sábado, 17 de junio de 2017

Yo os digo que no juréis en absoluto

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus juramentos al Señor".
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.

Papa Francisco: Diálogo “entre el tesoro y el barro”


Tener “conciencia” de que somos débiles, vulnerables y pecadores: sólo el poder de Dios nos salva y nos cura. Es la exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Ninguno de nosotros “puede salvarse a sí mismo”. Tenemos necesidad “del poder de Dios” para ser salvados. Francisco reflexionó sobre la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios – en la que el Apóstol se refiere al misterio de Cristo – afirmando que “tenemos un tesoro en vasijas de barro” y exhorta a todos a tomar “conciencia” de ser, precisamente “barro, débiles y pecadores”. Sí porque sin el poder de Dios – recordó el Papa – no podemos “ir adelante”. Este tesoro de Cristo –  explicó el Pontífice – lo tenemos “en nuestra fragilidad: nosotros somos barro”. Porque es “el poder de Dios, la fuerza de Dios lo que nos salva, nos cura y nos pone de pie”. Y esto, en el fondo, es “la realidad de nuestra vulnerabilidad”:
“Todos nosotros somos vulnerables, frágiles, débiles, y tenemos necesidad de ser curados. Y Él lo dice: estamos llenos de tribulaciones, estamos trastornados, somos perseguidos, afectados como manifestación de nuestra debilidad, de la debilidad de Pablo, manifestación del barro. Ésta es nuestra vulnerabilidad. Y una de las cosas más difíciles en la vida es reconocer la propia vulnerabilidad. A veces, tratamos de encubrir la vulnerabilidad, para que no se vea; o de camuflarla, para que no sea vea; o disimularla… El mismo Pablo, al inicio de este capítulo dice: ‘Cuando he caído en las disimulaciones vergonzosas. Las disimulaciones son vergonzosas. Siempre. Son hipócritas”.
Además de la “hipocresía hacia los demás” – prosiguió diciendo el Papa Francisco – existe también la de “la confrontación con nosotros mismos”, o sea, cuando creemos que “somos otra cosa”, pensando “que no tenemos necesidad de curación” y “apoyo”. En una palabra, cuando decimos: “no estoy hecho de barro”, tengo “un tesoro mío”.
“Éste es el camino, el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de aquellos que no sintiéndose barro, buscan la salvación, la plenitud de sí mismos. Pero el poder de Dios es el que nos salva, y Pablo reconoce nuestra vulnerabilidad: ‘Padecemos tribulaciones, pero no estamos aplastados’. No aplastados, porque el poder de Dios nos salva. ‘Estamos trastornados’ – reconoce – ‘pero no desesperados’. Hay algo de Dios que nos da esperanza. Somos perseguidos, pero no abandonados; golpeados, pero no asesinados. Siempre está esta relación entre el barro y el poder, el barro y el tesoro. Nosotros tenemos un tesoro en vasijas de barro. Pero la tentación es siempre la misma: encubrir, disimular, no creer que somos barro. Esa hipocresía con nosotros mismos”.
El Apóstol Pablo – subrayó el Papa – con este modo “de pensar, de razonar, de predicar la Palabra de Dios” nos conduce, por tanto, a un diálogo “entre el tesoro y el barro”. Un diálogo que continuamente debemos hacer, “para ser honestos”. Francisco propuso el ejemplo de la confesión, cuando “decimos los pecados como si fuera una lista de precios del mercado”, pensando “blanquear un poco el barro” para ser más fuertes. En cambio, debemos aceptar la debilidad y la vulnerabilidad, incluso si resulta “difícil” hacerlo: es aquí donde entra en juego “la vergüenza”:
“Es la vergüenza la que ensancha el corazón para que entre el poder de Dios, la fuerza de Dios. La vergüenza de ser barro y no ser una vasija de plata o de oro. De ser barro. Y si nosotros llegamos a este punto, seremos felices. Seremos muy felices. El diálogo entre el poder de Dios y el barro: pensemos en el lavatorio de los pies, cuando Jesús se acerca a Pedro y Pedro dice: ‘No, a mí no, Señor, ¡pero por favor! ¿Qué haces?’. Pedro no había entendido que tenía necesidad del poder del Señor para ser salvado”.
De manera que está en la “generosidad” reconocer “que somos vulnerables, frágiles, débiles y pecadores”. Sólo si aceptamos que somos barro – terminó diciendo el Santo Padre – el “extraordinario poder de Dios vendrá a nosotros y nos dará la plenitud, la salvación, la felicidad, la alegría de ser salvados”, recibiendo así el “tesoro” del Señor.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Papa: es tiempo de librar a los pobres del desaliento


“Pidamos a la Virgen María que nos dejemos guiar siempre por el amor de su Hijo. Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva”.
Fue la invitación del Papa Bergoglio al saludar a los peregrinos de nuestro idioma – que se dieron cita en la Plaza de San Pedro – para participar en la Audiencia General del segundo miércoles de junio.
Prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana, en esta ocasión el Santo Padre reflexionó acerca de cómo la certeza de la esperanza se funda en que somos hijos amados de Dios. Y lo hizo a partir de un pasaje del Evangelio de San Lucas que relata la fiesta que hizo el padre cuando regresó a casa el hijo pródigo.
Hablando en italiano, el Papa destacó  ante todo que ninguno de nosotros puede vivir sin amor, a la vez que recordó que tal vez, buena parte de la angustia del hombre contemporáneo podría derivar de la creencia de que no somos fuertes, atrayentes y bellos como para que alguien se ocupe de nosotros. Y afirmó que buena parte del narcisismo del ser humano surge de un sentimiento de soledad.
Francisco añadió que cuando el que no es, o no se siente amado, es un adolescente, entonces podría producirse la violencia, ya que detrás de tantas formas de odio social y de vandalismo hay, con frecuencia, un corazón que no ha sido reconocido. “No existen niños malos – dijo el Obispo de Roma – así como no existen adolescentes totalmente malvados, sino que existen personas infelices”.  A lo que añadió que la vida del ser humano es un intercambio de miradas, que nos conduce a la sonrisa.
De hecho  – prosiguió el Pontífice – el primer paso que Dios realiza hacia nosotros es el de un amor incondicional, puesto que no nos ama porque en nosotros exista alguna razón que suscite el amor. No. Dios nos ama porque Él mismo es amor, y el amor tiende, por su misma naturaleza, a difundirse y donarse. De manera que Dios ni siquiera relaciona su benevolencia a nuestra conversión. Y recordó que San Pablo dice esto mismo perfectamente en su Carta a los Romanos: “Dios demuestra su amor hacia nosotros en el hecho de que, mientras éramos aún pecadores, Cristo ha muerto por nosotros”.
A lo que el Papa se preguntó: “¿Quién de nosotros ama de esta manera, sino quien es padre o madre? Una mamá sigue queriendo a su hijo también cuando éste se encuentra en la cárcel”. Francisco dijo que si bien una madre no pedirá que se borre la justicia humana, porque todo error exige una redención, al mismo tiempo, tampoco dejará de sufrir por su propio hijo, puesto que lo ama aun cuando es pecador. Dios – añadió el Papa –  hace lo mismo con nosotros: ¡“Somos sus hijos amados”, exclamó.
El Santo Padre concluyó su catequesis afirmando que “para cambiar el corazón de una persona infeliz, es necesario ante todo abrazarla”. Hacerle sentir – dijo – que es deseada, que es importante, y así dejará de estar triste. Sí, porque el amor llama al amor, y de modo más fuerte de cuanto el odio llame a la muerte, agregó Francisco. A la vez que recordó que Jesús murió y resucitó por nosotros, a fin de que nuestros pecados sean perdonados. Por tanto, es tiempo de resurrección para todos, finalizó diciendo el Papa: tiempo de librar a los pobres del desaliento, sobre todo a los que yacen en el sepulcro desde hace mucho más que tres días.  

viernes, 16 de junio de 2017

«Queremos ser una Iglesia en salida y al servicio de los pobres»




Cumple en septiembre diez años como pastor de la diócesis de Coria-Cáceres. Desde entonces cada fin de curso convoca un Congreso Teológico Pastoral, el de este año muy en línea con el proceso sinodal que vive la diócesis
Cuando Francisco Cerro Chaves llegó, hace diez años, a Coria-Cáceres como obispo, tuvo claro que cada curso la diócesis debería tener una presentación del plan pastoral al principio y un Congreso Teológico Pastoral como clausura. Este viernes 16 de junio ha comenzado la novena edición de este último, un espacio para celebrar, orar, formarse y tomar el pulso a cómo ha caminado la diócesis durante el curso. Por él han pasado cardenales, obispos, teólogos, periodistas, laicos «que nos ayudan a profundizar lo que está viviendo la Iglesia como proyecto de evangelización», dice Cerro Chaves. Un encuentro que además puede ayudar en el camino sinodal diocesano que está recorriendo esta Iglesia extremeña desde 2014.
¿Cómo se presenta la edición de este año?
La inauguración será a cargo del cardenal Maradiaga. Cada año, el esfuerzo que hace la diócesis es fantástico. Estamos en el momento álgido, pido a todos los diocesanos que participen. La presencia de Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, que pertenece al grupo de los ocho cardenales que el Papa Francisco ha confiado muchas de las reformas de la Iglesia, es una alegría enorme para nosotros, por su vinculación afectiva y efectiva con el Papa, que también es la nuestra. Es un momento para reafirmar lo que queremos: una Iglesia en salida al servicio de los pobres, una vuelta a lo que está repitiendo el Papa Francisco constantemente. A pesar de nuestros fallos, tenemos claro hacia dónde tenemos que caminar y el sínodo lo está demostrando.
¿Y el resto de ponentes?
Este congreso va a contar con personas que hoy en la Iglesia por su vida y testimonio nos pueden iluminar en el camino del sínodo, como misión de la Iglesia de anunciar a Jesucristo y que nos ayude a ser una Iglesia que en salida vive para llevar el amor de Jesús a los que sufren. El padre Miguel Márquez Calle, ocd, o el filósofo José Manuel Domínguez Prieto, la periodista Cristina López Schlichting, Ester Martín, responsable de la oficina de transparencia de la CEE o la vicepresidenta de Manos Unidas, pueden ser providenciales en estos momentos, ayudándonos a encarar el sínodo diocesano, el acontecimiento eclesial más importante de los últimos años, como mayor espacio de corresponsabilidad con que cuenta el obispo.
¿Por qué convocó un sínodo diocesano?
Hace tres años consulté la idoneidad de la celebración de este evento que marcará un antes y un después en nuestra Iglesia diocesana. Era muy consciente de que era necesario conocer y compartir las alegrías, los dolores, los sufrimientos y esperanzas de nuestra gente, que camina en nuestra diócesis de Coria-Cáceres.
Un sínodo es siempre algo extraordinario, una gran oportunidad para ponernos las pilas en esta tierra, en este momento que nos toca vivir y donde debemos convertir los obstáculos que existen en retos para juntos buscar soluciones. Por eso este sínodo, para tomar el pulso a la realidad y seguir en la tarea de la Iglesia, como dice nuestro lema sinodal: Caminar juntos con Cristo para buscar, renovar y fortalecer la fe.
¿Cómo lo está viviendo la diócesis?
Llevamos tres años caminando con más de 3000 participantes distribuidos en grupos (322) y que han reflexionado sobre cuatro temas: anuncio del Evangelio y transmisión de la fe; compromiso social y caritativo de la Iglesia en la sociedad hoy; formación y participación de los laicos en la Iglesia y el mundo y por último, la organización pastoral de la diócesis. El próximo otoño tendrán lugar las asambleas finales. Estamos en un momento trascendental en la diócesis. Y muy ilusionante.
Los fieles están viviendo también esa ilusión…
Los miembros de los grupos sinodales viven este momento con una profunda alegría. Para ellos es una gracia poder hablar, con tranquilidad, sobre qué puede ser mejorable en la Iglesia diocesana. Para algunos supone hasta un planteamiento de conversión pastoral. Saben que el sínodo no es para inventarse la fe ni la moral, sino que es totalmente pastoral, es decir, que todos tenemos que estar implicados, eso se llama corresponsabilidad, para que nuestra Iglesia diocesana sea fiel al proyecto de Jesucristo y siga evangelizando este mundo que construimos entre todos. Alguien me preguntó: «¿De verdad que cree que un sínodo es la panacea, la solución?». Recuerdo que, sencillamente, le contesté: «Hoy panacea no es nada, sin embargo, lo que sí está claro es que no hacer nada no es la solución».
Lorena Jorna
Cáceres

Alfa y Omega

El actor que interpreta a Ignacio de Loyola se inspiró con los Ejercicios Espirituales



Para que Andreas Muñoz (Madrid, 1990) interpretase a Ignacio de Loyola en la película dirigida por Paolo Dy, el joven actor pasó el casting representando el papel de un personaje sin nombre. No sabía más que era un hombre perfeccionista, vanidoso y que «se rompía». Cuando en enero de 2015 le confirmaron que el papel protagonista era para él y le desvelaron su nombre, Ignacio de Loyola, no salió de su ignorancia. Le sonaba pero no sabía nada de él.
Después de un intenso trabajo interpretativo que se estrenará en los cines en versión inglesa el próximo 27 de julio bajo el mismo nombre del santo, el joven actor ya no sólo conoce al fundador de la Compañía de Jesús, sino que se ha metido en su piel y le ha llevado a vivir «cosas alucinantes». «Esta película es la mejor manera de que la gente conozca a un hombre que ha cambiado el mundo», dice. «A mí me ha hecho creer en él y ver las cosas de otra manera».
Para salir de esa ignorancia buscó en internet. Poco le aportaba de su personaje, al menos no lo suficiente para «meterse» dentro de san Ignacio. Siguió explorando. Comenzó la ávida lectura de la autobiografía, El peregrino, un relato que le condujo hasta el interior de Ignacio de Loyola. Para encontrarse con su aspecto, sus gestos, su mirada escrudiñó cada cuadro, pintura, escultura e imagen. Estuvo en su casa de Loyola, en su habitación, y vio La MisiónElúltimo Mohicano y otras películas. Y a medida que se adentraba él, iba descubriendo la calidad humana desde la que se transformó en santo. «Eran dos personajes y eso fue lo más duro para mí», explica: «Del soldado que únicamente pienso en mi gloria y en mi grandeza, al hombre que únicamente pienso en el otro, capaz de pedir limosna para los demás». Del primero la documentación es muy escasa y del segundo, bebió paso a paso de toda la bibliografía. Eso sí, tratando siempre de no contaminar el carácter del primero con la sabiduría del segundo. «Cuando terminé la interpretación de los primeros años, comencé a leer los Ejercicios Espirituales».
De gran ayuda fue también el guión, explica, porque narra muy bien ese proceso de transformación. Previamente el director le ofreció una clave al actor: «El principio, cuando es el soldado, es el fuego; la parte del peregrino es el agua». Una máxima que integró. «Sinceramente es un personaje bastante radical que pasa de ser un soldado a despojarse de todas sus ropas y comenzar su vida como peregrino. ¡Un soldado noble!» Impactado e interpelado por este personaje histórico compara su recorrido vital con un personaje actual: «Es como si el rey se marchara y dijera adiós para peregrinar y dejarlo todo». Pedía limosna para los demás y no comía porque lo que le daban él lo daba para los más necesitados y enfermos. Y eso, eso es difícil de entender ahora hasta ese punto. «Nada para mí y todo para el otro, cuando él era todo lo contrario, mi gloria y mi grandeza. Del mí pasó al vosotros».
No ha pasado mucho tiempo desde el casting y ahora ve cumplido el sueño del estreno de la película, con todo Andreas todavía vive en esa piel de san Ignacio porque lo conoce por dentro y fuera. Y con él convive. «Después de este trabajo no me he planteado meterme jesuita, pero sí me dan ganas de hacer más papeles de jesuitas». La admiración y el respeto por el mismo san Ignacio y por quienes le siguen es parte de su aprendizaje.
La película Ignacio de Loyola: soldado, pecador, santo se estrena en España el 16 de junio en más de 100 salas de cine.
Loyola Grupo de Comunicación

Pastores con misericordia




+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER
Organizamos un pequeño curso de formación permanente para los presbíteros de nuestra diócesis, con el objetivo de actualizarnos en algunos puntos de Moral y Derecho Canónico, para ser mejores servidores del sacramento de la reconciliación y de la pastoral familiar, en el espíritu del capítulo VIII de Amoris laetitia. Nos auxiliaron dos profesores de la Universidad Pontificia, expertos en esas materias. Los puntos principales fueron: Análisis de dicho capítulo VIII y su alcance concreto en los aspectos sacramentales y de participación en la vida de la Iglesia. Requisitos esenciales para la validez de un matrimonio. Principales capítulos de nulidad en un proceso matrimonial. Desafíos que atentan contra la vida y la familia: Métodos de planificación familiar, píldora del día siguiente, Técnicas de Reproducción Humana Artificial. Gradualidad en la moral y normas de discernimiento. Desafíos a la moral de la familia: Directrices anticipadas, Eutanasia, Homosexualidad. Pasos que se han de dar para un juicio de nulidad y la normativa pontificia reciente (Mitis Iudex Dominus Iesus). Facultades de los párrocos y de los Vicarios Episcopales para un matrimonio.
Nos planteamos asuntos que con frecuencia se nos presentan en la pastoral: ¿Se puede dar la comunión a casados por la Iglesia que se han separado y viven en una nueva unión? ¿Se puede admitir al bautismo a una persona mayor que vive con una pareja con la que no puede casarse por la Iglesia, y por tanto, también darle su Confirmación y la Comunión, ésta por única vez? ¿Pueden confesarse y comulgar personas que quieren recibir la Confirmación, pero viven en una situación irregular, que no pueden resolver, y quieren recibir la fuerza del Espíritu, que necesitan sinceramente? En caso de una enfermedad grave, o antes de una operación delicada, ¿pueden confesar y comulgar quienes viven en una situación no regular?
Estos y otros planteamientos no son elucubraciones de academia, sino casos concretos de cada día en el ministerio pastoral. La respuesta habitual en estos casos era casi siempre la negativa. Pero desde antes de que llegara el Papa Francisco, ya nos significaba un remordimiento de conciencia excluir a estas personas de todos los sacramentos, de una forma tajante y poco comprensiva. Si una persona vivía en amasiato y estaba gravemente enferma, aunque nos pidiera la confesión y los demás auxilios espirituales, se los negábamos con la conciencia de estar haciendo lo mejor. Pero, ¿esa es la actitud de Jesús? ¿Un legalismo sin misericordia, sin análisis de cada caso particular?
PENSAR
El Papa Francisco, en el capítulo VIII de Amoris laetitia, insiste de una forma obsesiva que nunca hemos de traicionar el ideal del matrimonio y que siempre hay que procurarlo; pero, con un realismo evangélico y pastoral, nos invita a ser misericordiosos. Nunca afirma, en forma explícita, que se admita a esas personas a la comunión sacramental, pero nos da criterios de discernimiento, apegados a la práctica de Jesús, para que nosotros tomemos la decisión pertinente en cada caso. Yo ya he concretado algunos criterios para el clero diocesano.
Dice el Papa: “Aunque la Iglesia entiende que toda ruptura del vínculo matrimonial va contra la voluntad de Dios, también es consciente de la fragilidad de muchos de sus hijos… Aunque siempre propone la perfección e invita a una respuesta más plena a Dios, la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza” (291).
Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. El camino de la Iglesia es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero” (296).
Los divorciados en nueva unión pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (298).
Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo. La lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral, para que no sólo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que puedan tener una experiencia feliz y fecunda” (299).
ACTUAR
¿Qué hacer? Dice el Papa: “Para evitar cualquier interpretación desviada, recuerdo que de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza. La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio y también una falta de amor de la Iglesia hacia los mismos jóvenes. Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano” (307).
Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino” (308).
ZENIT

Santa Sede y Estado de Israel: progresan las negociaciones bilaterales



 La Comisión  Bilateral Permanente de Trabajo entre la Santa Sede y el Estado de Israel se ha reunido en sesión plenaria este 13 de Junio en el Vaticano, para continuar las negociaciones en virtud del artículo 10 § 2 del “ Fundamental Agreement ” entre la  Santa Sede y el Estado de Israel de 1993.
El encuentro estuvo  presidido por Mons. Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y el Sr. Tzachi Hanegbi, Ministro de Cooperación Regional del Estado de Israel.
La Sesión Plenaria ha manifestado su agrado por  los progresos realizados por la Comisión de Trabajo en relación con las negociaciones desarrolladas  en un ambiente cordial.
Los resultados de la Plenaria actual brindan la esperanza de una pronta conclusión de las negociaciones en curso y de la firma del documento. La Plenaria reconoce, además, los esfuerzos de colaboración de ambas partes con respecto a la aplicación del Acuerdo Bilateral de 1997 sobre la Personalidad Jurídica
 (ZENIT – Roma, 16 Jun. 2017)

40 cristianos iraquíes podrían ser deportados de EE.UU. por delitos antiguos


«Estamos especialmente preocupados por que los caldeos sean devueltos a Irak, un país en el que la persecución contra los cristianos solo se ha reducido por los pocos que quedan», afirman las entidades caritativas católicas de Michigan sobre la redada del 11 de junio contra varias decenas de iraquíes
A la comunidad caldea en Estados Unidos le preocupa que las varias decenas de cristianos iraquíes detenidos hace unos días en la zona de Detroit (Michigan) sean deportados a Irak, donde sus vidas corren peligro. El domingo 11 de junio, la Policía de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) detuvo en sus casas a unos 40 iraquíes, muchos de ellos cristianos caldeos.
En un comunicado, la policía explicaba que los arrestos se producen después de que Irak haya aceptado admitir a las personas originarias de este país que sean expulsadas de Estados Unidos. Los detenidos –continuaba el ICE– tenían antecedentes por crímenes violentos, desde robos hasta violación u homicidio. Los detenidos ya han cumplido sus sentencias, pero tenían órdenes de expulsión pendientes por tener antecedentes penales.
«Hay mucha confusión y enfado», afirmó el lunes monseñor Francis Kalabat, obispo al frente de la eparquía caldea de Santo Tomás Apóstol, que cubre todo Detroit. En esta ciudad, viven unos 150.000 caldeos. «Entendemos el dolor por el que están pasando muchos miembros de nuestra comunidad», reconocía el obispo, pero también llamaba a la calma: «Actuar de forma irrespetuosa delante de edificios federales solo causará daño, nada bueno», decía, refiriéndose a las manifestaciones de cientos de personas como respuesta a la redada.
Crímenes de hace décadas
«La Iglesia no se opone a la justicia, todos los criminales reincidentes que son un peligro para la sociedad deben ser detenidos» –aclaraba monseñor Kalabat–. Sin embargo, «muchos de los detenidos no son reincidentes, sino que durante las últimas décadas han sido buenos ciudadanos».
Monseñor Kalabat también criticaba que esta medida era incoherente con la Ley para la rendición de cuentas y la ayuda de emergencia por el genocidio [contra los cristianos] en Iraq y Siria, aprobada por el Congreso de Estados Unidos el 6 de junio de 2017.
El riesgo de volver a Irak
«Estamos especialmente preocupados por la posibilidad de que los caldeos sean devueltos a Irak, un país en el que la persecución contra los cristianos solo se ha reducido por los pocos que quedan», afirma en un comunicado la entidad que engloba a las asociaciones caritativas católicas de la zona sureste de Michigan (CCSEM).
Este texto cuestiona «la elección del momento en que se han producido los arrestos, y su necesidad». Critican que centrar la lucha contra los crímenes graves en la comunidad inmigrante y refugiada es «desigual e inconsistente», y que apenas se ha justificado qué antecedentes criminales tienen los detenidos o «cómo estas redadas hacen que las comunidades sean más seguras».
Tanto la eparquía como CCSEM llevan desde el domingo en contacto con diversas instituciones, como el Departamento de Estado o la Embajada iraquí; así como con la Conferencia Episcopal Estadounidense y organizaciones de ayuda a los inmigrantes para valorar qué se puede hacer para «detener esta hemorragia», en palabras del obispo.
María Martínez López

Jesucristo está en medio de nosotros



La celebración del Corpus Christi este domingo me mueve a entrar en el Cenáculo y hablaros desde él. Allí resuenan las palabras que Jesús nos dirige a todos los discípulos: «El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10, 10). El Señor se nos dio enteramente. En la fiesta del Corpus tenemos la gracia de recordar que su carne es el alimento de vida eterna que nos da el Padre. ¡Qué palabras más elocuentes las del Señor: «Yo vivo por el Padre, y el que me come vivirá por mí» (Jn 6, 56)!
En esta nueva etapa de la historia que emprendemos, y en la que está metida de lleno toda la humanidad, siento urgencia de decir una palabra desde el lugar donde Jesucristo instituyó la Eucaristía. La Eucaristía es don del Padre, y Jesús quiere que lo entendamos bien. La Iglesia así lo interpretó, y nos regaló esta fiesta del Corpus para entender mejor y contemplar sus palabras: «Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (Jn 6, 36). No es un pan provisorio, es alimento definitivo, eficaz para dar vida y vida eterna. En la Eucaristía tenemos el testimonio de cómo es el amor del Padre: un amor cercano, incondicional, disponible siempre para toda persona que quiera tener fuerza en el camino; un amor que cambia nuestra mirada hacia los demás, pues nos hace verlos hermanos; un amor que nos hace compartir lo que somos y tenemos; un amor que es creador de fraternidad entre los hombres, pues siempre busca al otro para hacerle el bien.
En la Eucaristía recobramos la dignidad profunda y verdadera que tenemos los hombres y de la que tenemos que vivir. Por eso, en la fiesta del Corpus Christi, los discípulos de Cristo volvemos a preguntar a Jesús: ¿dónde quieres que preparemos la Eucaristía? ¿Dónde deseas que la recibamos con amor? ¿Dónde quieres que te adoremos como Dios vivo? Y la respuesta es contundente: id a la ciudad, salid a ver a quienes llevan cántaros de agua para dar de beber a los demás, pero siempre para provocar en ellos lo que hizo con la samaritana; esta dejó su cántaro de barro y convirtió su vida entera en cántaro, y marchó corriendo a anunciar a su gente que fuesen con ella a ver a Jesús, quien le había dado el agua que quita la sed que todo ser humano tiene.
Es desde ese lugar que es el Cenáculo desde donde siempre tenemos que salir los discípulos de Jesús, pues nuestra misión requiere que llenemos nuestra vida del amor mismo de Cristo y, por tanto, que salgamos siempre con Él a todos los caminos donde están los hombres. Jesús invita a todos a participar en su misión. Nadie puede quedarse con los brazos cruzados, pues ser discípulo de Cristo es ser misionero, es decir, anunciador de Cristo con creatividad y audacia en todos los ambientes. Un discípulo que sale siempre del Cenáculo, alimentado de  Cristo Eucaristía. Todos los caminos de la humanidad son de los discípulos de Cristo, pero no podemos salir de cualquier manera. Recordemos aquellas palabras que los primeros discípulos tuvieron muy en cuenta: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8). Los apóstoles recuerdan aquellas palabras que el Señor les dirigió después de la Resurrección, cuando les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto» (Lc 24, 46-47). Salgamos a todos los caminos y llamemos a los hombres al banquete, como en la parábola de los invitados por el rey a las bodas de su hijo, llenemos la sala. Habrá quienes no acepten la invitación, pero invitemos a participar de la gran fiesta que es la Eucaristía, donde el Señor prepara a su pueblo a abrir el corazón a los demás.
En la Eucaristía resplandece la dignidad humana. El Hijo de Dios ha querido quedarse entre nosotros en el misterio de la Eucaristía. Quien nos hizo a su imagen y semejanza, quien nos creó libres e hizo sujetos de derechos y deberes en la creación, nos dice cómo tenemos que vivir: nada más y nada menos que alimentándonos de Él y dando lo que Él nos da a todos los hombres, su Vida, que se ha de hacer vida nuestra. Él nos da su Vida para que en comunión con Él la comuniquemos a todos los hombres. Si el pecado deterioró la imagen de Dios en el hombre e hirió su condición de hijo de Dios y hermano de todos los hombres, la Buena Nueva que es Cristo lo ha redimido y restablecido en la gracia. ¡Qué gracia esta fiesta del Corpus Christi! Dios nos reconcilió consigo por amor, nos mostró su amor reconciliándonos por la muerte de su Hijo en la Cruz, y continúa derramando su amor en nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida.
Contemplemos el misterio de la Eucaristía:
1. Como la escuela del Amor más grande: participar y contemplar la Eucaristía es la escuela de Amor más grande. No da teorías. Cambia el corazón y la dirección de nuestra vida. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres que, al estilo de Cristo con la samaritana, invitamos a todos los que nos encontramos a ser cántaros de Cristo? Invitemos a contemplar a Cristo en el misterio de la Eucaristía, y mostremos que quien tiene todo lo necesario para quitar la sed es Jesucristo. Las demás aguas que demos, no sacian. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres que inviten a bajar a los hombres de donde están subidos y dejen entrar en su vida a Jesucristo, al igual que Él lo hizo con Zaqueo? La Eucaristía nos invita a dar ese mismo Amor que dio el Señor a Zaqueo y que le hizo cambiar de vida. Convirtámonos en hombres y mujeres que nos sentamos a la mesa del Señor, y allí vemos el modo y la manera de enriquecer a los demás siempre y no robar a nadie. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres samaritanos, que nos acercamos a todos los que vemos en los caminos tirados, sufriendo, solos, víctimas de esclavitudes diferentes? La Eucaristía nos lleva a servir siempre al hermano, al prójimo tal y como Jesús nos enseña en la parábola: acercarnos, agacharnos, curarlo, vendarlo, prestar nuestra cabalgadura, llevarlo a donde puedan cuidarlo y nunca desentendernos de él.
2. Como la escuela de la esperanza verdadera: es bueno contemplar la Eucaristía en estos momentos que vivimos, donde la bajeza de diversas clases parece achatar todo, y escuchar a Jesús que nos dice una vez más: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (Jn 6, 56). Miremos al pueblo de Israel al que, como en el desierto no encontraba nada para alimentarse y solamente veía su propio límite, Dios le regaló un alimento especial: el maná, que prefiguraba la Eucaristía. En estos momentos de la historia hay mucha infelicidad. Parece que tenemos todo, pero la soledad, el poco valor que se da a la vida, la inconsistencia de tantas modas, muestran cómo la altura humana disminuye. Es cierto que se quiere mitigar con entretenimientos que falsifican nuestro ser. Miremos, contemplemos la Eucaristía. Es Dios mismo que ha querido continuar su presencia entre los hombres. Sigue siendo necesario que digamos con Pedro y los apóstoles: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68).
3. Como la escuela donde aprendemos a vivir el compartir: el relato de la cena es conmovedor. ¡Cómo comparte su vida con sus discípulos! «Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”» (Mc 14, 22). Sabe que uno lo va a entregar. Les abrió el corazón y se lo dijo. Pero no sigue hablando de esta traición. Él desea que lo que vean sus discípulos es que se sigue dando. En ese partirse y fragmentarse, Jesús nos manifiesta el gesto más vital, más fuerte, donde la fragilidad es fortaleza. Fortaleza de amor que se hace débil para que así lo podamos recibir; se hace amor para poder alimentar y dar vida. ¡Qué bien entendemos así aquellas palabras: «Lo había reconocido al partir el pan» (Lc 24, 35)! Es alimentándonos de la Eucaristía donde descubrimos lo que de verdad es compartir la vida. Es contemplando la Eucaristía donde vemos a quien ha querido compartir nuestra vida, Jesús, y a quien desea que la compartamos como Él.
Con gran afecto y mi bendición,
+Carlos Card. Osoro, Arzobispo de Madrid

Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio".
Pero yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero “gehenna”.
Se dijo: "El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio" Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer - no hablo de unión ilegítima - la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».
Palabra del Señor.

jueves, 15 de junio de 2017

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del 14 de junio de 2017



El papa Francisco realizó hoy en la plaza de San Pedro la audiencia de los miércoles, en la cual desarrolló prosiguió con la serie de catequesis sobre la esperanza.
A continuación el texto completo:
«¡Queridos hermanos y hermanas , buenos días!
Hoy hacemos esta Audiencia en dos lugares, unidos a través de las pantallas gigantes: los enfermos están en el Aula Pablo VI para que no sufran tanto el calor y nosotros aquí. Pero todos juntos. Y nos une el Espíritu Santo, que es el que hace siempre la unidad. Saludemos a los que están en el Aula…
Ninguno de nosotros puede vivir sin amor. Y una de las más feas esclavitudes en la que podemos caer es la de creer que el amor se merece. Seguramente gran parte de la angustia del hombre contemporáneo viene de esto: creer que si no somos fuertes, atrayentes y bellos, nadie se ocupará de nosotros.
¿Es la vía de la “meritocracia” no? Tantas personas hoy día buscan una visibilidad sólo para colmar el vacío interior: como si fuéramos personas eternamente necesitadas de ser confirmados. Pero ¿imagínense un mundo donde todos mendiguen la atención de los demás, y nadie esté dispuesto a amar gratuitamente a otra persona? Imagínense un mundo así…un mundo sin la gratuidad del quererse bien….Parece un mundo humano, pero en realidad está enfermo.
Tantos narcisismos del ser humano, nacen de un sentimiento de soledad. Y también de orfandad. Detrás de tantos comportamientos aparentemente inexplicables se esconde una pregunta: ¿Es posible que yo no merezca ser llamado por mi nombre; o lo que es lo mismo, no merezca ser amado? Porque el amor siempre te llama por tu nombre.
Cuando es un adolescente quien no es o no se siente amado; entonces puede nacer la violencia. Detrás de tantas formas de odio social y de vandalismo, se esconde con frecuencia un corazón que no ha sido reconocido.
No existen los niños malos, como tampoco existen los adolescentes del todo malvados, existen personas infelices. ¿Y qué nos puede hacer felices más que la experiencia de dar y recibir amor? La vida del ser humano es un intercambio de miradas: alguien que al mirarnos, nos arranca una primera sonrisa, y en la sonrisa que ofrecemos gratuitamente a quien está encerrado en la tristeza. Y así es cómo abrimos el camino. Intercambio de miradas: mirarse a los ojos….y así se abren las puertas del corazón.
El primer paso que Dios realiza en nosotros, es un amor que nos anticipa de manera incondicional. Dios siempre ama primero. Dios no nos ama porque nosotros tememos motivos que despierten su amor. Dios nos ama porque Él mismo es amor y el amor por su propia naturaleza tiende a difundirse, a darse.
Dios no vincula su benevolencia a nuestra conversión: aunque ésta sea una consecuencia del amor de Dios. San Pablo lo dice de manera perfecta: “Dios demuestra su amor hacia nosotros, en el hecho de que aunque éramos todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5,8).
Mientras aún éramos pecadores. Un amor incondicional. Estábamos lejos, como el hijo pródigo de la parábola: “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vió, tuvo compasión….” (Lc 15,20). Por amor hacia nosotros, Dios realizó un éxodo de sí mismo, para venir a nuestro encuentro, en esta tierra, dónde insensato que Él transitara. Dios nos amaba aun cuando estábamos equivocados.
¿Quién de nosotros ama de esta manera, a no ser quien es madre o padre? Una madre sigue amando a su hijo aunque éste hijo esté en la cárcel. Yo recuerdo tantas madres, haciendo la fila para entrar en la cárcel, en la primera diócesis dónde estuve: tantas madres. Y no se avergonzaban. El hijo estaba en la cárcel, pero era su hijo.
Y sufrían tantas humillaciones en la antesala, antes de entrar, pero “es hijo mío”. “¡Pero señora, su hijo es un delincuente! – “Es hijo mío”- Sólo este amor de madre y de padre, nos hace comprender cómo es el amor de Dios.
Una madre, no pide que no se aplique la justicia de los hombres, porque todo error necesita redimirse, pero una madre nunca deja nunca de sufrir por el propio hijo. Lo ama a pesar de saber que es pecador.
Dios hace lo mismo con nosotros: somos sus hijos amados. ¿Pero puede ser que Dios tenga algún hijo al que no ame? No. Todos somos hijos amados de Dios. No hay ninguna maldición sobre nuestra vida, lo único es la benévola palabra de Dios, que ha sacado nuestra existencia de la nada. La verdad de todo está en esa relación de amor que une al Padre con el Hijo mediante el Espíritu Santo, relación en la cual, nosotros somos recibidos mediante la gracia.
En Él, en Cristo Jesús, hemos sido queridos, amados, deseados. Es Él quien ha impreso en nosotros una belleza primordial que ningún pecado, ninguna decisión equivocada podrá nunca borrar enteramente.
Nosotros, ante los ojos de Dios, somos siempre pequeños manantiales hechos para salpicar el agua buena. Lo dijo Jesús a la samaritana: “ El agua que yo te daré, se hará en ti una corriente de agua, de la que fluye la vida eterna”. (Jn. 4,14)
Para cambiar el corazón de una persona infeliz, ¿cuál es la medicina? ¿Cuál es la medicina para cambiar el corazón de una persona que no es feliz? (responden ‘el amor’) ¡Más fuerte! (‘¡el amor!’)
¡Muy despiertos!, muy despiertos, ¡todos están muy despiertos! ¿Y cómo hacemos sentir a una persona que la amamos? Hace falta sobretodo abrazarla. Hacerle sentir que es deseada, que es importante, y dejará de estar triste.
El amor llama al amor, de un modo mucho más fuerte de cuanto el odio llama a la muerte. Jesús no murió y resucitó para si mismo, sino por nosotros, para que nuestros pecados sean perdonados. Así que es tiempo de Resurrección para todos: tiempo de levantar a los pobres de la desesperanza, sobre todo a aquellos que yacen en el sepulcro mucho más que tres días.
Sopla aquí, sobre nuestros rostros, un viento de liberación. Haz que germine aquí, el don de la esperanza. Y la esperanza es la de Dios Padre que nos ama como somos: nos ama siempre, a todos. Buenos y malos. ¿De acuerdo? ¡Gracias!»
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 14 Jun. 2017)

De Madrid al cielo. Hace 24 años…



El 15 de junio de 1993 san Juan Pablo II consagraba la catedral de la Almudena. Habían pasado 110 años desde que Alfonso XII pusiera la primera piedra, el 4 de abril de 1883. Los madrileños habían esperado 125 años para ver otra vez un templo dedicado a la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena.
Madrid fue la ciudad escogida en 1561 por Felipe II para ser la nueva capital. Dependía de la diócesis de Toledo y, aunque fueron muchos los intentos de segregarla, Toledo seguía teniendo la primacía. Será en 1885 cuando el Papa León XIII cree la diócesis de Madrid, nombrando a don Narciso Martínez Izquierdo primer obispo. Se establece la cátedra en la iglesia que está en construcción, Santa María la Real de la Almudena, pero hasta la terminación de la obras será la colegiata de San Isidro la catedral provisional.
Su edificación no fue tan rápida como se esperaba. El primer proyecto del marqués de Cubas era muy ambicioso, un templo neogótico de cinco naves. A su muerte le sucedieron diferentes arquitectos, Miguel Olavarría, Enrique Repulles y Vargas y Juan Moya, quienes realizaron sustanciales variaciones. En el año 1944, el marqués de Lozoya propuso un concurso de arquitectura para dar una solución a la iglesia que estaba a medio construir. Carlos Sidro y Fernando Chueca Goitia ganaron el concurso y el resultado es la actual catedral, aunque con algunas modificaciones producidas por falta de recursos económicos.
Las obras se reanudaron en 1950, pero un nuevo parón entristeció a los madrileños. En 1984 don Ángel Suquía le dio el impulso definitivo con la creación de un patronato.
El 10 de junio de 1993 la Virgen de la Almudena procesionaba desde San Isidro hasta su nueva sede. Unos días más tarde, el Papa san Juan Pablo II la dedicaba. A la solemne ceremonia acudían las más altas personalidades del Estado y sus majestades los reyes don Juan Carlos y doña Sofía. En el museo catedral de la Almudena se exponen las casullas y los ornamentos que utilizó el Papa ese día. La catedral ha cambiado mucho desde entonces: el altar de la Virgen, la sacristía mayor, la capilla del Santísimo… Hace 24 años de aquel 15 de junio y, aunque tardamos en verla terminada, un Papa como san Juan Pablo II la dedicó.
Cristina Tarrero

Lesbos, Grecia. Noviembre de 2015 «Tuvimos que decidir quién vive y quién muere»



A toda prisa Oscar y Gerard preparan las motos acuáticas. Saben que cada segundo cuenta. Centenares de refugiados se están ahogando a pocos kilómetros de su base en To Kyma. Nico y Oriol se suben en marcha sobre las camillas vacías. Todavía no saben qué se van a encontrar en alta mar. «Tuvimos que decidir quién vive y quién muere», nos contaba después Óscar Camps, el alma del dispositivo de rescate financiado con sus propios ahorros y, más tarde, con la solidaridad de miles de ciudadanos de todo el mundo ante la incapacidad e inacción manifiestas de los gobiernos de Europa.
«Lo más duro era tomar a los niños de los brazos de sus padres sabiendo que era muy posible que nunca más se fueran a ver». Los barcos de los guardacostas griegos y del Frontex europeo, que no están preparados para faenas de rescate sino policiales, se mostraron totalmente ineficaces para salvar a las más de cuarenta personas muertas o desaparecidas, muchos de ellos niños.
Dos niñas y dos niños de unos siete años son encontrados vagando por el puerto. Buscan a sus padres perdidos en el mar unas horas antes. Una voluntaria los acompaña al local donde se hacinan docenas de supervivientes. Los niños atisban desde la puerta con la esperanza de que sus padres estén entre los rescatados. Entre los murmullos y sollozos que llenan la sala, la voluntaria grita su apellido. Una mujer se levanta. La niñas saltan entre los cuerpos cubiertos de mantas y se abrazan a ella. Cuando el fotoperiodista abandona la sala un rato después, los dos niños están sentados en una esquina, solos. Sus padres siguen sin aparecer.
En los días siguientes, a los fotoperiodistas nos corresponde la labor de buscar por las playas los cuerpos de los ahogados para documentar lo que no se quiere ver. Emociona ver a una mujer griega llorar desconsolada mientras abraza el pequeño cuerpo de un bebé ahogado que acaba de encontrar cerca de su casa.
Alfa y Omega

Gevgelija, Macedonia. Agosto de 2015. Perder el tren para no perder la familia



La tensión sube a medida que pasa la hora de salida del tren que no llega. Se escucha un clamor cuando a lo lejos se vislumbra la figura de la vieja máquina. Centenares de personas se abalanzan sobre las puertas antes de que el convoy se detenga. Un policía comienza a golpear con su porra a los pasajeros más cercanos, mientras otros trepan por las ventanillas para no quedarse en tierra. Un padre de cuatro niños consigue, con gritos de «Family! Family!», subir finalmente al último asustado pequeño.
Varias familias quedan separadas en la debacle. Un padre con tres hijos grita por la ventanilla a los policías que dejen subir a la madre que se ha quedado rezagada en el andén. Los policías hacen caso omiso a sus súplicas y a los varios avisos que un periodista les da. Otras dos familias incompletas son obligadas a bajarse del tren si no quieren quedar separadas de sus hijos o padres. Mantener junta a la familia es la prioridad absoluta, muchas veces casi misión imposible, para los padres y madres. Si se pierden no saben si se podrán volver a encontrar en un camino del que no saben ni adónde va.
Un policía se lleva detenidos a los dos periodistas. No tienen el permiso escrito, diario, para hacer fotografías en la caótica estación. Tras casi una hora detenidos son puestos en libertad con la amenaza de peores consecuencias. Dos veces más serán detenidos en los siguientes días, afortunadamente sin graves problemas.
Pasan las horas y el viejísimo tren de metal se convierte en un horno para las personas hacinadas en su interior. Las escasas botellas de agua se convierten en una necesidad absoluta para los niños, que casi no pueden ni respirar dentro de los vagones. Por las ventanillas abiertas se ven bebés asomados, sujetos por sus agobiados y sudorosos padres, cuyos ojos se iluminan cuando alguien les entrega un poco de agua desde el andén. Las escenas de la estación recuerdan a los vagones de ganado en el que los judíos eran llevados a los campos de exterminio.
Alfa y Omega