martes, 10 de mayo de 2016

Homilía del Papa: el misionero ‘quema’ su vida por Jesús


La docilidad a la voz del Espíritu impulsa a ‘quemar’ la vida por el anuncio del Evangelio, aun en los lugares más lejanos. Es lo que caracteriza a cada mujer y a cada hombre, cuya opción es misionar para servir a la Iglesia. Lo destacó el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
Una llamada que «encadena», un impulso irresistible, que lleva a donar la vida a Cristo, aún más a ‘quemarla’ por Él. Como el fuego que ardía en el corazón de San Pablo, el mismo que arde en aquellos «jóvenes, muchachos y muchachas, que dejaron su patria, su familia, para ir lejos, a otros continentes, para anunciar a Jesús».
‘Encadenados’ por el Espíritu
El Obispo de Roma reflexionó, con los Hechos de los Apóstoles, sobre la despedida de Pablo de la comunidad de Mileto, cuando anuncia que va a Jerusalén «como encadenado por el Espíritu Santo», que tiene el señorío de su vida, para cumplir su carrera y la misión que recibió del Señor Jesús: «la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios» (cfr Hch 20,34). Y destacó que esta lectura evoca la vida de nuestros misioneros de toda época:
«¡Iban como encadenados por el Espíritu Santo: una vocación! Y cuando, en esos lugares, vamos a los cementerios y vemos sus lápidas: tantos murieron jóvenes, con menos de 40 años. Porque no estaban preparados a soportar las enfermedades del lugar. Dieron su vida siendo jóvenes: ‘quemaron’ su vida. Pienso que, en ese último instante, lejos de su patria, de su familia, de sus seres queridos, ellos dijeron: ‘¡Valía la pena, lo que hice!’».
Los Misioneros son la gloria de la Iglesia
Haciendo hincapié en que «el misionero va sin saber lo que le espera», citando la despedida de San Francisco Javier, que narra José María Pemán, el Papa señaló que evoca la de San Pablo: «Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan». Y con emoción, el Santo Padre habló de los misioneros de hoy:
«Nuestros misioneros, estos héroes de nuestros tiempos. Europa que llenó de misioneros otros continentes… Se iban sin volver… Me parece justo que demos gracias al Señor por el testimonio que dieron, son verdaderos testigos. Pienso en cómo fue el último momento de ellos: ¿cómo habrá sido su despedida? Como Javier: ‘¡Lo dejé todo, pero valía la pena!’ Se fueron de forma anónima. Mártires, ofreciendo su vida por el Evangelio. ¡Estos misioneros son nuestra gloria! ¡La gloria de nuestra Iglesia!».
Jóvenes ‘quemen’ su vida con la alegría de anunciar el Evangelio
Recordando que la docilidad es una cualidad de los misioneros, el Papa concluyó con su anhelo y ruego, para que los jóvenes de hoy que están capturados por la insatisfacción, escuchen la voz del Espíritu:
«Quisiera decirles a los muchachos y a las muchachas de hoy, que sé que no se sienten cómodos, que no son tan felices con la cultura del consumismo, del narcisismo… ¡Miren el horizonte! ¡Miren más allá, miren a estos misioneros nuestros! Recen al Espíritu Santo para que los impulse a ir lejos a ‘quemar’ su vida. Es una palabra algo dura, pero la vida vale la pena vivirla. Y, para vivirla bien, ‘quemarla’ en el servicio, en el anuncio, e ir adelante. Ésta es la alegría del anuncio del Evangelio».
(CdM – RV)


JESÚS RUEGA AL PADRE POR LOS QUE CREEN EN ÉL


Evangelio según San Juan 17,1-11a. 


Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. 

Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. 

Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. 

Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu Palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que Tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que Tú me enviaste. 

Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. 

Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en Él; y yo vuelvo a ti."

lunes, 9 de mayo de 2016

Osoro envía a sacerdotes a confesar en la Pradera de San Isidro. La diócesis instalará una carpa en la fiesta


Un año más, Madrid se prepara para celebrar la festividad litúrgica de su santo patrono, san Isidro Labrador. El programa de actos litúrgicos en la pradera arrancó este sábado con la bendición solemne del agua en la Ermita del Santo.
Los actos litúrgicos en la pradera continuarán el sábado 14 de mayo. En la parroquia de San Fulgencio (paseo de San Illán, 9), a las 9:00 horas, se celebrará la Misa del VII sábado de Pascua. Además, habrá Misa de la solemnidad de Pentecostés a las 19:00 horas en la iglesia de San Bernardo (avda. de Manzanares, 22), y a las 19:30 horas en la de San Fulgencio.
Al día siguiente, domingo 15, solemnidad de san Isidro Labrador, se celebrará la Eucaristía en la Ermita del Santo a las 07:00, 08:00 y 09:00 horas. A las 12:30 horas, el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidirá una solemne Eucaristía en la pradera en honor al patrono de Madrid. Una misa a la que asistirá la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.
También habrá Misa con motivo de la solemnidad de Pentecostés a las 12:00 horas en la parroquia de San Bernardo, y a las 19:30 horas en la de San Fulgencio.
El lunes 16 de mayo se celebrará la Misa de la solemnidad de San Isidro en la parroquia de San Fulgencio, a las 13:00 y a las 19:30 horas. Y en la de San Bernardo, a las 19:00 horas.
Como preparación a la festividad de san Isidro Labrador, en la Ermita habrá vísperas todos los días, del 8 al 15 de mayo, a las 20:45 horas. Y dispensación del agua de la fuente del Santo, en el patio de la fuente.
Además, como en ocasiones anteriores, se instalará una carpa en la pradera. Este año albergará una exposición sobre las obras de misericordia, que se podrá visitar el viernes 13, de 19:00 a 21:00 horas; el sábado 14, de 12:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas; y el domingo 15, de 14:00 a 21:00 horas.
En la noche del sábado 14, a las 20 horas, arrancará la evangelización nocturna en San Fulgencio.
Al día siguiente, domingo 15, habrá veneración de la reliquia de san Isidro en horario continuo. Además, después de la Eucaristía presidida por monseñor Osoro, habrá envío misionero de los jóvenes por la pradera, hasta las 15:00 horas. Y a continuación, el prelado participará en una comida popular junto a la carpa.
Ese día también habrá habrá Guardia de Honor de la Virgen de la Almudena, junto a la cruz del muro del cementerio, de 14:00 a 21:00 horas.
Durante las fiestas, los sacerdotes estarán en la pradera para impartir bendiciones y el sacramento de la Reconciliación. Se ubicarán junto a la cruz el viernes 13, de 19:00 a 21:00 horas; el sábado 14, de 12:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas; y el domingo 15, de 14:00 a 21:00 horas.
Asimismo, está previsto que junto a la cruz se puedan recoger oraciones para presentar en la Eucaristía el sábado 14, de 17:00 a 21:00 horas, y el domingo 15, de 14:00 a 21:00 horas.

(Infomadrid/RD)

Homilía del Papa: el Espíritu Santo nos hace cristianos ‘reales’, no ‘virtuales’

El Espíritu Santo es el que mueve a la Iglesia, aunque para muchos cristianos de hoy es un desconocido o un ‘prisionero de lujo’. Es la advertencia del Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Casa de Santa Marta. Subrayó que el Espíritu Santo nos hace cristianos reales, no virtuales, exhortando a dejarnos impulsar por Él, que nos enseña el camino de la libertad. Y dirigió un saludo especial a las Hermanas Vicentinas, en el día en que celebran a su Fundadora, Santa Luisa de Marillac.
«Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo». Con esta respuesta de los discípulos a San Pablo, en Éfeso, el Papa Francisco reflexionó sobre la presencia del Espíritu Santo en la vida de los cristianos. Y señaló que «también hoy, pasa como a esos discípulos, que aun creyendo en Jesús, no sabían quién era el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo mueve a la Iglesia y nos hace testimoniar a Jesús
Muchos aseguran haber aprendido en el Catecismo que el Espíritu Santo está en la Trinidad, pero luego ya no saben nada más sobre el Espíritu Santo y se preguntan qué hace:
«El Espíritu Santo es el que mueve a la Iglesia, el que trabaja en la Iglesia, en nuestros corazones. El que hace que todo cristiano sea una persona distinta de la otra, pero de todos juntos hace la unidad. El que lleva adelante, abre de par en par las puertas y te envía a dar testimonio de Jesús. Escuchamos al comienzo de la Misa: ‘Recibirán al Espíritu Santo y serán mis testigos en el mundo’. El Espíritu Santo es el que está en nosotros y nos enseña a mirar al Padre y a decirle: ‘Padre’. Nos libra de la condición de huérfano a la que el espíritu del mundo nos quiere llevar».
Tras hacer hincapié en que el Espíritu Santo es «el protagonista de la Iglesia viva: el que trabaja en la Iglesia», puso en guardia contra el peligro de que «cuando no vivimos esto, cuando no estamos a la altura de esta misión del Espíritu Santo», reducimos la fe a una moral, a una ética». No hay que quedarse sólo en lo de cumplir los Mandamientos y nada más:’ Eso se puede hacer, eso otro no… hasta aquí sí, hasta allá no… Y de allí a la casuística, a una moral fría’.
No hacer del Espíritu Santo un ‘prisionero de lujo’

La vida cristiana – reiteró el Papa Francisco – «no es una ética: es un encuentro con Jesucristo». Y es precisamente el Espíritu Santo el que me lleva a ese encuentro con Jesucristo»:
«Pero nosotros, en nuestra vida, tenemos en el corazón al Espíritu Santo, como a un ‘prisionero de lujo’: no dejamos que nos impulse, no dejamos que nos mueva. Hace todo, sabe todo, sabe recordarnos qué ha dicho Jesús, sabe explicarnos las cosas de Jesús. El Espíritu Santo no sabe hacer sólo una cosa: cristianos de salón. ¡Eso no lo sabe hacer! No sabe hacer ‘cristianos virtuales’, pero no virtuosos. Él hace cristianos reales, Él toma la vida real como es, con la profecía del leer los signos de los tiempos, nos lleva adelante así. Es el gran prisionero de nuestro corazón. Decimos: ‘es la tercera Persona de la Trinidad’ y nos quedamos en eso…»
Reflexionar sobre qué hace el Espíritu Santo en nuestra vida
El Obispo de Roma dijo que nos hará bien reflexionar, esta semana, sobre qué hace el Espíritu Santo en nuestra vida y si nos ha enseñado el camino de la libertad. Si nos impulsa a salir de nosotros mismos, para testimoniar a Jesús, o si tenemos miedo. O sobre cómo va nuestra paciencia en las pruebas:
«En esta semana de preparación a la Fiesta de Pentecostés, pensemos: ¿creo de verdad? ¿O el Espíritu Santo es sólo una palabra para mí? Y tratemos de hablar con Él y de decirle: ‘Sé que estás en mi corazón, que estás en el corazón de la Iglesia, que llevas adelante a la Iglesia. Que Tú haces la unidad entre todos nosotros – pero distintos a todos nosotros - en la diversidad de todos nosotros’... Digamos todas estas cosas y pidamos la gracia de aprender – pero en la práctica, en mi vida – qué hace Él. Es la gracia de la docilidad a Él: ser dócil al Espíritu Santo. Esta semana, hagamos esto: pensemos en el Espíritu y hablemos con Él».
(CdM – RV)

La habitación que el Papa Francisco había elegido para su jubilación

En una residencia sacerdotal del barrio porteño de Flores
Una habitación con una cama, un armario, una silla, u sillón de un cuerpo y un ventilador
Cuando la posibilidad de un cambio de domicilio hacia el Vaticano era algo remoto, Jorge Bergoglio ya había previsto dónde pasaría sus noches tras cumplir 75 años y jubilarse como obispo: su lugar sería la habitación 13 del Hogar Sacerdotal Monseñor Mariano A. Espinosa, ubicado en el barrio de Flores, de la Capital Federal.
En esa casa vivió Francisco cuando fue vicario de Flores. Sobre la habitación elegida, Jorge Bergoglio había dicho: "Prefiero que no sea en la planta alta (...) No quiero estar por encima de nadie; no, mejor abajo". Eso les había pedido a las hermanas del Buen y Perpetuo Socorro, que cuidan el hogar, según puede leerse en una nota publicada en el diario tucumano La Gaceta, en marzo de 2013.
Ayer, el sacerdote Fabián Báez, párroco en Villa Urquiza, subió a su cuenta de Twitter dos fotos de la habitación. Allí se ve un austero espacio con piso de madera ocupado por una cama, un placar, una silla, u sillón de un cuerpo y un ventilador.
Del hogar sacerdotal contaron a Clarín que la habitación fue remodelada hace poco y que no tiene un ocupante permanente. "La utiliza algunas veces monseñor Poli", actual arzobispo de Buenos Aires, contaron a este diario desde el hogar.

Cuando ya había dejado el barrio de Flores, Bergoglio siguió siendo una presencia frecuente en el hogar, destinado por años a ser vivienda de religiosos ancianos. "Monseñor venía tipo diez de la mañana, y comenzaba a recorrer una por una las habitaciones de los sacerdotes enfermos. Los escuchaba, bromeaba con ellos... era muy cálido. Después, a eso de las doce menos cuarto, se sentaba a conversar con nosotras", recordó la hermana María Lucía Fassono para el diario La Gaceta.

 Clarín

MENSAJE ESPECIAL DEL PAPA FRANCISCO PARA USTEDES, QUERIDOS AMIGOS!



Queridos todos, hoy tenemos para ustedes una noticia especial. Como saben, en la Secretaría vaticana para las Comunicaciones (desde donde hacemos News.va) colaboramos con el Papa Francisco ayudándole con sus cuentas en Twitter (@pontifex_es) e Instagram (@franciscus). 

En estas semanas, hemos llevado al Papa numerosos comentarios que muchos de ustedes, junto a personas de todo el mundo, han dejado en Instagram, Twitter y esta página facebook, en los que piden cercanía y oraciones por diversos problemas como salud, muerte de un ser querido, trabajo...

El Papa ha querido manifestarles a ustedes su cercanía, y asegurales que reza por ustedes. Y ha escrito de su puño y letra este mensaje para ustedes que aparece en la foto, y que dice: 

"A ti, que desde la gran comunidad digital me pides bendiciones y oración, quiero decirte: tú serás el don precioso en mi oración al Padre. Y tú no te olvides de rezar por mí, para que sea siervo del Evangelio de la Misericordia. Franciscus".

LOS JUSTOS SE ALEGRAN EN LA PRESENCIA DE DIOS



Del Salmo 67:

Los justos gozan en la presencia de Dios

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.


Los justos gozan en la presencia de Dios

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría. Cantad a Dios,
tocad en su honor, su Nombre es el Señor.


Los justos gozan en la presencia de Dios

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.



Los justos gozan en la presencia de Dios

TENGAN VALOR, JESÚS HA VENCIDO AL MUNDO


Evangelio según San Juan 16,29-33. 

Los discípulos le dijeron a Jesús: "Por fin hablas claro y sin parábolas. 

Ahora conocemos que Tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios". 

Jesús les respondió: "¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 

Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo". 

"Está con nosotros, está vivo", el Papa en el Regina Coeli en el día de la Ascensión del Señor


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, en Italia y en otros países, se celebra la Ascensión de Jesús al cielo, que tuvo lugar cuarenta días después de la Pascua. Contemplamos el misterio de Jesús que sale de nuestro espacio terrenal para entrar en la plenitud de la gloria de Dios, llevando consigo nuestra humanidad. Es decir nosotros, nuestra humanidad, entra por primera vez en el cielo. El Evangelio de Lucas nos muestra la reacción de los discípulos ante el Señor que «se separó de ellos y fue llevado al cielo» (24,51). No hubo en ellos dolor y pérdida, sino «que se postraron delante de él, y volvieron a Jerusalén con gran alegría» (v. 52). Es el regreso de quien no teme más a la ciudad que rechazó al Maestro, que vio la traición de Judas y la negación de Pedro, que vio la dispersión de los discípulos y la violencia de un poder que se sentía amenazado.
A partir de ese día, para los Apóstoles y para cada discípulo de Cristo, fue posible vivir en Jerusalén y en todas las ciudades del mundo, incluso en aquellas más atormentadas por la injusticia y la violencia, porque sobre cada ciudad, está el mismo cielo, y cada habitante puede elevar la mirada con esperanza. Jesús, Dios, es hombre verdadero, con su cuerpo de hombre ¡está en el cielo! Y esta es nuestra esperanza, es nuestra ancla, que está allí, y nosotros, estamos firmes en esta esperanza si miramos el cielo. En este cielo habita aquel Dios que se reveló tan cercano de asumir el rostro de un hombre, Jesús de Nazaret. Él es por siempre el Dios-con-nosotros - recordemos esto: Emmanuel, Dios-con-nosotros -, y no nos deja solos. Podemos mirar hacia lo alto para reconocer ante nosotros nuestro futuro. En la Ascensión de Jesús, el Crucificado Resucitado, está la promesa de nuestra participación en la plenitud de la vida con Dios.
Antes de separarse de sus amigos, Jesús, refiriéndose al acontecimiento de su muerte y resurrección, les dijo: «Ustedes son testigos de todo esto» (v. 48). Es decir, los discípulos, los apóstoles, son testigos de la muerte y resurrección de Cristo, y en aquel día también de la Ascención de Cristo. Y de hecho, después de ver a su Señor ascender al cielo, los discípulos regresaron a la ciudad como testigos que con alegría anuncian a todos la nueva vida que viene del Crucificado Resucitado, en cuyo nombre «debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados» (v. 47). Éste es el testimonio – hecho no sólo con las palabras, sino también con la vida cotidiana - el testimonio que cada domingo debería salir de nuestras iglesias para entrar durante la semana en los hogares, en las oficinas, en la escuela, en los lugares de encuentro y de diversión, en los hospitales, en las cárceles, en los hogares de ancianos, en los lugares atestados de los inmigrantes, en las periferias de la ciudad... Este testimonio tenemos que llevar nosotros, cada semana: Cristo está con nosotros; Jesús subió al cielo, está con nosotros. ¡Cristo está vivo!
Jesús nos aseguró que en este anuncio y en este testimonio estaremos «revestidos con la fuerza que viene de lo alto» (v. 49), es decir, con la potencia del Espíritu Santo. Aquí reside el secreto de esta misión: la presencia entre nosotros del Señor resucitado, que con el don del Espíritu sigue abriendo nuestra mente y nuestro corazón, para proclamar su amor y su misericordia, también en los ambientes refractarios de nuestras ciudades.
El Espíritu Santo es el verdadero artífice del testimonio multiforme que la Iglesia y todos los bautizados restituyen en el mundo. Por lo tanto, no podemos descuidar nunca el recogimiento en la oración para alabar a Dios e invocar el don del Espíritu. En esta semana, que nos lleva a la fiesta de Pentecostés, permanezcamos espiritualmente en el Cenáculo, con la Virgen María, para recibir el Espíritu Santo. Lo hacemos incluso ahora, en comunión con los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para tradicional Súplica.
(Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticana)

domingo, 8 de mayo de 2016

Los mil espejos. Juan José Omella Omella

Carta dominical del arzobispo de Barcelona, monseñor Juan José Omella. ‘Si yo viera las cosas, las personas, y sobre todo los acontecimientos, con la mirada de Dios, con la perspectiva de Dios, ¡cómo cambiaría todo!’
Publicamos a continuación la carta dominical del arzobispo de Barcelona, monseñor Juan José Omella:
«Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Un día, buscando refugiarse del sol, un perrito logró meterse por un agujero de una de las puertas de la casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera y, al terminar de subirlas, se topó con una puerta semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta de que dentro de ese cuarto había mil perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. Luego sonrió y ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí: “¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a venir muchas veces a visitarlo!”.
Tiempo después, otro perrito callejero entró en el mismo lugar, pero, a diferencia del primero, al ver a los otros mil perritos, se sintió amenazado, ya que creía que lo miraban de manera agresiva. Luego empezó a gruñir y, naturalmente, vio cómo los mil perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros mil perritos le ladraron también. Cuando este perrito salió de allí pensó: “¡Qué lugar tan horrible es éste! ¡Nunca más volveré a entrar aquí!”.
En la portada de aquella casa había un viejo letrero que decía: “La casa de los mil espejos”.»
¿Quién, al leer este hermosa fábula, no recuerda aquel dicho tan popular de que “nada es verdad ni es mentira; todo depende del cristal con que se mira”, que los cristianos hemos de mejorar con la rectitud de intención? Dicho de otro modo, si yo viera las cosas, las personas, y sobre todo los acontecimientos, con la mirada de Dios, con la perspectiva de Dios, ¡cómo cambiaría todo!
San Juan de la Cruz, uno de los místicos y poetas más emblemáticos de nuestra historia y de nuestra literatura, aún lo expresó de una forma más acertada desde la perspectiva de la fe cristiana: “Adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor.” Veamos las circunstancias que dieron pie a esta afirmación de nuestro santo.
Año 1591: Juan de la Cruz sufre el mayor de los desprecios por parte de sus compañeros de Orden. Él está plenamente inmerso en la reforma del Carmelo. Le quitan todos sus cargos y lo mandan a Jaén, donde vive en la mayor pobreza y austeridad. Desde Sevilla le llegan ecos de calumnias muy graves, propaladas por algunos frailes. ¿Reacción de muchas personas que conocían la entereza y las virtudes de Juan? Le mandan cartas conteniendo las expresiones más encendidas de afecto, acogida, comprensión y cariño. Y de pena por la injusticia que se está cometiendo con él. ¿Respuesta de Juan de la Cruz? Así contesta a una religiosa carmelita reformada: “De lo que a mí toca, hija, no le dé pena, que ninguna a mí me da. Dios sabe lo que nos conviene y ordena todas las cosas para nuestro bien. No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor”.
Dios es el que permite todo para nuestro bien, aunque no lo comprendamos muchas veces. Es Él quien nos estimula y nos invita a descubrir el querer de Dios, poniendo amor donde no hay amor.
Cristo ha vencido el mal. Y lo ha vencido haciendo el bien. “Pasó por la vida haciendo el bien”, que es la manera más eficaz y concreta de poner amor.
Nunca debemos olvidar que la realidad – las realidades – de la vida depende en buena medida de cómo la miramos y de cómo nos acercamos a ella. Tener una mirada positiva hacia las personas y hacia las cosas nos ayudará a disfrutar más de la realidad que si la miramos con ojos turbios, con tristeza, con resentimiento. El amor lleva al amor. La amargura, a la amargura. ¡Que Dios nos libre de caer en ella!
¡Feliz domingo a todos!
+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona
Zenit

Jesús Asciende, ascendamos con Él integralmente en nuestra vida.

"Jesús subió a los cielos para llenarlo todo con su presencia". (Efesios 4, 10)
La cita de San Pablo viene a contradecir una cierta tendencia a considerar a un Jesús que partió, que nos ha dejado, que se ha quedado allá arriba, "encielado" mientras que nosotros nos quedamos "gimiendo y llorando en este valle de lágrimas". No. No es así. Tal vez, nos ayude a comprender la Ascensión, distinguiendo entre una "partida" y una "desaparición". Una partida implica una ausencia. Una desaparición indica una presencia oculta. Recordemos Evangelio del domingo pasado:
"Me voy, pero vengo a ustedes".
En la Ascensión, Jesús ni partió ni se ausentó; no nos dejó ni huérfanos ni solitarios. Jesús, se queda para siempre entre nosotros por su Espíritu Santo: en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Y principalmente con nosotros y en cada uno de nosotros; no sólo está al lado de nuestro, sino también puede estar dentro de nosotros, "haciendo morada en nosotros".
Recordemos la vía de la alegría de la Resurrección, donde Jesús nos fue enseñando cómo encontrarnos con Él, y a estar con Él; nos encontramos y estamos con Él, en la "Palabra", en la "fracción del pan", en la "Eucaristía", compartiendo nuestra vida, como pan de vida para los demás; en el "Perdón Salvador", en el "servicio", preparando, como Jesús, un desayuno; en los "sacramentos", en el "prójimo", en la "misión evangelizadora y apostólica"; en la "construcción del Reino", desde aquí y ahora, en el mundo y en la sociedad temporal; haciendo fraternidad y justicia social, según "los signos de los tiempos", etc.
Cristo se ha quedado con nosotros hasta la consumación de los siglos. Por la Ascensión entró en la omnipotencia y omnipresencia del Padre. Ha sido plenamente glorificado, exaltado y espiritualizado en su humanidad. Y por este motivo está más que nunca en amistad profunda con nosotros.
Cuando se habla de que Jesús ahora está "sentado a la derecha del Padre", no se trata de que está en un lugar físico, sino que está en una situación y en un estado de glorificado; se trata de un crecimiento de su poder y de su gloria.
Se trata de que está con nosotros, y repito: dentro de nosotros, aquí en la tierra, para siempre:
"Si alguno me ama guardará mis palabras y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él".
Una morada significa bastante más que una presencia. Uno puede estar presente en su trabajo, en la calle, pero la morada: la habitación la tiene únicamente en su casa. Y Dios ha querido tener una morada y una habitación en nosotros: ¡Somos su casa!
Cristo ha alcanzado en la Ascensión una situación y un estado de infinitud que le permite llenarlo todo con su presencia definitiva, y para comunicarnos su divinidad. Por lo tanto, no se trata de una Ascensión hacia un lugar físico que lo alejaría del lado nuestro.
Así como Jesús no abandonó a su Padre para venir a la tierra para salvarnos, tampoco nos abandona a nosotros para volver a su Padre. Lo único que hace es restablecer y asegurar la comunicación.
Esto debe darnos una gran alegría, Jesús está aquí en la tierra junto a nosotros; su presencia espiritualizada alcanza una profundidad y una longitud que su presencia carnal no hubiera podido alcanzar. Así podemos encontrarlo en todas partes.
Pero hay otra verdad muy importante que encierra la Ascensión. Indica el punto de llegada hacia arriba y hacia adelante que debiera tener el ser humano. Es nuestra constante ascensión. Nosotros los creyentes vamos hacia Cristo Jesús, que nos muestra el punto de llegada en la glorificación de su cuerpo, como un adelanto del punto a donde debemos llegar nosotros y, con nosotros, la misma sociedad temporal.
Nosotros debemos caminar hacia el encuentro de Cristo glorificado. Pero nuestro caminar no debe ser individualista; debemos crecer y caminar con nuestro mundo, con nuestra historia y con nuestra sociedad, buscando el bien común e integral; procurando un encuentro con Dios, y en Él, también un encuentro entre nosotros.
Cuando luchamos por el bien común de la sociedad y de nuestro mundo, estamos construyendo el Reino, llevándolo a su etapa final: haciendo que todo se perfeccione, se acerque y ascienda a Dios. Pero no se trata sólo de un perfeccionamiento y crecimiento materialista. Como cristianos nos corresponde un compromiso de perfeccionar a los seres humanos, perfeccionando sus relaciones; hacer que vivan como hermanos y no como injustos opresores y explotadores.
Esto nos lleva a la conclusión de que es más cristiano aquél que trabaja por mejorar las relaciones humanas en su integridad, que el que ve la religión en forma egoísta, para sí como un objeto de consumo, y que no se compromete nunca, para que cambien esas relaciones de injusticia, que hacen el "pecado social" en el mundo. No hay que olvidar las palabras de Jesús:
"No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre".
La voluntad del Padre es que de egoístas nos transformemos en hombres y mujeres del amor, luchando por una sociedad más justa y fraterna.
Esto es lo que significan las palabras de los Hechos:
"Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, de repente tuvieron a su lado dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¡que hacen ahí mirando al cielo?". (Hechos 1,10-11).
Se nos está diciendo: "miren la tierra y a sus hombres y mujeres, vean "sus lágrimas y angustias", asumiendo todo como algo propio de los discípulos de Cristo; ocúpense de transformarlo todo, cambiando a los seres humanos de egoístas y pecadores, en hombres y mujeres del amor y de la justicia con sus hermanos que sufren. De hecho Cristo se hará visible, volverá a tomar cuenta de nuestras vidas. Esto hay que repetirlo hasta el cansancio, sobre todo a aquellas personas tramposas, con corazón adorador del dinero y del poder, que quieren hacernos mirar el cielo, para que no miremos el mundo que nos rodea, y así apoderarse y dividirse entre ellos, cada vez más, de los bienes creados para todos.
Jesús, hoy día, en su Ascensión, nos manda a no quedarnos sólo contemplándolo en su gloria. Nos manda, al igual que sus Apóstoles, a evangelizar, a anunciar que somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros, tratándonos como si fuéramos hermanos de la misma sangre y carne. Y en este mandato y envío, Jesús nos acompaña:
"Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos... . Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo". (Mateo 28,19-20).
Somos enviados y acompañados por Jesús, para hacer de este mundo, un mundo no de lobos rapaces, sino de hermanos que se aman y forman una comunidad.
Hermanos y amigos chilenos: hombres y mujeres:
Se hace urgente e imperioso que asuman la recuperación de Chile, cuyo paso se interrumpió con el brutal Golpe Cívico- Militar de 1973. Desde esa fecha hasta hoy día, el Chile político es ilegítimo y no democrático.
Los políticos golpistas, queriendo con ansias, que le devolviera el poder la dictadura militar, a espaldas del pueblo, negociaron con dictadura; el pueblo en protestas pacíficas, convocadas por los mismos políticos, sacrificó vidas: son los mártires por la democracia. No obstante eso, pudo más la idolatría del poder y del dinero, y negociando con dictadura, estos políticos, llegaron a traicionar al pueblo con un mal llamado "Acuerdo Nacional"; ni siquiera se puede llamar así, pues fue un acuerdo cupular.
Por eso, hasta hoy día, después de casi 27 años que se fue el dictador, los gobiernos posteriores de esta clase política golpista, gobiernan "en la medida de lo posible". Todo es una vulgar e inmoral traición al pueblo sufrido de Chile.
La clase política dominante, coludida con grandes empresarios, y protegidos, en su unión, por la misma ilegítima Constitución de 1980, no ha hecho más que proseguir "legitimando" lo ilegítimo, y manteniendo un sistema económico neo liberal: "capitalismo salvaje", también protegido institucionalmente en forma ilegítima. Eso está en Constitución ilegítima de 1980. Está protegida una minoría que tiene secuestrada a la mayoría nacional.
La economía reinante hace que muchos hogares: hombres y mujeres chilenos, sufran la pobreza y la miseria misma. Incluso hace que los bienes creados por Dios para todos, pasen a manos privadas, entendiéndose muy mal el derecho de propiedad. Algún día, con más tiempo, me referiré a la propiedad de los bienes.
Han de saber que Iglesia: Pueblo de Dios, no acepta, en su doctrina, el "capitalismo salvaje", indicando que es el culpable del "pecado social" que sufren tantos y tantos chilenos. No se entiende, como muchos políticos y hombres y mujeres chilenos católicos, votan y propician tamaña inmoralidad, dura e inhumana crueldad.
Digamos, de una vez para siempre, que tanto políticos golpistas y chilenos propiciadores de esta economía, de la idolatría del poder y de la riqueza: becerro de oro, son responsables in causa de las violaciones de los derechos humanos y de los crímenes de lesa humanidad; son responsables de la opresión, del hambre, de la injusticia laboral, de la falta de sueldo ético, de la cesantía, de la falta de salud, de la falta de vivienda, de la falta de educación de calidad y gratuita, en resumen: de la muerte civil.
¡Chile ha quedado enfermo y no se ha recuperado desde 1973 hasta hoy día! ¡Chile no es democrático!
El pueblo chileno postergado y sin canales reales de participación para la construcción de la patria común, tiene una verdadera autoridad, para hacer una Nueva Constitución, más que políticos en el poder, proponiendo un errático e inconducente proceso de consulta acerca de esa Nueva Constitución. El camino propiciado por el Gobierno no hace más que conducir todo a las mismas manos políticas de hoy coludidas con grandes empresarios, autores, mucho de ellos, de los actos de corrupción y de evasión de impuestos, dinero de todos los chilenos.
Señor Jesús, tú que tuviste una triunfal Ascensión, te pido que yo y cada uno, pueda tener, con tu ayuda y gracia, una verdadera ascensión personal, desde abajo y desde nuestras servidumbres y pecados, tomados de tus manos, cual verdadero ascensor, podamos subir a una vida y a una vida de abundancia.
También, Señor, te pido que mi Chile enfermo y oprimido, pueda salir, con unidad del pueblo, de sus postraciones, de sus marginaciones, de los "pecados sociales", subiendo y ascendiendo a una patria nueva, libre, justa, fraterna y democrática. Amén.
(Eugenio Pizarro Poblete)

CIUDADANOS Y PROFETAS

En los relatos de la Ascensión de Jesús a los cielos, destaca el mensaje que recibieron los discípulos una vez que perdieron de vista el rostro de Cristo Resucitado: -«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»
Cuando se sufre una separación de un ser querido, por ejemplo de un amigo íntimo, el corazón se siente bloqueado; es comprensible que los amigos de Jesús acusaran el impacto de la separación. Actualmente se ofrece el acompañamiento del duelo y se descubre la importancia de saber estar junto a quienes padecen el despojo de algún familiar, sobre todo si es de manera inesperada o dramática.
Sin embargo, las palabras de los mensajeros no parece que sean muy complacientes, sino que por el contrario, inducen a los apóstoles a no quedarse en la nostalgia, ni paralizados, sino a reemprender un camino nuevo, de testigos y profetas.
Así dice san Pablo: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os de espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama”. Los cristianos estamos llamados a vivir sin evasión espiritualista, sino como personas que aguardan el retorno definitivo del Señor, que cada uno descubriremos en el momento de nuestro tránsito de este mundo.
Este tiempo en el que vivimos, cuando sentimos el ambiente presentista, pragmático, especulativo, comercial, sensual, materialista, nos ofrece a los cristianos la ocasión propicia para vivir como testigos y profetas de esperanza, y sin perder la responsabilidad de acrecentar la creación, de cuidar la naturaleza, de ser amigos de la vida, significar de manera práctica, en la convivencia social, laboral, y también en el propio recinto interior, el horizonte de sentido.

Las palabras de Jesús antes de ascender a los cielos, nos marcan el camino: “Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”. Debemos quedarnos en la ciudad, pero asistidos por la fuerza de lo alto, el don del Espíritu, al que invocamos de manera especial esta semana.

No somos personas evadidas, porque creemos en una vida eterna, y sabemos que este mundo es una estancia pasajera. Por el contrario, el quehacer del creyente es don y tarea que anticipa los valores del Reino de los Cielos.
Ángel Moreno de Buenafuente

Crecimiento y creatividad


Los evangelios nos ofrecen diversas claves para entender cómo comenzaron su andadura histórica las primeras comunidades cristianas sin la presencia de Jesús al frente de sus seguidores. Tal vez, no fue todo tan sencillo como a veces lo imaginamos. ¿Cómo entendieron y vivieron su relación con él, una vez desaparecido de la tierra?

Mateo no dice una palabra de su ascensión al cielo. Termina su evangelio con una escena de despedida en una montaña de Galilea en la que Jesús les hace esta solemne promesa: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Los discípulos no han de sentir su ausencia. Jesús estará siempre con ellos. Pero ¿cómo?

Lucas ofrece una visión diferente. En la escena final de su evangelio, Jesús «se separa de ellos subiendo hacia el cielo». Los discípulos tienen que aceptar con todo realismo la separación: Jesús vive ya en el misterio de Dios. Pero sube al Padre «bendiciendo» a los suyos. Sus seguidores comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.
El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que proponen otra clave. Al despedirse de los suyos, Jesús les dice: «Yo me voy al Padre y vosotros estáis tristes... Sin embargo, os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo». La tristeza de los discípulos es explicable. Desean la seguridad que les da tener a Jesús siempre junto a ellos. Es la tentación de vivir de manera infantil bajo la protección del Maestro.

La respuesta de Jesús muestra una sabia pedagogía. Su ausencia hará crecer la madurez de sus seguidores. Les deja la impronta de su Espíritu. Será él quien, en su ausencia, promoverá el crecimiento responsable y adulto de los suyos. Es bueno recordarlo en unos tiempos en que parece crecer entre nosotros el miedo a la creatividad, la tentación del inmovilismo o la nostalgia por un cristianismo pensado para otros tiempos y otra cultura.
Los cristianos hemos caído más de una vez a lo largo de la historia en la tentación de vivir el seguimiento a Jesús de manera infantil. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos «el tiempo del Espíritu», tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. El Espíritu no proporciona a los seguidores de Jesús «recetas eternas». Nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.

José Antonio Pagola