domingo, 9 de marzo de 2014

Las tentaciones de Jesús por el Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
 

El Evangelio del primer domingo de Cuaresma presenta cada año el episodio de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu Santo, que descendió sobre Él después del Bautismo en el Jordán, lo impulsó a afrontar abiertamente a Satanás en el desierto, durante cuarenta días, antes de iniciar su misión pública.
 

El tentador trata de apartar a Jesús del proyecto del Padre, o sea de la vía del sacrificio, del amor que ofrece a sí mismo en expiación, para hacerle tomar un camino fácil, de éxito y poder. 

El duelo entre Jesús y Satanás se produce a golpe de citas de la Sagrada Escritura. En efecto, el diablo para alejar a Jesús de la vía de la cruz, le presenta las falsas esperanzas mesiánicas: el bienestar económico, indicado por la posibilidad de transformar las piedras en pan; el estilo espectacular y milagrero, con la idea de arrojarse desde el punto más alto del templo de Jerusalén y hacerse salvar por los ángeles y, en fin, el atajo del poder y del dominio, a cambio de un acto de adoración a Satanás.
 

Son los tres grupos de tentaciones, también nosotros los conocemos bien.
Jesús rechaza decididamente todas estas tentaciones y reafirma la firme voluntad de seguir la vía establecida por el Padre, sin ningún compromiso con el pecado y con la lógica del mundo. Noten bien cómo responde Jesús: 

Él no dialoga con Satanás como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús sabe bien que con Satanás no se puede dialogar porque, ¡es tan astuto! Por eso Jesús en vez de dialogar, como hizo Eva, elige de refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Recordemos esto en el momento de las tentaciones, de nuestras tentaciones: ningún argumento con Satanás, sino siempre defendidos por la palabra de Dios, ¡y esto nos salvará! 

En sus respuestas a Satanás, el Señor nos recuerda ante todo que “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4; Cfr. Dt 8, 3); y esto nos da fuerza, nos sostiene en la lucha contra la mentalidad mundana que abaja al hombre al nivel de las necesidades primarias, haciéndole perder el hambre de lo que es verdadero, bueno y bello, el hambre de Dios y de su amor.
 

Recuerda además que también está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios” (v. 7), porque el camino de la fe pasa también a través de la oscuridad, la duda, y se nutre de paciencia y de espera perseverante. 

Recuerda, en fin, Jesús, que está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” (v. 10); o sea, debemos deshacernos de los ídolos, de las cosas vanas, y construir nuestra vida sobre lo esencial.
 

Estas palabras de Jesús encuentran después una confirmación concreta en sus acciones. Su absoluta fidelidad al designio del amor del Padre lo conducirá, después de casi tres años, a la rendición final de cuentas con el “príncipe de este mundo” (Jn 16, 11), en la hora de la pasión y de la cruz, y allí Jesús traerá su victoria definitiva, ¡la victoria del amor!
Queridos hermanos, el tiempo de la Cuaresma es ocasión propicia para todos nosotros para realizar un camino de conversión, confrontándonos sinceramente con esta página del Evangelio.
Renovemos las promesas de nuestro Bautismo: renunciemos a Satanás y a todas sus obras y seducciones, porque es un seductor él, ¿eh? Para caminar por los senderos de Dios y “llegar a la Pascua en la alegría del Espíritu” (Oración colecta del I Domingo de Cuaresma, Año A)
(Traducción de Griselda Mutual y María Fernanda Bernasconi – RV).

viernes, 7 de marzo de 2014

En toda la Iglesia es el tiempo de la misericordia, destaca el Papa a los presbíteros de Roma

Con la imagen de Jesús el Buen Pastor, el cura es hombre de misericordia y de compasión y servidor de todos, reiteró el Papa Francisco a los párrocos de la Diócesis de Roma, en el tradicional encuentro de comienzos de Cuaresma.El Papa pidió oraciones por Don Luigi Retrosi, un párroco romano fallecido ayer. Alentando a seguir a Jesús, que parecía una persona sin techo, pues se le podía encontrar siempre recorriendo todas las ciudades y los pueblos, enseñando, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Y cómo al ver a la multitud, el Señor tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Situación que viven tantas personas, no sólo en Roma, en Italia, sino también en todo el mundo, destacó el Papa Bergoglio refiriéndose al sufrimiento de tantos pueblos que están sufriendo grandes dificultades:
«Entonces comprendemos que no estamos aquí para hacer un buen ejercicio espiritual al comienzo de la Cuaresma, sino para escuchar la voz del Espíritu que habla a toda la Iglesia en este tiempo nuestro que es precisamente el tiempo de la misericordia».
En toda la Iglesia es el tiempo de la misericordia... ¿Qué significa misericordia para los curas? Misericordia: ni manga larga ni rigidez. Fueron los tres puntos que desarrolló el Papa, recordando en el primero que el tiempo de la misericordia fue una intuición del beato Juan Pablo II, que beatificó y canonizó a Sor Faustina Kowalska e introdujo la fiesta de la Divina Misericordia. Ante las experiencia dolorosas que no faltarán, aun al lado de nuevos progresos, «la luz de la Divina Misericordia, que el Señor ha querido casi volver a entregar al mundo a través del carisma de Sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio», no lo olvidemos, alentó el Papa Francisco:
«Hoy olvidamos todo con demasiada prisa, incluso el Magisterio de la Iglesia! En parte es inevitable, pero no podemos olvida los grandes contenidos, intuiciones y consignas dejadas al Pueblo de Dios. Y la de la Divina Misericordia es una de ellas. Nos corresponde a nosotros, como ministros de la Iglesia, mantener vivo este mensaje, sobre todo en la predicación y en los gestos, en los signos, en las opciones pastorales. Por ejemplo, la opción de volver a dar prioridad al Sacramento de la Reconciliación, y al mismo tiempo, a las obras de misericordia».
Jesús tiene las «entrañas de Dios». Está lleno de ternura hacia la gente, en especial hacia los excluidos, los pecadores, los enfermos de los que nadie cuida, recordó también el Obispo de Roma a sus presbíteros, señalando que los curas «asépticos» y de «laboratorio» no ayudan a la Iglesia. Iglesia – volvió a recordar - que es como un «hospital de campaña», que debe curar las heridas. «Hay tanta gente herida, por problemas materiales, por escándalos, también en la Iglesia... Gente herida por ilusiones del mundo. Volviendo al tema del sacramento de la Reconciliación, el Papa puso de relieve que ni el laxismo ni el rigorismo hacen crecer la santidad. Mientras que la misericordia acompaña el camino de la santidad y lo hace a través del sufrimiento pastoral, que es una forma de misericordia. Quiere decir – explicó Francisco- sufrir por y con las personas, como un padre y una madre sufren por sus hijos.
(CdM – RV)

El ayuno que quiere el Señor es el que se preocupa por la vida del hermano, el Papa el viernes en Santa Marta

 “¿Me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?”. Fue una de las preguntas en el centro de la homilía del Papa Francisco, durante la Misa de la mañana del viernes en la Casa de Santa Marta. El Papa resaltó que la vida de fe está estrechamente ligada a una vida de caridad hacia los pobres, sin la cual aquello que se profesa es sólo hipocresía.
 

El cristianismo no es una regla sin alma, un prontuario de observancias formales para gente que pone la cara buena de la hipocresía para esconder un corazón vacío de caridad. El cristianismo es la “carne” misma de Cristo que se inclina sobre el que sufre sin avergonzarse. Para explicar esta contraposición, el Santo Padre retomó el diálogo del Evangelio de hoy entre Jesús y los doctores de la ley, que critican a los discípulos por el hecho de no respetar el ayuno, a diferencia de ellos y de los fariseos que en cambio lo practican mucho. El hecho, objetó el Pontífice, es que los doctores de la ley habían transformado la observancia de los Mandamientos en una “formalidad”, cambiando la “vida religiosa” en “una ética” y olvidando su raíz, o sea “una historia de salvación, de elección, de alianza”:
 

“Recibir del Señor el amor de un Padre, recibir del Señor la identidad de un pueblo y luego transformarla en una ética es rechazar aquel don de amor. Esta gente hipócrita son personas buenas, hacen todo aquello que se debe hacer. ¡Parecen buenas! Son éticos, pero éticos sin bondad, porque ¡han perdido el sentido de pertenencia a un pueblo! El Señor da la salvación al interior de un pueblo, en la pertenencia a un pueblo”.
 

Sin embargo, observó Francisco, ya el Profeta Isaías – en el pasaje recordado en la Primera lectura – había descrito con claridad cuál era el ayuno según la visión de Dios: “Soltar las cadenas injustas”, “dejar en libertad a los oprimidos”, pero también “compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo”, “cubrir al que veas desnudo”.
 

“¡Aquél es el ayuno que quiere el Señor! Ayuno que se preocupa por la vida del hermano, que no se avergüenza -lo dice el mismo Isaías- de la carne del hermano. Nuestra perfección, nuestra santidad va delante con nuestro pueblo, en el cual hemos sido elegidos e insertados. Nuestro acto de santidad más grande está precisamente en la carne del hermano y en la carne de Jesucristo. El acto de santidad de hoy, nuestro, aquí, en el altar, no es un ayuno hipócrita: ¡es no avergonzarse de la carne de Cristo que hoy viene aquí! Es el misterio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Es ir a compartir el pan con el hambriento, a curar a los enfermos, los ancianos, aquellos que no pueden darnos nada a cambio: ¡no avergonzarse de la carne, es eso!”.

Esto significa que el “ayuno más difícil”, afirmó el Obispo de Roma, es “el ayuno de la bondad”. Es el ayuno del que es capaz el Buen Samaritano, que se inclina sobre el hombre herido, y no es aquel del sacerdote, que mira al mismo desventurado pero sigue adelante, quizás por miedo de contaminarse. Y entonces, concluyó, “ésta es hoy la propuesta de la Iglesia: ¿me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?”:
“Cuando doy limosna, ¿dejo caer la moneda sin tocar la mano? Y si por casualidad la toco, ¿la retiro de inmediato? Cuando doy limosna, ¿miro a los ojos de mi hermano, de mi hermana? 

Cuando sé que una persona está enferma, ¿voy a encontrarla? ¿La saludo con ternura? Hay una señal que tal vez nos ayudará, es una pregunta: ¿sé acariciar a los enfermos, los ancianos, los niños o he perdido el sentido de la caricia? ¡Aquellos hipócritas no sabían acariciar! Se habían olvidado… No avergonzarse de la carne de nuestro hermano: ¡es nuestra carne! Seremos juzgados por el modo en el que nos comportamos con este hermano, con esta hermana”. (RC-RV)

ORAR CON LOS SALMOS EN CUARESMA

Los Salmos son para los cristiano la gran escuela de oración.
La liturgia de este domingo nos ofrece la meditación del salmo 51 (50 en la Biblia Vulgata y el Misal), el salmo penitencial por excelencia, conocido popularmente como el Miserere.
Podemos meditarlo entero en la Biblia o en las cuatro estrofas del Responsorial del domingo.
El hombre pecador se vuelve al Dios de la bondad y la misericordia ante el que se confiesa culpable y le pide perdón; la gracia divina le renueva –un corazón puro–, le devuelve la alegría y le capacita para alabar a Dios con los labios y la boca.
Cristo ofrece a todos el perdón incondicional del Padre, asegurado con su entrega por todos en la Cruz.

Salmo 51 (50)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana, el Papa el jueves en Santa Marta

Humildad, docilidad, generosidad: este es el estilo cristiano, un camino que pasa por la cruz, como hizo Jesús, y es un camino que lleva a la alegría. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía pronunciada en la mañana del jueves durante la Misa en la Casa de Santa Marta.
En el Evangelio propuesto de la liturgia del jueves posterior al Miércoles de Ceniza, Jesús dice a los discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.” Éste – subrayó el Papa - es “el estilo cristiano” porque Jesús fue el primero que recorrió “este camino”:
“No podemos pensar en la vida cristiana fuera de este camino. Existe siempre este camino que Él hizo primero: el camino de la humildad, también el camino de la humillación a sí mismo, para luego resurgir. Este es el camino. El estilo cristiano, sin cruz no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana. El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y va adelante. No sin cruz, no sin Jesús”.
Jesús “dio el ejemplo” – continuó el Santo Padre – y, “siendo igual a Dios”, “se humilló a sí mismo, se hizo siervo por todos nosotros”:
“Y este estilo nos salvará, nos dará alegría y nos hará fecundos, porque este camino de humillarse a sí mismo es para dar vida, está en contra del camino del egoísmo, de ser apegado a todos los bienes sólo para mí … Este camino está abierto a los demás, porque aquel camino que ha hecho Jesús, de humillación, aquel camino ha sido hecho para dar vida. El estilo cristiano es precisamente este estilo de humildad, de docilidad, de mansedumbre”.
“Quien quiera salvar la propia vida, la perderá” – repite Jesús – porque “si el grano no muere, no puede dar fruto”. Y “esto, con alegría – afirmó el Obispo de Roma - porque la alegría nos la da Él mismo. Seguir a Jesús es alegría, pero seguir a Jesús con el estilo de Jesús, no con el estilo del mundo”. Seguir el estilo cristiano significa recorrer el camino del Señor, “cada uno como pueda”, “para dar vida a los demás, no para dar vida a sí mismo. Es el espíritu de la generosidad”. Nuestro egoísmo nos empuja a querer parecer importantes ante los demás. En cambio, el libro de la Imitación de Cristo – observó Francisco - “nos da un consejo bellísimo: ‘Ama no ser conocido y ser juzgado como nada’. Es la humildad cristiana, aquello que Jesús fue el primero en practicar”:
“Y esta es nuestra alegría, y esta es nuestra fecundidad: ir con Jesús. Otras alegrías no son fecundas; sólo piensan – como dice el Señor – en ganar el mundo entero, pero al final pierden y arruinan la vida. Al inicio de la Cuaresma pidamos al Señor que nos enseñe un poco este estilo cristiano de servicio, de alegría, de humillación de nosotros mismos y de fecundidad con Él, como Él la quiere”.´(RV-RC)

EL AYUNO GRATO AL SEÑOR


“El pan que no necesitas le pertenece al hambriento, el dinero que gastas en lo que no es necesario es un robo que le estás haciendo al que no tiene con que comprar lo necesario. Si pudiendo ayudar no ayudas, eres un verdadero ladrón.”
(San Basilio el Grande)

“El ayuno purifica el alma, eleva el espíritu, sujeta la carne al espíritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la castidad.”
(San Agustín)

“El ayuno es humildad de la mente, castigo de la carne, molde de la sobriedad.” (San Ambrosio)

"Santificar el ayuno es manifestar con otras buenas obras que nuestra abstinencia es digna de Dios. Se debe advertir a los que se abstienen, que ofrecen a Dios una abstinencia agra-dable si dan a los pobres los alimentos de que ellos mismos se privan.
(S. Gregorio Magno)

“El ayuno ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos.”

(San León Magno)

jueves, 6 de marzo de 2014

. Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17



Misericordia, Dios mío, por tu bondad, 

por tu inmensa compasión borra mi culpa; 

lava del todo mi delito, 

limpia mi pecado.


Misericordia, Señor: hemos pecado


Pues yo reconozco mi culpa, 

tengo siempre presente mi pecado: 

contra ti, contra ti sólo pequé, 

cometí la maldad que aborreces.


Misericordia, Señor: hemos pecado


Oh Dios, crea en mí un corazón puro, 

renuévame por dentro con espíritu firme; 

no me arrojes lejos de tu rostro, 

no me quites tu santo espíritu.


Misericordia, Señor: hemos pecado


Devuélveme la alegría de tu salvación, 
afiánzame con espíritu generoso. 
Señor, me abrirás los labios, 
y mi boca proclamará tu alabanza.

Misericordia, Señor: hemos pecado

"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga."




Evangelio según San Lucas 9,22-25.

"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".

Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?" 

Cuaresma, tiempo fuerte para reaccionar ante la realidad del mal. Catequesis semanal del Papa

Este miércoles de Ceniza, el Papa Francisco, rodeado de miles de fieles y peregrinos, inició en Roma el itinerario cuaresmal: “tiempo fuerte de conversión, para vivir con mayor profundidad el bautismo.” El Obispo de Roma precisó que este tiempo somos invitados a tomar mayor conciencia de las maravillas que el Señor realiza por nuestra salvación, disponiendo nuestra mente y nuestro corazón para una actitud de agradecimiento hacia Dios, por cuanto nos da y realiza en favor nuestro. “La cuaresma es un tiempo para recobrar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal, subrayó Francisco, un tiempo propicio para convertirnos al amor del prójimo.” “un amor que genera una actitud de gratitud y de misericordia con el Señor, quien “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. (RC-RV)

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco   
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
hoy, Miércoles de Ceniza, comienza el itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón, centro del misterio de nuestra salvación. Y la cuaresma nos prepara a este momento tan importante y por ello la Cuaresma es un tiempo “fuerte”, un punto de viraje que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión, todos nosotros tenemos necesidad de mejorar, de cambiar en positivo, y la cuaresma nos ayuda. Y así salimos de los hábitos cansados y del perezoso acostumbrarse al mal que nos insidia. En el tiempo cuaresmal la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar conciencia más viva de la obra redentora de Cristo; vivir con mayor empeño el propio Bautismo.

La conciencia de las maravillas que el Señor ha obrado por nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud hacia Dios, por todo lo que Él nos ha donado, por todo aquello que cumple a favor de su Pueblo y de la humanidad entera. De aquí parte nuestra conversión: ella es la respuesta reconocida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando nosotros vemos este amor que Dios tiene para nosotros, sentimos las ganas de acercarnos a él y esta es la conversión.

Vivir el Bautismo hasta el fondo – esta es la segunda invitación – significa no acostumbrarse a las situaciones de degrado y de miseria que encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y de nuestros países.

Está el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y de no sorprendernos frente a las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para protegerse. Nos acostumbramos a los prófugos en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debe. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende menospreciar a Dios, en la que los padres no enseñan más a los hijos a rezar ni a hacerse la señal de la cruz. Yo les pregunto: sus hijos, sus niños ¿saben hacerse el signo de la cruz? Piensen. ¿Sus nietos saben hacerse el signo de la cruz? ¿Se lo han enseñado? Piensen y respóndanse en su corazón. ¿Saben rezar el padrenuestro, saben rezar a la Virgen con el Avemaría? Y respóndanse ustedes. Este acostumbrarse a comportamientos no cristianos y de comodidad ¡nos narcotiza el corazón!

La Cuaresma nos llega como un momento providencial para cambiar ruta, , para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. 

La Cuaresma se debe vivir como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria a través del acercamiento a Dios y de la adhesión confiada al Evangelio. De esta manera también nos permite mirar con nuevos ojos a los hermanos y sus necesidades. Por ello la Cuaresma es un tiempo propicio para convertirse al amor al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2 Cor 8,9) . Meditando sobre los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos damos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por la iniciativa gratuita de Dios. 
Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica; conversión y apertura del corazón a los hermanos: éstos son los elementos esenciales para vivir el tiempo de la Cuaresma. En este camino, queremos invocar con especial confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: Que sea Ella, la primera creyente en Cristo, la que nos acompañe en los días de intensa oración y de penitencia, para llegar a celebrar, purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo. Gracias. 
(CDM, CM, RV- RV)

miércoles, 5 de marzo de 2014

EL AMOR


LOS ENEMIGOS QUE HAY QUE AMAR
El mandamiento nuevo de amar a los enemigos se refiere a los enemigos co-lectivos y también a todo enemigo personal, como lo ilustra la exigencia de no amar sólo «a los que nos aman». Jesús nos invita a superar nuestra ten-dencia natural a no amar más que a los que manifiestan interés y afecto por no-sotros. El amor del cristiano tiene que dirigirse también a todos los que no lo aman y que incluso llegan a hacerle personalmente daño.

¿QUÉ QUIERE DECIR AMAR?
El amor del que habla Jesús no es un cuestión de emoción o de sentimientos. Es una cuestión de actitud benévola, que se traduce en acciones concretas: «orar» por los que nos persiguen, «saludar» a los que no son hermanos nuestros, es decir, desearles la «paz», los bienes mesiánicos prometidos por Dios. En el pasaje paralelo de Lucas, el mandamiento de amar a los enemigos se precisa con otros tres imperativos: «haced bien», «bendecid» y «orad». Para Jesús, «amor» significa entonces benevolencia activa para con todos los hombres, interés por su bien, oración a Dios por ellos.

EL MODELO DIVINO

El discípulo no se convierte en hijo sino en la medida en que obra como el Padre, es decir, en la medida en que ama a su prójimo, incluso a su enemigo, como lo ama el Padre. El mandamiento tiene por objeto di-recto el amor a los enemigos, pero más profundamente recae sobre el ser-hijos. Se nos invita a convertirnos en lo que ya somos: hijos del Padre, o sea, re-producir en nosotros el ser y obrar del Padre para con todos. La paternidad de Dios es portarse como hijos y portarse como hermanos

martes, 4 de marzo de 2014

La Locura del Evangelio

Se dijo: No hagáis el mal.
Yo os digo: Haced el bien.

Se dijo: No derrames sangre.
Yo os digo: Dad vuestra sangre.

Se dijo: Sed buena gente.
Yo os digo: Sed santos.

Se dijo: No hagáis llorar.
Yo os digo: Haced reír.

Se dijo: Bueno sí, pero no tonto.
Yo os digo: Tonto no, pero sí loco

Se dijo: Amar, pero sin pasarse.
Yo os digo: Amar sin límites.

Se dijo: Perdono pero no olvido.
Yo os digo: Dios no tiene memoria.

Se dijo: No tiene perdón de Dios.
Yo os digo: Eso es mentira.

Se dijo: Perdona siete veces.
Yo os digo: Hasta setenta veces siete.

Se dijo: ¿Quién es mi prójimo?
Yo os digo: Quien te necesita.

Se dijo: Fiarse hasta cierto punto.
Yo os digo: El amor cree sin límites.

Se dijo: Hasta aquí hemos llegado.
Yo os digo: Aguanta sin límites.

Se dijo: Perdono pero no olvido.
Yo os digo: Menos mal que Dios sí.

Se dijo: Ayudar pero con prudencia.
Yo os digo: Al que te pide, dale.

Se dijo: Y, ¿qué tengo que hacer?
Yo os digo: Ama y haz lo que quieras

La vida cristiana es simplemente ¡seguir a Jesús! El Papa el martes en Santa Marta

“La Cruz está siempre en el camino cristiano”. Lo afirmó el Papa Francisco en la Misa de la mañana del martes en la Casa de Santa Marta. El Papa centró su homilía en las persecuciones de los cristianos y constató que hoy en día hay más mártires que en los primeros tiempos de la Iglesia. Por lo tanto, precisó que la vida cristiana no es “una ventaja comercial”, sino “simplemente seguir a Jesús”.
 

Jesús apenas había terminado de hablar sobre el peligro de las riquezas y Pedro le pregunta qué recibirán los discípulos que han dejado todo para seguirlo. El Santo Padre desarrolló su homilía partiendo de este diálogo, narrado en el Evangelio de hoy, subrayando que Jesús “es generoso”. En verdad, responde el Señor, “les aseguro que el que haya dejado la familia, la casa, los campos, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno ”. Quizás, comentó el Pontífice, Pedro piensa que “ir detrás de Jesús” sea un “buen negocio”, porque nos hace ganar el cien por uno. Pero Jesús agrega que junto a esta ganancia habrá persecuciones:
 

“Es como si dijese: ‘Sí, ustedes han dejado todo y recibirán aquí, en la tierra, muchas cosas: ¡pero con persecución!’. Como una ensalada con el aceite de la persecución: ¡siempre! Esta es la ganancia del cristiano y este es el camino de quien quiere ir detrás de Jesús, porque es el camino que Él recorrió: ¡Él fue perseguido! Es el camino del abajamiento. Aquello que Pablo dice a los Filipenses: ‘Se abajó. Se hizo hombre y se abajó hasta la muerte, la muerte de cruz’. Esta es precisamente la tonalidad de la vida cristiana”.
 

“Así también en las Bienaventuranzas, continuó el Obispo de Roma, cuando Jesús dice: ‘Bienaventurados cuando los injurien, los persigan por mi causa’, la persecución es una de las Bienaventuranzas”. Los discípulos, recordó “inmediatamente después de la venida del Espíritu Santo, comenzaron a predicar y se iniciaron las persecuciones: “Pedro fue a la cárcel”, Esteban fue asesinado y después “tantos discípulos hasta el día de hoy”. “¡La Cruz – advirtió – está siempre en el camino cristiano!” “Nosotros – recalcó – tendremos muchos hermanos, muchas hermanas, muchas madres, muchos padres en la Iglesia, en la comunidad cristiana”, pero “también tendremos la persecución”:
 

“Porque el mundo no tolera la divinidad de Cristo. No tolera el anuncio del Evangelio. No tolera las Bienaventuranzas. Y así se produce la persecución: con la palabra, las calumnias, las cosas que decían de los cristianos en los primeros siglos, las difamaciones, la cárcel… Nosotros olvidamos fácilmente. Pensemos en tantos cristianos, hace 60 años, en los campos, en las prisiones de los nazis, de los comunistas: ¡tantos! ¡Por ser cristianos! También hoy… ‘Pero hoy tenemos más cultura y no pasan estas cosas’. ¡Pasan! Y yo les digo que hoy en día hay más mártires que en los primeros tiempos de la Iglesia.”
Tantos hermanos y hermanas, prosiguió, “que dan testimonio de Jesús, que ofrecen testimonio de Jesús y son perseguidos”. Cristianos, constató con amargura, que ni siquiera pueden tener la Biblia:
 

“Son condenados porque tienen una Biblia. No pueden hacer la señal de la cruz. Este es el camino de Jesús. Pero es un camino alegre, porque el Señor jamás nos pone a la prueba con más de lo que podemos soportar. La vida cristiana no es una ventaja comercial, no es un hacer carrera: es simplemente ¡seguir a Jesús! Cuando seguimos a  en el testimonio de Jesús. Pensemos también - nos hará bien - en tantJesús sucede esto. Pensemos si tenemos dentro de nosotros el deseo de ser valientesos hermanos y hermanas que hoy – ¡hoy! - no pueden rezar juntos, porque son perseguidos; no pueden tener el libro del Evangelio o una Biblia, porque son perseguidos”.
(RC-RV)

El Papa Francisco cumple un año como Papa

lunes, 3 de marzo de 2014

No se conoce a Dios «de oídas». El Papa destaca la importancia de los Ejercicios Espirituales

Subrayando que los Ejercicios Espirituales son una «experiencia» del amor de Dios, el Papa Francisco recibió a los participantes en la asamblea de la Federación Italiana de Ejercicios Espirituales, este lunes en el 50 aniversario de su fundación. Y subrayó que los hombres de hoy tienen necesidad de encontrar a Dios no «de oídas». «Proponer los Ejercicios Espirituales es invitar a una experiencia de Dios, de su amor y de su belleza». Así comenzó su discurso el Obispo de Roma, señalando que el que «vive los Ejercicios» vuelve «renovado», «transfigurado» a la vida de cada día, al ministerio, a las relaciones cotidianas, llevando consigo el perfume de Cristo»:
 

«Los hombres y las mujeres de hoy en día necesitan encontrar a Dios, conocerlo 'no de oídas’ (cfr. Job 42,5). El servicio de ustedes está dirigido todo a esto y lo hacen ofreciendo espacios y tiempos de intensa escucha de su Palabra en el silencio y en la oración». 


El Papa Bergoglio señaló que las Casas de espiritualidad son lugares privilegiados para esta experiencia espiritual, por lo que deben ser apoyadas para este fin, brindando personal competente:
 

«Aliento a los Pastores de las diversas comunidades para que se preocupen con el fin de que no falten Casas de Ejercicios, donde agentes bien formados y predicadores preparados - dotados de cualidades doctrinales y espirituales - sean verdaderos maestros de espíritu. Sin embargo, no olvidemos nunca que el protagonista de la vida espiritual es el Espíritu Santo. Él sostiene toda iniciativa nuestra de bien y de oración».
 


Y tras recordar que un buen curso de Ejercicios Espirituales contribuye a renovar en el que participa su adhesión incondicional a Cristo y ayuda a comprender que la oración es el medio insustituible de la unión con Él, el Papa concluyó agradeciendo a la mencionada Federación «el precioso servicio» que brindan a «la Iglesia, con el fin de que la práctica de los Ejercicios Espirituales se difunda y sea apoyada y valorada».
(CdM - RV)

¿Qué significa "entrar en la Cuaresma"?

·  Significa comenzar un tiempo de particular compromiso en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y a nuestro alrededor. 


·  Quiere decir mirar al mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás. 


·  Significa no descargar el problema del mal sobre los demás, sobre la sociedad, o sobre Dios, sino que hay que reconocer las propias responsabilidades y asumirlas conscientemente. En este sentido, resuena entre los cristianos con particular urgencia la invitación de Jesús a cargar cada uno con su propia «cruz» y a seguirle con humildad y confianza (Cf. Mateo 16, 24). 

La «cruz», por más pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de una desgracia que hay que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús y de este modo alcanzar la fuerza en la lucha contra el pecado y el mal.


·  Entrar en la Cuaresma significa, por tanto, renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto a Cristo. La Cruz es el único camino que lleva a la victoria del amor sobre el odio, de la generosidad sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. 

Desde esta perspectiva, la Cuaresma es verdaderamente una ocasión de intenso compromiso ascético y espiritual fundamentado sobre la gracia de Cristo.



Palabras que pronunció SS Benedicto XVI después de rezar la oración mariana del Ángelus, el domingo, 10 febrero 2008.