viernes, 24 de febrero de 2017

¿Cómo me puedo relacionar con mi ángel de la guarda?


Ya sabemos cuál es la misión de los santos ángeles de la guarda: conducirnos al Cielo y a la salvación eterna. Pero, ¿cómo nos relacionamos concretamente con ellos, en el día a día?

Antes que nada, nuestros ángeles son nuestros amigos. No existen secretos entre nosotros. Ellos saben todo lo que hacemos y –al contrario de los demonios, que no ven a Dios cara a cara– saben también lo que pensamos.

En relación a ellos es bueno saludarlos e invocarlos durante el día, recordando también a los ángeles de los demás. Al saludar a alguien, es interesante crear el hábito de saludar también a su santo ángel. Eso, además de ayudar a la relación con la persona, nos ayuda a honrar a una persona santa, que está junto a ella y, al mismo tiempo, al lado de Dios.

En las Sagradas Escrituras, el ángel Rafael se ofrece para acompañar al joven Tobías en su viaje: “Díjole Tobías: ‘¿Conoces la ruta de Media?’ Respondió: ‘Sí; he estado allá muchas veces y conozco al detalle todos los caminos” (Tb 5, 5-6).

Los ángeles conocen las cosas mucho mejor que nosotros. Por eso, también les podemos pedir consejos, siempre que pasemos por alguna dificultad o peligro. Su ayuda es importante especialmente frente a las tentaciones; al final, ellos fueron colocados a nuestro lado para librarnos del infierno y llevarnos al cielo.

De los santos, también aprendemos valiosas lecciones para realizar con nuestros ángeles de la guarda.
El papa san Juan XXIII, por ejemplo, cuando tenía que resolver algún problema difícil durante su trabajo en la nunciatura de París, apostaba por la “diplomacia de los ángeles”: mandaba a su santo ángel a hablar con los ángeles de sus interlocutores, para que ellos ayudaran a solucionar cualquier cuestión.

El Padre Pío de Pietrelcina insistía mucho con sus hijos espirituales, para que le enviaran a sus ángeles de la guarda, frente a cualquier necesidad. Era frecuente que el santo no durmiera en la noche, al atender los pedidos de sus hijos espirituales que le presentaban por medio de sus ángeles.

Santa Teresita del Niño Jesús, en su poesía A mi Ángel de la Guarda, escribe:
“Tú que los espacios cruzas
más rápido que el relámpago,
vuela por mí muchas veces
al lado de los que amo.
Seca el llanto de tus ojos
con la pluma de tu ala,
y cántales al oído
cuán bueno es nuestro Jesús.
¡Oh, diles que el sufrimiento
tiene también sus encantos!
Y luego, murmúrales
quedo, muy quedo, mi nombre”.


Vale recordar también que no sólo las personas poseen ángeles de la guarda, también las instituciones, las parroquias, las diócesis, la ciudades y los países. Cuando san Juan María Vianney entró en Ars, impregnado de la conciencia de lo sobrenatural, no dejó de saludar al ángel de aquella parroquia, y a los ángeles de todos sus parroquianos.
San Francisco de Sales, en la carta a un obispo, recomendó que él invocara al ángel de su diócesis. Y en Portugal, existe una fiesta para el ángel del país, el mismo que se apareció a los pastorcillos de Fátima.
Al final, lo que es importante principalmente es imitar a los ángeles de la guarda, buscando ser como ángeles para los otros y haciendo todo lo posible para que ellos lleguen al cielo, donde, un día, contemplaremos todos juntos, el rostro de Dios.
Aleteia

ANTES TE CONOCÍA SOLO DE OIDAS, PERO AHORA TE HAN VISTO MIS OJOS. VIVIR SANAMENTE LA ENFERMEDAD


Si consideramos la salud como algo mucho más personal y global que el mal funcionamiento o deterioro de algún órgano del cuerpo, podemos vivir sanamente la enfermedad. Ya que vivir en paz consigo mismo, integrando los límites de la naturaleza, reconociendo la "naturalidad" de la enfermedad, siendo sujeto activo, son signos saludables.
Luchar por la salud   
Si nuestra actitud ante la enfermedad pretende ser cristiana, no puede menos que ser igual a la que tuvo Cristo: curar, atender al enfermo con entrañas de misericordia como el Buen Samaritano (Lc 10, 29ss). El sentido central de las curaciones realizadas por Jesús, más que mostrarnos su poder y dominio por encima de la naturaleza, consiste precisamente en manifestar que el Reino de Dios toma cuerpo en la persona del enfermo al reintegrarlo consigo mismo y con la comunidad.
Así la salud que nos ofrece Jesús y que es posible vivir en medio de la enfermedad mientras se lucha contra ella, implica la superación del aislamiento y de la marginación de cara a reapropiarse del propio cuerpo, de la propia mente, de toda la persona, para recobrar la normalidad de las relaciones y vivir la misión de testimoniar el amor de Dios (Mt 5, 1-20).
El cristiano debe luchar para hacer la mayor y mejor experiencia de salud en cualquier situación que se encuentre, aún en medio a la enfermedad incurable.
Hay que intentar eliminar todo el sufrimiento innecesario, luchar contra todo sufrimiento injusto y evitable, y mitigar en lo posible el sufrimiento inevitable asumiendo aquello que no se puede superar, en actitud de fidelidad a Dios. 
Integrar el sufrimiento inevitable
Luchar contra la enfermedad, implica asumir aquello que no es superable. Vivir sanamente la enfermedad conlleva vivir pacíficamente con el hecho de que la naturaleza humana es vulnerable.
Sabemos que parte del sufrimiento experimentado en la enfermedad, es ajeno a la misma enfermedad, viene de la percepción distorsionada, idealizada o dramatizada, de la misma realidad. No sólo, pues, hay que luchar contra la enfermedad y sus causas, sino también contra el dolor producido por la misma.
No hablamos de resignación, la resignación no es cristiana ya que indica abandono de sí o fatalismo. Integrar el sufrimiento, hace referencia al sujeto activo ante el propio mal, ser dueño, capaz de aceptar lo inevitable viviendo, aún en medio de ello, con la libertad propia del cristiano, con la capacidad de poner en práctica los valores. 
Vivir los valores en la enfermedad
Según Vicktor Frankl, la vida con sufrimiento, sin sentido a primera vista, puede tenerlo a partir de los valores que sea capaz de vivir. Él, que pasó por campos de concentración nazis, distingue diferentes tipos de valores:
- Valores de acción o de creación: ejercicio de las propias potenciales humanas y personales.
- Valores de asimilación: integración de cuanto positivo podamos encontrar en lo que nos rodea, interiorizándolo.
- Valores de soportación: Pensar en cómo sufrir, el dolor soportado auténticamente, conduciría a un enriquecimiento de la persona. El dolor que es afrontado, del cual no se huye y en el cual es capaz de introducirse la dinámica del amor.
Hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones el  sufrimiento impide tomar una determinada actitud ante él.
El cristiano ante la enfermedad grave
En la enfermedad grave, anuncio o vivencia de la posibilidad o proximidad de la muerte, el cristiano estaría llamado a:
- Reconciliarse con la vida, haciendo un balance positivo de la misma.
- Reasumir las propias opciones fundamentales, reafirmar los propios valores o cambiarlos si vemos otra opción para hacer el bien.
- Elaborar el luto por las pérdidas, ya que la enfermedad es un proceso de continuas pérdidas, el cristiano está llamado a aprender a separarse.
- Abrir el horizonte y ver más allá de las propias miserias y limitaciones, creer en la continuidad de la historia y en la aportación que cada uno hace o ha hecho en ella: ver las propias huellas vivas en alguien o en  algo por lo que ha valido y vale la pena vivir.
- Vivir la tensión propia de la esperanza: Vivir las relaciones impregnadas con un amor que supera todo mal.
Desde un punto de vista cristiano, para vivir serenamente la enfermedad tenemos como punto de referencia el modelo como Jesús ha vivido su propio sufrimiento y su propia muerte. A Él nos vamos a dirigir como modelos de relaciones sanas en medio del dolor.
VIVIR LA ENFERMEDAD EN CLAVE DE RELACIÓN SANA
Es deber de un buen cristiano atender a las propias necesidades con delicadeza: cuidarse, curarse. Se puede vivir de manera sana la tristeza, el miedo y la agresividad desencadenadas por la enfermedad.
Permitirse a sí mismo sentir y ser capaz de dar nombres a los sentimientos puedes ser parte de partida para una relación sana con los demás y con Dios.
Permitir aflorar serenamente los recuerdos hirientes del pasado, para que sean vividos y aprovecharlos para hacer un proceso de pacificación consigo mismo, reconociéndose también en los propios recuerdos. Se trata de vivir reconciliados consigo mismo.
Vivir la relación sanamente con los demás:
A veces, los demás son carne de cañón de la propia agresividad, desencadenada por la enfermedad.
A veces, los demás son "el propio infierno" porque no consiguen comprender el dolor del enfermo o no consiguen transmitir comprensión.
Otras veces, los demás son para el enfermo la fuente de la propia esperanza y lugar de consuelo, lugar donde apoyarse para caminar y salir adelante.
La experiencia de la enfermedad, el contacto con la propia vulnerabilidad puede ser ocasión para abrirse a los demás, así como hacerse más sensible y comprensivo para con los límites ajenos.
Hay enfermos que dicen que han descubierto nuevos valores con ocasión de la enfermedad.
Jesús, ante la angustia producida por la conciencia de la cercanía de la propia muerte, ha buscado la proximidad de sus amigos, ha intensificado las relaciones con ellos e incluso ha saboreado el malestar producido por la frustración en esta búsqueda, "¿no habéis podido velar conmigo'" (Mt 26, 40)
Vivir sanamente la relación con Dios: orar en la enfermedad
Ayuda mucho el ver como Jesús ha vivido su propio sufrimiento. Los sentimientos, reacciones, actitudes, comportamientos de Jesús ante la proximidad de la muerte son fuentes de inspiración y de ayuda para los enfermos y familiares.
Cuando el sufrimiento se instala en el hombre creyente, en la oración se reconoce que no hay dolor humano que pueda ser superado de forma distinta a como lo supera Dios mismo: por medio del amor.
Mientras Jesús hace la experiencia del abandono absoluto, sigue diciendo "Padre", se mantiene fiel en la oscuridad. Esta es la paradoja del creyente en medio del sufrimiento se sumerge en el misterio infinito de Dios.
Ante el sufrimiento último, ante la noche de la fe donde los sentimientos de abandono y el dolor se sobreponen, la tentación y la angustia no pueden ser superadas si no es con la decisión de cumplir la voluntad de Dios: "No sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú" (Mc 14, 36).
No se trata de una abandono irresponsable, sino de una actitud confiada mediante la cual se da testimonio de fe absoluta y de amor totalmente desprendido de sí..
Pero esta autenticidad llevada hasta el final y que encontramos en el modo de relacionarse de Jesús con el Padre en medio de la incomprensión del Misterio, podrá  darse también en el enfermo cristiano si es cultivada en todo encuentro, no sólo al final de la vida.
Lo que está en juego es la oración, es decir, la relación de diálogo con Dios.
 CONCLUSIONES
Todos nuestros sufrimientos, pérdidas y despedidas: sean de los seres queridos y de las cosas que hemos amado o sean las pérdidas propias que limitan cada vez más nuestra fuerza física, nos colocan ante la realidad de la muerte, que es el resumen de todas limitaciones.
Pueden ser leídas desde una mirada que no ve sino absurdo y sinsentido en la existencia humana. O podemos entenderlas desde la hondura de una espiritualidad de la entrega, como confianza en Dios y parte de su misteriosa pedagogía hacia la salvación
Nuestras pérdidas, nuestros sufrimientos, pueden enseñarnos algo más de nosotros mismos, de los demás y de Dios, pues ayudan a que el individuo se detenga, mire hacia atrás de otro modo y examine distinguiendo entre lo accidental y lo esencial, entre lo que vale la pena y lo que es pura apariencia.
Los sufrimientos nos preparan para hacernos más amigos de nuestras sombras y de las muertes que nos habitan y que a menudo le ocultamos a los demás, porque para ser plenamente humanos hemos de mirar la totalidad de lo que somos.
Necesitamos del proceso espiritual que nos permita afrontar desde Dios aquello que nos arrancará de nuestros amores para vivirlos definitivamente desde el Amor.
Un proceso espiritual que tiene que llevarnos a acoger el tiempo que llega, con sus quiebras y disminuciones, y descubrirlo como tiempo de Dios, que quiere hacernos más suyos.
Y haciendo que la vida fluya de nosotros hacia los otros pasando el relevo y aprendiendo a morir, con la esperanza de un nuevo comienzo que dejamos en las manos de los demás, con confianza.
La disminución total es "saberse por entero en las manos de Dios y aceptar que toda la iniciativa es suya", como  dijo el P. Arrupe.
Necesitamos la oración:
Como decía santa Teresa de Jesús "Orar es tratar de amistad, estando muchas veces a solas con Quien sabemos nos ama"
Jesús hace vida de oración, ora con el Padre, ora por nosotros y nos enseña a orar al Padre. Orar para conocernos mejor: "Jamás nos acabamos de conocer si no intentamos conocer a Dios", san Juan de la Cruz.
Hablarle como Padre, pedirle como Padre, contarle nuestros sufrimientos y pedirle remedio para ellos.
Santa Teresa decía: Cuando miramos hacia dentro y encontramos a Dios, consuela mucho ver que encontramos con quien hablar y entender que nos oye y los sentimientos de ternura que nos despierta"
"Si estáis con trabajos o tristes, miradle camino al huerto o miradle cargado con la cruz, miraros a Él con unos ojos tan hermosos y piadosos y olvidará sus dolores para consolar los vuestros, solo porque os vais con Él a consolar y porque volvéis la cabeza a mirarle"
Mirar a Jesús
Jesús en la angustia de su pasión abrió su corazón y su ser a la acción de Dios y por eso su cruz es para los cristianos icono de que somos barro y fragilidad, dolor y muerte. Pero también es signo de que estamos de determinación y resistencia, de entrega. Porque la cruz es camino que conduce a ganar, el derecho a tener voz cuando pase la guerra, a ser luz para los pueblos y sus gentes.

"En la muerte, como en un océano, vienen a confluir nuestras disminuciones bruscas y graduales... Superemos la muerte descubriendo a Dios en ella. Y lo divino se hallará instalado en el corazón de nosotros mismos; en el último reducto que parecía escapársele... Cristo ha vencido a la muerte, no sólo reprimiendo sus desafueros, sino embotando su aguijón. En virtud de la resurrección nada hay que mate necesariamente, sino que todo en nuestras vidas es susceptible de convertirse en contacto bendito de las manos divinas  y en bendita influencia de la voluntad de Dios... Tal es el hecho que domina toda explicación y toda discusión[1]

Precisamente, la resurrección de Jesús dice que todo es susceptible de convertirse en bondad. Encontrar a Dios en el sufrimiento para rendir la vida ante el Misterio, en actitud de entrega: "Tomad, Señor y recibid"


H. de Carmen



El Arzobispado de Toledo vuelve a negar la "devolución simbólica" de Santa María la Blanca a los judíos


¿Sinagoga, iglesia, museo? ¿Del Estado, de la Iglesia o de los judíos? Cada cierto tiempo, la polémica regresa a Toledo a cuenta de Santa María la Blanca. En esta ocasión, después de que el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, hubiera reclamado al arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, su "devolución simbólica".
En respuesta, la diócesis emitió un comunicado en el que subraya que "la titularidad eclesiástica de la antigua sinagoga de Santa María la Blanca queda perfectamente demostrada con la aportación documental que custodia el Arzobispado de Toledo y no ofrece ningún tipo de dudas".
La nota episcopal reconoce que, originariamente, el edificio fue construido como sinagoga, y que en 1411 se transformó en templo cristiano "tras las matanzas de judíos en el reino de Castilla del año 1391". De ahí, se convirtió en ermita, cuartel y almacén, hasta que en 1929 el rey Alfonso XIII devolvió la propiedad al Arzobispado.
Dado que la inscripción en el registro a nombre de la Iglesia tuvo lugar en 1930, la diócesis consdiera que "la Iglesia de Toledo goza de todos los derechos legítimos que le concede la legislación española", una posesión "pacífica y ampliamente aceptada". En la actualidad, su uso es sobre todo cultural.
Ante la petición de "cesión" a la comunidad judía, la diócesis recuerda cómo en 1992, la Santa Sede puso a su disposición el edificio para iniciar conversaciones con el Estado de Israel, "que no llegaron a dar fruto". En el año 2000, de nuevo, cuando Juan Pablo II la ofreció a cambio de que se devolviese a la Iglesia católica el Cenáculo de Jerusalén. Así, considera la diócesis, es Roma quien tiene la potestad de decidir o no sobre el futuro de Santa María la Blanca.
Por su parte, la FCJE pide a la Iglesia católica una "devolución simbólica" del edificio a la comunidad judía. Esto es, que se reconozca como sinagoga, y que se devuelva a Patrimonio Nacional. "Hablamos de una devolución simbólica en el sentido de que esa sinagoga debe ser reconocida como sinagoga, devuelta al patrimonio del Estado, abierta a todo el mundo; no hemos planteado culto alguno, nada que se le parezca, todo se puede hablar pero no lo hemos planteado así, nunca lo hemos reivindicado, ni exigido", explicaba en declaraciones a Ep su presidente, Isaac Querub.
"Nosotros apreciaríamos mucho una declaración y un gesto de la Iglesia católica siguiendo la tendencia del Vaticano, y el ejemplo de otros países de Europa", ha subrayado. En concreto, ha recordado el reciente caso de Palermo, donde el arzobispado ha cedido a la comunidad judía local el oratorio de una iglesia ubicada en la zona del antiguo barrio judío.
En el caso de Toledo, Querub precisa que la sinagoga fue "arrebatada a la comunidad judía antes de la expulsión" y es "un símbolo para los judíos del mundo entero", pues "no está en cualquier ciudad sino en Toledo" que tuvo "una presencia judía importantísima".
Querub asegura haber pedido por carta una reunión al arzobispo de Toledo, y no haber recibido respuesta. Sin embargo, la diócesis contesta que, si bien hubo dos encuentros entre el arzobispo y el líder judío en los que se habló de la cuestión, se convino una reunión después de Navidad. El Arzobispado asegura no haber recibido petición oficial por escrito. Y, entretanto, Santa María de la Blanca vuelve a estar bajo los focos, no por su inobjetable belleza, sino por una nueva, y vieja, contienda interreligiosa.
 (Jesús Bastante/Ep)

PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO DE SAN MARCOS (10,1-12)





Queridos amigos, como comentario al Evangelio de hoy, publicamos unas palabras del Papa Francisco en la conferencia de prensa del vuelo de regreso del viaje pastoral a Estados Unidos, en septiembre de 2015: 
Aquellos que piensan en un “divorcio católico” se equivocan porque este último documento (el Papa se refiere a su Motu Proprio ‘Mitix Iudex Dominus Iesus’, sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio) ha cerrado la puerta al divorcio que podía entrar por la vía administrativa. 

La mayoría de los Padres sinodales en el Sínodo (el Papa se refiere al Sínodo sobre la familia del 2014) pidió agilizar los procesos de nulidad matrimonial, porque hay procesos que duran ya 10-15 años. Una sentencia, y después otra sentencia y ulteriormente si hay apelación, la apelación, y de nuevo otra apelación… y no se termina nunca. (...) 

Este documento, este Motu proprio, facilita los procesos en cuanto al tiempo, pero no se trata de un divorcio, porque el matrimonio es indisoluble cuando es sacramento, y esto la Iglesia no, no lo puede cambiar. Es doctrina. El matrimonio es un sacramento indisoluble. 

El procedimiento de nulidad sirve para comprobar si aquello que parecía un sacramento en realidad no había sido un sacramento: por falta de libertad, por ejemplo, o por falta de madurez, o por enfermedad mental… son tantos los motivos que llevan, después de un estudio, de una investigación, a decir: “No, allí no ha habido sacramento”; por ejemplo, porque la persona no era libre. 

Un ejemplo: ahora no es muy común, pero en ciertos sectores de la sociedad sí es común –al menos en Buenos Aires lo era–: los matrimonios cuando la novia quedaba encinta. “Se tiene que casar”. Yo en Buenos Aires aconsejaba a los sacerdotes que se negaran a casarlos, casi les prohibía celebrar el matrimonio en esas condiciones. Nosotros lo llamamos “matrimonio de prisa”, sólo para salvar todas las apariencias. Nace el niño y a algunas parejas les va bien, pero no hay libertad. Luego, les va mal, se separan… y dicen “yo fui obligado a casarme porque tenía que reparar esa situación”: esta sería una causa de nulidad. 

Las causas de nulidad son muchas, las pueden encontrar en internet, ahí están todas (...). El “divorcio católico”: no, eso no existe. O nunca hubo matrimonio –y esto es la nulidad, porque no existió– o si existió el matrimonio, es indisoluble. Esto queda claro. Gracias”.

LO QUE DIOS HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE






Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,1-12):

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.

Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».

Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. 

Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor

Homilía del Papa: No aplazar la conversión


No escandalizar a “los pequeños” con la doble vida, porque el escándalo destruye. Es la invitación que hizo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
“Córtate la mano”, “arráncate el ojo”, pero “no escandalices a los pequeños”, es decir a los justos, “aquellos que confían en el Señor, o que sencillamente creen en el Señor”. Francisco comenzó su reflexión a partir del Evangelio del día, del que se desprende que, en efecto, para el Señor el escándalo es destrucción:
“Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida, la doble vida. La doble en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así. Y escandalizan. Cuántas veces hemos oído  – todos nosotros, en el barrio y en otras partes  – ‘pero, para ser católico como aquel, es mejor ser ateo’. Ese es el escándalo. Te destruye. Te derriba. Y esto sucede todos los días. Basta ver el telediario o leer los periódicos. En los periódicos hay tantos escándalos, y también está la gran publicidad de los escándalos. Y con los escándalos se destruye”.
El Papa Bergoglio ofreció el ejemplo de una empresa importante que estaba a punto de la quiebra. Las autoridades querían evitar una huelga justa, que no habría hecho bien, y querían hablar con las autoridades de la compañía. Los trabajadores, además, no tenían dinero para sus necesidades básicas porque no recibían el sueldo. Y el responsable, un católico, estaba de vacaciones de invierno en una playa de Oriente Medio, y la gente se enteró aunque la noticia no salió en los periódicos. “Estos son los escándalos”, dijo Francisco:
“Jesús dice, en el Evangelio, sobre los que escandalizan, sin decir la palabra escándalo, pero se entiende: ‘Tú llegarás al Cielo y llamarás a la puerta y: ‘¡Soy yo, Señor!’ – ‘Sí, ¿no te acuerdas? Yo iba a la iglesia, estaba cerca de ti, pertenecía a tal asociación, hago esto… ¿no te acuerdas de todas las ofrendas que hice?’ ‘Sí, recuerdo. Las ofrendas, aquellas las recuerdo: todas sucias. Todas robadas a los pobres. No te conozco’. Aquella será la respuesta de Jesús a estos escandalosos que tienen doble vida”.
La doble vida se produce por seguir las pasiones del corazón, los pecados capitales que son las heridas del pecado original”, esconder las pasiones, pero seguirlas, explicó el Papa. Y precisamente la primera Lectura exhorta a no secundarlas y a no confiar en las riquezas, no decir: “Me basto a mí mismo”. Además, Francisco invitó a no retardar la conversión:
“A todos nosotros, a cada uno de nosotros, nos hará bien, hoy, pensar si hay algo de doble vida en nosotros, aparecer justos, parecer buenos creyentes, buenos católicos, pero por debajo hacer otra cosa; si hay algo de doble vida, si hay una confianza excesiva: ‘Pero, sí, el Señor después me perdonará todo, y yo sigo…’. Si hay algo que decir: ‘Sí, esto no va bien, me convertiré, pero hoy no: mañana’. Pensemos en esto. Y aprovechemos la Palabra del Señor y pensemos que el Señor en esto es muy duro. El escándalo destruye”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 23 de febrero de 2017

El Papa reclama a la comunidad internacional ayuda urgente para Sudán del Sur


Ante la hambruna declarada en Sudán del Sur, «ahora es más necesario que nunca el compromiso de todos para no quedarse solo en declaraciones, sino que sean concretas las ayudas alimentarias y se permita que puedan llegar a las poblaciones que sufren», ha afirmado Francisco después de la catequesis de este miércoles
El Papa Francisco ha reclamado a la comunidad internacional ayuda urgente y concreta para el «atormentado» Sudán del Sur, víctima de «un conflicto fratricida» al que se suma «una grave crisis humanitaria que afecta a la región del Cuerno de África y que condena a muerte a millones de personas, entre ellos a muchos niños». El lunes, el Gobierno del país decretó la hambruna en algunas zonas del país; una situación que afecta a unas 100.000 personas.
Durante la audiencia general de este miércoles en la plaza de San Pedro, el Pontífice ha expresado su «particular preocupación», y ha subrayado que ahora «es más necesario que nunca el compromiso de todos para no quedarse sólo en declaraciones, sino que sean concretas las ayudas alimentarias y se permita que puedan llegar a las poblaciones que sufren».
Hacia una nueva creación
Antes, durante su catequesis semanal, Francisco ha analizado otro texto bíblico sobre la esperanza, en concreto el capítulo 8 de la Carta a los Romanos, que habla sobre cómo la creación espera verse liberada de la esclavitud del pecado. El Papa ha alertado de que es este mismo pecado el que nos hace pensar «que la creación sea nuestra propiedad», en vez de «un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos».
Guiado por el egoísmo, «el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas», transformándolas en un «signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana». Así ocurre, por ejemplo, con algo tan necesario y hermoso como el agua, que se contamina entre otras causas por la explotación minera.
Sin embargo, los gemidos de la naturaleza no son estériles, sino «los de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida». Del mismo modo, «el cristiano vive en el mundo y sufre los signos del mal y del egoísmo pero, al mismo tiempo, ve todo con los ojos de la Pascua; sabe que ahora vive un momento de espera, que va más allá del momento presente», ha explicado. Todo lo que el hombre ha desfigurado «con su impiedad», Dios «lo recrea y reconcilia en su amor».
Alfa y Omega

En Turquía los refugiados venden sus órganos para llegar a Europa


De 6.000 a 11.000 euros por un riñón; el perfil ideal: varón, sano, de menos de 28 años
Las nuevas barreras que los países europeos han establecido para frenar el flujo de entrada de refugiados están encareciendo el camino y llevando a muchos de ellos a soluciones desesperadas. El programa «Fakt», de la televisión pública alemana ARD, desveló que en los campamentos de refugiados de Turquía, país con el que la UE ha firmado un multimillonario acuerdo para que sirva de dique y evite que miles de personas continúen su viaje desde allí hacia Europa, ha florecido un mercado clandestino de órganos humanos en el que muchos refugiados venden los suyos para obtener el dinero para el trayecto.
Los traficantes de personas ofertan menos plazas y han subido los precios, según han podido comprobar los investigadores de ARD, de modo que los refugiados terminan accediendo a la operación.
A pesar de tratarse de un comercio ilegal de órganos humanos, resulta escalofriantemente sencillo encontrar la pista de la oferta y la demanda a través de las redes sociales, que suele ser el primer punto de contacto con los potenciales «donantes». «Yo no conocía a ningún turco, no tengo aquí familia ni conocidos, no tengo trabajo… y tengo enormes problemas, estoy bajo una gran presión», explica su grave decisión el joven sirio Ahmed, que muestra la cicatriz que le ha dejado la intervención quirúrgica y que se dispone a emprender la ruta clandestina hacia Europa tras una breve y precaria recuperación. «No hay otra forma de seguir adelante, aquí no hay ningún futuro y no tengo más posibilidad de obtener dinero que vender mi cuerpo», relata.
«Hasta ahora estábamos acostumbrados a ver a muchos refugiados recurrir a la prostitución, pero la tendencia al alza es vender órganos para obtener el dinero que las mafias les exigen para seguir viaje», confirma Karl Kopp, de la ONG Pro Asyl.
Entre los refugiados es un secreto a voces que quienes firman el contrato de «donación» son trasladados a un hospital del este de Anatolia en el que son sometidos a una operación. El aumento de la oferta de órganos ha propiciado una caída de los precios en las últimas semanas. Actualmente los «donantes» reciben a cambio ente 6.000 y 11.000 euros por un riñón, lo que apenas les permite pagar un viaje clandestino a Centroeuropa. La mayoría de ellos son sirios llegados a Turquía a través del Líbano. El perfil más buscado es el de un varón sano no mayor de 28 años y sin requisito de edad mínima.
Más de 3,5 millones
El ministro turco del Interior, Süleyman Soylu, calcula que en su territorio se hacinan ya tres millones y medio de refugiados. «Turquía, que no hace regresar a nadie de sus puertas hacia las balas y bombas, es un hogar para 3.551.078 migrantes y refugiados en el día de hoy», afirmaba la semana pasada, reprochando a Europa el cierre de puertas que está dando lugar a esta situación. «Nosotros no nos enteramos de esta responsabilidad cuando el bebé Aylan llegó arrastrado a la costa como lo hicieron nuestros amigos de Occidente», dijo durante su intervención en la Reunión del Consejo de Políticas de Emigración. «El número de los recursos de asilo de sirios aceptados por la UE es de 866.000, mientras la cantidad de refugiados en Turquía es el triple», defendió.
Rosalía Sánchez / Corresponsal en Berlín / ABC

«Dadles vosotros de comer».Cardenal Carlos Osoro.



La encíclica Deus caritas est recoge unas palabras que me impresionaron desde que las leí: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). ¿Por qué me impresionan? Logré experimentar y ver en ellas la imagen cristiana de Dios y también la imagen consiguiente del hombre y de su camino. Son palabras que se completan con estas otras: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». ¿Por qué me atrevo a proponeros que hagamos vida esas palabras de Jesús: «Dadles vosotros de comer»? Porque solamente desde una profunda experiencia de comunión con Dios, e invadidos e insertados en su amor, se pueden hacer realidad. Jesucristo nos ha manifestado que permanezcamos en su amor; por eso creer en el amor, volver a decir con fuerza que «hemos creído en el amor de Dios», es la opción fundamental de nuestra vida. Y desde la que podemos dar de comer a todos los hombres.
¡Qué importante es descubrir en este mundo en el que vivimos, en las circunstancias en las que estamos, el mandato de Jesús: «Dadles vosotros de comer»! Son palabras dichas a los apóstoles y, en ellos, a todos los discípulos, también a nosotros. Jesús, ante una inmensa muchedumbre que ha deseado escucharle, no puede desentenderse de sus necesidades reales, y nos enseña a no desentendernos. Él ha venido a comunicarnos el rostro de Dios que es Padre de todos los hombres. Y quiere y desea que nosotros, ahora, comuniquemos el rostro de Cristo, sirviendo al mundo y a todos los hombres en un desarrollo pleno e integral de la persona. ¡Qué bueno es encontrarse con Jesucristo! ¿Cómo haríamos para que todos los hombres puedan hacerlo? El encuentro con Él nos permite ver siempre en el prójimo no solo al otro, sino reconocer en él la imagen divina.
¿Tiene sentido que el Señor nos diga todavía: «Dadles vosotros de comer»? ¿Es necesario para el hombre de nuestro tiempo, que hizo grandes descubrimientos, que alcanzó la Luna y Marte, y está dispuesto a conquistar el universo? ¿Es necesario escuchar al Señor para unos hombres que investigan los grandes secretos de la naturaleza y logran descifrar los códigos del genoma humano? ¿Será necesario que nos diga: «Dadles vosotros de comer» a unos hombres que hemos inventado la comunicación interactiva e internet, y que hemos convertido la Tierra en una aldea global? Sinceramente, tiene más sentido que nunca pues, a pesar de todos estos descubrimientos, hay una enfermedad en el ser humano que llamaría corazón con raquitismo, es decir, corazón pequeño, pues no logra dar esas palpitaciones que lleguen a los hombres en todas las circunstancias en las que se encuentren, y puedan percibir que tienen hermanos.
Porque siguen existiendo hombres muriendo de hambre, sed, enfermedad, pobrezas de todo tipo; esclavitudes muy diversas y disimuladas con aires de dar libertad falsa y engañadora; explotaciones de todo género donde lo que vale es tener más y no la persona humana que es imagen de Dios; ofensas muy diversas a la dignidad humana; odios raciales, políticos, religiosos, intolerancias diversas, también religiosas, discriminaciones, coacciones físicas y morales, violencias que impiden una convivencia en paz. Alimentar como Jesús de su persona a los hombres, que hace tener al ser humano un corazón grande donde todos caben y son capaces de vivir juntos; ayudarse, animar y cambiar la historia, haciéndola más humana, con el humanismo de verdad... Eso es precisamente hacer vida esas palabras de Jesús: «Dadles vosotros de comer». ¿Estamos dispuestos a vivir de la Eucaristía para hacer verdad ese mandato? La Eucaristía tiene a Cristo mismo; es por eso por lo que, alimentados de Jesucristo, podemos dar de comer y hacer gustar la eternidad en el tiempo.
Es muy elocuente la expresión de los apóstoles, cuando Jesús les manda que den a la multitud lo que necesitan para saciar el hambre: «Dadles vosotros de comer». La respuesta fue: «No tenemos más que cinco panes y dos peces». Y era verdad. Ellos por sí mismos no tenían, pero lo poco en manos de Dios es abundancia. Y sigue siendo verdad: desde nosotros y por nosotros mismos, con nuestras fuerzas, con lo que somos y tenemos, no podemos saciar a nadie, siempre quedarán con hambre. Solo con Cristo que nos muestra el verdadero ser de Dios, con su amor, con la fuerza de su gracia que transforma nuestra vida, desde la fuerza de la comunión con Él, podemos entender que «no hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da idea verdadera de la vida humana» (Caritas in veritate, 16b).
Me atrevo a deciros que seamos capaces de acoger una propuesta, de hacer el regalo que el Señor mismo nos ha dado y entregárselo y mostrárselo a los hombres:
1. Acojamos la propuesta que nos hace Dios mismo: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». Vivamos por, desde y con la santidad de Dios que se nos da en Cristo. Camina por el mundo con la vida que te regaló Jesucristo. Te ha dado su Vida para que la hagas vida en ti y la manifiestes.
2. Demos el regalo que Dios mismo nos ha dado: somos templo de Dios, tenemos su Vida, la que Él nos ha dado por el Bautismo. Demos de esa vida. Regalemos esa sabiduría. Expresemos que somos templo de Dios. ¿Qué significa para ti ser templo de Dios?
3. Desarmemos el corazón de rencor y odio, ese ojo por ojo, y hagamos presente el amor de Dios sin medida, que rompe leyes, arranca violencias. Venzamos el odio con amor, que resuene el amor de Dios en nuestro mundo como radical novedad que arranca toda suciedad. Tengamos y mostremos ese amor que no hace diferencias, que respeta y mira con misericordia.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9,41-50)





El cristiano, según la metáfora evangélica, está llamado a ser la sal de la tierra. Pero si no transmite el sabor que el Señor le ha dado, se transforma en «sal insípida», en «un cristiano de museo».

¿Cómo hacer para que la sal no se vuelva insípida? El sabor de la sal cristiana nace de la certeza de la fe, de la esperanza y de la caridad que brota de la conciencia de «que Jesús resucitó por nosotros» y nos ha salvado. 

Pero esta certeza no se nos dio simplemente para conservarla. La sal que hemos recibido es para darla; es para dar sabor, para ofrecerla. De otro modo «se vuelve insípida y no sirve». 

Pero la sal tiene también otra particularidad: cuando «se usa bien, no se percibe el sabor de la sal» misma ni altera el sabor de las cosas. «Esta es la originalidad cristiana: cuando nosotros anunciamos la fe, con esta sal», «cada uno la recibe en su peculiaridad, como los alimentos». 

Y es que la originalidad cristiana no es una uniformidad. Consiste en que cada uno sigue siendo lo que es, con los dones que el Señor le ha dado. 

Y «para que la sal no se eche a perder» hay dos métodos a seguir, «que deben ir juntos». «Primero, darla»; «se trata de la sal de la fe, de la esperanza y de la caridad: ¡darla, darla, darla!». 

El otro método implica la trascendencia, es decir la tensión «hacia el autor de la sal, el Creador»: «con la adoración al Señor, trasciendo de mí mismo al Señor; y con el anuncio evangélico salgo fuera de mí mismo para dar el mensaje». 

(De la homilía en Santa Marta el 23 maggio 2013. Fuente: L’Osservatore Romano)

VIVID EN PAZ UNOS CON OTROS



Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,41-50):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. 

Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manosa la ugehennan al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».

Palabra del Señor

“Esperanza: es leer el presente con los ojos de Cristo Resucitado”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Muchas veces estamos tentados en pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y del cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) del cual hemos apenas escuchado una parte, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y podamos reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día.
Pero cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Y así ha sucedido también con la creación. Pensemos en el agua. El agua es una cosa bellísima y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo. Pero al explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación y se destruye la creación. Este es sólo un ejemplo. Existen otros. Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y lamentablemente la consecuencia de todo esto está dramáticamente ante nuestros ojos, cada día. Cuando rompe la comunión con Dios, el hombre pierde su propia belleza originaria y termina por desfigurar alrededor de sí cada cosa; y donde todo antes hablaba del Padre Creador y de su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye.
Pero el Señor no nos deja solos y también ante este escenario desolador nos ofrece una perspectiva nueva de liberación, de salvación universal. Es aquello lo que Pablo pone en evidencia con alegría, invitándonos a poner atención a los gemidos de la entera creación. Los gemidos de la entera creación… Expresión fuerte. Si ponemos atención, de hecho, alrededor nuestro todo clama: clama la misma creación, clamamos nosotros los seres humanos y clama el Espíritu dentro de nosotros, en nuestro corazón.
Ahora, estos clamores no son un lamento estéril, desconsolado, sino – como precisa el Apóstol – son los gemidos de una parturiente; son los gemidos de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es de verdad así. Nosotros estamos todavía luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo, alrededor nuestro, lleva todavía el signo de nuestras debilidades, de nuestras faltas, de nuestras cerrazones. Pero, al mismo tiempo, sabemos de haber sido salvados por el Señor y ya se nos es dado contemplar y pregustar en nosotros y en lo que nos rodea los signos de la Resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación.
Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en la propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado. Es solidario con quien sufre, con quien llora, con quien es marginado, con quien se siente desesperado… Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con los ojos de la Pascua, con los ojos del Cristo Resucitado. Y entonces sabe que estamos viviendo el tiempo de la espera, el tiempo de un deseo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento. En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo los que el hombre ha deformado en su impiedad, y que de este modo Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor.
Cuantas veces nosotros cristianos estamos tentados por la desilusión, por el pesimismo… A veces nos dejamos llevar por el lamento inútil, o quizás nos quedamos sin palabras y no sabemos ni siquiera que cosa pedir, que cosa esperar… Pero todavía una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón. El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el Señor está preparando para la humanidad. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)