miércoles, 10 de agosto de 2016

10 de agosto, san Lorenzo, mártir



San Lorenzo (mártir), nació en Huesca, Aragón, España , en el siglo III. Era uno de los diáconos de la iglesia romana, fue una de las víctimas de la persecución de Valeriano en el año 258, al igual que lo fueron el Papa Sixto II y muchos otros clérigos romanos.

A comienzos del mes de agosto del año 258, el emperador emitió un edicto ordenando matar inmediatamente a todos los obispos, curas y diáconos.

Esta orden imperial se ejecuto inmediatamente en Roma. El 6 de agosto, el Papa Sixto II fue capturado en una catacumba y ejecutado de inmediato.

Cuatro días más tarde, el 10 de agosto del mismo año, Lorenzo, el último de los siete diáconos, también sufrió la muerte de un mártir.

San Ambrosio de Milán y el poeta Prudencio, dieron detalles concretos sobre la muerte de San Lorenzo. Ambrosio relata ( De officiis min. Xxviii ) cuando se le preguntó a San Lorenzo por los tesoros de la Iglesia, este, hizo comparecer a los pobres entre los que, en lugar de darles limosna, había repartido el tesoro.

También contó que cuando se llevaban al Papa Sixto II para ejecutarlo, éste reconfortó a San Lorenzo que deseaba compartir su martirio, diciéndole que le seguiría en tres días.

El santo Obispo de Milán también explica que San Lorenzo fue quemado hasta la muerte en una parrilla de hierro (De offic., xli). De igual manera, pero con más detalles poéticos, Prudencio describe el martirio del diácono romano en su himno a San Lorenzo("Peristephanon", Hymnus II).


“Roma no se entiende sin su aportación española”

 Pasear y vivir en Roma y leer sobre su rica y abundante historia, ha llevado al profesor Sergio Rodríguez López-Ros, director del Instituto Cervantes en esta ciudad, a escribir este libro para profundizar en la “lectura española” que ofrece la ciudad eterna. “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana“, publicado por la Libreria Editrice Vaticana, ofrece a los lectores un recorrido por las calles y plazas de esta urbe donde se puede ver y sentir esta aportación española. 
Cuatro doctores de la Iglesia son españoles: san Isidoro de Sevilla, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y san Juan de Ávila. Los países de lengua española están a la cabeza en cuanto a número de santos canonizados, con un total de 802. Cinco de las grandes órdenes – dominicos, jerónimos, mercedarios, jesuitas, escolapios-  fueron fundadas por un español. Son solo algunos datos que ayudan a entender la huella española en la historia de la Iglesia. Y como no podía ser de otra manera, Roma, centro de la Iglesia católica, refleja también esta marca.
Fue un español, Joan B. Vives, quien fundó en 1622 el Colegio de Propaganda Fide, actual Congregación para la Evangelización de lo Pueblos. De las 7 universidad pontificias en Roma, 4 han sido fundadas por españoles: Angelicum, Gregoriana, Urbaniana y la Santa Cruz. El cardenal español Francisco de Lorenzana, arzobispo de México, fundó la Pontificia Accademia di Religione Cattolica en 1801, institución que en 1879 se transformó en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino. Hoy en día, el español es el idioma del 46% de los católicos. Y España es el primer contribuyente a las misiones.
Sergio Rodríguez cree que esta ciudad no se entiende plenamente sin su aportación española y así lo muestra en este volumen. “Poner en valor que Roma tiene un carácter universal pero también es lo que es gracias a la aportación española de personas e instituciones”, este sería el objetivo de su libro “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana”, según explica a ZENIT.
Asimismo, explica que es una obra muy didáctica porque no está pensada como tratado de historia, está pensada para alguien que viene a Roma y tiene que hacer una lectura rápida y descodificar rápido los elementos que se ofrecen. Es una análisis muy estructurado, sintetizado y organizado a través de recorridos que permiten “pasear” por la ciudad en clave de fe.
Sobre todo, precisa, en clave de fe desde las pautas culturales españolas. Es decir, “uno ve los lugares donde se han fundado órdenes españolas, donde españoles han escrito libros, iglesias vinculadas a España”. Además, subraya Rodríguez López-Ros, como este año es el año del Jubileo, la guía está vista en esta clave.
El director del Instituto Cervantes en Roma reconoce que la labor de documentación ha sido muy intensa porque se han consultado muchos archivos, bibliotecas e ir in situ a los lugares. De este modo se han preparado unas fichas con una introducción sobre la larga vinculación entre Roma y España. Arranca con la España romana, continúa con la etapa de esplendor de las coronas de Aragón y Castilla en Roma, luego con la Roma española desde el siglo XVI al XVIII y finalmente la etapa del siglo XIX desde la visión iberoamericana. De este modo, explica Rodríguez López-Ros, se pone en valor la gran comunidad iberoamericana de naciones, que tiene como colofón que hoy en día el 46% de los católicos habla español.
En este trabajo han surgido algunos “elementos especiales” sobre los vínculos Roma  – España. Se sabe, explica, que plaza Navona acogió una comunidad española, por tanto en torno a ella surgieron iglesias españolas y luego el centro de gravedad pasa a la plaza España. Y en torno a ella, muchas órdenes fueron ubicando sus casas y se crea así un barrio español. Estas dos zonas “son las más españolas de Roma”, precisa. Pero también existe una vinculación muy estrecha con Santa María la Mayor. Una curiosidad, por ejemplo, es el caso de un santo español, san Lorenzo, que después de san Pedro es el santo con más iglesias dedicadas en Roma, ocho en total.
Este trabajo, asegura el autor de libro, también ha llevado a descubrir muchas zonas desconocidas de Roma. Por ejemplo, San Lorenzo in fonte, antigua terma romana donde san Lorenzo estuvo recluido, una pequeña iglesia detrás de Largo de Torre Argentina, donde se puede bajar y ver la celda. Y como este detalle se encuentran muchos más.  
Por otro lado, también asegura que España no solo crea obras sino que crea modelos, formas de hacer. Y esto es lo que configura una influencia muy grande en toda la cristiandad durante los siglos. ¿Cómo ayudará este libro a los peregrinos que vengan a Roma para vivir el Jubileo? El director del Instituto Cervantes en Roma insiste en la idea de “poner en valor” y así los peregrinos españoles al conocer Roma se reconozcan a ellos mismos y la aportación de sus antepasados y su cultura.
A propósito de la huella de América Latina en Roma, recuerda que el país que tiene relaciones diplomáticas más antiguas con la Santa Sede es España, desde 1480. Pero de Iberoamérica también nos encontramos por ejemplo con Colombia, desde 1831. Además, México y Argentina tienen iglesias nacionales propias en esta ciudad.
Finalmente el profesor Rodríguez López-Ros subraya que es fácil darse cuenta en Roma que el diálogo entre fe y cultura es esencial. En esta ciudad se ve que “a lo largo de la historia la Iglesia siempre ha trabajado en obras que sean perceptibles por la gente de esa época”. Esa es la clave: que la transmisión de la fe sea comprendida por las personas de cada época.
Zenit

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.


Evangelio según San Juan 12,24-26. 

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 


El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. 


El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein



Edith  Stein, un itinerario hacia la verdad
«Una se siente trasladada en el tiempo en que nuestra Santa Madre Teresa, la fundadora del Carmelo reformado, atravesaba España de norte a sur y de este a oeste, plantando  nuevas viñas para el Señor. Y querría trasplantar en nuestro tiempo algo del espíritu que invadía a esta gran mujer que, en un siglo de luchas y turbulencias, construyó un maravilloso edificio. Quiera ella enviarnos su bendición para que, al menos esta pequeña descripción sobre su vida y obras, reciba algunos rayos de su espíritu y los contagie en el corazón de los lectores; y que despierte el deseo de conocerla más cercanamente en las fuentes, en el rico tesoro de sus propios escritos; y quien aprenda a beber de estas fuentes, no se cansará de recoger allí de nuevo ánimo y fuerza».
(Edith Stein,  Amor con amor. Vida y obra de Santa Teresa de Jesús ).

Hoy, 9 de agosto de 2015 celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita descalza mártir que entregó su vida en el campo de concentración de Auschwitz, hace 73 años. Su vida y sus escritos constituyen el mejor legado de esta mujer judía que desde niña mostró una profunda sed de verdad, que la llevaría a descubrirla en su vida, en los acontecimientos, en el ser humano, en la naturaleza, en Dios.

Resulta indudable que Santa Teresa de Jesús provocó en Edith un fuerte deseo de centrar su vida en la auténtica Verdad. Sin embargo, este acontecimiento no se puede considerar un hecho aislado sino que vino precedido  por la influencia de personas y acontecimientos que la llevaron a disponerse a ese encuentro con la persona de Jesucristo, en el seno de la Iglesia católica.

Una de estas personas que, durante sus años universitarios de Gotinga, ejerció influencia en su espíritu, fue el filósofo Max Scheler, del que Edith refiere en su Autobiografía :

«Tanto para mí como para otros muchos, la influencia de Scheler en aquellos años fue algo que rebasaba los límites del campo estricto de la filosofía. (…) Este fue mi primer contacto con este mundo hasta entonces para mí completamente desconocido. No me condujo todavía a la fe, pero me abrió a una esfera de “fenómenos” ante los cuales ya nunca más podía pasar ciega. No en vano nos habían inculcado que debíamos tener todas las cosas ante los ojos sin prejuicios y despojarnos de toda “anteojera”. Las limitaciones de los prejuicios racionalistas en los que me había educado, sin saberlo, cayeron, y el mundo de la fe apareció súbitamente ante mí. Personas con las que trataba diariamente y a las que admiraba, vivían en él. Tenían que ser, por lo menos, dignos de ser considerados en serio. Por el momento no pasé a una dedicación sistemática sobre las cuestiones de la fe; estaba demasiado saturada de otras cosas para hacerlo. Me conformé con recoger sin resistencia las incitaciones de mi entorno y  –casi sin notarlo–, fui transformada poco a poco ».

Esta última afirmación de Edith podría dar la clave de su itinerario de conversión. Evoca rasgos de una personalidad abierta a lo diferente, resuelta a permanecer siempre en constante búsqueda y acogida de todo aquello que le pueda ir enriqueciendo y haciendo madurar, y constituye de alguna manera, su seña de identidad, como mujer reflexiva y ponderada que era.

“Recoger sin resistencia”, “dejarse transformar poco a poco” son actitudes interiores, que, a su vez, comportan decisiones que afectan la vida de la persona. La trayectoria espiritual de Edith viene jalonada por una serie de acontecimientos que hemos conocido en sus escritos y en los testimonios de personas que la trataron a lo largo de su fecunda vida.

En este sentido, resulta particularmente  iluminador el testimonio de Paulina Reinach, hermana de Adolf Reinach, filósofo y profesor en la Universidad de Gotinga, al que Edith admiraba por su grandeza de espíritu y afabilidad en el trato, y que murió en el campo de batalla (1917). 

Paulina refiere en los Procesos de Beatificación de Edith lo siguiente:
«En el verano de 1921, cuando la Sierva de Dios se iba a despedir de nosotras, mi cuñada (Ana Reinach) y yo le pedimos que escogiera un libro de nuestra biblioteca. Su elección recayó en una biografía de Santa Teresa de Ávila, escrita por ella misma. De este detalle, estoy absolutamente segura» (Cf. SACRA CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM,  Canonisationis servae Dei Teresiae Benedictae a Cruce , Roma, 1983, p. 437).

Con toda probabilidad, este libro no lo pudo leer en la Universidad de Gotinga, así que seguramente se lo llevaría a Bergzabern, a casa de los Conrad-Martius, Theodor y Hedwig, matrimonio de filósofos, con los que Edith trabó profunda amistad. Podría ser, por tanto, que la lectura de la Vida de la Santa la efectuara en la casa de los amigos Martius, si bien Edith ya llevaba consigo el libro, regalo de Ana y Paulina Reinach.

Dado que Edith era una persona reflexiva, la lectura de la Vida de Teresa de Jesús, la rumiaría con sosiego en el tiempo de vacaciones que pasó junto a sus amigos, a quienes les regaló dicha obra, de la que Hedwig, hizo un asiento a mano en el libro: “Bergzabern, verano de 1921”. Es probable que más tarde, cuando Edith ya estaba en el Carmelo de Colonia, la señora Conrad-Martius, se lo volviera a regalar, pues el libro lleva el sello del convento. Y actualmente, se encuentra en la casa parroquial de Bergzabern.

Por tanto, se puede atisbar que la conversión de Edith no se produjo de manera espectacular ni inmediata, sino que fue a lo largo de un itinerario, en que la tierra  fértil de un espíritu abierto como el suyo, iba asumiendo con profunda convicción, su paso a la Iglesia católica, de la mano de Teresa de Jesús. De hecho, su experiencia de conversión cabría situarla a finales de 1918 y no en el verano de 1921, con la lectura de la Vida de Santa Teresa. Edith no afirma que en el Libro de la Vida encontrase la verdad, sino que «puso fin a mi larga búsqueda de la verdadera fe» ( Cómo llegué al Carmelo de Colonia)¹.
Y a quien fue uno de sus compañeros de estudios y con quien mantuvo una intensa correspondencia epistolar, el filósofo polaco Roman Ingarden, le escribe:

«Si realmente se toma usted en serio la búsqueda de la verdad en las cosas religiosas, es decir, la búsqueda de Dios, no de la prueba de la experiencia religiosa, entonces encontrará usted, sin lugar a dudas, un camino. Solo puedo aconsejarle lo que ya le escribí una vez: apoyarse en los escritos de los grandes santos y místicos, ahí tiene usted la mejor documentación: la Vida de santa Teresa, escrita por ella misma (no le recomendaría empezar con el Castillo interior, si bien esta es la principal obra mística), los escritos de san Juan de la Cruz» (Bergzabern, 1 de enero de 1928).

Hace referencia a una carta fechada un mes antes, en la que Edith le decía:
«Uno debe apoyarse en testimonios de  homines religiosi . De esto no hay escasez. Según mi modo de entender, los más impresionantes son los místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz» (Espira, 20 de noviembre de 1927).

Concluyo con un texto que puede resultar iluminador, porque expresa la esencia de la vida de Edith Stein y Teresa de Jesús, dos mujeres profundamente libres que, en la medida que se dejaron alcanzar por el Espíritu, fueron capaces de vivir en plenitud su entrega a la humanidad:
 «La autoentrega es la más libre obra de la libertad. Quien se entrega a la gracia tan enteramente despreocupado de sí mismo –de su libertad y de su individualidad- se fundirá en ella de ese mismo modo, siendo enteramente libre y enteramente él mismo. Sobre este trasfondo destaca claramente la imposibilidad de encontrar el camino mientras uno  aún se mire a sí mismo» (Naturaleza, libertad y gracia).
Paqui Sellés, ocd Puzol

martes, 9 de agosto de 2016

La sorprendente catequesis del obispo de Ponce

Una de las actividades más importantes de las jornadas mundiales de la juventud son las catequesis. En Bochnia, al este de Cracovia, se alojaron miles de jóvenes durante la semana de la JMJ, entre ellos el grueso de los españoles. El jueves 28 de julio, el encargado de impartir la catequesis en la parroquia de San Estanislao de Kostka fue monseñor Rubén Antonio González Medina, obispo de Ponce (Puerto Rico).
El prelado usó una manera de impartir la catequesis que sorprendió a muchos. Pese a la falta de sueño, nadie se durmió ni despegó la mirada de este centroamericano que estudió Filosofía en el seminario claretiano de Colmenar Viejo, en Madrid.
«Evangelizar, ¿qué significa? Anunciar y proclamar que en Jesucristo muerto y resucitado se ofrece gratis la salvación. ¿Qué significa la palabra “salvación”? La podemos definir desde la cabeza o la podemos definir desde las acciones. Se trata de que salgas: “sal”; de que vayas: “ve”. ¿Qué le pide el Espíritu Santo a esta Iglesia joven? Calle, calle y calle. No “que se calle”, que vaya a la calle a callejear, dice el Papa», explicó monseñor González Medina a los peregrinos.
El obispo pidió a los jóvenes que hicieran preguntas. Una joven quiso saber cómo vivir durante el curso el ambiente de la JMJ. «El que sigue a Jesús es un discípulo. Y discípulo es el que escucha, porque como escucha, aprende y lo que aprende lo practica», explicó el obispo mientras muchos jóvenes lo grababan en vídeo o tomaban notas.
«Entiendes que, como cristiana, estas llamada a ser discípula, entonces te haces misionera. ¿Y qué necesita una misionera? Cabeza, piernas, manos y corazón. Cabeza para pensar, piernas para moverse, brazos para coger y trabajar, pero sobre todo fuego en el corazón», afirmó González Medina mientras gesticulaba. Y finalmente respondió: «No te canses de ser discípula y aprende a descubrir en la historia de cada día la presencia del Señor que actúa en tu vida normal y sencilla, pero actúa con fuerza y potencia. Y sobre todo te transmite la fortaleza de su Espíritu».
Misioneros con móvil
El obispo explicó cómo evangelizar a través de herramientas como Instagram o Snapchat. «El joven de hoy tiene la facilidad para comunicarse rápidamente con un montón de personas y sobre temas que en breves palabras o frases comunican grandes verdades», destacó. «Si logramos que nuestros jóvenes verdaderamente se conviertan en misioneros porque han sido buenos discípulos, a través de las redes vamos a poder llegar a muchas personas a las que de otra manera no podríamos tocar el corazón».
Cada vez son más las diócesis que evangelizan en Internet. «Un muchacho, más que leer, ve. Y entonces tenemos toda esta experiencia comunicativa que se da a través de las fotos, del audio, de pequeños mensajes que van tocando las fibras del corazón. Y desde esta opción misionera podemos construir una sociedad diferente donde la justicia, la libertad y la paz sean realidad», afirmó el prelado.


Después de la catequesis, monseñor González Medina celebró la Eucaristía junto a los obispos de Calahorra y La Calzada-Logroño, Albacete y Alcalá de Henares. En la homilía, abandonó el presbiterio y se acercó a los bancos para hacer preguntas a los jóvenes. Incluso fue al atrio para conversar con aquellos que no tenían sitio dentro del templo. No dejó a nadie indiferente.
Pablo H. Breijo

El cardenal Ouellet suaviza su oposición a la comunión para los divorciados vueltos a casar


 El cardenal Marc Ouellet -actual Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina- ha dado un fuerte respaldo a la exhortación apostólica sobre el amor en la familia Amoris laetitia, sosteniendo que "lo esencial es que intentemos entender el deseo del Santo Padre", expresado en este documento, "de proporcionar la reconciliación verdadera y sustancial de tantas familias en situaciones confusas y difíciles".
Hablando la semana pasada en una convención del grupo católico conservador de los Caballeros de Colón en Toronto (Canadá), el cardenal Ouellet -que reeditó, en vísperas del Sínodo sobre la familia en 2015, un libro suyo crítico con la posibilidad de que los católicos divorciados y vueltos a casar pudieran recibir la eucaristía- dijo que "las controversias respecto a Amoris laetitia son entendibles, pero con toda confianza, y al fin y al cabo, creo que podrían resultar hasta fructíferas".
Un mes antes del comienzo del Sínodo sobre la familia en octubre 2015, el cardenal Ouellet publicó una nueva versión, en inglés, de su volumen Mistero e sacramento dell'amore, teología del matrimonio e della familia per la nuova evangelizzazione, en el que sostenía -sobre la cuestión de una posible relajación de la disciplina sacramental- que "no se trata de ser más o menos "misericordiosos" con respecto a personas en situaciones irregulares, sino de tomar en serio la verdad de los sacramentos".
Ya que, opinaba el cardenal en su libro, "aquellos que se han divorciado y vuelto a casar están en una situación que contradice de forma objetiva el enlace eclesial indisoluble que expresaron solemnemente ante la comunidad" y, por lo tanto, deben buscar "otras maneras de expresar su fe y pertenencia a la comunidad" que no pasen por comulgar.
Amén de sus opiniones en el tomo Misterio y sacramento del amor, el cardenal Ouellet expresó en su discurso a los Caballeros de Colón su agradecimiento al Papa Francisco por el nuevo paradigma de "discernimiento cuidadoso y abierto de miras" que Amoris laetitia plantea.
Aunque el purpurado afirmó que en exhortación apostólica "no se propone ningún cambio de doctrina", a la vez reconoció que lo que sí pone de manifiesto es "un nuevo enfoque pastoral: más paciente y respetuoso, más dialogante y misericordioso". En el escrito papal, en opinión de Ouellet, "se nos pide a los sacerdotes y obispos que cuidemos, acompañemos y ayudemos a las personas a crecer espiritualmente incluso en situaciones irregulares objetivas".
En su discurso en Toronto, el cardenal Ouellet no se limitó, sin embargo, a celebrar solo la exhortación apostólica del Papa Francisco, la cual, para él, "es un documento que merece la pena leer y releer". También dio voz a la profunda admiración que siente por la figura del actual pontífice, al que calificó como "impredecible, como el Espíritu Santo".
"Cuando veo al Santo Padre rezando", dijo en Toronto el Prefecto de la Congregación de los Obispos, "entiendo el impacto que tiene en la gente, porque su caridad concreta fluye de una profunda familiaridad con el Espírtu". Y es esa caridad, según el cardenal Ouellet, la que se ha erigido como piedra de toque tanto en Amoris laetitia como en el resto del ministerio de Francisco. "Nuestro Santo Padre nos enseña que la caridad va más allá de estar a favor de la gente. También hemos de estar con la gente, allá donde nosotros también somos transformados en ese encuentro", declaró el purpurado.
Cameron Doody

Si no se hacen como niños no entrarán en el reino de los cielos


Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.12-14.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. 

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?

Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

lunes, 8 de agosto de 2016

Había pedido a Dios


Había pedido a Dios FUERZA para triunfar;
Él me ha dado FLAQUEZA para que aprenda a obedecer con humildad.

Había pedido SALUD para realizar grandes empresas;
me ha dado ENFERMEDAD para que haga cosas mejores.

Deseé la RIQUEZA para llegar a ser dichoso;
me ha dado POBREZA para que alcance la sabiduría.

Quise PODER para ser apreciado de los hombres;
me ha concedido DEBILIDAD a fin de que llegara a tener deseos de Él.

Pedí un COMPAÑERO para no vivir solo;
me dio un CORAZÓN para que pudiera amar a todos los hermanos.

Anhelaba COSAS que pudieran alegrar mi vida;
me dio la VIDA para que pudiera gozar de todas las cosas.

No tengo NADA de lo que he pedido;
pero he recibido TODO lo que había esperado.

Porque, sin darme cuenta,
mis plegarias no formuladas han sido escuchadas.

Yo soy, de entre todos los hombres, el más rico.

Fuente: Tengo sed de Ti
 — con Faby Ley y Romualdo Olazabal

8 de agosto: santo Domingo de Guzmán, presbítero y fundador


Don Félix de GuzGumán y Doña Juana de Aza fueron sus padres. Eran de los nobles de Caleruega, al sur de Burgos. Como el padre empleaba gran parte de su tiempo acompañando al rey en sus campañas, tuvo que ser la madre la que se ocupara de la formación de Domingo y debió de hacerlo muy bien poniendo las bases. Luego será su tío que es canónigo el que se encargará de enseñarle las primeras letras hasta que pasó al Estudio General de Palencia a estudiar Artes Liberales y Teología, familiarizándose de modo especial con los Santos Padres y con la Sagrada Escritura.
En el ambiente estudiantil se ha hecho notar por el apasionamiento que demuestra en los estudios y con los libros. Un día, algo raro ha pasado, porque los estudiantes cuentan y no paran expresando su extrañeza: Domingo vende los libros que tanto amaba, se desprende de los pergaminos y códices con sus minuciosas anotaciones que tanto le embelesaban porque, acabadas las reservas de su despensa, no hay ya otro modo de contribuir a aliviar la hambruna local causada por tanta interminable lucha contra los moros y entre los príncipes cristianos, y a los pobres hay que darles algo de comer.
Don Martín Bazán, obispo de Osma, anda buscando gente para su cabildo porque tuvo que desprenderse de algunos que no cumplían. Esa es la razón de ver a Domingo hecho canónigo, sacerdote, y encargado del culto en la catedral con mandato pastoral de predicar y atender tanto a los que se acercan como a los que viven por poblados cercanos. Es el hombre de confianza del obispo sucesor, Don Diego de Acevedo, y viajan juntos cumpliendo el mandato real de marchar a Dinamarca para concertar matrimonio –que, por cierto, nunca llegó a celebrarse– para Fernando, el hijo de Alfonso VIII.
Al pasar por Provenza detectan el terrible foco herético que hay allí. Es su primer contacto con los albigenses. Se quedan en el Languedoc intentando su conversión. Los príncipes ya han intentado hacerlo con la fuerza de las armas, pero él entiende que ha de ser con el ejemplo de la caridad y de la pobreza.
Notan que son más numerosos de lo que pensaron al principio; están por todas partes y tienen una jerarquía propia, incluso un papa llamado Nicetas, venido de Constantinopla, que llegó incluso a convocar un concilio. Son la carcoma de la Iglesia: niegan toda la fe católica, la unicidad de Dios, la redención de Cristo por la cruz, y los sacramentos; profesan la doctrina maniquea creyendo en la existencia de dos dioses –uno bueno y otro malo–, y predican la salvación por medio de una austerísima ascesis. Afirman que la Iglesia no practica lo que enseña y se presentan ante el pueblo como adalides de la austeridad, vistiendo de negro, sin comer jamás carne y viviendo en absoluta continencia.
Lo peor de todo es que el pueblo –menos entendido en teología que en moral– les hace caso, teniéndolos por auténticos; el éxito se debe a encontrar abonado el terreno; la cristiandad está aburrida, con un clero en gran número concubinario, con muchos obispos sin vocación fueron colocados en sus sedes nombrados por los reyes y con un pueblo harto de ver que los que mandan –clérigos y laicos– están más interesados por la riqueza y por ampliar sus ámbitos de poder que por la predicación auténtica y con obras del Evangelio.
Domingo es consciente de que solo con mucha oración, viviendo con caridad heroica, adoptando la pobreza que se ve frente a la tiranía de los príncipes, y muy bien dotados de ciencia podrán combatirse con éxito la plaga presente y servir en adelante a la Iglesia. Van juntándose en torno a él algunos clérigos que poco a poco crece. Toma cuerpo la Orden de los Predicadores, a pesar de que en el derecho de la Iglesia hay cuestiones difíciles que solventar; pero Inocencio III les da una aprobación verbal y, en 1216, es confirmada formalmente por Honorio III.
El modelo que ha tomado Domingo para sus Predicadores es el que usaron los Apóstoles. Serán sacerdotes de sólida formación intelectual, ligados con votos, viviendo en la pobreza y dedicados a la tarea de predicar y enseñar. El rezo difundido del santo Rosario será una de las principales armas para ganar. Se produce una difusión rápida por Europa y Domingo muere en Bolonia –extenuado– en el año 1221, teniendo ya iniciadas las tres ramas de la Orden: los dominicos conventuales, las mujeres con el mismo espíritu y los seglares.
Visten con el hábito blanco que recuerda la antigua condición de canónigo regular de san Agustín y el manto negro de predicador. Con esos colores aparecen en Florencia, en las pinturas de la Capilla de los Españoles de Santa María de Novella, como Domini canes –los perros del Señor–, que sirven, defendiendo con uñas y dientes la gloria de la iglesia peregrina y triunfante, de los lobos rapaces de las herejías que la asedian.
Fue canonizado por Gregorio IX en el año 1234
Archimadrid.org


Evangelio según San Mateo 17,22-27.

Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:

lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.

Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".

"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de 
los extraños?".

Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.

Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".

domingo, 7 de agosto de 2016

Papa en el ángelus: "Es inaceptable que tantos indefensos, especialmente tantos niños, tengan que pagar el precio del conflicto sirio"

Ángelus en el ferragosto italiano. Francisco desde la cátedra de la ventana invita, una vez más, a no cerrar el corazón a la misericordia. Y con gestos concretos, en este caso, hacia Siria. El Papa denuncia la muerte de tantos inocentes, que pagan el precio del conflicto sirio con sus vidas, por culpa de "la cerrazón del corazón y de la falta de voluntad de paz de los poderosos".

Algunas frases de la catequesis del Papa
"Invitación a dar valor a las limosnas como obra de misericordia"
"Usar las cosas sin egoísmo"
"Tenemos muchas cosas, pero no podemos llevarlas con nosotros. Recordar que el sudario no tiene bolsillos"
"Es importante estar atentos y vigilantes en la vida"
"El Señor llama a la puerta de nuestro corazón y será feliz el que le abra"
"¡Bella recompensa!"
"Una espera luminosa"
"La venida imprevista del ladrón"
"No somos dueños de la vida de los demás. Tenemos un sólo dueño, aunque no le guste que le llamemos señor, sino padre. El es el único Padre"
"Hacer más justo y más habitable el mundo"

Saludos después del ángelus
"De Siria siguen llegando noticias de víctimas civiles de la guerra, especialmente en Alepo. Es inaceptable que tantas personas indefensas, especialmente tantos niños, tengan que pagar el precio del conflicto, el precio de la cerrazón del corazón y de la falta de la voluntad de paz de los poderosos"
"Cercanos con la oración y con la solidaridad a los hermanos sirios y los confiamos a la materna protección de la Virgen"
"Rezamos en silencio y, después, el avemaría"

Durante el Ángelus, Papa Francisco profundizó sobre el encuentro final con Dios: "Estén preparados"

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el pasaje del Evangelio de hoy (Lc 12, 32-48), Jesús habla a sus discípulos del comportamiento a seguir en vista al encuentro final con Él, y explica cómo la espera de este encuentro debe impulsar a una vida rica de obras buenas. Entre otras cosas dice “Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla” (v.33). Es una invitación a dar valor a la limosna como obra de misericordia, a no poner confianza en los bienes efímeros, a usar las cosas sin apego al egoísmo, pero según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor. Nosotros podemos ser muy dependientes del dinero, tener muchas cosas, pero al final no podemos llevárnoslas con nosotros. Recuerden que “el sudario no tiene bolsillos”.
La enseñanza de Jesús continúa con tres breves parábolas sobre el tema de la vigilancia.
La primera es la parábola de los hombres que esperan en la noche el regreso de su señor.  Esto es importante: la vigilancia, estar atentos, el ser vigilantes en la vida. “¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!” (v.37): es la alegría de atender con fe al Señor, del estar preparados en una actitud de servicio. Se hace presente cada día, llama a la puerta de nuestro corazón. Y será beato quien le abra, porque tendrá una gran recompensa: es más el Señor mismo se hará siervo de sus siervos- es una bonita recompensa- en el gran banquete de su Reino pasará Él mismo a servirles. Con esta parábola, ambientada de noche, Jesús presenta la vida como una vigilia de espera laboriosa, que anuncia el día luminoso de la eternidad. Para poder participar se necesita estar preparados, despiertos y comprometidos en el servicio a los demás, en la consolante perspectiva que “desde allí”, no seremos nosotros los que sirvamos a Dios, sino que será Él mismo quien nos acogerá en su mesa. Pensándolo bien, esto sucede hoy, cada vez que encontramos al Señor en la oración, o también sirviendo a los pobres y sobre todo en la Eucaristía, donde Él prepara un banquete para nutrirnos de su Palabra y de su Cuerpo.
La segunda parábola tiene como imagen la llegada imprevisible del ladrón. Este hecho exige una vigilancia; es más Jesús exhorta: “Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada” (v.40). El discípulo es aquel que espera al Señor y a su Reino. El Evangelio aclara esta perspectiva con la tercera parábola: el administrador de una casa después de la partida del señor. En la primera imagen, el administrador sigue fielmente sus deberes y recibe su recompensa. En la segunda imagen, el administrador abusa de su autoridad y golpea a los siervos, por ello, al regreso imprevisto del señor, será castigado. Esta escena describe una situación que sucede frecuentemente también en nuestros días: tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas que nacen de la idea de comportarse como señores en la vida de los demás. Tenemos un solo señor a quien no le gusta hacerse llamar “señor” sino Padre”. Todos nosotros somos siervos, pecadores e hijos: Él es el único Padre.
Jesús nos recuerda hoy que la espera de la bienaventuranza eterna no nos dispensa del compromiso de hacer más justo y más habitable el mundo. Es más, justamente nuestra esperanza de poseer el Reino en la eternidad nos empuja a trabajar para mejorar las condiciones de la vida terrena, especialmente de los hermanos más débiles. Que la Virgen María nos ayude a ser personas y comunidades no conformistas con el presente, o peor aún nostálgicas del pasado, sino dirigidas hacia el futuro de Dios, hacia el encuentro con Él, nuestra vida y nuestra esperanza”. 
(Mónica Zorita- RV)
(from Vatican Radio)

San Cayetano de Thiene – 7 de agosto

Firmaba sus cartas con un «Cayetano, miserable sacerdote»; tal era el aprecio que por sí mismo sentía. Pertenecía a la aristocracia. Último de los hijos del conde Gaspar de Thiene y de María di Porto, procedía de una noble familia de Vicenza y allí nació en 1480. Le impusieron el nombre de Cayetano en honor de un tío canónigo y profesor de derecho de la universidad de Padua que había fallecido. El santo seguiría sus pasos a nivel académico. Cuando su padre murió en Velletri hallándose en la guerra, seguramente a causa de la malaria, tenía 2 años. La madre, una admirable mujer que era terciaria dominica, fue un ejemplo de piedad para él y sus dos hermanos, que crecieron en un ambiente impregnado de valores esenciales para la vida. Al trasladarse a la universidad de Padua para estudiar ya tenía el hábito de ejercitarse en la oración. Era muy inteligente, y en 1504 obtuvo el doble doctorado en derecho civil y canónico. Sus breves estancias en las posesiones que su familia tenía en Rampazzo dieron sus frutos. Instruyó espiritualmente a los campesinos, y erigió junto a un hermano una capilla dedicada a santa María Magdalena.
Su madre deseaba que tuviera cierta relevancia entre los suyos porque ya habría visto en él a un hombre de gran valía. Pero Cayetano se limitó a ayudarles sin tomar sobre sus hombros otra carga y partió a Vicenza como senador, aunque tenía los ojos puestos en el sacerdocio. Con el firme convencimiento de que estaba destinado por Dios a realizar una gran misión, en 1506 se fue a Roma. La ciudad en esa época no era precisamente recomendable para la juventud. Sin embargo no apagó su vocación. El papa Julio II lo nombró protonotario. A la muerte de éste, acaecida en 1513, vio la oportunidad de centrarse en su formación para recibir el sacramento del orden. Hacia 1516 fundó el oratorio del Amor Divino y junto a presbíteros y laicos, que perseguían la santidad y la evangelización, trabajó por los enfermos. Espiritualmente tenían como base la oración y recepción de los sacramentos. Al año siguiente fue ordenado sacerdote, a sus 33 años, en medio de su personal conmoción por sentirse indigno de esa gracia. En la primera misa que ofició en la basílica de Santa María la Mayor el 6 de enero de 1517 tuvo una visión. En ella la Virgen, que portaba al Niño Jesús, lo puso en sus brazos. Fue destinado a la parroquia de Santa María de Malo, y tuteló los santuarios que jalonaban el monte Soratte.
En 1518 regresó a Vicenza para auxiliar a su madre, ya muy enferma. En la ciudad se hallaba el oratorio de San Jerónimo que incluía entre sus fines la atención a los pobres, con la riqueza añadida de la presencia de laicos, y a él se vinculó Cayetano. Su decisión no fue bien acogida en su entorno. No entendían cómo alguien de su alta posición social podía enrolarse en tal aventura. Pero esa llama del amor, tantas veces incomprendida, era la que alumbraba su vida porque él no perseguía honores ni glorias, aunque bien pudo tenerlos. Le guiaba esta religiosa convicción, compartida con otros compañeros: «En el oratorio rendimos a Dios el homenaje de la adoración, en el hospital le encontramos personalmente».Abrió otro Oratorio en Verona, y en 1520 María Porto murió. Ese año se trasladó a Venecia, por sugerencia de su confesor, el dominico Juan Bautista de Crema, donde fundó el hospital de incurables. Además de servir a los pobres, buscó expresamente a los que sufrían gravísimas afecciones, enfermos ante cuya presencia muchos hubieran huido por su carácter repulsivo; les ayudaba económicamente. En el transcurso de los tres años de permanencia introdujo la bendición con el Santísimo Sacramento. En una época en la que no era usual recibir con frecuencia la Eucaristía, se empeñó en que valorasen tan inmenso don y se beneficiaran de él. Decía: «No estaré satisfecho sino hasta que vea a los cristianos acercarse al banquete celestial con sencillez de niños hambrientos y gozosos, y no llenos de miedo y falsa vergüenza».
A punto de que se fraguara el sueño de aportar a la reforma eclesial la figura del clérigo regular por considerar el importante papel del sacerdote, escribió a sus familiares: «Desde hace un tiempo, Cristo me llama e invita por su bondad a tener parte en su reino. Y me hace ver mas claro cada día que no se puede servir a dos señores, al mundo y a Cristo. Veo a Cristo pobre, y a mí, rico; a Él escarnecido y a mí agasajado; a Él en sufrimiento y a mí en delicias. Me muero de ganas de caminar algún paso a su encuentro». De lo más íntimo de su ser surgía una insistente plegaria: que Dios le concediese la gracia de hallar tres o cuatro personas dispuestas a vivir la radicalidad evangélica para introducir la reforma que precisaba la Iglesia en esos momentos. Y recibió la respuesta en las personas de Caraffa (luego pontífice Pablo IV), Bonifacio da Colle y Pablo Consiglieri. Fueron los primeros integrantes de su fundación nacida con el espíritu evangélico: «buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia. Lo demás se os dará por añadidura». Aprobada por Clemente VII en 1524, tuvo en Caraffa su primer general.
En 1527 la casa fue arrasada por las tropas de Carlos V, y ellos detenidos y torturados en la Torre del Reloj. Después de ser liberados por un soldado español que se apiadó de ellos, fueron enviados a Venecia. En 1530 Cayetano fue elegido general, hasta que tres años más tarde, Caraffa de nuevo superior suyo, lo envió a Verona, donde sufrió la oposición de gran parte del clero y fieles. De allí se trasladó a Nápoles en 1533 y fundó otra casa. Su caridad, su fervor y ardor apostólico sellados por su devoción a María obraban incontables conversiones. Fundó los Montes de Piedad para ayuda a los pobres, creó hospicios y abrió hospitales. Fue agraciado con el don de milagros. Murió en Nápoles el 7 de agosto de 1547 y ese mismo día cesó la guerra desatada en la ciudad. Urbano VIII lo beatificó el 8 de octubre de 1629. Clemente X lo canonizó el 12 de abril de 1671.

LA ACTITUD DE EXPECTACIÓN

En plenas vacaciones, cuando la naturaleza invita a desconectar de todo y a quedar como sustraídos de la realidad, en un presentismo placentero. La Palabra de este domingo se convierte en aviso, a semejanza de lo que sucede en las playas, cuando hondea la bandera que indica el posible riesgo, que se corre si se entra en el mar.
El libro de la Sabiduría enseña a vivir con los ojos puestos en el horizonte de lo que se espera. Gracias a las promesas reveladas por Dios, y llevadas a cabo por Jesús, podemos vivir esperanzados. “La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban” (Sb). No vivimos una historia sin proyecto, sino que cada día debemos afianzarnos en el plan divino, que se nos brinda como mejor forma de vida.
El horizonte, según vivamos el presente, se puede interpretar esperanzador, como lo canta el salmo: “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”. (Sal). O puede adquirir tintes tormentosos, si se vive al margen del anuncio evangélico, lo recomendado es: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame” (Lc).
En todo tiempo, el creyente debe vivir según su fe, y para los cristianos, “la fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve” (Hbr). Jesucristo es horizonte luminoso de sentido. Él es quien nos adelanta nuestro propio futuro. El presente, para el cristiano, es una profecía, y desde esta certeza cabe vivir en toda circunstancia con paz, y con serenidad.
Vivir de espaldas al horizonte de sentido trascendente de la vida es un error, que secuestra en un tiempo sin salida. Vivir amenazados por el miedo es una respuesta de la naturaleza, emancipada de la fe. Nos corresponde atravesar la historia, apoyados en el bordón de la Palabra, que nos asegura el cumplimiento de las promesas divinas.
Y para quien sigue el consejo de las Escrituras resuenan las bienaventuranzas: “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad”. “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor”. “Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo” (Lc).
Ángel Moreno de Buenafuente