miércoles, 23 de octubre de 2013

Se levantó un fuerte huracán. San Agustín


También nosotros navegamos en un lago en el que no faltan ni viento ni tempestades; las tentaciones cotidianas de este mundo casi hunden nuestra barca.

¿Qué quiere decir que Jesús se duerme? Quiere decir que tu fe en Jesús está dormida. Se levantan los huracanes en el lago: ves prosperar a los malvados y sufrir a los buenos; hay una tentación, un choque de las olas. Y en el interior de tu alma dices: "Dios mío, ¿dónde está tu justicia si los malos prosperan y los buenos se sienten abandonados en su sufrimiento?"

Y Dios te contesta: "¿Es ésta tu fe? ¿Qué es lo que, en efecto, te he prometido? ¿Es que te has hecho cristiano  para tener éxito en este mundo?¿Te has atormentado por la suerte de los malos aquí abajo cuando no conoces su suerte en el otro mundo?"

Pero el Señor se despertará, es decir, volverás a tener fe y, con la ayuda de Jesús, reflexionarás en tu corazón y caerás en la cuenta de que los bienes concedidos hoy a los malos no durarán. Sus bienes, o bien se les acaba en esta vida, o bien deberán abandonarlos en el momento de su muerte. 

Pero para ti, por el contrario, lo que se te ha prometido durará por toda la eternidad. Da, pues, la espalda a lo que acaba en ruina y vuelve tu rostro hacia lo que permanece.

Cuando Cristo se despierte, el huracán ya no sacudirá tu corazón, las olas no hundirán tu barca, porque tu fe mandará a los vientos y a las olas, y el peligro desaparecerá.
San Agustín. 
 

¿Nos dejamos iluminar por la fe de María nuestra Madre?, pregunta el Papa

Queridos hermanos y hermanas:


En la catequesis de hoy, y siguiendo el Concilio Vaticano II, quiero reflexionar sobre María como modelo «de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo». 

Ella es modelo de fe, no sólo porque como hebrea esperaba al redentor, y con su sí se adhiere al proyecto de Dios, sino porque desde ese momento su vida se centra en Jesús. 

Además lo hace desde la cotidianeidad de una mujer humilde que, sin embargo, vive inmersa en el misterio, y su sí, ya perfecto desde el inicio, crece hasta la cruz, en la que su maternidad abraza a todos. 

Y es modelo de caridad, como vemos en la Visitación, pues ella no sólo  ayuda a su prima, sino que le lleva a Cristo, la perfecta alegría que viene del Espíritu y se manifiesta en un amor oblativo. 

Es modelo también de unión con Cristo, sea en su tarea cotidiana, sea en el camino de la cruz, hasta unirse a Él en el martirio del corazón. 

Y ahora preguntémonos: ¿cómo nos interpela la figura de María? ¿la vemos lejana? ¿acudimos a ella en la prueba? ¿somos capaces, como ella, de amar dándonos totalmente? ¿nos sentimos unidos a Jesús, según su ejemplo, en una relación constante o sólo nos acordamos de Él en la necesidad?

“Dios no nos salva por decreto, se implica con nosotros para curar nuestras heridas”, dijo el Papa


Contemplación, cercanía, abundancia: son las tres palabras en torno a las cuales el Papa Francisco centró esta mañana su homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre reafirmó que no se puede comprender a Dios sólo con la inteligencia, y subrayó que “el desafío de Dios” es “comprometerse” en nuestras vidas para curar nuestras llagas, precisamente como ha hecho Jesús.


Inspirándose en la Primera Lectura de hoy, que corresponde a un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Papa explicó que la Iglesia, “cuando quiere decirnos algo” sobre el misterio de Dios, usa sólo una palabra: “maravillosamente”. Porque este misterio, dijo, es “un misterio maravilloso”:

“Contemplar el misterio, esto que Pablo nos dice aquí, sobre nuestra salvación, sobre nuestra redención, sólo se comprende de rodillas, en la contemplación. No sólo con la inteligencia. Cuando la inteligencia quiere explicar un misterio, siempre – ¡siempre! – ¡se vuelve loca! Y así ha sucedido en la historia de la Iglesia. La contemplación: inteligencia, corazón, rodillas, oración… todo junto, entrar en el misterio. Esta es la primera palabra que tal vez nos ayude”.

La segunda palabra que nos ayudará a entrar en el misterio, dijo a continuación el Papa, es “cercanía”. “Un hombre ha cometido un pecado - recordó - un hombre nos ha salvado”. “¡Es el Dios cercano!” Y, prosiguió, “cerca de nosotros, de nuestra historia”. Desde el primer momento, añadió Francisco, “cuando eligió a nuestro Padre Abraham, ha caminado con su pueblo”. Y esto se ve también con Jesús que hace “un trabajo de artesano, de obrero”:

A mí, la imagen que me viene es la del enfermero, de la enfermera en un hospital: cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se implica, se mete en nuestras miserias, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo personal de Jesús. Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo. Cercanía. Dios no nos salva sólo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros.

La tercera palabra, prosiguió el Papa, es “abundancia”. “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. “Cada uno de nosotros – observó – conoce sus miserias, las conoce bien. ¡Y abundan!” Pero, evidenció, “el desafío de Dios es vencer esto, curar las llagas” como ha hecho Jesús. Es más: “hacer ese regalo sobreabundante de su amor, de su gracia”. Y así, explicó el Papa Francisco, “se comprende esa predilección de Jesús por los pecadores”:


“En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba hacia ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor. La gracia de Dios siempre vence, porque es Él mismo quien se entrega, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos cura. Y por esto, quizá a alguno de nosotros no nos guste decir esto, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, llama a todos: ‘¡Vengan, vengan!’. Y cuando le piden una explicación, dice: ‘Pero, aquellos que tienen buena salud no tienen necesidad del médico; yo he venido para curar, para salvar”.


“Algunos santos – afirmó también el Papa – dicen que uno de los peores pecados es la difidencia: desconfiar de Dios”. Por eso el Santo Padre se preguntó “¿cómo podemos desconfiar de un Dios tan cercano, tan bueno, que prefiere nuestro corazón pecador?” Este misterio, reafirmó una vez más, “no es fácil de entender, no se lo comprende bien, con la inteligencia”. Quizá nos ayuden sólo estas tres palabras”: contemplación, cercanía y abundancia. Es un Dios, concluyó el Pontífice, “que siempre vence con la sobreabundancia de su gracia, con la su ternura”, “con su riqueza de misericordia”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

Ángelus: la necesidad de rezar siempre

A mediodía el Papa se ha asomado a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y, antes de la oración mariana, ha comentado el Evangelio de hoy en que Jesús cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra justicia. Y Jesús concluye: Si la viuda consiguió convencer a aquel juez, ¿pensáis que Dios no nos escucha, si le rezamos con insistencia`? La frase de Jesús es muy fuerte: “¿No hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche?”.

“¡Clamar día y noche” a Dios! Nos sorprende esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿Por qué Dios lo quiere? ¿No conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene “insistir” con Dios”, ha observado el pontífice.

Esa pregunta “nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa que nos hace falta, o porque no nos escuche. Al contrario, nos escucha siempre y sabe todo de nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal, fuera y dentro de nosotros, el Señor, está a nuestro lado; luchamos junto a Él, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia, su misericordia, su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia... Es una lucha que prosigue cada día; Dios es nuestro aliado; la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”. Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida”.

“Aprendamos, por tanto, de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. ¡Era buena esta viuda!, Sabía luchar por sus hijos! Pienso en tantas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan jamás! Un recuerdo hoy, de todos nosotros, a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de fe, de coraje, un modelo de oración... Rezar siempre, ¡pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros de qué cosa tenemos necesidad! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, cada momento, para vencer el mal con el bien”


lunes, 21 de octubre de 2013

El papa en el Ángelus recuerda que la oración nos hace sentir más cerca a Dios

Un domingo más, el santo padre se ha unido a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro para rezar juntos el Ángelus. Minutos antes de comenzar la oración mariana, en la Vía de la Conciliación se ha estado celebrando la iniciativa del Consejo Pontificio de la Cultura y el Centro Deportivo Italiano, "100 metros de carrera y de fe", en la que personas de todas las edades y representando distintas nacionalidades han realizado el tramo corriendo, en esta actividad que se enmarca en el Año de la Fe.

Con este evento se ha querido subrayar la importancia del deporte como bien cultural, educativo y espiritual y llamar la atención de los diversos componentes del mundo católico sobre el papel formativo que puede asumir el deporte en la catequesis cristiana. Durante el desarrollo del evento, varios corredores han dado testimonio y compartido con los presentes su historia de fe y el mundo del deporte.

Ante una repleta plaza de San Pedro y alrededores, el santo padre ha reflexionado sobre la viuda del Evangelio de hoy, invitando a los presentes y a los fieles a no cansarse nunca de rezar, porque Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa qué necesitamos o porque no nos escuche.

 Del mismo modo, Francisco ha recordado que en "nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda".

En la jornada mundial misionera que se celebra hoy, el santo padre ha querido recordar que la misión de la Iglesia es difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo. Así, ha nombrado a dos testigos de la fe que supieron cumplir esta misión de anunciar el Evangelio aunque les costara la vida; Afra Martinelli, italiana asesinada en Nigeria hace unos días y Stefano Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest.

 Un pensamiento especial también hoy para las mujeres, que como la viuda del Evangelio, luchan por su familia, que rezan, que no se rinden nunca. Un recuerdo hoy todos nosotros a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de bien, de valentía, de poder de la oración. También ha saludado especialmente a las madres argentinas, ya que hoy se celebra el día de la madre en la tierra natal del papa.

domingo, 20 de octubre de 2013

Algunos Tweets del Papa Francisco que nos hacen pensar

Seguir a Jesús significa ponerlo en primer lugar, despojándonos de tantas cosas que ahogan nuestro corazón.

No nos resignemos ante el mal. Dios es Amor que ha vencido al mal con la muerte y resurrección de Cristo.

Nuestra oración no se puede reducir a una hora el domingo; es importante tener una relación cotidiana con el Señor.

Queridos jóvenes, no tengan miedo a dar pasos definitivos en la vida. Tengan confianza, el Señor no los abandonará.

Señor, ten piedad! Muchas veces nuestras vidas cómodas nos ofuscan y nos impiden ver a los que mueren a nuestro lado.

Seguir a Jesús significa ponerlo en primer lugar, despojándonos de tantas cosas que ahogan nuestro corazón.

El misterio de la cruz, misterio de amor, sólo se puede comprender en la oración. Recen y lloren de rodillas ante la cruz.

El secreto de la vida cristiana es el amor. Sólo el amor llena los vacíos, las profundidades negativas que el mal crea en los corazones.

La misericordia es lo único que puede salvar al hombre y al mundo del pecado y del mal.

Queridos jóvenes, ustedes tienen muchos proyectos y sueños para el futuro. ¿Ponen a Cristo en el centro de sus proyectos y de sus sueños?

¿Rezamos de verdad? Sin una relación constante con Dios, es difícil llevar una vida cristiana auténtica y coherente.

Donde haya odio y oscuridad, pongamos un poco de amor y de esperanza, para darle un rostro más humano a la sociedad.

Todos los matrimonios pasan por momentos difíciles, pero estos encuentros con la Cruz nos fortalecen para recorrer el camino del amor.

No nos hacemos cristianos por nuestras propias fuerzas. La fe es un don de Dios que se nos da en la Iglesia y por medio de la Iglesia.


¡El perdón de Dios es más fuerte que cualquier pecado!

sábado, 19 de octubre de 2013

Lucas nos dió a conocer a todos a Cristo


La Iglesia celebra a san Lucas poniendo en la liturgia el pasaje de los setenta y dos discípulos que salen predicar la palabra de Dios. Lucas nos narra aquí la alegre partida del primer grupo de predicadores de la historia cristiana. Más adelante nos narrará, en los Hechos, los frutos imparables de esta primera predicación.

¿Sabía san Lucas que el Evangelio llegaría con la velocidad de un reguero de pólvora a todo el mundo conocido? ¿Sabía que esa locura en la que él había creído conquistaría miles de millones de vidas?

Sabemos, ciertamente que Lucas creyó, y creyó con tal fuerza que nos quiso escribir los avances incontenibles de la fe por la que había apostado en la vida y por la que había dado todo lo que tenía. Desde el cielo, Lucas nos mira continuamente y -estoy seguro- arde en deseos de gritarnos que creamos, que confiemos, que estemos seguros de que todo esfuerzo por transmitir la fe tiene a Dios por garantía infalible y que, por lo tanto, dará su fruto. Pero sin perder de vista que nuestra primera misión somos nosotros mismos.

Cristo, lo fundamental que hizo fue obedecer al Padre respecto a la voluntad que Éste tenía para Él, y así consiguió para nosotros la salvación. Pues nosotros, como empresa apostólica primera tenemos la salvación de nuestra alma, y el cumplimiento de la Voluntad de Dios sobre nosotros. No suceda, como dice san Pablo, que habiendo predicado a otros, yo vaya a ser reprobado.
 Fuente: Catholic.net

Papa Francisco.Más allá de la esclavitud de la ganancia a toda costa

No es tolerable el “escándalo” del hambre en un mundo en el que un tercio de la producción alimentaria “no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores”. La denuncia llega del Papa Francisco, quien, en un mensaje enviado al director general de la FAO,  José Graziano da Silva,  con ocasión de la Jornada mundial de la alimentación, invoca un cambio de mentalidad frente a la tragedia “en la que viven todavía millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños”.
Una tragedia que para el Pontífice no hay que afrontarla según la lógica ocasional de
la emergencia, sino como “un problema que interpela nuestra conciencia personal y social” y exige “una solución justa y duradera”.

Por esto el obispo de Roma pide superar actitudes de indiferencia o acostumbramiento y “abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa”, para “repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios”. Hay que derrotar, en particular, “la lógica de la explotación salvaje de la creación” —dice el mensaje que leyó el observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el arzobispo Luigi Travaglino, en el curso de la ceremonia del miércoles 16 de octubre por la mañana en la sede de la organización en Roma— a través del “compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos”.

Recordando que “nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios”, el Papa Francisco exhorta a todos a un serio examen de conciencia “sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida” alimentario, marcado con demasiada frecuencia “por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos”. Y vuelve a poner en guardia contra las consecuencias de la «cultura del descarte», que sacrifica “hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo”, y de la «globalización de la indiferencia», que “nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal”. El problema del hambre, en sustancia, no es sólo económico o científico, sino también y sobre todo ético y antropológico. “Educar en la solidaridad —advierte de ahí el Pontífice— significa entonces educarnos en la humanidad” y comprometerse para edificar una sociedad que tenga “siempre en el centro a la persona y su dignidad”.

martes, 15 de octubre de 2013

Con Jesús ante el Sagrario

Un pequeño grupo de oración en la capilla, delante del Sagrario . Un sacerdote leyendo y comentando el evangelio del domingo para ayudarnos en la meditación.

Y Tú, derramando todo tú amor sobre mi y yo, sintiendo como mi corazón se llena de amor hacia Ti. ¡Qué bálsamo para mi alma! No hay medicina mejor para todos los dolores y las tristezas de este mundo. 

Dejarse amar por Ti, sentirse querido por ti. Amándote, sólo amándote. Porque yo te amo Señor, más que a nada ni a nadie. 

Ya sé que te niego muchas veces, que no correspondo a tu amor, que no te veo en mis hermanos, que la locura de este mundo me puede y me absorbe. Que mis reacciones, a veces, hacen daño y te hacen daño. Que no soy humilde, ni merezco ese amor tan inmenso que me tienes.

Pero Señor, aunque no lo parezca, Tú eres el centro de mi vida, por Ti me levanto cada mañana, en Ti pienso cuando el fin de mi vida llegue.

Ayúdame Señor, en demostrarte este amor, ayúdame en que sea una realidad que Tú seas el centro de mi vida. Ayúdame Señor, sin Ti no soy ni puedo hacer nada.

Tú nos dices que no nos cansemos de orar, que no nos desanimemos sin tardas en concedernos nuestras peticiones. Ayúdame para que la oración sea una constante en mi vida.
H. de Carmen

lunes, 14 de octubre de 2013

Mensaje del Papa a los fieles presentes en santurarios marianos de todo el mundo por la vigilia de oración



Ciudad del Vaticano, 12 de octubre de 2013 (VIS).- Al final de la ceremonia mariana en la Plaza de San Pedro, la imagen de la Virgen de Fatima fue transportada en helicóptero al santuario romano del Divino Amor.
 
A las 19.30, diversos santuarios marianos de todo el mundo, se conectaron con el Divino Amor para rezar el Rosario y participar en la vigilia de oración "Con María más allá de la noche”, que concluye al alba con la peregrinación tradicional a ese santuario.
 
El Papa Francisco ha grabado un mensaje en vídeo transmitido antes del Rosario y cuyo texto es el siguiente:
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
Saludo a todos los peregrinos que están en el Santuario del Divino Amor, y a los que se conectan desde los santuarios marianos de Lourdes, Nazaret, Luján, Vailankanni, Guadalupe, Akita, Nairobi, Benneux, Częstochowa y Marian Valley.
 
Esta tarde me siento unido a todos ustedes en la recitación del Santo Rosario y en la Adoración Eucarística bajo la mirada de la Virgen María.
 
La mirada. ¡Qué importante es! ¡Cuántas cosas pueden decirse con una mirada! Afecto, aliento, compasión, amor, pero también reproche, envidia, soberbia, incluso odio. Con frecuencia, la mirada dice más que las palabras, o dice aquello que las palabras no pueden o no se atreven a decir.
 

¿A quién mira la Virgen María? Nos mira a todos, a cada uno de nosotros. Y, ¿cómo nos mira? Nos mira como Madre, con ternura, con misericordia, con amor. Así ha mirado al hijo Jesús en todos los momentos de su vida, gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos, como contemplamos en los Misterios del Santo Rosario, simplemente con amor.
 
Cuando estamos cansados, desanimados, abrumados por los problemas, volvámonos a María, sintamos su mirada que dice a nuestro corazón: "¡Animo, hijo, que yo te sostengo!" La Virgen nos conoce bien, es madre, sabe muy bien cuáles son nuestras alegrías y nuestras dificultades, nuestras esperanzas y nuestras desilusiones. Cuando sintamos el peso de nuestras debilidades, de nuestros pecados, volvámonos a María, que dice a nuestro corazón: "!Levántate, acude a mi Hijo Jesús!, en él encontrarás acogida, misericordia y nueva fuerza para continuar el camino".
 
La mirada de María no se dirige solamente a nosotros. Al pie de la cruz, cuando Jesús le confía al Apóstol Juan, y con él a todos nosotros, diciendo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", los ojos de María están fijos en Jesús. Y María nos dice, como en las Bodas de Caná: "Haced lo que él os diga". María indica a Jesús, nos invita a dar testimonio de Jesús, nos guía siempre a su Hijo Jesús, porque sólo en él hay salvación, sólo él puede trasformar el agua de la soledad, de la dificultad, del pecado, en el vino del encuentro, de la alegría, del perdón. Sólo él.
 
"Bienaventurada porque has creído". María es bienaventurada por su fe en Dios, por su fe, porque la mirada de su corazón ha estado siempre fija en Dios, en el Hijo de Dios que ha llevado en su seno y que ha contemplado en la cruz. En la Adoración del Santísimo Sacramento, María nos dice: "Mira a mi Hijo Jesús, ten los ojos fijos en él, escúchalo, habla con él. Él te mira con amor. No tengas miedo. Él te enseñará a seguirlo para dar testimonio de él en las grandes y pequeñas obras de tu vida, en las relaciones de familia, en tu trabajo, en los momentos de fiesta; te enseñará a salir de ti mismo, de ti misma, para mirar a los demás con amor, como él, que te ha amado y te ama, no de palabra, sino con obras".
 
¡Oh María!, haznos sentir tu mirada de Madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos "de escaparate", sino de los que saben "mancharse la manos" para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz”.

domingo, 13 de octubre de 2013

El papa Francisco le confía el mundo a María, Virgen de Fátima

Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia materna
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.


Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.
con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de madre
el acto por el nos ponemos hoy bajo tu protección
con confianza, ante esta tú imagen
tan querida por todos nosotros.

Estamos seguros que cada uno de nosotros es preciosos a tus ojos
y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.
Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.

Protege nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.
Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres,
hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores
y por los que tienen el corazón perdido:
reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales
a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús.

Amén.

sábado, 12 de octubre de 2013

¡Vigilar siempre con Jesús! El Papa el viernes


 Debemos estar alerta siempre contra el engaño del demonio. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta, quien señaló también que no se puede seguir “a medias” la victoria de Jesús sobre el mal, y reiteró que no debemos confundir, relativizar la verdad en la lucha contra el demonio. 
Jesús expulsa los demonios y alguno empieza a dar explicaciones “para disminuir la fuerza del Señor”. El Obispo de Roma centró su homilía en el Evangelio de hoy recordando que existe siempre la tentación de minimizar la figura de Jesús como si fuese “en el mejor de los casos un curandero”, al cual no tomar “muy en serio”. Una actitud, observó, que “ha llegado hasta nuestros días”:

“Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros, dicen: “Pero, Jesús ha sanado a una persona con una enfermedad mental”. No leen esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión de demonio; ¡pero también es cierto que existía el demonio! Y nosotros no tenemos derecho a simplificar las cosas, como diciendo: ‘Todos esos no estaban poseídos; eran enfermos mentales’. ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio”.

Por esta razón, advirtió, “no debemos ser ingenuos”. El Santo Padre observó luego que el Señor nos da algunos criterios para “discernir” la presencia del mal y para seguir el “camino cristiano cuando hay tentaciones”. Uno de los criterios es “no seguir la victoria de Jesús sobre el mal” sólo “a medias”. “O estás conmigo - dice el Señor - o estás contra mí”. Jesús, añadió, ha venido para destruir al demonio, “a liberarnos” de la “esclavitud del demonio sobre nosotros”. Y, advirtió, no se puede decir que así “exageramos”. “En este tema - dijo - no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna” de todos nosotros. Luego está el criterio de la vigilancia. “Siempre debemos vigilar -exhortó el Papa- vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno”:

“Podemos hacernos la pregunta: ‘¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos’? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?’ Si tú no te custodias, viene aquel que es más fuerte que tú. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte el botín. ¡La vigilancia! Pero, tres criterios, ¡eh! No hay que confundir la verdad. Jesús lucha contra el demonio: primer criterio. Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias. Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Jamás ha sido expulsado para siempre! Sólo el último día lo será”.

Cuando el espíritu impuro sale del hombre, ha recordado el Papa, “deambula por lugares desiertos, buscando reposo, y no encontrándolo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’ Y cuando la encuentra ‘barrida y ordenada’, va ‘toma otros siete espíritus peores que él, entran y se instalan ahí’. Y, de esta manera, “la última condición de aquel hombre resulta peor que la primera”:
“Vigilancia, porque la estrategia del demonio es ésta: ‘Te has convertido en cristiano, va adelante en la fe, te dejo, te dejo tranquilo. Pero luego, cuando te has acostumbrado, y no vigilas tanto, y te sientes seguro, yo regreso’. El Evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y el demonio ¡que regresa! San Pedro lo decía: ‘Es como un león feroz, que da vueltas a nuestro alrededor’. Es así. ‘Pero, Padre, ¡usted es un poco anticuado! Nos asusta con estas cosas’... ". No, ¡yo no! ¡Es el Evangelio! Y no son mentiras: ¡es la Palabra del Señor! Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! Por favor, ¡no negociemos con el demonio! Él trata de volver a la casa, de tomar posesión de nosotros... No relativizar, ¡vigilar! ¡Y siempre con Jesús! (RC-RV)

VIRGEN DEL PILAR

Etimológicamente significa " pila". Viene de la lengua latina.

Este nombre, uno de los más abundantes en España tiene un origen curioso. Fue la misma Virgen María la que se apareció al apóstol Santiago que estaba desanimado mientras evangelizaba la patria española.


Se le apareció en carne mortal cuando, junto al Ebro, y sentado en una piedra o pila quería llegar hasta otros lugares predicando la Buena Nueva del Evangelio.

Santiago llevaba inscritas en su corazón las últimas recomendaciones de Jesús:"Id por todo el mundo predicando el Evangelio y bautizando a la gente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

Con el paso del tiempo, los zaragozanos le hicieron una inmensa y preciosa basílica levantada en su honor en el primer milenio, aunque haya sufrido muchas reformas arquitectónicas.

Hay que tener en cuenta que España ha sufrido muchas invasiones, pero es seguro que ya existía en la época de los Visigodos.

Dicen que la misma Virgen le dejó una imagen como recuerdo del inolvidable encuentro. Y el mandato de que le construyera allí un templo.

Según dice la Tradición, esto sucedía en el año 40. Científicamente no está nada comprobado a nivel de papeles. Sin embargo, el testimonio vivo de tantos miles y miles de personas que van en peregrinación a este santo lugar mariano, demuestran fehacientemente que la fe no viene del aire sino de personas que, generación tras generación, viven su devoción a la Virgen de forma continuada.

Juntamente con el sepulcro de Santiago en Galicia y el Pilar de Zaragoza son dos polos de espiritualidad palpable en España y con proyección a todo el universo.

Hoy es la fiesta nacional en España y también el día de la Hispanidad. Las banderas de las naciones sudamericanas llenan este lugar. En la misa de hoy se leen estas palabras:"La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de América en este día".

¡Felicidades a las personas que lleven este nombre!

Si quieres saber más consulta

El Pilar de Nuestra Fe de Jesús Martí Ballester


jueves, 10 de octubre de 2013

Es necesario pedir, buscar y llamar, el Papa el jueves


En la oración debemos ser valientes y descubrir cuál es la verdadera gracia que nos ha sido dada, o sea Dios mismo: Lo dijo el Papa en la misa de la mañana del jueves en la Casa de Santa Marta. 

El Santo Padre centró su homilía en el Evangelio propuesto por la liturgia del día: Jesús hace hincapié en la necesidad de orar con confiada insistencia. La parábola del amigo inoportuno, que gracias a su insistencia consigue lo que quiere, fue el punto de partida de la reflexión del Papa, quien meditó sobre la calidad de nuestra oración:

“Nosotros, ¿cómo oramos? Oramos así no más por costumbre, piadosamente pero tranquilos, por costumbre, ¿o con coraje nos ponemos ante el Señor para pedir la gracia, para pedir por aquello por lo que oramos? El valor en la oración: una oración que no sea valiente no es una verdadera oración. El coraje de tener confianza que el Señor nos escuche, el coraje de llamar a la puerta… El Señor lo dice: ‘Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama, se le abrirá’. Pero es necesario pedir, buscar y llamar”.

“Nosotros, ¿nos involucramos en la oración?” – preguntó el Papa – “¿Sabemos llamar al corazón de Dios?”. 

En el Evangelio, Jesús dice: “Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan”. Esto - notó el Papa – “es una gran cosa”:

“Cuando oramos con valor, el Señor nos da la gracia, y también se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! El Señor nunca da o manda una gracia por correo: ¡nunca! ¡la lleva Él! ¡Es Él, la gracia! Lo que nosotros pedimos es un poco como... el papel en el que se envuelve la gracia. Pero la verdadera gracia es Él que viene trayéndomela. Es Él. Nuestra oración, si es valiente, recibe aquello que pedimos, pero también aquello que es más importante: el Señor”.

En los Evangelios - observó el Papa – “algunos reciben la gracia y se van”: de los diez leprosos sanados por Jesús, sólo uno regresó a darle las gracias. También el ciego de Jericó encuentra al Señor en la curación y alaba a Dios. Pero es necesario orar con el “valor de la fe” empujándonos a pedir también aquello que la oración no se atreve a esperar, es decir, a Dios mismo:

“Pedimos la gracia, y no nos atrevemos a decir: ‘Pero tráela tú’. Sabemos que la gracia es siempre traída por Él: es Él quien viene y nos la da. Nosotros damos la fea impresión de tomar la gracia y no reconocer a quien nos la trae, aquel que nos la da: el Señor. Que el Señor nos conceda la gracia de darse a sí mismo, siempre, en cada gracia. Y que nosotros lo reconozcamos, y que lo alabemos como aquellos enfermos sanados del Evangelio. Porque en aquella gracia hemos encontrado al Señor”. (RC-RV)

Alegría de Cristo. Alegría del cristiano de Pablo VI

Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras íntimas del Hijo de Dios hecho hombre.

Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre. Después de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de su Encarnación, se hace manifiesto: «Tu eres mi hijo amado, mi predilecto» (Lc 3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús.

Es una presencia que nunca lo abandona (cf. Jn 16,32). Es un conocimiento íntimo el que lo colma: «El Padre me conoce y yo conozco al Padre» (Jn 10,15). Es un intercambio incesante y total: «Todo lo que es mío es tuyo, y todo lo que es tuyo es mío» (Jn 17,19).

El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y de disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitación recíproca: «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,10). En correspondencia, el Hijo tiene para con el Padre un amor sin medida: «Yo amo al Padre y procedo conforme al mandato del Padre» (Jn 14,31). Hace siempre lo que place al Padre, es ésta su «comida» (cf. Jn 8,29; 4,34).

Su disponibilidad llega hasta la donación de su vida humana, su confianza hasta la certeza de recobrarla: «Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo» (Jn 10,17). En este sentido, él se alegra de ir al padre. No se trata, para Jesús, de una toma de conciencia efímera: es la resonancia, en su conciencia de hombre, del amor que él conoce desde siempre, en cuanto Dios, en el seno de Padre: «Tú me has amado antes de la creación del mundo» (Jn 17,24). Existe una relación incomunicable de amor, que se confunde con su existencia de Hijo y que constituye el secreto de la vida trinitaria: el Padre aparece en ella como el que se da al Hijo, sin reservas y sin intermitencias, en un palpitar de generosidad gozosa, y el Hijo, como el que se da de la misma manera al Padre con un impulso de gozosa gratitud, en el Espíritu Santo.


De ahí que los discípulos y todos cuantos creen en Cristo, estén llamados a participar de esta alegría. Jesús quiere que sientan dentro de sí su misma alegría en plenitud: «Yo les he revelado tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y también yo esté en ellos» (Jn 17,26).

Esta alegría de estar dentro del amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es la alegría del Reino de Dios. Pero es una alegría concedida a lo largo de un camino escarpado, que requiere una confianza total en el Padre y en el Hijo, y dar una preferencia a las cosas del Reino.

El mensaje de Jesús promete ante todo la alegría, esa alegría exigente; ¿no se abre con las bienaventuranzas? «Dichosos vosotros los pobres, porque el Reino de los cielos es vuestro. Dichosos vosotros lo que ahora pasáis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos vosotros, los que ahora lloráis, porque reiréis» (Lc 6,20-21).

Misteriosamente, Cristo mismo, para desarraigar del corazón del hombre el pecado de suficiencia y manifestar al Padre una obediencia filial y completa, acepta morir a manos de los impíos (cf. Hech 2,23), morir sobre una cruz. Pero el Padre no permitió que la muerte lo retuviese en su poder. La resurrección de Jesús es el sello puesto por el Padre sobre el valor del sacrificio de su Hijo; es la prueba de la fidelidad del Padre, según el deseo formulado por Jesús antes de entrar en su pasión: «Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique» (Jn 17,1). Desde entonces Jesús vive para siempre en la Gloria del Padre, y por esto mismo los discípulos se sintieron arrebatados por una alegría imperecedera al ver al Señor, el día de Pascua.

Sucede que, aquí abajo, la alegría del Reino hecha realidad, no puede brotar más que de la celebración conjunta de la muerte y resurrección del Señor. Es la paradoja de la condición cristiana que esclarece singularmente la de la condición humana: ni las pruebas, ni los sufrimientos quedan eliminados de este mundo, sino que adquieren un nuevo sentido, ante la certeza de compartir la redención llevada a cabo por el Señor y de participar en su gloria.

 Por eso el cristiano, sometido a las dificultades de la existencia común, no queda sin embargo reducido a buscar su camino a tientas, ni a ver la muerte el fin de sus esperanzas. En efecto, como yo lo anunciaba el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (Is 9,1-2). El Exsultet del pregón pascual canta un misterio realizado por encima de las esperanzas proféticas: en el anuncio gozoso de la resurrección, la pena misma del hombre se halla transfigurada, mientras que la plenitud de la alegría surge de la victoria del Crucificado, de su Corazón traspasado, de su Cuerpo glorificado, y esclarece las tinieblas de las almas": «Et nox illuminatio mea in deliciis meis» [6].


 La alegría pascual no es solamente la de una transfiguración posible: es la de una nueva presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Espíritu, para que habite en ellos. Así el Espíritu Paráclito es dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de esposa de Cristo glorificado. El lo envía de nuevo para recordar, mediante el ministerio de gracia y de verdad ejercido por los sucesores de los Apóstoles, la enseñanza misma del Señor. El suscitó en la Iglesia la vida divina y el apostolado. Y el cristiano sabe que este Espíritu no se extinguirá jamás en el curso de la historia. La fuente de esperanza manifestada en Pentecostés no se agotará.