martes, 19 de mayo de 2015

Monseñor Óscar Romero “siempre fue la voz de los sin voces”

Juana Bertha Duarte Somoza de Caritas en Nicaragua explica a Radio Vaticano la alegría que experimenta la Iglesia en Latinoamérica por la próxima beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero que se llevará a cabo el 23 de mayo en El Salvador.

“Desde Nicaragua, desde Centroamérica se espera con mucha alegría y emoción… un hombre, un ser humano, un hijo de Dios muy valiente que siempre fue la voz de los sin voces”.

Además, la delegada de Caritas en Nicaragua –procedente de la diócesis de Juigalpa y quien fue una de las invitadas especiales a la Asamblea general de Caritas Internationalis- explica cómo aplican en concreto la Campaña en contra del hambre que promueve la Confederación de Caritas, campaña que comenzó con un video mensaje del Papa Francisco.

Con ocasión de esta Campaña, numerosos representantes de las Caritas del mundo participan este martes en el ‘Caritas Day’ que se lleva a cabo en la Expo de Milán 2015, evento en el que participan también el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga -como presidente saliente- y el nuevo presidente de Caritas Internationalis, el cardenal Luis Antonio Tagle.

Para Radio Vaticano, MTC.

Carta Pastoral del Arzobispo de Madrid para la Jornada Diocesana de los Misioneros Madrileños

Mis queridos diocesanos:
Haciendo el camino de la Pascua, el Señor va poniendo siempre motivos para mantener la alegría V el deseo de permanecer cerca de Jesús. La Pascua es tiempo de gracia, V lo es de modo particular porque nos da las motivaciones que el corazón necesita de vivir con alegría nuestra fe.
Un motivo añadido para mantener la alegría de quienes formamos parte de la familia cristiana que peregrina en la Diócesis de Madrid, es la celebración del día misionero madrileño. En nuestra Diócesis se une este recuerdo al momento en el que el Señor Jesús, estando con sus Apóstoles, les envía a predicar la Buena Nueva a todas las gentes: "id por todo el mundo V enseñad todo lo que habéis visto V oído". Sí, recordar a nuestros misioneros es motivo de gran alegría para quienes sabemos que gracias a ellos en muchos sitios, Jesús es conocido V así amado. Nos da alegría tenerles presentes en nuestra oración, en nuestra vida parroquial. Nos da alegría también saber que ese día, el de la Ascensión del Señor, ellos, nuestros misioneros, son conscientes de que es su día... V estando lejos de nosotros, están muy presentes en nuestro corazón.
El Santo Padre, Francisco, pidió que este año tuviéramos en cuenta de modo muy particular la vida consagrada. Por ello, no es de extrañar que el lema de este año para celebrar el día del misionero diocesano sea 'Nuestra Diócesis con sus religiosos misioneros'. Nos unimos al deseo del Papa V, a la vez, hacemos un homenaje sencillo a quienes participan de esa doble vocación, la de la vida consagrada Vla misionera.
Nuestra Diócesis tiene más de trescientos setenta V cinco misioneros religiosos, a los que habría que añadir tantos misioneros sacerdotes V seglares. Las Congregaciones religiosas hacen un gran esfuerzo enviando a sus miembros a tierras de misión, V los pueblos V ciudades que les reciben descubren la belleza de una vida dedicada por completo a Dios, a su servicio, a la extensión de su Reino. Es una gran alegría poder contar con ellos.
La evangelización necesita de hombres y mujeres que, dejándolo todo, entreguen su corazón y su alma al Señor. Consagrados que se entregan a la evangelización mostrando a los hombres entre los que viven que {sólo Dios basta'. Su vida es testimonio de vida eterna. Su servicio es la prolongación de las manos y el corazón de Dios que sana, alimenta, fortalece, anima y ama al hombre, especialmente al más desfavorecido y abandonado.
Por eso nuestra oración de este día tiene un doble sentido. Por un lado, es una oración de acción de gracias al Señor por la vida consagrada de los que están en la misión. Por otro lado, nuestra oración es también de petición. Pedimos al Dueño de la mies que envíe operarios a su mies.
El día 17 de mayo, pediremos por ellos. y en la Santa Iglesia Catedral tendremos la celebración del envío. Allí, en nombre de la Iglesia, podré entregar la cruz que les identifica como misioneros a los que hayan sido llamados por el Señor.
Pido a todos los diocesanos que se unan a esta intención. Y doy gracias a Dios por darme la oportunidad de ser este año instrumento de la Iglesia para enviar a estos hermanos nuestros a la misión. Que la Virgen de la Almudena nos ayude a continuar con la tarea preciosa de dar a conocer a todos los hombres la salvación del Señor Jesús.
Con gran afecto y bendición para todos,

                                        + Carlos, Arzobispo de Madrid

Nos hará bien pensar en nuestra despedida de este mundo, dijo el Papa


Encomendémonos al Padre en el momento de nuestra despedida de este mundo. Lo pidió el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco se centró en el discurso de Jesús antes de la Pasión y en la despedida de Pablo en Mileto antes de ir a Jerusalén. El Pontífice dirigió su pensamiento a cuantos son víctimas de las persecuciones y obligados a huir como los Rohingya de Myanmar o los cristianos y los yazidi en Irak.

Jesús se despide para ir al Padre y enviarnos al Espíritu. San Pablo se despide antes de ir a Jerusalén y llora con los ancianos procedentes de Éfeso que querían saludarlo. El  Papa se inspiró en las Lecturas del día para desarrollar su homilía acerca del significado que tiene para un cristiano “decir adiós”.


Pensemos en cuantos se ven obligados a huir de las persecuciones

“Jesús se despide, Pablo se despide  – dijo Francisco  – y esto nos ayudará a reflexionar acerca de nuestras despedidas”. En nuestra vida – observó el Papa  – “hay tantas despedidas”, pequeñas y grandes y hay también “tanto sufrimiento, tantas lágrimas” en algunos casos.

“Pensemos hoy en aquellos pobres rohingyas de Myanmar. En el momento de dejar su tierra para huir de las persecuciones no sabían qué les habría sucedido. Y desde hace meses están en barcazas, allí… Llegan a una ciudad en la que les dan agua y comida y les dicen: ‘Váyanse’. Es una despedida. Entre otras cosas, hoy se produce esta despedida existencial grande. Piensen en la despedida de los cristianos y de los yazidis, que no piensan volver a su tierra, porque fueron expulsados de sus casas. Hoy”.

Hay pequeñas y grandes despedidas en la vida – reafirmó el Papa –  como la “despedida de la mamá, que saluda y da el último abrazo al hijo que va a la guerra; y todos los días se levanta con el temor” de que alguien venga a decirle: ‘Le agradecemos mucho la generosidad de su hijo que ha dado la vida por la patria’”. También está “la última despedida  – dijo Francisco – que todos nosotros debemos hacer, cuando el Señor nos llama a la otra vida. Yo pienso en esto”.

Encomendémonos al Padre en el momento del adiós

Estas grandes despedidas de la vida, “también la última  – reafirmó el Papa Bergoglio  – no son las despedidas de un ‘hasta pronto’, ‘hasta luego’, ‘hasta la vista’, que son despedidas que uno sabe que vuelve, o inmediatamente o después de una semana. Hay despedidas de las que no se sabe cuándo y cómo volveré – dijo también el Santo Padre –. Y afirmó que el tema de la despedida también está presente en el arte y en las canciones:

“Me viene una a la mente, esa de los alpinos, cuando aquel capitán se despide de sus soldados: el testamento del capitán. ¿Yo pienso en la gran despedida, en mi gran despedida, no cuando debo decir ‘hasta luego’, ‘hasta más tarde’, ‘hasta la vista’, sino ‘adiós’? Estos dos textos dicen la palabra ‘adiós’. Pablo encomienda a Dios a los suyos y Jesús encomienda al Padre a sus discípulos, que permanecen en el mundo. ‘No soy del mundo, pero custódialos’. Encomendar al Padre, encomendar a Dios: éste es el origen de la palabra ‘adiós’. Nosotros decimos ‘adiós’ sólo en las grandes despedidas, tanto de la vida como en la última”.

Nos hará bien pensar en nuestra despedida de este mundo

“Creo –  afirmó el Papa  – que con estos dos iconos –  el de Pablo, que llora de rodillas en la playa, todos allí, y en Jesús, triste, porque le esperaba la Pasión, con sus discípulos, llorando en su corazón  – podemos pensar en nuestra despedida. Nos hará bien.  ¿Quién será la persona que cerrará mis ojos?”:

“¿Qué dejo? Tanto Pablo como Jesús, ambos, en estos pasajes hacen una especie de examen de conciencia: ‘Yo he hecho esto, esto, esto…’. ¿Yo qué he hecho? Pero me hace bien imaginarme en aquel momento. Cuándo será, no se sabe, pero vendrá el momento en el que ‘hasta luego’, ‘hasta pronto’, ‘hasta mañana’, ‘hasta la vista’ se convertirá en ‘adiós’. ¿Yo estoy preparado para encomendar a Dios a todos los míos? ¿Para encomendarme a mí mismo a Dios? ¿Para decir aquella palabra que es la palabra del encomendarse del hijo al Padre?”.

Francisco concluyó su homilía aconsejando leer precisamente las Lecturas del día sobre la despedida de Jesús y la de Pablo, y a “pensar que un día”, también nosotros, deberemos decir aquella palabra, “adiós”: “A Dios encomiendo mi alma; a Dios encomiendo mi historia; a Dios encomiendo a los míos; a Dios encomiendo todo”.
“Que Jesús, muerto y resucitado – fue la invocación final del Papa –  nos envíe al Espíritu Santo, para que aprendamos aquella palabra, aprendamos a decirla, pero existencialmente, con toda la fuerza: la última palabra, adiós”.  
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El Papa a los obispos italianos: Denunciad la corrupción que empobrece a todos

Nuestra vocación es escuchar lo que el Señor nos pide:''Consolad a mi pueblo''. De hecho, se nos pide que consolemos y ayudemos, sin distinción alguna, a todos nuestros hermanos oprimidos bajo el peso de sus cruces, acompañándolos, sin cansarnos nunca de trabajar para levantarlos con la fuerza que viene de Dios''. Así se dirigió ayer tarde el Papa Francisco a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana inaugurando su LXVIII asamblea que hasta el 21 de mayo analizará en el Vaticano la recepción de la Exhortación Apostólica ''Evangelii gaudium'' (La alegría del Evangelio).

Anunciar la alegría del evangelio en un momento histórico tan difícil como el actual, supone para los prelados ''ir a contracorriente: es decir, ser testigos gozosos de Cristo resucitado para transmitir alegría y esperanza a los demás'', dijo el Santo Padre, que en su discurso ilustró la importancia de la ''sensibilidad eclesial'' que significa asumir los mismos sentimientos de Cristo, ''sentimientos de humildad, de compasión, de misericordia, de concreción y de sabiduría''.

Una sensibilidad que comporta no ''ser tímidos .. a la hora de denunciar y luchar contra una mentalidad generalizada de corrupción pública y privada que ha empobrecido, sin avergonzarse, a las familias, a los jubilados, a los trabajadores honestos, a las comunidades cristianas, descartando a los jóvenes, privados sistemáticamente de cualquier esperanza para su futuro, y sobre todo marginando a los más débiles y necesitados. Una sensibilidad eclesial que, como buenos pastores, nos lleva a salir al encuentro del pueblo de Dios para defenderlo de las colonizaciones ideológicas que lo privan de la identidad y la dignidad humana''.

Esa sensibilidad se manifiesta también a la hora de tomar decisiones pastorales y elaborar documentos en que no prevalezca ''el aspecto teorético-doctrinal abstracto, casi como si nuestras orientaciones no estuvieran destinadas a nuestro pueblo, o a nuestro país, sino sólo a algunos estudiosos y especialistas''. ''En cambio -subrayó Francisco- debemos esforzarnos por traducirlos en propuestas concretas y comprensibles''.

El fortalecimiento de la función esencial de los laicos es otra de las aplicaciones concretas de la sensibilidad pastoral ya que ''los laicos que tienen una formación cristiana auténtica, no deberían necesitar a un obispo-piloto, o a un monseñor-piloto... para asumir sus responsabilidades en todos los ámbitos: desde el político al social, pasando por el económico y legislativo''. ''Todos tienen necesidad, en cambio, del obispo pastor''.

Por último, la sensibilidad eclesial se revela concretamente en la colegialidad y en la comunión entre los obispos y sus sacerdotes; en la comunión entre los propios obispos; entre las diócesis ricas - materia y vocacionalmente - y las que atraviesan dificultades; entre las periferias y el centro; entre las conferencias episcopales y los obispos con el Sucesor de Pedro. ''En algunas partes del mundo se nota -señaló Francisco- una debilitacion difusa de la colegialidad, sea en la planificación pastoral, como en la puesta en común de los proyectos económicos y financieros. Falta la costumbre de comprobar la recepción de los programas y la ejecución de los proyectos. Por ejemplo, se organiza una conferencia o un evento que, dando relieve a las voces habituales narcotiza a las comunidades, homologando decisiones, opiniones y personas, en lugar de dejarnos llevar a esos horizontes donde el Espíritu Santo nos pide que vayamos''.

''¿Por qué se dejan envejecer tanto los institutos religiosos, los monasterios, las congregaciones, hasta el punto de no ser ya casi testimonios evangélicos fieles al carisma fundacional? ¿Por qué no se los agrupa antes de que sea demasiado tarde desde tantos puntos de vista?''. Se trata de un problema mundial que, como afirmó el Santo Padre, denota una falta de sensibilidad eclesial.

''Me detengo aquí después de haber presentado algunos ejemplos de sensibilidad eclesial debilitada a causa de la confrontación continua con los enormes problemas del mundo y de la crisis que no ha escatimado ni siquiera la misma identidad cristiana y eclesial', terminó el Obispo de Roma pidiendo al Señor que durante el Jubileo de la Misericordia conceda a todos ''la alegría de redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios con la que estamos llamados a dar consuelo a todo hombre y mujer de nuestro tiempo''.


lunes, 18 de mayo de 2015

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS

NUESTRO DESTINO
Se ha cumplido la cuarentena pascual. Hoy se nos ofrece celebrar la Pascua definitiva en Cristo, pues Él, una vez que resucitó de entre los muertos y confirmó a los suyos en la certeza de que estaba vivo, “después de hablarles, subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios” (Mc 16, 19).
El que bajó del cielo ha vuelto al seno del Padre, pero no sin nosotros. El Hijo de Dios, el que se encarnó, padeció, murió y resucitó, ha ascendido a la gloria con nuestra humanidad glorificada. En Cristo los humanos hemos alcanzado nuestro propio destino. Los personajes celestes - “dos hombres vestidos de blanco”- que se les presentaron a los apóstoles, les aseguraron no solo que su Maestro había subido al cielo, sino que volvería: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» (Act 1, 11)
Hoy se nos revela nuestro destino. No estamos hechos para contemplar la propia destrucción y quedar sometidos al imperio de la muerte. El que ha vencido a la muerte nos ha adelantado en su propia carne el proyecto de nuestra plenitud humana: “… hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud” (Ef 4, 13).
Nuestro triunfo deberá pasar por la paradoja de la mortalidad, pero no es injusto ni vano el deseo de inmortalidad que albergamos cada uno en el corazón y como imaginario colectivo.
La fe que nos anima no es un don para consolarnos al pensar que algunos de los nuestros alcanzan el triunfo, y a la manera de unas olimpiadas o concurso deportivo nos sintamos ganadores en los que obtienen las medallas, bien porque seamos de su origen o nación, bien porque estemos afiliados a su equipo. Cada uno tenemos la vocación de eternidad y la promesa de alcanzarla.
Desde la perspectiva que trasciende lo visible, gracias el regalo de la fe, acontece un incentivo esperanzador, que nos libera de perecer sin horizontes, sumergidos en la constatación permanente de la fragilidad, y en el tránsito de lo caduco. Si así fuera deberíamos consolarnos con la evasión, y difícilmente tendríamos argumento para superar la tentación de la desesperanza.

La Ascensión de Jesucristo a los cielos nos muestra cuál es nuestro destino. Y la consecuencia es que vivamos la profecía de la meta que Él alcanza hoy.
Ángel Moreno de Buenafuente

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD

Mc 16, 15-20
Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».
Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?
Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.
No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.
Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a los hombres y mujeres de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre y a la mujer de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?
Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?
Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.
 José Antonio Pagola

HOY, FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. BENEDICTO XVI NOS LA EXPLICA


"Cuarenta días después de la Resurrección —según el libro de los Hechos de los Apóstoles—, Jesús sube al Cielo, es decir, vuelve al Padre, que lo había enviado al mundo. En muchos países este misterio no se celebra el jueves, sino hoy, el domingo siguiente. 

La Ascensión del Señor marca el cumplimiento de la salvación iniciada con la Encarnación. Del mismo modo que por nosotros Jesús bajó del Cielo y por nosotros sufrió y murió en la cruz, así también por nosotros resucitó y subió a Dios, que por lo tanto ya no está lejano. 

Por esto, los discípulos cuando vieron al Maestro elevarse de la tierra y subir hacia lo alto, no experimentaron desconsuelo, como se podría pensar; sino una gran alegría, y se sintieron impulsados a proclamar la victoria de Cristo sobre la muerte. Y el Señor resucitado obraba con ellos, distribuyendo a cada uno un carisma propio. 

Queridos amigos, la Ascensión nos dice que en Cristo nuestra humanidad es llevada a la altura de Dios; así, cada vez que rezamos, la tierra se une al Cielo. Y como el incienso, al quemarse, hace subir hacia lo alto su humo, así cuando elevamos al Señor nuestra oración confiada en Cristo, ésta atraviesa los cielos y llega a Dios mismo, que la escucha y acoge.

Supliquemos, por último, a la Virgen María para que nos ayude a contemplar los bienes celestiales, que el Señor nos promete, y a ser testigos cada vez más creíbles de su Resurrección, de la verdadera vida".

«DOS VIDAS». SAN AGUSTÍN.


De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Tratado 124, 5. 7: CCL 36, 685-687)

La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso... La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan...
Por eso se le dice a Pedro: Sígueme; en cambio de Juan se dice: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes.» Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla.» [...]

Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.
News.va

domingo, 17 de mayo de 2015

La imagen de Cristo en la oración teresiana. Ángel Moreno de Buenafuente

Las dos nuevas santas palestinas, signo de esperanza para los hombres y mujeres de Oriente Medio

Ciudad del Vaticano, 15 de mayo 2015 (VIS).-Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Rifat Bader, director del Centro Católico para los Estudios y Medios de Comunicación en Ammán (Jordania) ha presentado la figura de las beatas palestinas Sor Marie Alphonsine Danil Ghattas, fundadora de las Hermanas del Rosario de Jerusalén, y Sor Marye domingo en la Plaza de San Pedro.am de Belén Baouardy (María de Jesús Crucificado), Carmelita Descalza, que junto con otras dos religiosas, la francesa Jeanne-Emilie de Villeneuve, y la italiana Maria Cristina della Inmacolata Concezione Brando, serán canonizadas por el Papa este domingo en la Plaza de San Pedro.

En la solemne ceremonia participarán cardenales y obispos residentes en Roma y también procedentes de diversas partes del mundo, además de una delegación de 2124 personas de Tierra Santa, Palestina,Jordania e Israel encabezada por el Patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal. También estará presente el presidente palestino Mahmoud Abbas y numerosos prelados de Líbano, Iraq, Marruecos, Túnez, Egipto, Libia y Chipre.

''El Patriarca Fouad Twal ha afirmado que la proclamación de dos santas de Palestina es un acontecimiento espiritual de primaria importancia para los habitantes de la Tierra Santa en medio de las dificultades que vivimos porque alumbran nuestro camino -dijo el padre Badir-. Ya que Tierra Santa, a menudo devastada por la violencia y la división, tiene para algunos una imagen distorsionada, nuestras santas emergen para restituirle su santidad, demostrando que la santidad es posible incluso en las situaciones más difíciles... La canonización de estas dos mujeres en estos tiempos oscuros , es una invitación del Papa Francisco a rezar, sabiendo que sólo la oración puede milagrosamente ayudarnos a salvar nuestra fe en este tiempo de prueba. Ahora tenemos dos nuevas santas que representan un modelo de perfección para los cristianos, así como para los musulmanes y los judios. Las dos se llaman María, nombre común y muy usado en las tres tradiciones. Es es un signo de nuestro tiempo que nos sugiere que podemos hablar de las tres religiones sin discriminación alguna ".

''Este gran evento -añadió el padre Bader- es un mensaje de solidaridad y aliento a los cristianos de Tierra Santa, especialmente para los fieles en todos los demás países de Oriente Medio y para los que han sido desplazados con la fuerza y deportados de sus países de origen, para todos aquellos que son perseguidos y cuyos perseguidores a veces piensan que ''matando ofrecen un sacrificio agradable a Dios," como Jesús mismo advirtió.
Santa María de Jesús Crucificado ''también sufrió a causa del extremismo y de un atentado a su vida, porque querían obligarla a cambiar de religión. Ahora intercede por todos los que son asesinados por su fe o su filiación religiosa. Su vida y su intercesión son un grito que pide con urgencia respeto para las diferencias religiosas y étnicas y reconocimiento de que los seres humanos son criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios''. Y Santa María Alphonsine ''consiguió el apoyo de las autoridades religiosas para fundar la primera congregación local árabe y colocar al mundo árabe en el mapa de los campos de la educación y la enseñanza religiosa''.
''Las Escuelas del Rosario, afiliadas a esa congregación árabe, tienen una presencia importante e influyente en Jordania, Palestina, Líbano, los países del Golfo y Roma. Hemos visto que a finales del siglo XIX y a principios del XX, la congregación contribuyó a incrementar el papel árabe en la cultura, la conciencia social, la guía espiritual y la educación de generaciones de hombres y mujeres. El analfabetismo se ha eliminado en muchas partes de Oriente Medio, como consecuencia directa de la contribución activa de las monjas y la congregaciones religiosas a la educación.''
''Las dos santas que el Papa Francisco canoniza en el Año de la Vida Consagrada y, además en el mes de mayo, dedicado a la veneración de la Virgen María -concluyó- pidan al Señor que traiga paz y calma a nuestros corazones y a nuestras mentes para que retornemos a adorar al Omnipotente... Consideramos la proclamación de la fundadora de las Hermanas del Rosario como una invitación a intensificar la oración diaria del rosario en las iglesias, en las familias y en las parroquias, para que la paz el amor y el respeto mutuo se extiendan a todos los pueblos de Oriente Medio''.
News.Va

Las comunidades temerosas y sin alegría no son cristianas, dijo el Papa en su homilía

Las comunidades temerosas y sin alegría están enfermas, y no son comunidades cristianas. Lo dijo el Papa Francisco durante su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
  
El Papa Francisco se detuvo en las dos palabras de la liturgia del día, a saber: “miedo” y “alegría”. Refiriéndose al miedo el Obispo de Roma dijo que es “una actitud que hace mal”. Porque “nos debilita”, nos “achica” y también nos “paraliza”. De ahí que una persona que tiene miedo “no hace nada, no sabe qué hacer”. Está concentrada sobre sí misma, para que “no le suceda algo malo”. Y explicó que “el miedo te lleva a un egocentrismo egoísta y te paraliza”. Por esta razón “un cristiano temeroso es una persona que no ha entendido cuál es el mensaje de Jesús”: 

“Por esto Jesús dice a Pablo: ‘No tengas miedo. Sigue hablando. El miedo no es una actitud cristiana. Es la actitud  – podemos decir – de un alma encarcelada, sin libertad, que no tiene la libertad de mirar hacia adelante, de crear algo, de hacer el bien… no, siempre: ‘No, pero está este peligro, está aquel otro, aquel otro…’. Y esto es un vicio. Y el miedo hace mal”.

“No tener miedo es pedir la gracia del coraje, del valor que nos envía el Espíritu Santo”:

“Hay comunidades temerosas, que van siempre a lo seguro: ‘No, no, no hacemos esto, no, no, esto no se puede, esto no se puede…’. Parece que sobre la puerta de entrada hemos escrito ‘prohibido’: todo está prohibido por el miedo. E tú entras en esta comunidad y el aire está viciado, porque es una comunidad enferma. El miedo enferma a una comunidad. La falta de coraje enferma a una comunidad”.

El Papa Bergoglio explicó que hay que distinguir el miedo del “temor de Dios”, que “es santo, es el temor de la adoración ante el Señor y el temor de Dios es una virtud. Pero el temor de Dios no achica, no debilita, no paraliza: lleva hacia adelante, hacia la misión que el Señor da”.

La otra palabra de la liturgia del día es la “alegría”. “Nadie podrá quitarles su alegría”, dijo Jesús. Y “en los momentos más tristes, en los momentos del dolor” – subrayó el Papa – la alegría “se convierte en paz. En cambio, una diversión en el momento del dolor se vuelve oscuridad, se hace oscura. Por eso explicó que un cristiano sin alegría no es cristiano. Un cristiano que continuamente vive en la tristeza, no es cristiano. Y a un cristiano que en el momento de las pruebas, de las enfermedades o de tantas dificultades, pierde la paz, le falta algo”:

“La alegría cristiana no es una simple diversión, no es una alegría pasajera; la alegría cristiana es un don, es un don del Espíritu Santo. Es tener el corazón siempre alegre porque el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha mirado y me ha enviado, y me ha dado su gracia y me ha hecho hijo del Padre… Esa es la alegría cristiana. Un cristiano vive en la alegría”.
“También una comunidad sin alegría  – añadió el Papa – es una comunidad enferma”: tal vez sea una “comunidad divertida”, pero “enferma de mundanidad. Porque no tiene la alegría de Jesucristo”. De modo que “cuando la Iglesia es miedosa y cuando la Iglesia no recibe la alegría del Espíritu Santo, la Iglesia se enferma, las comunidades se enferman, los fieles se enferman”.

El Santo Padre concluyó pidiendo: “Elévanos, Señor, hacia Cristo sentado a la derecha delPadre”, “eleva nuestro espíritu. Quítanos todo miedo, y danos la alegría y la paz”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).