sábado, 11 de febrero de 2017

El Papa en Sta. Marta: con Satanás no se dialoga, sino se termina ‘desnudo’ como Adán y Eva


En la debilidad de las tentaciones que todos tenemos, la gracia de Jesús nos ayuda a no escondernos del Señor, sino a pedir perdón, a levantarnos e ir hacia adelante. Lo indicó el papa Francisco en la misa matutina que ha celebrado este viernes en la Casa Santa Marta en el Vaticano, al reflexionar sobre el diablo que tentó ha Adán y Eva, y también a Jesús.
“Con Satanás –aseguró Francisco– no se dialoga, porque se acaba en el pecado y en la corrupción”. El Pontífice parte de la primera lectura del Génesis y explica que el diablo “se hace ver con la forma de una serpiente”: con su astucia trata de engañar y es especialista en ésto porque “es el padre de la mentira”. Sabe por lo tanto “como estafar a la gente”.
Lo hace con Eva: la hace sentir bien y ‘dialogando’ paso a paso Satanás la lleva donde él quiere. Con Jesús en cambio el diablo “termina mal”, ya que Jesús responde con la Palabra de Dios, “porque con el diablo no se puede dialogar”, sino se acaba como Adán y Eva: desnudos.
“El diablo paga mal” porque “promete todo y nos deja desnudos”, porque son “tentaciones de vanidad, soberbia, avidez, avaricia…, tantas…”.
Y abordando el tema de la corrupción el Pontífice añade: en esto hay que pedir ayuda al Señor: “Muchos ‘peces gordos’ corruptos que hay en el mundo y de los cuales conocemos su vida a través de los diarios, quizás comenzaron con una pequeña cosa, como no ajustar bien la balanza: son 900 gramos pero parecen un kilo…”.
Por ello la Iglesia nos enseña a “no ser ingenuos”, a tener los “ojos abiertos”, a pedir ayuda al Señor, “porque por nosotros mismos no podemos”. Adan y Eva cuando caen se “esconden” del Señor, en cambio es necesaria la gracia de Jesús para “volver y pedir perdón”.
“En la tentación no se dialoga, se reza: ‘Ayúdame Señor, porque soy débil. No quiero esconderme de Ti’. Esto es coraje, esto es vencer”. Y Francisco concluye: “Si somos engañados por nuestra debilidad en la tentación que nos dé el coraje de levantarnos e ir adelante. Para esto ha venido Jesús”.
Zenit

A cuatro años de su renuncia, Benedicto XVI está «en perfecta forma mental y espiritual», según su antiguo portavoz


Benedicto XVI está cada vez más satisfecho de la decisión de haber renunciado, al ver la labor de su sucesor. El afecto es mutuo: a Francisco se le ilumina el rostro cuando habla de su predecesor, a quien telefonea, escribe, visita o hace regalos con frecuencia

A los cuatro años de su renuncia, presentada el 11 de febrero de 2013, el Papa emérito Benedicto XVI se encuentra «en perfecta forma mental y espiritual», según ha afirmado el viernes su antiguo portavoz, Federico Lombardi, quien continúa colaborando con él como presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto VXI.

Confirmando la impresión de otras personas que visitan al Papa emérito en su residencia de los Jardines Vaticanos, Lombardi ha comentado a Radio Vaticana que «si bien las fuerzas mentales y espirituales son perfectas, las fuerzas físicas se van debilitando poco a poco».
Su antiguo portavoz subraya que «no sufre enfermedades particulares pero se nota que la fragilidad aumenta con la edad. En todo caso, está a pie, y puede caminar por la casa».
Benedicto XVI cumplirá noventa años el próximo 16 de abril, pero seguramente mantendrá su costumbre de reducir los festejos al mínimo, celebrando sobre todo, con las otras cinco personas de la casa.
En la residencia «Mater Ecclesiae» le acompañan su secretario particular Georg Gaenswein, quien trabaja cada día con el Papa Francisco como jefe de la Casa Pontificia, y cuatro mujeres muy valiosas de Comunión y Liberación que se encargan de correspondencia, secretaría, y tareas domésticas. Es la pequeña «familia» de la época del pontificado, y se entienden todos muy bien.
Ya no escribe
Aunque Benedicto XVI ya no escribe, a lo largo del pasado año ha permitido que se publique una breve entrevista con el teólogo jesuita Jacques Servais, discípulo de Hans Urs von Balthasar, y otra más amplia con su biógrafo italiano Elio Gueriero.
Pero el verdadero regalo a tantas personas que le quieren ha sido el libro-entrevista «Últimas conversaciones» con el periodista bávaro Peter Seewald, autor de otros dos volúmenes similares, «Sal de la tierra» (1996) y «Luz del mundo» (2010).
La novedad de «Últimas conversaciones» es total. No tiene ningún precedente en la historia. Por primera vez un Papa cuenta su propio pontificado desde dentro pero, al mismo tiempo, con la serenidad que proviene de haber dejado de ejercerlo. Y lo hace con la honradez intelectual y humildad personal que siempre han caracterizado a Joseph Ratzinger.
Benedicto XVI está cada vez más satisfecho de la decisión de haber renunciado al ver cómo, año tras año, avanza la renovación espiritual de la Iglesia y los fieles católicos que promueve con todas sus fuerzas el Papa Francisco, a quien agradece «el regalo de una relación maravillosamente paterno-fraterna».
En realidad, el afecto es mutuo, y a Francisco se le ilumina el rostro cuando habla de su predecesor, a quien telefonea, escribe, visita o hace regalos con frecuencia.
Benedicto disfruta de paz interior y de una ancianidad muy serena, que suelen comentar con envidia las personas que le visitan en su residencia. Casi todas mantienen la discreción aunque, de vez en cuando, alguna cuelga las fotos en las redes sociales sin que eso suponga noticia especial.
El Papa emérito pasa a veces temporadas en que le resulta muy difícil caminar, y aplaza visitas, pero las reanuda en cuando vuelve a la normalidad. En todo caso, desempeña continuamente la misión que se asignó a sí mismo al renunciar: rezar por su sucesor y por la Iglesia «apartado del mundo».
Juan Vicente Boo. @juanvicenteboo (ABC). El Vaticano
Alfa y Omega

11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo. La atención religiosa es «un servicio más del hospital»


El Vall d’Hebron acaba de implantar un sistema para que cualquier paciente que necesite atención espiritual la reciba con la mayor agilidad posible
El Vall d’Hebron es el mayor hospital de Cataluña. Es fácil perderse en sus cuatro edificios, que superan las 1.100 camas. Pero cuando ingrese un paciente que haya estado en el Josep Trueta o el Santa Caterina, de Gerona, y haya recibido en ellos atención espiritual, no tardará en visitarle alguien del servicio religioso, incluso si por cualquier motivo no ha podido pedirlo. Es una de las ventajas de Flama (Llama en catalán), un programa informático que podría llegar a cada hospital del Instituto Catalán de Salud.
Todo comenzó en 2009, en el Josep Trueta. «Al gerente –explica el capellán Sebastià Aupí– le preocupaba que en el futuro surgieran conflictos» por sus visitas a las habitaciones. «Buscando alternativas, descubrí que los trabajadores sociales del centro tenían un programa» para seguir a los pacientes que atendían. Cuando hacía falta, se marcaba en la base de datos del hospital. Sus datos pasaban al programa, y este avisaba a los trabajadores. ¿Por qué no hacer lo mismo con el servicio religioso? La dirección dio el visto bueno, «y la asesoría jurídica nos prestó todo su apoyo» para hacerlo respetando la ley de protección de datos.
Ahora, el equipo de atención religiosa del Trueta ya no va habitación por habitación, pero el servicio se anuncia en todo el centro. «Tenemos la seguridad de que si cualquier paciente» lo pide, «su demanda va a ser atendida. También los médicos y enfermeras, si ven que un paciente tiene un rosario o una imagen religiosa, lo ofrecen. En las situaciones de final de vida, casi siempre son ellos los que proponen avisarnos».
En octubre de 2015, cuando solo funcionaba en un hospital, Flama fue una de las iniciativas que se presentaron en el simpósium Claves para una pastoral evangelizadora en los hospitales, organizado por el Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española para buscar formas de renovar la atención religiosa en los hospitales. Esta apuesta continuará los días 23 y 24 de febrero, en las Jornadas Nacionales de Servicios Religiosos Hospitalarios.
«Un soplo de aire fresco»
Ahora, el programa funciona también en el Santa Caterina, y pronto llegará a otros dos hospitales de Gerona. Con todo, el gran salto ha sido su llegada al Vall d’Hebron, hace un mes. El padre Juan Carlos Izquierdo, uno de sus cuatro capellanes, explica que al descubrirlo pensaron que podía simplificar su labor. «La providencia hizo que en Gerencia también lo conocieran» y recibieran bien la propuesta. «Es un soplo de aire fresco. Agiliza el registro» y seguimiento de los pacientes, con datos como la última visita o qué atención solicitan: católica, de otras confesión –ellos buscan a un clérigo–, o espiritual no religiosa –ayuda para responder a «las preguntas que surgen en la enfermedad, resolver cuestiones pendientes…»–.
Después del Vall d’Hebron, será el turno de otro de los principales centros hospitalarios de Cataluña, el Bellvitge, con 550 camas. En el futuro, el sistema podría llegar a todos los hospitales de Cataluña, si los obispos de las ocho diócesis restantes –además de Barcelona y Gerona– y los responsables sanitarios dan el visto bueno.
El padre Aupí subraya que, detrás de la herramienta informática, hay una metodología que hace que su equipo sea «un servicio más del Trueta». Así lo atestigua Carmen Majó, enfermera de la UCI y miembro del Comité de Ética del hospital: «Las enfermeras o los médicos pedimos su apoyo cuando algún enfermo o su familia tienen necesidades espirituales o psicológicas».
Aprobado de las enfermeras
En su hospital, se da el caso de que la misma atención psicológica del centro la llevan, sin mezclar ámbitos, dos psicólogas laicas del equipo de atención religiosa. Esta atención es una de las cuestiones que se tratan al compartir información en los cambios de turno. «Las enfermeras lo valoramos muy positivamente. Aquí todo va muy deprisa, y nosotros no podemos dar el apoyo que hace falta. Ellos tienen la disponibilidad de venir, hablar un rato largo o incluso quedar para otro día», y así «los enfermos se sienten más arropados».
También en el Vall d’Hebron la comunicación es buena, y los profesionales saben que cuentan con el servicio religioso para cubrir las necesidades espirituales de los pacientes. «Hace poco –cuenta Ramón, laico coordinador del equipo–, nos juntamos uno del equipo y los médicos con la familia de un chico que estaba en situación terminal en la UCI», para informarles y «acompañarlos» en ese momento; unos ofrecían información, y los otros ayudaban a asimilarla.
Profesionalidad y formación
Para Aupí, una de las razones de la buena relación con el personal de su hospital es la profesionalidad que da a su equipo el hecho de que «todos hemos hecho una formación específica. Esto es importante, porque a veces vamos un poco cojos». Además de Teología –explica–, hay que saber algo de Psicología para manejar situaciones complejas que se pueden encontrar. «Es muy importante la escucha, y también manejar bien la misericordia, la culpa, el dolor…».
La formación es, precisamente, una de las grandes apuestas del Departamento de Pastoral de la Salud de la CEE para los próximos años. En 2015, se decidió preparar un itinerario básico común, que pudiera llegar a ser similar a la Declaración Eclesiástica de Competencia Académica (DECA) de los profesores de Religión, y que se pudiera estudiar en cada diócesis. «Ya hemos diseñado todo el currículum, con sus tiempos, y también una variante para hacer a distancia», explica Jesús Martínez Carracedo, director del departamento. Aún ve lejana su implantación, pero celebra que delegaciones de Pastoral de la Salud como la de Madrid o la de Zaragoza «no hayan esperado a que se haga realidad» para incluir algunos de sus elementos en sus escuelas de Pastoral de la Salud.
María Martínez López
Alfa y Omega

11 de febrero: Nuestra Señora de Lourdes


El 11 de febrero de 1858, la joven Bernardita Soubirous acudió, como era su costumbre, junto a una de sus hermanas y a una amiga a recoger leña en los alrededores del río Gave, en Lourdes, pequeño municipio situado al pie de los Pirineos. De repente, un ruido atronador procedente del hueco de una roca rompió el silencio. Bernardita se dio la vuelta y ve a una joven mujer, de rostro angelical, vestida de blanco y ceñida de un lazo azul. Fue la primera aparición, a la que seguirían diecisiete más.
En la que tuvo lugar el 25 de marzo, día de la Anunciación, Bernardita pregunta a la señora de blanco: «¿Quién es usted?» «Soy la Inmaculada Concepción». Un dogma que había sido definido cuatro años antes; Bernardita, analfabeta, ni se había enterado. Pero esta vez, entendió.
En enero de 1862, casi cuatro años después de las apariciones, la Iglesia convalidó su testimonio. «Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se apareció realmente a Bernardita Soubirous, el 11 de febrero de 1858 y días siguientes en la gruta de Massabielle cerca de la ciudad de Lourdes, en número de dieciocho veces; que tal aparición reviste todas las apariencias de la verdad y que los fieles han de creerla como cierta», escribía el obispo de Tarbes, monseñor Laurence, en una carta pastoral.
A día de hoy, Lourdes es el principal santuario mariano del mundo, no solo lugar de peregrinación: también lo es de penitencia y decuración de enfermos.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

La gente comió hasta quedar saciada


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 1-10

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos»
Le replicaron sus discípulos:
«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete».
Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
Tenían también unos cuantos peces; Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.
La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
Palabra del Señor.

viernes, 10 de febrero de 2017

La ley del corazón


Sirácide 15, 16-21: “Delante del hombre están la muerte y la vida”Salmo 118: “Dichoso el que cumple la voluntad del Señor”Corintios 2, 6-10: “Por el Espíritu, Dios nos revela lo mas profundo”San Mateo 5, 17-17: “Han oído que se dijo a los antiguos, pero yo les digo…”
Ahora está de moda hacer leyes. Cada quien se inventa la suya y llega una nueva autoridad y proclama nuevas leyes. Parecería que las leyes son para servir a los gobernantes y no para custodiar la vida, la dignidad y los derechos humanos. ¡Pobre constitución tan violada, pisoteada y despreciada! Hay quienes han hecho leyes de acuerdo a sus caprichos e ideologías, otros pretenden establecer nuevas constituciones de acuerdo a sus propios intereses. ¿Para qué hacer nuevas leyes que nunca serán observadas? Nos hemos olvidado de lo más importante: la ley del corazón. Mientras haya corrupción en nuestro corazón, ninguna ley será suficiente.
¿Qué pensará Jesús de nuestra forma de vivir y de actuar en relación con la ley? Sus palabras revelan la gran tensión que sus propuestas provocan en los diferentes grupos de su tiempo. Hay quienes alegremente dicen que toda la ley está superada y que ahora se podría vivir con libertad dejando en el pasado toda la ley que habían dado Moisés y los profetas. Otro grupo, en cambio, se aferra a la ley y entiende que Jesús es un cumplidor de la ley y que exige a sus nuevos adeptos sigan al pie de la letra todas las prescripciones y la interpretación minuciosa que los fariseos hacen de la ley. ¿Cristo quiere abolir la ley? No, Cristo quiere encontrar el verdadero sentido de la ley y darle su justo valor. No propone la ley por la ley, sino nos propone ir más allá, al interior de hombre y a su relación con Dios y con sus hermanos, con la naturaleza, para descubrir el gran valor que tiene esa ley. Resume su propuesta afirmando que la ley está basada en una “verdadera justicia”, si no, pierde su sentido. Las leyes que en un principio fueron establecidas para protección de los más débiles, para el cuidado de los pequeños, de pronto se fueron tornando en una carga insoportable y en un pretexto más para la sumisión y la esclavitud. Así la ley en lugar de dar dignidad a la persona, la esclaviza.
Cristo propone la verdadera libertad del corazón y no un libertinaje que justifique las acciones más irracionales al amparo de la ley. Cristo mira el corazón del hombre y en él quiere poner una nueva vitalidad y una nueva ley basada en la justicia y en el amor. Nos habla de unas relaciones que se centran en el reconocimiento de cada persona como hija de Dios y como heredera del Reino. Atrás quedan el formalismo y el legalismo que cosifican a las personas y las someten al yugo de leyes sustentadas en el capricho de unos cuantos. Y después de centrarnos en esta justicia que debe ser mayor que la de los escribas y fariseos, Cristo nos presenta varios casos en que se deforma la ley, casos que no quedan en el ayer ni el olvido, sino que son muy actuales. No hace una relación exhaustiva de casos en que se infringe la ley, sino simplemente nos llama la atención en ejemplos que suceden todos los días y que muchas veces ni cuenta nos damos del desprecio que estamos haciendo a las personas. El pasaje de este día nos centra en el respeto a la vida de la persona, en la sinceridad de las relaciones y en el valor de la palabra.
Cristo fundamenta su propuesta en el respeto a la vida de las personas. Muy lejos de los que estos días escuchamos con preocupación: actos demenciales que rompen con la armonía de la comunidad y que destruyen vidas de personas inocentes, nuevas leyes que destrozan la vida y la naturaleza. ¿Qué sucede con nuestra humanidad? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? Hay quienes proponen la pena de muerte o castigos más severos como solución, pero mientras no nos descubramos como hermanos y como hijos de Dios, mientras el hombre o el poder sean el único parámetro de la ley, se seguirá despreciando la vida de los pequeños y se seguirá cegando impunemente vidas inocentes. Cristo va más allá y nos pide, no sólo el respeto a la vida, sino también a la dignidad de la persona, no podemos vivir en el odio, en el insulto y la descalificación. Cuando odiamos, nosotros mismos estamos perdiendo la esencia misma de nuestra identidad.
Frente a un mundo de desenfreno habla Cristo de la sexualidad y del divorcio. No se puede mirar al otro o la otra sólo como objeto de placer. Mientras las relaciones no estén fundadas en la aceptación del otro, con toda su dignidad y con todos sus derechos, las relaciones serán solamente superficiales, utilizarán a las personas y se llegará a los extremos de los abusos, la trata de personas o la esclavitud sexual. Cristo nos propone la verdadera exigencia del amor que nace en las personas que realmente se aman. Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres que sepan vivir, testimoniar y defender el proyecto del amor indisoluble. Personas que vayan más allá de la búsqueda del placer irresponsable, jóvenes que se arriesguen a vivir la plenitud de un amor fiel, responsable y comprometido.
Frente a un mundo de mentira, Cristo nos habla del valor de la palabra. Si en aquellos tiempos la palabra necesitaba ser reforzada con juramentos, ahora necesita documentos y papeles que la hagan creíble. Pero ni así: encontramos acomodaciones, subterfugios, letras chiquitas o pactos no cumplidos. La mentira y la corrupción invaden las relaciones. Y Cristo nos exige que le demos su verdadero valor a la palabra. Él que es la palabra hecha carne, la Palabra hecha relación, nos pide que nosotros seamos coherentes con lo que hablamos. No habrá leyes que puedan superar las mentiras cuando se han adueñado del corazón. Necesita el hombre descubrir su relación íntima con la verdad y defenderla siempre y en todas partes para ser fiel a su propia vocación.
En resumen hoy Cristo nos llama a que miremos nuestro corazón: no puede un corazón dividido por el odio, por la mentira, por el placer, presentarse dignamente ante Dios. Está falseando la relación porque no ofrece toda su persona. Quizás estemos creando un mundo ficticio con leyes acomodadas a nuestros caprichos y no concorde con la voluntad de Dios y con el respeto a la persona. Quizás hemos dejado en el olvido leyes fundamentales. ¿Qué queda hoy en nuestro corazón? Sigamos meditando las palabras de Jesús: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos”.
Señor, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos descubrir los caminos de la verdad, del amor y de nuestra propia dignidad, que nos lleven a vivir en tu presencia. Amén.
Zenit

10 de febrero: santa Escolástica, virgen


A falta de fuentes históricas fiables, la tradición considera que Santa Escolástica, hermana de San Benito, al que acompañó durante toda su vida monástica, nació en Nursia (Italia) alrededor del año 480. Una Italia que en aquellas fechas acababa de ser invadida por los bárbaros.
Un día, San Benito partió hacia Roma, con el objetivo de conocer la cultura clásica; durante un tiempo nada se supo de él, hasta que un día Escolástica, que había ingresado en una comunidad religiosa, oyó hablar de su hermano: éste era ermitaño que vivía en el monte, entregado a la oración y al ayuno. Al cabo de unos años, se le localizó en el monasterio de Monte Cassino, donde redactaba una regla de vida monacal que, con el tiempo, se extendería por toda Europa.
Los dos hermanos mantenían interminables conversaciones sobre las verdades de Cristo. Cierto día, que Santa Escolástica adivinó que iba ser el último en el que ambos iban a coincidir, pidió a su hermano rezar toda la noche. Cuanta la tradición que San Benito vio descender el alma de su hermana hasta Dios en forma de paloma. Era el año 543.
J.M. Ballester Esquivias(@jmbe12)
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY (Mc 7, 31-37) POR BENEDICTO XVI:


“Queridos hermanos y hermanas:

En el centro del Evangelio de hoy (Mc 7, 31-37) hay una pequeña palabra, muy importante. Una palabra que —en su sentido profundo— resume todo el mensaje y toda la obra de Cristo. El evangelista san Marcos la menciona en la misma lengua de Jesús, en la que Jesús la pronunció, y de esta manera la sentimos aún más viva. Esta palabra es «Effetá», que significa: «ábrete». 

Veamos el contexto en el que está situada. Jesús estaba atravesando la región llamada «Decápolis», entre el litoral de Tiro y Sidón y Galilea; una zona, por tanto, no judía. Le llevaron a un sordomudo, para que lo curara: evidentemente la fama de Jesús se había difundido hasta allí. Jesús, apartándolo de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua; después, mirando al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que significa precisamente: «Ábrete». 

Y al momento aquel hombre comenzó a oír y a hablar correctamente (cf. Mc 7, 35). He aquí el significado histórico, literal, de esta palabra: aquel sordomudo, gracias a la intervención de Jesús, «se abrió»; antes estaba cerrado, aislado; para él era muy difícil comunicar; la curación fue para él una «apertura» a los demás y al mundo, una apertura que, partiendo de los órganos del oído y de la palabra, involucraba toda su persona y su vida: por fin podía comunicar y, por tanto, relacionarse de modo nuevo.

Pero todos sabemos que la cerrazón del hombre, su aislamiento, no depende sólo de sus órganos sensoriales. Existe una cerrazón interior, que concierne al núcleo profundo de la persona, al que la Biblia llama el «corazón». Esto es lo que Jesús vino a «abrir», a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud la relación con Dios y con los demás. Por eso decía que esta pequeña palabra, «Effetá» —«ábrete»— resume en sí toda la misión de Cristo. 

Él se hizo hombre para que el hombre, que por el pecado se volvió interiormente sordo y mudo, sea capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los demás. 

Por este motivo la palabra y el gesto del «Effetá» han sido insertados en el rito del Bautismo, como uno de los signos que explican su significado: el sacerdote, tocando la boca y los oídos del recién bautizado, dice: «Effetá», orando para que pronto pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe. Por el Bautismo, la persona humana comienza, por decirlo así, a «respirar» el Espíritu Santo, aquel que Jesús había invocado del Padre con un profundo suspiro, para curar al sordomudo. 

Nos dirigimos ahora en oración a María santísima (...): Que su maternal intercesión nos obtenga experimentar cada día, en la fe, el milagro del «Effetá», para vivir en comunión con Dios y con los hermanos.
(Benedicto XVI, Ángelus del 9-9-2012)

TODO LO HA HECHO BIEN




Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31 37):

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es, «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor

jueves, 9 de febrero de 2017

Francisco en Sta. Marta: “Dios hizo a la mujer para que tuviéramos una madre”


El papa Francisco en su homilía de este jueves en la misa matutina que celebró en Residencia Santa Marta, prosiguió la reflexiones sobre la Creación y las lecturas del Libro del Génesis, recordando que el Señor había plasmado todos los animales, pero el hombre no encontraba en ellos la compañía adecuada, estaba solo.
Por ello el Señor le sacó una costilla a Adán y formó a la mujer, que el hombre reconoció como carne de su carne. “Pero, antes de verla la había soñado” recordó el Pontífice, y precisó que “para comprender a una mujer, antes hay que soñarla”, señalando la riqueza que la mujer aporta a la armonía de la Creación.
“Cuando falta la mujer, falta la armonía. Solemos decir, hablando que ‘ésta es una sociedad con una marcada actitud masculina ¿no? Falta la mujer”. Dicen: “Sí, sí: la mujer está para lavar los platos, para hacer…”. “No, no, no –respondió el Papa– la mujer está para traer armonía. Sin la mujer no hay armonía”. Porque el hombre y la mujer “no son iguales, no son uno superior al otro: no. Sólo que el hombre no trae armonía. Es ella la que trae esa armonía, que nos enseña a acariciar, a amar con ternura y que hace del mundo una cosa bella».
El Pontífice indicó que la mujer con la armonía trae la capacidad de enamorarse, y contó que en una audiencia mientras saludaba a la gente, le preguntó a una pareja que celebraba 60 años de matrimonio, quién de los dos había tenido más paciencia: “Y ellos me miraban, se miraban a los ojos, nunca olvidaré esos ojos. Luego volvieron y me dijeron, los dos juntos: ‘estamos enamorados’. Después de 60 años, esto significa una sola carne. Y esto es lo que trae la mujer: la capacidad de enamorarse. La armonía al mundo”.
“La funcionalidad no es el objetivo de la mujer. Es verdad que la mujer tiene que hacer cosas, y hace como todos hacemos, cosas”, señaló el Pontífice, pero “el objetivo de la mujer es brindar la armonía”. Por ello “explotar a las personas es un crimen de lesa humanidad, es verdad. Pero explotar a una mujer es más: es destruir la armonía que Dios ha querido dar al mundo”.
Recordando el Evangelio de Marcos que habla de la mujer sirio-fenicia y de su valentía como madre, el Papa dijo que le gusta pensar que Dios creó a la mujer para que todos tuviéramos una madre.
“Dios nos ha dado un gran don, es la mujer” y aún más porque “la mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza. Sin ella el mundo no sería tan bello, no sería armonioso. Y me gusta pensar –pero es algo personal– que Dios ha creado a la mujer para que todos nosotros tuviéramos una madre”.
ZENIT

800 millones de Lázaros



Somos cómplices y víctimas de un sistema desalmado que genera graves injusticias, desigualdades y mucha alienación personal
La parábola del hombre rico y el pobre Lázaro centra el mensaje del Papa para la Cuaresma de este año. El primero –dice Francisco– representa «la «opulencia», el «lujo exagerado», pero también a la persona incapaz de ver las necesidades del otro. ¿Un rico desalmado? Nos convendría no juzgar muy severamente. El domingo se celebra la Jornada de Manos Unidas, que recuerda que 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, mientras en España un tercio de los alimentos termina en el cubo de la basura. La analogía es demasiado hiriente.
Sabemos –nos lo recuerda, si no, Manos Unidas– que el planeta puede abastecer a toda la humanidad. Que el problema está en los sistemas de producción y comercialización de los alimentos, convertidos en un producto con el que los mercados especulan a costa de la vida de muchos. Entramos así en una dimensión global que a un ciudadano español de a pie tal vez le venga muy grande. Pero Manos Unidas nos dice también que cada uno de nosotros es parte de ese engranaje; cómplices, por tanto, aunque también víctimas de un sistema desalmado (una «economía que mata», dice el Papa) que genera graves injusticias y desigualdades, y dosis nada desdeñables de alienación personal.
La Cuaresma –escribe Francisco– es «una fuerte llamada a la conversión», a volver los ojos a Dios y a abrir «nuestro corazón al otro». Esa conversión tiene una dimensión social. Adoptar estilos de vida más sobrios se ha convertido en una de las primeras formas de solidaridad, porque la voracidad en el norte alimenta terribles formas de explotación en el sur. Pero el Papa ha aludido también a la necesidad de compromiso político. Al dirigirse el sábado a representantes de empresas focolares de Economía de Comunión, les advirtió de que «un empresario que es solamente un buen samaritano cumple solo la mitad de su deber: cura a las víctimas de hoy, pero no reduce las de mañana». Es necesario además implicarse para cambiar unas reglas del juego injustas, aunque ahora podamos pensar que el reto nos viene muy grande.
Alfa y Omega

El Papa admite que en el Vaticano «hay corrupción» y una «atmósfera mundana y principesca»


Francisco ha recibido a los 60 integrantes de la revista jesuita La Civiltà Cattolica con motivo de la publicación de su número 4.000. En el próximo número, se publicarán unas respuestas del Papa a los superiores religiosos en las que les pide que le ayuden a combatir la mundanidad y el clericalismo en la Iglesia
«¡Permanezcan en mar abierto! El católico no debe tener miedo del mar abierto, no debe buscar reparo en puertos seguros. Ustedes como jesuitas eviten aferrarse a certezas y seguridades»: fue la invitación que dirigió el Papa Francisco a los a 60 integrantes de la revista jesuita La Civiltà Cattolica, recibidos en audiencia, en la mañana de este 9 de febrero, en ocasión del número 4.000 de esta revista quincenal que cuenta con 167 años de historia.
El Papa les recordó que en su navegación van «en la barca de Pedro». «Este vínculo al Pontífice es, desde siempre, una característica esencial de vuestra revista», encargada por Pío IX a la Compañía de Jesús para estar «al servicio directo de la Sede Apostólica». Y exclamó: «¡Rememos al servicio de la Iglesia, rememos juntos! Es este el vínculo entre ustedes y yo». En este sentido, el Pontífice les agradeció que «siempre han acompañado cada pasaje fundamental de mi Pontificado» con la publicación de las Encíclicas y Exhortaciones Apostólicas, «dando siempre una fiel interpretación».
La misión de La Civiltà Cattolica es ser católica, sin ser «de sacristía»: «Una revista es verdaderamente católica solo si posee la mirada de Cristo sobre el mundo y lo transmite y da testimonio». Por eso, recordando la felicitación que les ha enviado con motivo del número 4.000, ha explicado que debería ser «al mismo tiempo puente y frontera».
Inquietos, incompletos e imaginativos
Para seguir adelante y profundizar sobre el «diseño constitucional» de la revista, el Vicario de Cristo usó tres palabras: la «inquietud», que ayuda a no ser estériles, con la certeza de la fe que debe ser el motor de la investigación; el ser «incompletos» porque deben ser escritores de pensamiento abierto, incompleto; y finalmente, «imaginación» porque «el pensamiento rígido no es divino» y «la sabiduría del discernimiento rescata la necesaria ambigüedad de la vida».
«El pensamiento de la Iglesia –prosiguió– debe recuperar genialidad y entender cada vez mejor cómo el hombre se comprende hoy para desarrollar y profundizar su propia enseñanza».
Edición en español
Esta celebración de la veterana publicación católica coincide con el lanzamiento de sus versiones en español, inglés, francés y coreano. Y también con la publicación, en su próximo número, de las respuestas del Santo Padre a las preguntas de varios superiores de órdenes y congregaciones religiosas en un encuentro celebrado el 25 de noviembre.
En su respuestas, adelantadas este jueves por Corriere della Sera, Francisco admite que en el Vaticano «hay corrupción» y una «atmósfera mundana y principesca» que no afecta solo a los cardenales –llamados príncipes de la Iglesia–. «Basta ser clericales». Los religiosos –añadió– «tienen que contribuir a destruir este ambiente nefasto», que es «lo peor en la organización de la Iglesia».
A pesar de todo ello, el Pontífice subrayó que vive «en paz». Cuando hay un problema –contó– se lo encomienda a san José, cuya imagen durmiente tiene en su habitación. «Yo duermo bien. Duermo seis horas y rezo. Esta paz es un regalo del Señor» que recibió al ser elegido Papa.
Las críticas «hacen bien»
También le ayuda un poco de «pasotismo», aunque ¬–subrayó– «nunca lavarse las manos» como Poncio Pilato, que tiene muchos imitadores en la Iglesia. «Un superior que se lava las manos no es padre y no ayuda», insistió. En este sentido, tampoco le molestan las críticas, que «hacen bien» si «sirven para crecer».
Sobre los abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos a menores y la pederastia, el Papa subraya que esta «es una enfermedad» y, «en el caso de que estén implicados curas o religiosos, está calro que está presente el diablo, que destroza la obra de Jesús a través de quien la tendría que anunciar».
Por eso, pide que se preste atención a verificar la madurez afectiva de los candidatos a la vida sacerdotal o religiosa, y que en el caso de que hayan sido rechazados por otra institución, se averigüe con profundidad el porqué.
El adelanto de la conversación en el Corriere della Sera incluye, además, una reflexión del Pontífice sobre las penitencias físicas, como el cilicio. «Cuando entré en el noviciado de los jesuitas, me dieron el cilicio. Esta bien el cilicio, pero atención: no tiene que ayudarme a demostrar que soy bueno y fuerte. La verdadera ascesis tiene que hacerme más libre».
Agencias
Alfa y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (7,24-30)




El Evangelio de Marcos presenta hoy la figura de la mujer «de lengua griega y de origen siro-fenicio» que suplica a Jesús «que expulse el demonio de su hija». 

La mujer, dirigiéndose a Jesús, es «valiente», como lo es toda «madre desesperada» que «ante la salud de un hijo», está dispuesta a hacer de todo. «Le habían dicho que existía un hombre bueno, un profeta», y así fue a buscar a Jesús, a pesar de que «no creía en el Dios de Israel».

Por el bien de su hija «no tuvo vergüenza de la mirada de los apóstoles». Y se acercó a Jesús para suplicarle que ayudara a su hija que estaba poseída por un espíritu impuro. 

A su petición Jesús respondió que había venido «ante todo para las ovejas de la casa de Israel». Y se lo «explica con un lenguaje duro», diciéndole: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 

La mujer no respondió a Jesús «con su inteligencia, sino con sus entrañas de madre, con su amor». Y dijo: «Pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Queriendo decir: «Dame estas migajas a mí». 

Impresionado por su fe «el Señor hizo un milagro». Y, así, «al llegar a su casa, se encontró a la niña acostada en la cama, y el demonio se había marchado».

Es, en esencia, la historia de una madre que «se había expuesto al riesgo de hacer un mal papel, pero insistió» por amor a su hija. Viniendo «del paganismo y de la idolatría, encontró la salud para su hija»; y para sí misma «encontró al Dios viviente». Su camino «es el camino de una persona de buena voluntad que busca a Dios y lo encuentra». Por su fe «el Señor la bendice». 

Pero es también la historia de mucha gente que aún hoy «recorre este camino». Y «el Señor espera» a estas personas, movidas por el Espíritu Santo. «Cada día en la Iglesia del Señor hay personas que recorren este camino, silenciosamente, para encontrar al Señor», precisamente «porque se dejan conducir por el Espíritu Santo». 

«Recorramos el camino de la mujer cananea, de esa mujer pagana, acogiendo la Palabra de Dios que fue sembrada en nosotros y que nos conducirá a la salvación».

Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños



Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que coman primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Palabra del Señor.

miércoles, 8 de febrero de 2017

“La Iglesia es el cuerpo donde se alimenta y se sostiene la esperanza”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El miércoles pasado hemos visto que San Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta a permanecer arraigados en la esperanza de la resurrección (Cfr. 5,4-11), con esa bella palabra “estaremos siempre con el Señor”. En el mismo contexto, el Apóstol muestra que la esperanza cristiana no tiene sólo un aspecto personal, individual, sino comunitario, eclesial. Todos nosotros esperamos. Todos nosotros tenemos esperanza, pero también comunitariamente.
Por esto, la mirada es enseguida extendida por Pablo a todas las realidades que componen la comunidad cristiana, pidiéndoles de orar los unos por los otros y de sostenerse recíprocamente. Ayudarse recíprocamente. Pero no solo ayudarse en las necesidades, en las tantas necesidades de la vida cotidiana, sino ayudarnos en la esperanza, sostenernos en la esperanza. Y no es casualidad que comience justamente haciendo referencia a quienes les es confiada la responsabilidad y la guía pastoral. Son los primeros en ser llamados a alimentar la esperanza, y esto no porque sean mejores que los demás, sino en virtud de un ministerio divino que va más allá de sus propias fuerzas. Por tal motivo, tienen más que nunca la necesidad del respeto, de la comprensión y del apoyo benévolo de todos.
La atención luego es puesta en los hermanos con mayor riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación. Pero, nosotros siempre tenemos noticias de gente que cae en la desesperación y hace cosas feas, ¿no? La des-esperanza los lleva a estas cosas feas. Se refiere a quien está desanimado, a quien es débil, a quien se siente abatido por el peso de la vida y de las propias culpas y no logra más levantarse. En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia debe hacerse todavía más intensa y amorosa, y deben asumir la forma exquisita de la compasión, que no es tener piedad: la compasión es padecer con el otro, sufrir con el otro, acercarme a quien sufre… una palabra, una caricia, pero que salga del corazón, esto es la compasión. Tienen necesidad de la solidaridad y de la consolación. Esta es más importante que nunca: la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta. El mismo Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Romanos, afirma con el corazón en la mano: «Nosotros, los que somos fuertes – que tenemos la fe, la esperanza o no tenemos tantas dificultades – debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (15,1). Sobrellevar, sobrellevar las debilidades de los demás. Este testimonio luego no permanece cerrado dentro de los confines de la comunidad cristiana: resuena con todo su vigor también fuera, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes, a no intercambiar el mal con el mal, a vencer el mal con el bien, la ofensa con el perdón: el cristiano jamás puede decir, me las pagaras. ¡Jamás! Esto no es un gesto cristiano. La ofensa se vence con el perdón; para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y esto es lo que obra la esperanza cristiana, cuando asume los lineamientos fuertes y al mismo tiempo tiernos del amor. Y el amor es fuerte y tierno. Es bello.
Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, necesita necesariamente de un “cuerpo”, en el cual los diferentes miembros se sostengan y se animen recíprocamente. Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han enseñado a esperar y han tenido viva nuestra esperanza. Y entre ellos, se distinguen los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados. Sí, porque no conoce la esperanza quien se cierra en su propio bienestar: espera solamente en su bienestar y esto no es esperanza: es seguridad relativa; no conoce la esperanza quien se cierra en su propia satisfacción, quien se siente siempre bien… Los que esperan son en cambio aquellos que experimentan cada día la prueba, la precariedad y el propio límite. Son estos nuestros hermanos los que nos dan el testimonio más bello, más fuerte, porque permanecen firmes en la confianza en el Señor, sabiendo que, más allá de la tristeza, de la opresión y de la inevitabilidad de la muerte, la última palabra será la suya, y será una palabra de misericordia, de vida y de paz. Quien espera, espera escuchar un día esta palabra: “Ven, ven a mí, hermano; ven, ven a mí, hermana, por toda la eternidad”.
Queridos amigos, si – como hemos dicho – la morada natural de la esperanza es un “cuerpo” solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no se puede tener esperanza. Es por eso que el Apóstol Pablo nos invita al final a invocarlo continuamente. Si no es fácil creer, mucho menos lo es esperar. Es más difícil esperar que creer. Es más difícil. Pero cuando el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, es Él quien nos hace entender que no debemos temer, que el Señor está cerca y se preocupa por nosotros; y es Él quien modela nuestras comunidades, en una perene Pentecostés, como signos vivos de esperanza para la familia humana. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)