lunes, 5 de diciembre de 2016

«Las traiciones a los cristianos están a la orden del día en Siria»


El X Congreso Trinitario Internacional, que abordó la situación de los cristianos perseguidos, puso de manifiesto cómo la aparición del Daesh ha hecho saltar por los aires la convivencia pacífica entre musulmanes y seguidores de Jesús
Jana es una joven periodista siria y cristiana. Se le caían las lágrimas cuando, en el marco del X Congreso Trinitario Internacional, organizado por la Orden Trinitaria de España los pasados 24, 25 y 26 de noviembre, recitaba el padrenuestro en arameo. Luego tomó la palabra y dijo: «Los radicales del Estado Islámico nos están eliminando. Antes de 2011, musulmanes y cristianos hablábamos la misma lengua aramea de Jesús de Nazaret. Había buenas relaciones fraternas entre cristianos y musulmanes. Pero el Estado Islámico nos ha enfrentado y dividido y las traiciones y torturas a cristianos están a la orden del día».
Jana participó en una mesa redonda del congreso, que tuvo lugar en la Facultad de Teología de Granada y que abordó, además de la persecución religiosa, la cuestión del Dios Trinidad y del ecumenismo. De hecho, quedó de manifiesto la relación entre los temas, pues, por ejemplo, de la persecución está naciendo lo que se llama ecumenismo de sangre. Ella puso voz a personas que ya no la tienen y que sufren atrocidades en el mundo solo por dar testimonio de su fe: «Aida iba con su hija en el autobús con su hija de 4 años. Un soldado del Estado Islámico le quiso quitar a su hija amenazándola con matar a las dos. Aida lloró amargamente por la pérdida de su hija, pero tiene la valentía de perdonar, como Jesús en la cruz, a los captores».
«¿Qué ha hecho Occidente?»
Otra periodista siria, Hanne Masaad, puso de manifiesto la situación en la que viven los cristianos en el país: «Están en medio de una guerra atroz e inhumana. No son héroes. Son cristianos que siguen en serio a Jesús. Para ellos, Jesús no es una teoría, sino una persona por la que están dispuestos a perder todo, a morir».

El testimonio de los cristianos de Oriente lo completó el obispo de Alepo y presidente de Cáritas Siria, monseñor Antoine Audo, que afirmó que «los medios no hablan de los dos millones de sirios en Alepo que diariamente son bombardeados en sus escuelas y hospitales por el Estado Islámico. Antes de la guerra, en Alepo había 160.000 cristianos. Hoy solo quedan 30.000. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho Occidente ante esta realidad?».
Los cristianos de Siria –añadió– no comparten que allí exista persecución, sino más bien «una instrumentalización de la minoría cristiana en Siria para aterrorizar al Occidente cristiano». Monseñor Audo explicó la manera en que los cristianos dialogan en su ambiente con los cristianos de otras confesiones y con los musulmanes. Sobre esto último, dijo: «La guerra ha intentado provocar luchas entre cristianos y musulmanes. Pero ha sido en vano». Y añadió, al hablar de cómo viven los seguidores de Jesús está situación, que «somos pocos, frágiles y estamos amenazados, y sin embargo orgullosos de ser cristianos».
En el congreso también participaron profesores como Gonzalo Zaragoza, Santiago Madrigal, Diego Molina, Eloy Bueno y Juan Pablo García Maestro. Este último pronunció una ponencia sobre ecumenismo, al que se refirió como un «compromiso» de la Orden Trinitaria. «El ecumenismo tiene futuro porque Jesús lo quiere y porque su espíritu nos apoya en esta tarea […]. No es un apéndice de nuestras tareas pastorales, sino una perspectiva para la entera vida de la Iglesia […]. El ecumenismo que viene deberá poner en el centro de la reflexión el testimonio del Dios vivo», dijo.
Estuvieron también presentes durante los trabajos del congreso el ministro provincial de los Trinitarios, Pedro Huerta, y el vicario general de los Trinitarios, Pedro Aliaga.
F. Otero @franoterof
Alfa y Omega

HOMILÍA SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (5,17-26) POR EL PAPA FRANCISCO:



Si existiera un «documento de identidad» para los cristianos, ciertamente la libertad sería un rasgo característico. La libertad de los hijos de Dios es el fruto de la reconciliación con el Padre obrada por Jesús, quien asumió sobre sí los pecados de todos los hombres y redimió el mundo con su muerte en la cruz. Nadie nos puede privar de esta identidad. 

La reflexión del Santo Padre se basó en el pasaje del Evangelio de Mateo (9, 1-8) que narra el milagro de la curación del paralítico. El Papa se detuvo en los sentimientos experimentados por el hombre inválido cuando, transportado en una camilla, escuchó a Jesús que le decía: «ánimo hijo, tus pecados te son perdonados».

Los que estaban cerca de Jesús y escucharon sus palabras «dijeron: “Éste blasfemia, sólo Dios puede perdonar los pecados”. Y Jesús para hacerles comprender bien les preguntó: “¿Qué es más fácil perdonar los pecados o curar? Y lo curó».

«Pero Jesús cuando curaba a un enfermo no era sólo alguien que curaba. Cuando enseñaba a la gente, pensemos en las Bienaventuranzas, no era sólo un catequista, un predicador de moral... No, estas cosas que hacía Jesús —la curación, la enseñanza— eran sólo un signo, un signo de algo más que Jesús estaba haciendo: perdonar los pecados».

Reconciliar el mundo en Cristo en nombre del Padre: «ésta es la misión de Jesús», y todo lo demás son sólo signos del «milagro más profundo que es la re-creación del mundo». La reconciliación es, por lo tanto, la re-creación del mundo; y la misión más profunda de Jesús es la redención de todos nosotros, pecadores. Y «Jesús no hace esto con palabras, no lo hace con gestos... ¡No! Lo hace con su carne». Él tomó sobre sí todo el pecado. «Esta es la nueva creación», es «Jesús que desciende de la gloria y se abaja hasta la muerte y muerte de cruz. Esa es su gloria y esta es nuestra salvación».

«Este es el gran milagro de Jesús. A nosotros, esclavos del pecado, nos hizo libres», nos curó. «Nos hará bien pensar en esto. Jesús nos abrió las puertas de casa, nosotros ahora estamos en casa. Ahora se comprende esta palabra de Jesús: “ánimo hijo, tus pecados están perdonados”. Esa es la raíz de nuestra valentía: soy libre, soy hijo, el Padre me ama y yo amo al Padre. Pidamos al Señor la gracia de comprender bien esta obra suya».

Fuente: L’Osservatore Romano 12 de julio de 2013

TUS PECADOS TE SON PERDONADOS, LEVÁNTATE Y ECHA A ANDAR




Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,17-26):

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con Él para realizar curaciones.

En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de Él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:

«Hombre, tus pecados están perdonados».

Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:

«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:

«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».

Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:

«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

El Reino de Dios está próximo y ya podemos experimentar su potencia espiritual, afirmó el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Juan el Bautista: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 3,2). Con estas mismas palabras Jesús dará inicio a su misión en Galilea (cf. Mt 4,17); y este también será el anuncio que llevarán los discípulos en su primera experiencia misionera (cf. Mt 10,7). De este modo el evangelista Mateo quiere presentar a Juan como aquel que prepara el camino al Cristo que viene, y los discípulos como los continuadores de la predicación de Jesús. Se trata del mismo anuncio gozoso: viene el reino de Dios, es más, está cercano, está en medio de nosotros, esta palabra es muy importante: el reino de Dios está en medio de ustedes, dice Jesús. Y Juan anuncia esto que Jesús luego dirá: el reino de Dios ha venido, ha llegado, está en medio de ustedes. Este es el mensaje central de toda misión cristiana. Cuando un misionero, un cristiano va a anunciar a Jesús, no va a hacer proselitismo como si fuese un aficionado que busca para su equipo, más seguidores, no. Va simplemente a anunciar "el reino de Dios está en medio de ustedes". Y así el misionero prepara el camino a Jesús que encuentra a su pueblo. 
Pero, ¿qué es este reino de Dios, de los cielos? Son sinónimos. Nosotros pensamos inmediatamente en algo que tiene que ver con el más allá: la vida eterna. Cierto, esto es verdad, el reino de Dios se extenderá indefinidamente más allá de la vida terrena, pero la buena noticia que Jesús nos trae - y que Juan anticipa - es que no debemos esperar el reino de Dios en el futuro: se ha acercado, de alguna manera ya está presente y podemos experimentar desde ahora su potencia espiritual. El reino de Dios está en medio de ustedes, dirá Jesús. Dios viene a establecer su señorío en nuestra historia, en el hoy de cada día, en nuestra vida; y allí donde sea aceptado con fe y humildad, germinan el amor, la alegría y la paz. 
La condición para entrar y ser parte de este reino es hacer un cambio en nuestra vida, es decir, convertirnos. Convertirnos cada día, un paso adelante cada día. Es dejar los caminos cómodos pero engañosos, de los ídolos de este mundo: el éxito a toda costa, el poder a expensas de los débiles, la sed de riquezas, el placer a cualquier precio. Y abrir, en cambio, el camino al Señor que viene, Él no quita nuestra libertad, sino que nos dona la verdadera felicidad. Con el nacimiento de Jesús en Belén, es el mismo Dios quien ha venido a habitar entre nosotros, para liberarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción, y de estas actitudes, que son del diablo: buscar el éxito a toda costa, buscar el poder a expensas de los débiles, tener la sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio.
La Navidad es un día de gran alegría, también exterior, pero es sobre todo un evento religioso para el cual se necesita una preparación espiritual. En este tiempo de Adviento, dejémonos guiar por la exhortación de Juan el Bautista: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos», nos dice. (v. 3). Nosotros preparamos el camino del Señor y allanamos sus senderos, cuando examinamos nuestra conciencia, cuando escrutamos nuestras actitudes, para sacar de nosotros estas actitudes pecaminosas que he mencionado, que no son de Dios: el éxito a toda costa, buscar el poder a expensas de los débiles, tener la sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio
Que la Virgen María nos ayude a preparar el encuentro con este Amor-siempre-más-grande que es el que trae Jesús y que en la víspera de Navidad se hizo pequeño, pequeño como una semilla caída en la tierra. Es Jesús esta semilla, la semilla del Reino de Dios. (Traducción del italiano: Griselda Mutual)

domingo, 4 de diciembre de 2016

“Comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso”


El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ha realizado esta mañana en el Vaticano la primera predicación de Adviento en la que ha reflexionado sobre lo que quiere decir “Creo en el Espíritu Santo”. Así, ha iniciado explicado que la mayor novedad del post Concilio, en la teología y en la vida de la Iglesia, tiene un nombre precioso: el Espíritu Santo. 
El Espíritu Santo, ha explicado, no es un pariente pobre de la Trinidad. No es un simple “modo de actuar” de Dios, una energía o un fluido que atraviesa el universo como pensaban los estoicos; es una “relación subsistente”, por lo tanto una persona.
Por otro lado, el predicador ha recordado que el año que viene se celebra el 50º aniversario del inicio, en la Iglesia católica, de la Renovación Carismática. “Es uno de los muchos signos –el más evidente por la inmensidad del fenómeno– del despertar del Espíritu y de los carismas en la Iglesia”, ha asegurado. Al respecto ha precisado que el Concilio había allanado el camino a su acogida, hablando en la Lumen gentium, de la dimensión carismática de la Iglesia.
De este modo, Cantalamessa ha señalado que después del Concilio se multiplicaron los tratados sobre el Espíritu Santo. Y en los últimos años –ha observado– estamos asistiendo a un paso decidido hacia delante en esta dirección. En esta línea, el padre Raniero ha proseguido la predicación analizando la “teología del tercer artículo”, que hace referencia al artículo del credo sobre el Espíritu Santo.  Tal corriente –ha explicado– no quiere sustituir a la teología tradicional, sino más bien estar a su lado y vivificarla.
En el credo actual, “se parte de Dios Padre y creador, de Él se pasa al Hijo y a su obra redentora, y finalmente al Espíritu Santo operante en la Iglesia”. En la realidad, ha precisado, “la fe sigue el camino inverso”. Fue la experiencia pentecostal del Espíritu “que llevó a la Iglesia a descubrir quién era verdaderamente Jesús y cuál había sido su enseñanza”.
En otras palabras, “en el orden de la creación y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Espíritu; en el orden de la redención y del conocimiento, todo comienza con el Espíritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre”.
Esto no significa, ha advertido, que el credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado. “Es la forma de leerlo que de vez en cuando es útil cambiar, para rehacer el camino con el que se ha formado”, ha aconsejado el predicador.
A continuación, ha anticipado que intentará en las tres meditaciones de Adviento, “proponer reflexiones sobre algunos aspectos de las acciones del Espíritu Santo, partiendo justamente del tercer artículo del credo que se refiere a esto”.
De este modo ha planteado tres preguntas. Primero, ¿qué vida da el Espíritu Santo? Respuesta: da la vida divina, la vida de Cristo. “Una vida sobre-natural, no una super-vida natural”, ha precisado. Segundo, ¿dónde nos da tal vida? Respuesta: en el bautismo, que es presentado de hecho como un “renacer del Espíritu”, en los sacramentos, en la palabra de Dios, en la oración, en la fe, en el sufrimiento aceptado en unión con Cristo. Tercero, ¿cómo nos da la vida, el Espíritu? Respuesta: haciendo morir las obras de la carne.
Prosiguiendo con la reflexión, ha explicado que lo que distingue al Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Lo que lo distingue del Padre es que procede de él y lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre no por generación, sino por espiración.
El Espíritu Santo –ha explicado– quedará siempre el Dios escondido, también si logramos conocer los efectos. Él es como el viento: no se sabe de dónde viene y adonde va, pero se ven los efectos cuando pasa. Es como la luz que ilumina todo lo que está delante, quedando esa escondida. Por esto, ha observado el padre Raniero, es la persona menos conocida y amada de los Tres, a pesar de que sea el Amor en persona. “Nos resulta más fácil pensar en el Padre y en el Hijo como “personas”, pero es más difícil para el Espíritu”, ha advertido.  Por esta razón, ha asegurado que “comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso”.

¿De dónde viene el calendario de Adviento?


«Mamá, papá, ¿es ya Navidad?». La espera no es fácil… En respuesta a esta pregunta y para ayudar a los hijos a ser pacientes y a preparar su corazón para la venida de Jesús, las familias cristianas alemanas rivalizaron en imaginación a partir de finales del siglo XIX: en ciertos hogares, se practicaban 24 muescas en una vela y dejaban que la vela consumiera una muesca por día, o bien pedían a los niños que depositaran cada día en la cuna vacía del portal una brizna de paja… y el día de Navidad, depositaban al niño Jesús. En otras casas se trazaban con tiza 24 líneas sobre el marco de una puerta y, cada día, los niños borraban una.
Los padres tuvieron la idea de mostrar en su casa, o distribuir entre los niños, una imagen piadosa por día hasta la Navidad. Pero es a un hombre llamado Georg Lang (1881-1974), hijo de un pastor protestante, a quien se le atribuye la invención del primer calendario de cartón, el Adventskalender.
Cuando era niño, su madre tuvo la maravillosa idea de sujetar a un cartón rígido 24 galletitas en forma de cacahuete, llamadas Wibele, que se disfrutaban día a día durante el Adviento hasta la Navidad.
Ya de adulto, su hijo, inspirado por esta costumbre, recreó la idea en una imprenta que dirigía usando dos láminas de cartón rígidas. Una de ellas constaba de 24 ventanas, y la otra de 24 imágenes que se correspondían con las ventanas.
Así nacía el calendario de Adviento moderno. A principios del siglo XX, el calendario impreso empieza a extenderse poco a poco por toda Alemania y luego a Europa.
Un siglo más tarde, continúa atrayendo a niños y adultos, en formas cada vez más variadas e inesperadas, más o menos espirituales o comerciales.
La palabra Adviento viene del latín adventus, que significa ‘llegada, advenimiento’. El periodo de Adviento comienza el cuarto domingo anterior a Navidad. El inicio del Adviento marca también la entrada en un nuevo año litúrgico.
Aleteia

Cartas desde Alepo: «En catequesis nos enseñan a perdonar»


Myriam y Catia tienen 12 años y están sufriendo la guerra en Alepo. «Cuando dejamos nuestra casa por la guerra, los maristas nos acogieron», cuenta la primera
Para Myriam, de 12 años, el centro de los maristas en Alepo «es como mi segundo hogar». Va desde los 3 años, y conoce a todos los hermanos, animadores y catequistas. «Ahora formo parte de su grupo scout, el Champagnat, y también participo en un programa educativo para adolescentes». Además, estudia 1º de Secundaria en un colegio. «Muchos años he sido la primera de la clase. Sueño con ser una cantante mundialmente famosa».
Antes, esta niña y su familia vivían en un barrio de Alepo que se llama Jabal al Saydeh, que significa «el monte de Nuestra Señora» –en honor a la Virgen María–. «Íbamos los domingos a la parroquia», y su madre y ella participaban en el coro. Pero, en 2011, empezó la guerra. «El Sábado Santo de 2013 los terroristas entraron en nuestro barrio y nosotros dejamos nuestra casa. Los maristas nos acogieron en la suya, junto con otras 30 familias». Eso hizo que, a pesar de todo, «sintiéramos mucha seguridad».
También está segura con sus padres: «Cuando empiezan los bombardeos, me agarro a ellos porque siento que nos van a proteger. Tres primos míos murieron en los combates. No quiero que nadie más de mi familia sufra daños. Le pido a Jesús que proteja a mi familia; y aprender bien las lecciones» en el colegio.
Catia, otra niña de su edad que también participa en las actividades del centro de los maristas, también teme por su familia. «Tengo dos hermanos que están en el servicio militar en las zonas de combate». Al hacerse mayores han tenido que entrar en el Ejército. «Pienso en ellos todo el rato», dice ella. Sin embargo, «siento que Dios me quiere mucho, que está cerca de mí y protege a mi familia».
«La paz es posible»
Myriam y su familia ya no viven en el centro de los maristas. Sus padres trabajan, y por eso ella y su hermana, Joelle, ayudan en casa, «sobre todo cuando hay que subir el agua. Gracias a Dios, los maristas nos dan cada semana 500 litros de agua». Es un bien muy escaso desde que los bombardeos acabaron con las estaciones de bombeo. «Vivimos en un 5º piso y hay que llevar bidones de diez o 15 litros para llenar el depósito que tenemos».
A Myriam le da miedo que, «cuando termine esta guerra, empiece otra nueva». Por eso, pide a todos los niños de España: «Rezad a Dios para que esta guerra se acabe» para siempre. Y añade: «Quiero dejaros un hueco en mi vida y en mi corazón».
Catia es más optimista. Piensa que «la paz es posible», y tiene la esperanza de que llegue pronto. ¡Basta de sufrimiento y de muerte!», dice. Y nos cuenta que, cuando va a catequesis a su parroquia, «nos hablan de la misericordia. Nos enseñan que tenemos que perdonar y no hacer daño a los demás». Por eso, en vez de pedir a los lectores del Pequealfaalgo para sí misma, lo que espera de vosotros es que «os améis como Jesús nos amó».
María Martínez López
Alfa Y Omega

EL TOCÓN

Quizá la razón del adorno de un abeto o de un pino con luces y espumillón, que poco a poco se impone en el tiempo de Adviento y Navidad, sea el deseo de producir un clima festivo y hogareño, cálido, sin un sentido explícito religioso. Algunos enfrentan esta costumbre con la del belén, representación del portal o del pesebre, que también se llama “nacimiento.”
Si la tradición más moderna del árbol de Navidad puede parecernos que obedece a un motivo social y cultural un tanto ajeno al acontecimiento cristiano de la Navidad, sin embargo, el árbol en la Biblia está estrechamente relacionado con la venida del Hijo de Dios al mundo.

Desde el árbol del Paraíso, y las distintas alusiones a cuanto se hace con la madera – el arca de Noé, el arca de la Alianza, la vara de Moisés - hasta la cita explícita de los árboles – la encina de Mambré, el tronco de Jesé -, todo apunta al árbol genealógico del que nació Jesús, y al árbol de la Cruz en el que murió.

Desde la resonancias bíblicas, el árbol florecido e iluminado trae a la memoria el vástago de Jesé, el tocón del que nace la estirpe del Mesías, el fruto bendito de la Mujer bendita, que al comerlo, a diferencia del que ofreció Eva, nos da vida.
Acércate al árbol del que nos viene la salvación.
Ángel Moreno de Buenafuente

RECORRER CAMINOS NUEVOS

Por los años 27 o 28 apareció en el desierto en torno al Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.
Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Después de veinte siglos, el papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.
Su propósito es claro: «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos». No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El papa no se sorprende: «La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida». Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: «¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido capacidad de respuesta?».
Algunos sectores de la Iglesia piden al papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: «Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia, y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes».
Me parece admirable la clarividencia evangélica del papa. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.
El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia.
Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: «Una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta».
No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: «Una Iglesia que se encierra en el pasado traiciona su propia identidad».
Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar «un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada».
Buscar una Iglesia pobre y de los pobres. Anclar nuestra vida en la esperanza, no «en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos».
José Antonio Pagola

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (3,1-12) POR BENEDICTO XVI:


«Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este segundo domingo de Adviento nos presenta la figura de san Juan Bautista, el cual, según una célebre profecía de Isaías (cf. 40, 3), se retiró al desierto de Judea y, con su predicación, llamó al pueblo a convertirse para estar preparado para la inminente venida del Mesías. 

San Gregorio Magno comenta que el Bautista «predica la recta fe y las obras buenas... para que la fuerza de la gracia penetre, la luz de la verdad resplandezca, los caminos hacia Dios se enderecen y nazcan en el corazón pensamientos honestos tras la escucha de la Palabra que guía hacia el bien» (Hom. in Evangelia, XX, 3: CCL 141, 155). 

El precursor de Jesús, situado entre la Antigua y la Nueva Alianza, es como una estrella que precede la salida del Sol, de Cristo, es decir, de Aquel sobre el cual —según otra profecía de Isaías— «reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor» (Is 11, 2).

En el tiempo de Adviento, también nosotros estamos llamados a escuchar la voz de Dios, que resuena en el desierto del mundo a través de las Sagradas Escrituras, especialmente cuando se predican con la fuerza del Espíritu Santo. 

De hecho, la fe se fortalece cuanto más se deja iluminar por la Palabra divina, por «todo cuanto —como nos recuerda el apóstol san Pablo— fue escrito en el pasado... para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza» (Rm 15, 4).

El modelo de la escucha es la Virgen María: «Contemplando en la Madre de Dios una existencia totalmente modelada por la Palabra, también nosotros nos sentimos llamados a entrar en el misterio de la fe, con la que Cristo viene a habitar en nuestra vida. San Ambrosio nos recuerda que todo cristiano que cree, concibe en cierto sentido y engendra al Verbo de Dios en sí mismo» (Verbum Domini, 28).

Queridos amigos, «nuestra salvación se basa en una venida», escribió Romano Guardini (La santa notte. Dall'Avvento all'Epifania, Brescia 1994, p. 13). «El Salvador vino por la libertad de Dios... Así la decisión de la fe consiste... en acoger a Aquel que se acerca» (ib., p. 14). «El Redentor —añade— viene a cada hombre: en sus alegrías y penas, en sus conocimientos claros, en sus dudas y tentaciones, en todo lo que constituye su naturaleza y su vida» (ib., p. 15).

A la Virgen María, en cuyo seno habitó el Hijo del Altísimo, y que el miércoles próximo, 8 de diciembre, celebraremos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, pedimos que nos sostenga en este camino espiritual, para acoger con fe y con amor la venida del Salvador».
(Benedicto XVI, Ángelus del 5-12-2010)

PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR




Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,1-12):

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."»

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. 

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

Palabra del Señor

viernes, 2 de diciembre de 2016

El segundo relicario más importante del mundo está en Madrid


«Es el mejor relicario del mundo, después del que tiene el Santo Padre en Roma, pero ese no es visitable, y el de la Encarnación, sí». Monseñor Joaquín Abad, capellán mayor del Real Monasterio de la Encarnación, no ahorraba este miércoles calificativos para resaltar la importancia de una estancia única en la que se custodian reliquias de más de mil santos, mártires, vírgenes y confesores desde tiempos de la Iglesia primitiva, como santa Inés, hasta los más recientes del siglo XX. Y la colección –dijo– sigue aumentando.
El sacerdote intervino en la presentación del libro El Relicario del Real Monasterio de la Encarnación, editado por Patrimonio Nacional, como broche final a la celebración del IV centenario del monasterio. La mayor parte de sus reliquias y de sus 740 relicarios fueron legadas por la reina Margarita de Austria. La esposa de Felipe III encargó a los mejores arquitectos de la época la construcción de este lugar y se lo encomendó a las agustinas recoletas para que rezaran permanentemente ante esas reliquias. La primera priora fue la propia fundadora de la orden, Mariana de San José, una de las grandes místicas del Siglo de Oro.
Alfredo Pérez de Armiñán, presidente de Patrimonio Nacional, agradeció la labor de custodia que han realizado estas monjas durante cuatro siglos y resaltó los vínculos de varios monasterios con la monarquía española, que aún hoy se mantienen bajo la figura de los Reales Patronatos.
María Leticia Sánchez, responsable de la edición del libro, puso el acento en la enorme riqueza artística de esta colección, a pesar de las pérdida de obras durante la Guerra de la Independencia, la Desamortización y la Guerra Civil. Uno de los problemas con los que se encontró Patrimonio fue que de muchas de las más de 7.000 piezas artísticas que constituyen el conjunto «prácticamente no había documentación». Durante tres años se llevó a cabo una labor de inventario, que ahora se ve coronada con este libro. De todas las piezas que se conservan –confesó Sánchez–, su favorita es una carta de santa Teresa que conservaba la madre Mariana de San José.
Los santos son de carne y hueso
¿Pero cuál es la razón que llevó a conservar todas estas reliquias y exponerlas a la veneración? «Como del Señor no tenemos reliquias, sino solo su sepulcro vacío, los cristianos se han acercado a Tierra Santa como a un quinto evangelio», explicó Joaquín Martín Abad. Eso incluye también a los mártires de los primeros siglos. Los primeros cristianos tomaron sus reliquias para celebrar la Eucaristía, porque nos acercan al primer mártir, que fue Cristo».
Las reliquias de los santos –añadió– nos hacer ver además que «los santos no tienen huesos de santos, como los de las confiterías, sino huesos como los nuestros. Es decir, no están hechos de harina de otro costal. Son como nosotros. Simplemente, al final permanecieron fieles a Nuestro Señor. Y esto significa que también nosotros podemos ser santos».
Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (9,27-31)




La oración es «un grito» que no teme «molestar a Dios», «hacer ruido», como cuando se «llama a una puerta» con insistencia. He aquí, según el Papa Francisco, el significado de la oración dirigida al Señor con espíritu de verdad y con la seguridad de que Él puede escucharla de verdad.

En su homilía, el Papa centró la atención ante todo en una palabra contenida en el pasaje del Evangelio «que nos hace pensar: el grito». Los ciegos, que seguían al Señor, gritaban para ser curados. «También el ciego a la entrada de Jericó gritaba y los amigos del Señor querían hacerle callar», recordó el Santo Padre. Pero ese hombre «pidió una gracia al Señor y la pidió gritando», como diciendo a Jesús: «¡Hazlo! ¡Yo tengo derecho a que Tú hagas esto!».

«El grito es aquí un signo de la oración. Jesús mismo, cuando enseñaba a rezar, decía que se hiciera como un amigo inoportuno que, a medianoche, iba a pedir un trozo de pan y un poco de pasta para los huéspedes». Con insistencia, «como la viuda con el juez corrupto. No lo sé, tal vez esto suena mal, pero rezar es un poco como molestar a Dios para que nos escuche». 

Es el Señor mismo quien lo dice, sugiriendo rezar «como el amigo a medianoche, como la viuda al juez». Por lo tanto, rezar «es atraer los ojos, atraer el corazón de Dios hacia nosotros». Y eso es precisamente lo que hicieron también los leprosos del Evangelio, que se acercaron a Jesús para decirle: «Si Tú quieres, puedes curarnos. Y lo hicieron con una cierta seguridad».

«Así, Jesús nos enseña a rezar». Nosotros, habitualmente presentamos al Señor nuestra petición «una, dos o tres veces, pero no con mucha fuerza: y luego me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo». En cambio, los ciegos de los que habla Mateo en el pasaje evangélico «gritaban y no se cansaban de gritar». En efecto, dijo además el Papa, «Jesús nos dice: ¡pedid! Pero también nos dice: ¡Llamad a la puerta! Y quien llama a la puerta hace ruido, incomoda, molesta».

Precisamente «éstas son las palabras que Jesús usa para decirnos cómo debemos rezar». Pero éste es también «el modo de oración de los necesitados que vemos en el Evangelio». Así, los ciegos «se sienten seguros de pedir al Señor la salud», de tal manera que el Señor pregunta: «¿Creéis que yo puedo hacer esto?». Y le responden: «Sí, Señor. ¡Creemos! ¡Estamos seguros!».

He aquí, las dos actitudes de la oración: «es expresión de una necesidad y es segura». La oración «es necesaria siempre. La oración, cuando pedimos algo, es expresión de una necesidad: necesito esto, escúchame Señor». Además, «cuando es auténtica, es segura: escúchame, creo que Tú puedes hacerlo, porque Tú lo has prometido». En efecto, explicó el Pontífice, «la auténtica oración cristiana está cimentada en la promesa de Dios. Él lo ha prometido».Es con esta seguridad que «nosotros decimos al Señor nuestras necesidades. Pero seguros de que Él puede hacerlo».

Por lo demás, cuando rezamos, es el Señor mismo quien nos pregunta: «¿Tú crees que yo puedo hacer esto?». Un interrogante del que brota la pregunta que cada uno debe hacerse a sí mismo: «¿Estoy seguro de que Él puede hacerlo? ¿O rezo un poco pero no sé si Él lo puede hacer?». La respuesta es que «Él puede hacerlo», incluso «el cuándo y el cómo lo hará no lo sabemos». Precisamente «ésta es la seguridad de la oración».

Por lo que se refiere luego a la «necesidad» específica que motiva nuestra oración, es necesario presentarla «con verdad al Señor: soy ciego, Señor, tengo esta necesidad, esta enfermedad, este pecado, este dolor». Así Él «escucha la necesidad, pero escucha que nosotros pedimos su intervención con seguridad».

El Papa Francisco reafirmó, como conclusión, la importancia de pensar siempre «si nuestra oración es expresión de una necesidad y es segura»: es «expresión de una necesidad porque nos decimos la verdad a nosotros mismos», y es «segura porque creemos que el Señor puede hacer lo que pedimos». Fuente: L’Osservatore Romano, 13-12-2013

QUE OS SUCEDA CONFORME A VUESTRA FE




Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31):
En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:

«Ten compasión de nosotros, hijo de David».

Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
«¿Creéis que puedo hacerlo?».

Contestaron:
«Sí, Señor».

Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que os suceda conforme a vuestra fe».

Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».

Pero ellos, al salir, hablaron de Él por toda la comarca.
Palabra del Señor

Papa: Reconocer las propias resistencias contra la gracia

Todos tnemos en el corazón resistencias contra la gracia: es necesario encontrarlas y pedir ayuda al Señor, reconociéndonos pecadores. Es la exhortación del Papa en su homilía de la misa matutina celebrada el 1º de diciembre en la capilla de la Casa de Santa Marta, durante la primera semana de Adviento.
Francisco se detuvo a considerar las resistencias escondidas por las palabras vacías, justificativas o acusatorias. El Santo Padre advirtió ante el “gatopardismo espiritual”, o sea la disponibilidad a cambios de fachada, para conservar, oportunistamente intacto, el privilegio de quien dice que todo cambiará para que después no cambie nada.
“Que tu gracia venza las resistencias del pecado”. A partir de esta oración propuesta en la Colecta del día el Pontífice se refirió a las resistencias que impiden ir adelante y que siempre han existido en la vida cristiana. Francisco propuso una distinción entre los diversos tipos de resistencias. Están las “resistencias abiertas, que nacen de la buena voluntad”, como la de Saulo que se resistía a la gracia, pero “convencido de hacer la voluntad de Dios”. Es el mismo Jesús quien le dice que se detenga y Saulo se convierte. “Las resistencias abiertas – dijo el Papa – son sanas”, en el sentido de que “están abiertas a la gracia para convertirse”. Y añadió que, en efecto, todos somos pecadores.
Para el Papa Bergoglio “las resistencias escondidas” son las más peligrosas porque son las que no se dejan ver. “Cada uno de nosotros tiene su propio estilo de resistencia escondida a la gracia”. Pero es necesario encontrarla “y ponerla delante del Señor, a fin de que Él nos purifique”. Es la resistencia de la que Esteban acusaba a los Doctores de la Ley: resistir al Espíritu Santo mientras quería aparecer como si estuvieran buscando la gloria de Dios. A Esteban  decir esto le costó la vida:
“Estas resistencias escondidas, que todos tenemos, ¿de qué naturaleza son? Siempre vienen para detener un proceso de conversión. ¡Siempre! Es detener, no es luchar contra. ¡No, no! Es estar detenido; sonreír, tal vez, pero tú no pasas. Resistir pasivamente, de modo escondido. Cuando hay un proceso de cambio en una institución, en una familia, escucho decir: ‘Pero, hay resistencias allí… ¡Pero gracias a Dios! Porque si no estuvieran, la cosa no sería de Dios. Cuando están estas resistencias es el diablo el que las siembra allí, para que el Señor no vaya adelante”.
El Obispo de Roma se refirió a tres tipos de resistencias escondidas. Está la resistencia de las “palabras vacías”. Y para darla a entender se remontó al Evangelio en el que Jesús afirma que no quien diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos. Como en la Parábola de los dos hijos a los que el Padre envía a la viña: uno dice “no”, y después va, mientras el otro dice “sí”, pero no va:
“Decir sí, todo sí, muy diplomáticamente; pero es ‘no, no, no’. Tantas palabras: ‘Sí, sí, sí; ¡cambiaremos todo! ¡Sí!’, para no cambiar nada, ¿no? Allí está el ‘gatopardismo’ espiritual: aquellos que dicen a todo sí, pero que es todo no. Es la resistencia de las palabras vacías”.
Después está la resistencia “de las palabras justificativas”, es decir, cuando una persona se justifica continuamente, “siempre hay una razón para oponer”: “No, eso lo hizo aquel”. Cuando hay tantas justificaciones, “no está el buen perfume de Dios” – dijo el Papa – sino “el feo olor del diablo”. “El cristiano no tiene necesidad de justificarse”, aclaró Francisco. “Ha sido justificado por la Palabra de Dios”. Por tanto – explicó – se trata de resistencia de las palabras “que tratan de justificar mi posición para no seguir aquello que el Señor me indica”.
Y después está la resistencia “de las palabras acusatorias”: cuando se acusan a los demás para no verse a sí mismos, no se tiene necesidad de conversión y así se resiste a la gracia como evidencia la Parábola del fariseo y del publicano. Por tanto  – añadió el Papa Bergoglio al concluir – cuando hay resistencias no hay que tener miedo, sino pedir ayuda al Señor reconociéndose pecadores:
“Yo les diré que no tengan miedo cuando cada uno de ustedes, cada uno de ustedes, encuentra que en su corazón hay resistencias. Pero decirlo claramente al Señor: ‘Mira, Señor, yo trato de cubrir esto, de hacer esto para no dejar entrar tu palabra’. Y decir esta palaba tan bella, ¿no? “Señor, con gran fuerza, socórreme. Que tu gracia venza las resistencias del pecado”. Las resistencias son siempre un fruto del pecado original que nosotros tenemos. ¿Es feo tener resistencias? No, ¡es bello! Lo feo es tomarlo como defensa contra la gracia del Señor. Tener resistencias es normal; es decir: ‘Soy pecador, ¡ayúdame Señor!’. Preparémonos con esta reflexión a la próxima Navidad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)