lunes, 19 de septiembre de 2016

Papa: Toda mafia es oscura, no ocultemos la luz de Dios

 
Custodiar la luz de la fe y llevarla adelante, y no permitir que se la oculte. Fue la exhortación de Francisco durante la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Papa puso en guardia ante toda una serie de comportamientos que hacen que se corra el riesgo de apagar esta luz recibida de Dios: desde la envida hasta las peleas, sin olvidar el hecho de tramar contra el prójimo o posponer el bien. Tramar el mal – dijo el Santo Padre – “es mafioso”. Y “toda mafia – añadió – es oscura”.
Dejar que la luz de la fe se vea y hacerla resplandecer ante los hombres. El Papa Bergoglio se inspiró en un pasaje del Evangelio del día, según San Mateo, para detenerse a considerar la luz de la fe y los peligros que se corren al querer ocultarla. “Custodiar la luz – dijo – es custodiar algo que nos ha sido dado como un don y si nosotros somos luminosos, somos luminosos en este sentido: por haber recibido el don de la luz el día del Bautismo”. El Pontíficerecordó precisamente que “en los primeros siglos de la Iglesia”, como “también en algunas Iglesias orientales”, aún hoy “al Bautismo se lo llama la Iluminación”.
Toda mafia es oscura, no postergar el bien y no aprovecharse del prójimo
Esta luz – añadió Francisco – “no debe ser ocultada”. En efecto, “si cubres esta luz, “te vuelves tibio o sencillamente un cristiano sólo de nombre”. La luz de la fe – prosiguió – “es una luz verdadera, la que nos da Jesús en el Bautismo”, “no es una luz artificial, una luz falsa. Es una luz apacible, serena que no se apaga jamás”. El Santo Padre se detuvo a considerar una serie de comportamientos que hacen que se corra el riesgo de esconder esta luz, recordando los consejos que el Señor nos ofrece precisamente para que esta luz no se oscurezca. Ante todo –  exhortó –  “no hacer esperar a quien tiene necesidades”:
“Jamás postergar: el bien… el bien no tolera el frigorífico: el bien es hoy, y si tú no lo haces hoy, mañana no existirá. No esconder el bien para mañana: este ‘vete, vuelve a pasar, te lo daré mañana’ cubre fuertemente la luz. También es una injusticia… Otro modo – son consejos estos, para no cubrir la luz: no tramar el mal contra tu prójimo mientras él vive contigo. Cuantas veces la gente tiene confianza en una persona o en otra y ésta trama el mal para destruirla, para ensuciarla, para desacreditarla… Es el pequeño trozo de mafia que todos nosotros tenemos a mano. ¡Aquel que se aprovecha de la confianza del prójimo para tramar el mal, es un mafioso! ‘Pero, yo no pertenezco a…’: pero esto es mafia, aprovechar de la confianza… Y esto cubre la luz. Te hace oscuro. ¡Toda mafia es oscura!”.
No envidiar a los poderosos, el poder y los celos cubren la luz
El Papa también se refirió a la tentación de pelear siempre con alguien, el placer de pelear incluso con quien no nos ha hecho “nada de mal”. Y constató que “siempre buscamos alguna cosilla para pelear. Pero al final, pelear cansa –  dijo –  y no se puede vivir así. “Es mejor dejar pasar, perdonar”, “hacer de cuenta que no se ven las cosas… no pelear continuamente”:
“Otro consejo que da este Padre a sus hijos para no tapar la luz: ‘No envidiar al hombre violento y no irritarte por todos sus éxitos, porque el Señor siente horror por el perverso, mientras su amistad – la del Señor – es para los justos’. Y tantas veces nosotros, algunos, tenemos celos, envidias por aquellos que tienen cosas, que tienen éxito, o que son violentos… pero repasemos un poco la historia de los violentos, de los poderosos… Es tan sencillo: los mismos gusanos que nos comerán a nosotros, se los comerán a ellos; ¡los mismos! Al final seremos todos iguales. Envidiar, ¡ah! el poder, tener celos… esto cubre la luz”.
Llevar adelante la luz de la fe recibida gratuitamente de Dios
De ahí – dijo también el Obispo de Roma – el consejo de Jesús: “Sean hijos de la luz y no hijos de las tinieblas; custodiar la luz dada en don el día del Bautismo”. Y, “no esconderla debajo de la cama”, sino “custodiar la luz”. Y para custodiar la luz – reafirmó – están estos consejos que hay que poner en práctica todos los días. “No son cosas extrañas – subrayó – todos los días vemos estas cosas que cubren la luz”:
“Que el Espíritu Santo, que todos nosotros hemos recibido en el Bautismo, nos ayude a no caer en estos hábitos malos que tapan la luz, y nos ayude a llevar adelante la luz recibida gratuitamente, la luz de Dios que hace tanto bien: la luz de la amistad, la luz de la mansedumbre, la luz de la fe, la luz de la esperanza, la luz de la paciencia, la luz de la bondad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

El Papa Francisco, desde dentro


El Papa Francisco es el jefe de la Iglesia católica mundial, pero también lo es de los trabajadores de la Santa Sede. Y por lo que han contado su chófer y el conserje del Vaticano esta semana en The Guardian -junto con un trabajador en los museos vaticanos, un guardia suizo y un limpiador de la basílica de San Pedro- es un jefe afable y humilde que siempre trata a sus subordinados con respeto, y con una pizca de humor.
El conductor del actual pontífice, Renzo Cestiè, cuenta al diario inglés que aunque tiene todavía el papamóvil de Benedicto XVI-un Mercedes modificado y blindado- en el garaje, el Papa Bergoglio prefiere desplazarse en el famoso Ford Focus o en el vehículo oficial más pequeño y abierto a los elementos. Observa Cestiè que el Santo Padre "quiere contacto con la gente", y que "no teme nada" -ni incluso el riesgo de posibles ataques a su persona.
Como muestra de la sencillez de Francisco, Cestiè recurre al famoso episodio de cuando el cardenal Bergoglio, en el momento en el que acababa de ser elegido papa, quiso tomar el bus con sus hermanos cardenales a su nuevo residencia, desde la pensión en la que había estado durante el cónclave. Él, que había sido mandado a recoger al pontífice, relata que Bergoglio le dijo "¿Le importaría si me fuera con mis amigos?", y a modo de justificación de su 'error' afirma que "no sabíamos entonces que [el papa] odiaba la ostentación". "Para nosotros", cuenta Cestiè por el equipo de chóferes papales, "fue una cosa maravillosa, el Santo Padre tan humilde".
¿Y cómo son los viajes por carretera con el Papa Francisco, en vez de los recorridos por la Plaza de San Pedro? Al Santo Padre no le gusta escuchar la radio, dice Cestiè, como tampoco le parece preocupar demasiado el trabajo que tenga. A veces, desvela el conductor, echa una vistazo en el espejo retrovisor y se encuentra con la mirada de su pasajero. "Siempre miro hacia otro lado", dice, cuando cruzan miradas, por lo incómodo que resulta la experiencia: "Es como si, en aquél momento, te mirara hacia adentro y supiera quien eres", afirma Cestiè.
Desde la perspectiva de su piloto, el cambio más grande que ha producido el pontificado del Papa Bergoglio ha sido -sorprendentemente, o no- la preocupación de éste de que los trabajadores logren conciliar el trabajo y la vida que tienen fuera. De la posibilidad de que trabajara más horas, dice Cestiè que "no lo querría el Santo Padre", ya que "es el primero en decir: '¿Por qué no estás descansando hoy?'".
Alessio Censoni y Filippo Petrignani -conserje de los edificios del Vaticano y trabajador en la oficina del museo del mismo, respectivamente- no tienen ningún reparo en contar aThe Guardian el lado más informal de su colaboración con Francisco. Censoni, por su parte, confirma que los rumores que al papa no le importa que las madres amamanten en la Capilla Sistina son ciertos. En el bautizo de su propia hija, por ejemplo, cuenta que -al oír que había bebes llorando en el templo- el mismo Francisco dio la vuelta y dijo a las mamás presentes: "'¿No oyen que están llorando? Darlos de comer tranquilamente'".
Petrignani también da fe de este murmullo, y habla asimismo de cuando pillaron al papa sacando un café de una máquina dispensadora, pagando con monedas. El verano pasado se produjo otro momento revelador de la simplicidad de su jefe. Cuando le preguntaron a Francisco si quisiera escapar el calor de Roma y refugiarse en otro lado, cuenta Petrignani que el papa meditó: "'¿Y cuánta gente tendría que mover para salir de la ciudad?". Prefirió, al final quedarse en casa, diciendo a los que estaban alrededor de él que "lo que ahorremos, se lo daremos a los pobres".
Pietro Zander, el jefe de limpieza de la basílica de San Pedro, cuenta del papa, su "vecino", que siempre le saluda a su paso por el santuario. Esta imagen de un "jefe" que se preocupa por el bienestar de los empleados más modestos del Vaticano la confirma el guardia suizo con el que ha hablado The GuardianNico Castelluzzo. No solo ha conocido un caso en el que el papa ha ofrecido hasta una silla a un compañero, sino a él personalmente Francisco le ha preguntado si ha dormido bien. Cuando hacía el turno de noche en la residencia papal, cuenta el guardia, se dio cuenta que al papa le costaba entender que estaba de servicio y que tenía que mantenerse despierto. "Nos pregunta -es una persona muy humana- si tenemos hambre". Una vez "me ofreció una galleta", cuenta Castelluzzo. "Supo bien: una galleta argentina".
(Cameron Doody)

El Papa arremete contra “la corrupción, que arrasa con todo y se infiltra en todas partes”


El estafador, el corrupto, frente al administrador fiel. El Papa Francisco celebró esta mañana en la basílica de San Pedro una misa por el 200 aniversario de los Cuerpos de la Gendarmería vaticana, a quienes agradeció su "defensa de la honestidad", desde la "cercanía y la ternura", frente a las constantes tentaciones, y la corrupción, "que arrasa con todo".
Y contrapuso su ejemplo al de losestafadores y defraudadores, como Jesús hizo en el Evangelio de hoy. No hay exceso de "administradores fieles" en un mundo, como el actual, consumido por "la corrupción, que arrasa con todo y se infiltra en todas partes". También, como apuntó el Papa, en la propia Iglesia.
Frente a ello, Jesús es claro: "No podéis servir a Dios y al dinero". En su homilía, Francisco denunció a los estafadores, "cuyo único Dios es el dinero, y su trabajo exprimir a los pobres, a los indigentes, hasta que se convierten en sus esclavos". Un tipo humano "que se repite en cada época, aunque hoy hay muchos".
También, lamentó, existe la figura del "defraudador". "Su método es hacer trampa, robar a su patrón". Una tarea que no realiza "de un día para otro. No, poco a poco va llegando a la corrupción". En la parábola, el patrón "castiga al administrador deshonesto por su codicia, que hace mucho mal". "Existe también una codicia cristiana", advirtió el Papa, quien clamó, junto con Jesús, por "ser astutos como serpientes, y simples como palomas".
"Hoy hay tantos defraudadores, estafadores, corruptos... Me disgusta ver cómo la corrupción arrasa con todo, se infiltra en todas partes", improvisó Francisco.

Frente a ellos, el hombre fiel, "el que sigue a Jesús. Un hombre de oración, que reza por los otros y confía en el poder de la oración por los demás y por sí mismo y lleva una vida dedicada. El hombre fiel puede caminar entre nosotros". "Un hombre -destacó- que ha sido fiel en las cosas pequeñas, y también en las grandes".
"La Palabra de Dios nos conduce a una certeza final: nadie puede servir a dos patrones, porque odiará a uno y amará a otro, o se acercará a uno y despreciará al otro. Los corruptos aman la corrupción, y odian la honestidad", denunció el Papa, quien apuntó contra los que arman "sus acuerdos en secreto, y lo peor es que creen que son honestos. Aman el dinero, las riquezas, hacen de las riquezas un ídolo. No les importan los pobres".
De ahí surgen algunas de las grandes violencias de la Humanidad, como "la gran industria del trabajo esclavo", como subrayó Bergoglio. "Hoy, en el mundo, el trabajo esclavo es un estilo de vida".
Dirigiéndose a los miembros de la Gendarmería, Francisco les agradeció sus "200 años de servicio contra el delito, contra los estafadores", defendiendo "la honestidad, que tantas veces sale malparada".
El Papa concluyó su homilía agradeciendo la vocación de servicio de este equipo, "luchando con las tentaciones. Me siento orgulloso de saber que vuestro estilo es decir 'No, en esto no entro'. Os agradezco vuestro servicio de dos siglos, y quiero que la sociedad, el Estado, que la Ciudad del Vaticano, que la Santa Sede, del último al máximo,reconozcamos vuestro servicio. Un servicio que custodia, que intenta no sólo que las cosas vayan bien, sino que se hagan con caridad y ternura, aun arriesgando la propia vida".
(Jesús Bastante)

El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
-«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».
Palabra del Señor.

El Papa en el Ángelus: “Sigamos la lógica evangélica de la justicia y no la mundana de la corrupción”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy Jesús nos invita a reflexionar sobre dos estilos de vida contrapuestos: aquel mundano y aquel del Evangelio. El espíritu del mundo no es el espíritu de Jesús. Y lo hace mediante la narración de la parábola del administrador infiel y corrupto, que es alabado por Jesús no obstante su deshonestidad (Cfr. Lc 16,1-13). En seguida, es necesario precisar que este administrador no es presentado como un modelo a seguir, sino como un ejemplo de astucia. Este hombre es acusado de una mala gestión de los negocios de su amo y, antes de ser echado, busca astutamente cautivar la benevolencia de los deudores, condonando a ellos una parte de la deuda para asegurarse así un futuro. Comentando este comportamiento, Jesús observa: «Los hijos de este mundo son más astutos en su trato con lo demás que los hijos de la luz» (v. 8).
A tal astucia mundana nosotros estamos llamados a responder con la astucia cristiana, que es un don del Espíritu Santo. Se trata de alejarse del espíritu y de los valores del mundo, que tanto gustan al demonio, para vivir según el Evangelio. Y la mundanidad, ¿Cómo se manifiesta? La mundanidad se manifiesta con actitudes de corrupción, de engaño, de prepotencia, y constituyen el camino más equivocado, el camino del pecado, porque la una te lleva a la otra, ¡eh! Es como una cadena, a pesar – es verdad – que esa sea la más cómoda de recorrer, generalmente. En cambio, el espíritu del Evangelio requiere un estilo de vida serio – serio pero gozoso, ¡eh! Lleno de alegría – y comprometido, impostado en la honestidad, en la rectitud, en el respeto a los demás y a su dignidad, en el sentido del deber. ¡Y esta es la astucia cristiana!
El recorrido de la vida necesariamente implica una elección entre estos dos caminos: entre honestidad y deshonestidad, entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y altruismo, entre el bien y el mal. No se puede oscilar entre la una y la otra, porque se mueven sobre lógicas diversas y contrastantes. El profeta Elías decía al pueblo de Israel que caminaba sobre estas vías: “Ustedes cojean con los dos pies”. Es una bella imagen. Es importante decidir qué dirección tomar y luego, una vez decidida aquella justa, caminar con impulso y determinación, encomendándose a la gracia del Señor y a la ayuda de su Espíritu. Fuerte y categórico es la conclusión del pasaje evangélico: «Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo» (v. 13).
Con esta enseñanza, Jesús hoy nos exhorta a hacer una elección clara entre Él y el espíritu del mundo, entre la lógica de la corrupción, de la prepotencia y de la avaricia y aquella de la rectitud, de la mansedumbre y del compartir. Alguno se comporta con la corrupción como con las drogas: piensa de poderlas usar y dejarlas cuando quiere. Se comienza con poco: un manojo de aquí y una coima de allá… Y entre esta y aquella lentamente se pierde la libertad. También la corrupción produce dependencia, y genera pobreza, explotación, sufrimiento. ¡Y cuantas víctimas existen hoy en el mundo! Cuántas víctimas de esta difundida corrupción. En cambio, cuando buscamos seguir la lógica evangélica de la integridad, de la transparencia en las intenciones y en los comportamientos, de la fraternidad, nosotros nos convertimos en artesanos de justicia y abrimos horizontes de esperanza para la humanidad. En la gratuidad y en la donación de nosotros mismos a nuestros hermanos, servimos al amo justo: Dios.
La Virgen María nos ayude a escoger en cada ocasión y a todo costo el camino justo, encontrando también el coraje de caminar contra corriente, para poder seguir a Jesús y a su Evangelio.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

domingo, 18 de septiembre de 2016

El Papa a los ex-alumnos jesuitas: cada refugiado tiene un nombre y un rostro, es necesario integrarlos


El papa Francisco recibió este sábado por la mañana en el Vaticano a un numeroso grupo de ex alumnos jesuitas, reunidos en Roma para profundizar sobre la crisis de los refugiados y las raíces de las migraciones forzadas.
“Más de 65 millones de personas han sido obligadas a abandonar sus lugares de residencia”, aseguró el Santo Padre y precisó que “son mujeres y hombres, jóvenes y muchachas, que no son diversos de los miembros de nuestras familias y de nuestros amigos. Cada uno tiene un nombre, un rostro y una historia, como el derecho inalienable de vivir en paz y aspirar a un futuro mejor para los propios hijos”.
El Santo Padre les exhortó así “a dar la bienvenida a los refugiados en vuestras casas y comunidades, de manera que su primera experiencia en Europa no sea aquella traumática de dormir al frío, en las calles, sino una recepción calurosa y humana”. Y añadió: “Recuerden que la auténtica hospitalidad tiene un profundo valor evangélico, que alimenta el amor y es la mayor seguridad contra los odiosos actos de terrorismo”.
Les recordó a los allí presentes que la Confederación Europea de la Unión Mundial de ex alumnos jesuitas tomó el nombre de Padre Pedro Arrupe, fundador del Jesuit Refugee Service, quien fue movido a dar una respuesta al “boat people” sud-vietnamita expuesto a las tempestades del Mar mientras huía del comunismo. Y les invitó a ejemplo del padre Arrupe a “volverse compañeros de Jesús”, porque “enviados en el mundo para ser mujeres y hombres, para y con, los demás”. Ofreciendo al Señor “toda la vuestra libertad, vuestra memoria, vuestra inteligencia y vuestra entera voluntad”.
Porque la Iglesia con vuestra ayuda “será capaz de responder más plenamente a la tragedia humana de los refugiados mediante actos de misericordia que promuevan su integración en el contexto europeo”.
Francisco a los ex alumnos jesuitas les invitó también a recordar que “el amor de Dios les acompaña en este trabajo” y que son los “ojos, boca, manos y el corazón de Dios en este mundo”.
El pontífice les señaló que ellos seguramente habrán aprendido mucho de los refugiados que han encontrado y que al regresar a las propias comunidades les ayuden “no solamente a sobrevivir sino a crecer, florecer y dar fruto”. Les invitó también a pensar en la Sagrada Familia “en su largo viaje a Egipto como refugiados” y de las palabras que dijo Jesús: “Era extranjero y me recibieron”.
(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

LA RECTA ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES



Hoy la Palabra pone el dedo en la llaga de una cultura especuladora, en la que solo interesa el acrecentamiento de las riquezas, a costa de todo, y en la que salen perdiendo siempre los más pobres.
Pero cabe que leamos la denuncia del texto bíblico como si se refiriera a otros, e incluso puede justificarnos por nuestra crítica despiadada de los dirigentes, de los empresarios, de los que entendemos que son especuladores con los bienes de los demás.
Sin duda que el profeta es incisivo en su expresión: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables” (Amós). Y cada uno deberemos examinarnos por si en nuestras relaciones, aunque sea en pequeña escala, también ejercemos extorsión, especulación, por afán desmedido de poder o de tener, creando dependencias y ciertas esclavitudes. Cabe que intentemos dominar con chantajes emocionales, para sujetar a las personas a nuestro servicio.
El salmista canta el comportamiento de Dios, que es defensor de los más desfavorecidos: “El Señor levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”. Dios no esclaviza, ni somete, por el contrario Él saca de la esclavitud a su pueblo, y por gracia, todos hemos sido liberados del dominio del pecado.
La clave para disfrutar de la libertad de los hijos de Dios nos la ofrece el Evangelio: “Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.” Solo Dios es Dios. “Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos”.
En las circunstancias que nos rodean, en las que surge espontáneamente la crítica política por la situación en que nos encontramos, es providente la recomendación del San Pablo: “Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro”. ¡Ojalá pueda emerger la generosidad, la responsabilidad y la sensibilidad, para que no se deteriore aún más la convivencia entre las personas!
Ángel Moreno de Buenafuente

Dinero



La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Solo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.
En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.
Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce «dinero limpio». La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.
¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».
Jesús viene a decir así a los ricos: «Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre». Dicho con otras palabras: la mejor forma de «blanquear» el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.
Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos solo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.
Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.
Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.
José Antonio Pagola

Así esta mujer te va a enseñar a amar. ¡Pídele el milagro a la Virgen María!



Me gusta mirar a María en estos días en los que el nuevo curso comienza. Mirarla a Ella y pensar en su nacimiento, en su dulce nombre, en su dolor al pie de la cruz abrazando a su hijo muerto con el corazón traspasado.

Me conmueven su sufrimiento, su fidelidad, su fortaleza, su alegría. Me gusta pensar que Ella siempre me espera para pronunciar mi nombre, para darme un hogar y una misión.

Y al llegar y sentirme en casa yo pronuncio también su nombre: María. Su nombre, que se puede traducir por amada, o elegida. Porque fue especialmente querida por Dios. Ella es excelsa, la preferida. Dios la creó y la soñó. Dios la quiso por encima de toda creatura. La amó en su belleza, en su verdad.

Su nombre que también puede significar luz sobre el mar, Stella Maris. Pienso en María, en su luz por encima del mar. Ella es la estrella que me guía en medio de las tormentas, en medio de la oscuridad. Como ese faro que marca las rocas que tengo que evitar, o la ruta que debo seguir para llegar a puerto seguro.

Ella tiene la hondura del mar y el horizonte ancho. Tiene la profundidad que yo anhelo y esa mirada que vislumbra el infinito. Tiene la inmensidad dibujada en sus ojos. Ella sostiene mi barca pequeña en medio de la vida. Y me guía por los mares hondos, por encima de las olas.

Hoy pronuncio su nombre: María. Y Ella pronuncia el mío al verme llegar. Sí, me llama por mi nombre. Mi nombre auténtico. No ese nombre por el que me conocen muchos. Más bien ese otro nombre que sólo yo conozco. Lo pronuncia con voz clara en mi oído.

Y me hace saber que siempre me espera, cada día, cada hora. Me espera y se alegra al verme llegar. Llegue como llegue. Sucio, cansado, herido. Sabe quién soy, conoce mi nombre. Ese nombre oculto bajo apariencias. Ese nombre desgastado por el cansancio y las heridas.

Ella lo sabe, lo pronuncia. Y siempre está allí dispuesta a sostener mi paso, mi cruz, mi mirada. Dispuesta a darme ánimos para una nueva lucha. No me quita mi cruz. No me libera. No es posible.
Ella no pudo quitarle tampoco el peso del madero a su propio Hijo. Sólo pudo sostenerlo con la mirada, alentarlo con sus lágrimas, darle esperanza con sus ojos. Hoy no puede cambiar mi suerte, alterar los planes, inventar un camino diferente. Por eso no lo hace. Y yo no lo espero. No le pido un milagro que me libere de cualquier cruz. No lo hago.

Pero sí le pido otro milagro. Le pido ese milagro que logre transformar mi alma egoísta en un alma honda y profunda, generosa, sin límites. Le pido el milagro de comprender aunque sea mínimamente cuánto me ama Dios. De saberlo de verdad, con el corazón. El milagro de ahondar en mi vida y sumergirme en su profundidad. Aceptándome como soy.

Le pido el milagro de poder llevar la cruz en el camino. Soportar con paciencia y alegría el dolor. Y seguir luchando una nueva batalla un nuevo día.

Le pido el milagro de percibir aunque sea torpemente el significado verdadero de ese nombre de Dios que es misericordia. Y entender que en mi propio nombre hay oculta otra misión de misericordia para los hombres.

No logro entender cómo Dios puede amarme sin condiciones, a cambio de nada. María con su amor me permite atisbar algo de ese misterio. Estoy llamado a perdonar y a perdonarme con el amor misericordioso de Dios. ¡Si lograra entenderlo!

Quiero aprender a perdonar siempre desde mi incapacidad. Es posible porque Dios lo hace posible en mí. Y si yo, que soy torpe, logro amar así, ¿cómo será entonces ese amor que Dios me tiene?: Comprendí entonces que así es como Dios nos ama y recibe a todos. Porque, si un ser humano deshecho y limitado es capaz de experimentar semejante episodio de total perdón y aceptación de sí mismo, pensemos la enormidad de cosas que Dios, en su eterna compasión, perdona y acepta”[1].

Mi amor es el pálido reflejo del amor de Dios. Hoy miro a María. Y veo cómo María me mira y me acepta. Noto su misericordia abrazando mis heridas. Es un milagro sentir que mi pecado no es nada importante cuando se sumerge en la hondura de su mar. En ese abrazo suyo en el que casi desaparezco.

En Ella mis límites y agobios, mis caídas y torpezas, poco importan. El milagro de su amor me hace ser más consciente de la gratuidad del amor. Quisiera amar como María me ama.

Llegamos a Ella con nuestras heridas y sabemos que es difícil llegar a perdonarnos a nosotros mismos. Sólo puede ser obra de la gracia. Por eso me gusta mirar a María. Me conmueve. Me gusta saber que Ella obra milagros. Milagros de transformación. Logra cambiar mi mirada. Transformar mi vida. No lo dudo. Ya lo ha hecho. Ella obra grandes milagros.

Decía el papa Francisco: Que nuestra Madre de misericordia nos enseñe a curar concretamente las llagas de Jesús en nuestros hermanos y hermanas. Al Señor no le gustan las puertas medio abiertas ni los caminos que se quedan a medias. No cerrar las puertas. Cada uno de nosotros guarda en el corazón una página personalísima del libro de la misericordia de Dios. Salir de nosotros mismos es un viaje sin billete de vuelta. Jesús busca corazones abiertos y tiernos con los débiles, nunca duros”.
María es Madre de misericordia. Y quiere educar hijos de misericordia. Lo puede hacer en mí si abro la puerta. Un milagro de misericordia en sus manos, abierto para otros. Pero para eso tengo que volver a agradecerle por las obras de misericordia que hace conmigo.

A veces me amargo por lo que no sucede como yo deseo. Me pesan las cruces. Y no logro ver la luz en la noche, o el agua en el oasis del desierto. María me ayuda a mirar mi vida con esperanza. Y me hace ver lo misericordioso que es Dios conmigo.

Sólo así podré yo salir, abrir mi puerta y dejar que otros lleguen a mi corazón y experimenten la misericordia de Dios.

[1] Elizabeth Gilbert, Come, reza y ama

No podéis servir a Dios y al dinero



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando".
El administrador se puso a decir para sí:
"¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió:
"Cien barriles de aceite."
Él le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta."
Luego dijo a otro:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Él contestó:
"Cien fanegas de trigo".
Le dijo:
"Aquí está tu recibo, escribe ochenta".
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta,, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Palabra del Señor.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Una biblia hallada en un infierno



La historia ya tiene su tiempo, pero ha resurgido con ocasión del decimoquinto aniversario del atentado del 11 de septiembre de 2001. 
El 30 de marzo de 2002, mientras los bomberos continuaban aún en su interminable esfuerzo por retirar escombros, uno de ellos hizo un descubrimiento cuanto menos extraño: una Biblia incrustada en un trozo de acero fundido. El libro sagrado, completamente adherido al metal, estaba abierto por la página del Sermón de la montaña. En 2002, un bombero entregó estas páginas al fotógrafo Joel Meyerowitz, que trabajaba en el lugar.

Cuando Joel Meyerowitz recibió el objeto, inmediatamente quedóimpactado por el pasaje por donde el libro había quedado abierto: “Oísteis que fue dicho: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
En 2012, Joel Meyerowitz donó el objeto al museo en memoria del 11 de septiembre, donde se expone tal cual es.

Aleteia

EN DIOS CONFÍO Y NO TEMO



Del Salmo 55: 

Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Que retrocedan mis enemigos
cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. 


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre? 


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida




El Papa a los obispos: “El mundo está cansado de encantadores mentirosos y sacerdotes a la moda”


El papa Francisco ha dibujado el perfil del obispo que debe llevar la misericordia de Dios a sus fieles, en un amplio discurso a los participantes del curso anual de formación promovido por la Congregación para los Obispo y para la Congregación para las Iglesias Orientales. El Santo Padre se ha dirigido a los presentes como aquellos que han sido “pescados” por el corazón de Dios para guiar a su pueblo santo.
Así, les ha pedido que abandonen “la pretensión de la autosuficiencia” para encomendarse como niños a “Aquel que revela su Reino a los pequeños”. El Santo Padre les ha hablado del “escalofrío” que se siente al haber sido amados primero y por eso ha pedido que Dios les salve de haber tenido vano este “escalofrío”, de “domesticarlo” o vaciarlo de su poder “desestabilizante”.
Por otro lado ha reflexionado sobre la “admirable condescendencia”. A propósito, el Pontífice ha indicado que “es bonito dejarse atravesar por el conocimiento amoroso de Dios”. Consuela saber –ha precisado Francisco– que Él realmente sabe quiénes somos y no se asusta de nuestra pequeñez.
En esta línea, ha advertido que hoy en día muchos se “ponen un máscara y se esconden”. No soportan –ha observado– el escalofrío de saberse conocidos por alguien que es más grande y no desprecia nuestro poco, es más Santo y no culpa nuestra debilidad, es bueno realmente y no se escandaliza de nuestras llagas.  Por eso el Papa ha pedido a los presentes que dejen que ese escalofrío les recorra y que no lo eliminen ni silencien.
Por otro lado, el Santo Padre les ha pedido que al pasar la Puerta Santa lo vivan intensamente como experiencia de “gratitud”, “reconciliación”, “confianza total”, “entrega sin reservas de la propia vida al Pastor de Pastores”.
Además, les ha recordado que son obispos de la Iglesia, “partícipes de un único episcopado”, “miembros de un colegio indivisible”. Por eso nunca irán solos a ningún sitio, “porque van con la Esposa que les ha sido encomendada como un sigilo impreso en vuestra alma”.
El Pontífice ha invitado a los obispos a que pregunten a Dios “el secreto para hacer pastoral su misericordia en vuestras diócesis”. Es necesario –ha asegurado el Papa– que la misericordia forme e informe las estructuras pastorales de nuestras Iglesias. “No se trata de rebajar las exigencias o vender barato nuestras perlas”, ha precisado. De este modo, el Santo Padre ha pedido a los obispos que no tengan miedo de proponer la misericordia “como resumen de lo que Dios ofrece al mundo. Además, ha recordado que hacer pastoral la misericordia no es otra cosa que hacer de las Iglesias “casas que albergan la santidad, la verdad y amor”.
Y para hacer pastoral la misericordia, el Santo Padre ha dado tres consejos: “Ser obispos capaces de encantar y atraer”, “ser obispos capaces de iniciar a aquellos que os han sido encomendados”, “ser obispos capaces de acompañar”.
El mundo –ha explicado Francisco– está cansado de encantadores mentirosos y de sacerdotes y obispos a la moda. La gente se aleja cuando reconoce a los narcisistas, manipuladores, defensores de las propias causas, anunciadores de cruzadas vanas. Más bien, ha pedido el Papa, “hay que satisfacer a Dios, que ya se presenta antes de vuestra llegada”.
El Pontífice ha explicado que una vez captados por la misericordia, esta “requiere un recorrido de introducción, un camino, una iniciación”. La misericordia de Dios –ha añadido– es la única realidad que consiente al hombre no perderse definitivamente, también cuando por desgracia trata de huir de su encanto.
Asimismo, ha pedido a los presentes que no tengan otra forma de mirar a sus fieles que la de su “singularidad” y que hagan todo lo posible para “alcanzarlos” y “recuperarlos”.
Por otro lado, ha advertido de que hoy se pide demasiado fruto a los árboles que no ha sido suficientemente cultivados. “Se ha perdido el sentido de la iniciación”, ha reconocido.
Otro aspecto sobre el que ha reflexionado Francisco es la “intimidad con Dios” que los obispos no pueden perder. También les ha pedido que cuiden las “estructuras de iniciación de sus Iglesias, particularmente los seminarios”. Al respecto les ha exhortado a no dejarse tentar por los números y la cantidad de vocaciones, sino que busquen “la calidad del discipulado”.
Finalmente, el Pontífice ha recordado a los presentes la importancia de acompañar, como el Buen Samaritano. Acompañar al clero, a las familias, especialmente a las más heridas. “Detenerse para dejar que vuestro corazón de pastores sea atravesado por la visión de su herida, acercarse con delicadeza y sin miedo”,

Comentario al evangelio según san Lucas (8,4-15), por el Papa Francisco.


«La verdadera protagonista de esta parábola es la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. (...) En este caso, Jesús no se limitó a presentar la parábola, también la explicó a sus discípulos. 

La semilla que cayó en el camino indica a quienes escuchan el anuncio del reino de Dios pero no lo acogen; así llega el Maligno y se lo lleva. El Maligno, en efecto, no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación. 

La segunda es la de la semilla que cayó sobre las piedras: ella representa a las personas que escuchan la Palabra de Dios y la acogen inmediatamente, pero con superficialidad, porque no tienen raíces y son inconstantes; y cuando llegan las dificultades y las tribulaciones, estas personas se desaniman enseguida. 

El tercer caso es el de la semilla que cayó entre las zarzas: Jesús explica que se refiere a las personas que escuchan la Palabra pero, a causa de las preocupaciones mundanas y de la seducción de la riqueza, se ahoga. 

Por último, la semilla que cayó en terreno fértil representa a quienes escuchan la Palabra, la acogen, la custodian y la comprenden, y la semilla da fruto. El modelo perfecto de esta tierra buena es la Virgen María. 

Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a quienes escuchaban a Jesús hace dos mil años. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor arroja incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Con qué disposición la acogemos? 

Y podemos plantearnos la pregunta: ¿cómo es nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a una zarza? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero trabajado y cultivado con cuidado, a fin de que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos. 

Y nos hará bien no olvidar que también nosotros somos sembradores. Dios siembra semilla buena, y también aquí podemos plantearnos la pregunta: ¿qué tipo de semilla sale de nuestro corazón y de nuestra boca? Nuestras palabras pueden hacer mucho bien y también mucho mal; pueden curar y pueden herir; pueden alentar y pueden deprimir. Recuerden: lo que cuenta no es lo que entra, sino lo que sale de la boca y del corazón.

Que la Virgen nos enseñe, con su ejemplo, a acoger la Palabra, custodiarla y hacerla fructificar en nosotros y en los demás».
(Del Ángelus del Papa Francisco el 13-7-2014)