lunes, 23 de junio de 2014

“La persona que juzga se equivoca, se confunde y se derrota", el Papa en la misa de Santa Marta


Quien juzga al hermano, se equivoca, y terminará por ser juzgado al mismo modo. Dios es “el único Juez” y quien es juzgado podrá contar siempre con la defensa de Jesús, su primer defensor, y con el Espíritu Santo. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Santa Misa de esta mañana, celebrada en la Casa de Santa Marta.
 


Usurpador de un puesto y de un rol que no le compete, y además, también un derrotado, porque terminará víctima de su misma falta de misericordia. Esto es lo que sucede a quien juzga a un hermano. El Papa Francisco hablando hoy del párrafo del Evangelio sobre la paja y la viga en el ojo, distingue claramente: “La persona que juzga –dice– se equivoca, se confunde y se derrota”, porque “toma el puesto de Dios, que es el único juez”. Aquel apelativo, “hipócritas”, que Jesús dirige varias veces a los doctores de la ley, en realidad va dirigido a cualquier persona. También porque, observa el Papa, quien juzga lo hace “rápido”, mientras que “Dios, para juzgar, se toma tiempo”:
 

“Por eso, quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es para él. Pero no sólo se equivoca, también se confunde. ¡Está tan obsesionado con aquello que tiene que juzgar en aquella persona – ¡tan, pero tan obsesionado! – que aquella pajita no lo deja dormir! ‘¡Pero yo quiero sacarte esa pajita’!... y no se da cuenta de la viga que él tiene. Se confunde: cree que la viga es aquella paja. Confunde la realidad, es un fantasioso. Y quien juzga acaba derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarlo a él. El juez que se equivoca, porque toma el lugar de Dios –soberbio, autosuficiente– apuesta por una derrota. ¿Y cuál es la derrota? Aquella de ser juzgado con la misma medida con la que él juzga.”
 

“El único que juzga es Dios, y aquellos a los que Dios les da potestad para hacerlo”, añade el Papa Francisco, que indica en la actitud de Jesús el ejemplo a imitar, respecto a quien no se hace escrúpulos en el realizar juicios sobre los otros:
“Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Es al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía al segundo, que es el Espíritu Santo. Él es el defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia, se llama ‘acusador’ al demonio, a Satanás. Jesús juzgará, sí: al final del mundo, pero mientras tanto intercede, defiende…”
 

En definitiva, quien juzga –afirma el Papa Francisco– “es un imitador del Príncipe de este mundo, que va siempre detrás de las personas para acusarlas delante del Padre”. Que el Señor –concluye– “nos de la gracia de imitar a Jesús intercesor, defensor, abogado, nuestro y de los otros”. Y de “no imitar al otro, que al final nos destruirá”:
 

Si nosotros queremos ir por el camino de Jesús, más que acusadores tenemos que ser defensores de los otros delante del Padre. Yo veo una cosa fea en otro, ¿voy a defenderlo? ¡No! ¡Quedate callado! Andá a rezar y defendelo delante del Padre, como hace Jesús! ¡Rezá por él, pero no lo juzgués! Porque si lo hacés, cuando vos harás algo malo, serás juzgado. Recordemos esto bien, nos hará bien en la vida de todos los días, cuando nos vienen las ganas de juzgar a los otros, de hablar de ellos, que es una forma de juzgar”.
(Traducción de Mariana Puebla y Eduardo Rubiò)

domingo, 22 de junio de 2014

La medida del amor de Dios es amar sin medida: el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días: en Italia y en muchos otros países se celebra este domingo la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo -se utiliza a menudo el nombre latino: Corpus Domini, o Corpus Christi. La comunidad eclesial se reúne en torno a la Eucaristía para adorar el tesoro más precioso que Jesús le ha dejado.

El Evangelio de Juan presenta el discurso sobre el "pan de vida", impartido por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, en la que afirmó: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. (Jn 06:51). Jesús señala que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, para dar su vida como alimento para los que tienen fe en Él. Esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, de nuestros comportamientos, pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. Para nosotros, en cambio, son los comportamientos generosos con el prójimo que demuestran la postura de partir la vida por los demás.

Cada vez que participamos en la Misa y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, da forma a nuestro corazón, nos comunica actitudes internas que se traducen en comportamientos de acuerdo con el Evangelio. En primer lugar, la docilidad a la Palabra de Dios, después la hermandad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desesperados, de acoger a los excluidos. De este modo, la Eucaristía hace madurar en nosotros un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo, recibida con el corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar, no a nivel humano, siempre limitado, sino de acuerdo a la medida de Dios, es decir, sin medida.
¿Y cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! Y entonces llegamos a ser capaces de amar incluso a los que no nos aman, y esto no es fácil, ¿eh? Amar a quienes no nos ama... ¡No es fácil! Porque si sabemos que una persona no nos quiere, también tenemos nosotros el deseo de no quererla. Pues no. ¡Hemos de amar incluso a los que no nos aman! Oponernos al mal con el bien, a perdonar, a compartir, a acoger a los demás. Gracias a Jesús y su Espíritu, también nuestra vida se convierte en "pan partido" para nuestros hermanos. ¡Y viviendo así, descubrimos la verdadera alegría! La alegría de convertirse en don, de devolver el gran don que recibimos por primera vez, sin nuestro mérito.
Es hermoso esto: ¡nuestra vida se convierte en don! Esto es imitar a Jesús. Yo quisiera recordar estas dos cosas. En primer lugar, la medida del amor de Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Y nuestra vida, con el amor de Jesús, recibiendo la Eucaristía, se hace don. Tal como fue la vida de Jesús. No olviden estas dos cosas: la medida del amor de Dios es amar sin medida. Y siguiendo a Jesús, nosotros -con la Eucaristía- hacemos de nuestra vida un don.
Jesús, el Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Después de haberlo llevado con Ella, con amor inefable, lo siguió fielmente hasta la Cruz y la Resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, para que sea el centro de nuestra vida, especialmente en la Misa dominical y en la adoración.
ER - RV

Después del rezo Marianao del Ángelus el Santo Padre dedicó saludos a fieles de diferentes partes del mundo e hizo un llamamiento contra la tortura.

Queridos hermanos y hermanas:
El 26 de junio próximo se celebrará el Día de las Naciones Unidas por las Víctimas de la Tortura. En esta circunstancia reitero la firme condena de cada forma de tortura e invito a los cristianos a comprometerse para cooperar a su abolición y apoyar a las víctimas y sus familias. ¡Torturar a las personas es un pecado mortal! ¡Un pecado muy grave!
Extiendo mi saludo a todos ustedes, ¡romanos y peregrinos!

«¡OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!» por santo Tomás de Aquino



El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados. Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ... por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales. Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos. [...]

Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

De News.Va

CORPUS CRHISTI

                                              Domingo. Fiesta de la Eucaristía A: Jn 6, 51-59.
La Eucaristía es el centro y la cumbre de nuestra fe. Siempre que los cristianos nos reunimos en la Eucaristía celebramos un gran misterio, la entrega de Jesucristo a su Padre para nuestra redención. La Eucaristía es también poder recibir como alimento espiritual el mismo Cuerpo de Jesús; y es también sentir la presencia real de Jesús entre nosotros. Esta presencia es lo que celebramos principalmente en esta fiesta del Corpus, o “del Cuerpo y la Sangre de Jesús”.
Durante los primeros siglos del cristianismo Jesús en la Eucaristía, después de la misa, se guardaba de una manera privada. Se hacía para que sirviera de viático  a los enfermos. Por el año mil o poco antes hubo varios herejes que decían que Jesús no estaba realmente presente en la Eucaristía después de la misa, sino sólo en símbolo. Desde entonces la Iglesia fomentó la adoración privada y solemne, haciendo sagrarios hermosos y custodias para la adoración, hasta que por fin se instituyó esta fiesta del Corpus, precisamente para fomentar la adoración eucarística.
La ocasión fue un famoso milagro. Siempre ha habido milagros que han confirmado esta verdad, muchas veces ocasionados por dudas de fe o por sacrilegios. Era el año 1264 cuando un sacerdote, que dudaba de la presencia eucarística de Jesús, fue a Roma, a la tumba del apóstol san Pedro, a pedir robustecimiento de su fe. Al pasar por Bolsena y celebrar la misa, la Sagrada Forma comenzó a destilar sangre hasta quedar completamente mojado el corporal. El papa Urbano VI, que estaba en Orvieto, ciudad cercana, cuando comprobó el milagro, instituyó la fiesta del Corpus y encargó los himnos de la fiesta a Sto. Tomás de Aquino. Los hizo hermosos como el “Tantum ergo”. Aquellos corporales se conservan aún en la catedral de Orvieto.
La Eucaristía no es sólo para que adoremos a Jesucristo, sino para que nos sirva de alimento espiritual. Hoy en el evangelio se nos recuerdan aquellas palabras de Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. Los judíos no lo entendían. Tampoco hoy los que no tienen fe entienden que Jesús ha venido del cielo para saciar los anhelos del corazón, el hambre que otros panes no lo pueden hacer como es el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder. Jesús, con sus palabras y gestos, con su propuesta del Reino y la Alianza, da pleno sentido a la existencia humana.
Algo muy importante en la Eucaristía, como nos señala san Pablo en la segunda lectura de hoy, es el ser signo y compromiso de unidad. El comer el Cuerpo de Cristo expresa el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega a los hermanos por Cristo. Por eso la comunión no es un rito o una devoción individual, sino que tiende a la unidad y universalidad, porque al comulgar “formamos un solo cuerpo”. Al comer dignamente el pan de la Eucaristía nos alimentamos del mismo Dios. Por eso, como fruto, debemos vivir más como Dios, que es misericordioso, solidario, paciente, entregado. Los alimentos, por ser organismos inferiores a nosotros, se transforman en nuestro cuerpo; pero Jesús, “el pan de vida”, por ser superior, hace que nosotros nos podamos transformar en El.
Donde hay pan partido y compartido, hay mucho de Dios. Dios quiso valerse del pan para significar su amor a los hombres. Por todo ello hoy es día de la caridad. Si se comulga dignamente y uno busca asemejarse a Cristo, tiene que estar uno dispuesto a dejarse comer en el servicio a los hermanos. De una persona que es buena se suele decir que es tan buena como el pan, porque el pan se deja comer, y nos fortalece y nos hace crecer. Que esta fiesta del Corpus nos aumente nuestra fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Que cada vez que entremos en una iglesia, donde está el Santísimo, nuestra fe nos impulse a una sentida y piadosa adoración, acrecentada hoy si le acompañamos en la procesión, y que crezca con el alimento de la comunión, que nos impulse a ser fermento de unidad en la Iglesia.


sábado, 21 de junio de 2014

Papa Francisco en el Corpus Christi: Las vanidades del mundo no alimentan como la Eucaristía

El Papa Francisco presidió este jueves la celebración del Corpus Christi en la basílica de San Juan de Letrán, en la que llamó a los fieles a rechazar el falso pan que ofrece el mundo a través de sus vanidades, como el poder y el orgullo, porque no nutren y sacian el hambre de amor y eternidad como el pan que da el Señor a través de la Eucaristía.
En su homilía, el Santo Padre advirtió que el mundo ofrece alimentos “que aparentemente satisfacen más”, pero que sin embargo son una tentación para permanecer en el pecado. En ese sentido, afirmó que “vivir la experiencia de la fe significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo”.
A continuación les presentamos el texto completo de la homilía del Papa gracias a la traducción de Radio Vaticana:
“El Señor, tu Dios… te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían”.
Estas palabras del Deuteronomio hicieron referencia a la historia de Israel, que Dios los hizo salir de Egipto, de la condición de esclavos, y por cuarenta años ha guiado en el desierto hacia la tierra prometida.
Una vez establecido en la tierra, el pueblo elegido logra una cierta autonomía, un cierto bienestar, y corre el riesgo de olvidarse los tristes acontecimientos del pasado, superadas gracias a la intervención de Dios y a su infinita bondad. Las Escrituras exhortan a recordar, a hacer memoria de todo el camino hecho en el desierto, en el tiempo de la necesidad, de la angustia.
La invitación es aquella de retornar a lo esencial, a la experiencia de la total dependencia de Dios, cuando la sobrevivencia fue confiada a su mano, para que el hombre comprendiera que “no vive sólo de pan, sino… de todo lo que sale de la boca de Dios”.
Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre, un hambre que no puede ser saciada con el alimento ordinario. Es el hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná –como toda la experiencia del éxodo– contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta hambre profunda que hay en el hombre.
Jesús nos dona este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo. Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciamos nuestros cuerpos, como el maná. El Cuerpo de Cristo es el Pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor.
En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor así grande que nos nutre con Sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar sus propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.
Si nos miramos entorno, nos damos cuenta que hay tantos ofrecimientos de alimentos que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más. Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. ¡Pero el alimento que nos nutre realmente y que sacia es solamente el que nos da el Señor! El alimento que nos ofrece el Señor es diferente de los otros, y quizás no parece así tan gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo.
Y así, soñamos otras comidas, como los hebreos en el desierto, que añoraban la carne y las cebollas que comían en Egipto, pero olvidaban que aquellas comidas las comían en la mesa de la esclavitud. Ellos, en esos momentos de tentación, tenían memoria, pero una memoria enferma, una memoria selectiva, una memoria esclava, no libre.
Cada uno de nosotros, hoy puede preguntarse, ¿Y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En torno a qué mesa me quiero nutrir? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos gustos, pero en la esclavitud? ¿Cuál es mi memoria? ¿Aquella del Señor que me salva?, ¿O aquella del ajo y de las cebollas de la esclavitud? ¿Con cuál memoria yo sacio mi alma?
El Padre nos dice: “Te he nutrido con maná que tú no conocías”. Recuperemos la memoria. Ésta es la tarea: ¡Recuperemos la memoria!, y aprendamos a reconocer el pan falso que nos ilusiona y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado.
Dentro de poco, en la procesión, seguiremos a Jesús, realmente presente en la Eucaristía. La Hostia es nuestro maná, mediante el cual el Señor se nos dona a sí mismo. A Él nos dirigimos con fe: Jesús, defiéndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos, purifica nuestra memoria, para que no quede prisionera en la selectividad egoísta y mundana, pero sea memoria viva de tu presencia por toda la historia de tu pueblo, memoria que se hace “memorial” de tu gesto de amor redentor. Amén

viernes, 20 de junio de 2014

Benedicto XVI, Santa Misa en la Solemnidad del Corpus Christi, 23 de junio de 2011

San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18).


Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo.

No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento. [...]

Caminamos por los senderos del mundo sin espejismos, sin utopías ideológicas, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, tenemos la firma certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es más fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres cielos nuevos y una tierra nueva, donde reinan la paz y la justicia; y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra patria verdadera.

No dejarse encadenar el corazón por el dinero, la vanidad y el poder: homilía del Santo Padre Francisco en la capilla de la Casa de Santa Marta


Jesús nos pide mantener nuestros corazones libres de dinero, vanidad y poder. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de la mañana en la Casa de Santa Marta. El Papa subrayó que las verdaderas riquezas son los que dan "luz" al corazón como la adoración a Dios y el amor al prójimo. Por tanto, el Papa advirtió del peligro de esos tesoros mundanos que pesan y encadenan nuestros corazones.

"No acumulen para ustedes tesoros en la tierra". Francisco desarrolló su homilía siguiendo el consejo de Jesús, en el Evangelio de hoy. Éste, dijo el Papa, es "un consejo de prudencia" porque los tesoros de la tierra "no son seguros: se arruinan, vienen los los ladrones " y se los llevan. ¿A qué "tesoros se refiere Jesús", se preguntó el Papa: "Principalmente a tres y siempre vuelve sobre el mismo tema".

“El primer tesoro: el oro, el dinero, las riquezas..."Pero con estos no están seguros porque, tal vez, te lo pueden robar, ¿no? '; No, yo estoy seguro con las inversiones "; 'Per quizá el mercado de valores se derrumba y te quedas sin nada! Y luego dime ¿un euro de más te hace feliz o no? La riqueza, son un tesoro peligroso, peligroso... Sí pero las riquezas son buenas, sirven para hacer un montón de cosas buenas, para llevar adelante la familia: ¡esto es verdad! ¡Pero si tú las acumulas como un tesoro, te roban el alma! Jesús, en el Evangelio, vuelve sobre este tema, las riquezas, sobre el peligro de las riquezas, sobre el poner las esperanzas en las riquezas".

Otro tesoro, prosiguió “es la vanidad: el tesoro de tener un prestigio, de hacerse ver”. Y Jesús, advirtió Francisco, “siempre condena esto”. Pensemos, dijo, “qué dice a los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan la limosna, cuando rezan para hacerse ver”. La vanidad, subrayó, “no sirve, termina”. Y citó a San Bernardo que afirmaba: “Tu belleza terminará por ser pasto a los gusanos”. 

El tercer tesoro, evidenció, es “el orgullo, el poder”. El Papa se refirió a la Primera lectura donde se narra la caída de la cruel reina Atalia. “Su grande poder – comentó – duró siete años, luego fue asesinada. ¡El poder termina! ¡Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en la prisión!” De aquí la exhortación a no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Estos tesoros, subrayó, “no sirven”. En cambio el Señor, dijo el Papa, nos pide que acumulemos “tesoros del cielo”:

"Este es el mensaje de Jesús: «Pero si tu tesoro está en la riqueza, la vanidad, el poder, en el orgullo, tu corazón quedará encadenado allí! Tu corazón quedará esclavizado por la riqueza, la vanidad, el orgullo. ¡Y lo que Jesús quiere es que tengamos un corazón libre! Este es el mensaje de hoy. “¡Pero, por favor, tengan un corazón libre!", nos dice Jesús. Nos habla de la libertad del corazón. Y tener un corazón libre sólo se puede tener con los tesoros del cielo: el amor, la paciencia, el servicio a los demás, la adoración a Dios. ¡Éstas son las verdaderas riquezas que no son robadas! ¡Las otras riquezas gravan el corazón. Pesan sobre el corazón: lo encadenan, no le dan la libertad!”

Un “corazón esclavo”, agregó el Papa, “no es un corazón luminoso: será tenebroso”. Y si nosotros acumulamos tesoros de la tierra, “acumulamos tinieblas, ¡que no sirven!”. Estos tesoros, advirtió el Papa, “no nos dan alegría, y sobre todo no nos dan libertad”. En cambio, afirmó, “un corazón libre es un corazón luminoso, que ilumina a los otros, que hace ver el camino que lleva a Dios”:

"Un corazón luminoso, que no está encadenado, un corazón que va hacia adelante y que envejece bien, porque envejece como el buen vino: cuando el buen vino envejece es un buen vino de crianza. En cambio, el corazón que no brilla es como el vino malo: el tiempo pasa y lo estropea, lo vuelve vinagre. Que el Señor nos dé esta prudencia espiritual, para entender bien dónde está mi corazón, al lado de qué tesoro está unida mi corazón. Y que nos dé también la fuerza para desencadenarlo, si está encadenado, para que sea libre, luminoso y nos dé esta hermosa felicidad de hijos de Dios: la verdadera libertad"

MCM / ER - RV

PAPA FRANCISCO: LA IGLESIA NO ABANDONA A QUIEN HA CAIDO EN LA DROGA

Narcotráfico que ha tenido lugar en Roma del 17 al 19 de junio. Francisco les ha dado las gracias por su tarea que ''enfrenta un problema de nuestra época muy grave y complejo''.

''Quizás las acciones del tráfico de drogas son las que más rinden en el mercado y esto es trágico", ha afirmado el Papa en su discurso, recordando que el ''azote de la droga sigue haciendo estragos con formas y extensión impresionantes, alimentado por un mercado turbio que traspasa las fronteras nacionales y continentales. Así, crece cada vez más el peligro para los jóvenes y adolescentes. Frente a este fenómeno siento la necesidad de expresar mi dolor y mi preocupación''.

''Quisiera decirlo claramente -ha proseguido- la droga no se vence con la droga. La droga es un mal, y con el mal no puede haber fisuras o compromisos. Pensar que se puede reducir el daño permitiendo el uso de sustancias psicotrópicas a las personas que siguen usando drogas, no resuelve el problema. La legalización, incluso parcial, de las llamadas "drogas blandas", además de ser discutible en términos legislativos, no produce los efectos esperados". 

"Las drogas sustitutivas, por otra parte, no constituyen una terapia suficiente , sino una forma velada de entrega al fenómeno. Quiero reiterar lo que dije en otra ocasión: No a cualquier tipo de droga. Simplemente. No a cualquier tipo de droga. Pero para decir este 'no', hay que decir sí a la vida, sí al amor, sí a los demás, sí a la educación, sí al deporte, sí al trabajo, sí a más oportunidades de trabajo''.

''Pensemos en un joven que no tiene trabajo. Creo que la cifra ronda los 25 millones, aquí en Europa. Creo, no estoy seguro. Pero pensemos en un joven ni-ni: ni estudia ni trabaja. Entra en esta falta de horizonte, de esperanza, y la primera oferta son las dependencias, entre las cuales está la droga". 

En cambio, "las oportunidades de trabajo, la educación, el deporte, la vida sana, son el camino que lleva a la prevención de la droga. Si estos síes se hacen verdades no hay espacio para las drogas, para el abuso de alcohol, para otras adicciones''.

''La Iglesia, fiel al mandato de Jesús de ir allí donde hay un ser humano que sufre, que tiene sed, hambre, que está en la cárcel, no ha abandonado a los que han caído en la espiral de la droga, sino que con su amor creativo ha salido a su encuentro. Los ha tomado de la mano, a través del esfuerzo de muchos trabajadores y voluntarios, para que puedan volver a descubrir su dignidad, ayudándolos a resucitar esos recursos, esos talentos personales que la droga había enterrado, pero que no pudo cancelar porque cada hombre está creado a imagen y semejanza de Dios''. 

''El ejemplo de tantos jóvenes que, deseosos de escapar de la dependencia de las drogas, se comprometen a reconstruir sus vidas, es un incentivo para mirar al futuro con confianza'', ha terminado el Papa Francisco. 

En la imagen, el Papa abraza a un joven paciente del centro San Francisco de Asís para la recuperación de jóvenes drogadictos y alcohólicos, en Río de Janeiro.

Fuente: News. va

jueves, 19 de junio de 2014

ORACIONES A JESÚS SACRAMENTADO

HIMNO A JESÚS SACRAMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer confirmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.


En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomas pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. 

Señor Jesús, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén

ORACIÓN DE SAN ALFONSO Mª LIGORIO 

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado tu mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en este iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.

miércoles, 18 de junio de 2014

EL PAPA: SER IGLESIA ES SENTIRSE EN LAS MANOS DE DIOS, QUE ES PADRE Y NOS AMA, ACARICIA Y ESPERA

«La Iglesia: Dios forma a un pueblo
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! Y felicitaciones a ustedes porque son valientes, con este tiempo que no se sabe si llueve o no llueve, pero ¡valientes eh! Esperemos que podamos terminar la audiencia sin agua. Que el Señor tenga piedad de nosotros.
Hoy comienzo un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Es un poco como un hijo que habla de la propia madre, de la propia familia. Hablar de la Iglesia es hablar de nuestra madre, de nuestra familia.
En efecto, la Iglesia no es una institución con finalidad en sí misma o una organización privada, una ONG, ni mucho menos se debe restringir al clero o al Vaticano... La Iglesia somos todos, ¡eh! No hay que limitarla a los sacerdotes, a los obispos, al Vaticano. Ellos son parte de la Iglesia, pero la Iglesia somos todos, todos.
Y la Iglesia es una realidad mucho más amplia, que se abre a toda la humanidad y que no nace en un laboratorio, la Iglesia no nació en laboratorio, no nació improvisadamente. Está fundada por Jesús, pero es un pueblo con una larga historia a sus espaldas y una preparación que comenzó mucho antes de que Cristo viniera entre nosotros.
1. Esta historia, o "prehistoria" de la Iglesia, ya se encuentra en las páginas del Antiguo Testamento. Hemos escuchado el libro del Génesis, Dios escogió a Abraham, nuestro padre en la fe, y le pidió que se marchara, que abandonara su patria natal y se fuera hacia otra tierra que Él le mostraría (cf. Gn 12,1-9).
Y en esta vocación Dios no llamó a Abraham solo, como individuo, sino que desde el principio implicó a su familia, a sus familiares y a todos los que estaban al servicio en su casa. Después, una vez en camino - sí, así comenzó a caminar la Iglesia - Dios ensancha aún más el horizonte y colma a Abraham con su bendición, prometiéndole una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como las arenas de la orilla del mar.
El primer hecho importante es éste: comenzando con Abraham, Dios forma un pueblo para que lleve su bendición a todas las familias de la tierra. Y dentro de este pueblo nació Jesús. Es Dios que hace este pueblo, esta historia, la Iglesia en camino. Y ahí nace Jesús: en este pueblo.
2. Un segundo elemento: no es Abraham quien construye un pueblo en torno a sí, sino que es Dios quien da vida a este pueblo. Por lo general, era el hombre quien se dirigía a la divinidad, tratando de salvar la distancia y pidiendo apoyo y protección. La gente rezaba a los dioses, ¿no? A las divinidades.
Pero en este caso, sin embargo, somos testigos de algo sin precedentes: es Dios mismo quien toma la iniciativa –escuchemos bien esto ¡eh!-, es Dios mismo quien llama a la puerta de Abraham y le dice: “Sigue adelante, vete de tu tierra, comienza a caminar y yo haré de ti un gran pueblo”. Y esto es el comienzo de la Iglesia y en este pueblo nace Jesús.
Dios toma la iniciativa y dirige su palabra al hombre, creando un vínculo y una nueva relación con él. Pero padre, ¿cómo es esto? ¿Dios nos habla? “Sí”. ¿Y no podemos hablar con Dios? "Sí". ¿Nosotros podemos tener una conversación con Dios? “Sí”. Esto se llama oración, pero es Dios quien ha hecho esto desde el inicio.
Así pues, Dios forma un pueblo con todos los que escuchan su Palabra y se ponen en camino confiando en Él. Ésta es la única condición, fiarse de Dios. Si tú te fías de Dios, lo escuchas y te pones en camino, esto es hacer Iglesia. Esto es hacer la Iglesia.
El amor de Dios lo precede todo. Dios está siempre primero, llega antes que nosotros, Él nos precede. El profeta Isaías o Jeremías, no recuerdo bien, decía que Dios es como la flor del almendro porque es el primer árbol que florece en primavera. Es decir, Dios siempre florece antes que nosotros, cuando nosotros llegamos Él nos está esperando, Él nos llama, Él nos hace caminar. Siempre nos anticipa.
Y esto se llama amor, porque Dios nos espera siempre. “Pero padre, yo no creo esto porque si usted supiera, padre. Mi vida ha sido tan fea ¿cómo puedo pensar que Dios me espera? “Dios te espera. Y si fuiste un gran pecador te espera más y te espera con tanto amor, porque Él está primero". ¡Es ésta la belleza de la Iglesia, que nos lleva a este Dios que nos espera! Precede a Abraham, incluso precede a Adán.

3. Abraham y los suyos escuchan la llamada de Dios y se ponen en camino, no obstante no sepan bien quién es este Dios y dónde los quiere conducir. Abraham se pone en camino porque este Dios le ha hablado, pero no tenía un libro de teología para estudiar quién era este Dios. Confía, se fía del amor. Dios le hace sentir el amor y él se fía.
Pero esto no significa que ellos estén siempre convencidos y fieles. Es más, desde el comienzo hay resistencia, el repliegue en sí mismos y sus propios intereses y la tentación de regatear con Dios y resolver las cosas a modo propio. Y están son las traiciones y los pecados que marcan el camino del pueblo a lo largo de toda la historia de la salvación, que es la historia de la fidelidad de Dios y de la infidelidad del pueblo.
Pero Dios no se cansa, Dios tiene paciencia, tiene tanta paciencia y en el tiempo continúa a educar y a formar a su pueblo, como un padre con el propio hijo. Dios camina con nosotros. Dice el profeta Oseas: “Yo he caminado contigo y te he enseñado a caminar como un papá enseña a caminar al niño”. Hermosa figura de Dios. Y así es con nosotros. Nos enseña a caminar. Y es la misma actitud que mantiene con respecto a la Iglesia. También nosotros de hecho, aún en nuestro propósito de seguir al Señor Jesús, tenemos experiencia cada día del egoísmo y de la dureza de nuestro corazón.
Pero cuando nos reconocemos pecadores, Dios nos llena de su misericordia y de su amor. Y nos perdona, nos perdona siempre. Y es precisamente esto que nos hace crecer como pueblo de Dios, como Iglesia: no es nuestra habilidad, no son nuestros méritos – somos poca cosa nosotros ¡eh!-. No es esto. Sino que es la experiencia cotidiana de cuánto el Señor nos ama y nos cuida. Esto es lo que nos hace sentir verdaderamente suyos, en sus manos y nos hace crecer en la comunión con Él y entre nosotros.

Ser Iglesia es sentirse en las manos de Dios, que es padre y nos ama, nos acaricia, nos espera, nos hace sentir su ternura. ¡Y esto es muy bello!
Queridos amigos, este es el proyecto de Dios. Cuando llamó a Abraham, Dios pensaba en esto: formar un pueblo bendecido por su amor y llevase su bendición a todos los pueblos de la tierra. Este proyecto no cambia, es siempre vigente. En Cristo ha tenido su cumplimiento y aún hoy Dios continúa realizándolo en la Iglesia.
Pidamos entonces la gracia de permanecer fieles al Señor Jesús y a la escucha de su Palabra, listos a partir cada día, como Abraham, hacia la tierra de Dios y del hombre, nuestra verdadera patria, y así transformarnos en bendición, signo del amor de Dios para todos sus hijos.
Me gusta pensar que un sinónimo, otro nombre que podríamos tener nosotros cristianos sería esto: son hombres y mujeres, gente que bendice. El cristiano con su vida debe bendecir siempre, bendecir a Dios y bendecir también a todos nosotros. ¡Nosotros cristianos somos gente que bendice, que sabe bendecir! ¡Ésta es una hermosa vocación!».
(Traducción del italiano: Eduardo Rubió y María Cecilia Mutual)


martes, 17 de junio de 2014

"Para los corruptos sólo hay una salida: pedir perdón", el Papa en Santa Marta


El corrupto irrita a Dios y hace pecar al pueblo "Lo subrayó el Papa Francisco, en la Misa de este martes en la mañana en la Casa Santa Marta, volvió a detenerse en el martirio de Nabot, narrada en el primer libro de los Reyes, el Papa reiteró que para los corruptos sólo hay una salida: "pedir perdón", de lo contrario se encontrarán con la maldición de Dios. Cuando uno "entra" en el "camino de la corrupción", "quita la vida, usurpa y se vende”. Papa Francisco volvió a hacer una vibrante denuncia a la corrupción. La ocasión se centra en el asesinato de Nabot, a instancias del corrupto rey Acab que tomó posesión de su viña. El profeta Elías, dijo el Papa, dice que el corrupto Acab se "ha vendido". Es "como si" dejase de ser una persona y se convirtiera en una mercancía "," compra y vende”.

Esta es la definición: ¡es una mercancía! Luego que es lo que el Señor va a hacer con los corruptos, cualquiera que sea la corrupción... Ayer dijimos que había tres tipos, tres grupos: el político corrupto, el empresario corrupto y el eclesiástico corrupto. Los tres dañan a los inocentes, a los pobres, ¡porque son los pobres los que pagan la fiesta de los corruptos! La cuenta va a ellos. El Señor dice claramente lo que va a hacer: "yo haré caer sobre ti un desastre y acabaré contigo. Exterminaré de Acab todo varón, esclavo u hombre libre en Israel”.

"El corrupto – continúa el Papa - irrita y hace pecar al pueblo de Dios!" Jesús, dijo el Papa, lo dijo claramente: el que «hace escándalo es mejor que se tire al mar," el corrupto "escandaliza a la sociedad, escandaliza al pueblos de Dios. El Señor anuncia el castigo de los corruptos ", porque escandalizan, porque explotan a los que no pueden defenderse, esclavizan.
¡Son traidores los corruptos, mucho más! Lo primero, la definición de corrupto: uno que roba, uno que mata. La segunda cosa: ¿qué es lo que se les espera a los corruptos? Esta es la maldición de Dios, porque han explotado a los inocentes, a los que no pueden defenderse a sí mismos y lo han hecho con guantes blancos, de lejos, sin ensuciarse las manos. La tercera cosa, ¿pero hay una salida, una puerta de salida para los corruptos? ¡Sí! "Cuando oyó estas palabras, Acab de rasgó las vestiduras, vistió con un saco su cuerpo, y ayunó. Dormía con la arpillera puesta, y caminaba con la cabeza baja. Empezó a hacer penitencia".
"El corrupto – continúa el Papa - irrita y hace pecar al pueblo de Dios!" Jesús, dijo el Papa, lo dijo claramente: el que «hace escándalo es mejor que se tire al mar," el corrupto "escandaliza a la sociedad, escandaliza al pueblos de Dios. El Señor anuncia el castigo de los corruptos ", porque escandalizan, porque explotan a los que no pueden defenderse, esclavizan.
Cuando leemos en los periódicos que éste es corrupto, que el otro es un corrupto, que hizo ese acto de corrupción y que cobró esta comisión ilegal de aquí y de allí, y también muchas cosas de algunos prelados, como cristianos, nuestro deber es pedir perdón por ellos y que el Señor les dé la gracia de arrepentirse, que no mueran con el corazón corrupto.
“Condenar a los corruptos: si!” ha concluido el Papa, pedir la gracia de no convertirnos en corruptos, y rezar para su conversión. (ER, MZ-RV)

lunes, 16 de junio de 2014

Los daños de los corruptos los pagan los pobres: Francisco en Santa Marta

La corrupción de los poderosos termina siendo “pagada por los pobres”, quienes por avidez de los demás terminan sin aquello que necesitan y a lo que tienen derecho. Lo afirmó el Papa Francisco esta mañana en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta. “El único camino” para vencer “el pecado de la corrupción” - concluyó - es “el servicio” a los demás que purifica el corazón.

Una historia muy triste que, aunque es muy antigua, sigue siendo un reflejo de uno de los pecados más “a la mano”: la corrupción. El Papa Francisco reflexiona sobre la página de la Biblia, según lo propuesto por la liturgia, que cuenta la historia de Nabot, propietario de un viñedo por generaciones. Cuando el rey Acab con la intención - dijo el Papa - “de ensanchar un poco su jardín”, le pide que se lo venda, Nabot se niega porque no tiene la intención de deshacerse de “la herencia de sus padres”. El Rey tomó el rechazo muy mal, por lo que su esposa Jezabel teje una trampa: con la ayuda de testigos falsos, hace llevar a la corte a Nabot, que termina condenado y apedreado hasta la muerte. Y al final, entrega la viña deseada a su marido, quien- observa Papa Francisco – la recibe “tranquilo, como si nada hubiera pasado”. “Esta historia” - comenta - “se repite continuamente entre los que tienen poder material o poder político o poder espiritual”.
 

“En los periódicos leemos muchas veces: ah, fue llevado al tribunal aquel político que se ha enriquecido mágicamente. Estuvo en el tribunal, fue llevado a la corte aquel jefe de empresa “mágicamente” enriquecido, es decir, por la explotación de sus trabajadores. Se habla demasiado de un prelado que se ha enriquecido mucho y ha dejado su deber pastoral para cuidar su poder. Así, los corruptos políticos, los corruptos de los negocios y los corruptos eclesiásticos. Están por todas partes. Y tenemos que decir la verdad: la corrupción es precisamente “el” pecado “a la mano”, que tiene aquella persona con autoridad sobre los demás, sea económica, sea política, sea eclesiástica. Todos somos tentados a la corrupción. Es un pecado “a la mano”. Porque cuando uno tiene autoridad se siente poderoso, se siente casi Dios”.
 


Por otra parte - prosiguió Papa Francisco – se corrompe a lo largo del “camino de la propia seguridad”. Con el bienestar, el dinero, el poder, la vanidad, el orgullo... Y a partir de ahí, todo. “Incluso matar”. Pero - se pregunta el Papa - “¿quién paga la corrupción?” ¿El que te lleva la tangente? ¡No! “Esto es lo que hace el intermediario. La corrupción en realidad, la paga el pobre”.
“Si hablamos de los corruptos políticos o de los economistas corruptos, ¿quién paga esto? Pagan los hospitales sin medicinas, los enfermos que no tienen cuidados, los niños sin educación. Ellos son los modernos Nabot, que pagan la corrupción de los grandes. ¿Y quién paga la corrupción de un prelado? La pagan los niños, que no saben hacerse el signo de la cruz, que no saben la catequesis, que no son cuidados.
La pagan los enfermos que no son visitados, la pagan los encarcelados que no tienen atención espiritual. Los pobres pagan. La corrupción la pagan los pobres: pobres materiales, pobres espirituales”.

En cambio “el único camino para salir de la corrupción”, – afirmó el Sucesor de Pedro – “el único camino para vencer la tentación, el pecado de la corrupción es el servicio”. Porque, explicó, la corrupción viene del orgullo, de la soberbia, y el servicio, te humilla: es la “caridad humilde para ayudar a los demás”:
“Hoy, ofrecemos la Misa por estos - tantos, tantos - que pagan la corrupción, que pagan la vida de los corruptos. Estos mártires de la corrupción política, de la corrupción económica y de la corrupción eclesiástica. Rezamos por ellos. Que el Señor nos acerque a ellos. Seguramente estaba muy cerca de Nabot, en el momento de la lapidación, así como estaba muy cerca de Esteban. Que el Señor esté cerca de ellos y les dé la fuerza para ir hacia adelante en su testimonio, en el propio testimonio.

(GM y MCM - RV)