ES CONOCIDO POR LA MANIFESTACIÓN DEL HIJO

Nadie puede conocer al Padre sin el Verbo de Dios, esto es, si no se lo revela el Hijo, ni conocer al Hijo sin el beneplácito del Padre. [...]
El Hijo, pues, cumpliendo la voluntad del Padre, lleva a perfección todas las cosas desde el principio hasta el fin y sin él nadie puede conocer a Dios. El conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo está en poder del Padre y nos lo comunica por el Hijo. En este sentido decía el Señor: Nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Las palabras se lo quiera revelar no tienen sólo un sentido futuro, como si el Verbo hubiese empezado a manifestar al Padre al nacer de María, sino que tienen un sentido general que se aplica a todo tiempo.

En efecto, el Padre es revelado por el Hijo, presente ya desde el comienzo en la creación, a quienes quiere el Padre, cuando quiere y como quiere el Padre. Y, por esto, en todas las cosas y a través de todas las cosas, hay un solo Dios Padre, un solo Verbo, el Hijo, y un solo Espíritu, como hay también una sola salvación para todos los que creen en él.

Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

El Papa pide "un nuevo humanismo, en el que la economía sirva al hombre y no el hombre a la economía"

"Los jóvenes sin trabajo son los nuevos excluidos de nuestro tiempo"
Recuerda que, en Europa, la tasa de paro de los jóvenes llega al 40,47 y 50%
 Audiencia del Papa Francisco a los miembros del Movimiento Cristiano de Trabajadores. El mundo obrero, con el Papa que clama por su dignidad. En su alocución, Francisco reivindicó un nuevo humanismo, "en el que la economía sirva al hombre y no el hombre a la economía", y clamó por el derecho al trabajo con dignidad, especialmente para los jóvenes, "los nuevos excluidos de nuestro tiempo".
El aula Pablo VI está a rebosar. Trabajadores de todas las edades y condiciones, con sus familias. Muchos con viseras, camisetas, bufandas y banderitas del movimiento.
Antes de comenzar el acto, un speaker explica que fuera del aula han tenido que quedarse otras 8.000 personas (en total unas 20.000), porque el aforo está totalmente cubierto. Pero que allí tendrán pantallas gigantes para poder seguir el evento.
Tras el himno, las palabras del presidente, que valora la extraordinaria respuesta de los miembros del movimiento: "Una respuesta tan numerosa, que nos ha superado. Una respuesta debida, sin duda, al Papa Francisco, y un poco a que este movimiento está vivo".
El Patriarca Twal agradece al movimiento sus donativos para construir casas para los cristianos de Tierra Santa, para que permanezcan en Jerusalén. "No queremos sólo lugares santos, sino personas santas". Y para los refugiados cristianos, procedentes de irak y de Siria, pide "ayuda, acogida y esperanza".
A las 12,30 llega el Papa, entre el delirio de la gente. El presidente de la asociación presenta al Papa el movimiento. Y se queja: "El trabajo ya no está en el centro del sistema socio-político".
Algunas frases de la alocución del Papa
"El trabajo es una vocación, porque nace de una llamada que Dios hace desde el principio al hombre: que cultivase y custodiase la casa común"
"Tres palabras que os pueden ayudar"
"La primera es educación"
"Educar es extraer lo mejor del propio corazón"
"Hacernos más humanos a nosotros mismos y a la realidad que nos rodea"
"Hay que formar en un uevo humanismo del trabajo, porque vivimos en un tiempo en que la explotación de los trabajadores y en el que el trabajo no está al servicio de la dignidad de la persona"
"Educar en un nuevo humanismo del trabajo, en el que la economía sirva al hombre y no se sirva del hombre"
"Educar para no ceder a los engaños"
"Es urgente educar para recorrer el camino de la honestidad, huyendo del favoritismo y de las recomendaciones"
"En esto habita la corrupción"
"La mentalidad de la ilegalidad lleva a la corrupción de la persona y de la sociedad"
"La ilegalidad envenena y hace mucho daño"
"Educar es una gran vocación"
"Llamados a descubrir la belleza del trabajo realmente humano"
"La segunda palabra es compartir"
"El trabajo debería unir a las personas, no alejarlas"
"Ocasión para compartir lo cotidiano"
"La última palabra es testimonio"
"Como decía San Pablo, el que no quiera trabajar, que no coma"
"Hay mucha gente que quisiera trabajar, pero no lo consigue y casi no puede comer"
"Los jóvenes sin trabajo son los nuevos excluidos de nuestro tiempo"
"En algunos países de nuestra Europa, tan culta, la juventud de más de 25 años llega al 40, 47,50% de paro"
"¿Dónde termina un joven que no trabaja? En las dependencias, en las enfermedades psicológicas, en los suicidios...Un drama, el de los suicidios, que no siempre se publican"
"Casarse o tener hijos para estos jóvenes es un problema..."
"Dar testimonio de gratuidad, de solidaridad y de servicio"
"Les pido disculpas por el retraso"
"No se olviden de rezar por mí. Gracias"

 Fuente: Religión digital

El Papa visita por sorpresa una residencia de ancianos y un centro de enfermos de Sida

Los 'viernes de la misericordia' de Francisco
"La visita ha tomado a todos por sorpresa", dice la Santa Sede
El papa Francisco visitó hoy una residencia de ancianos en la periferia de Roma, como parte de las visitas privadas que hará cada mes durante el Año Santo Extraordinario de la Misericordia, informó la Santa Sede.
El pontífice saludó a las 33 personas de la tercera edad que habitualmente viven en la residencia Bruno Buozzi y conversó con ellas, según explicó el Vaticano en un comunicado publicado en la página oficial del Jubileo.
"La visita ha tomado a todos por sorpresa", subrayó la Santa Sede, que aseguró que este gesto ha permitido hacer comprender a estas personas "lo importante que son las palabras del papa Francisco cuando se refiere a la 'cultura del descarte' y el gran valor que los ancianos y los abuelos tienen en la Iglesia y en la sociedad".
Posteriormente, el papa visitó a otras seis personas en estado vegetativo que son atendidas en el centro Casa Iride, tras lo cual regresó al Vaticano.
El pasado 4 de enero, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Rino Fisichella, anunció que Jorge Bergoglio tendrá "gestos personales" de solidaridad cada mes durante el Jubileo de la Misericordia.
"Estos gestos tendrán un carácter de visitas privadas por parte del santo padre para mantener en la medida de lo posible una relación personal de cercanía y solidaridad con las personas o las instituciones visitadas", dijo Fisichella. (RD/Agencias)