viernes, 13 de noviembre de 2015

Homilía del Papa: Dios es la “gran belleza”, todo lo demás pasa


Hay dos peligros que asechan a los creyentes: la tentación de divinizar las cosas de la tierra e incluso de idolatrar los “hábitos”, como si todo tuviera que durar para siempre. En cambio, la única belleza eterna a la que debemos tender es Dios. Lo afirmó el Papa Franciscoen su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta

“La gran belleza es Dios”. Lo reza también el Salmo: “Los cielos narran la belleza de Dios”. El problema del hombre es que con frecuencia se arrodilla ante lo que, de aquel esplendor es sólo un reflejo – que un día, de todos modos, se apagará – o incluso,  se vuelve devoto de placeres aún más pasajeros.

Apegados a las bellezas de acá

El Papa Bergoglio desarrolló su homilía poniendo de manifiesto las dos idolatrías en las que también puede caer quien tiene fe. La primera Lectura y el Salmo – observó Francisco –  se refieren a “la belleza de la creación”, pero también subrayan “el error” de “aquella gente que en estas cosas bellas no ha sido capaz de ver más allá, es decir la trascendencia”. Una actitud en la que el Pontífice identifica lo que denomina “la idolatría de la inmanencia”, que hace que uno se detenga ante una belleza “sin un más allá”:

“Se han apegado a esta idolatría; están sorprendidos por su poder y energía. No han pensado cuán superior es su Soberano, porque los ha creado, Aquel que es principio y autor de la belleza. Es una idolatría mirar las bellezas – tantas – sin pensar que habrá un ocaso. También el ocaso tiene su belleza… Y esta idolatría de estar apegados a las bellezas de acá, sin la trascendencia, todos nosotros corremos el riesgo de tenerla. Es la idolatría de la inmanencia. Creemos que las cosas son como son, son casi dioses, que jamás terminarán. Olvidamos el ocaso”.

Divinizar los hábitos

La otra idolatría – subrayó el Santo Padre – “es la de los hábitos” que ensordecen el corazón. Francisco la ilustró recordando las palabras de Jesús en el Evangelio del día, con su descripción de los hombres y las mujeres en tiempos de Noé o los de Sodoma cuando, recuerda que “comían, bebían, tomaban esposa y esposo” sin preocuparse por otra cosa, hasta el momento del diluvio o de la lluvia de fuego y azufre, de la destrucción absoluta:

“Todo es habitual. La vida es así: vivimos así, sin pensar en el ocaso de este modo de vivir. También esto es una idolatría: estar apegado a los hábitos, sin pensar que esto terminará. Y la Iglesia nos hace ver el final de estas cosas. También los hábitos pueden ser pensados como dioses. ¿La idolatría? La vida es así, vamos adelante así… Y así como la belleza terminará en otra belleza, nuestro hábito terminará en una eternidad, en otro hábito. ¡Pero está Dios!”.

Mirar la belleza que no pasa

En cambio – exhortó el Obispo de Roma – es necesario dirigir la mirada “siempre más allá”, hacia  “el hábito final”, al único Dios que está más allá “del fin de las cosas creadas”, como la Iglesia enseña en estos días que concluyen el Año litúrgico, para no repetir el error fatal de mirar hacia atrás, como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si “la vida es bella, también el ocaso será muy bello”:

“Nosotros  – los creyentes – no somos gente que vuelve atrás, que cede, sino gente que va siempre adelante”. Ir siempre adelante en esta vida, mirando las bellezas y con los hábitos que tenemos todos nosotros, pero sin divinizarlas. Terminarán… Que sean estas pequeñas bellezas, que reflejan la gran belleza, nuestros hábitos para sobrevivir en el canto eterno, en la contemplación de la gloria de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El Papa anima a la Iglesia a no ver a los laicos como "miembros de segunda clase"

El Papa ha invitado a la Iglesia a no ver a los laicos como miembros de "segunda clase" que solo ejecutan órdenes y ha recordado que pertenecen y participan junto a los miembros del orden sagrado y a los religiosos de la función sacerdotal, profética y real de Cristo mismo.
"El Concilio Vaticano II no mira a los laicos como si fueran miembros de segunda clase, al servicio de la jerarquía o como simples ejecutores de órdenes que vienen de lo alto, sino como discípulos de Cristo", ha señalado Francisco en el mensaje enviado a los participantes de la Jornada de estudio organizada por el Pontificio Consejo de Laicos, en colaboración con la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, sobre el tema de la vocación y misión de los laicos.
Además, ha especificado que a través de la fuerza del bautismo, los laicos "están llamados a animar todo ambiente, actividad y relación humana según el espíritu evangélico, llevando la luz, la esperanza, la caridad recibida por Cristo en los lugares que, de otra manera, permanecerían ajenos a la acción de Dios y abandonados a la miseria de la condición humana". Para el Papa, el Concilio Vaticano II ha hecho crecer en la Iglesia la formación de los laicos.

El Pontífice creó el pasado 2 de octubre una nueva Congregación de los Laicos que engloba a los pontificios consejos para los Laicos y para la Familia, actualmente guiados respectivamente por el cardenal Stranislaw Rylko y por el obispo Vincenzo Paglia. "Decidí instituir un nuevo dicasterio con competencia sobre los laicos, la familia y la vida, que sustituirá al Pontificio Consejo para los Laicos y al Pontificio Consejo para la Familia, y al que estará vinculada la Pontificia Academia para la Vida", comentó Francisco durante una de las sesiones de trabajo del Sínodo de obispos de la Familia.
(RD/Ep)

El cielo proclama la gloria de Dios.


Sal 18, 2-3. 4-5 

El cielo proclama la gloria de Dios.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos 
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

El cielo proclama la gloria de Dios.
Sin que hablen, sin que pronuncien, 
sin que resuene su voz, 
a toda la tierra alcanza su pregón 
y hasta los límites del orbe su lenguaje

El cielo proclama la gloria de Dios.

El día en que se manifestará el Hijo del Hombre


Lectura del santo evangelio según san Lucas, 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva.
Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. »
Ellos le preguntaron:
-«¿Dónde, Señor?»
Él contestó:
-«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»
Palabra del Señor.

jueves, 12 de noviembre de 2015

ORAR CON EL SALMO DE HOY: TU PALABRA, SEÑOR, ES ETERNA

Del salmo 118:


Tu palabra, Señor, es eterna

Tu Palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo.

Tu palabra, Señor, es eterna

Tu fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y permanece.

Tu palabra, Señor, es eterna

Por tu mandato subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu servicio.

Tu palabra, Señor, es eterna

La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes.
Tu palabra, Señor, es eterna

Haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,

Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien

Tu palabra, Señor, es eterna

‘Acógelos, Ayúdalos’, la nueva campaña de Misiones Salesianas por los refugiados

“El camino más peligroso de mi vida”
Más de 750.000 personas han cruzado el Mediterráneo este año huyendo de la guerra y el hambre
Más de 750.000 personas han cruzado el mar Mediterráneo en lo que va de año huyendo de la guerra y el hambre. “Cientos de miles de personas que, como decía hace pocos días un refugiado sirio acogido por los Salesianos, han realizado el camino más peligroso de sus vidas”, explica Ana Muñoz, portavoz de Misiones Salesianas.
“Estamos viendo la llegada de niños, mujeres… su deambular por toda Europa. Todos los días hay noticias de naufragios y muertes de personas que están tratando de salir del infierno de la guerra… Ante esto, no podemos mirar hacia otro lado”, añade Muñoz.
Por ello, hemos querido lanzar la campaña Acógelos, Ayúdalos. Es necesario que, como ciudadanos, demos una repuesta solidaria y un mensaje de acogida a aquellos que llegan sin nada buscando salvar sus vidas. Los misioneros salesianos en Turquía, Alemania, Austria, Italia o España ya se han puesto manos la obra para acoger y ayudar a los refugiados dando especial atención a los menores no acompañados.
“En Alemania ya hay 500 jóvenes y menores acogidos en centros salesianos y en Turquía llevamos años trabajando con los refugiados, sobre todo, con los niños y niñas para que puedan ir a la escuela”, explica Muñoz.
Hoy las necesidades se han multiplicado y necesitamos un verdadero compromiso con aquellos que nos necesitan. “Y no nos vamos a olvidar de aquellos que aún no han podido o querido dejar Siria. Allí, los misioneros salesianos continúan en Alepo, Damasco y Kafroun atendiendo a menores y jóvenes, a familias necesitadas…”, asegura la portavoz.
Acógelos, Ayúdalos es una iniciativa que trabajará en dos áreas: la acogida y la respuesta a las personas que están llegando a Europa, pero sin olvidar que es necesario buscar la paz y ofrecer oportunidades de futuro.


(Misiones Salesianas).-

Bienaventurados los que saben que van a morir

Palabras de Jake Bailey, joven de 18 años antes de morir
“Ninguno de nosotros sale vivo de la vida. No sabemos dónde terminaremos, ni cuándo terminaremos. Por eso, sed valientes, sed grandes, sed altruistas y sed siempre agradecidos por las oportunidades que tenéis; la oportunidad de aprender de quien vivía antes de vosotros y de quien camino junto a vosotros”.

Son las palabras impactantes pronunciadas por este joven, alumno del Instituto deChristchurch High School, en Nueva Zelanda. Y enfermo terminal. Tiene pocas semanas de vida y le ha sido diagnosticado un tumor fulminante y agresivo, sin remedio: un linforma Burkit no Hodgkinson.
Pero este joven, después de haber escrito estas palabras, quiso dejar su habitación del hospital para leerlas personalmente a sus compañeros. Se presentó en silla de ruedas con una lucidez digna de admiración, y conmovió hasta derramar las lágrimas entre los presentes, produciendo na gran ovación al terminar su discurso:
“Dejad que sean los demás quienes vivan vidas mediocres, no vosotros. Dejad a los demás llorar y preocuparse por pequeñas cosas, no vosotros. Dejad que sean los demás a dejar su futuro en las manos de los demás, no vosotros. El futuro está sólo en vuestras manos. Dejad los sueños para muy tarde, dedicaos a conseguir los objetivos más inmediatos”.
El joven Jake terminó estas palabras con el lema de la escuela “Altiora Peto”, frase latina que significa “Aspirar a lo más alto”. ¿Qué decir? Una bella historia para compartir y tenerla siempre en la mente, cuando los problemas de cada día nos parecen insuperables. Nos lo enseña este pequeño gran hombre.
Non solum sed etiam.
La noticia, tal cual la he transcrito, me llegaba de manos de un querido amigo, quien fuera hace años profesor de un servidor. Ha sido recogida de la prensa italiana y traducida por mi amigo.
Este blog no se llama por nada “non solum sed etiam”. La primera impresión respecto del testimonio de este joven sería la que figura en el último párrafo de la noticia. Pero he querido encontrar otras perspectivas. Vaya la primera: “Bienaventurados los que saben que van a morir”.
Dentro de poco se cumplirán 41 años de la muerte de mi padre. Dos días antes de morir quiso que su hijo, de 9 años, estuviese con él a solas un rato en la habitación del hospital. Entonces no lo entendí, pero años más tarde descubrí que mi padre se había despedido de mí y me había intentado dejar un legado más importante que lo que figurase en el testamento: La inmensa suerte de poder decir unas palabras a tus seres queridos antes de morir.
Esta es la dicha del joven Jake Bailey. Esta es la tremenda suerte que, en medio de un momento trágico, está pudiendo vivir este joven de 18 años.
No es ninguna tontería. Y si no que se lo pregunten a los familiares de los fallecidos en accidentes aéreos, o de trenes, o de tráfico; que se lo pregunten a los familiares de los asesinados en guerras, reyertas o actos terroristas; que se lo pregunten a los familiares de quienes entran en un quirófano y salen cubiertos con una sábana; que se lo pregunten a todos aquellos que han perdido a alguien sin poder decirse ni siquiera “adiós”.
Me alegro por este joven, que ha podido realizar un sueño, dejar un testamento vital a sus compañeros del colegio, que ha podido optar a permanecer en la mente de quienes le conocieron, más allá de la muerte, no solo por un recuerdo sino por unas palabras expresamente queridas decir por él.
Por eso, bienaventurados aquellos que saben que van a morir y ven cumplido su sueño de ver la última entrega de Star Wars, viajar a Disneyland o ver el mar. Pero sobre todo Bienaventurados los que antes de morir pueden despedirse de sus seres queridos y dejarles una palabra, quizá aquella que les ayude a recordarlos con más cariño y que les haga el resto de sus días más felices.


El Reino de Dios está dentro de vosotros


Lectura del santo evangelio según san Lucas, 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó:
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos:
-«Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis.
Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás.
Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»
Palabra del Señor

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La convivialidad generada por la familia y ensanchada en la Eucaristía puede construir puentes de acogida y caridad

“La bellísima virtud de la convivialidad nos enseña a compartir, con alegría, los bienes de la vida, cuyo símbolo más evidente es la familia reunida entorno a la mesa doméstica, donde se comparte no sólo la comida, sino también los afectos, los acontecimientos alegres y tristes” dijo el Sucesor de Pedro. Una virtud que es experiencia fundamental en la vida de cada persona y “un termómetro seguro” para medir la salud de las relaciones familiares. “Una familia que no come unida o que mientras come no dialoga, mira la televisión, o cada uno está con su telefonito o con su pequeño aparato, es una familia ‘poco familiar’. ¡Yo diría que es una familia ‘automática’!”

Hablando de la especial vocación a la convivialidad de los cristianos, el Papa señaló que Jesús “no desdeñaba comer con sus amigos” y que “representaba el Reino de Dios como un banquete alegre”. Fue precisamente en el contexto de una cena donde el Señor entregó a los discípulos su testamento espiritual e instituyó la Eucaristía, en cuya celebración, la familia, “se abre a la gracia de una convivialidad universal y a una fraternidad sin fronteras, según el corazón de Cristo, que entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por la salvación de todos”. Participando en la Eucaristía la familia “se purifica de la tentación de cerrarse en sí misma”, y así, la Eucaristía de una Iglesia de familias se vuelve una “escuela de inclusión humana”. “No hay pequeños, huérfanos, débiles, indefensos, heridos y desilusionados, desesperados y abandonados que la convivialidad eucarística de las familias no pueda nutrir, proteger y recibir”.

Apelando a la memoria de las virtudes familiares, el pontífice recordó los milagros que pueden suceder cuando una madre ensancha su atención hacia los hijos de los demás,  y por lo tanto, reiteró la necesidad de recuperar la convivialidad: “Sabemos bien la fuerza que adquiere un pueblo cuyos padres están listos para moverse para proteger a los hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indivisible, a los que están felices y orgullosos de proteger”.

Asimismo llamó la atención sobre la vergüenza de la exclusión insensata que se genera en los países ricos en los cuales se induce primero a gastar por una nutrición excesiva, y luego, para remediar el exceso. “Un negocio insensato que distrae la atención del hambre verdadera, del cuerpo y del alma, mientras tantos hermanos y hermanas nuestros quedan afuera de la mesa”.
En sus saludos finales, el Papa invitó a rezar para que cada familia “participando en la Eucaristía”, se abra al amor de Dios y del prójimo especialmente para con quienes carecen de pan y de afecto. “Que el próximo Jubileo de la Misericordia nos haga ver la belleza del compartir”.

(GM – RV)

Francisco de Borja y Teresa de Jesús: memoria de un encuentro crucial

El 28 de octubre de 1510, nacía en Gandía Francisco de Borja, una de las personalidades más llamativas y populares de su tiempo. Valgan estos datos de su ascendencia para ilustrar su relevancia social, aunque fuera por vía ilegítima: su padre era nieto del papa Alejandro VI, y su madre, nieta de Fernando el Católico.
El duque de Gandía fue persona de confianza del emperador Carlos V y del Papa Paulo III. Intervino en la batalla de Provenza, y allí en sus brazos murió el poeta Garcilaso de la Vega.
El 1 de mayo de 1539 fallecía la emperatriz Isabel. Acompañando el cadáver desde Toledo hasta Granada, después de 18 días de viaje, como caballerizo mayor suyo, le correspondía abrir el ataúd para identificar el cadáver. La tradición cuenta que, profundamente impactado, exclamó “¡No serviré nunca más a un señor que se pueda morir!”.
Tras la muerte de su esposa Leonor de Castro, en 1546, hizo Ejercicios Espirituales y decidió entrar en la naciente Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola, desde Roma, lo aceptó, pero le pidió secreto: “El mundo no tiene orejas para oír tal estampido” –afirmó. Borja debía primero dejar establecidos a sus hijos y doctorarse en la futura Universidad de Gandía, la primera de la Compañía. El papa Paulo III lo autorizó a hacer su profesión como jesuita “secreto”, y así lo hizo el 1 de febrero de 1548.
Teresa y Borja cara a cara: «Yo quedé muy consolada»
En varias ocasiones visitó Francisco de Borja la ciudad de Ávila. La primera de la que tenemos noticia fue en 1531, cuando él era solo un joven de veintiún años, como mayordomo y caballerizo de la emperatriz Isabel, que acudía a pasar el verano a la ciudad de los Caballeros. El futuro Felipe II, que tenía solo cuatro años, mudaría sus ropas infantiles por el traje de hombre en esos días.
Una segunda visita tuvo lugar más de veinte años después. Desvinculado ya de sus obligaciones en la Corte y ordenado sacerdote en mayo de 1551, acude de nuevo a Ávila en 1554, a fin de establecer un Colegio de la Compañía en esa ciudad. Afirma Doris Moreno:
«Para la Compañía en España, tan contestada y bajo sospecha, la admisión de un grande de España entre sus filas era, al mismo tiempo, «síntoma» de «nobleza» de la orden acogedora y baluarte frente a los ataques. El arzobispo Silíceo afirmaba en 1554 que la Compañía paseaba por España a Francisco de Borja como cabeza de lobo. Según Covarrubias en su Tesoro, la expresión se refiere a la «ocasión que uno toma para aprovecharse, como el que mata a un lobo, que llevando la cabeza por los lugares de la comarca le dan todos algo, cada uno como puede, en gratificación del bien que ha hecho en matar un animal dañino y pernicioso». Correas en su Refranero quizás es más claro al añadir: «que es el achaque de pedir para sí; a estos les dan algo la gente rica y los que tienen ganados». Así era: la Compañía hizo de Francisco de Borja su estandarte en España aprovechando su posición y prestigio, ahora revestido de santidad»¹.
Bustamante, amigo y secretario de Borja, escribía a Ignacio de Loyola relatando así su llegada a la ciudad de Ávila, el 23 de mayo de 1554, víspera de la fiesta del Corpus Christi:
«Toda aquella ciudad, así el clero como el pueblo y los caballeros, se alegraron mucho con la venida de su Reverencia, la cual estaban esperando días había».
Pero no es esta la ocasión en que Teresa y Borja se entrevistan, aunque algunos biógrafos han querido ver en esta visita ese primer encuentro. La santa narra en el Libro de la Vida que, al comienzo de establecerse los jesuitas en Ávila, en 1554, ella los admiraba pero no se atrevía a tratar con ellos:
«Ya tenía noticia de algunos, porque habían venido aquí los de la Compañía de Jesús, a quien yo sin conocer a ninguno era muy aficionada, de sólo saber el modo que llevaban de vida y oración; mas no me hallaba digna de hablarlos ni fuerte para obedecerlos, que esto me hacía más temer, porque tratar con ellos y ser la que era hacíaseme cosa recia» (V 23,3)
Pudo ser el “caballero santo”, Francisco de Salcedo, cuyo cuñado, Hernandálvarez, fue de los primeros jesuitas abulenses y uno de los fundadores del Colegio de san Gil, quien la pusiera en contacto con la Compañía. También cabe mencionar la influencia de doña Guiomar de Ulloa, buena amiga suya, en cuya casa se hospedó la santa por tres años (1555-1558), la cual era vecina de San Gil y se confesaba con los jesuitas. “Hízome confesar a su confesor” –afirma la santa, refiriéndose al P. Prádanos, su segundo confesor de la Compañía, tras Diego de Cetina. Vinculada ya a los jesuitas, es su confesor quien le pone en contacto con el Comisario de la Compañía para la Península Ibérica. Su fama de hombre espiritual estaba bien justificada, por su vida y por sus escritos. Quizá sea el tema de la oración aquel al que Borja dedicó más atención en su enseñanza espiritual. A Teresa, Cetina le había aconsejado que resistiera los efluvios místicos, por temor a que fuera ella misma quien estuviera provocando esos efectos, o por evitar que se asiera a ellos. Borja rectifica:
«Díjome que era espíritu de Dios […]. Como quien iba bien adelante, dio la medicina y consejo, que hace mucho en esto la experiencia. Dijo que era yerro resistir ya más. Yo quedé muy consolada, y el caballero también holgábase mucho que dijese era de Dios, y siempre me ayudaba y daba avisos en lo que podía, que era mucho» (V 24, 3).
Teresa afirma en una Cuenta de conciencia en la que hace repaso de sus confesores: “al Padre Francisco, que fue duque de Gandía, trató dos veces” (R 4,3). Desconocemos si se refiere a que tuvo dos entrevistas con Borja en esa ocasión, o si hubo otro encuentro posterior.
La santa invocará la palabra de autoridad de Borja en Camino de perfección, inicialmente manteniendo el anonimato de este: «Es gran merced esta a quien el Señor la hace, porque vida activa y contemplativa es junta. […] Yo sé de una persona que la ponía el Señor aquí muchas veces, y no se sabía entender, y preguntólo a un gran contemplativo, y dijo que era muy posible, que a él le acaecía» (CV 35, 1).
Sin embargo, en el códice de Toledo, que preparó para la imprenta, anotó a quién se refería: «que era el P. Francisco, de la Compañía de Jesús, que había sido duque de Gandía, y lo sabía bien por experiencia».
Teresa alude también a él en la Relación 5, sobre el mismo tema, la posibilidad de vivir contemplativamente en medio de una gran actividad: «En fin, andan juntas Marta y María. Yo pregunté al Padre Francisco si sería engaño esto, porque me traía boba, y me dijo que muchas veces acaecía».
Según testimonios, ambos mantuvieron la relación de forma epistolar. Isabel de santo Domingo, priora en 1595 del Carmelo de Zaragoza, declara así en los procesos de canonización:
«Sabe que con el dicho padre General de la Compañía de Jesús, dicha Madre conservó hasta su muerte el trato y comunicación que tenían por cartas. Sábelo por haber visto muchas cartas y también por habérselo oído decir a la Madre (BMC, t.19, 78)».
Desgraciadamente, no nos ha llegado ninguna de estas cartas.
Un cuadro de Segrelles
No abundan las representaciones pictóricas que recojan el encuentro entre estos dos santos. Sí lo hace un lienzo del pintor de Albaida (Valencia), José Segrelles, que forma parte del retablo de la capilla del Sagrario en el palacio ducal de Gandía: Santa Teresa de Jesús consulta a san Francisco de Borja. El retablo fue realizado en 1956. Teresa de Jesús aparece extrañamente escribiendo durante la entrevista, como en actitud de plasmar la palabra que el santo le está transmitiendo, mientras Borja aparece sentado, en la cátedra que su autoridad espiritual le otorgaba, reconocida, como hemos visto, por la propia santa.
Rafael García Mahíques, de la Universidad de Valencia, comenta la obra en un estudio que lleva por título «El concepto icónico de san Francisco de Borja elaborado por los jesuitas a partir de la adquisición del Palacio Ducal de Gandía»².
Este autor señala el carácter “barroco” del cuadro, en tanto que se trata de una interpretación “absolutamente conceptual” de la relación de Borja con la santa. Se puede hablar de una manipulación de lo que las fuentes literarias relatan acerca de lo sucedido entre ambos. Y ello se lleva a cabo porque se busca un efecto concreto en el cuadro:
«En la figura de Cristo sosteniendo el santo cáliz –según la forma de la reliquia de la catedral de Valencia– con la sagrada hostia que, como un espectro, se interpone entre ambas personalidades sin que estas ni siquiera se percaten, radica la clave de dicha manipulación. Se trata, en todo caso, de querer asimilar la experiencia mística de estos dos santos del siglo xvi –tema específico sobre el que trató la relación entre ambos–, a la contemplación del misterio eucarístico. En ninguna de las fuentes literarias se nos informa de que el misterio de la eucaristía es la base sobre la que estos dos santos, que aparecen en conversación, experimenten el espíritu de Dios».
Hace años, el P. Silverio de santa Teresa, a propósito de la relación entre la santa y Francisco de Borja, se lamentaba en estos términos: «los biógrafos de la Madre y del Santo General no han dado a las relaciones que mediaron entre ellos la excepcional importancia que tienen»³.

Valga esta aportación para subrayar esa importancia y desear que siga ahondándose en su estudio.

ORAR CON EL SALMO DE HOY: DEFIENDAN AL DESVALIDO Y HAGAN JUSTICIA AL OPRIMIDO, DICE EL SEÑOR

Del salmo 82:

Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Dios se levanta en la asamblea:
«¿Hasta cuándo juzgarán injustamente
y favorecerán a los malvados?
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra
¡Defiendan al desvalido y al huérfano,
hagan justicia al oprimido y al pobre;
libren al débil y al indigente,
rescátenlos del poder de los impíos!».
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Pero ellos caminan en la oscuridad,
faltos de inteligencia y comprensión,
mientras vacilan los fundamentos de la tierra.
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Morirán como cualquier hombre,
caerán, príncipes, como uno de tantos.
Levántate, oh Dios, juzga a la tierra,
porque Tú eres el dueño de todas las naciones
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Bergoglio afirma en la misa de Florencia que "es necesario saber lo que la gente piensa"“La Iglesia, como Jesús, vive en medio a la gente y para la gente”

En el Evangelio de hoy Jesús pone a sus discípulos dos preguntas. La primera: ¿La gente quien dice que es el Hijo del Hombre? (Mt 16,13) es una pregunta que demuestra cuanto el corazón y la mirada de Jesús están abiertos a todos. A Jesús le interesa lo que la gente piensa no para contentarla, sino para poder comunicarse con ellos. Sin saber lo que la gente piensa, el discípulo se aísla y comienza a juzgar a la gente de acuerdo con sus propios pensamientos y creencias. Mantener un sano contacto con la realidad, con eso que la gente vive, con sus lágrimas y alegrías, es la única manera de poder ayudar, educar y comunicar. Es la única manera de hablar a los corazones de la gente tocando su experiencia diaria: el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tráfico, las escuelas, los servicios sanitarios... Es la única manera de abrir su corazón a la escucha de Dios. En realidad, cuando Dios quería hablar con nosotros se ha encarnado. Los discípulos de Jesús nunca deben olvidar de donde fueron elegidos, entre las personas, y nunca deben caer en la tentación de actitudes individualistas, como si eso que la gente piensa y vive no le preocupara y no fueran importantes para ellos.

Esto también vale para nosotros. Y el hecho de que hoy estamos reunidos para celebrar la Santa Misa en un estadio deportivo, nos lo recuerda. La Iglesia, como Jesús, vive en medio de la gente y para la gente. Por esta razón la Iglesia, a lo largo de su historia, siempre ha llevado dentro de sí mismo la misma pregunta: ¿Quién es Jesús para los hombres y mujeres de hoy?
También el santo Papa León Magno, originario de la Toscana, cuya memoria celebramos hoy, llevaba en su corazón esta pregunta, esta ansiedad apostólica que todos pudieran conocer a Jesús, y conocerlo por aquello que es realmente, no una imagen distorsionada de la filosofía y de las ideologías de la época.

Por ello es necesario madurar una fe personal en Él. Y allí, la segunda pregunta que Jesús pone a los discípulos: "¿ustedes, quién decís que soy yo?" (Mt 16,15). Pregunta que todavía resuena hoy en la conciencia de nosotros, sus discípulos, y es decisiva para nuestra identidad y nuestra misión. Sólo si reconocemos a Jesús en su verdad, seremos capaces de ver la verdad de nuestra condición humana, y podremos llevar nuestra contribución a la plena humanización de la sociedad.
Custodiar y anunciar la recta fe en Jesucristo es el corazón de nuestra identidad cristiana, porque al reconocer el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, podemos entrar en el misterio de Dios y en el misterio del hombre.
A la pregunta de Jesús responde Simón: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (v. 16). Esta respuesta contiene toda la misión de Pedro y resume lo que será para la Iglesia el ministerio petrino, es decir, custodiar y proclamar la verdad de la fe; defender y promover la comunión entre toda la Iglesia; mantener la disciplina de la Iglesia. El Papa León tuvo y continua, en esta misión, un modelo ejemplar, tanto en sus enseñanzas luminosas, como en sus gestos llenos de ternura, de compasión y del poder de Dios.

También hoy, queridos hermanos y hermanas, nuestra alegría es compartir esta fe y responder juntos al Señor Jesús: ‘Tú para nosotros eres el Cristo, el hijo del Dios vivo'. Nuestra alegría también es ir contra corriente y superar la opinión corriente, que hoy, como entonces, no logra ver en Jesús más que un profeta o un maestro. Nuestra alegría es reconocer en Él la presencia de Dios, el enviado del Padre, el Hijo hecho instrumento de salvación para la humanidad. Esta profesión de fe que Simón Pedro proclamó permanece también para nosotros. Esta no representa solo el fundamento de nuestra salvación, sino también el camino a través del cual se realiza y la meta a la cual tiende.

A la raíz del misterio de la salvación está la voluntad de un Dios misericordioso, que no se rinde ante la incomprensión, la culpa y la miseria del hombre, sino se dona hasta hacerse Él mismo hombre para encontrar a cada persona en su condición concreta. Este amor misericordioso de Dios es lo que Simón Pedro reconoce en el rostro de Jesús. La misma cara que estamos llamados a reconocer en las formas en la cual el Señor nos ha asegurado su presencia entre nosotros: en su Palabra, que ilumina la oscuridad de nuestra mente y nuestro corazón; en los Sacramentos, que nos regenera a una nueva vida de nuestra muerte; en la comunión fraterna, que el Espíritu Santo crea entre sus discípulos; en el amar sin fronteras, que hace un servicio generoso y considerado hacia todos; en los pobres, que nos recuerda cómo Jesús quería que la suprema revelación de sí y del Padre tuviera la imagen del crucificado humillado.

Esta verdad de la fe es verdad que escandaliza, ya que pide que creamos en Jesús, el cual, siendo el mismo Dios, se abajo, se redujo a la condición de esclavo, hasta la muerte de la cruz, y por eso Dios lo ha hecho Señor del universo (cf. Fil 2,6-11). Es la verdad que todavía hoy escandaliza a quien no tolera el misterio de Dios impreso en el rostro de Cristo. Es la verdad que no podemos tocar y abrazar sin que, como dice San Pablo, entrar en el misterio de Jesucristo, y sin hacer nuestros sus propios sentimientos (cf. Fil 2,5). Sólo desde el Corazón de Cristo, podemos entender, profesar y vivir su verdad.

En realidad, la comunión entre lo divino y lo humano, realizado plenamente en Jesús, es nuestra meta, la culminación de la historia humana según el plan del Padre. Es el gozo del encuentro entre nuestra debilidad y su grandeza, en nuestra pequeñez y su misericordia que llenará nuestros límites. Pero esta meta no sólo es el horizonte que ilumina nuestro camino, pero es lo que nos atrae con su suave fuerza; es lo que comienza a anticipar y vivir aquí y se construye día a día con todo lo mejor que sembramos a nuestro alrededor. Estas son las semillas que ayudan a crear una humanidad nueva, renovada, donde nadie se quede al margen o descartado; donde quien sirve es el más grande; donde los más pequeños y los pobres son acogidos y ayudados.


Dios y el hombre son los dos extremos de una oposición: se buscan siempre, porque Dios reconoce en el hombre su propia imagen y el hombre se reconoce solamente mirando a Dios. Esta es la verdadera sabiduría, que el Libro del Eclesiástico señala como característico de aquellos que se adhieren al seguimiento Cristo. Y la sabiduría de San León Magno, es el resultado de la convergencia de varios elementos: la palabra, la inteligencia, la oración, la enseñanza, la memoria. Pero San León también nos recuerda que no puede haber verdadera sabiduría, sino en la adhesión a Cristo y al servicio de la Iglesia. Este es el camino sobre el cual encontramos la humanidad y podemos encontrarla con el espíritu del buen samaritano. No en vano, el humanismo, del cual Florencia ha testimoniado en sus momentos más creativos, siempre ha tenido el rostro de la caridad. Esta herencia sea fecunda de un nuevo humanismo para esta ciudad y para toda Italia.

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
-«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo:
-«Id a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? »
Y le dijo:
-«Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra del Señor.