Para hablar del terrible escándalo de abusos de menores realizados por miembros del clero el Papa Francisco ha meditado sobre un momento vehemente de la pasión de Cristo, el momento en el que la mirada de Jesús se cruza con la de Pedro, que le había apenas negado y llora. Y lo ha hecho en la homilía durante la misa celebrada al inicio del día en Santa Marta, donde estaban presentes algunas víctimas, con quienes ha transcurrido después toda la mañana en una serie de amplios coloquios personales.
A ellos, pero hablando no sólo a los católicos, el obispo de Roma ha abierto el corazón ante este abismo del mal: no sólo actos deplorables, sino hasta un «culto sacrílego» que ha profanado en estos inocentes la imagen de Dios misma, ha dicho con congoja el Papa. Y parecía escuchar las palabras de su predecesor Benedicto XVI pronunciadas con vergüenza y humildad, asumiendo los pecados y los crímenes de los miembros de la Iglesia, en los distintos encuentros tenidos con grupos de víctimas.
Y también Francisco, delante de Dios y de su pueblo, ha declarado con fuerza la gravedad y la ignominia de actos que dejan cicatrices para toda la vida, y que a veces han causado la desesperación del suicidio. Pidiendo luego perdón por «los actos de omisión por parte de los jefes de la Iglesia», ha agradecido el valor de quien ha hecho surgir la verdad y desgarrado así las tinieblas de una oscuridad que puede ser sanada «por el abrazo del niño Jesús».
Pero sobre todo el Papa ha pedido la gracia de las lágrimas, para que «la Iglesia llore y repare por sus hijos e hijas que han traicionado». Para levantarse de las caídas, implorando que los lobos no devasten más el rebaño de Dios.
Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
miércoles, 9 de julio de 2014
En medio del dolor estásTú, Dios mio
En el dolor, en el sufrimiento, en la angustia siempre estás Tú, Dios mio.
En los ancianos que agonizan, estás Tú, Dios mío.
En las personas que pasean con la mirada perdida por esos largos pasillos, estás Tú, Dios mío.
En esos hombres y mujeres que sufren en silencio, la ausencia de unos familiares que les tomen de la mano, en los momentos de dolor, estás Tú, Dios mío.
En las enfermeras.
En los médicos.
Estás Tú, sufriendo con los que sufren.
Llorando con los que lloran.
Consolando a los tristes y ayudando a los que consuelan.
Dando esperanza a los desesperados y alegría a los tristes.
Gracias Señor porque siempre estäs con nosotros
En los ancianos que agonizan, estás Tú, Dios mío.
En las personas que pasean con la mirada perdida por esos largos pasillos, estás Tú, Dios mío.
En esos hombres y mujeres que sufren en silencio, la ausencia de unos familiares que les tomen de la mano, en los momentos de dolor, estás Tú, Dios mío.
En las enfermeras.
En los médicos.
Estás Tú, sufriendo con los que sufren.
Llorando con los que lloran.
Consolando a los tristes y ayudando a los que consuelan.
Dando esperanza a los desesperados y alegría a los tristes.
Gracias Señor porque siempre estäs con nosotros
lunes, 7 de julio de 2014
MIRAR DESDE EL ESPÍRITU
Jn 20, 19-23
Quizás aquellas primeras comunidades se
reunieran "al anochecer del día primero de la semana" (domingo), para
recordar la "cena del Señor", o vivir la "fracción del
pan". Pero, teniendo eso en cuenta, me parece, no solo legítimo, sino
enriquecedor, aproximarnos a una lectura simbólica del texto.
"Al anochecer": cuando todo se
vuelve oscuro en nuestra vida. Quizás porque se ha removido algo emocional, que
tiene que ver con necesidades muy antiguas –aunque sean inconscientes- o con
miedos a los que somos particularmente sensibles. Por lo que sea, todo parece,
de pronto, nublarse. Como si nuestras anteriores certezas o seguridades
hubieran también desaparecido.
Sin embargo, es "el día primero de
la semana", es decir, el día de la creación, cuanto todo
se hace nuevo. No es extraño que ambas sensaciones contradictorias convivan:
hay oscuridad y confusión, pero existe, de fondo, una certeza inamovible que,
aunque sea quedamente, nos va diciendo: "todo está bien", "yo
hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5).
Con todo, incluso a pesar de la certeza de
fondo, no es raro que la oscuridad y el malestar emocional nos lleven a
mantener "las puertas cerradas". En realidad, la
"cerrazón" de las personas, así como su aparente dureza, no es sino
un signo de vulnerabilidad. De manera que podría establecerse la siguiente
ecuación: a mayor dureza manifiesta, mayor vulnerabilidad escondida.
El miedo es siempre mal consejero, porque
fácilmente deforma nuestra visión de la realidad. Sin apenas darnos cuenta,
constituye un filtro que nos impide ver las cosas tal como son. Hasta el punto
de que, como dice una frase atribuida a Martin Heidegger, "hemos
olvidado cómo aparecería el mundo a los ojos de una persona que no hubiera
conocido el miedo".
Con todo, aunque necesitemos ayuda, también
podemos tomar distancia de nuestros propios miedos. No para reprimirlos ni
negarlos –lo cual siempre resulta contraproducente-, sino para, aceptándolos y
aun abrazándolos, no reducirnos a ellos. Acallar la mente, observar los miedos
sin dejarnos identificar con ellos, nos permite escuchar otra "voz"
más profunda, aquella que nos asegura: "Paz contigo"; tu
identidad más profunda es, y siempre será, Paz.
En realidad, "Jesús" es otro
nombre de nuestra verdadera identidad. Desde la perspectiva no-dual, todos
somos no-dos, el único "Yo Soy". Y la voz que escuchamos en esos
niveles más profundos siempre viene de él, del único Fondo de lo Real, que las
religiones han nombrado como Dios (y que, en el cristianismo, en particular, se
ha nombrado como "Jesucristo").
Por eso, basta escuchar esa "voz" que
nace de nuestro Fondo común y compartido para que notemos cómo nuestra vida se
empieza a transformar. Y de pronto experimentamos como que el "aliento"
vuelve a nosotros. Un aliento –nuestro mismo y compartido Espíritu- que disipa
la oscuridad y nos capacita para convivir con nuestros miedos.
Es probable que sigamos percibiendo el
"doble nivel": el de nuestro yo particular –con sus necesidades y sus
miedos- y el de nuestra verdadera identidad o "Yo Soy", pero habremos
descubierto que no se sitúan en pie de igualdad. Y que, al anclarnos en el
"Yo Soy", en el Espíritu que somos –la Consciencia ilimitada-, todo
empieza a ser percibido de modo diferente. La visión cambia radicalmente
cuando, en lugar de mirar nuestra vida desde la perspectiva del yo atemorizado
–no existe ningún yo que no se halle bajo el temor-, lo hacemos desde el
Espíritu que somos, donde nos sabemos siempre a salvo.
Y ese Espíritu es, entre otras cosas, "perdón".
Porque sabe que todo el mal que hacemos y nos hacemos es fruto únicamente de la
ignorancia. Y sabe además que lo que llamamos "yo" es solo una
ficción. Por tanto, no hay nadie herido, nada que
perdonar ni alguien que deba ser perdonado.
Lo que ocurre es que esto nunca lo podremos ver
mientras nos mantengamos en la mente, identificados con el yo. Esta visión
únicamente es perceptible desde nuestra verdadera identidad; desde la
"mirada" amplia que ha trascendido la miope visión egoica; desde el
Espíritu que somos.
Autor: Autor: Enrique Martínez Lozano
Autor: Autor: Enrique Martínez Lozano
San Fermín
La
leyenda de San Fermín surgió aproximadamente allá por el siglo IX en localidad
francesa de Amiens, capital de Picardía, y desde allí llegó algún siglo más
tarde, hacía el siglo XII, a Pamplona, convirtiéndose en un santo de devoción
para cientos de pamploneses. Recientemente una tesis elaborada por el
historiador Roldan Jimeno, hijo del prestigioso historiador pamplonés Jimeno
Jurío, ha refrendado la conclusión a la que llegaron en 1970 varios
historiadores de la capital navarra y arqueólogos de Amiens, quienes,
realizando trabajos de investigación por separado, concluyeron que la historia
de San Fermín no tenía base histórica alguna. A pesar de ello, Amiens y
Pamplona sigue rindiendo culto a este santo y miles de personas en el mundo han
oído hablar de él a través de las fiestas de San Fermín.
LA
LEYENDA DE AMIENS
Cuenta
la leyenda que Firmus, un senador que vivía en tiempos de los emperadores
Diocleciano y Maximiano, era gobernador general de la región y tenía un hijo llamado
Fermín. Así se recoge en uno de los primeros textos que se conocen acerca de la
leyenda de San Fermín, el del escritor Jacobo de Voragine titulado "La
leyenda dorada" y que data de 1264. Al parecer, Firmus confió la educación
de su hijo al presbítero Honesto, quien envió a Fermín a realizar sus estudios
a Tolosa y pidió al arzobispo de la localidad que le ordenase sacerdote para
que pudiese predicar la fe cristiana. Así lo hizo y Fermín volvió a Pamplona a
evangelizar, consagrado ya como obispo, donde permaneció hasta los 31 años,
tras lo cual se marchó a las Galias.
Primero
estuvo en Agen, luego en la comarca de Beauvais y por último llegó a Amiens,
donde, tras soportar la persecución romana convirtió, según cuenta la leyenda,
en tan sólo cuarenta días a cerca de tres mil personas. Parece ser que a los
gobernadores romanos no les hizo especial gracia y, tras detenerlo y encerrarlo
en la cárcel, lo degollaron secretamente un 25 de septiembre -fecha actual en
la que se celebra su martirio-.
Esta
leyenda recogida en el texto de Jacobo Vorágine fue creada en la Alta Edad
Medía en una localidad francesa llamada Amiens, capital de Picardía, situada a
unos 150 km. de París. Aunque no existe una fecha exacta, los primeros datos
históricos se sitúan en el siglo IX. Por aquel entonces, tal y como nos cuenta
el historiador Roldan Jimeno "a la hora de elegir el santo que
cristianizaría a la ciudad era muy normal escoger un personaje extranjero que
diese cierto toque exótico y relevante a la urbe. En Amiens escogieron a Fermín
porque era vascón y romano a la vez y les resultó bastante atractivo. A partir
de entonces crearon una historia que ha ido variando con el tiempo, a medida
que ha sido transmitida de generación en generación y se han hecho nuevas
aportaciones".
La
leyenda llegó a Pamplona por primera vez hacia el siglo XII, cuando el entonces
arzobispo de Pamplona, Pedro de París, tuvo noticia de ella y trajo consigo una
reliquia que se depositó en el altar de la catedral de Pamplona. Con el tiempo
el culto se fue extendiendo a toda Navarra. Para los habitantes de Pamplona
tener conocimiento de un santo que, además, se suponía que había sido el primer
arzobispo de Pamplona fue un auténtico hallazgo y alteraron parte de la
historia francesa, adelantando la evangelización de la capital navarra al siglo
I, dato que contradecía la fecha de la leyenda de Amiens que la situaba en el
siglo III.
Distintos
cronistas navarros recogieron esta versión y la fueron adornando cada vez más.
Con el paso del tiempo el culto a San Fermín se fue acrecentando en las dos
localidades, pero con particularidades locales. En el siglo XVIII se dieron a
conocer La "Actas sinceras" de Miguel Joseph de Maceda, que mostraban
la versión pamplonesa de la leyenda. Algún tiempo más tarde cuando el texto
llegó a Amiens se suscitó una gran polémica respecto a la fecha, ya que la
tradición pamplonesa decía que San Fermín había vivido en el siglo I y la de
Amiens en el III. Finalmente decidieron fundir ambas tradiciones, que fueron
recogidas en un libro.
SIN
BASE HISTORICA
Ya
en el siglo XX, en la década de los 70, el bibliotecario de la catedral de
Pamplona, José Goñi Gaztanbide, después de investigar sobre el tema llegó a la
conclusión de que la historia de San Fermín era "legendaria e
inverosímil", ya que no disponía de base histórica alguna. Posteriormente
el historiador J.M. Jimeno Jurío realizó un exhaustivo trabajo de investigación
que confirmó tales sospechas. Por aquel entonces se creó cierto debate que no
trascendió más allá del ámbito científico y más tarde otros autores dieron la
razón a estos dos estudiosos. La reciente tesis de Roldan Jimeno ha vuelto a
corroborar dichas afirmaciones. "Uno de los datos clave que ha ayudado a
ver que se trataba, como en otras ocasiones, de una leyenda sin base histórica
ha sido situar la historia en los siglos I (Pamplona) y III (Amiens). En el
caso de Pamplona la Cristianización no llegó hasta el siglo III y en Amiens
tuvo lugar, incluso, algunos siglos más tarde.
Además,
hasta el siglo XII no hay en Pamplona ninguna referencia clara respecto al
santo". Junto a ello, el hecho de que San Fermín no tuviese ninguna
iglesia, ni ermita a su nombre contribuyó a confirmar dicha teoría. "No es
lógico que un arzobispo de una ciudad como Pamplona no registre ninguna iglesia
o ermita a su nombre hasta el siglo XVII. En Pamplona la primera iglesia que
lleva su nombre se construyó en la Milagrosa en la década de los 50 del pasado
siglo y las primeras ermitas son del siglo XVII" dice Roldan.
A
pesar de la crítica hagiográfica puesta en marcha por la Iglesia Católica
durante el Concilio de Trento en el siglo XVI, en la que se pudo comprobar que
la vida de varios santos carecía de fundamento histórico, la iglesia todavía no
se ha pronunciado respecto al santo navarro. "Ha habido varios santos que
han sido declarados apócrifos por la Iglesia Católica como, por ejemplo, San
Cristóbal y el hecho no ha tenido demasiada trascendencia, aunque con otros, al
tratarse de santos locales, como San Fermín, es la propia diócesis quien tiene que
pronunciarse al respecto. Luego también está la respuesta de la gente".
Actualmente
tanto en Pamplona como en Amiens el culto a San Fermín sigue atrayendo a
cientos de personas y las fiestas que se celebran en su honor en la capital
navarra congregan cada año a miles de visitantes de todas parte del mundo, que,
a falta de conocer su historia, han oído hablar alguna vez del patrono de
Navarra.
Fuente: sanfermin.com
domingo, 6 de julio de 2014
Jesús tiene delante de los ojos a tanta gente pobre, enfermos, pecadores y los llama para confortarlos e invitarlos a cargar el peso de los otros con amor fraterno, Francisco en el ángelus
Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
en el Evangelio de este domingo encontramos la invitación de Jesús, dice así: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré" (Mt. 11:28). Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente simple, pobres, enfermos, pecadores, marginados... esta gente siempre le siguió para escuchar su palabra -¡una palabra que daba esperanza! ¡Las palabras de Jesús dan siempre esperanza! y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor (cf. Mt 9:35-36): así dice Él, y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para sanar a muchos de ellos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: "Vengan a mí", y les promete alivio y refrigerio.
Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y, a veces privados de auténticos puntos de referencia. En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas desamparadas y dispersas bajo el peso insoportable del abandono y de la indiferencia. La indiferencia: ¡cuánto daño hace a los necesitados la indiferencia humana! Y aún peor la de los cristianos. En los márgenes de la sociedad hay muchos hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por las insatisfacciones de la vida y las frustraciones. Muchos se ven obligados a emigrar de su patria, arriesgando su propia vida. Muchos más, cada día, soportan el peso de un sistema económico que explota al hombre, le impone un "yugo" insoportable, que los pocos privilegiados no quieren llevar. A cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, Jesús repite: "Vengan a mí, todos ustedes". Pero también lo dice a los que poseen todo. Pero cuyo corazón está vacío. Está vacío. Corazón vacío y sin Dios. También a ellos, Jesús dirige esta invitación: "Vengan a mí". La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.
Jesús promete reconfortar a todos, pero también nos hace una invitación, que es como un mandamiento: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón" (Mt 11,29). El "yugo" del Señor ¿en qué consiste? Consiste en cargar el peso de los otros con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y consuelo de Cristo, estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad de corazón no sólo nos ayuda a soportar el peso de los otros, sino a no pesar sobre ellos con nuestros propios puntos de vista personales, nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.
Invoquemos a la Santísima Virgen María, que acoge bajo su manto a todas las personas desamparadas y dispersas, para que a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, podamos ser alivio para los que necesitan ayuda, ternura y esperanza.
(Traducción ER – RV)
viernes, 4 de julio de 2014
NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO TAMBIÉN DE LA PALABRA DE DIOS
Del Salmo
118:
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO! de San Gregorio Magno
Tomás,
uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de
presentarse Jesús. [...] ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas
cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al
venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección. [...]
Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos
los que sin ver han creído. En esta sentencia el Señor nos designa
especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto
corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen
nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario,
respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Van haciendo
profesión de conocer a Dios, y lo van negando con sus obras. Y Santiago dice:
La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta.
jueves, 3 de julio de 2014
EL SEÑOR PROTEGE A LOS SENCILLOS
Amo al Señor
porque escucha el clamor de mi súplica
Amo al Señor,
porque Él escucha
el clamor de mi súplica,
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco.
Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica
Los lazos de la muerte me envolvieron,
me alcanzaron las redes del Abismo,
caí en la angustia y la tristeza;
entonces invoqué al Señor:
«¡Por favor, sálvame la vida!»
Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica
El Señor es justo y bondadoso,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó.
Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica
Alma mía, recobra la calma,
porque el Señor ha sido bueno contigo.
El libró mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas
y mis pies de la caída.
Amo al Señor porque escucha el clamor de mi súplica
Yo caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.
"¡FELICES LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO!"
Evangelio según San Juan 20,24-29.
Tomás, uno de los
Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron:
"¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca
de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la
mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos
reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando
cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté
con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí
están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas
incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios
mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has
visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
El Papa pide oraciones por la paz en Oriente Medio. Declaraciones del padre Lombardi
La aviación israelí bombardeó esta noche con gran intensidad diversas
posiciones en Gaza, escasas horas después de que fueran hallados los cuerpos
sin vida de los tres estudiantes judíos secuestrados el pasado 12 de junio en
un cruce cercano a la ciudad de Hebrón. Al menos un palestino murió anoche por
disparos del Ejército israelí, mientras se sigue buscando a los responsables de
la muerte de los jóvenes israelíes.
La noticia de la
muerte de tres jóvenes estudiantes ha impresionado profundamente al Papa Francisco,
que aún no hace un mes convocaba, en una cumbre de oración por la paz en el
Vaticano, a los presidentes de Israel y Palestina.
"Una noticia terrible y dramática, un crimen execrable e inaceptable” ha referido el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, informando que el Papa se une al dolor indecible de las familias golpeadas por esta violencia asesina. “Se trata, dijo el padre Lombardi, de un gravísimo obstáculo en el camino hacia la paz por el que debemos seguir trabajando incansablemente y rezar.
"Una noticia terrible y dramática, un crimen execrable e inaceptable” ha referido el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, informando que el Papa se une al dolor indecible de las familias golpeadas por esta violencia asesina. “Se trata, dijo el padre Lombardi, de un gravísimo obstáculo en el camino hacia la paz por el que debemos seguir trabajando incansablemente y rezar.
La violencia llama a otros actos de violencia y
alimenta el ciclo mortal de odio". El Papa - dijo el director de la
Oficina de prensa vaticana-.pide a Dios que inspire a todos pensamientos de
compasión y de paz”.
El suceso ha generado una escalada de violencia y una cadena de amenazas mutuas en las últimas horas que ha elevado la tensión en la zona.
Anoche los cazabombarderos israelíes atacaron una veintena de objetivos militares del grupo radical palestino "Yihad Islámica" y del movimiento islamista Hamas, al que Israel acusa del asesinato y secuestro de los tres jóvenes.
El suceso ha generado una escalada de violencia y una cadena de amenazas mutuas en las últimas horas que ha elevado la tensión en la zona.
Anoche los cazabombarderos israelíes atacaron una veintena de objetivos militares del grupo radical palestino "Yihad Islámica" y del movimiento islamista Hamas, al que Israel acusa del asesinato y secuestro de los tres jóvenes.
Entre
los lugares alcanzados, los testigos citaron presuntos arsenales del brazo
armado de Hamas y terrenos desde donde se lanzan cohetes contra Israel.
Nada más conocerse la tragedia, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reunió a su gabinete de seguridad para decidir la respuesta y advirtió a Hamas que pagaría por lo sucedido. El movimiento islamista advirtió a Netanyahu de que si emprende una guerra en Gaza "abrirá
las puertas del infierno".
ER - RV
Nada más conocerse la tragedia, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reunió a su gabinete de seguridad para decidir la respuesta y advirtió a Hamas que pagaría por lo sucedido. El movimiento islamista advirtió a Netanyahu de que si emprende una guerra en Gaza "abrirá
las puertas del infierno".
ER - RV
miércoles, 2 de julio de 2014
SAN PEDRO Y SAN PABLO. DE SAN AGUSTÍN
El día
de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los
santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires
desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe
su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que
habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta
morir por ella. [...]
El
Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los
que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó
la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él
solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar
estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves
las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. [...]
En
este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a
Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los
discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que
Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la
unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es
porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te entristezcas, apóstol;
responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu
profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres
veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el
amor lo que habías ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera,
por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles.
Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días
diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de
hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su
fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.
martes, 1 de julio de 2014
El Papa: hoy en día hay más mártires cristianos que en los primeros siglos
Hay más cristianos perseguidos hoy que en los
primeros siglos: es lo que dijo Papa Francisco en Santa Marta, quien presidió
la misa en el día en que recordamos a los santos Protomártires de la Iglesia
Romana, cruelmente asesinados a los pies de la colina del Vaticano por orden de
Nerón después del incendio de Roma en el año 64:
La oración al inicio de la Misa recuerda que el Señor ha “fecundado con la sangre de los mártires los primeros brotes de la Iglesia de Roma”. “Se habla del crecimiento de una planta”, afirmó el Papa en la homilía, y esto hace pensar en lo que decía Jesús: “El reino de los cielos es como un hombre que ha arrojado la semilla a la tierra, luego va a su casa y – duerma o esté despierto - la semilla crece, brota, sin que él sepa cómo lo ha hecho”. Esta semilla es la Palabra de Dios que crece y se convierte en el Reino de Dios, se convierte en Iglesia gracias a “la fuerza del Espíritu Santo” y al “testimonio cristiano”.
La oración al inicio de la Misa recuerda que el Señor ha “fecundado con la sangre de los mártires los primeros brotes de la Iglesia de Roma”. “Se habla del crecimiento de una planta”, afirmó el Papa en la homilía, y esto hace pensar en lo que decía Jesús: “El reino de los cielos es como un hombre que ha arrojado la semilla a la tierra, luego va a su casa y – duerma o esté despierto - la semilla crece, brota, sin que él sepa cómo lo ha hecho”. Esta semilla es la Palabra de Dios que crece y se convierte en el Reino de Dios, se convierte en Iglesia gracias a “la fuerza del Espíritu Santo” y al “testimonio cristiano”.
“Sabemos que no hay
crecimiento sin el Espíritu: es Él quien hace la Iglesia, es él el que hace
crecer a la Iglesia, es él el que convoca la comunidad de la Iglesia. Pero
también requiere el testimonio de los cristianos. Y cuando el testimonio llega
al final, cuando las circunstancias históricas nos piden un testimonio fuerte,
allí están los mártires, los más grandes testigos. Y aquella Iglesia es regada
por la sangre de los mártires. Y esta es la belleza de martirio. Comienza con
el testimonio, día tras día, y puede terminar como Jesús, el primer mártir, el
primer testigo, el testigo fiel: con la sangre”.
Pero hay una condición para que el testimonio
sea verdadero, agregó el Papa – “debe ser sin condiciones”
“Hemos escuchado el
Evangelio, el que dice al Señor que lo sigue pero con una condición: ir a
despedirse o a enterrar a su padre... el Señor lo detiene: “¡No!”. El
testimonio es sin condiciones. Debe ser permanente, debe ser decidido, debe ser
con aquel lenguaje que Jesús nos dice, que es tan fuerte: “Que tu sí sea sí,
que tu no, no”. Este es el lenguaje del testimonio”.
“Hoy - dijo el Papa - miramos esta Iglesia de
Roma que crece, regada por la sangre de los mártires. Pero también es justo -
continuó - que pensemos en tantos mártires de hoy, tantos mártires que dan su
vida por la fe”. Es cierto que han sido muchos los cristianos perseguidos en la
época de Nerón, pero “hoy - señaló - no son menos”:
“Hoy en día hay tantos mártires en la Iglesia,
muchos cristianos son perseguidos. Pensemos en el Medio Oriente, los cristianos
que deben huir de las persecuciones, los cristianos asesinados por sus
perseguidores. También los cristianos expulsados de manera elegante, con
guantes blancos: esta también es una persecución. Hoy en día hay más testigos
más mártires en la Iglesia que en los primeros siglos. Y en esta misa,
recordando a nuestros gloriosos antepasados, aquí en Roma, también pensamos
en nuestros hermanos y hermanas que viven perseguidos, que sufren y que con su
sangre hacen crecer la semilla de tantas pequeñas iglesias que nacen. Oramos
por ellos y también por nosotros”.
(GM – RV)
(GM – RV)
lunes, 30 de junio de 2014
Abramos el corazón para que Jesús lo transforme como hizo con San Pedro y San Pablo, el Papa en el Ángelus
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!:
Desde la antigüedad, la Iglesia de Roma celebra a los apóstoles Pedro y Pablo en una única fiesta en el mismo día, 29 de junio. La fe en Jesucristo los hizo hermanos y el martirio los convirtió en una sola cosa. San Pedro y San Pablo, tan diferentes uno del otro a nivel humano, fueron elegidos personalmente por el Señor Jesús y respondieron a su llamada, ofreciendo toda su vida. En ambos la gracia de Cristo hizo grandes cosas, los transformó: ¡y cómo los transformó! Simón había negado a Jesús en el momento dramático de la pasión; Saulo había perseguido a los cristianos con dureza. Pero ambos recibieron el amor de Dios y se dejaron transformar por su misericordia; así se convirtieron en amigos y apóstoles de Cristo. Por eso ellos continúan hablando a la Iglesia y aún hoy, nos muestran el camino de la salvación. También nosotros, si por caso cayéramos en los pecados más graves y en la noche más oscura, Dios siempre es capaz de transformarnos, así como transformó a Pedro y Pablo; transformarnos el corazón y perdonarnos todo, transformando así nuestra oscuridad del pecado, en un alba de luz. Dios es así: nos transforma, nos perdona siempre, como lo hizo con Pedro y como lo hizo con Pablo.
El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra muchos aspectos de su testimonio. Pedro, por ejemplo, nos enseña a mirar a los pobres con los ojos de la fe y a donarles lo más precioso que tenemos: el poder del nombre de Jesús. Esto hizo con aquel paralítico, le dio todo lo que él tenía: Jesús.
De Pablo, se cuenta tres veces el episodio de la llamada en el camino de Damasco, que señala el punto de inflexión en su vida, marcando claramente un antes y un después. Antes, Pablo era un enemigo acérrimo de la Iglesia. Después, pone toda su existencia al servicio del Evangelio. También para nosotros, el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestras vidas. No es posible oír esta Palabra y permanecer en el propio lugar, quedarse bloqueados en las propias costumbres. Ella nos empuja a vencer el egoísmo que tenemos en el corazón para seguir con decisión aquel Maestro que ha dado la vida por sus amigos. Pero es Él que con su palabra nos cambia; es Él el que nos transforma; es Él el que nos perdona todo, si nosotros abrimos el corazón y pedimos el perdón.
Queridos hermanos y hermanas, que esta fiesta inspire en nosotros una gran alegría, porque nos pone de frente a la obra de la misericordia de Dios en los corazones de dos hombres. Es la obra de la misericordia de Dios en estos dos hombres, que eran grandes pecadores. Y Dios quiere llenar con su gracia también a nosotros, como lo hizo con Pedro y Pablo. Que la Virgen María nos ayude a acogerla como ellos, con el corazón abierto, ¡a no recibirla en vano! Y nos sostenga en los momentos de prueba, para dar testimonio de Jesucristo y de su Evangelio. Hoy le pedimos en particular por los arzobispos metropolitanos nombrados el último año, que esta mañana han celebrado conmigo la Eucaristía en San Pedro. Los saludamos con afecto junto con sus fieles y familiares, y rezamos por ellos.
La solemnidad de san Pedro y san Pablo. Cristo eligió de entre los doce a Pedro y lo puso al frente
La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha
amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para
misiones muy importantes. En la primera lectura, tomada de los hechos de los
apóstoles, Pedro recibe la visita en la cárcel de una ángel enviado por Dios
que lo invita a ponerse en pie y seguirlo. Pedro deberá reemprender su misión
al frente de la Iglesia naciente(1L). Pablo, en la carta a Timoteo hace un
recuerdo emocionado de su entrega a Cristo: “he combatido el buen combate”.
Sabe que Dios lo escogió desde el seno de su madre para revelarle a Cristo y
para llamarlo a anunciarlo a todos los pueblos. Ahora al final de su carrera,
reconoce con gratitud que Cristo lo ayudó y le dio fuerzas (2L). En Pedro y en
Pablo aquello que más resalta es su íntima amistad con el maestro. Ambos
tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús. Esa experiencia los
acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión.
Tiene, pues, razón Pedro al concluir con emoción : “Señor, Tú sabes todo, Tú
sabes que yo te amo” (EV).
Mensaje doctrinal
1.Pedro y Pablo fieles a su
misión. La solemnidad de san Pedro y san Pablo es una de las más antiguas del
año litúrgico. Ella aparece en el santoral incluso antes que la fiesta de
navidad. En el siglo IV ya existía la costumbre de celebrar tres misas una en
la basílica vaticana, otra en san Pablo extra muros y otra en las catacumbas de
san Sebastián, donde se escondieron las reliquias de los apóstoles durante
algún tiempo. En un principio se consideró que el 29 de junio fuese el día en
el que, en el año 67, Pedro sufrió el martirio en la colina vaticana y Paolo en
la localidad denominada “Tre fontane”. En realidad, si bien el hecho del
martirio es una dato histórico incuestionable que tuvo lugar en Roma en la
época de Nerón, no es tan seguro, en cambio, el día y el año de la muerte de
los dos apóstoles, pero parece que se sitúa entre el 67 y el 64.
Esta solemnidad festeja a las dos columnas de la Iglesia. Por una parte, Pedro
es el hombre elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia: “Tú eres
Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt 16,16). Pedro, hombre
frágil y apasionado, acepta humildemente su misión y arrostra cárceles y
maltratamientos por el nombre de Jesús.(cf. Hch 5,41). Predica con “parresía”,
con valor, lleno del Espíritu Santo (cf. Hch 4,8). Pedro es el amigo entrañable
de Cristo, el hombre elegido que se arrepiente de haber negado a su maestro, el
hombre impetuoso y generoso que reconoce al Dios hecho hombre, al Mesías
prometido: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”(cf. Mt 16,16). Los Hechos
de los apóstoles narran en esta solemnidad la liberación de Pedro de las
cárceles herodianas. “Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a su
apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no fácil, que implicaba un
itinerario complejo y arduo. Misión que se concluirá con el martirio “cuando
seas viejo otro te ceñirá y te llevará donde no quieres” (cf. Jn 21,18)
precisamente aquí, en Roma, donde aún hoy la tumba de Pedro es meta de
incesantes peregrinaciones de todas las partes del mundo
“Pablo, por su parte, fue conquistado por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio. También a Pablo se le reservaba como meta lejana Roma, capital del Imperio, donde, juntamente con Pedro, predicaría a Cristo, único Señor y Salvador del mundo. Por la fe, también él derramaría un día su sangre precisamente aquí, uniendo para siempre su nombre al de Pedro en la historia de la Roma cristiana” (Juan Pablo II, 29 de junio de 2002). Pablo es el apóstol fogoso e incansable que recorre el mundo conocido en la época para anunciar la buena nueva de la salvación en Cristo Jesús. Sabe que se le ha dado una misión, una responsabilidad, una tarea que no puede declinar. “Ay de mí si no evangelizare” (1 Co 9,16).
2. El colegio episcopal y su cabeza, el Papa. “Cristo,
al instituir a los Doce, "formó una especie de Colegio o grupo estable y
eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él". "Así como,
por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único
colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano
Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles".
El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la
piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó pastor de
todo el rebaño. "Está claro que también el Colegio de los apóstoles, unido
a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro". Este
oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de
la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
El Papa, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles". "El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad". (Catecismo de la Iglesia Católica 881-882).
El Papa, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles". "El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad". (Catecismo de la Iglesia Católica 881-882).
Testimoniar a Cristo. El misterioso itinerario de fe y
de amor, que condujo a Pedro y a Pablo de su tierra natal a Jerusalén, luego a
otras partes del mundo, y por último a Roma, constituye en cierto sentido un
modelo del recorrido que todo cristiano está llamado a realizar para
testimoniar a Cristo en el mundo. Él también es llamado, como Pedro y Pablo,
para dar testimonio de Cristo por medio de su vida, de su palabra, de sus
obras. Ser cristiano es, por esencia, ser testigo de la resurrección de Cristo,
testimoniar que en Cristo el Padre nos ha reconciliado consigo y nos ha espera
en la vida eterna.
"Yo consulté al Señor, y me respondió, me liberó de todas mis ansias" (Sal 33, 5). ¿Cómo no ver en la experiencia de ambos santos, que hoy conmemoramos, la realización de estas palabras del salmista? La Iglesia es puesta a prueba continuamente. El mensaje que le llega siempre de los apóstoles san Pedro y san Pablo es claro y elocuente: por la gracia de Dios, en toda circunstancia, el hombre puede convertirse en signo del poder victorioso de Dios. Por eso no debe temer. Quien confía en Dios, libre de todo miedo, experimenta la presencia consoladora del Espíritu también, y especialmente, en los momentos de la prueba y del dolor (Juan Pablo II, 20 de junio de 2002).
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"Yo consulté al Señor, y me respondió, me liberó de todas mis ansias" (Sal 33, 5). ¿Cómo no ver en la experiencia de ambos santos, que hoy conmemoramos, la realización de estas palabras del salmista? La Iglesia es puesta a prueba continuamente. El mensaje que le llega siempre de los apóstoles san Pedro y san Pablo es claro y elocuente: por la gracia de Dios, en toda circunstancia, el hombre puede convertirse en signo del poder victorioso de Dios. Por eso no debe temer. Quien confía en Dios, libre de todo miedo, experimenta la presencia consoladora del Espíritu también, y especialmente, en los momentos de la prueba y del dolor (Juan Pablo II, 20 de junio de 2002).
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