sábado, 22 de marzo de 2014

La enfermedad y la muerte no son tabú. Son realidades que debemos afrontar en presencia de Jesús.


Nuestra meta es Dios

En el libro primero de las Confesiones de San Agustín, encontramos la famosísima exclamación: “[Señor Dios], nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”.
Nuestro inicio radica en Dios y nuestra meta definitiva es Él.
Nuestra existencia es un proyecto que se inicia gracias a Dios y en Dios y que un día terminará en Él.
Entender esto significa dar un sentido profundo a nuestro ser y actuar.
Sin Dios, somos como seres perdidos en el universo, que desconocen su inicio, ignoran su camino y carecen de meta.
Sin Dios, el ser humano no es nada y anda errante por la vida sin rumbo ni destino y privado de auténtica felicidad.
Dios es el principio y el fin de nuestro existir. Y nuestra vida no es más que el trecho entre estos dos puntos básicos que debemos aprovechar al máximo para alabarle, darle gracias y servirle en los hermanos más necesitados. 


Dios, el consuelo de los que han perdido un ser querido


San Agustín, refiriéndose a él mismo, que ha perdido a un amigo íntimo con una muerte inesperada, exclama: “El único que no pierde a sus seres queridos es el que los quiere y los tiene en Aquel que no se pierde. ¿Y quién es este sino tú, nuestro Dios, el que hizo el cielo y la tierra y los llena, pues llenándolos los hizo?”

En Dios descansan los difuntos y Él es el consuelo de aquéllos que lloran su muerte.

Los que hemos perdido a un ser querido, ponemos nuestra esperanza en el Dios de la vida, en el Dios que no se pierde, que permanece firme en su designio de amor.  
Dios es el principio y el fin de nuestra existencia. En Él radica el sentido de nuestro vivir y de nuestro morir.


jueves, 20 de marzo de 2014

Tú ¿en quién confías? El Papa el jueves en Santa Marta

El hombre que confía en sí mismo, en propias riquezas o en las ideologías está destinado a la infelicidad. Quien confía en el Señor, en cambio, da frutos también en el tiempo de la sequía: lo dijo el Papa Francisco la mañana del jueves, durante la Misa en la Casa de Santa Marta.
 

“¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!”, “el hombre que confía en sí mismo”: será como “un matorral en la estepa”, condenado por la aridez a quedarse sin frutos y a morir. 

El Papa partió de la primera lectura del día que define, en cambio, “¡Bendito el hombre que confía en el Señor!” “Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto”.

“Solamente en el Señor – afirmó Papa – nuestra confianza está segura. Otras confianzas no sirven, no nos salvan, no nos dan vida, no nos dan alegría”. Y también si lo sabemos, “nos gusta confiar en nosotros mismos, confiar en aquel amigo o confiar en aquella situación buena que tengo o en aquella ideología" y "el Señor se queda un poco de lado”. El hombre, de esta manera, se cierra en sí mismo, “sin horizontes, sin puertas abiertas, sin ventanas” y “no tendrá salvación, no puede salvarse a si mismo”

Y es lo que sucede al rico del Evangelio – explicó el Santo Padre – “tenía todo: vestía la púrpura, comía todos los días, espléndidos banquetes”. "Era tan feliz", pero "no se daba cuenta que en la puerta de su casa, cubierto de llegas”, yacía un pobre. El Pontífice subrayó que el Evangelio dice el nombre del pobre: se llamaba Lázaro. Mientras que el rico “no tiene nombre”:

“Y ésta es la maldición más fuerte de aquel que confía en sí mismo o en las fuerzas, en las posibilidades de los hombres y no en Dios: perder el nombre. ¿Cómo te llamas? Cuenta número tal, en el banco tal. ¿Cómo te llamas? Tantas propiedades, tantas casas, tantas... ¿Cómo te llamas? Las cosas que tenemos, los ídolos. Y tú confías en aquello. Este hombre es maldito”.
 

Todos nosotros tenemos esta debilidad, esta fragilidad – afirmó el Obispo de Roma - de poner nuestras esperanzas en nosotros mismos o en los amigos o sólo en las posibilidades humanas y nos olvidamos del Señor. Y esto nos conduce por el camino… de la infelicidad”:
 

“Hoy, en este día de Cuaresma, nos hará bien preguntarnos: ¿dónde está mi confianza? ¿En el Señor o soy un pagano, que confío en las cosas, en los ídolos que me he construido? ¿Tengo todavía un nombre o he comenzado a perder el nombre y me llamo ‘Yo’? Yo, mí, conmigo, para mí, ¿sólo yo? Para mí, para mí… siempre aquel egoísmo: ‘Yo’. Esto no nos trae salvación”.
Pero “al final – observó Francisco - hay una puerta de esperanza” para aquellos que confían en sí mismos y “han perdido el nombre”:

“Al final, al final, al final hay siempre una posibilidad. Y este hombre, cuando se dio cuenta que había perdido el nombre, había perdido todo, todo, levantó los ojos y dijo una sola palabra: ‘Padre’. Y la respuesta de Dios fue una sola palabra: ‘¡Hijo!’. Si alguno de nosotros en la vida, por solo confiarnos en el hombre y en nosotros mismos, terminamos por perder el nombre, por perder esta dignidad, ahora existe la posibilidad de decir esta palabra que es más que mágica, es más, es fuerte: ‘Padre’. Él nos espera siempre para abrir una puerta que nosotros no vemos y nos dirá: ‘Hijo’. Pidamos al Señor la gracia que nos dé a todos la sabiduría de tener confianza sólo en Él, no en las cosas, en las fuerzas humanas, sólo en Él”.
(RC-RV)

miércoles, 19 de marzo de 2014

José, con María, colaboradores en la obra de Dios realizada en Jesús. El Papa en la audiencia general

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
Hoy, 19 de marzo, se celebra la fiesta de San José, Esposo de María y Patrono de la Iglesia Universal. Así que dedicamos esta catequesis a él, que merece toda nuestra gratitud y devoción por como fue capaz de custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús. 

Ser custodio es el sello distintivo de José, es su gran misión, ser custodio.
Hoy me gustaría retomar el tema de la custodia de acuerdo con una perspectiva particular: la perspectiva de la educación. Echemos un vistazo a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento "en sabiduría, edad y gracia", como dice el Evangelio. 

Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él le hacía de papá a Jesús, le hacía de padre para hacerlo crecer. Y ¿cómo lo ha hecho crecer? En sabiduría, edad y gracia. 


Empecemos por la edad, que es la dimensión más natural, el crecimiento físico y psicológico. José, junto con María, se encargaron de Jesús, sobre todo, desde este punto de vista, es decir, lo "criaron", preocupándose de que no le faltara nada de necesario para un desarrollo saludable. No hay que olvidar que el cuidado atento y fiel de la vida del niño también dio lugar a la huida a Egipto, la dura experiencia de vivir como refugiados -José ha sido un refugiado con María y Jesús- para escapar de la amenaza de Herodes. 

Luego, una vez de vuelta a casa y establecidos en Nazaret, hay todo el largo período de la vida de Jesús en su familia+. En aquellos años, José enseñó también a Jesús su trabajo, y Jesús ha aprendido a hacer el trabajo carpintero con su padre José. Así José ha criado a Jesús.
 

Pasemos a la segunda dimensión de la educación que es la de la "sabiduría. José fue para Jesús ejemplo y maestro de esta sabiduría, que se nutre de la Palabra de Dios. Podemos pensar en cómo José educó al pequeño Jesús a escuchar las Sagradas Escrituras, en especial acompañándole el sábado a la sinagoga de Nazaret. Y José lo acompañaba para que Jesús escuchara la palabra de Dios en la sinagoga.
 

Y, por último, la dimensión de la "gracia". Dice siempre San Lucas refiriéndose a Jesús: "La gracia de Dios estaba sobre él" (2,40). Aquí, sin duda, la parte reservada a San José es más limitada respecto a los temas de la edad y de la sabiduría. Pero sería un grave error pensar que un padre y una madre no pueden hacer nada para educar a sus hijos a crecer en la gracia de Dios. Crecer en edad, crecer en sabiduría, crecer en gracia. Este es el trabajo que ha hecho José con Jesús: hacerlo crecer, en estas tres dimensiones, ayudarlo a crecer.
 

Queridos hermanos y hermanas, la misión de San José es sin duda única e irrepetible, porque Jesús es absolutamente único. Y sin embargo, en su custodia a Jesús, educándolo a crecer en edad, sabiduría y gracia, él fue un modelo para todos los educadores, especialmente para cada padre. San José es el modelo del educador y del papá, del padre. Así que encomiendo a su protección a todos los padres, los sacerdotes -que son padres, ¡eh!- y los que tienen un papel educativo en la Iglesia y en la sociedad.
 

En modo particular quisiera saludar hoy, en el día del papá, a todos los padres, a todos los papás: ¡los saludo de corazón!Veamos: ¿hay algunos papás en la plaza? Levanten la mano los papás, pero ¡cuántos papás! ¡Felicidades, felicidades en su día!
Pido para ustedes la gracia de estar siempre muy cerca de sus hijos, dejándolos crecer, pero de estar muy cercanos, ¿eh? Ellos tienen necesidad de ustedes, de su presencia, de su cercanía, de su amor. Sean para ellos como San José: custodios de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia. Custodios de su camino, educadores. Y caminen con ellos. Y con esta cercanía serán verdaderos educadores. Gracias por todo lo que hacen por su hijos, ¡gracias! Y a ustedes tantas felicidades y buena fiesta del papá, a todos los papás que están aquí, a todos los papás.Que San José los bendiga y los acompañe.
También algunos de nosotros hemos perdido al papá, se ha ido, el Señor lo ha llamado; tantos que están en la plaza no tienen a su papá. Podemos rezar por todos los papás del mundo, para los papás vivos y también por aquellos difuntos y por los nuestros, y podemos hacerlo juntos, cada uno recordando a su papá, si está vivo o está muerto. Y recemos al grande Papá de todos nosotros, el Padre, un Padre nuestro por nuestros papás: Padre nuestro…
¡Y tantas felicidades a los papás!
(Traducción Cecilia Mutual y Eduardo Rubió - RV)

martes, 18 de marzo de 2014

La Cuaresma sirve para cambiar la vida, no a los hipócritas “disfrazados” de santos, dijo el Papa en su homilía de la misa en Santa Marta

La Cuaresma es un tiempo para “ajustar la vida”, “para acercarse al Señor”. Lo subrayó el Papa Francisco esta mañana en su homilía de la Misa celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre hizo una advertencia a no sentirse “mejor que los demás”. Y dijo que los hipócritas, “se disfrazan de buenos” y no comprenden que “nadie es justo por sí mismo”, puesto que todos “tenemos necesidad de ser justificados”.

Con la palabra conversión el Papa Francisco comenzó su homilía, subrayando que se trata de la palabra clave de la Cuaresma, tiempo propicio “para acercarse” a Jesús. 

Y comentando la primera Lectura, tomada del Libro de Isaías, observó que el Señor llama a la conversión a dos “ciudades pecadoras” como Sodoma y Gomorra. Lo que evidencia que todos “tenemos necesidad de cambiar nuestra vida”, mirar “bien en nuestra alma” donde siempre encontraremos algo. La Cuaresma, añadió, es precisamente esto, “ajustar la vida”, acercándonos al Señor. Porque Él, dijo el Papa, “nos quiere cerca” y nos asegura que “nos espera para perdonarnos”. 

Sin embargo, añadió, el Señor quiere “un acercamiento sincero” y nos pone en guardia para no ser hipócritas:
“¿Qué hacen los hipócritas? Se disfrazan, se disfrazan de buenos: ponen cara de imagencita, rezan mirando hacia el cielo, haciéndose ver, se sienten más justos que los demás, desprecian a los demás. ‘Pero – dicen – yo soy muy católico, porque mi tío es un gran benefactor, mi familia es ésta, y yo soy... he aprendido... conocido a tal obispo, a tal cardenal, a tal padre... Yo soy...’. Se sienten mejores que los demás. Ésta es la hipocresía. El Señor dice: ‘No, eso no’. Ninguno es justo por sí mismo. Todos tenemos necesidad de ser justificados. Y el único que nos justifica es Jesucristo”.

Por esta razón, añadió el Papa, debemos acercarnos al Señor: “Para no ser cristianos disfrazados, que cuando pasa esta apariencia, se ve la realidad, es decir que no son cristianos”. Ante la pregunta de cómo hacer para no ser hipócritas y acercarnos al Señor, Francisco dijo que la respuesta nos la da el mismo Señor en la primera Lectura cuando dice: “Lávense, purifíquense, alejen de mis ojos el mal de sus acciones, dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien”. Ésta es la invitación. Y al preguntar cuál es el signo que indica que vamos por el buen camino, el Papa dijo:

“‘Socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan la causa de la viuda’. Ocúpense del prójimo: del enfermo, del pobre, del que tiene necesidad, del ignorante. Ésta es la piedra de parangón. Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que están ciegos para mirar a los demás. Cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Señor le hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Éste es el signo, éste es el signo de la conversión”.

El Papa observó que ciertamente “no es toda la conversión”, eso es, en efecto, “el encuentro con Jesucristo”, pero “el signo de que nosotros estamos con Jesucristo es éste: atender a los hermanos, a los pobres, a los enfermos, como el Señor nos enseña” y como leemos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo:

“La Cuaresma es para ajustar la vida, organizar la vida, cambiar la vida, para acercarnos al Señor. El signo de que estamos lejos del Señor es la hipocresía. El hipócrita no tiene necesidad del Señor, se salva por sí mismo, así piensa, y se viste de santo. El signo de que nosotros nos acercamos al Señor con la penitencia, pidiendo perdón, es que nosotros cuidamos a nuestros hermanos necesitados. Que el Señor nos de a todos luz y coraje: luz para conocer lo que sucede dentro de nosotros y coraje para convertirnos, para acercarnos al Señor. ¡Es hermoso estar cerca del Señor”!
(María Fernanda Bernasconi – RV).


¿Quién soy yo para juzgar? El Papa el lunes en Santa Marta

Perdonar para encontrar misericordia: es el camino que trae la paz a nuestros corazones y al mundo: es en síntesis lo que dijo el Papa Francisco en la homilía de la mañana del lunes durante la Misa presidida en la Casa de Santa Marta.
 

“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”: el Papa comentó la exhortación de Jesús, afirmando de inmediato que “no es fácil entender esta actitud de la misericordia” porque estamos acostumbrados a juzgar: “no somos personas que dan naturalmente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia”. 

“Para ser misericordiosos – observó – se necesitan dos actitudes. La primera es el conocimiento de sí mismo”: saber que “tenemos tantas cosas no buenas: ¡somos pecadores!”. Y ante el arrepentimiento, “la justicia de Dios … se transforma en misericordia y perdón”. Pero es necesario avergonzarse de los pecados:
 

“Es cierto, ninguno de nosotros ha asesinado a alguien, pero hay tantas cosas pequeñas, tantos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: ‘Pero qué cosa, pero que corazón chiquito: ¡he hecho esto contra el Señor!’. ¡Eso es avergonzarse! 
Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón’. Es sencillo, pero es tan difícil decir: ‘He pecado’”.
 

A menudo – observó el Santo Padre – justificamos nuestro pecado descargando la culpa sobre los demás, como hicieron Adán y Eva. “Quizás – prosiguió– el otro me ayudó, me facilitó el camino para hacerlo, ¡pero lo hice yo! Si nosotros hacemos esto, cuántas cosas buenas habrán, ¡porque somos humildes!”. Y “con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos sobre nosotros la misericordia de Dios”, como decimos en el Padre Nuestro: 

“Perdona, como nosotros perdonamos”. Así, “si yo no perdono, ¡estoy un poco fuera de juego!”.
La otra actitud para ser misericordiosos – afirmó el Pontífice – “es agrandar el corazón”, porque “un corazón pequeño” y “egoísta es incapaz de misericordia”:
“¡Agrandar el corazón! ‘Pero yo soy un pecador’. ‘Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. 

¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo?’. Esta frase: ¿‘Quién soy yo para juzgar a éste? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo para? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?’. ¡El corazón grande! Y el Señor lo dice: ‘¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. 
¡Esta generosidad del corazón! Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más”.
El corazón grande – dijo el Papa – “no condena, sino perdona, olvida” porque “Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Agrandar el corazón. ¡Esto es bello! - exclamó Francisco- sean misericordiosos”:
“El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: perdonan siempre a los demás y sólo piensan en sus pecados. ‘¿Has visto qué cosa ha hecho éste?’. ‘¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!’. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”. (RC - RV)


lunes, 17 de marzo de 2014

ORAR CON EL SALMO DE HOY: COMPADÉCETE PRONTO DE NOSOTROS, SEÑOR


Del Salmo 79: 

No recuerdes para nuestro mal 
las culpas de otros tiempos; 
compadécete pronto de nosotros, 
porque estamos totalmente abatidos. 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro, 
por el honor de tu Nombre; 
líbranos y perdona nuestros pecados, 
a causa de tu Nombre. 

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos, 
preserva con tu brazo poderoso 
a los que están condenados a muerte. 

Y nosotros, que somos tu pueblo 
y las ovejas de tu rebaño, 
te daremos gracias para siempre, 
y cantaremos tus alabanzas 
por todas las generaciones.

Oración para rezar en tiempos de sequedad espiritual

Cuando no ves ni sientes a Dios... dirígete a Él


Abbá: te has escondido en la oscuridad que yace tras tu luz. La sonrisa de tu Hijo se desvanece de mi memoria y el viento de tu Espíritu es ahora una leve brisa que apenas siento. Todo lo que me queda es materia y forma, íconos y palabra. Mi alma se siente como el invierno que veo más allá de mi ventana. Mi corazón se encuentra en ese invierno.

Abbá, todavía creo en ti. Todavía combato contigo aunque sé que perderé; combatiré para entrar en tu reinado según tu Hijo me dijo. Envía tu Espíritu y derrite el invierno de mi alma hacia una nueva primavera.

Te lo pido, Abbá, en el dulce nombre de tu Hijo Jesús. Amén.

De Aleteia

domingo, 16 de marzo de 2014

Haz la diferencia en esta Cuaresma


Todo hombre, aunque sea muy religioso, siente que su actuar y su vida no siempre están en paz y reconciliación con Dios; se da cuenta de que a veces no está religado a Dios, sino que ha roto su relación con Él. Dejarse reconciliar es volver a aceptar nuestra condición "religiosa" y establecer con Dios las relaciones auténticas: no de enemistad o de odio, sino de amor y de amistad; no de separación o apartamiento, sino de cercanía e intimidad. 

Las prácticas religiosas son necesarias, pero si no surgen del corazón, del recinto interior del hombre, fácilmente son manipulables al servicio de nuestros objetivos egoístas. Jesucristo quiere ofrecer al hombre un recto uso de estos actos. 

Continuamos con las últimas 8 reflexiones para que hagas de esta Cuaresma, un momento diferente en tu vida..

1. Siéntete a gusto en tu Iglesia, pide por ella, por el Papa, los obispos, los sacerdotes. En medio del desierto que estamos viviendo, también el maligno nos invita a dudar, a abandonar alejándonos de ellos. Ni sus representantes son tan buenos como quisieran ni, por supuesto, tan mediocres como algunos nos los pintan.

2. Haz oración, no pienses que es difícil, es cuestión de decidirse. Si fueras a un médico, te diría que el funcionamiento del corazón es muy difícil de explicar, pero el paciente, sin saber tanto, siente que en su interior se mueve con dos movimientos. La oración es el palpitar de Dios con el hombre y del hombre con Dios.

3. Bríndate generosamente, haz algo, aunque sea pequeño, en favor de alguna causa; pero sobre todo, cuando lo realices, ofréceselo a Dios; no te conviertas en un simple miembro de una "ONG". Como cristiano, la fuente de tú hacer el bien está en Dios y no en el altruismo que no rompe las barreras horizontales.

4. Busca la paz, trabaja por ella en lugares tan cercanos como el trabajo, la escuela o la familia. ¿De qué nos sirve añorar la paz en el mundo, si luego somos incapaces de conseguirla en nuestros pequeños campos de batalla?

5. Si hace tiempo que no frecuentas el Sacramento de la Confesión, haz un esfuerzo; nuestra vida necesita un contraste, un consejo, una palabra oportuna. Alguien que, en nombre de Jesús, vaya al fondo de nosotros, nos cure y nos perdone. A veces, hasta una copa limpia necesita de una mano que la deje resplandeciente.

6. Guarda vigilia y ayuna, nunca como hoy están tan de moda diversas recetas para adelgazar: no comer y hacer mucho ejercicio; pero la Cuaresma nos dice que para hacer fuerte el espíritu, es necesario -en el nombre de Jesús- estos signos (guarda, vigila y ayuna) que denotan algo muy importante: LO HACEMOS PORQUE JESÚS LO VIVIÓ PRIMERO Y FORTALECIÓ PARA TOMAR DECISIONES TRASCENDENTES. Lo contrario, en el fondo, es debilidad de fe.

7. No te avergüences de ser católico y cristiano. ¿Por qué todo el mundo dice lo que quiere y nosotros hemos de ser tan prudentemente peligrosos con nuestro silencio?, ¿por qué tan tolerantes con otras religiones y tan poco respetuosos con la nuestra?, las raíces de nuestra tierra, recuérdalo, revívelo y manifiéstalo, son cristianas. ¡De ti depende!

8. Si vives bien y, además, arropado por el dinero, piensa que es una bendición de Dios. Comparte, algo por lo menos, con los necesitados. Una organización católica, tu parroquia, etc., serán el mejor cauce y el más seguro camino, para -no solamente hacer limosna- sino además promover la justicia y el amor.

Estos días que vivirás de Cuaresma es la invitación a alejarte del ruido de la vida diaria para sumergirte en la presencia de Dios: Él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal. (cf Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

Lee todo esto, piénsalo, medítalo y, con Cristo, sube ligero de equipaje y con una vida llena de fe hacia la Pascua. 

P. Dennis Doren

‘Subir' a la montaña para encontrar a Dios y ‘bajar' con su ternura hacia los más necesitados, pide el Papa

Recordando que «los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras», en la cita mariana dominical, el Papa Francisco destacó dos elementos del Evangelio de este segundo Domingo de Cuaresma: «subida» y «bajada». Reflexionando sobre la Transfiguración y el lugar donde se produce este evento, puso de relieve que «la montaña representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor».
«¡Pero no podemos quedarnos ahí!», enfatizó el Obispo de Roma, haciendo hincapié en que el encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Y habiendo sido consolados nosotros mismos, consolarlos a ellos.
Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes – reiteró el Papa Bergoglio, invitando a encomendarnos a nuestra Madre María, para proseguir con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a «bajar» con la caridad fraterna.
(CdM - RV)
Texto completo de las palabras del Papa antes del rezo a la Madre de Dios
«Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
Hoy, el Evangelio nos presenta el evento de la Transfiguración. Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera, las tentaciones en el desierto, y la segunda: la Transfiguración. Jesús «tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17, 1). La montaña representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor. Allá arriba en la montaña, Jesús se presenta a los tres discípulos transfigurado, luminoso; y luego aparecen Moisés y Elías, conversando con Él. Su rostro es tan resplandeciente y sus vestiduras tan blancas, que Pedro queda deslumbrado hasta querer quedarse allí, casi como para detener ese momento. Pero enseguida resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo muy querido, diciendo: «Escúchenlo» (v. 5).
Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, tenemos que seguirlo, tal como hacían las multitudes en el Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina. Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.

De este episodio de la Transfiguración, quisiera señalar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio - de subir a la montaña - para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor.
¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿cómo podremos consolar a otros?
Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes - llamados a sumergirse en medio de las necesidades del Pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura, especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos. Pero para cumplir con alegría y disponibilidad esta obra pastoral, los Obispos y los sacerdotes necesitan las oraciones de toda la comunidad cristiana.
Dirijámonos ahora a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a «bajar» con la caridad fraterna.

(traducción del italiano: Cecilia de Malak - RV)

«EL DESEO DEL CORAZÓN TIENDE HACIA DIOS».De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre la primera carta de san Juan


Reflexión Espiritual:

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre la primera carta de san Juan

¿Qué es lo que se nos ha prometido? Seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. [...] Toda la vida del buen cristiano es un santo deseo. Lo que deseas no lo ves todavía, mas por tu deseo te haces capaz de ser saciado cuando llegue el momento de la visión. Supón que quieres llenar una bolsa, y que conoces la abundancia de lo que van a darte; entonces tenderás la bolsa, el saco, el odre o lo que sea; sabes cuán grande es lo que has de meter dentro y ves que la bolsa es estrecha, y por esto ensanchas la boca de la bolsa para aumentar su capacidad. Así Dios, difiriendo su promesa, ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz de sus dones.

Deseemos, pues, hermanos, ya que hemos de ser colmados. [...] Tal es nuestra vida: ejercitarnos en el deseo... Ya hemos dicho en otra parte que un recipiente, para ser llenado, tiene que estar vacío. Derrama, pues, de ti el mal, ya que has de ser llenado del bien.

Imagínate que Dios quiere llenarte de miel; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? Hay que vaciar primero el recipiente, hay que limpiarlo y lavarlo, aunque cueste fatiga, aunque haya que frotarlo, para que sea capaz de recibir algo.

Y así como decimos miel, podríamos decir oro o vino; lo que pretendemos es significar algo inefable: Dios. [...] Ensanchemos, pues, nuestro corazón, para que, cuando venga, nos llene, ya que seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.


Una Cuaresma desde Dios


Podemos recorrer los 40 días de la Cuaresma desde una perspectiva errónea, sin darles su auténtico sentido.

¿Cuándo ocurre eso? Cuando vemos la Cuaresma como una tradición de la Iglesia más o menos comprensible pero sin mucho sentido en el ajetreado tiempo que nos ha tocado vivir; cuando buscamos maneras de hacer (nosotros, según los propios deseos) algunos sacrificios para tranquilizar la conciencia y "cumplir"; cuando soportamos con paciencia 40 días en los que nos esforzamos por ser más austeros para llegar luego a momentos de mayor fiesta y alegría... Entonces es que no hemos comprendido el verdadero sentido de la Cuaresma.

Pero también podemos recorrer los 40 días que nos preparan a la Pascua desde una perspectiva justa. Si los pensamos como un momento para orar, ayunar, servir, dar; si los vivimos como una invitación de Dios a la conversión, al arrepentimiento, al cambio de conducta; si los aprovechamos para dedicar más tiempo a la lectura de la Biblia... Entonces habremos hecho un buen uso de esos días tan particulares en el calendario cristiano.

La Cuaresma es un tiempo en el que Dios nos invita, nos llama, nos ofrece ocasiones maravillosas para redescubrir nuestra identidad cristiana. Es verdad que Dios actúa siempre, que no hay tiempos sin que nos busque y nos ofrezca su gracia. Pero también es verdad que, como seres humanos, necesitamos estímulos y ayudas concretas para afrontar con más intensidad y esfuerzo lo que deberían ser compromisos constantes de quienes hemos sido tocados por Cristo en el Bautismo.

Ya estamos en Cuaresma. Si la vivimos desde Dios, si la sentimos como un momento de gracia, de mayor compromiso, de lucha contra el mundo, el demonio y la carne, se convertirá en la mejor preparación para la gran fiesta de la Pascua. Entonces la noticia de la Muerte y de la Resurrección de Cristo llegará más dentro y más fuerte a nuestras vidas: nos permitirá vivir los días de Pascua y todo el resto del año como hombres y mujeres redimido.
P. Fernando Pascual

martes, 11 de marzo de 2014

REFLEXIÓN CUARESMAL CON EL PAPA FRANCISCO: DIOS NO DUDA EN DARSE Y SACRIFICARSE POR LAS CRIATURAS QUE AMA

«Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: "Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…" (2 Cor 8, 9).

Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! 

La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. 

El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, "trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado"».

(Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma)
De News.va

"La obra de arte del Señor, el hombre, no ha terminado con la Creación: ¡Continúa!", El Papa el viernes en Santa Marta

Detrás de la casuística hay siempre una trampa contra nosotros y contra Dios. Lo afirmó el Papa Francisco la mañana del viernes en la Misa en la Casa de Santa Marta. El Papa, comentando el Evangelio del día, se detuvo en la belleza del matrimonio y advirtió que es necesario acompañar, no condenar, a todos los que experimentan el fracaso del propio amor. 

El Obispo de Roma repitió que Cristo es el Esposo de la Iglesia y por lo tanto no se pueden comprender a uno sin el Otro.
Los doctores de la ley buscan poner trampas a Jesús para “quitarle la autoridad moral”. El Santo Padre se inspiró en el Evangelio de hoy para ofrecer una catequesis sobre la belleza del matrimonio. 

Los fariseos, observó, se presentan a Jesús con el problema del divorcio. Su estilo, constató, es siempre el mismo: “la casuística”, “¿Es esto lícito o no?
“Siempre el pequeño ejemplo. Y ésta es la trampa: detrás de la casuística, detrás del pensamiento casuístico, hay siempre una trampa. ¡Siempre! Contra la gente, contra nosotros y contra Dios, ¡siempre! ‘Pero ¿es lícito hacer esto? ¿Repudiar a la propia esposa?’. Y Jesús responde, preguntándoles qué decía la ley y explicando porque Moisés hizo aquella ley. Pero no se detuvo allí: de la casuística va al centro del problema y aquí precisamente se dirige a los días de la Creación. 

Es muy hermosa aquella referencia del Señor: ‘Desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne’”.
 



El Señor, continuó el Pontífice, “se refiere a la obra maestra de la Creación” que son justamente el hombre y la mujer. Y Dios, agregó, “no quería al hombre solo, lo quería” con “su compañera de camino”. Es un momento poético, observó, cuando Adán encuentra a Eva: “Es el inicio del amor: vayan juntos como una sola carne”. El Señor, precisó, “toma siempre el pensamiento casuístico y lo lleva al inicio de la revelación”. Por otro lado, explicó, “esta obra de arte del Señor no ha terminado allí, en los días de la Creación, porque el Señor ha elegido este ícono para explicar el amor que Él tiene hacia su pueblo”. Hasta tal punto, recordó, que “cuando el pueblo no es fiel" Él "le habla, con palabras de amor”:
 


“El Señor toma este amor de la obra de arte de la Creación para explicar el amor que tiene con su pueblo. Y algo más: cuando Pablo tiene necesidad de explicar el misterio de Cristo, lo hace también en relación, en referencia a su Esposa: porque Cristo está casado, Cristo estaba casado, había desposado a la Iglesia, su pueblo. Como el Padre había desposado al Pueblo de Israel, Cristo desposó a su pueblo. Ésta es la historia del amor, ¡ésta es la historia de la obra de arte de la Creación! Y ante este recorrido de amor, a este ícono, la casuística cae y se convierte en dolor

Pero cuando este dejar el padre y la madre y unirse a una mujer, hacerse una sola carne e ir adelante y este amor fracasa, porque tantas veces fracasa, debemos sentir el dolor del fracaso, acompañar a aquellas personas que han tenido este fracaso en el propio amor. ¡No condenar! ¡Caminar con ellas! Y no hacer casuística con su situación”.

Cuando uno lee esto, reflexionó luego el Papa, “piensa en este diseño de amor, este camino de amor del matrimonio cristiano, que Dios ha bendecido en la obra de arte de su Creación”. Una “bendición – advirtió – que jamás ha sido quitada. ¡Ni siquiera el pecado original la ha destruido!”. Cuando uno piensa en esto, “ve cuan bello es el amor, cuan bello es el matrimonio, cuan bella es la familia, cuan bello es este camino y cuanto amor, cuanta cercanía tenemos que tener con los hermanos y las hermanas que en la vida han tenido la desgracia de un fracaso en el amor”. Citando a San Pablo, Francisco subrayó la belleza “del amor que Cristo tiene por su esposa, ¡la Iglesia!”:

“¡También aquí debemos estar atentos para que el amor no fracase! No hablar de un Cristo demasiado ‘solterón’: ¡Cristo desposó a la Iglesia! No se puede entender a Cristo sin la Iglesia y no se puede entender a la Iglesia sin Cristo. Éste es el gran misterio de la obra de arte de la Creación. Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia de entenderlo y también la gracia de jamás caer en estas actitudes casuísticas de los fariseos, de los doctores de la ley”. 
(RC-RV)

ORAR CON EL SALMO DE HOY: EL SEÑOR ESTÁ CERCA DEL QUE SUFRE


Del Salmo 34:

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: Él me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia Él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Cuando el pobre grita, El Señor lo escucha,
y le salva de todas sus angustias. 

Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.

El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.