martes, 8 de diciembre de 2015

El dogma de la Inmaculada Concepción de María


La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. 

El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 , en su bula Ineffabilis Deus.


"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." 

(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Inmaculada Concepción de la Virgen María. De los sermones de san Anselmo, obispo


El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la noche, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. [...]


Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo queestaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.



¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!

Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.

Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste. ¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!


Fuente: News.Va

HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Papa en conexión con Asís: Navidad es abrirse al perdón

Abrir el corazón a la misericordia, frente a las desgracias que padecen los emigrantes en el mar, “no fáciles de perdonar”. Es la invitación que hizo el Papa Francisco mediante una video conexión con Asís. En efecto, desde la Ciudad del Vaticano, la tarde del II Domingo de Adviento, el Pontífice encendió, simbólicamente, el Pesebre y el Árbol de Navidad frente a la Basílica de San Francisco de Asís, ambos símbolos dedicados a los emigrantes.
Antes de la conexión con el Obispo de Roma, Monseñor  Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, celebró la Santa Misa en la Basílica Inferior de Asís, en cuya homilía invitó a ponerse a la escucha de la Palabra del Señor, recorriendo tres vías siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, a saber: el desierto, o sea el lugar de la oración y de la reflexión; la conversión, que cambia radicalmente nuestra vida a través de la caridad y la esperanza y, en fin, la misión, porque el cristiano no debe tener miedo de hablar de Cristo.
Monseñor Gänswein bendijo el Pesebre que fue preparado en una barca de siete metros de longitud, que navegó por el mar Mediterráneo y que en marzo de 2014 permitió el traslado de nueve tunecinos a la isla italiana de Lampedusa.
Durante la ceremonia también asistieron 31 prófugos hospedados por la Caritas diocesana procedentes de Afganistán, Camerún, Irán y Nigeria y un oficial de la Marina Militar que participó en las operaciones de salvataje de los emigrantes en el canal de Sicilia.
Hablando espontáneamente, el Papa Francisco dijo:
“Mirando aquella barca…  Jesús siempre está con nosotros, también en los momentos difíciles. ¡Cuántos hermanos y hermanas se han ahogado en el mar! Están con el Señor, ahora. Él ha venido a darnos esperanza, y debemos tomar esta esperanza. Ha venido para decirnos que Él es más fuerte que la muerte, que Él es más grande que toda maldad. Ha venido para decirnos que es misericordioso, todo misericordia; y en esta Navidad los invito a abrir el corazón a la misericordia, al perdón. Pero no es fácil perdonar estas matanzas. No es fácil”.
El Santo Padre agradeció de corazón a las mujeres y a los hombres que componen la Guardia Costera, porque han sido instrumento de la esperanza que nos trae Jesús. Y añadió que han sido sembradores de esperanza, de la esperanza de Jesús.
Tras agradecer las palabras de uno de los emigrantes que la tierra italiana ha recibido generosamente, Francisco añadió que el Sur de Italia ha sido un ejemplo de solidaridad para todo el mundo. Y manifestó su deseo de que al ver ese Pesebre todos puedan decirle a Jesús: “¡También yo he dado una mano para que tú seas un signo de esperanza”!
A todos los refugiados el Papa Francisco les dijo, con las palabras del Profeta: “Levanten la cabeza, el Señor está cerca. Y con Él la fuerza, la salvación, la esperanza. El corazón, quizás, afligido, pero la cabeza alta en la esperanza del Señor.
Y concluyó diciendo:
“A todos ustedes refugiados, y a todos ustedes de la Guardia Costera, les agrazo y les deseo una Santa Navidad, llena de esperanza, y con tantas caricias del Señor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Nuestro Señor viene y nos salvará


Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14 
Nuestro Señor viene y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
«Dios anuncia la paz 
a su pueblo y a sus amigos.» 
La salvación está ya cerca de sus fieles, 
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, 
la justicia y la paz se besan; 
la fidelidad brota de la tierra, 
y la justicia mira desde el cielo.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
El Señor nos dará la lluvia, 
y nuestra tierra dará su fruto. 
La justicia marchará ante él, 
la salvación seguirá sus pasos
Nuestro Señor viene y nos salvará.


Hoy hemos visto cosas admirables


Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo:
- «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar:
- «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó:
- «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir levántate y anda,'?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados - dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor:
- «Hoy hemos visto cosas admirables.»
Palabra del Señor.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Convertirnos de la presunción de que no necesitamos convertirnos, expresó Francisco en el ángelus

 Flash reflexión pre-Ángelus: “La voz del Bautista grita todavía en los modernos desiertos de la humanidad que son las mentes cerradas y los corazones duros. Y nos provoca preguntarnos si efectivamente estamos recorriendo el camino justo, viviendo una vida según el Evangelio”, dijo el Obispo de Roma.

Inspirado en la lectura del Evangelio de Lucas, del 2do domingo de adviento, en el que Juan Bautista predica “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc. 3,3), Francisco ha dicho que tenemos que convertirnos de la presunción de que tenemos todo en regla, de la suposición de que está bien así y que no tenemos necesidad de ninguna conversión.

Hagamos la prueba de preguntarnos si en las distintas situaciones y circunstancias de la vida tenemos siempre los mismos sentimientos de Jesús, si cuando sufrimos algún problema logramos reaccionar sin animosidad y perdonamos de corazón al que nos pide disculpas. Si cuando somos llamados a compartir alegrías y dolores sabemos llorar con los que lloran y reír con los que ríen. Si cuando debemos expresar nuestra fe sabemos hacerlo con valentía y simplicidad sin avergonzarnos del Evangelio.

“Debemos ser valientes: abajar las montañas del orgullo y la rivalidad, rellenar los huecos escavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los senderos de nuestras perezas y de nuestras componendas”, insistió Francisco. jesuita Guillermo Ortiz - Radio Vaticana


Mitigar los impactos del cambio climático, contrastar la pobreza y hacer florecer la dignidad humana. Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,
Sigo con gran atención los trabajos de la Conferencia sobre el clima en curso en París, y me vuelve a la mente una pregunta que hice en la encíclica Laudato si ''¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?'' (n. 160). Por el bien de la casa común, de todos nosotros y de las futuras generaciones, en París todo el esfuerzo debe estar dirigido a la mitigación de los impactos de los cambios climáticos y, al mismo tiempo, a contrastar la pobreza para que florezca la dignidad humana. Recemos para que el Espíritu Santo ilumine a todos los que están llamados a tomar decisiones tan importantes y les dé el coraje de tener siempre como criterio de elección el bien mayor para la familia humana.
Mañana se celebra el quincuagésimo aniversario de un acontecimiento memorable entre católicos y ortodoxos. El 7 de diciembre de 1965, en la vigilia de la conclusión del Concilio Vaticano II, con una Declaración común del Papa Pablo VI y del Patriarca Ecuménico Atenágoras, se eliminaban de la memoria las sentencias de excomunión intercambiadas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla en 1054. Es realmente providencial que aquel gesto histórico de reconciliación, que ha creado las condiciones para un nuevo diálogo entre ortodoxos y católicos en el amor y la verdad, sea recordado precisamente en el inicio del Jubileo de la Misericordia. No hay un auténtico camino hacia la unidad sin un pedido de perdón a Dios y entre nosotros, por el pecado de la división. Recordemos en nuestras oraciones al querido Patriarca Ecuménico Bartolomé y a los demás jefes de las Iglesias ortodoxas, y pidamos al Señor que las relaciones entre católicos y ortodoxos se inspiren siempre en el amor fraterno.   
Ayer, en Chimbote (Perú), fueron proclamados beatos Michael Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski, Franciscanos Conventuales, y Alessandro Dordi, sacerdote fidei donum, asesinados por odio a la fe en 1991. Que la fidelidad de estos mártires en el seguimiento de Cristo dé la fuerza a todos nosotros, pero especialmente a los cristianos perseguidos en diferentes partes del mundo, para dar testimonio valiente del Evangelio.
Saludo a todos ustedes, peregrinos que han venido de Italia y de diversos países; ¡hay muchas banderas! En particular al coro litúrgico de Milherós de Poiares y a los fieles de Casal de Cambra, Portugal. Saludo a los participantes en el Congreso del Movimiento de Compromiso Educativo de Acción Católica, a los fieles de Biella, Milán, Cusano Milanino, Neptuno, Rocca di Papa y Foggia; a los confirmandos de Roncone y de Settimello, a la Banda de Calangianus y al Coro de Taio.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena preparación para el inicio del Año de la Misericordia. Por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticana

LLAMADA A LA ALEGRÍA

Puede parecer una invitación algo sarcástica la propuesta que hoy nos hace la Palabra, si tenemos en cuenta el ambiente de inseguridad, violencia y miedo que se está extendiendo en la sociedad a causa del terrorismo.
Y sin embargo, es el momento más oportuno para elevar la voz esperanzada como ofrecimiento, o pequeña semilla, parábola que anime, testimonio de fe.
Acabo de llegar de Jerusalén, donde he peregrinado, como cada año, con un buen grupo de amigos, y uno de los días, al rayar el alba, nos echamos a las calles entonando el cántico de los peregrinos: “¡Qué alegría cuando me dijeron!”, e inundando las bóvedas de las calles enclaustradas con el deseo de paz para todos los habitantes de la Ciudad Santa: “Desead la paz a Jerusalén, haya paz dentro de tus muros”. Y sentíamos que ese canto era nuestra pequeña contribución contra el ambiente violento.
El profeta Baruc nos ofrece su visión: “Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da”. Y el salmista se hace eco, en la memoria de la acción providente que realizó Dios con su pueblo: “Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”.
Da alegría traer a la memoria a tantas personas de buena voluntad que en medio de noticias terribles permanecen serenas. San Pablo testimonia: “Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría”, expresión que nos permite el gozo interior por la certeza de que hay muchos que, de manera discreta, anónima y humilde hacen posible la convivencia social y familiar, que nos permite, al orar, sentir la comunión con quienes son motivo de esperanza.
El Evangelio de San Lucas nos brinda la mayor razón de alegría cuando nos adelanta: “Todos verán la salvación de Dios”. A las puertas del Año de la Misericordia, tiempo de gracia, las lecturas de este domingo nos anticipan la acogida gozosa al ofrecimiento que el papa Francisco nos hace a los creyentes, a la vez que nos invita a convertirnos en mediadores de paz, de alegría, de perdón, de misericordia, con lo que se difundirá la razón de cantar, y de sentir, a pesar de todo, la esperanza.

Podemos sumarnos a los que se dejan contagiar por el pesimismo o, por el contrario, a quienes se atreven, en medio de la dificultad, a anticipar tiempos de bonanza, porque se convierten ellos mismos en sembradores de paz.
Ángel Moreno de Buenafuente

En el marco del desierto. José Antonio Pagola

Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.
Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

José Antonio Pagola

Preparad el camino del Señor


Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6


En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.


Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:


«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Palabra del Señor.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Benedicto XVI acudirá a la apertura del Año Jubilar

El próximo martes, día de la Inmaculada
El Papa emérito Benedicto XVI ha aceptado la invitación del Papa Francisco a participar en la apertura de la Puerta Santa con la que dará inicio el Jubileo de la Misericordia el próximo martes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción.
Así se asegura en un comunicado enviado a los medios por la Oficina de Prensa de la Santa Sede en el que se explica además que durante el rito estará presente en el atrio de la Basílica de San Pedro.
No es la primera vez que el Papa emérito deja los muros vaticanos, donde vive en el Monasterio Mater Eclesiae, y participa en alguna ceremonia. La última vez fue en el Consistorio para la creación de nuevos cardenales el pasado 14 de febrero, en la Misa que presidió el Papa Francisco.
También asistió por ejemplo a la canonización de Juan Pablo II y Juan XIII el 27 de abril de 2014.

(RD/Agencias)

El Papa, a los jóvenes: "La Biblia es un libro extremadamente peligroso"

La Biblia es "un libro extremadamente peligroso, tanto que en ciertos países quien posee una Biblia es tratado ¡como si ocultara granadas en el armario!". El Papa Francisco lo escribió en una carta a los jóvenes, que fue publicada como prefacio para una edición de la Biblia destinada a los chicos y chicas, que colaboraron con su discusión y sus comentarios, informa La Stampa.

'Quiero decirles una cosa -escribe Francisco en el prefacio publicado por 'La Civiltà Cattolica'-: hoy, mucho más que durante el inicio de la Iglesia, los cristianos son perseguidos; ¿cuál es la razón? Son perseguidos porque llevan una cruz y ofrecen testimonio de Cristo; son condenados porque poseen una Biblia. Evidentemente la Biblia es un libro extremadamente peligroso -subrayó-, tanto queº en ciertos países quien posee una Biblia es tratado ¡como si ocultara granadas en el armario!'.

'Mahatma Gandhi 'añade', que no era cristiano, una vez dijo: 'A ustedes los cristianos se encomendó un texto que tiene en sí una cantidad de dinamita suficiente como para hacer explotar en mil pedazos toda la civilización, para poner de cabeza al mundo y llevar la paz a un planeta devastado por la guerra. Pero lo tratan como si fuera simplemente una obra literaria y nada más''.

El Pontífice, por ello, pregunta a los jóvenes: 'Entonces, ¿qué tienen en la mano? ¿Una obra maestra de la literatura? ¿Una antología de antiguas y bellas historias? En tal caso, habría que decirle a muchos cristianos que son encarcelados y torturados por la Biblia: ‘De verdad, han sido necios y poco listos: ¡es solo una obra literaria!'. No, con la Palabra de Dios la luz vino al mundo y nunca más se apagará', dijo.
'En mi exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium' escribí: ‘Nosotros no buscamos a tientas en la oscuridad, ni debemos esperar a que Dios nos dirija la palabra, porque realmente 'Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido, sino que se ha mostrado a sí mismo''. Acojamos el tesoro de la Palabra revelada', finalizó el Santo Padre.


Adviento 2015: reflexión por Lorenzo de Santos


El tiempo del Adviento nos invita a releer y escuchar a los profetas. Estos profetas que anuncian la «consolación de Israel», la misericordia de Dios, la cercanía y liberación del Señor. Así lo proclamará el mismo Simeón, el anciano que acogió al niño Jesús cuando fue «presentado» en el templo cuarenta días después de su nacimiento (Lc 2,25: Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel;”). «Esperar la consolación», confiar en la misericordia de Dios encarnada en Jesús, forma parte de la verdadera esperanza cristiana.

José Luis Sicre en su libro Con los pobres de la tierra afirma que “los profetas no pretendían que los estudiásemos, sino que escuchásemos su voz y la pusiéramos en práctica”1.
Aprovechemos estos conocimientos y acercamientos a los textos proféticos para preguntarnos en este tiempo de Adviento cuál es la salvación que esperamos y si confiamos en la misericordia del Señor.

¿Qué deseamos en este tiempo de Adviento para nuestra Jerusalén, la que tiene nombres más actuales: mi vida, mi comunidad cristiana, mi entorno inmediato, la Iglesia? ¿Qué realidades aspectos de nuestra vida son páramo y desierto, auténtica esterilidad que requieren una mirada misericordiosa para renacer? ¿Cuáles son las esclavitudes cuyo final nos anuncia Dios?

 Estas son algunas de las preguntas que podemos hacernos con la escucha y acogida de estos textos.
Nuestro anuncio en estos días ha de seguir proclamando cómo la presencia de Dios en nuestras vidas, en nuestras comunidades y parroquias, en nuestra sociedad tiene la fuerza amorosa de signos de misericordia: de transformar la apatía en utopía, el cansancio en promesa, el individualismo en fraternidad, la oscuridad en un nuevo acontecer, el temor en esperanza. Porque “Dios con amor eterno se compadece”, y continúa transformando, amando, generando vida. Y nosotros hemos de seguir siendo cristianos que mantienen la Esperanza en ese amor misericordioso de Dios capaz de crear y engendrar.

El adviento es vendar viejas heridas y hacer que brille de alegría los rostros de los pobres, de los marginados, los que sufren, sobre todo de aquellos que se retuercen bajo el peso misterioso del dolor y de la angustia.  un reto de esperanzas para llenar los corazones afligidos, Nuestros signos, en este tiempo litúrgico, han de ser portadores de vida, manifestación de la misericordia. Nuestra corona de Adviento ha de iluminar cada semana alguna oscuridad, disipar algún temor, presentar algún signo de misericordia, que cada día de manera sencilla se perciba en nuestro mundo e ilumine nuestro camino en el encuentro con el Señor: la mano que se ofrece, la palabra que conforta, la fe que reza, la acción solidaria, la vida que se gasta….
 
Nuestras palabras de estos días, homilías, reuniones, conversaciones, diálogos tendrían que transformar la esterilidad en fecundidad de esperanza, de ilusiones, de paz, de luz, de vida, de impulsos misericordiosos; tendrían que ayudar a valorar lo positivo y la belleza de la Promesa, para suscitar esperanzas y deseo de abrirse al acontecimiento del encuentro misericordioso con el Señor.

También podemos nosotros anunciar en este tiempo de Adviento, como lo hicieron cada uno de los profetas en su tiempo, que el Señor que viene, no es un futuro, vendrá, ni un pasado terminado, vino, sino un presente, viene de manera continuada y su espíritu permanece en nosotros.

Este anuncio será creíble con la construcción de caminos de misericordia, senderos para el encuentro, rutas para la paz, itinerarios donde fluyan la justicia y el amor, donde brote la salvación. Proclamar, anunciar la dicha de un diálogo al borde de todas las vías que llevan al Señor de la vida, al Dios del amor y la misericordia.
Todo ello porque siguen resonando en nosotros la palabra del Señor:

“mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá
dice el Señor, que tiene compasión de ti” (Is 54,10)

“Pero aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona.” (Dn 9,9)

“que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión;” (Lam(Lam 3,22)

Me casaré contigo para siempre, me casaré contigo en justicia y derecho, en amor y compasión” (Os 2,21).

Lorenzo de Santos, doctor en Teología.

Al ver a las gentes, se compadecía de ellas


Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 35-10, 1. 6-8
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
- «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
A estos doce los envió con estas instrucciones:
- «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»
Palabra del Señor.