domingo, 19 de febrero de 2017

“Justicia sí, venganza no”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo (Mt 5,38-48) – una de esas páginas que mejor expresa la “revolución” cristiana – Jesús muestra la vía de la verdadera justicia mediante la ley del amor que supera aquella del talión, es decir, «ojo por ojo y diente por diente». Esta antigua regla imponía aplicar a los transgresores penas equivalentes a los daños causados: la muerte a quién había asesinado, la amputación a quién había herido a alguien, y cosas así. Jesús no pide a sus discípulos de padecer el mal, al contrario, pide reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien. Sólo así se rompe la cadena del mal: un mal lleva a otro mal, y otro trae otro mal… Se rompe esta cadena de mal, y cambian verdaderamente las cosas. El mal de hecho es un “vacío”, un vacío de bien, y un vacío no se puede llenar con otro vacío, sino sólo con un “pleno”, es decir, con el bien. La represalia no lleva jamás a la solución de los conflictos. “Tú me lo has hecho, yo te lo haré”, esto jamás resuelve un conflicto, ni siquiera es cristiano.
Para Jesús el rechazo de la violencia puede comportar también la renuncia a un legítimo derecho; y pone algunos ejemplos: poner la otra mejilla, dar el propio vestuario o el propio dinero, aceptar otros sacrificios (Cfr. vv. 39-42). Pero esta renuncia no quiere decir que las exigencias de la justicia sean ignoradas o rebatidas; no, al contrario, el amor cristiano, que se manifiesta de modo especial en la misericordia, representa una realización superior de la justicia. Aquello que Jesús nos quiere enseñar es la neta distinción que debemos hacer entre la justicia y la venganza. Distinguir entre justicia y venganza. La venganza no es jamás justa. Nos es consentido pedir justicia; es nuestro deber practicar la justicia. En cambio, nos es prohibido vengarnos o fomentar de cualquier modo la venganza, en cuanto es expresión del odio y de la violencia.
Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil, sino en cambio, el mandamiento del amor al prójimo, que comprende también el amor a los enemigos: «Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores» (v. 44). Y esto no es fácil. Esta palabra no se debe entender como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a una perspectiva magnánima, semejante a aquella del Padre celestial, quien – dice Jesús – «hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (v. 45). También el enemigo, de hecho, es una persona humana, creada como tal a imagen de Dios, si bien en el presente esta imagen se haya ofuscado por una conducta indigna.
Cuando hablamos de “enemigos” no debemos pensar a quien sabe cuáles personas diversas y lejanas de nosotros; hablamos también de nosotros mismos, que podemos entrar en conflicto con nuestro prójimo, a veces con nuestros familiares. Cuantas enemistades en la familia, ¡cuántas! Pensemos en esto. Enemigos son también aquellos que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos hacen daño. Y no es fácil digerir esto. A todos aquellos estamos llamados a responder con el bien, que también esto tiene sus estrategias, inspiradas en el amor.
La Virgen María nos ayude a seguir a Jesús en este camino exigente, que de verdad exalta la dignidad humana y nos hace vivir como hijos de nuestro Padre que está en los cielos. Nos ayude a practicar la paciencia, el diálogo, el perdón, y a así ser artesanos de comunión, artesanos de fraternidad en nuestra vida cotidiana, sobre todo en nuestra familia.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

"La ley no es igual para todos"

Titulares en diversos medios: "Urdangarin usó una ONG de niños con cáncer para llevarse el dinero a paraísos fiscales". "Urdangarín y Torres saquearon la Fundación para niños discapacitados". "Destinaron a fines sociales solo 9.800 de los más de 620.000 euros que recibieron en donaciones públicas y de empresas; el resto se lo embolsaron el duq
ue y sus socios".
Varias consideraciones
1ª Estoy haciendo un voluntariado en la cárcel. La conozco por dentro. La LEY NO ES IGUAL PARA TODOS. Si así fuera, muchos pobres hombres y mujeres, pobres todos ellos, sobre todo las mujeres, (sé de lo que hablo), no entrarían en esa "fábrica del llanto y telar de las lágrimas". Ni los hijos se criarían sin ellas ni ellas sin los hijos. Muchas de ellas, y en estos casos sí es verdad, no "sabían nada". Solo sabían de la desesperación por vivir.
No hay proporción entre una persona que usó una tarjeta para dar de comer a los hijos, (y claro que la usó ilegalmente), y defraudar a una ONG de niños con cáncer. Ésta fue usada para defraudar. ¿Qué cosa tan contradictoria y malvada, no es cierto? No habría querido tal cosa en mi familia ni en los vecinos que conozco en todo el mundo. ¡Qué vergüenza! De verdad deseo de corazón que sea cierto eso de que usted, Doña Cristina, nunca supo nada. Por lo menos así hay menos maldad. Le podrán decir que es una ingenua pero no una mala persona. Y ser buena persona es el mayor capital. El mayor título. La mayor nobleza.
2 ª. Mis respetos más sinceros para el señor juez Castro. Por lo menos éste, por encima de los acosos y presiones de los poderosos, se mantuvo en la decencia de la igualdad. No "levitó", como el Sr. Roca. Ya le irán al pelo. Al tiempo.
3ª. La cárcel de los poderosos no es igual que la de los pobres. Aun estando en las mismas celdas e incluso en el mismo patio. Nunca le faltará una tarjeta para telefonear, ni los euros para el economato y para el café o el tabaco. Cosas muy valiosas allí dentro. Enseguida podrá hacerse entrenador de balonmano, si es que accede a ayudar en algo desinteresadamente. No conozco su formación académica. También por ahí puede ayudar en la promoción cultural.
4ª. Siempre tendrá los mejores abogados, cosa muy importante en la cárcel. Nunca le fallarán las visitas ni los vis a vis. Y conste que no le deseo la cárcel a nadie, que la tenemos que pagar entre todos y es muy cara. Y deja marcas en el alma. Y siendo un ser humano no deseo para nadie una justicia vindicativa, aunque en este caso fue bien blanda para ustedes dos y familias.
5ª. En lo que sí soy intransigente es en pedir que devuelvan todos los dineros. Y que pidan perdón a los niños del cáncer, que alguno de ellos, a lo peor, ya falleció, Y a las familias y también a cuantos de buena voluntad contribuyeron. Perdón para cuantos dejan las cejas para ayudar en esas causas humanitarias. Porque esto crea una idea de que estamos colaborando con "pillos", por ser suave. Ya oí alguna mala contestación de rabia a este respecto contra los que hacían la cuestación en la calle o en centros comerciales.
6ª. No. No le deseo mal a su familia "real". Pero pienso, Dª Cristina, que no tiene derecho a repetir que "cuándo salga de este asunto piensa perder de vista este ingrato país". No, ALTEZA REAL. El pueblo español no le debemos nada. Pero ustedes a nosotros, tal vez sí. Por lo menos un buen trato. Cuando usted vino a Ferrol, a mí me obligaron a dar un rodeo grande y he llegado tarde a mis deberes. Estaba el paso cortado y, al menos yo, no lo sabía. Y yo no se lo puse en su debe.
7ª. Ahora que están sufriendo, me siento solidario de verdad en el dolor, pero también les pediría que a la hora de la justicia sean modélicos. Todos nos equivocamos. Y ustedes tienen un plus en el deber de EJEMPLARIDAD QUE va INCLUIDO en sus TÍTULOS y en las NÓMINAS. Por cierto, supongo que no serán mileuristas ni tendrán cláusulas "suelo" que les impidan llegar a fin de mes.
Alguna reina, santa Isabel de Hungría, española ella, se desvivió por los pobres. Y gastó su vida por ellos. Y su sobrina, Santa Isabel de Portugal, hizo lo mismo.
8ª. Y una cosa final: Aprovechen el dolor para hacer un cambio radical en sus vidas. Déjense ayudar por alguien experto en coaching espiritual personal o en relación de ayuda liberadora. Sería un gran gozo verles al final del proceso como personas que están al verdadero servicio de los más desfavorecidos.
Con todo mi respeto, señores.
Xaquín Campo Freire, sacerdote colaborador en la cárcel de Teixeiro

El Papa recomienda a los universitarios «hablar menos y escuchar más»


En su visita a la Universidad Roma Tre, Francisco pide desterrar el insulto y fomentar el diálogo
El Papa Francisco ha advertido este viernes 17 de febrero ante cientos de universitarios de que la falta de trabajo entre los jóvenes puede llevar a su radicalización violenta, a alistarse en «un ejército terrorista».
«La amargura del corazón lleva a las adicciones, al suicidio (…). La falta de trabajo lleva a inscribirse en un ejército de terrorismo, al menos doy sentido a mi vida. Es terrible», ha señalado durante su visita a la universidad de la capital italiana Roma Tre, que cuenta con unos 40.000 estudiantes. Se trata de la segunda visita de un Papa a esta universidad después de la que realizó Juan Pablo II en 1992.
El Pontífice, que ha citado en su discurso al filósofo polaco Zygmunt Baumanpadre de la «modernidad líquida», ha lamentado la alta tasa de paro juvenil que hay en los países europeos. «Nuestra Europa, la identidad europea: ¿cómo se puede pensar que los países desarrollados tengan una desocupación de jóvenes tan alta?», se ha preguntado.
En este sentido, ha alertado de que la economía líquida elimina la concreción del trabajo y también la cultura del trabajo. «Los jóvenes no saben qué hacer», ha subrayado al tiempo que ha dado la receta para solventar esta crisis económica, que ha definido como dramática: “Para resolver problemas económicos sociales es necesaria la concreción”.
Por otro lado, ha analizado el fenómeno de la globalización, del que no se ha distanciado, pero sí ha incidido en que debe respetar la identidad de cada país y cada cultura.
«Vivimos en una época de globalización. La equivocación es pensar en la globalización como si fuera una esfera, un balón, donde cada punto está a igual distancia del centro sin diferencia», ha explicado. A su juicio, «la uniformización es la destrucción de la unidad porque quita la capacidad de ser distinto». Por ello, ha indicado que él prefiere hablar de «globalización poliédrica».
Una joven siria que llegó a Roma con el Papa
Entre los jóvenes que plantearon cuestiones al Pontífice, se encontraba Nour Essa, una joven siria refugiada a la que el Papa trajo en su avión desde la isla griega de Lesbos. Ella le preguntó sobre el «miedo» que hay en la sociedad hacia los inmigrantes.
Francisco ha recordado que los migrantes «huyen de las guerras y del hambre» y ha atribuido parte de la causa de los flujos migratorios a que «los potentes los explotan».
«¿Cuántas invasiones ha tenido Europa?. Europa ha sido construida por las invasiones y las oleadas migratorias. Ha sido construida artesanalmente. Las migraciones no son un peligro sino un desafío para crecer. Y os lo dice uno que viene de un país donde más del 80% son inmigrantes», ha explicado. Asimismo, ha recordado a los migrantes que han perdido la vida en el Mediterráneo.
El Papa también ha dedicado parte de su discurso a las comunicaciones a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías para advertir del peligro de desconexión que se crea: «Una comunicación rápida y ligera puede convertirse en líquida y sin concreción», ha añadido.
«El grito verbal»
Además, ha indicado que en la sociedad actual está muy presente «el grito verbal». «Se insulta con normalidad. Hay un ambiente de violencia en nuestras ciudades, causado por las prisas; la celeridad de la vida nos hace ser violentos. Olvidamos dar los buenos días en casa, son saludos anónimos», ha precisado.
En este sentido, ha alertado de que las relaciones así expresadas cosifican a las personas y se llega a la «violencia mundial». «Estamos en guerra, una tercera guerra mundial a pedazos», ha reiterado.
Para el Papa, la solución es «rebajar el tono» porque, según ha dicho, es necesario «hablar menos y escuchar más». «Antes de discutir, hay que dialogar. El diálogo acerca no solo a las personas sino también los corazones; es a partir del diálogo que se crea la amistad social», ha destacado.
«Esto se aprecia, sobre todo, en las campañas electorales; los rivales políticos no dejan tiempo para la respuesta», ha comentado. Por ello, ha destacado la importancia de la «paciencia» y del diálogo para construir sociedades sanas. «Donde no hay diálogo, hay violencia», ha sentenciado. Así ha descrito cómo las guerras no comienzan siendo un escenario bélico sino «en los corazones».
Europa Press

Para ser hijos del Padre celestial


No se puede entender el mandato evangélico «Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo» (Lv 19,1). En el libro del Levítico, la santidad no consiste, en primer término, en una cualidad de las personas que cumplen la voluntad de Dios, sino que es, ante todo, una participación en el ser de Dios, en la vida divina. Esto es así porque el único santo es Dios, tal y como lo reconocemos en nuestra oración: «Tú solo eres santo», cantamos en el Gloria de la celebración eucarística. Asimismo, el Señor es aclamado como tres veces santo en la parte central de la Misa. Cuando escuchamos la frase «sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto», está en el trasfondo el citado pasaje del Antiguo Testamento. Ciertamente, a la noción originaria de santidad de la Sagrada Escritura se le añaden con el paso del tiempo atributos unidos a la integridad física y moral. Sin embargo, la novedad que trae Jesús atañe a la perfección del amor. A esto somos llamados los hijos de Dios. Esta afirmación se sostiene además por los evangelios paralelos, ya que Lucas sustituye «perfectos» por «misericordiosos»: se nos pide ser misericordiosos como el Padre.
de este domingo sin hacer alusión a la voluntad de Dios de hacer partícipes a los hombres de su vida, tal y como leemos en la primera lectura de la Misa:
Jesucristo, encarnación de la santidad
En continuidad con el sermón de la montaña, el Señor nos obliga a replantear nuestra escala de valores. De hecho, tenemos de nuevo este domingo ante nosotros la expresión «habéis oído… pero yo os digo». Si en las bienaventuranzas se llamaba dichosos a quienes el mundo considera desdichados, hoy se nos invita a amar de una manera total y sin miramientos.
El amor a los enemigos parece algo imposible, humanamente hablando. En cierta medida, el Antiguo Testamento orientaba hacia el amor cuando se invitaba a no albergar odio alguno contra el hermano. Pero el amor en la Antigua Alianza era restringido, dado que se circunscribía a los miembros del mismo pueblo. Otra limitación célebre estaba representada por el precepto del ojo por ojo. Es cierto que este mandato buscaba frenar el ansia de revancha que instintivamente nace en el corazón del hombre que ha sido ofendido, con el fin de que la venganza no excediera nunca el daño causado. Sin embargo, Jesús, aparte de rechazar radicalmente la violencia, nos enseña que hay que ir más allá del cálculo, mostrándonos que es posible ser misericordiosos y amar incondicionalmente. Tanto a través de la Encarnación de su Hijo, como por su pasión, muerte y resurrección, Dios ha desvelado al hombre su ser y, por lo tanto, su capacidad inigualable de amar. La grandeza del Evangelio estriba en que Jesús es el primero que vive aquello que predica. Por eso, Jesús mismo no titubea a la hora de censurar la incoherencia de los fariseos, que adoctrinaban sobre lo que no cumplían. Pero más allá de asistir al ejemplo vivo de una coherencia de vida o de una moral excelente, a través de las palabras y obras del Señor se nos revela el ser de Dios y la máxima aspiración del hombre.
En definitiva, una vez más se nos invita a no situarnos conforme a la mentalidad dominante. Pero para ello es necesario tener un referente, un modelo que nos manifiesta en qué consiste lo más profundo de Dios, su santidad. Al reconocer la santidad de Dios hecha carne en Jesucristo, afirmamos algo más profundo que la carencia de maldad moral en él. Estamos comprobando que Jesucristo nos manifiesta todo cuanto Dios posee de riqueza, vida, poder y bondad. Una santidad que mediante su Hijo se ha hecho accesible, sin perder nada del sobrecogimiento y fascinación que provoca en el hombre.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madri
Alfa y Omega

El Papa elogia la «fidelidad» y «prudencia» del cardenal Blázquez


«No es de extrañar que tus hermanos en el episcopado te hayan elegido dos veces» presidente, le escribe el Francisco al cardenal Blázquez por sus bodas de oro sacerdotales
El Papa elogia la «fidelidad hacia la Iglesia» y el «filiar afecto» hacia su persona del cardenal Ricardo Blázquez, así como su «espíritu de Pastor prudente y plenamente entregado al bien de las almas». «Por eso –añade Francisco– no es de extrañar que tus hermanos en el Episcopado te hayan elegido dos veces y con gran aceptación Presidente de la Conferencia Episcopal de tu nación».
El Pontífice hizo hecho  este mensaje de felicitación al arzobispo de Valladolid en diciembre. El texto fue leído este sábado, al comienzo de la Misa por sus bodas de oro sacerdotales celebrada en la catedral.
En la homilía, el cardenal recordó el día de su ordenación el 18 de febrero de 1967 en Ávila, y les dijo a los sacerdotes de su diócesis que «nos debemos al Señor y a los demás». Eso incluye particularmente «a los más necesitados», añadió, advirtiendo de que «la dignidad» del sacerdote «no consiste en dominar, sino en servir a la comunidad cristiana».
Además de fieles vallisoletanos, participaron en la Misa diversos familiares del cardenal Blázquez, y diversas autoridades de la provincia de Ávila, de la que procede el purpurado.

SANTIFICADOS Y MISERICORDIOSOS



Dos mensajes destacan en las lecturas de este domingo:
El primero consiste en la revelación de nuestra identidad, lo que somos por gracia: “Sois templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros”. “Vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios”. Y esta identidad nos la otorga y asegura la misericordia divina: “Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura”. “Aleja de nosotros nuestros delitos”.

El segundo mensaje se deriva del primero. Si hemos recibido tanto, es de justicia tratar a los demás como nos trata Dios a nosotros. “No odiarás de corazón a tu hermano”. “No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”.

Estos dos principios se resumen en dos apotegmas: “Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo”. “Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Si reparamos en la progresión del argumento, la santidad y la perfección derivan en misericordia. Si “el Señor es compasivo y misericordioso”, la llamada a la santidad y a la perfección, que viene de Dios, se cumple ejerciendo la misericordia.
Toda la enseñanza se queda fuera de nosotros, como mera especulación, si no llegamos a personalizar en nuestra vida el regalo que nos ha hecho Dios, a través de su Hijo Jesucristo, al redimirnos de nuestro pecado y concedernos la dignidad identificadora de ser imagen suya. Desde esta experiencia nace al mismo tiempo la conciencia agradecida y comprometida.
Si soy del Señor, y Él me ha alcanzado con su misericordia; si mi título noble es haber sido perdonado por Jesús, no tengo de qué gloriarme sino de quien es mi Señor y mi Salvador.

Me confunde que, en medio de mi pobreza, de mi debilidad y bajeza, pueda sentir el amor, la ternura, la paciencia de Dios. Sé que es regalo inmerecido la salida de la tierra de esclavitud y mi liberación interior. Sé que es Providencia divina el pan y el agua al borde del camino, en momentos de extrema necesidad, como alimento del alma. Sé que es la fuerza del Señor la que me sostiene, ante el riesgo de la quiebra de la fidelidad y de la esperanza.
No tengo otro título por el que gloriarme que el de haber sido perdonado, amado, llamado, sostenido, invitado, fortalecido, sanado por el Señor. Y por todo ello, canto mi Magnificat, porque el Señor ha mirado mi humillación, y no me ha dejado permanecer en mi pobreza. Él ha enviado a su ángel para ofrecerme el cáliz de la misericordia, y el consuelo de la certeza de la fidelidad divina. ¡Cómo voy a ser inmisericorde con el prójimo!
Ángel Moreno de Buenafuente

UNa llamada escandalosa



La llamada al amor es siempre atractiva. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.
Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general que respiraba en su entorno de odio hacia los enemigos, proclamó con claridad absoluta su llamada: «Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen».
Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse, sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios no ha de introducir en el mundo odio ni destrucción de nadie.
El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo, porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos, incluso el de sus enemigos.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.
Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor o afecto hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando odio y sed de venganza.
Pero no se trata solo de no hacerle daño. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos. Podemos incluso devolverle bien por mal.
El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias, a la persona se le puede hacer prácticamente imposible liberarse enseguida del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.
José Antonio Pagola

Amad a vuestros enemigos


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.
Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Palabra del Señor.

sábado, 18 de febrero de 2017

Sigue la guerra sucia de los ultras contra el Papa con un video de una canción satírica


Inasequibles al desaliento y sin miedo al ridículo, los ultras anti-Francisco siguen en su guerra abierta contra el Papa. Tras los pasquines y la edición falsa de L'Osservatore romano, lanzan ahora un video satírico de una canción clásica de 1950, en el que denuncian un clima de miedo y descalifican pro completo el pontificado de Bergoglio.
"That's Amoris" se titula el video que comenzó a girar en YouTube, en un juego de palabras entre la clásica "That's Amore" del ítalo-estadounidense Dean Martin y la exhortación apostólica de 2016 "Amoris laetitia", blanco de las críticas de los sectores conservadores de la Iglesia por la apertura que supone hacia los divorciados vueltos a casar, entre otros ejes.
En el video satírico, dado a conocer el viernes por la vaticanista Franca Giansoldati, se suceden diversas críticas al pontífice enfocadas en las "diferentes interpretaciones" de la exhortación, por lo que se preguntan "¿Dónde está Müller?", en referencia a Gerhard, el cardenal alemán que es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El video embiste además contra Jorge Bergoglio por no haber respondido la carta que cuatro cardenales díscolos le enviaron el año pasado pidiéndole precisiones sobre la "Amoris laetitia", un texto donde el pontífice expone su visión sobre el amor y la familia en base a las conclusiones de los Sínodos de Obispos de 2014 y 2015.
Además, la letra satírica critica al Papa por "insultar a todos, y a la Curia" durante sus homilías y se burla de la denuncia papal sobre la "coprofagia" en el consumo de noticias falsas en los medios.
La pieza crítica llega además a preguntarse "¿Cuándo seremos liberados de esta cruel tiranía?".
El video, según publicó Giansoldati en el diario romano Il Messaggero, fue hecho por John Henry Westen, fundador de la organización pro-vida norteamericana Voice of the Family y co-fundador del sitio LifeSitenews.com.
Hace dos semanas, los líderes de las principales organizaciones pro-vida de Estados Unidos se reunieron con el cardenal Raymond Burke, uno de los cuatro firmantes de la carta sin respuesta del papa, y a quien el pontífice envió en las últimas horas a la remota isla de Guam a investigar posibles casos de abuso sexual.
Si quiere defender al Papa, firme aquí
Religión digital

El Papa en ‘Roma Tre’: “Las migraciones no son un peligro sino un desafío para crecer”


“Las migraciones no son un peligro sino un desafío para crecer”, así respondió el Papa a la joven estudiante siria, precisando que la acogida es una obligación hacia personas que huyen de la guerra, así como ayudarles a integrarse en las nuevas sociedades en las que llegan.
Lo explicó el Santo Padre durante la visita de este viernes 17 de febrero de 2017 a la universidad Roma Tre, improvisando ante las preguntas que le hicieron tres jóvenes de esta universidad pública romana.
El Santo Padre recordó que “vengo de un país, Argentina, donde más del 80 por ciento son inmigrantes. En mi país existieron tantas oleadas migratorias, es un país mestizo”. Así lo explicó a quienes temen por pérdida de la identidad cristiana de Europa, recordando que este continente tuvo tantas invasiones y que por lo tanto se ha construido artesanalmente, también a través la integración de las diversas culturas.
Añadió que “cada Estado tiene que ver las posibilidades de acoger, pero todos tienen que hacerlo”, y que en un segundo momento es necesario “integrar” a los migrantes que apenas han llegado. Porque ellos “son hombres y mujeres como nosotros, y es necesario acogerlos como hermanos y hermanas” y “hacer un intercambio cultural porque esto vence el miedo”.
Señaló recordando su viaje reciente a Suecia, que este país “ha recibido a tantos inmigrantes latinoamericanos y el día después tenían una casa y a continuación un trabajo…”. Recordó también su encuentro con una ministra sueca hija de un migrante africano y de una mujer local.
El Papa además les pidió a los estudiantes que no se olviden que el Mediterráneo, el “Mare Nostrum” que hoy es un cementerio de inmigrantes que intentaron cruzarlo. Por ello, explicó eligió viajar a Lampedusa apenas elegido pontífice.
Entretanto el Santo Padre reconoció que es necesario resolver la crisis migratoria en la raíz, porque los migrantes “huyen de la guerra o del hambre”, por lo tanto “la solución ideal es que no haya ni guerra ni hambre”. Así invitó a “realizar inversiones en esos lugares para que tengan recursos”, para que “la gente no se vea obligada a abandonar la propia tierra”.
“Nosotros vamos allá para explotarlos”, lamentó el Pontífice, recordando que el primer ministro de un país africano que tuvo un encuentro con él le señaló que apenas elegido tuvo que iniciar la reforestación de su país porque “empresas internacionales habían deforestado todo”. “No seamos prepotentes”, concluyó Francisco, porque esta es una de las causas de la crisis migratoria.

18 de febrero: beato Juan de Fiesole O.P., Fra Angélico


Cuando fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1982, Fray Angélico fue declarado patrón de las artes nobles y muy especialmente, de los pintores. Un título bien merecido pues, como explica Vito T. Gómez García, Postulador General de la Orden de Predicadores, en Nuevo Año Cristiano, (Edibesa), la pintura de Fra Angélico tiene «un atractivo especial, porque en ella volcó el delicado espíritu que Dios le regaló, sensible por demás a las bellas artes».
«En sus cuadros proyectó, por encima de todo», prosigue Gómez García, «un alma modelada por medio de la divina gracia y el trato asiduo con el Señor en la contemplación de sus misterios, así como por la comunión de los santos, sus amigos, destacando entre todos la Santísima Virgen María y Santo Domingo».
Nacido hacia 1400 en Toscana, el joven Guido di Piero -su nombre en el mundo- ingresó muy pronto en la Orden de Predicadores junto a su hermano Benedetto. Tomó definitivamente los hábitos hacia 1420 en el convento San Domingo de Fiesole, lugar en el que no tardó en evidenciar sus dotes artísticas: ni durante su etapa de formación teológico-filosófica dejó de pintar. Entre la abundante producción pictórica de esta época destacan una Madonna -hoy colgada en la Pinacoteca Vaticana- y una Virgen en el trono con el Niño entre dos coros de ángeles.
Con una reputación que se consolidaba, Fra Angélico dejó en 1445 su Toscana natal y emprendió el camino de Roma, llamado por Eugenio IV, se instaló en el convento de Santa María sopra Minerva, lugar en el que se celebró el cónclave que eligió a Nicolas V, que siguió contando con él, hasta su vuelta a Fiesole. Durante tres años fue prior de su convento de origen. Es un aspecto importante, pues Fra Angélico, pese a su estatus, siempre se ajustó a la disciplina de los conventos en los que residió, no pidiendo ni gozando nunca de un trato de favor.
Cumplido su mandato al frente del convento, el monje artista volvió a Roma con la intención de decorar el claustro de Santa María sopra Minerva. Sin embargo, la muerte truncó su proyecto. Era el 18 de febrero de 1455. Rendía su alma a Dios un genio de la pintura universal y sobre todo, en palabras del dominico Clérissac, un monje cuyo arte «consistía en infundir, en las imágenes de los santos, la vida interior que dominaba y embelesaba su alma».
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR POR BENEDICTO XVI




Queridos hermanos y hermanas:  

Ayer por la mañana concluyó la semana de ejercicios espirituales, que el patriarca emérito de Venecia, cardenal Marco Cè, predicó aquí, en el palacio apostólico. Fueron días dedicados totalmente a la escucha del Señor, que siempre nos habla, pero espera de nosotros mayor atención, especialmente en este tiempo de Cuaresma. Nos lo recuerda también la página evangélica de este domingo, que propone de nuevo la narración de la transfiguración de Cristo en el monte Tabor.
Mientras estaban atónitos en presencia del Señor transfigurado, que conversaba con Moisés y Elías, Pedro, Santiago y Juan fueron envueltos repentinamente por una nube, de la que salió una voz que proclamó:  "Este es mi Hijo amado; escuchadlo" (Mc 9, 7). 

Cuando se tiene la gracia de vivir una fuerte experiencia de Dios, es como si se viviera algo semejante a lo que les sucedió a los discípulos durante la Transfiguración:  por un momento se gusta anticipadamente algo de lo que constituirá la bienaventuranza del paraíso. En general, se trata de breves experiencias que Dios concede a veces, especialmente con vistas a duras pruebas. Pero a nadie se le concede vivir "en el Tabor" mientras está en esta tierra. En efecto, la existencia humana es un camino de fe y, como tal, transcurre más en la penumbra que a plena luz, con momentos de oscuridad e, incluso, de tinieblas. Mientras estamos aquí, nuestra relación con Dios se realiza más en la escucha que en la visión; y la misma contemplación se realiza, por decirlo así, con los ojos cerrados, gracias a la luz interior encendida en nosotros por la palabra de Dios. 

También  la Virgen María, aun siendo entre todas las criaturas humanas la más cercana a Dios, caminó día a día como en una peregrinación de la fe (cf. Lumen gentium, 58), conservando y meditando constantemente en su corazón las palabras que Dios le dirigía, ya sea a través de las Sagradas Escrituras o bien mediante los acontecimientos de la vida de su Hijo, en los que reconocía y acogía la misteriosa voz del Señor. He aquí, pues, el don y el compromiso de cada uno de nosotros durante el tiempo cuaresmal:  escuchar a Cristo, como María. Escucharlo en su palabra, custodiada en la Sagrada Escritura. Escucharlo en los acontecimientos mismos de nuestra vida, tratando de leer en ellos los mensajes de la Providencia. Por último, escucharlo en los hermanos, especialmente en los pequeños y en los pobres, para los cuales Jesús mismo pide nuestro amor concreto. Escuchar a Cristo y obedecer su voz:  este es el camino real, el único que conduce a la plenitud de la alegría y del amor.

BENEDICTO XVI, ÁNGELUS 12 DE MARZO DE 2006

"ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHADLO"





Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-13):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía qué decir, pues estaban asustados.

Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».

Les contestó Él: «Elías vendrá primero y lo renovará todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito acerca de él».

Palabra del Señor

Papa: Custodiemos la paz, basta a las guerras de los potentes

La guerra comienza en el corazón del hombre, por esto todos somos responsables y debemos custodiar la paz. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice puso de manifiesto el tema del sufrimiento de tantos pueblos que son arrollados por las guerras queridas por los potentes y por los traficantes de armas. Y relató cómo vivió, siendo niño, la noticia del fin de la guerra.
La paloma, el arcoíris y la alianza. El Papa Bergoglio se detuvo sobre estos tres puntos. Tres imágenes presentes en la Primera Lectura, tomada del Libro del Génesis, que narra que Noé libera a la paloma tras el diluvio. Esta paloma, que regresa con la ramita de olivo, es “el signo de aquello que Dios quería después del diluvio: la paz, que todos los hombres estuvieran en paz”.  “La paloma y el arcoíris – dijo el Santo Padre – son frágiles”. “El arcoíris – añadió – es bello después de la tempestad, pero después viene una nube y desaparece”. También la paloma – prosiguió – es frágil. Y recordó cuando hace dos años, a la hora del Ángelus dominical, una gaviota mató a dos palomas que había liberado junto a dos niños desde la ventana del Palacio Apostólico.
La gente muere por las guerras queridas por los potentes y los traficantes de armas
“La alianza que Dios hace es fuerte – comentó el Obispo de Roma – pero nosotros la recibimos, la aceptamos con debilidad. Dios hace la paz con nosotros, pero no es fácil custodiar la paz”. “Es un trabajo de todos los días  – añadió – porque dentro de nosotros está todavía aquella semilla, aquel pecado original, el espíritu de Caín quien, por envidia, celos, codicia y deseo de dominación, hace la guerra”. Francisco observó además que, hablando de la alianza entre Dios y los hombres, se hace referencia a la “sangre”: “De su sangre – se lee en la Primera Lectura – yo les pediré cuentas; pediré cuentas a cada ser vivo y pediré cuentas al hombre de la vida de su hermano”. Y observó que nosotros “somos custodios de los hermanos y cuando hay derramamiento de sangre, hay pecado, y Dios nos pedirá cuentas”:
“Hoy en el mundo hay derramamiento de sangre. Hoy el mundo está en guerra. Tantos hermanos y hermanas mueren, también inocentes, porque los grandes, los potentes, quieren un pedazo más de tierra, quieren un poco más de poder o quieren obtener más ganancias con el tráfico de armas. Y la Palabra del Seños es clara: ‘De su sangre, o sea de su vida, yo pediré cuentas; pediré cuentas de esto a cada ser vivo y pediré cuentas de la vida del hombre al hombre, a cada uno de sus hermanos’. A nosotros también  nos parece que estamos en paz aquí. Pero el Señor pedirá cuentas de la sangre de nuestros hermanos y hermanas que sufren la guerra”.
Custodiar la paz: la declaración de guerra comienza en cada uno de nosotros
“¿Cómo custodio yo a la paloma?”, se preguntó Francisco. “¿Qué hago para que el arcoíris sea siempre una guía? ¿Qué hago para que no se derrame más sangre en el mundo?” Todos nosotros – reafirmó – “estamos implicados en esto”. La oración por la paz “no es una formalidad, el trabajo por la paz no es una formalidad”. Y reveló con amargura que “la guerra comienza en el corazón del hombre, comienza en casa, en las familias, entre amigos y después va más allá, a todo el mundo”. ¿Qué hago yo “cuándo siento que llega a mi corazón algo que quiere destruir la paz?”:
“La guerra comienza aquí y termina allá. Las noticias, las vemos en los periódicos o en los telediarios… Hoy tanta gente muere y aquella semilla de guerra que produce la envidia, los celos, la avidez en mi corazón, es la misma – germinada, hecha árbol –  que la bomba que cae sobre un hospital, sobre una escuela y mata a los niños. Es lo mismo. La declaración de guerra comienza aquí, en cada uno de nosotros. De ahí la pregunta: ‘¿Cómo custodio yo la paz en mi corazón, en mi intimidad, en mi familia?’. Custodiar la paz, no sólo custodiarla: hacerla con las manos, artesanalmente, todos los días. Y así lograremos hacerla en el mundo entero”.
El recuerdo de un niño del fin de la guerra
“La sangre de Cristo – puso de manifiesto el Papa  – es la que hace la paz, pero no la sangre que los traficantes de armas o los potentes hacen que se derrame en el mundo. Y compartió un recuerdo personal de cuando era niño:
“Recuerdo: comenzó a sonar la alarma de los Bomberos, después de los periódicos y en la ciudad… Esto se hacía para llamar la atención sobre un hecho o una tragedia y otra cosa. E inmediatamente oí a la vecina de casa que llamaba a mi mamá: ‘¡Señora Regina, venga, venga, venga!’. Y mi mamá salió un poco asustada: ‘¿Qué ha sucedido?’. Y aquella mujer, del otro lado del jardín, le decía: ‘¡Terminó la guerra!’ y lloraba”.
Francisco recordó el abrazo de las dos mujeres, el llanto y la alegría porque la guerra había terminado. Y concluyó diciendo: “Que el Señor nos dé la gracia de poder decir: ‘La guerra ha terminado’ y llorando. ‘Ha terminado la guerra en mi corazón, ha terminado la guerra en mi familia, ha terminado la guerra en mi barrio, ha terminado la guerra en mi lugar de trabajo, ha terminado la guerra en el mundo’. Así será más fuerte la paloma, el arcoíris y la alianza”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 17 de febrero de 2017

El Papa en Sta. Marta: La paloma, el arco iris y la alianza, fortalecerlos es responsabilidad de todos


Todos tenemos la responsabilidad de custodiar la paz, porque la guerra inicia en el corazón del hombre. Lo ha asegurado el santo padre Francisco en la homilía de la misa que ha celebrado este jueves 16 de febrero de 2017, en la Casa santa Marta.
La paloma, el arco iris y la alianza, en estos tres puntos presentes en la primera lectura del Génesis, se detuvo el Santo Padre. La alianza que Dios hace es fuerte, aseguró Francisco, “pero no es fácil custodiar la paz”.
Es un trabajo de todos los días –señaló– porque dentro de nosotros está esa semilla, aquel pecado original, el espíritu de Caín que por envidia, celos, avidez y querer dominar, hace la guerra”.
Por eso se lee en la primera lectura “pediré cuenta al hombre de la vida del hombre, a cada uno, de su hermano”.
“Hoy en el mundo hay derramamientos de sangre. Hoy en el mudo hay guerras. Tantos hermanos y hermanas mueren, también inocentes, porque los grandes, los potentes quieren un pedazo de tierra, más poder o ganar más con el tráfico de las armas”.
“Y también a nosotros, aunque aquí nos parece estar en paz, el Señor pedirá cuentas sobre la sangre de nuestros hermanos y hermanas que sufren la guerra”, dijo.
Cómo se preocupa uno y cuida uno el arco iris y la paloma de la paz, “¿qué hago para que el arco iris sea siempre una guía?”, porque “todos nosotros estamos involucrados en esto”.
La oración por la paz “no es una formalidad, el trabajo por la paz no es una formalidad”, y señaló que “la guerra inicia en el corazón del hombre, en la casa, en las familias, entre amigos y de allí a todo el mundo”.
Cuando miramos el diario o los noticieros, ¿somos sensibles a las noticias de las bombas que caen en un hospital, una escuela o que matan a los niños? La paz “no solo hay que custodiarla, sino construirla con las manos, artesanalmente, todos los días”.
El Papa recordó un hecho que vio en su niñez: “Inició a sonar la alarma de los bomberos, después en los diarios y en la ciudad. Esto se hacía para llamar la atención sobre algún hecho, tragedia u otra cosa. Y sentí a la vecina que llamaba a mi mamá: ‘Señora Regina, venga, venga, venga. Mi madre salió un poco asustada: ¿Qué paso?. Y esa señora de la otra parte del jardín le decía: ‘¡Ha terminado la guerra’!, y lloraba.
“Que el Señor nos de la gracia de decir: ‘ha terminado la guerra y llorando. Ha terminado la guerra en mi corazón, en mi familia, en mi barrio, en mi trabajo, ha terminado la guerra en el mundo”. Así será más fuerte la paloma, el arco iris y la alianza.
Zenit