lunes, 17 de septiembre de 2012

Sacramento de la Reconciliación

El amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el sacramento de la Reconciliación. Debido a la relación entre estos sacramentos, una auténtica catequesis sobre el sentido de la Eucaristía no puede separarse de la propuesta de un camino penitencial.

 Efectivamente, como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la Comunión sacramental.

En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. 

Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios. Además, la relación entre la Eucaristía y la Reconciliación nos recuerda que el pecado nunca es algo exclusivamente individual; siempre comporta también una herida para la comunión eclesial, en la que estamos insertados por el Bautismo.

   Benedicto XVI, Exhortación apostólica post sinodal Sacramentum caritatis, n. 20

viernes, 14 de septiembre de 2012

Ninguna oración se pierde, por Benedicto XVI


Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, que se desarrolló en el Aula Pablo VI, a la oración en la segunda parte del libro del Apocalipsis, “una plegaria que se orienta al mundo entero, pues la Iglesia camina en la historia y forma parte de ella”. 

En esta segunda parte, la asamblea cristiana está llamada a “leer en profundidad la historia que vive, aprendiendo a discernir con la fe los acontecimientos, para colaborar con su acción, en la extensión del reino de Dios. Y esta obra de lectura y discernimiento, al igual que la de acción, está ligada estrechamente a la oración”. 


En el Apocalipsis la asamblea es invitada a subir al cielo “para mirar la realidad con los ojos de Dios” ; el relato de San Juan describe los tres símbolos que encuentra para leer la historia: el trono de Dios, el libro y el Cordero. En el trono está sentado Dios omnipotente que “no se ha quedado sólo en su cielo, sino que se acercó al hombre, estableciendo una alianza con él”. El libro “contiene el plan de Dios sobre los acontecimientos y los hombres, pero está cerrado herméticamente con siete sellos y nadie puede leerlo”. Ahora bien, “hay un remedio al desamparo del ser humano ante el misterio de la historia:  alguien es capaz de abrir el libro e iluminarlo”. 


Ese alguien, se manifiesta en el tercer símbolo: Cristo, “el Cordero, inmolado en el sacrificio de la Cruz, pero de pie, como signo de su resurrección. El Cordero, Cristo muerto y resucitado, progresivamente abrirá los sellos desvelando el plan de Dios, el sentido profundo de la historia”. 


Estos símbolos, explicó el Papa, nos recuerdan “cual es la clave para descifrar los acontecimientos de la historia y de nuestra vida. Levantando los ojos al Cielo de Dios, en la relación constante con Cristo (...) en la oración personal y comunitaria, aprendemos a ver las cosas de forma nueva y a captar su significado verdadero”. El Señor invita a la comunidad cristiana “a considerar con realismo el presente que vive. Cuando el Cordero abre los cuatro primeros sellos, la Iglesia ve el mundo en que hay diversos males (...) los males debidos a la acción del hombre como la violencia (...) o la injusticia. A estos se suman los que el hombre debe padecer como la muerte, el hambre, la enfermedad”. 


“Ante estas realidades, a menudo dramáticas, la comunidad eclesial está llamada a no perder nunca la esperanza, a creer firmemente que la aparente omnipotencia del Maligno se enfrenta con la omnipotencia verdadera que es la de Dios”. San Juan habla de la entrada en escena de un caballo blanco, símbolo de que “en la historia del ser humano ha entrado la fuerza de Dios, que no solo es capaz de servir de contrapeso al mal, sino de derrotarlo (...) Dios se hizo tan cercano como para descender en la oscuridad de la muerte para iluminarla con el esplendor de su vida divina; ha cargado con el mal del mundo para purificarlo con el fuego de su amor”. 

“¿Como crecer en esta lectura cristiana de la realidad? El Apocalipsis nos dice que la oración alimenta en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades esta visión de luz y de profunda esperanza (...) La Iglesia vive en la historia, no se encierra en sí misma, afronta con valor su camino en medio de dificultades y sufrimientos, afirmando con fuerza que el mal no puede con el bien, que la oscuridad no ofusca el esplendor de Dios. Es un punto muy importante también para nosotros; como cristianos nunca podemos ser pesimistas (...) La oración, sobre todo, nos educa a discernir los signos de Dios, su presencia y su acción ; más aún, a ser nosotros mismos luces del bien que difunden esperanza e indican que la victoria es de Dios”. 


Al final de la visión, un ángel pone constantemente granos de incienso en un incensario que después arroja sobre la tierra. Los granos, serían nuestras oraciones. “Tenemos que estar seguros -dijo el Papa- de que no hay oraciones superfluas o inútiles, ninguna se pierde (...) Dios no es insensible a nuestras súplicas (...) A menudo frente al mal tenemos la sensación de no poder hacer nada, pero es precisamente nuestra oración, la respuesta primera y más eficaz que podemos dar y que fortalece nuestro compromiso diario de difundir el bien. La potencia de Dios hace fecunda nuestra debilidad”. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Construye tu vida sembrando amor


A lo largo de la historia hemos conocido grandes hombres, hombres que han dejado una huella imborrable, y que su presencia ha marcado la vida de muchas personas; me viene a la mente el Papa Juan Pablo II, ¡quién no recuerda sus palabras, sus gestos, sus miradas! todo nos reporta la presencia de Dios en su vida y cómo todo lo hizo con amor.

Tenemos la figura única e irrepetible de Cristo, que como nos dice el Evangelio "pasó haciendo el bien" (Hch 10, 38), "Él es el Camino la Verdad y la Vida" (Jn 14,6), una vida dedicada a los demás,  uscando el bien humano y trascendente de cada hombre, ¡cuántos hombres que conociendo el mensaje de Jesús, se han dedicado a sembrar con amor el bien!, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola S.I., la Madre Teresa de Calcuta. Hoy nos toca a ti y a mí, por eso te dejo este mensaje, para que lo reflexiones.

La vida es un jardín;lo que siembres en ella, eso te devolverá, así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores más bellas.

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada, es una simiente; cada una tiene en sí el poder vital y germinativo.

A menudo sembrarás llorando, pero ¿quién sabe si tu simiente no necesita del riego de tus lágrimas para que germine?

Piensa que los vientos fuertes harán que tus raíces se hagan más profundas para que tu rosal resista mejor lo que habrá de venir. Y cuando tus hojas caigan, no te lamentes; serán tu propio abono, reverdecerás y tendrás flores nuevas.

¿Rompió el alba y ha nacido el día? ¡Salúdalo y Siembra! 

¿Llegó la hora cuando el sol te azota?
¡Abre tu mano y arroja la semilla!

¿Ya teenvuelven las sombras porque el sol se oculta? 
¡Eleva tu plegaria y Siembra! y cuando llegue el atardecer de tu vida, enfrentarás la muerte con los brazos cargados y una sonrisa de satisfacción.

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada es una simiente. Procura siempre: "Una Siembra de Amor". Al final de la vida, cuando nos pidan cuentas, nos pedirán cuentas del amor, de lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.
P. Dennis Doren 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cristo cura al hombre sordo y mudo interiormente para que escuche Dios, dice el Papa



En su reflexión previa al Ángelus de este domingo, el Papa Benedicto XVI explicó que así como cuando el Señor cura a un sordomudo, también se ha hecho hombre para que todo hombre, sordo y mudo interiormente a causa del pecado, se cure y pueda escuchar a Dios para anunciarlo a otros. 

El Papa hizo esta reflexión ante miles de fieles reunidos en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, refiriéndose al Evangelio de hoy en el que el Señor cura a un sordomudo luego de mirar al cielo y pronunciar la palabra "efatá", que significa "ábrete". 

El Santo Padre dijo luego que "aquel sordomudo, gracias a la intervención de Jesús, ‘se abrió’; antes estaba cerrado, aislado, para él era muy difícil comunicar; la sanación fue para él una ‘apertura’ hacia los otros y al mundo, una apertura que, partiendo de los órganos del oído y de la palabra, involucraba toda su persona y su vida: finalmente podía comunicar y por tanto relacionarse de manera nueva". 

"Pero todos sabemos que el cerrarse del hombre, su aislamiento, no depende solo de los órganos sensoriales. Existe una cerrazón interior, que concierne el núcleo profundo de la persona, aquel que la Biblia llama el ‘corazón’". 

Esto, prosigue el Papa, es lo "que Jesús ha venido a ‘abrir’, a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud las relaciones con Dios y con los demás. He aquí por qué decía que esta pequeña palabra, ‘efatá – ábrete’, resume en sí toda la misión de Cristo". 

Cristo "se ha hecho hombre para que el hombre, vuelto por el pecado interiormente sordo y mudo, se vuelva capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los otros". 

Por este motivo, explicó Benedicto XVI, "la palabra y el gesto del ‘efatá’ han sido insertados en el Rito del Bautismo, como uno de los signos que nos explican su significado: el sacerdote, tocando la boca y las orejas del neo-bautizado dice: ‘Efatá’, orando para que este pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe. Mediante el Bautismo, la persona humana inicia, por decirlo así, a ‘respirar’ el Espíritu Santo, aquel que Jesús había invocado del Padre con aquel suspiro, para curar al sordomudo". 

"Nos dirigimos ahora en oración a María Santísima, de quien ayer hemos celebrado la Natividad. Por motivo de su singular relación con el Verbo encarnado, María está plenamente «abierta» al amor del Señor, su corazón está constantemente en escucha de su Palabra". 

Para concluir el Santo Padre hizo votos para que "su maternal intercesión nos obtenga experimentar cada día, en la fe, el milagro del ‘efatá’, para vivir en comunión con Dios y con los hermanos". 

viernes, 7 de septiembre de 2012

SÁNAME, JESÚS


Jesús, tú que sanaste al sordomudo de su enfermedad.

Sáname también de mi sordera:
Por no oir a mis hermanos que pasan hambre.
Por no oír a los ancianos que están solos.
Por no oír a los enfermos que sufren.
Por no oír a mis compañeros que me piden ayuda.
Por no oír a los niños que no sienten el amor de sus padres.

Jesús sáname también por:
Callar cuando veo injusticias y no me quiero complicar la vida.
Callar cuando veo que en tú casa no nos comportamos como debemos.
Callar cuando debo corregir a los jóvenes y no lo hago por miedo a su reacción.
Callar cuando te ofenden y no te defiendo como tú te mereces.

Señor, sáname cuando "no quiero oír o cuando callo", tantas veces en que sé que tú esperas algo diferente de mí.
H. Carmen

Santa Regina. Virgen y Mártir

7 de septiembre: Santa Regina

Regina = "Reina", en latín

Hija de un ciudadano pagano de Alise, en Borgoña, la santa -cuya madre falleció al dar la luz- fue entregada a una nodriza que era cristiana y que la educó en la fe. 

Su belleza atrajo las miradas del prefecto Olybrius, quien, al saber que era de noble linaje, quiso casarse con ella, pero ella se negó a aceptarlo y no quiso atender los discursos de su padre, quien trataba de convencerla para que se casara con un hombre tan rico.

Ante su obstinación, su padre decidió encerrarla en un calabozo y, como pasaba el tiempo sin que Regina cediese, Olybrius desahogó su cólera haciendo azotar a la joven y sometiéndola a otros tormentos. 

Una de aquellas noches, recibió en su calabozo el consuelo de una visión de la cruz al tiempo que una voz le decía que su liberación esta próxima. Al otro día, Olybrius ordenó que fuera torturada de nuevo y que fuera decapitada después. 

En el momento de la ejecución, apareció una paloma blanquísima que causó la conversión de muchos de los presentes.
La devoción a la santa aumentó a partir del siglo VII.
EWTN

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mensaje del Papa en los funerales del Cardenal Martini

“Las palabras del salmista: `Lámpara para mis pasos es tu palabra, luz en mi camino` -escribe Benedicto XVI- resumen la existencia entera de este pastor generoso y fiel a la Iglesia. 

Ha sido un hombre de Dios que no solamente estudió la Sagrada Escritura, sino que la amó intensamente, haciendo de ella luz de su vida para que todo fuera `ad maiorem Dei gloriam`, para la mayor gloria de Dios. 

Precisamente por eso fue capaz de enseñar a los creyentes y a los que buscan la verdad que la única Palabra digna de ser escuchada, acogida y seguida es la de Dios, porque indica a todos el camino de la verdad y del amor. 

Lo fue con una gran apertura de ánimo, sin rechazar nunca el encuentro y el diálogo con todos, respondiendo concretamente a la invitación del Apóstol de `estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza`. 

Lo fue con espíritu de caridad pastoral profunda, según su lema episcopal `Pro veritate adversa diligere`, prestando atención a todas las situaciones, especialmente a las más difíciles; cercano, con amor a quien se encontraba perdido, era pobre o sufría”. 

“El Señor que ha guiado al cardenal Carlo Maria Martini en toda su existencia -concluye el Papa- acoja ahora a este incansable servidor del Evangelio y de la Iglesia en la Jerusalén del Cielo”. 

martes, 4 de septiembre de 2012

Anclado en la esperanza


Ocurrió. Cometí ese pecado que tanto daño me hizo. Falté a una promesa dada. No ayudé a un familiar que me necesitaba. Traicioné la confianza de un amigo. O, simplemente, fui víctima de los actos que otros cometieron con una malicia que me llena de rabia.

Ocurrió. A veces quedamos anclados en el pasado, inmovilizados por la pena ante lo sucedido. Una y otra vez nos lamemos la herida. La pena domina nuestras almas.

Vivir así, con la mirada puesta en los errores pasados, puede llevarnos hacia la apatía y la desgana, hacia tristezas enfermizas, hacia reproches continuos hacia otros o hacia uno mismo.

Tenemos, sin embargo, un presente en nuestras manos y un futuro abierto a mil posibilidades. Miradas de amigos y familiares me invitan a dar un paso hacia adelante, sin dejarme apresar por las arenas movedizas de un pasado que no puedo cambiar.

Incluso Dios mismo me mira con un afecto particular, intenso. Me busca para lavar mis faltas. Me invita a perdonar a quien me haya traicionado. Me lanza a edificar mi vida no desde lágrimas amargas sino desde una esperanza que viene de lo alto.

Necesito dejar de lado actitudes malsanas que me arrastran a la pereza. Sólo entonces empezaré a vivir anclado en la esperanza.

Amanece un nuevo día. Dios me renueva su amor de Padre y me regala su gracia. Tomado de su mano puedo emprender esta jornada con el deseo de dar mi tiempo, mis cualidades y mi corazón al servicio de quien necesita a su lado una mano amiga y llena de esperanza.
P. Fernando Pascual

sábado, 1 de septiembre de 2012

Carlo Maria Martini, la voz del diálogo en la Iglesia

Ha muerto el cardenal Martini

"He llegado al tiempo en el cual la edad y la enfermedad me envían una clara señal de que es hora de apartarse de las cosas de la Tierra para prepararme a la próxima llegada del Reino. Prometo mis oraciones para todas vuestras preguntas irresueltas. Pueda Jesús responder a los interrogantes más profundos en el corazón de cada uno de vosotros”. Hablaba así, abierto y paternal, el cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán durante dos décadas, muerto ayer de Parkinson con 85 años. Con estas frases, el 24 de junio, se despedía de los lectores del Corriere della Sera, desde cuyas columnas cada domingo contestaba a sus cartas llenas de observaciones y dilemas éticos y de fe. Lo hizo durante tres años, y hasta que tuvo fuerzas, con palabras humanas y sencillas. 

Culto, exégeta del Antiguo Testamento, autor de numerosos libros, traducciones y escritos, supo hablar a las personas, católicas y no, visitaba habitualmente las cárceles y, a pesar de que a menudo no llevara el gorro purpúreo, conquistó una autoridad tal que cuando, en 1984, las Brigadas Rojas quisieron reanudar el diálogo con el Estado, fueron a entregar las armas en su curia.

Italia acogió conmovida la noticia del fallecimiento de una de las voces más valientes y rompedoras en el seno de la Iglesia contemporánea. Una voz que siempre se levó para fomentar el diálogo entre las religiones, la judía y la musulmana, justo en la ciudad clave de la retórica xenófoba de la Liga Norte. Las campanas de su antigua Diócesis sonaron al unísono para anunciar su fallecimiento y el lunes, día del funeral en el Duomo, será luto ciudadano.

Martini se retiró en su vida íntima para prepararse ante la muerte, y cuando estaba cerca, la eligió digna y natural: “Rechazó cualquier encarnizamiento terapéutico y se mantuvo lúcido hasta el último momento”, contó su neurólogo. “Tras una última crisis, en agosto, no podía engullir. Pero rehusó la alimentación forzada con tubitos y sondas gastrointestinales”, contó el doctor.

Martini nació en Turín en 1927, con 17 años entró en la Compañía del Jesús para estudiar Filosofía y Teología. Fue ordenado sacerdote en 1952. Paolo VI le nombró Rector de la Pontificia universidad Gregoriana. Giovanni Paolo II, lo destinó a guiar la diócesis de Milán y el día de Reyes de 1980, en San Pedro, le ordenó obispo. En febrero, Martini toma las riendas de su Diócesis. Enseguida puso en marcha una serie de meditaciones —la Escuela de la palabra— sobre la Biblia que conducía en público en la catedral, con el objetivo de acercar las Escrituras a las personas. La iniciativa tuvo mucho éxito y resonancia. En 1983, Woytila le hizo cardenal. Tres años más tarde, en Varsovia, fue elegido presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas. Luego, lanzaría la cátedra de los no creyentes: ciclos de charlas donde dialogaba con laicos del mundo de la cultura, la política y las instituciones: “Cada uno guarda en sí a un creyente y a un no creyente que se interrogan recíprocamente”, dijo en la primera cita. Martini recibió en 2000 el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

En abril de 2002 obtuvo de Juan Pablo II el permiso de jubilarse, a pesar de que el Pontífice le invitara a quedarse un tiempo más. Su deseo era irse a Jerusalén para profundizar en sus estudios bíblicos. Y se fue. En 2005 iría a Roma para elegir en la silla de San Pedro a Joseph Ratzinger, el actual papa Benedicto XVI. En aquellos días de Concilio, algunos observadores especulaban que el mismo Martini fuera uno de los posibles sucesores de Woityla. No fue así. Volvió a Italia en 2008, ya anciano y bastante afectado por la enfermedad. Se retiró en una residencia de jesuitas a las afueras de Milán, donde pasó los últimos años estudiando, dando charlas y escribiendo.

Hace pocos meses salió Creer y conocer, fruto de una conversación con el exponente del Partido Democrático (centro izquierdas) Ignazio Marino. Un último libro que encendió el debate en Italia. En esas páginas, suerte de testamento ético, Martini encara con la valentía y humanidad que le caracterizaban los temas más espinosos que parecen contraponer la Iglesia a la sociedad contemporánea: el aborto y el principio de la vida; la fecundación asistida y la donación de los embriones; el uso del preservativo y la homosexualidad; la eutanasia. “Nunca, en él, el dogma venció sobre la vida real —comentó el teólogo Vito Mancuso—. Nunca la letra mató al espíritu. Martini fue uno de los ejemplos más límpidos del catolicismo liberal y no dogmático”.

Fuente: El País




viernes, 31 de agosto de 2012

La eucaristía hace la Iglesia mediante la consagración.

Es el sacrificio pascual de Jesús que nos une a su "sí" al Padre. Es el sacrificio del hombre mismo en cuanto muere al mundo y vive para Dios, del ser humano que reconoce el misterio y dice "sí". La  eucaristía, que nos presenta de nuevo la muerte de Jesús aceptada libremente en la última cena y repetida en su pasión, dispone al ser humano y lo empuja interiormente a decir su "sí" al misterio.


Para comprender mejor esta fuerza de la eucaristía, podríamos decir que este sacramento, al unirnos a Jesús en Getsemaní, hace  decir a la Iglesia y a la asamblea: "Sí, Padre, no lo que yo quiero sino lo que tú quieres". Es el segundo momento de quien ha captado el misterio y se adhiere a él dedicando su vida a Dios.


La Iglesia dice a sí a su misión, a su destino, a sus pruebas, a sus persecuciones.

El cristiano dice sí a la familia, al amor, a la vida, a la enfermedad, a la muerte, a todos los compromisos, queridos o no queridos, que le da la experiencia cotidiana.

Cada uno dice sí al hermano que está junto a él, aunque le resulte antipático y no consiga soportarlo, porque en la fuerza de la muerte de Cristo acoge toda su historia.

Carlo María Martini. Libro: ¡Remad mar adentro!

jueves, 30 de agosto de 2012

Neil Armstrong valoraba más haber pisado donde pisó Cristo que aquella huella sobre la Luna

Fue un hombre muy religioso, contrapunto de la pretensión de Khruschev de que Yuri Gagarin «no había visto a Dios» en el espacio.


 Corrían los años sesenta, y en la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética era importante "ser el primero". Los rusos, con Yuri Gagarin, fueron los primeros en conseguir que un hombre completara un viaje espacial completo. Fue en 1961, y Nikita Khrushev aprovechó la ocasión para una ocurrencia atea, proclamando en una reunión del Politburó: «Gagarin voló al espacio, pero no vio a Dios allí». El héroe ruso murió en 1968 en un accidente de avión, sin llegar a ver la siguiente gran hazaña de la navegación extraterrestre.




El 21 de julio de 1969 el Apolo XI, con aquella histórica tripulación (Neil Armstrong, Edwin "Buzz" Aldrin, Michael Collins), llegó a la órbita de la luna, y cuando el módulo tocó su superficie Armstrong descendió, dejó su huella y pronunció en directo, para millones de telespectadores, aquella frase: "Un pequeño paso por un hombre, un gran paso para la Humanidad". 


Tras los pasos de Cristo

Su fallecimiento  a los 82  años ha recordado sobre todo este momento, aunque también que llegó a la NASA tras un brillante historial militar que incluye 78 misiones de combate como piloto naval en Corea.
A diferencia de Gagarin, Armstrong era un hombre muy religioso y profundamente cristiano. Quizá la historia más conocida en ese sentido es la que sucedió en Jerusalén en 1988.


Neil visitó Jerusalén ese año, y le pidió a Thomas Friedman, un profesor experto en arqueología bíblica que le hizo de guía por la ciudad, que le llevase a un lugar donde pudiese tener la certeza de que había caminado Jesucristo.


El profesor, una de cuyas alumnas, Ora Shlesinger, ha relatado la historia más de una vez, llevó a Armstrong a los restos de escaleras del templo construido por Herodes el Grande que aún se conservan. "Estos peldaños constituían la principal entrada al templo", le dijo: "No hay duda de que Jesús subió por ellos".
Armstrong se concentró entonces profundamente y rezó durante un rato. Al terminar, se volvió a Friedman, y, emocionado, le dijo: "Para mí significa más haber pisado estas escaleras que haber pisado la Luna".

martes, 28 de agosto de 2012

Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 1


Pablo, Silvano y Timoteo a los tesalonicenses que forman la Iglesia de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.


Os deseamos la gracia y la paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos; y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente, y vuestro amor, de cada uno por todos y de todos por cada uno, sigue aumentando.

Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios, viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las persecuciones y luchas que sostenéis.
Así se pone a la vista la justa sentencia de Dios, que pretende concederos su reino, por el cual bien que padecéis.

Nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.

Estas palabras de Pablo debemos reflexionarlas con profundidad  todos los cristianos, ya que formamos parte de comunidades que seguimos a Cristo y  pertenecemos a la Iglesia católica.

¿Nuestra fe crece vigorosamente?. ¿Procuramos formarnos?. Cuánto más conozcamos a Jesús, más lo amaremos y más amaremos al Padre.

¿Nuestro amor de cada uno por todos y de todos por cada uno, existe?. Y si existe, ¿procuramos que vaya aumentando cada día?. O por lo contrario, vamos cada uno por nuestro lado y nos limitamos a "cumplir" con nuestras obligaciones dominicales.

¿Damos la paz a nuestros hermanos en la eucaristía, y después cuando los vemos por la calle pasamos de ellos?.  ¿Procuramos ayudar a los componentes de nuestra comunidad?. ¿Nos acercamos a ellos cuando los vemos tristes?.

¿Pablo daría gracias a Dios por nosotros?. Y sobre todo, ¿estamos traicionando a Jesús?.

Ahora no soportamos persecuciones como en tiempos de Pablo, pero sí que en algunas ocasiones no nos comprenden como quisiéramos, ¿ permanecemos firmes en nuestra fe y la defendemos?, o ¿procuramos no implicarnos y pasar desapercibidos?.

Ojalá que nuestras respuestas sean consecuentes con el amor que Dios nos tiene y si tenemos algún fallo, ya que somos humanos, intentemos cada vez más responder al amor de Dios y ser dignos de entrar en su Reino. 
H. Carmen

La falsedad es la marca del diablo. Benedicto XVI


VATICANO, 26 Ago. 12 / 10:05 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, junto a los fieles reunidos en su residencia de Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI recordó la traición de Judas, que permaneció no por amor sino por venganza, y cuya culpa más grave “fue la falsedad, que es la marca del diablo”.


El Santo Padre señaló que “Judas habría podido irse, como hicieron muchos discípulos; es más, habría debido irse, si hubiese sido honesto. En cambio permanece con Jesús. Permanece no por fe, no por amor, sino con el propósito secreto de vengarse del Maestro. ¿Por qué? Porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decide a su vez traicionarlo”.


“Judas era un zelote, y quería un Mesías vencedor, que guiase una revuelta contra los Romanos. Pero Jesús había desilusionado estas expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su culpa más grave fue la falsedad, que es la marca del diablo”.

El Papa indicó que por eso Jesús dijo a los doce apóstoles que “¡uno de ustedes es un diablo!”.

Benedicto XVI señaló que en el Evangelio de hoy indica que muchos seguidores de Jesús se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo “porque no creyeron en las palabras de Jesús que decía: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

“Para ellos esta revelación permanecía incomprensible, porque la entendían solo en sentido material, mientras en aquellas palabras estaba preanunciado el misterio pascual de Jesús, en el que Él se ha donado a si mismo para la salvación del mundo”.

El Santo Padre recordó que Jesús luego se dirige a los apóstoles y les pregunta si ellos también quieren irse y, “como en otros casos, es Pedro quien responde en nombre de los Doce: ‘Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios’”.

Al concluir, el Santo Padre pidió a la Virgen María que “nos ayude a creer en Jesús, como San Pedro, y a ser siempre sinceros con Él y con todos”.

Etiquetas: Benedicto XVI, Vaticano

LA VUELTA DEL DESCANSO



Jesús gracias por mis vacaciones en este tiempo tú has ocupado un sitio muy importante.

Antes de ir a la playa pasaba por la capilla y hablaba contigo, era la fuerza que me hacía rodar durante todo el día.

Meditaba junto al mar escuchando y miraba a todos en ocasiones sentia tristeza al oir hablar cosas no gratas de la Iglesia que somos todos, me hacia reflexionar cual ha de ser mi comportamiento ante todo y todos , hay que ser sal proyectar la luz de Cristo ante el mundo para que le conozcan los que no le buscan y se manifieste ante los que no preguntan por Él.

Hoy te pido por los alejados los que desearian conocerte y tener esperanza para que sus vidas sean más alegres y no tengan tanta tristeza ante los altos y bajos de su vida, imprégnalos de tu amor para que salgan del desánimo y vean que Tú muerte y resurección es el camino de la salvación.

Isabel

lunes, 27 de agosto de 2012

LA MIRADA DE DIOS


La mirada de Dios me penetra y me envuelve, me rodea y me busca, me invita y me respeta.

Dios no es indiferente ante mi pecado: toma en serio lo que hago y lo que dejo de hacer. No olvida que soy de barro y que necesito ayuda. No ignora lo bueno que Él mismo sembró en mi alma. No deja sin recompensa ese vaso de agua que ofrezco a quien me lo pide.

Así es tu mirada. No sé por qué la rehúyo, como si tuviera miedo de mis faltas, cuando lo que deseas es curar mis heridas. No sé por qué prefiero otros ojos, que un día me miran con aprecio y otro con indiferencia. No sé por qué escucho músicas o veo imágenes cuando podría dejarme envolver por el calor de tus pupilas de Padre bueno.

Pero cuando me dejo traspasar por tu mirada y te permito entrar en mi alma, todo adquiere un color diferente. Porque el mundo tiene sentido si surge desde tu Bondad y sise dirige hacia ti. Porque la vida es maravillosa cuando se explica desde esa palabra grande y sencilla: Amor.

Ante tu mirada todo cambia. Mi pecado se derrite si me acerco a la gran fiesta de la misericordia que se celebra en cada confesión. Mi corazón recobra fuerzas cuando me alimento del Pan de la vida. Mi cuerpo adquiere una luminosidad diferente, si ha quedado purificado desde el agua y la sangre que brotan del Calvario.

También cambia el rostro de quienes me rodean, pues descubro que son hijos tuyos, hermanos necesitados, como yo, de cariño, de perdón y de esperanza.

Este día y toda mi existencia puede ser diferentes si me pongo ahora, simplemente, lleno de confianza, ante tu mirada...

Autor: P. Fernando Pascual.  Fuente: Catholic.net