domingo, 25 de diciembre de 2016

Papa: Sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos

 En la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, el Papa Francisco dirigió su Mensaje navideño e impartió su Bendición Urbi et Orbi, es decir a la ciudad de Roma y al mundo entero.
Al felicitar a los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro el Papa Bergoglio dijo que en este día de alegría “todos estamos llamados a contemplar al Niño Jesús, que devuelve la esperanza a cada hombre sobre la faz de la tierra”. Y con su gracia – dijo – “demos voz y cuerpo a esta esperanza, testimoniando la solidaridad y la paz. Feliz Navidad a todos”.
Tras recordar que en esta ocasión la Iglesia revive el asombro de la Virgen María, de San José y de los pastores de Belén, contemplando al Niño que ha nacido, a Jesús, el Salvador, el Pontífice explicó que el poder de este Niño, Hijo de Dios, no es el poder de este mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, sino en el poder del amor, que es “poder de servicio que instaura en el mundo su reino de justicia y de paz”.
Al destacar que el anuncio del nacimiento de Jesús estuvo acompañado por el canto de los ángeles, el Papa dijo que este anuncio – “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama” – hoy recorre toda la tierra, con el deseo de llegar a todos los pueblos, especialmente a los que se ven afectados por la guerra y los conflictos, y que sienten con fuerza este deseo de paz.
De ahí que haya pedido: Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, sobre todo en la ciudad de Alepo; paz para Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios son su deseo de que puedan recobrar unidad y concordia IrakLibia y Yemen. Paz para las diferentes regiones de África, de modo especial para Nigeria.  Paz para Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Paz para quienes sufren aún a causa del conflicto en Ucrania oriental.
Asimismo, el Papa pidió concordia para el querido pueblo colombiano y la amada Venezuela. Paz para todos los que afrontan sufrimientos en el mundo, a causa de peligros e injusticias, con su mirada hacia Myanmar
El Santo Padre también invocó la paz para quienes han perdido a algún ser querido a causa del terrorismo. Paz  de manera eficaz y concreta para quienes están abandonados y excluidos, para los que sufren hambre; para los prófugos, los emigrantes y refugiados, sin olvidar a quienes son objeto de la trata de personas.
Paz para los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud. Paz para quienes están marcados por el malestar social y económico, y para los que sufren las consecuencias de los terremotos u otras catástrofes naturales.
Antes de impartir su bendición, el Santo Padre Francisco pidió paz para los niños – precisamente en el día en que Dios se hace niño – y paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la sociedad, para construir un mundo más humano y justo, sostenidos por la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos.

Mensaje de Navidad. ¡Cuida al niño que nace en ti!


Querido Amigo:
“Nos ha nacido un Niño, un Hijo se nos ha dado”. Estas palabras de las Escrituras se refieren, sin duda, al nacimiento de Jesús en Belén, nacido de la Virgen María. La Iglesia escoge este texto para acompañarnos en la contemplación del Misterio de la Navidad.
Sin mermar el sentido cristológico del pasaje, cada uno de nosotros, sin embargo, podemos aplicarnos, y precisamente por el nacimiento de Dios hecho hombre, el anuncio de los ángeles a los pastores, y descubrir que todos llevamos dentro un niño, el ser más tierno, sensible, humano, limpio, hermoso, frágil, divino, hechura del Creador, llamado a vivir con Él, a ser de Él, a ser Él.
Jesús llegó a decir que de los que se hacen como niños es el reino de los cielos, y aplicó la bienaventuranza a los limpios y humildes de corazón. Solo los que protegen su inocencia y tienen los ojos de luz, los que se admiran por la bondad y la belleza de la creación, nos adelantan el reino de Dios.
Si yo llevo en mi carne la imagen del Primogénito, y si cada ser humano tiene la dignidad de hijo de Dios, la Navidad me invita a recuperar la alegría por mi identidad, que me desvela el Niño Jesús de Belén.
En otro momento, Jesús dirá a sus discípulos: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Y los ángeles cuidan de manera especial a los que son y se hacen como niños. Santa Teresa del Niño Jesús nos enseña la espiritualidad de la llamada infancia espiritual, que nos invita a entrar en relación con el Hijo de María como quienes juegan y conviven juntos.
Me estremece el olvido de la verdad que me define y que es el título de mi mayor dignidad: “Soy hijo de Dios”, y nunca podré matar al niño que llevo en mí, reflejo del Emmanuel.
Cuando este año, como tantos otros, celebré la Eucaristía en la cueva de los pastores con el grupo de peregrinos, y teníamos ante el altar la imagen del Niño Jesús, no solo me emocionaba la realidad sacramental, al contemplar en una fusión de planos el Pan Santo y al Niño de Belén, sino que me sobrecogía la vivencia al descubrirme carne del Cuerpo de Cristo. Y era consciente de la gran diferencia entre venerar y adorar la realidad que se me mostraba fuera de mí, y convivir de manera inconsciente con la sacramentalidad que llevaba en mi propio interior, cuando de ello dependía la sinceridad de mi adoración a la Eucaristía y al Niño de Belén.
Hagamos homenaje al Hijo de María en el Misterio de la Navidad, que nace en nosotros, y tratémonos como realidad sagrada. ¡Feliz Navidad!
Ángel Moreno de Buenafuente

Un Dios cercano


La Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira estos días en nuestras calles. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo.
Los creyentes tenemos que recuperar de nuevo el corazón de esta fiesta y descubrir detrás de tanta superficialidad y aturdimiento el misterio que da origen a nuestra alegría. Tenemos que aprender a «celebrar» la Navidad. No todos saben lo que es celebrar. No todos saben lo que es abrir el corazón a la alegría.
Y, sin embargo, no entenderemos la Navidad si no sabemos hacer silencio en nuestro corazón, abrir nuestra alma al misterio de un Dios que se nos acerca, alegrarnos con la vida que se nos ofrece y saborear la fiesta de la llegada de un Dios Amigo.
En medio de nuestro vivir diario, a veces tan aburrido, apagado y triste, se nos invita a la alegría. «No puede haber tristeza cuando nace la vida» (León Magno). No se trata de una alegría insulsa y superficial. La alegría de quienes están alegres sin saber por qué. «Tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre y ha venido a habitar entre nosotros» (Leonardo Boff). Hay una alegría que solo la pueden disfrutar quienes se abren a la cercanía de Dios y se dejan atraer por su ternura.
Una alegría que nos libera de miedos, desconfianzas e inhibiciones ante Dios. ¿Cómo temer a un Dios que se nos acerca como niño? ¿Cómo rehuir a quien se nos ofrece como un pequeño frágil e indefenso? Dios no ha venido armado de poder para imponerse a los hombres. Se nos ha acercado en la ternura de un niño a quien podemos acoger o rechazar.
Dios no puede ser ya el Ser «omnipotente» y «poderoso» que nosotros sospechamos, encerrado en la seriedad y el misterio de un mundo inaccesible. Dios es este niño entregado cariñosamente a la humanidad, este pequeño que busca nuestra mirada para alegrarnos con su sonrisa.
El hecho de que Dios se haya hecho niño dice mucho más de cómo es Dios que todas nuestras cavilaciones y especulaciones sobre su misterio. Si supiéramos detenernos en silencio ante este niño y acoger desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, quizá entenderíamos por qué el corazón de un creyente debe estar transido de una alegría diferente estos días de Navidad.
José Antonio Pagola

Francisco lleva personalmente a Benedicto XVI sus felicitaciones navideñas


El papa Francisco fue este viernes por la tarde al monasterio Mater Ecclesiae en los jardines del Vaticano para llevar personalmente sus felicitaciones navideñas a Benedicto XVI. “El gesto es parte de la simplicidad de la relación entre el Papa y el Papa emérito”, se lee una comunicación interna de Radio Vaticano.
El primero de los encuentros públicos fue el 23 de marzo de 2013 en en Castel Gandolfo, donde Benedicto XVI y Francisco rezaron juntos algunos momentos.
Un mes y medio despuñes, el 5 de julio de 2013, Benedicto XVI volvió a estar junto a Francisco durante la inauguración de un monumento a San Miguel en los jardines del Vaticano.
El 22 de febrero de 2014, durante el consistorio para crear nuevos cardenales, fue la primera vez en la historia en que dos papas estaban en la basílica de san Pedro.
La canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII en la plaza de San Pedro, el 27 de abril de 2014, fue otra de las ocasiones.
Dos meses más tarde, el 28 de septiembre, invitado por Francisco, Benedicto XVI regresó a la plaza de San Pedro, donde asistió al encuentro con los ancianos. El Papa emérito apareció en un buen estado de ánimo, a pesar de caminar muy lentamente y con la ayuda de un bastón.
Siempre por invitación de Francisco, Benedicto XVI estuvo de nuevo en la plaza de San Pedro el 19 de octubre de 2014, fecha concelebró el rito de beatificación del Papa Pablo VI.
También en el 2015, el papa emérito regresó a la basílica de San Pedro, donde asistió al consistorio en la que Francisco creó 20 nuevos cardenales el 14 de febrero.
A finales de 2015, Benedicto XVI cruzó por la Puerta Santa de la Misericordia de la basílica de San Pedro, abierta por Francisco para el Jubileo, el 8 de diciembre.
El 20 de noviembre de 2016, Francisco fue a la Monasterio Mater Ecclesia, donde fue recibido por el Papa emérito con los nuevos cardenales creados en el consistorio de ese mismo día.
(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

Paja sucia, barro, orina y estiércol. ¿Quién querría habitar ahí?


Es en tu debilidad, en tu pobreza, donde se va a desarrollar tu felicidad. Si le dejas entrar, Cristo será fuerte en ti
Hace tiempo conocí a un chico que, en un bar, en un momento de calentón, golpeó a otro con un vaso en la cara. La Policía le llevó al calabozo. Al entrar le quitaron todo: las gafas, el reloj, la alianza… se quedó sin nada. En ese momento de debilidad total tenía dos caminos: desesperarse, o dar la mano a Dios y confiar. Este chico optó por dar la mano a Cristo, y rezó. Entonces la paz entró en su corazón, empezó a ver a sus compañeros y comenzó a preguntarles. Pronto vio a un joven que estaba muy asustado y con mucho frío. Se quitó la chaqueta y se la dio. Dejó a Cristo vencer en su debilidad, y ahora sabe que Dios existe.
La siguiente historia, en cambio, me llegó hace un par de días: de nuevo se trataba de un chico, que comenzó a compartirme uno de los momentos más duros de su vida. Fue el día en que le llamaron con una inesperada noticia: su padre había muerto de repente. Impactado, se puso en camino pero, minutos más tarde, recibe una nueva llamada: no había sido una muerte cualquiera. Su padre se había suicidado. Miles de preguntas se agolpaban en su cabeza, mientras la culpabilidad se apoderaba de él. En su debilidad, abrió la puerta al mal: desconfianza, juicios, una lluvia angustiosa de porqués… Su vida se transformó en una auténtica pesadilla. Desesperado, un día entró en una iglesia. Allí había una imagen de la Piedad: la Virgen sostenía el cuerpo sin vida de su Hijo. Se acercó a la imagen y, agarrando la mano de Cristo, le pidió ayuda. Le pidió que le diese paz, que le diese todo lo que él no había podido darse a sí mismo. A los pocos instantes, un amor fuerte le invadió, todo en su interior se calmó y ya no volvió a tener culpabilidad. Cristo le hizo ver el amor que siempre había existido entre este padre y este chico. Desaparecieron los miedos y las pesadillas, la confianza le hizo recuperar la paz y el amor perdidos. Desde entonces no ha vuelto a querer ser palacio, sino cuadra.
¿Poder con todo?
Si buscas el significado de cuadra, todos los diccionarios, con palabras más o menos técnicas, te señalarán que es el lugar donde se guardan los animales. ¿Te imaginas ese sitio? No, no, con más realismo… ¿Qué hay allí? Paja sucia, barro, orina y estiércol. ¿Quién querría habitar ahí?
Una de las cosas que siempre nos han enseñado es la importancia de ser fuerte y poder con todo. Nos encantaría ser palacios fortificados, capaces de hacer frente a toda imperfección, pero, en el fondo de nosotros, sabemos que somos débiles y frágiles. ¿Cuántas noches te acuestas con el peso de tus errores, de tus miedos…? ¿Cuántas veces eres incapaz de controlar tus impulsos, como la ira, el egoísmo o la soberbia…, a pesar de todas las promesas que te has hecho de cambiar?
La debilidad aparece una y otra vez en nuestra vida. Puedes ocultarla, o puedes retomar la lucha con renovado empeño; sin embargo, la debilidad, tercamente, no se cansa de llamar a nuestra puerta. Nuevos fracasos, nuevos reveses… El palacio con su fortaleza se desmorona, y aparece otra vez la cuadra que llevamos en nuestro interior.
¿Y qué hacer? Es en tu debilidad, en tu pobreza, donde se va a desarrollar tu felicidad. Cuando sientas una situación de debilidad se te van a ofrecer dos caminos: uno es el del mal, en el que abrirás una puerta a la desconfianza, a la duda, a los juicios, al rencor… El otro camino es el del bien, donde abres la puerta al perdón, al amor, a la misericordia, a la comprensión.
Te ama tal y como eres
Muchas veces, porque te sientes débil, crees que estás abocado a dejarte llevar por el mal, pero eso no es cierto. En tu mano está la decisión. Puedes dejarte arrastrar por el miedo… o puedes dejar que sea la confianza en Cristo la que guíe tu vida. Porque, aunque tú no puedas, Él sí puede. Si le dejas entrar, Cristo será fuerte en ti.
En ese momento ya no tendrás miedo a ser una cuadra, porque, en esa cuadra que se siente débil, es donde va a nacer el Dios-con-nosotros. Él no busca lo perfecto, sino lo enamorado.
Y esto es lo que somos, una cuadra pobre y débil, pero es ahí donde quiere nacer nuestro Dios, es ahí donde te dice que te ama tal y como eres, y que viene a salvarte. Él solo te pide que te cuadres, te dice que, para vivir estos días de Navidad, solo necesitas hacerte cuadra. Puede que en algún momento sientas que te enciende la ira, o que te arrastra el juicio… No creas que está todo perdido, no quieras mirar hacia otro lado, ¡mira a Cristo! Porque en tu debilidad es donde Él va a ser fuerte. Sé valiente, cierra la puerta al mal y da la mano a Cristo. Esta Navidad Él te invita a vivir desde la oración y el amor.
Pero solo es una invitación. Depende de ti la respuesta. Ante tu debilidad, ¿abrirás la puerta al mal o se la abrirás al bien? ¿Quién se hará fuerte en ti?
Vive de Cristo.
Sor María Leticia de Cristo Crucificado
Maestra de novicias de las dominicas de Lerma

«Queridos niños de Alepo: ¡No tengáis miedo! Dios no os olvida»



Desde que en la primera semana de Adviento el Pequealfa lanzó su campaña para enviar felicitaciones de Navidad a los niños de Alepo, hemos recibido de toda España –¡e incluso de Italia, Ecuador y Polonia!– cerca de 1.800 cartas, tarjetas y dibujos, que pronto estarán camino de Siria. Ofrecemos aquí una selección.

«En Navidad Jesús nace en nuestros corazones. Celebremos esta gran ocasión juntos. Deseo que encontréis la felicidad con Jesús en estos tiempos difíciles. Os deseo lo mejor. ¡Feliz 2017! Os deseo que la fe os ayude a seguir adelante. Incluso si no estáis en vuestro mejor momento, espero que el espíritu de la Navidad esté en vuestro corazón». 
Ana, 11 años

«Cuando escuché que estabais sufriendo mucho me dio un ataque en el corazón y sentí la guerra de vuestro país en mi alma y me dio pena y rompí a llorar. Yo estoy rezando mucho por vosotros. Yo estoy haciendo sacrificios para que os vaya bien, me da pena que estéis en guerra. No quiero que muráis. Yo tengo fe y quiero ayudaros. Cuando vosotros sufrís, yo también. Tenéis fe en vuestros corazones y podéis hacer cosas grandes para sobrevivir, pero si no tenéis fe, la valentía se va de vosotros. Seguid teniendo fe, porque así tenéis a Dios más cerca de vosotros. Tened confianza porque se acerca la Navidad y el Salvador (Jesús) va a llegar otra vez a la tierra y nos va a salvar porque ¡Él es Dios! Vosotros sois mis hermanos. Os quiero mucho».




Cardenal Müller alerta sobre ideologías que presionan para cambiar doctrina católica


El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Müller, alertó ante las ideologías y sus presiones que, desde la conclusión del Concilio Vaticano II, han buscado cambiar la doctrina católica.
El purpurado habló sobre este tema en una conferencia en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma el pasado 14 de diciembre, al presentar un volumen de la opera omnia de Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI en el que se recopilan sus escritos relativos al Concilio Vaticano II y cuya curaduría está a cargo del Cardenal Müller.
El prefecto explicó que, luego del Concilio, «la esperada renovación pentecostal fue reemplazada por la perspectiva de una confesión ‘babilónica’ de la fe y por el intento de contradecir el pensamiento de la escuela teológica».
Todo esto, dijo, «no era obra del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo siempre escucha a la Iglesia en amor y verdad. Renunciar a la fe y combatirla, así como la división de la Iglesia que le siguen, son frutos de otro espíritu que no es el Espíritu de Dios».
El purpurado explicó también que «la ideología es siempre un gran intento de someter la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia al prejuicio de los propios pensamientos, con el objetivo de obtener un poder manipulador en los fieles y sus vidas».
Por el contrario, precisó, la teología es distinta porque es «la reflexión humilde de la fe que emerge de la escucha de la Palabra de Dios».
Por esta razón, «cualquier temor de que el Concilio pueda provocar un quiebre con la Tradición de la Iglesia no es solo herético sino que desmantelaría el significado de la mediación sobrenatural».
En su saludo navideño a la curia el 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI formuló la expresión «hermenéutica de la continuidad». Al respecto, el cardenal Müller resaltó que «sin una hermenéutica de la continuidad y de la reforma, la Iglesia se secularizaría a sí misma y se convertiría en algo similar a una organización humanitaria».
Si eso llegase a pasar, alertó, «no habría razón entonces en ser parte de la Iglesia».
«La hermenéutica de la reforma y la continuidad no es sino la hermenéutica de la fe y es testimoniada por las Sagradas Escrituras, que vive en la tradición apostólica interpretada por el auténtico magisterio. Ciertamente, la Iglesia está fundada sobre la revelación y no sobre el magisterio».
El purpurado alemán dijo que «habiendo visto los desarrollos del siglo XX, vemos que la ideología no es sino el reclamo de algunos seres humanos para dominar la consciencia moral de la gente».
«La renovación y el mainstream son los signos de las resistencias ideológicas que se levantan contra la consciencia de Dios».
Estas ideas, explicó, «pueden atisbarse en las raíces filosóficas de la Iluminación, el idealismo y el materialismo, algo que se puede comprobar en el giro ideológico que Europa ha vivido en los últimos siglos».
«El asunto finalmente es si el hombre realmente puede encontrar sus cimientos en su autorrealización sin reconocer su lazo constitutivo con el creador y reconciliador soberano», concluyó.
Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva
ACI/Andrea Gagliarducci

LOS CONFINES DE LA TIERRA HAN CONTEMPLADO LA SALVACION DE NUESTRO DIOS


Del Salmo 97:

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. 

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. 

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. 

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

EVANGELIO DE HOY: EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS




Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

En el Niño que se nos ha dado se nos hace concreto el amor de Dios por nosotros, expresó el Papa en la misa de Noche Buena

«Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11). Las palabras del apóstol Pablo manifiestan el misterio de esta noche santa: ha aparecido la gracia de Dios, su regalo gratuito; en el Niño que se nos ha dado se hace concreto el amor de Dios para con nosotros.
Es una noche de gloria, esa gloria proclamada por los ángeles en Belén y también por nosotros hoy en todo el mundo. Es una noche de alegría, porque desde hoy y para siempre Dios, el Eterno, el Infinito, es Dios con nosotros: no está lejos, no debemos buscarlo en las órbitas celestes o en una idea mística; es cercano, se ha hecho hombre y no se cansará jamás de nuestra humanidad, que ha hecho suya. Es una noche de luz: esa luz que, según la profecía de Isaías (cf. 9,1), iluminará a quien camina en tierras de tiniebla, ha aparecido y ha envuelto a los pastores de Belén (cf. Lc 2,9).
Los pastores descubren sencillamente que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y comprenden que toda esta gloria, toda esta alegría, toda esta luz se concentra en un único punto, en ese signo que el ángel les ha indicado: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Este es el signo de siempre para encontrar a Jesús. No sólo entonces, sino también hoy. Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios.
Con este signo, el Evangelio nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido de la vida.
Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos «pesebres donde se devora su dignidad»: en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes. Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas.
El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza. Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada. Así sucedió a José y a María, que encontraron las puertas cerradas y pusieron a Jesús en un pesebre, «porque no tenían [para ellos] sitio en la posada» (v. 7): Jesús nace rechazado por algunos y en la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia, cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él; cuando las luces del comercio arrinconan en la sombra la luz de Dios; cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado.
Pero la Navidad tiene sobre todo un sabor de esperanza porque, a pesar de nuestras tinieblas, la luz de Dios resplandece. Su luz suave no da miedo; Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil en medio de nosotros, como uno más. Nace en Belén, que significa «casa del pan». Parece que nos quiere decir que nace como pan para nosotros; viene a la vida para darnos su vida; viene a nuestro mundo para traernos su amor. No viene a devorar y a mandar, sino a nutrir y servir. De este modo hay una línea directa que une el pesebre y la cruz, donde Jesús será pan partido: es la línea directa del amor que se da y nos salva, que da luz a nuestra vida, paz a nuestros corazones.
Lo entendieron, en esa noche, los pastores, que estaban entre los marginados de entonces. Pero ninguno está marginado a los ojos de Dios y fueron justamente ellos los invitados a la Navidad. Quien estaba seguro de sí mismo, autosuficiente se quedó en casa entre sus cosas; los pastores en cambio «fueron corriendo de prisa» (cf. Lc 2,16). También nosotros dejémonos interpelar y convocar en esta noche por Jesús, vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites. Dejémonos tocar por la ternura que salva. Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí. (jesuita Guillermo Ortiz - RADIO VATICANA)

viernes, 23 de diciembre de 2016

El cardenal Osoro escribe una carta a los misioneros y a sus familias


Un año más, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, ha escrito a los misioneros para felicitarles la Navidad. En ella les recuerda que «se acercan estas fechas que todos vamos a celebrar con alegría. La alegría que nace de un Dios que quiere a los hombres y desea entrar en su corazón».
«Sé que vuestra familia es ahora la gente con la que trabajáis, con la que compartís vuestras alegrías y sufrimientos. Y sé que, aunque siempre cuesta algo, en el fondo es lo que os está pidiendo el corazón, celebrarlo con la familia que Dios nos da en cada momento», señala el purpurado.
«¡Cuánta gente cerca de vosotros os va a mostrar su afecto y agradecimiento por querer compartir con ellos la alegría del nacimiento de Nuestro Señor! ¡Cuántas personas van a valorar con ilusión todo lo que estáis aportando a sus vidas, instruyéndoles en la Palabra de Dios y acompañándoles en su caminar cristiano! Seguro que el Señor Jesús se hace especialmente presente en vuestras vidas a través de ellos. Sabed dar gracias a Dios por la presencia manifiesta de Él en vuestras vidas», añade.
Si bien reconoce que «en vuestras casas, donde viven vuestros padres, hermanos, sobrinos… se os va a echar mucho de menos», subraya que «ellos también comparten con vosotros la alegría de saber que estáis junto a las personas que ahora más os necesitan». «Seguro que ellos desearían hacerse presentes en vuestras tierras y veros cómo estáis trabajando por hacer cercano el Reino de Dios a los hombres. ¡Con ellos yo también me siento muy unido a vosotros y a vuestra entrega!», asevera.
Al tiempo que les agradece sus muestras de afecto con motivo de su creación como cardenal, les recuerda que «no es un honor o una recompensa, es un servicio que te pide el Señor y es necesario agrandar el corazón y la mirada. Vosotros estáis en mi corazón de un modo especial. Ayudadme a sentirme servidor de la Iglesia extendida por todo el mundo, y allí donde estáis vosotros, de modo particular».
Y concluye encomendando a los misioneros madrileños «a la Virgen María, nuestra Madre. Que Ella os llene de la alegría del Espíritu Santo. Rezad también por mí en esta nueva etapa de mi vida. ¡Muy feliz Navidad y un gran año 2017!».
Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas
Además, el arzobispo dirige unas líneas a los familiares de los misioneros, a quienes recuerda que «la alegría del cristiano está fundamentada en este momento tan importante, en el momento en el que Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas asumiendo nuestra condición y nuestra labor». «Comprendo que al cantar los villancicos vamos todos a echar de menos a las personas que nos faltan y que tanto queremos o hemos querido, por eso la alegría de estas fiestas está siempre acompañada por una lógica y tierna nostalgia. Pero queremos vivirlo así, con alegría y con deseo de ofrecerle al Señor esa pequeña renuncia. Y el Señor que no se deja ganar en generosidad, seguro que nos hace vivir este tiempo con paz e ilusión».
«Nuestros misioneros están con vosotros, en el corazón y en la oración. Son vuestra gente, son vuestros familiares, ellos no se olvidarán de vosotros, ni vosotros de ellos, pero recordad que la mejor forma de ayudarles, de sostenerles, de quererles es vuestra oración por ellos y por todo lo que ellos llevan a cabo», detalla..
En esta línea, el cardenal Osoro muestra de nuevo su cercanía e incide en que «la Iglesia diocesana está muy agradecida a su generosidad y entrega, y también a la vuestra que con tanta alegría habéis permitido a Dios escoger a vuestros familiares para ser, en nombre de la Iglesia, portadores de la luz y del amor de Cristo».
Infomadrid

Los jóvenes pasarán Nochebuena con los pobres


Los jóvenes de la Pastoral Universitaria de Madrid pasarán la Nochebuena en la calle con personas sin techo. Su lema es Nadie sin cenar: 300 manos para 300 corazones. «El objetivo que nos hemos propuesto es que se involucre mucha gente, para que cada voluntario que entregue la cena se pueda quedar un rato hablando con la persona de la calle. Queremos no tanto dar la comida, como acompañar a estas personas», cuenta José Eugenio Ortiz, profesor vinculado a Pastoral Universitaria.
La iniciativa saldrá adelante gracias a la generosidad de Jorge, un hostelero de la capital que donará las cenas necesarias para esta noche. Su relación con la Pastoral Universitaria de Madrid se remonta a 2013, cuando se encontró por casualidad en la Plaza Mayor con varios voluntarios que repartían bocadillos. «Yo quiero hacer lo mismo en Nochebuena, pero necesito manos», les dijo. Ya llevan tres años dando «un menú bastante completo a todas esas personas que por las razones que sea no suelen ir a los albergues y prefieren estar en la calle. Pensé: “¿Por qué se van a quedar sin cenar en Nochebuena?”, y nos pusimos manos a la obra. La Nochebuena la gente prefiere estar con sus familias, y es un día complicado para hacer algo así, pero ¡qué mejor que celebrar la Navidad estando con estas personas! De hecho, se pueden compaginar las dos cosas, empezar pronto y luego sentarse a la mesa con tu familia y vivir la Nochebuena de otra manera».
La iniciativa dará comienzo en la plaza Mayor a las 18 horas. «Ojalá haya en otras ciudades otros hosteleros que se animen a hacer lo mismo», afirma Jorge, a quien le gustaría que cundiera el ejemplo. «Hay que salir a buscar a estas personas. Es como la fe: no nos podemos quedar en casa, hay que salir a buscar a la gente a la calle».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

El Papa afirma que existen «resistencias malvadas» a la reforma de la Curia


En su mensaje navideño a la Curia, el Papa indicó el rumbo de la reforma vaticana. Advirtió contra las «resistencias malévolas», las «palabras vacías del gatopardismo espiritual», instó a acabar con la añeja práctica del promoveatur ut amoveatur (una expresión para quitarse de en medio a alguien), definido como un cáncer, y pidió más espacio para las mujeres en las estructuras de gobierno en la Iglesia
La reforma de la Curia romana “no es maquillaje”. No se trata de una cirugía plástica “lifting” para esconder las arrugas. Porque en la Iglesia no se deben temer las arrugas, sino “las manchas”. Palabras del Papa en el mensaje anual a sus principales colaboradores de la Santa Sede. Un largo e incisivo discurso, en el cual constató que su impulso reformador ha encontrado dificultades. “Resistencias malévolas”, que “germinan en mentes distorsionadas”, refugiándose en “palabras justificadoras”, “en las tradiciones” y “en las formalidades”. Ante ello, Francisco instó a una renovación profunda, un cambio de mentalidad, una conversión espiritual.
Cada año, el mensaje navideño a la Curia suele ser muy esperado. Es la oportunidad para el Papa de trazar un balance e indicar el rumbo. Así fue en 2014 y 2015. Así fue en esta ocasión. Estos mensajes forman ya una trilogía única. En 2014 Jorge Mario Bergoglio habló de las “enfermedades de la Curia”, el año pasado de las virtudes necesarias para los eclesiásticos. En este 2016 optó por presentar una serie de criterios sobre la reforma, un frente aún abierto.
Pero su reflexión partió desde la Navidad, la fiesta de la “humildad amante de Dios”. Un Dios que trastoca el orden lógico de lo “descontado” y lo “debido”, lo “dialéctico y matemático”. Es la lógica de la Navidad –siguió-, que trastoca la lógica mundana, la lógica del poder, del comando, la lógica farisea, causalística y determinista.
Recordando el mensaje navideño de Pablo VI en 1971 sostuvo: “Dios habría podido venir vestido de gloria, de esplendor, de luz, de potencia a darnos miedo, a hacernos saltar los ojos de las maravillas. ¡No, no! Vino como el más pequeño de los seres, el más frágil, el más débil. ¿Por qué? Para que ninguno tenga vergüenza de acercarse a él, para que ninguno tenga temor, para que todos lo puedan tener cercano”.
El significado de la reforma
Francisco explicó que la reforma busca hacer a la Curia más “con-forme a los signos de nuestro tiempo, para salir al encuentro de las necesidades de los hombres y mujeres que estamos llamados a servir” y más “con-forme a su fin”, que no es otro sino “colaborar en el ministerio del sucesor de Pedro” y “sostener al romano pontífice en el ejercicio de su potestad singular, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”. Entre las numerosas notas al pie de página, más de una reforzó este último pasaje, dejando en claro que la Curia existe como ayuda del Papa y no por otra cosa.
“Es necesario sostener con fuerza que la reforma no es un fin en si mismo, sino un proceso de crecimiento y de conversión. La reforma no tiene un fin estético, como si se quisiera poner más bella a la Curia; ni puede ser entendida como una suerte de lifting, un maquillaje para embellecer el anciano cuerpo curial y, ni siquiera, como una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas. Queridos hermanos, no son las arrugas que en la Iglesia se deben temer, ¡sino las manchas!”, indicó.
“La reforma será eficaz sólo y únicamente si se pone en práctica con hombres renovados y no simplemente con hombres ‘nuevos’. No basta con acontentarse de cambiar al personal, sino que se requiere llevar a los miembros de la Curia a renovarse espiritualmente, humanamente y profesionalmente. La reforma de la Curia no se ejecuta con el cambio de las personas –que sin duda se da y se dará- sino con la conversión en las personas. En realidad no basta una formación permanente, se requiere también y sobre todo, una conversión y una purificación permanente. Sin un cambio de mentalidad, el esfuerzo funcional resultaría vano”, agregó.
Las “saludables” resistencias
Más adelante, Bergoglio consideró “normal” y hasta “saludable” que surjan dificultades en un proceso de reforma. Mencionó tres tipos de “resistencias”: unas “abiertas”, que nacen de la buena voluntad y del diálogo sincero; otras “escondidas”, que nacen de los “corazones atemorizados y petrificados” que se alimentan de las “palabras vacías del gatopardismo espiritual”; y las restantes, “resistencias malévolas”, que germinan en “mentes distorsionadas y se presentan cuando el demonio inspira intenciones malas”.
“Este último tipo de resistencia se esconde detrás de las palabras justificadoras y, en tantos casos, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, en las apariencias, en las formalidades, en lo conocido, o quizás en el querer llevar todo al plano personal sin distinguir entre el acto, el actor y la acción”, completó.
Pero lejos de estigmatizar las reacciones, afirmó que todas las resistencias -incluso las menos buenas- son necesarias, “merecen ser escuchadas y animadas a expresarse”. Porque la falta de reacción “¡es un signo de muerte!”. Es más, sostuvo que las reacciones demuestran lo delicado del proceso de reforma, que debe ser vivido con “fidelidad a lo esencial”, “valentía evangélica”, “sabiduría eclesial”, con escucha atenta, tenaz acción, firmes decisiones, pasos concretos hacia adelante y –cuando resulte necesario- “también pasos atrás”, con “incondicionada obediencia”, con responsable potestad, con “mucha oración” y “profunda humildad”.
Criterios guía de la reforma
Entonces, el Papa enumeró una lista de 12 criterios que deben guiar la reforma. Algunos de actitud personal, otros de carácter organizacional. Ante todo la individualidad, la “conversión personal” sin la cual serán inútiles todos los cambios de estructura. Luego la pastoralidad, una “espiritualidad de servicio común” que servirá de antídoto “a todos los venenos de vana ambición y de ilusoria rivalidad”. Y la misionariedad, para llevar el mensaje cristiano “a todos los confines de la tierra”, superando las estructuras eclesiales que lo impidan.
Puso el acento en la racionalidad, con la cual optó por reducir el número de oficinas de la Curia y pidió respetar las competencias de cada una de ellas, para que ninguna se atribuya funciones ajenas. Habló de funcionalidad, que exige la “revisión continua de los roles, competencias y responsabilidades del personal”; de modernidad, para que las estructuras se adecúen a las “necesidades de los tiempos”; de sobriedad, que obliga a una simplificación de la Curia, considerando incluso la supresión de oficinas y organismos; de subsidiariedad, para una mejor coordinación y colaboración entre todos los entes de la Curia.
Más laicos y más mujeres en la Curia
Continuó el elenco recomendando la sinodalidad, con reuniones más fructíferas entre los diversos sectores vaticanos. Urgió más catolicidad, deseando la contratación en las oficinas de la Curia de personal proveniente de todo el mundo. “Es oportuno prever el acceso a un número mayor de fieles laicos, especialmente en aquellos dicasterios donde pueden ser más competentes de los clérigos o de los consagrados. De gran importante es, además, la valorización del rol de la mujer y de los laicos en la vida de la Iglesia y su integración en roles de guía de los dicasterios, con una particular atención a la multiculturalidad”, abundó.
Consideró indispensable una mayor profesionalidad, impulsando una política de formación permanente del personal para evitar caer en la rutina del funcionalismo. Al mismo tiempo calificó de «indispensable» la «archivación definitiva» de la añeja práctica eclesiástica del «promoveatur ut amoveatur», una regla no escrita por la cual, para quitar a un funcionario de un puesto se necesita enviarlo a otro de similar o mayor importancia. Saliéndose del discurso preparado exclamó: «¡Este es un cáncer!». Culminó la lista con la gradualidad: el «fruto del discernimiento proprio de un proceso histórico», que exige etapas, correcciones y experimentaciones. Flexibilidad necesaria y no indecisión.
Un resumen de la reforma
El Papa quiso dejar constancia del camino recorrido. Por eso leyó un completo resumen de los pasos cumplidos en la reforma. Desde el establecimiento del Consejo de los nueve cardenales en 2013 hasta la creación de los nuevos dicasterios, de Desarrollo Humano Integral y de Laicos, Familia y Vida, en 2016. Pasando por las comisiones sobre el Instiuto para las Obras de Religión (“banco vaticano”) y sobre las estructuras económico-administrativas, la institución del Consejo y la Secretaría de Economía; la Secretaría para la Comunicación y la Comisión para la Tutela de los Menores.
Para concluir su mensaje, Francisco eligió las palabras del monje Matta el Meskin, quien se dirigió –en uno de sus escritos- a Jesús nacido en Belén. “Dónanos el no creernos grandes en nuestras experiencias. Dónanos, al contrario, de volvernos pequeños como tu para que podamos estarte cercanos y recibir de ti la humildad y la mansedumbre en abundancia… Hay una competencia despiadada entre los gobiernos, entre las Iglesias, entre los pueblos, al interior de las familias, entre una parroquia y otra: ¿Quién es el más grande entre nosotros? Nosotros y el mundo todo no encontraremos ni salvación, ni paz, si no volvemos a encontrarte, de nuevo, en el pesebre de Belén”.
El regalo
Al final, fuera del texto escrito, el Papa recordó que cuando se refirió a las «enfermedades» de la Curia, un cardenal le preguntó si tenía que ir a confesarse o a la farmacia. «A las dos, le dije», replicó sonriendo. Y luego señaló que el cardenal Walter Brandmüller le habló de Claudio Acquaviva, el tercer superior de la Compañía de Jesús, quien escribió un libro que él mismo, de novicio, leía en latín. Un texto sobre el cuidado de las enfermedades del alma. Entonces anunció su deseo de regalar a todos los presentes una copia de una edición reciente, del sacerdote Giuliano Raffo, titulada: «Sagacidad para cuidar las enfermedades del alma».
Andrés Beltramo/Vatican Insider
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS POR SAN AGUSTÍN:



“La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado...

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. (...) 

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. 

Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. 

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda libre la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de Jesús, a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. 

El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. 

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio. 
(Del Sermón 293 de San Agustín, obispo)

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor