jueves, 22 de junio de 2017

«Algunos se casan “mientras dure el amor”. No: ¡para siempre! Si no, no te cases».


El Papa Francisco ha dedicado su catequesis de este miércoles a la santidad. «Se puede ser santo en la vida de todos los días. ¿Debemos rezar todo el día? No, debes cumplir con tu deber todo el día: rezar, ir a trabajar, cuidar de tus hijos. Pero todo hecho desde el corazón abierto a Dios»
«No pensemos que ser santo es una cosa difícil, ¡que es más fácil ser delincuente que santo! No. Podemos ser santos porque el Señor nos ayuda». Sin hombres y mujeres místicos, que rechazan todo dominio, que aspiran a la caridad y la fraternidad y aceptan el sufrimiento, «el mundo no tendría esperanza. Por esto les deseo –y deseo también para mi mismo– que el Señor nos conceda la esperanza de ser santos». Con estas palabras ha concluido el Papa Francisco su catequesis de este miércoles durante la audiencia general, dedicada a la esperanza vivida desde la perspectiva de los santos y de nuestra llamada a alcanzar la santidad.
«Somos polvo que aspira al cielo –ha afirmado el Santo Padre–. Débiles en nuestras fuerzas, pero potente el misterio de la gracia que está presente en la vida de los cristianos». A continuación, ha reproducido uno de sus frecuentes diálogos catequéticos: «”Padre, ¿se puede ser santo en la vida de todos los días?”. “Sí, sí se puede”. “¿Pero esto significa que debemos rezar todo el día?”. No, significa que debes cumplir con tu deber todo el día: rezar, ir a trabajar, cuidar de tus hijos. Pero todo» –el trabajo, también el sufrimiento– «hecho desde el corazón abierto a Dios».
«No estamos solos»
Si el cristiano «no cree que las fuerzas negativas y disgregantes puedan prevalecer», es porque «en cada momento nos asiste la mano de Dios, y también la discreta presencia» de los santos, ha explicado además el Pontífice. Ellos nos demuestran que «la vida cristiana no es un ideal inalcanzable».
Además, nos hacen saber que «no estamos solos, la Iglesia está compuesta de innumerables hermanos, a menudo anónimos, que nos han precedido y por la acción del Espíritu Santo están involucrados» en nuestras vivencias. «Los santos de Dios están siempre aquí, escondidos en medio de nosotros. Y cuando alguien invoca a un santo o santa, es porque está cerca de él».
En los momentos centrales de la vida
Por eso se les invoca en los momentos centrales de la vida cristiana: en primer lugar, durante la celebración del Bautismo. También se pide su intercesión en el Matrimonio, pues la gracia de Dios y su ayuda es imprescindible «para poder vivir la vida matrimonial para siempre».
En este punto, Francisco se ha detenido: «Quien ama de verdad tiene la necesidad y el valor de decir “para siempre”. No como dicen algunos: “Mientras dure el amor”. No: ¡para siempre! Si no, es mejor que no te cases. O para siempre o nada». Cuando la fidelidad a esta promesa se haga difícil, «hace falta el valor para alzar los ojos al cielo, pensando en tantos cristianos que han pasado por tribulaciones y han conservado blancos sus vestidos bautismales, lavándolos en la sangre del Cordero».
La invocación a los santos se realiza también sobre los sacerdotes, cuando están tendidos en el suelo en el día de su ordenación. «Un hombre, que permanece aplastado por el peso de la misión que se le confía, pero que al mismo tiempo siente todo el paraíso en sus espaldas, que la gracia de Dios no faltará».
María Martínez López

Dios, invitado a mi boda


«Por fin ha llegado: ¡nos casamos! Una vez decidido ¡hay tantas cosas que preparar! Vestido (¿qué novia no quiere estar guapa el día de su boda?), celebración, fiesta… un montón de detalles para celebrar la decisión más trascendental de nuestras vidas. Claro que, como sabemos, lo importante es el amor. Pero queremos compartir este momento con las personas más importantes para nosotros: padres, hermanos, familia, amigos… ¡que no se nos olvide nadie!».
Si estáis viviendo esto, ¡enhorabuena!; si tenéis claro que lo importantes es el amor, ¡enhorabuena! Efectivamente, todo lo demás tiene sentido si de verdad celebráis algo real: que, de verdad, os queréis; que el amor que os tenéis, crece; que os elegís mutuamente para ser felices y haceros felices; y que en adelante queréis repetir cada día de vuestra vida ¡sí, quiero! para volver a elegiros, en los días buenos y en los malos.
Si os casáis «por la Iglesia» es porque habéis querido invitar a Dios a vuestra boda: para que Él, que hizo nacer en vosotros este amor, lo lleve a plenitud.
En medio del jaleo de los preparativos podéis daros cuenta, de repente, de que se os está pasando por alto invitar a alguien que no queréis por nada del mundo que falte. O, tal vez, Le habéis invitado pero ¿le trataréis como merece o es una invitación sólo de nombre, para quedar bien cuando en realidad no os importa si viene o no? Como en el cuadro que acompaña este texto, en el que Jesús y su Madre están invitados a una boda, pero ¡nadie! les hace caso.
Y, sin embargo, el amor que os tenéis y que queréis teneros siempre sólo es posible si Cristo viene en vuestra ayuda.
No os olvidéis del invitado más importante: Aquél que garantiza que vuestro matrimonio es posible. Y así, todo lo demás tendrá sentido.
Mª Álvarez de las Asturias

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (6,7-15)




Los discípulos piden a Jesús: «Señor, enséñanos a orar»; y Él responde: «Cuando oréis, decid: “Padre...”». Esta palabra es el «secreto» de la oración de Jesús, es la llave que Él mismo nos da para que podamos entrar también en esa relación de diálogo confidencial con el Padre que le ha acompañado y sostenido toda su vida.

Al apelativo «Padre» Jesús asocia dos peticiones: «sea santificado tu Nombre, venga a nosotros tu reino». La oración de Jesús, y por lo tanto la oración cristiana, es antes que nada un dejar sitio a Dios, permitiendo que manifieste su santidad en nosotros y dejando avanzar su reino, a partir de la posibilidad de ejercer su señorío de amor en nuestra vida.

Otras tres súplicas completan esta oración que Jesús nos enseña, el «Padre Nuestro». Son tres peticiones que expresan nuestras necesidades fundamentales: el pan, el perdón y la ayuda ante las tentaciones (cf. vv. 3-4). No se puede vivir sin pan, no se puede vivir sin perdón y no se puede vivir sin la ayuda de Dios ante las tentaciones. 

El pan que Jesús nos hace pedir es el necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, el justo, un pan que no se acumula y no se desperdicia, que no pesa en nuestra marcha. 

El perdón es, ante todo, aquello que nosotros mismos recibimos de Dios: sólo la conciencia de ser pecadores perdonados por la infinita misericordia divina, puede hacernos capaces de cumplir gestos concretos de reconciliación fraterna. Si una persona no se siente pecador perdonado, nunca podrá realizar un gesto de perdón o reconciliación. Se comienza desde el corazón, donde uno se siente pecador perdonado. 

La última petición, «no nos dejes caer en la tentación», expresa la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción. Todos sabemos qué es una tentación.

... El Padre conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades, pero quiere que se las presentemos con audacia y con insistencia, porque este es nuestro modo de participar en su obra de salvación. ¡La oración es el primer y principal «instrumento de trabajo» que tenemos en nuestras manos!

Insistir a Dios no sirve para convencerle, sino para reforzar nuestra fe y nuestra paciencia, es decir, nuestra capacidad de luchar junto a Dios por cosas realmente importantes y necesarias. En la oración somos dos: Dios y yo luchando juntos por las cosas importantes.

Entre estas, hay una, la gran cosa importante que Jesús dice hoy en el Evangelio, pero que casi nunca pedimos, y es el Espíritu Santo. «¡Dame el Espíritu Santo!»... ¡Qué bonita oración sería, esta semana, si cada uno de nosotros pidiese al Padre: «Padre, dame el Espíritu Santo!». 

La Virgen nos lo demuestra con su existencia, totalmente animada por el Espíritu de Dios. Que Ella nos ayude a rezar al Padre unidos a Jesús, para no vivir de forma mundana, sino según el Evangelio, guiados por el Espíritu Santo.

(Papa Francisco, Ángelus del 24 de julio de 2016)

EVANGELIO DE HOY: SI NO PERDONÁIS A LOS DEMÁS, TAMPOCO EL SEÑOR OS PERDONARÁ




Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. 

Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." 

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

El Papa aprecia campaña para nueva ley migratoria y recuerda el Corazón de Jesús




«Nuevas normas para la promoción del regular permiso de permanencia y de la inclusión social y laboral de ciudadanos extranjeros no comunitarios», es la ley de iniciativa popular, promovida en Italia, por una campaña, a la que se refirió el Papa Francisco, antes de terminar su audiencia general, recordando el Día Mundial de la ONU para los Refugiados, que se celebra el 20 de junio y que ya había recordado el domingo:

«En ocasión de la celebración de la Jornada Mundial del Refugiado, el lunes pasado, he querido encontrar a una representación de refugiados, hospedados por parroquias e institutos religiosos romanos.

Quisiera tomar esta ocasión de la Jornada de ayer, para expresar mi sincero aprecio por la campaña para una nueva ley migratoria: ‘Era extranjero – La humanidad que hace bien’, la cual goza del apoyo oficial de Caritas italiana, de la Fundación Migrantes y de otras organizaciones católicas»

Faltando ya pocos días para la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús de 2017, el Papa Francisco culminó su audiencia general recordando también la Jornada mundial de oración por la santificación de los sacerdotes, que se celebra ese mismo día, como instituyó San Juan Pablo II.
Y lo hizo dirigiendo un especial aliento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«El próximo viernes celebramos la Solemnidad de Sacratísimo Corazón de Jesús, día en el que la Iglesia sostiene con la oración y cariño a todos los sacerdotes.

Queridos jóvenes, en el Corazón de Jesús, manantial de vuestra esperanza tomen el alimento de vuestra vida espiritual; queridos enfermos, ofrezcan su sufrimiento al Señor, para que derrame su amor en el corazón de los hombres; y ustedes, queridos recién casados, participen en la Eucaristía, para que, alimentados de Cristo, sean familias cristianas tocadas por el amor de aquel Corazón divino»
Que la compañía de los Santos nos ayude a reconocer que Dios nunca nos abandona, para testimoniar la esperanza en esta tierra
Fue el deseo del Papa en sus palabras de bienvenida, saludo y bendición a los peregrinos de tantas partes del mundo, haciendo hincapié en la invitación a la santidad que el Señor dirige a su pueblo.
Y alentando a acoger la invitación del Señor con prontitud, poniéndonos al servicio los unos de los otros, de modo concreto en la vida de cada día, dejándonos guiar por el Espíritu Santo, el Obispo de Roma reiteró que los Santos nos alientan a confiar en Jesucristo, amigo que nunca defrauda. Como dijo en su bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los provenientes de Oriente Medio:
«Queridos hermanos y hermanas, los Santos son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas, pero cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo su corazón, ellos nos dan un mensaje y nos dicen: ‘¡confíen en el Señor, porque el Señor no defrauda nunca! Es un buen amigo siempre a nuestro lado’. Y con su testimonio, los santos nos alientan a no temer el ir contracorriente».

Tras recordar que el mundo tiene necesidad de santos y que todos nosotros, sin excepción, estamos llamados a la santidad, el Papa alentó a invocar la ayuda de aquellos que ya están en cielo, para dejarnos transformar por la gracia misericordiosa de Dios que es más poderoso que cualquier pecado.
Aliento y bienvenida que dirigió cordialmente a los peregrinos polacos:

«Queridos hermanos y hermanas, en nuestro camino de fe, sobre todo en los momentos difíciles, es necesario elevar la mirada al cielo, pensando en los santos que, en la tierra, han vivido sus cotidianas alegrías y tribulaciones junto a Cristo y ahora viven con Él en la gloria del Padre celeste. Ellos son para nosotros testigos de esperanza, nos dan ejemplo de vida cristiana y nos sostienen en nuestra aspiración a la santidad. Que su intercesión los acompañe siempre».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio) - See more at: http://www.news.va/es/news/el-papa-aprecia-campana-para-nueva-ley-migratoria#sthash.0VyngTeb.dpuf

“Se puede ser santos”, dijo el Papa en la catequesis


El cristianismo cultiva una incurable confianza: no cree que las fuerzas negativas y disgregadoras puedan prevalecer. La última palabra en la historia del hombre no es el odio, no es la muerte, no es la guerra, porque en cada momento de la vida nos asiste la mano de Dios y la presencia discreta de todos los creyentes que nos han precedido en la fe. Así el Papa Francisco en la catequesis del miércoles 21 de junio, explicó cómo los santos son para nosotros testigos y compañeros de esperanza que demuestran que la vida cristiana no es un “ideal inalcanzable”, sino “posible con la gracia de Dios”:
“Nuestra vida como cristianos está marcada por la presencia poderosa de la mano de Dios que nos sostiene, y por la asistencia discreta de los santos, hermanos y hermanas mayores que han recorrido nuestro mismo camino, que han sufrido nuestras mismas penalidades y que viven ya para siempre con Dios: su existencia nos asegura que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable, sino posible con la gracia de Dios”.

El Papa realizó un recorrido del camino de nuestra vida que realizamos en compañía de los santos, a partir del bautismo, en donde se realiza la primera intercesión:
“La carta a los Hebreos define la presencia de los santos en nuestra vida con la expresión «una nube ingente de testigos». Ellos nos rodean invisiblemente, y su compañía e intercesión se hace evidente en los momentos culminantes de nuestro caminar cristiano: como en el Bautismo, donde por primera vez se invoca su intercesión para que Dios nos ayude en la lucha contra el mal. En el matrimonio, para que conserve en el amor y la fidelidad a los esposos que inician el «viaje» de la vida conyugal. En la Ordenación sacerdotal, donde toda la Asamblea, guiada por el Obispo, implora su intercesión en favor del candidato. Y así, también en otras circunstancias de nuestra peregrinación”.

Francisco señaló que en los momentos difíciles es necesario tener coraje para elevar nuestra mirada al cielo y pensar en los muchos cristianos que, pasando a través de las tribulaciones, han custodiado blancas las vestiduras bautismales: esto es posible - dijo el Papa - teniendo presente que Dios nunca nos abandona, sino que cada vez que tenemos necesidad, un ángel suyo viene a levantarnos y a infundirnos su consuelo. Ángeles – añadió - alguna vez con un rostro y corazón humano: “Los santos de Dios están siempre aquí, escondidos en medio de nosotros”, afirmó. 

Mientras que nosotros, polvo que aspira al cielo, débiles nuestras fuerzas, pero poderoso el misterio de gracia presente en nuestra vida, debemos mantener siempre viva la esperanza de ser santos, porque el mayor regalo que podemos dar al mundo es aquel de ser imagen de Cristo para este mundo:

Somos polvo, - dijo el Papa- amasados con el amor de Dios, y fieles a esta tierra amada por Jesús, que caminan decididamente hacia la patria definitiva, guiados por una sólida esperanza: “Que el Señor nos conceda la gracia de ser santos, de convertirnos en imágenes de Cristo para este mundo, tan necesitado de esperanza, de personas que rechazando el mal, aspiren a la caridad y a la fraternidad”, concluyó.

(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio) - See more at: http://www.news.va/es/news/se-puede-ser-santos-dijo-el-papa-en-la-catequesis#sthash.shTI4gcj.dpuf

miércoles, 21 de junio de 2017

El Santo Padre en Barbiana: sed de absoluto para no volverse funcionarios de lo sagrado


Después de haber visitado este martes por la mañana la tumba del párroco italiano don Mazzorari en la pequeña ciudad de Bozzolo, en el norte de Italia, hacia las hacia las 11:30 el papa Francisco llegó en helicóptero a Barbiana en las inmediaciones de Florencia, donde fue recibido por el cardenal y arzobispo Giuseppe Bertori y las autoridades civiles.
De allí fue al cementerio para la visita privada a la tumba de Don Milani. Poco después en la iglesia local saludó a algunos discípulos y ex alumnos del profesor florentino y en el exterior de la pequeña iglesia, el Santo Padre dirigió unas palabras.
“Vine a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que dio testimonio de cómo en el donarse a Cristo, se encuentra a los hermanos en sus necesidades y se los sirve”, dijo. Y a los ex-alumnos de este sacerdote les indicó que ellos fueron “testimonios de su pasión educativa, de su intención de despertar en las personas lo humano para abrirse a lo divino”.
Indicó que la escuela para don Lorenzo, “no era una cosa distinta de su misión de cura, sino el modo concreto de desarrollar esta misión”, ya que es necesario “dar a los pobres la palabra, porque sin la palabra no hay dignidad y por lo tanto ni siquiera libertad y justicia. Esto nos enseña don Milani”.
El Papa quiso en esta oportunidad agradecer “a todos los educadores, y los que se ponen al servicio del crecimiento de las nuevas generaciones, en particular a los que se encuentran en situación de dificultad”.
Señaló entretanto que “sin esta sed de absoluto se puede ser buenos funcionarios de lo sagrado, pero no se puede ser sacerdotes, verdaderos sacerdotes capaces de volverse servidores de Cristo en los hermanos.
Exhortó por ello a los presbíteros a “ser hombres de fe, de una fe inquieta, no aguada y hombres de caridad pastoral hacia todos aquellos que el Señor nos confía como hermanos e hijos”. Y que don Lorenzo “nos enseña a amar a la Iglesia, como él la quería” reconociendo que “las verdades pueden crear también tensiones, pero nunca fracturas”.
Al concluir sus palabras el Papa indicó que su gesto quiere ser un reconocimiento de la fidelidad de don Milani al Evangelio y de la rectitud de su acción pastoral. Y señaló que un sacerdote “transparente y duro como un diamante” sigue transmitiendo la luz de Dios en el camino de la iglesia.
ZENIT

21 de junio: san Luis Gonzaga, confesor (1568-1591)



En pleno esplendor español, en la última decena del siglo XVI, un chico joven da la vuelta a la concepción de la vida que bulle con el Renacimiento; es luchador, peleón y con vocación de victoria, aunque el sentido y los modos no sean los sobradamente conocidos en el mercado.
Sus padres son los marqueses de Castiglione y condes de Tanasentena. Luis es el primogénito de ocho hermanos. Su padre es Don Ferrante y Doña Marta, su madre. Los Gonzaga fueron los dueños por cuatro siglos del ducado de Mantua; allí eran como unos reyezuelos llenos de prepotencia, cuya principal preocupación era mantener sus posesiones a cualquier precio, incluido el asesinato; un excelente recurso era mantener amigos en las cortes extranjeras. En ese ambiente se cría Luis entre los usos, bromas y chanzas de los soldados de su padre; viste de soldado a los cuatro años, juega con las armas, dispara cañones cuando tiene siete, se familiariza con la jerga de la soldadesca y aprende todos los tacos. Es el orgullo de su padre que ya escribía en su cabeza la novela sobre su hijo, viéndolo señor y sucesor suyo; sí, era preciso que aprendiera bien para hacer el día de mañana lo que habían hecho sus antepasados. Los Gonzaga reinaban como unos verdaderos tiranos, vivían en el desenfreno más absoluto, ahogaban en sangre las revueltas y levantamientos del pueblo sencillo cuando se levantaba porque ya no podía aguantar más; asesinaban a sus enemigos y no era infrecuente terminar del mismo modo que sus víctimas. De hecho, dos hermanos de Luis, Rodolfo y Diego, fueron asesinados por sus vasallos y a su propia madre, mujer buena y piadosa, la apuñalaron en una calle de Mantua.
Cuando regresó Don Ferrante de la expedición de Túnez encontró al muchacho demasiado pío; por eso lo mandó a Florencia para hacerle a tiempo una cura en la corte de los Médicis. Pero el chico, a sus once años, hizo a la Virgen una entrega completa de su vida, ligada con voto de continencia, en la iglesia de los servitas. No obstante, las cartas escritas a su madre testifican que asistía a las corridas y gozaba en ellas de lo lindo desde el palco del duque. Pero su conducta, extraña en un Gonzaga, hizo que los criados se dejaran llevar de la curiosidad y le expíen cuando vuelve a Castiglione. Ven que se preocupa de los pobres, ayudándoles con limosnas; descubren que enseña catecismo a los ignorantes y, sobre todo, se asustaron al sorprenderlo en la habitación de su casa en éxtasis, ante un crucifijo, de rodillas en el mármol del suelo y con los brazos en cruz.
Don Ferrante, que por estas fechas es gobernador de Monferrato, no está nada tranquilo con lo que le cuentan de su primogénito. Procura aumentar su bizarría recomendando toda clase de fiestas, bailes, torneos, caballos y artes militares; intenta meterlo más en la sociedad y distraerle del trato con Dios por la conversación obligada con caballeros y damas. Pero el resultado fue la firme decisión de Luis de hacerse religioso –aunque dudaba si capuchino o barnabita– y empezar a prepararse tomando tres días por semana disciplinas de sangre y fabricándose cilicios para mortificarse. Como aquello empeoraba la situación, ¿qué hacer? ¡A Madrid, lo mandó su padre en la galera de Juan Andrés Doria! Allá, en donde está la corte más poderosa del mundo.
Iban a complicarse las cosas, porque por entonces, a la marquesa de Castiglione, su madre, la nombraron dama de honor de la emperatriz de Austria, hija de Carlos V y viuda de Maximiliano II, y a dos de sus cinco hijos, pajes del príncipe Diego, hijo de Felipe II; entre ellos estaba Luis. Parecía que a los planes teñidos de mundo de Don Ferrante todo eso venía como anillo al dedo; ahora sí que no podría eludir Luis los deberes de la vida palaciega plena de placeres, honores, seducciones y glorias. Lo inesperado fue que, en tal situación, al joven no se le ocurre mejor cosa que contar a su madre el insólito hecho de que la imagen de la capilla real, Nuestra Señora del Buen Consejo, el 15 de agosto del 1583, le ha aconsejado su ingreso en la Compañía de Jesús. Con esto se disipaban las dudas sobre el modo de realizar su entrega; precisamente en una familia religiosa en la que no cabían las aspiraciones a dignidades ni honores.
El tira y afloja que hasta ahora habían tenido el padre y el hijo, a partir de este momento se convirtió en una lucha sin cuartel. Y el marqués es hombre lleno de tesón, de orgullo, con talante férreo. Toca todas las teclas para poner trabas y dificultades. Primero pide a su hijo Luis un cambio de Orden; ruega que ingrese en una Orden en la que fueran compatibles las dignidades, aunque fueran eclesiásticas –de nada sirvió que Luis le expusiera que, si él quisiera títulos, ya los tenía por ser su primogénito–. Busca la complicidad en su apoyo de fray Francisco Gonzaga, ministro general de los franciscanos, de otros religiosos, clérigos y obispos. Lo manda a Mantua, Ferrara, Parma y Turín con la esperanza de que algún enamoramiento lo haga cambiar. Todo aquello fue inútil. Se impone entonces un cambio de táctica, tocándole el corazón: pide compasión, con el recurso a motivos de avanzada edad; expone la inexperiencia de Rodolfo, su segundón; sacó a colación promesas de dejarle libertad para todo lo espiritual o religioso que quisiera, y ni siquiera dejó atrás la consideración de que desde arriba podría hacer mucho bien. Por si fuera deficiente la batería de argumentos, al ver la resistencia y firmeza del joven Luis en sus determinaciones, pasa a la amenaza velada: dejaría de llamarle hijo, y le culpará de que su absurda postura terminaría por arrancarle la poca vida que le quedaba.
Aquello terminó como se esperaba. Iniciar los trámites, papeles interminables, para ceder sus derechos de herencia nobiliaria a favor de su hermano Rodolfo, y una carta de Don Ferrante escrita al general de los jesuitas, Claudio Aquaviva, diciéndole que se llevaba lo que él más quería.
Luis tenía entonces diecisiete años. Entra en los jesuitas donde hay misiones y no pueden ser prelados. Conocía sobradamente la historia de aquel pariente Gonzaga que había sido arzobispo a los ocho años y cardenal a los catorce. Fue un alumno brillante y destacado, novicio modelo que se prepara para su futuro ministerio con pasión y esperanza de ser útil a la Iglesia, siendo sacerdote y misionero.
No le dio tiempo. Hizo sus primeros votos en 1587 y recibió las órdenes menores en 1588. Tres años más tarde, se lo llevó la peste de Roma –contagiado– cuando heroicamente se entregaba sin descanso a remediar los males de los enfermos apestados.
Como el futbolista «suda la camiseta» en busca del título final, «sudó la sotana» Luis Gonzaga. No extraña su título de Patrón de la pureza de la juventud por su actitud de cristiano fuerte y decidido, ejemplo para aquellos que, sin negativismos, saben poner las cosas en su sitio al valorar lo positivo de la entrega.
Archimadrid.org

Un filipino excompañero de Bin Laden salvó la vida a 64 cristianos en Marawi




Cuando comenzaron los enfrentamientos en Marawi, el escritor musulmán Noor Lucman dio asilo a unos obreros cristianos que habían estado trabajando el día anterior en su casa. Luego vinieron más. Si los islamistas que quisieron inspeccionar su casa los hubieran encontrado, «los habrían decapitado»
Norodin Alonto Lucman, más conocido como Noor Lucman, es una figura con cierto peso en la isla filipina de Mindanao. De joven perteneció a uno de los grupos que lucha por la independencia de su isla, de mayoría musulmana. También fue compañero del mismo Osama bin Laden, con quien estudió jurisprudencia islámica en la Universidad Rey Abdul Aziz de Yeda, la segunda ciudad más importante de Arabia Saudí.

Sin embargo, hace unos días, Lucman salvó la vida de varias decenas de cristianos atrapados en Marawi, la ciudad donde desde el 23 de mayo el ejército combate con el grupo islamista local Maute. Aunque sigue defendiendo la independencia de su región, Lucman no comparte el yihadismo. De hecho, en 2009 escribió el libro La guerra del islam contra el terror.

El primer grupo al que dio alojamiento –ha explicado a los medios– fueron unos obreros que estaban trabajando en su casa el día antes del comienzo del conflicto en su casa. Cuando todo ocurrió, «no podían salir de la ciudad, así que asumí mi responsabilidad y los protegí». Al día siguiente, se presentaron en su puerta más cristianos y disfrutaron de la misma hospitalidad. En total, 64 cristianos encontraron refugio en su casa.

Su prestigio les salvó

Se libraron de la muerte por poco. Un día, los terroristas llamaron a su edificio para inspeccionar el lugar. Los refugiados se libraron de una muerte segura solo porque los terroristas reconocieron a Lucman, y le obedecieron cuando les pidió que se fueran. «Si hubieran sabido que había cristianos escondidos en la casa, los habrían decapitado o ejecutado a todos. Pero antes los terroristas tendrían que haber pasado por encima de mi cadáver», confesó a Russia Today.

Cuando se intensificaron los bombardeos por parte de las fuerzas gubernamentales y visto que las reservas de alimentos empezaban a escasear, Noor Lucman decidió por fin huir junto con sus protegidos. «Si no los sacaba, iban a morir de hambre. Había muchos francotiradores, y teníamos que esperar contra toda esperanza que no les preguntaran si eran cristianos o musulmanes».

Alfa y Omega

Uno de cada diez euros de ayuda a los cristianos perseguidos sale de España


La memoria anual de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN por sus siglas en inglés), que se ha presentado este martes en Madrid, ofrece el perfil de las necesidades de la Iglesia perseguida y pobre. En 2016, ACN financió 5.303 proyectos en 148 países. Las prioridades fueron la construcción o reconstrucción de iglesias (el 30 % de los fondos) y la formación de sacerdotes, religiosos y laicos (el 22 %). Geográficamente, las regiones que recibieron más ayuda fueron África (27,5 % de los fondos) y Oriente Medio (22,6 %). Este último dato coincide con la creciente necesidad de financiar proyectos de emergencia (el 18,6 % del presupuesto para proyectos) y con el hecho de que Irak y Siria fueran los países que más ayuda recibieron: 9,8 y 5,9 millones de euros respectivamente.
En esta labor, es fundamental la aportación desde España. Si en 2016 ACN recibió 129 millones de euros, el 10 % procedía de nuestro país. Aquí, además, crece el compromiso con los cristianos perseguidos. Según explica a Alfa y Omega Javier Menéndez Ros, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada España, los ingresos por donativos llevan creciendo de forma estable cinco años. También en 2016 crecieron tanto los donativos (un 15 %) como el dinero recibido (un 6 %), aunque los ingresos totales bajaron un 5,4 % al reducirse los procedentes de herencias.
De lo ingresado en España, el 90,6 % se dedicó a los fines propios de ACN: el 85,8 % a proyectos, y el 4,8 % a acciones de sensibilización. Uno de los pilares de esta labor de concienciación es el Informe de Libertad Religiosa que ACN publica cada dos años en siete idiomas. «Es importante que una entidad católica haga un informe así, y tiene una acogida muy buena –afirma Menéndez Ros–. Nos consta que mucha gente lo utiliza, también en algunas embajadas, nunciaturas, y en la Comisión Europea».
Menos visible, pero también importante es la presencia de ACN en las diócesis a través de 15 delegaciones. En 2016 se abrieron dos nuevas, en Terrassa y Zaragoza. La meta a largo plazo es tener una delegación en cada diócesis, como otras realidades eclesiales, para «aportar nuestro carisma», aunque de momento trabaja para llegar a todas las comunidades autónomas.
María Martínez López

Alfa  y Omega

COMENTARIO DE PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (6,1-6.16-18)-




... En el pasaje de Mateo, Jesús relee las tres obras de piedad previstas en la ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno. Y distingue el hecho externo del hecho interno, de ese llanto del corazón. A lo largo del tiempo estas prescripciones habían sido corroídas por la herrumbre del formalismo exterior o, incluso, se habían transformado en un signo de superioridad social. 

Jesús pone de relieve una tentación común en estas tres obras, que se puede resumir precisamente en la hipocresía (la nombra tres veces): «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos… Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas… Cuando recéis, no seáis como los hipócritas a quienes les gusta rezar de pie para que los vea la gente… Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas» (Mt 6, 1. 2. 5. 16)...

Cuando se hace algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción, para tener una satisfacción. Jesús nos invita a hacer estas obras sin ninguna ostentación, y a confiar únicamente en la recompensa del Padre «que ve en lo secreto» (Mt 6, 4. 6. 18). 

Queridos hermanos y hermanas: El Señor no se cansa nunca de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón —todos tenemos necesidad de Él—, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, purificado por las lágrimas, para compartir su alegría. 

¿Cómo acoger esta invitación? Nos lo sugiere san Pablo: «En nombre de Cristo os pedimos: ¡que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20). Este esfuerzo de conversión no es solamente una obra humana, es dejarse reconciliar. La reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó en sacrificar a su Hijo unigénito. 

En efecto, Cristo, que era justo y sin pecado, fue hecho pecado por nosotros (v. 21) cuando cargó con nuestros pecados en la cruz, y así nos ha rescatado y justificando ante Dios. «En Él» podemos llegar a ser justos, en Él podemos cambiar, si acogemos la gracia de Dios y no dejamos pasar en vano este «tiempo favorable» (6, 2). Por favor, detengámonos, detengámonos un poco y dejémonos reconciliar con Dios.
(De la homilía del 18 de febrero de 2015)

EVANGELIO DE HOY: OBRAR BIEN PARA AGRADAR AL SEÑOR, NO PARA QUEDAR BIEN DELANTE DE LOS HOMBRES




Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. 

Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. 

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. 

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. 

Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. 

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. 

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor

martes, 20 de junio de 2017

20 de junio: san Silverio, Papa


Hormisdas se había casado; fue tan ejemplar esposo y tan buen padre que, a la muerte de Símaco y ya viudo, lo eligieron Papa.
Silverio, natural de la Campania italiana, era hijo de Hormisdas de Frosinone. Lo eligieron Papa en el año 536 con el apoyo de Teodato, rey de los godos, aunque su fuerza estaba ya menguando en Italia. Los godos se habían civilizado tanto que habían recogido y multiplicado los vicios que encontraron; de hecho, Teodato solo entendía de caza, de mujeres y hablaba algo de Platón. De Silverio sabemos poco, pero, entre esas pocas cosas, conocemos que tuvo un pontificado breve (1 jun. 536-11 nov. 537) y tumultuoso.
Belisario desembarcó en Italia y de manera fulminante la agregó al Imperio de Bizancio.
El Papa Silverio quiso ser neutral en el problema entre los godos y los orientales, pero su intento resultó inútil. Hubo dos mujeres intrigantes y un clérigo ambicioso que lo habían sentenciado a muerte.
Una de las mujeres era la primera dama de Oriente, la mujer de Justiniano, piadosa sentimental, firme y temible, se llamaba Teodora. Era amiga de ermitaños ayunantes a pan y agua y de monjes que no se lavaban jamás justo los que eran proclives al monofisismo eutiquiano que se había condenado en el concilio de Calcedonia y protectora de los encubridores de la herejía contra la doctrina oficial; con esto estaba posibilitando que los hasta hace poco perseguidos monofisitas estuvieran presentes en la corte y ocuparan las primeras sedes –alguna la habían ocupado con violencia–; ya estaban en Alejandría y en Constantinopla. Teodora pensó que para la sede romana vendría como anillo al dedo el diácono Vigilio, por su falta de escrúpulos y su ansia de poder. Consiguió que, en el año 532, el Papa Bonifacio II nombrase a Vigilio su sucesor; comprar al clero romano con dinero no fue nada difícil para que apoyase la decisión papal, confirmándola. Bonifacio II se arrepintió de la monstruosidad anticanónica que había hecho y ese mismo año, antes de morirse, quemó el decreto ante la Confesión de San Pedro. Resultado: cuando Vigilio llegó a por su sede, ya estaba consagrado obispo de Roma Silverio. Era el papa. Y, además, había afirmado que no revocaría las decisiones de su antecesor Agapito, «antes perdería el pontificado y la vida que deshacer lo que tan santamente había hecho su predecesor».
La otra mujer era Antonina, altiva y sin respeto. La mujer del general Belisario gestionaba los asuntos en Roma como Teodora en Constantinopla.
Resistió Silverio a las pretensiones de Belisario; no entregó el papado a Vigilio, no renunció, ni abdicó. Como los planes que se habían hecho en Oriente se habían torcido y el obstáculo era el Papa, Antonina comenzó a moverse a pleno rendimiento poniendo a funcionar toda la capacidad de intrigas palaciegas para lograr echarlo.
Inventaron una carta en la que el Papa Silverio entregaba Roma a los godos. Hicieron presos a los clérigos fieles y a Silverio lo insultaron y vejaron acusándolo de alta traición; pretendieron que firmara una declaración de culpabilidad, lo despojaron de sus vestiduras papales, lo vistieron de monje y comunicaron al pueblo que el Papa salía de Roma para vivir en un monasterio. Ya no se le vio más. En realidad, lo pusieron bajo la custodia del obispo de Patara, en Licia.
Un buen día, este obispo se presentó en el palacio imperial de Constantinopla poniendo firme y llamando al orden al mismísimo emperador Justiniano por el atropello cometido contra la persona del obispo de Roma, que es obispo universal. El asustado emperador mandó revisar el caso y reponer a Silverio en su sede, llegado el caso. Pero las nuevas hábiles intrigas de Antonina y Vigilio consiguieron una flamante condena para el Papa Silverio, que fue debidamente transportado a una pequeña isla de la costa italiana donde murió en noviembre del 537 de hambre y miseria por irreductible. Por eso siempre fue venerado en la Iglesia como mártir.
¿Vigilio? No se sabe muy bien, pero quizá su arrepentimiento y lágrimas hayan conseguido borrar y lavar la sangre; vivió infeliz, apesadumbrado, cobarde ante la emperatriz, avergonzado por sus propios métodos indignos de un papa, de un obispo, de un diácono, de un cristiano y de un hombre. De todos modos, como subió a su cargo de una manera innoble e indigna, renunció al papado; no obstante, lo eligieron Papa debidamente a la muerte de Silverio y quiso mantener el tipo ante la emperatriz no concediendo lo imposible, pero su papado fue tan indeciso, vacilante, inseguro y mudable que servía de contraste con el de Silverio. Por no resultar tan maleable como esperaba Teodora, también le tocó gustar la amargura del insulto y de la infamia; fue ultrajado, golpeado, y las cadenas le hicieron primero heridas y luego callos.
Archimadrid.org

Día Mundial de los Refugiados: una huida por la supervivencia


El drama de los refugiados hunde sus raíces más profundas en causas políticas y económicas y es el resultado de las ansias de poder y de influencia de algunos países
En el Día Mundial de los Refugiados, Manos Unidas se une a la preocupación de la comunidad internacional ante un drama, que, de manera general, «hunde sus raíces más profundas en causas políticas y económicas y es el resultado de las ansias de poder y de influencia de algunos países», asegura Fidele Podga, coordinador de Estudios de Manos Unidas. «Además, las enormes desigualdades generadoras de pobreza, la falta de respeto a los derechos fundamentales y a las libertades públicas y el egoísmo y la violencia humana son también factores que acrecientan una tragedia ante la que nadie debería mostrarse indiferente», incide Podga.
En 2016, un año de tristes records, Naciones Unidas cifra en 65 millones las personas que se vieron obligadas a dejar sus hogares en todo el mundo. De ellos, 21,3 millones son ahora refugiados, la mayoría menores de 18 años. «Todas estas personas abandonan sus raíces impulsados por el deseo de huir de la guerra, de la persecución, del racismo o de la violencia y con la mente puesta únicamente en sobrevivir», dice el coordinador de Estudios de Manos Unidas, quien describe el periplo que cada año emprenden millones de personas desesperadas: «Muchos de ellos se quedan, literalmente, en el camino, donde la debilidad, las inclemencias del tiempo y la falta de recursos se encargan de poner fin a sus sueños de libertad. Otras veces, estos deseos se ahogan en las aguas de unos mares que engullen las destartaladas embarcaciones sobrecargadas de mercancía humana. Y, en otras ocasiones, los que consiguen llegar a su ansiado de destino de paz se dan de bruces con barreras infranqueables y muros donde lamentar su mala suerte».
«Manos Unidas no puede olvidar que en el mundo hay muchos conflictos no resueltos que siguen alimentando la cifra de personas que huyen para sobrevivir. La devastación provocada por las guerras en países como Afganistán, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Irak, Yemen, Nigeria, Ucrania, República Democrática del Congo, República Centroafricana y Colombia impulsa a millones de ciudadanos a dejar sus hogares para salvar su vida», afirma Podga.
Por ello, en los tres últimos años Manos Unidas ha apoyado 37 proyectos destinados únicamente a población refugiada y desplazada, por un importe superior a los dos millones de euros.
Trabajo de Manos Unidas con los Refugiados en Oriente Medio
Aunque el drama y la crisis de refugiados no se reducen únicamente a Siria, es este país el que, en los últimos años, ha generado más refugiados. Por ello, «Manos Unidas está desarrollando una labor de defensa y apoyo a los refugiados en Oriente Medio en la que el acceso a la educación es una prioridad absoluta», señala África Marcitllach, responsable de proyectos de Manos Unidas en la zona, recién llegada de un viaje a Líbano. «El que los niños tengan una rutina es fundamental para sus vidas», añade.
«En Manos Unidas tratamos de acompañar los procesos vitales de estas personas apoyando programas y proyectos que cubran sus necesidades básicas y les ayudamos a conseguir resiliencia, a través de educación formal y no formal para niños y jóvenes. Además, apoyamos a las mujeres que han huido solas y que, ahora, se ven con la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos sin ayuda de nadie», explica Marcitllach. «En este sentido –asegura- una de las cosas que más me emocionan es oír a estas mujeres decir que, con los cursos de alfabetización que están recibiendo, ahora son capaces de entender lo que pone en los paquetes del supermercado o de entender lo que dicen los carteles de las calles».
Dar respuesta a las necesidades de los niños es uno de los principales objetivos del trabajo de Manos Unidas en la zona. «Para nosotros es de especial importancia la que llaman “generación perdida”; todos esos niños que se encuentran con que su vida se paró cuando estalló la guerra y para quienes la violencia forma parte destacada de la rutina», asegura Marcitllach. «Incentivar la educación es incentivar la paz, la resiliencia, el progreso y el futuro. Porque el mayor problema con el que nos estamos enfrentando en nuestro trabajo diario es la falta de esperanza», sostiene África Marcitllach.
«Todas las noches, cuando me acuesto, sueño con volver a Siria»
Algunos de estos niños son los nietos de Fátima, a quien encontramos en la última vivienda de Imán, el refugio en que se hacinan entre 30 y 40 familias provenientes de Siria. Fátima y su familia fueron los primeros en llegar a este complejo de viviendas abandonadas, un «campo de refugiados vertical», que se localiza a las afueras de la localidad libanesa de Abra, cerca de Sidón. Al principio, sus únicos vecinos eran los lobos y los perros salvajes que merodeaban la zona.
«Todo fue muy difícil. De la noche a la mañana tuvimos que malvender todas nuestras pertenencias para escapar del peligro. Nos vimos aquí, solos y desprotegidos, intentando hacernos a un lugar desconocido en un país extraño», relata Fátima que, a sus 63 años, se ha visto convertida en el sostén de parte de su familia. Junto a ella descansa un bebé, su última nieta: una niña a la que han llamado Hiba, «regalo de Dios».
Además de la pequeña Hiba, en la casa viven otras diez personas: el marido de Fátima, Abed El Kader, de 77 años, que, con la mente rota por la guerra, vive en «su propio mundo» y Maher, el menor de los seis hijos del anciano matrimonio, que huyó de Siria con su segunda mujer y sus seis chavales. De ellos, los tres mayores, fruto de su primer matrimonio, presentan graves deficiencias físicas y psicológicas.
Manos Unidas

El Papa se reúne con refugiados acogidos en parroquias de Roma


El Papa se ha reunido con refugiados acogidos en parroquias de la capital italiana antes de inaugurar el Congreso eclesial de la diócesis de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, en el marco de la Jornada Mundial del Refugiado que se celebra este martes 20 de junio.
Se trata de una iniciativa puesta en marcha por las iglesias católicas después de que el mismo pontífice pidiera que las parroquias abrieran sus puertas a los refugiados el pasado 6 de septiembre de 2015.
En Italia son un total de 38 las comunidades parroquiales y los institutos religiosos que en estos dos años han hospedado a un total de 121 emigrantes han pedido asilo y protección internacional. Cáritas se encarga de ofrecer asistencia a estas personas.
El Papa defendió durante el ángelus de este domingo que el «encuentro personal con los refugiados disipa los miedos y las ideologías que distorsionan, y se convierte en factor de crecimiento en humanidad capaz de abrir espacio a los sentimientos de apertura y de construcción de puentes».
Aquel día pidió que todas las parroquias, comunidades religiosas, monasterios y santuarios de Europa, acojan a las familias de refugiados que llegan al continente al huir de la persecución religiosa y las guerras de sus países, entre ellos Siria e Irak.
Europa Press