sábado, 12 de julio de 2014

SEMBRAR. Escrito por José Antonio Pagola

Mt 13, 1-23

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: "El que tenga oídos para oír, que oiga". Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: "Salió el sembrador a sembrar". Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de "cosechar" éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, "pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie".


Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma

Evangelio según San Mateo 10,24-33.

Jesús dijo a sus apóstoles: "El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."

viernes, 11 de julio de 2014

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos


Del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23 

«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre. 


Meditación del Papa Francisco

Nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Ellos, con esta santa astucia, han custodiado la fe. 
También nosotros debemos custodiar la fe ante una oscuridad que, tantas veces, se disfraza de luz. Porque el demonio, dice san Pablo, se viste de ángel de luz muchas veces. Y aquí necesitamos la santa astucia para custodiar nuestra fe del canto de las sirenas que te dicen: hoy tenemos que hacer esto o aquello. La fe es una gracia y un don. Nos toca custodiarla con la santa astucia, con la oración y con la caridad. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: "Sean sagaces como serpientes y simples como palomas" (S.S. Francisco, 6 de enero de 2014).

LA VIRGEN QUE DESATA LOS NUDOS Y EL PAPA FRANCISCO


Queridos amigos, como les prometimos hace algunas semanas, aquí les ofrecemos la historia de la Virgen que desata los nudos, advocación mariana de la que es muy devoto el Papa Francisco –como verán en la foto, con la llegada del Papa Francisco en el Vaticano han puesto un cuadro de esta Virgencita-. Al final encontrarán también una oración para rezar a Nuestra Señora. 

Un ángel presenta a la Virgen una cinta con nudos que ella va desatando; otro ángel recoge la cinta ya
alisada. Es la imagen de “María que desata los nudos”, una pintura al óleo sobre lienzo realizada en torno al 1700 y que se encuentra en la iglesia de St. Peter am Perlach, en Alemania.
 

La Virgen Desatanudos es una advocación de la Inmaculada Concepción, con la luna bajo sus pies. Ella desata los nudos de nuestros pecados y de nuestros problemas más difíciles. Además, aplasta con su pie la causa de todos ellos: la serpiente, que simboliza el demonio. En la parte inferior del cuadro, un ángel guía a un hombre por la oscuridad de la vida.

La devoción del cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, por esta imagen de María, nació hace muchos años. Según contó a la Radio Vaticana el padre Alejandro Russo, rector de la Catedral de Buenos Aires, “el Papa, cuando era un sacerdote jesuita, pasó un periodo en Alemania por motivos de estudio, y allí, en una Iglesia, encontró la imagen de la Virgen que desata los nudos. Entonces llevó algunas estampas a Buenos Aires y, cuando escribía una carta a alguien, enviaba una de estas estampas de la Virgen junto a lo que había escrito”.

“Con el tiempo, una pintora argentina se ofreció a hacer una copia de la imagen que se encontraba en Alemania, para colocarla en una capilla de la Universidad del Salvador. En la capilla de la Universidad, la Virgen contaba con la devoción y la cercanía de muchas personas, pero era un ambiente pequeño”. 

“Por eso, algunas personas que trabajaban en esta universidad y que pertenecían a la parroquia de San José del Talar, en el barrio de Agronomía, en Buenos Aires, pidieron al párroco el permiso de colocar en la iglesia una copia exacta de la Virgen que está en Alemania, y más grande que la que se encontraba en la capilla del Salvador”.

“Un ocho de diciembre, la imagen de la Virgen fue colocada en la iglesia. La gente descubrió el cuadro, y en aquel momento, unas 20-30 mil personas acudían los fines de semana y el día 8 de cada mes. Esto ha seguido así hasta hoy, con más o menos gente, y se ha convertido en una devoción importante en la República Argentina”.

“Ciertamente no fue el cardenal Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, quien inspiró la colocación del cuadro en este lugar; pero fue él quien inspiró la devoción, porque siempre, hasta el momento en el que se marchó de Buenos Aires, cuando escribía una carta metía siempre una imagen de la Virgen que desata los nudos, y también una imagen de San José. Con esta misma imagen felicitaba las Navidades y las Pascuas. Y fue la imagen que utilizó como estampa para distribuirla el día de su ordenación episcopal”. 

Es difícil decir algo con certeza sobre el origen de esta pintura, ya que el cuadro original no está firmado. “Lo cierto es que genera devoción en los fieles, una especie de tranquilidad ante todo tipo de dificultades –dice el padre Russo-. Llegan personas con problemas familiares, muchos padres y madres que tienen problemas con los hijos, sobre todo por la droga; otros que tenían problemas de trabajo, o enfermedades. Me gusta decir esto: recemos a la Santísima Virgen, que es la que desata el último nudo, como puerta del Cielo, que desata el nudo de las almas del Purgatorio”.

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DESATANUDOS

Santa María desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios,
durante los días de tu vida aceptaste con
toda humildad la voluntad del Padre,
y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con
sus confusiones.

Ya junto a tu Hijo
intercediste por +nuestras dificultades y,
con toda sencillez y paciencia,
nos diste ejemplo de cómo desenredar
la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como
Madre Nuestra, pones en orden y haces mas
claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
Tú que con corazón materno desatas los
nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos recibas en tus manos
y que nos libres de las ataduras y confusiones
con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.

Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra
y desata los nudos, que impiden nos unamos a Dios,
para que libres de toda confusión y error,
los hallemos en todas las cosas,
tengamos en El puestos nuestros
corazones y podamos servirle
siempre en nuestros hermanos. Amén

«NO ANTEPONGAN NADA ABSOLUTAMENTE A CRISTO» De la Regla de san Benito, abad

El Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y, si tú, al oír esta invitación, respondes: "Yo", entonces Dios te dice: "Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; guárdate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy."

¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.
Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquel que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.
News.Va

jueves, 10 de julio de 2014

SANTA MISA EN LA CAPILLA DE SANTA MARTA CON ALGUNAS VÍCTIMAS DE ABUSOS SEXUALES POR PARTE DEL CLERO

La imagen de Pedro viendo salir a Jesús de esa sesión de terrible interrogatorio, de Pedro que se cruza la mirada con Jesús y llora. Me viene hoy al corazón en la mirada de ustedes, de tantos hombres y mujeres, niños y niñas, siento la mirada de Jesús y pido la gracia de su llorar. La gracia de que la Iglesia llore y repare por sus hijos e hijas que han traicionado su misión, que han abusado de personas inocentes. Y hoy estoy agradecido a ustedes por haber venido hasta aquí.

Desde hace tiempo siento en el corazón el profundo dolor, sufrimiento, tanto tiempo oculto, tanto tiempo disimulado con una complicidad que no, no tiene explicación, hasta que alguien sintió que Jesús miraba, y otro lo mismo y otro lo mismo… y se animaron a sostener esa mirada.

Y esos pocos que comenzaron a llorar nos contagiaron la consciencia de este crimen y grave pecado. Esta es mi angustia y el dolor por el hecho de que algunos sacerdotes y obispos hayan violado la inocencia de menores y su propia vocación sacerdotal al abusar sexualmente de ellos. Es algo más que actos reprobables. Es como un culto sacrílego porque esos chicos y esas chicas le fueron confiados al carisma sacerdotal para llevarlos a Dios, y ellos los sacrificaron al ídolo de su concupiscencia. Profanan la imagen misma de Dios a cuya imagen hemos sido creados. La infancia, sabemos todos es un tesoro. El corazón joven, tan abierto de esperanza contempla los misterios del amor de Dios y se muestra dispuesto de una forma única a ser alimentado en la fe. Hoy el corazón de la Iglesia mira los ojos de Jesús en esos niños y niñas y quiere llorar. Pide la gracia de llorar ante los execrables actos de abuso perpetrados contra menores. Actos que han dejado cicatrices para toda la vida.

Homilía del Santo Padre Francisco. 7 de julio de 2014


http://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014/documents/papa-francesco-cotidie_20140707_vittime-abusi.html

¿Pero Dios realmente nos escucha?


Autor: P. Pedro Barrajón, L.C. | Fuente: la-oracion.com
No pocas personas cuando comienzan a orar o perseveran en un camino de oración se ponen la pregunta si realmente Dios les escucha o más bien toda la vida de oración es un producto de su mente, de su fantasía desorbitada, de su afán de que Dios realmente exista y nos oiga para poder ser consolados y así eludir el drama de la vida en su dureza y realismo. 

La oración no sería otra cosa que una pía consolación para nuestra existencia, muchas veces tan llena de dolores, sufrimientos, golpes, contratiempos, reveses.Otros sí creen que Dios existe pero que Él está demasiado "ocupado" para poner atención a nuestras pequeñas cosas, que tienes Él otras muchas más importantes que las nuestras y que nuestras peticiones, a veces ridículas, no le interesan para nada.La pregunta puede estar ahí en nuestro corazón como algo que lo corroe y le quita fuerzas.

La duda puede surgir. Pero hay que responder con fuerza de modo afirmativo: ¡Sí, Dios sí nos escucha! Y el único modo que tenemos de saberlo es por la fe, a no ser que Dios quiera darnos algún signo especial en algún caso extraordinario.Jesús lo ha dicho claramente en el Evangelio: "Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá, porque el que pide, recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abrirá" (Mt 7, 7-8). Él no dijo: "pedid y a lo mejor se os dará, buscad y es posible que encontraréis, llamad y quizás se os abrirá". No dijo claramente que la petición será oída y tenida en cuenta.

Claro todo lo que se pida como favor o gracia concreta que supera las formas ordinarias de acción divina y que son un milagro hay que hacerlo añadiendo: "si es ésta tu voluntad".Lo que pasa es que con frecuencia no creemos del todo a las palabras de Jesús. Pensamos que Él se ha olvidado de nosotros, que no le interesamos, que en el fondo que no nos ama. Eso es. Dudamos de su amor. Y no nos sentimos amados por Él.

Y esto le duele mucho a Él, porque Él nos ama de un amor infinito. Él ha sido paciente con nosotros, ha sido amable, ha dado su vida por nosotros, nos ha dicho de mil modos que nos ama. Y luego nosotros dudamos de su amor. No le creemos. No lo aceptamos. Sin duda ninguna debe ser ésta una gran herida abierta en su Corazón.Pero sí, Dios nos escucha. Escucha nuestras palabras, pero sobre todo escucha nuestro corazón, los quejidos de nuestro corazón, los gritos inenarrables de nuestro corazón. ¿Cómo no nos va a escuchar Él que vive en nosotros por la gracia? ¿Cómo no nos va escuchar quien ha querido dar su vida por nosotros? ¿Cómo no nos va a escuchar el que no espera más que un gesto nuestro para hacerse presente en nuestra vida?¡La fe es tan sencilla! Dios en realidad, ¡pide tan poco! No seamos incrédulos sino creyentes. Sintamos el gozo de sentirnos amados por Él, de sentirnos escuchados, de sentirnos sus hijos.

miércoles, 9 de julio de 2014

La mirada de Jesús

Para hablar del terrible escándalo de abusos de menores realizados por miembros del clero el Papa Francisco ha meditado sobre un momento vehemente de la pasión de Cristo, el momento en el que la mirada de Jesús se cruza con la de Pedro, que le había apenas negado y llora. Y lo ha hecho en la homilía durante la misa celebrada al inicio del día en Santa Marta, donde estaban presentes algunas víctimas, con quienes ha transcurrido después toda la mañana en una serie de amplios coloquios personales.

A ellos, pero hablando no sólo a los católicos, el obispo de Roma ha abierto el corazón ante este abismo del mal: no sólo actos deplorables, sino hasta un «culto sacrílego» que ha profanado en estos inocentes la imagen de Dios misma, ha dicho con congoja el Papa. Y parecía escuchar las palabras de su predecesor Benedicto XVI pronunciadas con vergüenza y humildad, asumiendo los pecados y los crímenes de los miembros de la Iglesia, en los distintos encuentros tenidos con grupos de víctimas.

Y también Francisco, delante de Dios y de su pueblo, ha declarado con fuerza la gravedad y la ignominia de actos que dejan cicatrices para toda la vida, y que a veces han causado la desesperación del suicidio. Pidiendo luego perdón por «los actos de omisión por parte de los jefes de la Iglesia», ha agradecido el valor de quien ha hecho surgir la verdad y desgarrado así las tinieblas de una oscuridad que puede ser sanada «por el abrazo del niño Jesús».

Pero sobre todo el Papa ha pedido la gracia de las lágrimas, para que «la Iglesia llore y repare por sus hijos e hijas que han traicionado». Para levantarse de las caídas, implorando que los lobos no devasten más el rebaño de Dios.

En medio del dolor estásTú, Dios mio

En el dolor, en el sufrimiento, en la angustia siempre estás Tú, Dios mio.
En los ancianos que agonizan, estás Tú,  Dios mío.
En las personas que pasean con la mirada perdida por esos largos pasillos,  estás Tú,  Dios mío.
En esos hombres y mujeres que sufren en silencio, la ausencia de  unos familiares que les tomen de la mano, en los momentos de dolor, estás Tú,  Dios mío.
En las enfermeras.
En los médicos.
Estás Tú,  sufriendo con los que sufren.
Llorando con los que lloran.
Consolando a los tristes y ayudando a los que consuelan.
Dando esperanza a los desesperados y alegría a los tristes.
Gracias Señor porque siempre estäs con nosotros

lunes, 7 de julio de 2014

MIRAR DESDE EL ESPÍRITU

Jn 20, 19-23
Quizás aquellas primeras comunidades se reunieran "al anochecer del día primero de la semana" (domingo), para recordar la "cena del Señor", o vivir la "fracción del pan". Pero, teniendo eso en cuenta, me parece, no solo legítimo, sino enriquecedor, aproximarnos a una lectura simbólica del texto.

"Al anochecer": cuando todo se vuelve oscuro en nuestra vida. Quizás porque se ha removido algo emocional, que tiene que ver con necesidades muy antiguas –aunque sean inconscientes- o con miedos a los que somos particularmente sensibles. Por lo que sea, todo parece, de pronto, nublarse. Como si nuestras anteriores certezas o seguridades hubieran también desaparecido.

Sin embargo, es "el día primero de la semana", es decir, el día de la creación, cuanto todo se hace nuevo. No es extraño que ambas sensaciones contradictorias convivan: hay oscuridad y confusión, pero existe, de fondo, una certeza inamovible que, aunque sea quedamente, nos va diciendo: "todo está bien", "yo hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5).
Con todo, incluso a pesar de la certeza de fondo, no es raro que la oscuridad y el malestar emocional nos lleven a mantener "las puertas cerradas". En realidad, la "cerrazón" de las personas, así como su aparente dureza, no es sino un signo de vulnerabilidad. De manera que podría establecerse la siguiente ecuación: a mayor dureza manifiesta, mayor vulnerabilidad escondida.

El miedo es siempre mal consejero, porque fácilmente deforma nuestra visión de la realidad. Sin apenas darnos cuenta, constituye un filtro que nos impide ver las cosas tal como son. Hasta el punto de que, como dice una frase atribuida a Martin Heidegger, "hemos olvidado cómo aparecería el mundo a los ojos de una persona que no hubiera conocido el miedo".

Con todo, aunque necesitemos ayuda, también podemos tomar distancia de nuestros propios miedos. No para reprimirlos ni negarlos –lo cual siempre resulta contraproducente-, sino para, aceptándolos y aun abrazándolos, no reducirnos a ellos. Acallar la mente, observar los miedos sin dejarnos identificar con ellos, nos permite escuchar otra "voz" más profunda, aquella que nos asegura: "Paz contigo"; tu identidad más profunda es, y siempre será, Paz.
En realidad, "Jesús" es otro nombre de nuestra verdadera identidad. Desde la perspectiva no-dual, todos somos no-dos, el único "Yo Soy". Y la voz que escuchamos en esos niveles más profundos siempre viene de él, del único Fondo de lo Real, que las religiones han nombrado como Dios (y que, en el cristianismo, en particular, se ha nombrado como "Jesucristo").
Por eso, basta escuchar esa "voz" que nace de nuestro Fondo común y compartido para que notemos cómo nuestra vida se empieza a transformar. Y de pronto experimentamos como que el "aliento" vuelve a nosotros. Un aliento –nuestro mismo y compartido Espíritu- que disipa la oscuridad y nos capacita para convivir con nuestros miedos.

Es probable que sigamos percibiendo el "doble nivel": el de nuestro yo particular –con sus necesidades y sus miedos- y el de nuestra verdadera identidad o "Yo Soy", pero habremos descubierto que no se sitúan en pie de igualdad. Y que, al anclarnos en el "Yo Soy", en el Espíritu que somos –la Consciencia ilimitada-, todo empieza a ser percibido de modo diferente. La visión cambia radicalmente cuando, en lugar de mirar nuestra vida desde la perspectiva del yo atemorizado –no existe ningún yo que no se halle bajo el temor-, lo hacemos desde el Espíritu que somos, donde nos sabemos siempre a salvo.

Y ese Espíritu es, entre otras cosas, "perdón". Porque sabe que todo el mal que hacemos y nos hacemos es fruto únicamente de la ignorancia. Y sabe además que lo que llamamos "yo" es solo una ficción. Por tanto, no hay nadie herido, nada que perdonar ni alguien que deba ser perdonado.
Lo que ocurre es que esto nunca lo podremos ver mientras nos mantengamos en la mente, identificados con el yo. Esta visión únicamente es perceptible desde nuestra verdadera identidad; desde la "mirada" amplia que ha trascendido la miope visión egoica; desde el Espíritu que somos.
Autor: Autor: Enrique Martínez Lozano

San Fermín

La leyenda de San Fermín surgió aproximadamente allá por el siglo IX en localidad francesa de Amiens, capital de Picardía, y desde allí llegó algún siglo más tarde, hacía el siglo XII, a Pamplona, convirtiéndose en un santo de devoción para cientos de pamploneses. Recientemente una tesis elaborada por el historiador Roldan Jimeno, hijo del prestigioso historiador pamplonés Jimeno Jurío, ha refrendado la conclusión a la que llegaron en 1970 varios historiadores de la capital navarra y arqueólogos de Amiens, quienes, realizando trabajos de investigación por separado, concluyeron que la historia de San Fermín no tenía base histórica alguna. A pesar de ello, Amiens y Pamplona sigue rindiendo culto a este santo y miles de personas en el mundo han oído hablar de él a través de las fiestas de San Fermín.

LA LEYENDA DE AMIENS

Cuenta la leyenda que Firmus, un senador que vivía en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, era gobernador general de la región y tenía un hijo llamado Fermín. Así se recoge en uno de los primeros textos que se conocen acerca de la leyenda de San Fermín, el del escritor Jacobo de Voragine titulado "La leyenda dorada" y que data de 1264. Al parecer, Firmus confió la educación de su hijo al presbítero Honesto, quien envió a Fermín a realizar sus estudios a Tolosa y pidió al arzobispo de la localidad que le ordenase sacerdote para que pudiese predicar la fe cristiana. Así lo hizo y Fermín volvió a Pamplona a evangelizar, consagrado ya como obispo, donde permaneció hasta los 31 años, tras lo cual se marchó a las Galias.

Primero estuvo en Agen, luego en la comarca de Beauvais y por último llegó a Amiens, donde, tras soportar la persecución romana convirtió, según cuenta la leyenda, en tan sólo cuarenta días a cerca de tres mil personas. Parece ser que a los gobernadores romanos no les hizo especial gracia y, tras detenerlo y encerrarlo en la cárcel, lo degollaron secretamente un 25 de septiembre -fecha actual en la que se celebra su martirio-.

Esta leyenda recogida en el texto de Jacobo Vorágine fue creada en la Alta Edad Medía en una localidad francesa llamada Amiens, capital de Picardía, situada a unos 150 km. de París. Aunque no existe una fecha exacta, los primeros datos históricos se sitúan en el siglo IX. Por aquel entonces, tal y como nos cuenta el historiador Roldan Jimeno "a la hora de elegir el santo que cristianizaría a la ciudad era muy normal escoger un personaje extranjero que diese cierto toque exótico y relevante a la urbe. En Amiens escogieron a Fermín porque era vascón y romano a la vez y les resultó bastante atractivo. A partir de entonces crearon una historia que ha ido variando con el tiempo, a medida que ha sido transmitida de generación en generación y se han hecho nuevas aportaciones".

La leyenda llegó a Pamplona por primera vez hacia el siglo XII, cuando el entonces arzobispo de Pamplona, Pedro de París, tuvo noticia de ella y trajo consigo una reliquia que se depositó en el altar de la catedral de Pamplona. Con el tiempo el culto se fue extendiendo a toda Navarra. Para los habitantes de Pamplona tener conocimiento de un santo que, además, se suponía que había sido el primer arzobispo de Pamplona fue un auténtico hallazgo y alteraron parte de la historia francesa, adelantando la evangelización de la capital navarra al siglo I, dato que contradecía la fecha de la leyenda de Amiens que la situaba en el siglo III.
Distintos cronistas navarros recogieron esta versión y la fueron adornando cada vez más. Con el paso del tiempo el culto a San Fermín se fue acrecentando en las dos localidades, pero con particularidades locales. En el siglo XVIII se dieron a conocer La "Actas sinceras" de Miguel Joseph de Maceda, que mostraban la versión pamplonesa de la leyenda. Algún tiempo más tarde cuando el texto llegó a Amiens se suscitó una gran polémica respecto a la fecha, ya que la tradición pamplonesa decía que San Fermín había vivido en el siglo I y la de Amiens en el III. Finalmente decidieron fundir ambas tradiciones, que fueron recogidas en un libro.


SIN BASE HISTORICA

Ya en el siglo XX, en la década de los 70, el bibliotecario de la catedral de Pamplona, José Goñi Gaztanbide, después de investigar sobre el tema llegó a la conclusión de que la historia de San Fermín era "legendaria e inverosímil", ya que no disponía de base histórica alguna. Posteriormente el historiador J.M. Jimeno Jurío realizó un exhaustivo trabajo de investigación que confirmó tales sospechas. Por aquel entonces se creó cierto debate que no trascendió más allá del ámbito científico y más tarde otros autores dieron la razón a estos dos estudiosos. La reciente tesis de Roldan Jimeno ha vuelto a corroborar dichas afirmaciones. "Uno de los datos clave que ha ayudado a ver que se trataba, como en otras ocasiones, de una leyenda sin base histórica ha sido situar la historia en los siglos I (Pamplona) y III (Amiens). En el caso de Pamplona la Cristianización no llegó hasta el siglo III y en Amiens tuvo lugar, incluso, algunos siglos más tarde.

Además, hasta el siglo XII no hay en Pamplona ninguna referencia clara respecto al santo". Junto a ello, el hecho de que San Fermín no tuviese ninguna iglesia, ni ermita a su nombre contribuyó a confirmar dicha teoría. "No es lógico que un arzobispo de una ciudad como Pamplona no registre ninguna iglesia o ermita a su nombre hasta el siglo XVII. En Pamplona la primera iglesia que lleva su nombre se construyó en la Milagrosa en la década de los 50 del pasado siglo y las primeras ermitas son del siglo XVII" dice Roldan.

A pesar de la crítica hagiográfica puesta en marcha por la Iglesia Católica durante el Concilio de Trento en el siglo XVI, en la que se pudo comprobar que la vida de varios santos carecía de fundamento histórico, la iglesia todavía no se ha pronunciado respecto al santo navarro. "Ha habido varios santos que han sido declarados apócrifos por la Iglesia Católica como, por ejemplo, San Cristóbal y el hecho no ha tenido demasiada trascendencia, aunque con otros, al tratarse de santos locales, como San Fermín, es la propia diócesis quien tiene que pronunciarse al respecto. Luego también está la respuesta de la gente".

Actualmente tanto en Pamplona como en Amiens el culto a San Fermín sigue atrayendo a cientos de personas y las fiestas que se celebran en su honor en la capital navarra congregan cada año a miles de visitantes de todas parte del mundo, que, a falta de conocer su historia, han oído hablar alguna vez del patrono de Navarra.
Fuente: sanfermin.com

domingo, 6 de julio de 2014

Jesús tiene delante de los ojos a tanta gente pobre, enfermos, pecadores y los llama para confortarlos e invitarlos a cargar el peso de los otros con amor fraterno, Francisco en el ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

en el Evangelio de este domingo encontramos la invitación de Jesús, dice así: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré" (Mt. 11:28). Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente simple, pobres, enfermos, pecadores, marginados... esta gente siempre le siguió para escuchar su palabra -¡una palabra que daba esperanza! ¡Las palabras de Jesús dan siempre esperanza! y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor (cf. Mt 9:35-36): así dice Él, y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para sanar a muchos de ellos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: "Vengan a mí", y les promete alivio y refrigerio.

Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y, a veces privados de auténticos puntos de referencia. En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas desamparadas y dispersas bajo el peso insoportable del abandono y de la indiferencia. La indiferencia: ¡cuánto daño hace a los necesitados la indiferencia humana! Y aún peor la de los cristianos. En los márgenes de la sociedad hay muchos hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por las insatisfacciones de la vida y las frustraciones. Muchos se ven obligados a emigrar de su patria, arriesgando su propia vida. Muchos más, cada día, soportan el peso de un sistema económico que explota al hombre, le impone un "yugo" insoportable, que los pocos privilegiados no quieren llevar. A cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, Jesús repite: "Vengan a mí, todos ustedes". Pero también lo dice a los que poseen todo. Pero cuyo corazón está vacío. Está vacío. Corazón vacío y sin Dios. También a ellos, Jesús dirige esta invitación: "Vengan a mí". La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.


Jesús promete reconfortar a todos, pero también nos hace una invitación, que es como un mandamiento: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón" (Mt 11,29). El "yugo" del Señor ¿en qué consiste? Consiste en cargar el peso de los otros con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y consuelo de Cristo, estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad de corazón no sólo nos ayuda a soportar el peso de los otros, sino a no pesar sobre ellos con nuestros propios puntos de vista personales, nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.

Invoquemos a la Santísima Virgen María, que acoge bajo su manto a todas las personas desamparadas y dispersas, para que a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, podamos ser alivio para los que necesitan ayuda, ternura y esperanza.

(Traducción ER – RV)

viernes, 4 de julio de 2014

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO TAMBIÉN DE LA PALABRA DE DIOS


Del Salmo 118: 

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. 


No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.


No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos. 


No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.

Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia. 

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. 

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO! de San Gregorio Magno

Tomás, uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús. [...] ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?


Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección. [...]

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que sin ver han creído. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Van haciendo profesión de conocer a Dios, y lo van negando con sus obras. Y Santiago dice: La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta. 

jueves, 3 de julio de 2014

EL SEÑOR PROTEGE A LOS SENCILLOS


 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica


Amo al Señor, porque Él escucha
el clamor de mi súplica,
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco.

 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica


Los lazos de la muerte me envolvieron,
me alcanzaron las redes del Abismo,
caí en la angustia y la tristeza;
entonces invoqué al Señor:
«¡Por favor, sálvame la vida!»

 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica

El Señor es justo y bondadoso,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó. 

 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica

Alma mía, recobra la calma,
porque el Señor ha sido bueno contigo.
El libró mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas
y mis pies de la caída. 

 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica

Yo caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.