jueves, 1 de septiembre de 2016

Francisco: "Arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común"


«Usemos misericordia con nuestra casa común». Así titula el Papa Francisco su Mensaje para la II Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instituida por él en 2015, para aunar las oraciones de la Iglesia católica con las de los hermanos y hermanas ortodoxos y las de otras Comunidades cristianas. El Santo Padre señala que: «los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en demostrar misericordia con nuestra casa común -la tierra- y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión».
«La tierra grita...» «...porque hemos pecado». «Examen de conciencia y arrepentimiento». «Cambiar de ruta». «Una nueva obra de misericordia». «En conclusión, oremos»
Son los cinco puntos del denso mensaje pontificio, fechado el 1º de septiembre de 2016, día de esta celebración
En el primero, «La tierra grita...», el Papa escribe:
«Con este Mensaje, renuevo el diálogo con «toda persona que vive en este planeta» respecto a los sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente. Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad» (Laudato si', 161)». Y reitera que «no podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas».
Ante el calentamiento de nuestro el planeta «en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más». Y las consecuencias como «sequía, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más graves», el Papa hace hincapié en que «los cambios climáticos contribuyen también a la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos.Los pobres del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos».
E invita a escuchar «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (ibíd., 49), y a tratar de «comprender atentamente cómo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna».
En el segundo punto «...porque hemos pecado», el Sucesor de Pedro recuerda que «con valentía, el querido Patriarca Bartolomé, repetidamente y proféticamente, ha puesto de manifiesto nuestros pecados contra la creación».
«Que el Jubileo de la Misericordia pueda llamar de nuevo a los fieles cristianos «a una profunda conversión interior» (Laudato si', 217), sostenida particularmente por el sacramento de la Penitencia», desea el Papa Francisco, con el anhelo de que «en este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el creador (cf. ibíd., 10; 229)».
 Examen de conciencia y arrepentimiento. Es el tercer punto del Mensaje del Papa Francisco
«En el 2000, también un Año jubilar, mi predecesor «San Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos», recuerda el Papa Bergoglio, que añade su invitación, para el «Jubileo Extraordinario de la Misericordia». Y escribe: «invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un «deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita» (ibíd., 123), y como partícipes de un sistema que «ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza», arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común».
En el cuarto punto de su Mensaje: «Cambiar de ruta», el Papa destaca la importancia del firme propósito de cambio de vida
Exhorta a comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un «uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas (cf. Laudado si', 211)».
Recuerda la responsabilidad de la economía y la política, la sociedad y la cultura, que «no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, éstas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la creación».
Y señala que «un caso concreto es el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo (cf. ibíd., 51-52). Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible».

Con satisfacción ante la aprobación de los Objetivos del Desarrollo Sostenible y del Acuerdo de París sobre los cambios climáticos, el Papa señala que «ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice, es más, que se mire a objetivos cada vez más ambiciosos».
«Una nueva obra de misericordia», es el quinto punto del Mensaje del Papa
«Me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común» - escribe Francisco y añade:
«Como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa «la contemplación agradecida del mundo» (Laudato si', 214) que «nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir» (ibíd., 85). Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita «simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo [...] y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (ibíd., 230-231)».
En conclusión, oremos. Es el sexto y último punto del Mensaje del Papa Francisco
«A pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, no perdamos la esperanza: «El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado [...] porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos» (ibíd., 13;245). El 1 de septiembre en particular, y después durante el resto del año, recemos:
«Oh Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y a los olvidados de esta tierra que son tan valiosos a tus ojos. [...] Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño por todos los seres de esta tierra (ibíd., 246). Dios de Misericordia, concédenos recibir tu perdón y transmitir tu misericordia en toda nuestra casa común. Alabado seas. Amén».

Cuidar la creación


En la jornada del 1 de septiembre el Papa nos convoca a orar por el cuidado de la creación. En este propósito debemos recordar principios fundamentales como «la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración»[1]. La custodia de la creación, «casa común», es uno de los grandes desafíos de la Humanidad para el siglo XXI, que hemos de asumir con responsabilidad para hacer del mundo un lugar habitable para todos, percibiendo el ritmo y la lógica de la creación y no buscando dominarla, poseerla, manipularla y explotarla[2].
Cada día suscita mayor interés el conocimiento del estado del medio ambiente del planeta, ya que es un condicionante del bienestar social, sanitario y económico. La industrialización y la urbanización modificaron el medio ambiente y originaron problemas ambientales de primer orden (el efecto invernadero y el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono estratosférica, el transporte de contaminantes, la desertización, etc.) que es preciso corregir. También hay que evitar que las actividades futuras originen más deterioro en nuestro entorno, a través de una política preventiva que permita un desarrollo sostenido y equilibrado, y tenga como objetivos la protección de la salud humana y la conservación de todos los recursos (aire, agua, clima, especies de flora y fauna, alimentos, materias primas, hábitat, patrimonio natural y cultural) que condicionan y sustentan la vida[3]. «La Edad Moderna se buscó su camino al amparo de conceptos fundamentales de progreso y libertad. Pero ¿qué es el progreso? Hoy vemos que el progreso también puede ser destructivo. En tal sentido hemos de reflexionar sobre cuáles son los criterios que debemos encontrar para el progreso sea realmente progreso»[4].
Nos incumbe a todos lo que podemos denominar compromiso ecológico, cuidando la creación con pequeñas acciones cotidianas y conformando de esta manera un estilo de vida. «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana»[5]. El Papa Francisco nos recuerda que hemos de vivir lo que él llama la conversión ecológica que supone reconocer la creación como un don de Dios y sentirse relacionados con las demás criaturas formando con ellas una comunión universal. «Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo, ofreciéndose a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable (Rm 12, 1). No entiende su superioridad como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente, que a su vez le impone una grave responsabilidad que brota de su fe»[6].
Solidaridad, justicia social y capacidad de admiración ante la creación son factores que contribuirán, con la ayuda de Dios y el trabajo de los hombres de bien, a que la esperanza alcanzable se convierta algún día no muy lejano en realidad tangible. «Al final nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios (cf. 1 Co 13, 12) y podremos leer con feliz admiración el misterio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Sí, estamos viajando hacia la nueva Jerusalén, hacia la casa común del cielo. Jesús nos dice: “Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados”»[7].
Pido que en la catedral, en las parroquias y en las comunidades religiosas de la Diócesis, uniéndonos a toda la Iglesia, se tenga una oración ante el Santísimo por esta intención del cuidado de la creación, ayudándonos de las oraciones que el Papa nos propone en la Encíclica Laudato Si´, nº 246.
Os saluda con afecto y bendice en el Señor,
+ Julián Barrio Barrio,
arzobispo de Santiago de Compostela
[1] FRANCISCO, Laudato Si, 202.
[2] Cf. FRANCISCO, Alocución en la Audiencia general del 5 de junio de 2013.
[3] Pablo VI escribió: “Bruscamente el hombre adquiere conciencia de ello: debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, corre el riego de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación”:Octagesima adveniens, 21.
[4] Benedicto XVI, Luz del mundo. El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Una conversación con Peter Seewald, Barcelona 2010, 56.
[5] FRANCISCO, Laudato Si, 217.
[6] FRANCISCO, Laudato Si, 220.
[7] Ibid., 243.
Fuente: Alfa y Omega.

Dejándolo todo, lo siguieron


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
-«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mi, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
-«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Catequesis del Papa: La misericordia ofrece dignidad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio que hemos escuchado nos presenta una figura que sobresale por su fe y su coraje. Se trata de la mujer a la que Jesús curó de sus pérdidas de sangre (Cfr. Mt 9,20-22). Pasando en medio de la muchedumbre, se acerca por detrás de Jesús para tocar el borde de su manto. Pensaba: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada”  (v. 21). ¡Cuánta fe, eh! ¡Cuánta fe tenía esta mujer! Razonaba así porque estaba animada por tanta fe, tanta esperanza y, con un toque de astucia, realiza cuanto lleva en su corazón. El deseo de ser salvada por Jesús es tan grande que la hace ir más allá de las prescripciones establecidas por la ley de Moisés.
En efecto, esta pobre mujer desde hacía tantos años no sólo estaba sencillamente enferma, sino que era considerada impura porque padecía de hemorragias (Cfr. Lv 15, 19-30). Por esta razón estaba excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las relaciones normales con el prójimo. El evangelista Marcos añade que había consultado a muchos médicos, agotando sus medios para pagarlos y soportando tratamientos dolorosos, pero sólo había empeorado. Era una mujer descartada por la sociedad. Es importante considerar esta condición – de descartada – para entender su estado de ánimo: ella siente que Jesús puede liberarla de la enfermedad y del estado de marginación y de indignidad en el que se encuentra desde hace años. En una palabra: sabe, siente que Jesús puede salvarla.
Este caso nos hace reflexionar acerca de cómo la mujer muchas veces es percibida y representada. A todos se nos pone en guardia, también a las comunidades cristianas, contra consideraciones de la feminidad aminoradas por prejuicios y recelos ultrajantes de su intangible dignidad. En este sentido son precisamente los Evangelios los que  restablecen la verdad y reconducen a un punto de vista liberatorio.
Jesús ha admirado la fe de esta mujer a la que todos evitaban y ha transformado su esperanza en salvación. No conocemos su nombre, pero las pocas líneas con las que los Evangelios describen su encuentro con Jesús trazan un itinerario de fe capaz de restablecer la verdad y la grandeza de la dignidad de toda persona. En el encuentro con Cristo se abre para todos, hombres y mujeres de todo lugar y de todo tiempo, el camino de la liberación y de la salvación.
El Evangelio de Mateo dice que cuando la mujer tocó el manto de Jesús, Él “se dio vuelta”, la vio (v. 22), y le dirigió la palabra. Como decíamos, a causa de su estado de exclusión, la mujer ha actuado a escondidas, detrás de Jesús – tenía un poco de temor – para no ser vista, porque era una descartada. En cambio, Jesús la ve y su mirada no es de reproche, no dice: “¡Vete de aquí, tú eres una descartada!”, como si dijera: “¡Tú eres una leprosa, vete!”, ¿no? No reprocha. Sino que la mirada de Jesús es de misericordia y ternura. Él sabe lo que ha sucedido y busca el encuentro personal con ella, lo que, en el fondo, ella misma anhelaba. Esto significa que Jesús no sólo la acoge, sino que la considera digna de ese encuentro hasta el punto que le dona su palabra y su atención.
En la parte central del relato el término salvación se repite tres veces. “Con sólo tocar su manto, quedaré curada. Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: ‘Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado’” (vv. 21-22). Este “ten confianza, hija” – “confianza hija”, dice Jesús – expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona, y por toda persona descartada. Pero cuántas veces nos sentimos interiormente descartados por nuestros pecados, hemos hecho tantas, hemos hecho tantas… Y el Señor nos dice: “¡Confianza! ¡Ven! Para mí tú no eres un descartado, una descartada. Confianza, hija. Tú eres un hijo, una hija”. Y éste es el momento de la gracia, es el momento del perdón, es el momento de la inclusión en la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia. Es el momento de la misericordia. Hoy, a todos nosotros, pecadores, que somos grandes pecadores o pocos [pequeños] pecadores, pero todos lo somos, ¡eh!,  a todos [nosotros] el Señor nos dice: “¡Confianza, ven! Ya no eres descartado, no eres descartada: yo te perdono, yo de abrazo”.
Así es la misericordia de Dios. Debemos tener coraje e ir hacia Él; pedir perdón por nuestros pecados e ir adelante. Con coraje, como hizo esta mujer.  Después, la “salvación” adquiere múltiples rasgos: ante todo devuelve la salud a la mujer; después la libera de las discriminaciones sociales y religiosas; además, realiza la esperanza que ella llevaba en su corazón anulando sus temores y su desaliento; y, en fin, la devuelve a la comunidad liberándola de la necesidad de actuar a escondidas. Y esto último es importante: un descartado siempre hace algo a escondidas [alguna vez] o toda la vida: pensemos en los leprosos de aquellos tiempos, en los sin techo de hoy… pensemos en los pecadores, ¡eh!, en nosotros pecadores: siempre hacemos algo a escondidas, como … tenemos necesidad de hacer algo a escondidas y nos avergonzamos por lo que somos. Y Él nos libera de esto, Jesús nos libera y hace que nos pongamos de pie: “Levántate, ven. De pie”. Como Dios nos ha creado: Dios nos ha creado de pie, no humillados. De pie. La salvación que Jesús da es total, reintegra a la vida de la mujer en la esfera del amor de Dios y, al mismo tiempo, la restablece en su plena dignidad.
En suma, no es el manto que la mujer ha tocado el que le da la salvación, sino la palabra de Jesús, acogida en la fe, capaz de consolarla, curarla y restablecerla en la relación con Dios y con su pueblo. Jesús es la única fuente de bendición de la que brota la salvación para todos los hombres, y la fe es la disposición fundamental para acogerla.
Jesús, una vez más, con su comportamiento lleno de misericordia, indica a la Iglesia el itinerario que debe realizar para salir al encuentro de cada persona, para que cada uno pueda ser curado en el cuerpo y en el espíritu, y recuperar la dignidad de hijos de Dios. Gracias.
(from Vatican Radio)

Madre Teresa, hija del Concilio, supo conjugar la tradición con la vida activa


El papa Francisco elevará el domingo 4 de septiembre a los altares, a madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, en una ceremonia en la plaza de San Pedro.
El padre Bernardo Cervellera del Pontificio Instituto Misionero Exterior (Pime) y director de la agencia Asia News, señaló en un reciente desayuno de trabajo, y hoy a ZENIT, que Madre Teresa de Calcuta fue una hija ejemplar del Concilio Vaticano II, porque supo conjugar la tradición de la Iglesia con la vida activa.
“En la Iglesia después del Concilio Vaticano II –explicó el misionero– hubo una fractura entre el empeño social de la Iglesia, el activismo social, y digamos así el tradicionalismo que trataba de defender la identidad, como si las dos cosas se excluyeran mutuamente”.
En cambio ella supo ser “una verdadera hija del Concilio Vaticano II, porque puso juntas las dos cosas” la vida activa y la tradición de la Iglesia “de la misma manera que lo hicieron Juan Pablo II, Benedicto XVI y también el papa Francisco”.
Indicó que las Hermanas de la Caridad lograron conjugar su servicio a las periferias con las piedad de siempre y así cuando se llega a sus casas “se respira un ambiente de gran devoción, se ven los rosarios, la medalla milagrosa, la novena a san José, la novena con elMemorare, etc., y todas las antiguas prácticas muy queridas en la Iglesia”.
El misionero precisó que estuvo con la monja católica de origen albanés, naturalizada india, tres veces: una en Calcuta, otra en Hong Kong, y una tercera en el congreso eucarístico de Milán.
Señaló también la austeridad con la que viven las religiosas de la orden fundada en 1950 por Madre Teresa: cada una de ellas tienen solamente dos túnicas o hábitos, cuando usan uno lavan el otro, a mano porque no emplean lavarropa. No utilizan agua caliente, ni ducha y tampoco tienen calefacción.
Y si bien eso puede asustarnos a nosotros los occidentales, recuerda el padre Cervellera, “casi toda la gente en el mundo hace así, en China como en tantos países no tienen agua caliente y a veces ni agua”.
El misionero del Pime, conoció de cerca a las Hermanas de la Caridad, también en Camboya, y recordó que en ese país “a través de ellas se reabrió el camino de la libertar religiosa, porque después de los Khmers Rouges, o Jemeres rojos, la Iglesia no existía más. Las monjas de madre Teresa fueron invitadas a cuidar a los enfermos, niños abandonados y un sacerdote del Pime se volvió capellán de su instituto.
Las Misioneras de la Caridad son una orden religiosa que se distingue por su trabajo en las periferias, con las personas y en lugares impensables, con unas 4.500 monjas en más de 133 países, las cuales además de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, hace un cuarto voto de “servicio libre y de todo corazón a los más pobres de entre los pobres”.
A pesar del rigor de su vida la familia religiosa sigue creciendo. En 1963 nacen los Hermanos de las Misioneras de la Caridad y una rama contemplativa se crea en 1976. Y en 1984 la Madre Teresa fundó junto al padre Joseph Langfor, los Padres Misioneros de la Caridad.
ZENIT

Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado




 Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. 

La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. 

Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. 

Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. 

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: -«Tú eres el Hijo de Dios». 

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. 

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. 

La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. 

Pero él les dijo: -«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.

Iglesias cristianas de Europa: con el Papa Francisco, oración mundial por la Creación

«El respeto, la apreciación y la contemplación de la Creación son una preocupación común de las Iglesias cristianas. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK), con motivo del Día de la Creación, piden oraciones comunes y reforzar la labor ecuménica para el cuidado de la Creación.
Según el Evangelio, la responsabilidad por el medio ambiente no se puede separar de la responsabilidad por los demás seres humanos: hacia nuestro prójimo, hacia los pobres o los olvidados, todo ello con un verdadero espíritu de solidaridad y de amor. Respetar la creación no quiere decir sólo proteger y salvaguardar la tierra, el agua y otros componentes del mundo natural. También consiste en expresar respeto por los seres humanos que comparten esos dones y tienen la responsabilidad de los mismos. Por lo tanto, junto a todos los cristianos, nos esforzamos con alegría en ser testigos de Jesucristo, «porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra» (Col 1, 16).
Recordamos el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer, quien dice que el problema más urgente que afecta a nuestras Iglesias es la forma en la que vivimos nuestra vida cristiana de frente a los desafíos sociales y culturales contemporáneos. Esto significa que tenemos que relacionarnos entre nosotros en el contexto del mundo en el que vivimos. Se trata de una definición original de “oikos” que significa “la casa”. La “casa común” de la que nos ocupamos está formada ya sea del mundo natural que de las relaciones humanas.
El Tiempo para la Creación, desde el 1 de septiembre al 4 de octubre (la fiesta de San Francisco de Asís en la tradición occidental) es un período especial en los calendarios litúrgicos de un número cada vez mayor de Iglesias en Europa. En este período recordamos el don de la creación y nuestra relación con ella. La celebración de este tiempo y su lugar en el ciclo de oraciones y de formas de culto cristiano fue recomendada por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, Sibiu 2007. La Red Cristiana Europea para el Medio Ambiente (ECEN) fue fundamental en animar a los cristianos a rezar juntos con espíritu de cooperación ecuménica y en promover acciones para el cuidado de la Creación. La iniciativa de celebrar un día de oración por la Creación de Dios, el 1 de septiembre, que en la tradición bizantina es el principio del Año Eclesial, fue establecida en 1989 por el Patriarca ecuménico Dimitrios. Siguiendo la misma línea, en el 2015 el Papa Francisco decidió que el 1 de septiembre se celebrase el Día Mundial de Oración por la Salvaguardia de la Creación en la Iglesia católica.
Tenemos que afrontar desafíos urgentes en términos de degradación del medio ambiente y de cambio climático, y animados por las palabras de la carta encíclica del Papa Francisco Laudato si, a reconocer nuestra responsabilidad compartida. Invitamos calurosamente a todos los cristianos europeos, a las Iglesias miembros de la KEK y a las Conferencias Episcopales  del CCEE, a las parroquias, a las comunidades cristianas y a todas las personas de buena voluntad a adherir al Tiempo para la Creación, a celebrar juntos el Tiempo de la Creación en el ámbito de nuestras respectivas tradiciones litúrgicas, y a sostener la común fe cristiana en Dios Creador. Les exhortamos, cada uno en su propio ambiente, a ofrecer oraciones por el don de la Creación, y a unirse a nosotros rezando juntos:
Oh Señor, enséñanos a cuidar toda la Creación, para proteger cualquier forma de vida y compartir los frutos de la tierra.
Enséñanos a compartir nuestro trabajo humano con nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los pobres y los necesitados.
Concédenos ser fieles a tu Evangelio y ofrecer con alegría a nuestra sociedad en los diferentes países de todo el continente el horizonte de un futuro mejor pleno de justicia, paz, amor y belleza. Amén».
P. Heikki Huttunen -  Mons. Duarte da Cunha - Rev. Dr. Peter Pavlovic
Secretario general KEK - Secretario general CCEE - Secretario ECEN
(from Vatican Radio)

martes, 30 de agosto de 2016

Francotiradores en la Iglesia


Corren malos tiempos para lo religioso. Hacia afuera, pero especialmente hacia adentro. La imagen que desde algunos sectores se está dando del funcionamiento de la Iglesia, o de los católicos, es sencillamente lamentable.
No faltan días en los que los adalides de la ortodoxia, del "Iglesia sólo soy yo", los nostálgicos de la hoguera, colocan en su diana a aquella persona a la que asaetear desde su atalaya de dominación y fariseismo.
Da igual que sea un cura de pueblo, un sacerdote conocido, una monja mediática, un pobre religioso que deja su vida por los más pobres (pero no usa clergyman), un obispo "moderado", un cardenal reformador, o hasta el mismísimo Papa (o antipapa, o usurpador, o traidor, según el caso).
Tampoco importa el modo: robando fotos, colándose en eventos privados, mintiendo, falseando la realidad... Lo realmente relevante es la satisfacción que se produce en sus glándulas mientras apuntan... y disparan. Después, como todo francotirador a sueldo, desaparecen sin dejar rastro, únicamente el reguero de sangre de la víctima.
Lamentablemente, todo esto sucede en esta nuestra Iglesia. Ante el silencio o, lo que es peor, el miedo cómplice, de algunos, que actúan al son del terror de pensar que, si no les hago caso, el próximo seré yo.
Quién sabe, tal vez el próximo sea usted, o yo. O, seguramente, el mismísimo Jesucristo. Por fortuna, las balas se vuelven contra ellos... Las repele el Evangelio. Y la buena gente.
Jesús Bastante

Tiempo para la Creación. "Cuidar el don de la creación"


El respeto, la apreciación y la contemplación de la Creación son una preocupación común de las Iglesias cristianas. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK), con motivo del Día de la Creación, piden oraciones comunes y reforzar la labor ecuménica para el cuidado de la Creación.
Según el Evangelio, la responsabilidad por el medio ambiente no se puede separar de la responsabilidad por los demás seres humanos: hacia nuestro prójimo, hacia los pobres o los olvidados, todo ello con un verdadero espíritu de solidaridad y de amor. Respetar la creación no quiere decir sólo proteger y salvaguardar la tierra, el agua y otros componentes del mundo natural. También consiste en expresar respeto por los seres humanos que comparten esos dones y tienen la responsabilidad de los mismos. Por lo tanto, junto a todos los cristianos, nos esforzamos con alegría en ser testigos de Jesucristo, «porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra» (Col 1, 16).
Recordamos el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer, quien dice que el problema más urgente que afecta a nuestras Iglesias es la forma en la que vivimos nuestra vida cristiana de frente a los desafíos sociales y culturales contemporáneos. Esto significa que tenemos que relacionarnos entre nosotros en el contexto del mundo en el que vivimos. Se trata de una definición original de "oikos" que significa "la casa". La "casa común" de la que nos ocupamos está formada ya sea del mundo natural que de las relaciones humanas.
El Tiempo para la Creación, desde el 1 de septiembre al 4 de octubre (la fiesta de San Francisco de Asís en la tradición occidental) es un período especial en los calendarios litúrgicos de un número cada vez mayor de Iglesias en Europa. En este período recordamos el don de la creación y nuestra relación con ella. La celebración de este tiempo y su lugar en el ciclo de oraciones y de formas de culto cristiano fue recomendada por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, Sibiu 2007.
La Red Cristiana Europea para el Medio Ambiente (ECEN) fue fundamental en animar a los cristianos a rezar juntos con espíritu de cooperación ecuménica y en promover acciones para el cuidado de la Creación. La iniciativa de celebrar un día de oración por la Creación de Dios, el 1 de septiembre, que en la tradición bizantina es el principio del Año Eclesial, fue establecida en 1989 por el Patriarca ecuménico Dimitrios. Siguiendo la misma línea, en el 2015 el Papa Francisco decidió que el 1 de septiembre se celebrase el Día Mundial de Oración por la Salvaguardia de la Creación en la Iglesia católica.
Tenemos que afrontar desafíos urgentes en términos de degradación del medio ambiente y de cambio climático, y animados por las palabras de la carta encíclica del Papa Francisco Laudato si, a reconocer nuestra responsabilidad compartida. Invitamos calurosamente a todos los cristianos europeos, a las Iglesias miembros de la KEK y a las Conferencias Episcopales del CCEE, a las parroquias, a las comunidades cristianas y a todas las personas de buena voluntad a adherir al Tiempo para la Creación, a celebrar juntos el Tiempo de la Creación en el ámbito de nuestras respectivas tradiciones litúrgicas, y a sostener la común fe cristiana en Dios Creador. Les exhortamos, cada uno en su propio ambiente, a ofrecer oraciones por el don de la Creación, y a unirse a nosotros rezando juntos:
Oh Señor, enséñanos a cuidar toda la Creación,
para proteger cualquier forma de vida y compartir los frutos de la tierra.
Enséñanos a compartir nuestro trabajo humano con nuestros hermanos y hermanas,
especialmente con los pobres y los necesitados.

Concédenos ser fieles a tu Evangelio
y ofrecer con alegría a nuestra sociedad en los diferentes países de todo el continente
el horizonte de un futuro mejor
pleno de justicia, paz, amor y belleza.
Amén.

P. Heikki Huttunen Mons. Duarte da Cunha Rev. Dr. Peter Pavlovic
Secretario general KEK Secretario general CCEE Secretario ECEN

De cómo se va al cielo


Yo creo en la Vida Eterna y creo en el Reino de los Cielos (la Nueva Jerusalén). Creo en el Reino prometido donde veremos más gente de la que pensamos. Dicen que "los primeros serán los últimos y los últimos los primeros". Y creo que ese Reino comenzó aquí con Jesús de Nazaret, y que sigue en nuestras manos y en los proyectos que liberan y humanizan al hombre.
Pero también creo, como dice el Señor, que  existen condiciones para pasar a esa Gran Fiesta. Es por ello que dedico hoy un momento para pensar quiénes son esa multitud de seres humanos que luchan hoy por vivirlo ya y que al final participarán del Gran y Eterno Banquete. Un Banquete Festivo donde veremos colmadas todas las aspiraciones bellas, justas y liberadoras de la humanidad.
Yo creo que al cielo no se entra sin unas humildes y desgastadas alpargatas, con las que hayamos recorrido los caminos del mundo al encuentro con los pequeños, los últimos, los desheredados de la tierra. No podremos entrar en el con los lustrosos zapatos del poder por el poder. No entraremos luciendo el calzado realizado con la piel y la vida de aquellos a los que estamos llamados a servir y no a servirnos de ellos.
Pienso que para entrar hay que enseñar las manos encallecidas y selladas por el sello de los pobres, de los que tienen hambre y sed de justicia. Unas manos vacías y desprendidas de todo apego al dinero.

Difícil será participar de esta Eterna Vida Plena sin haber servido, con verdad, a la causa de Dios: el hombre y sus causas justas; el amor y cuidado por la Madre Tierra que nos alimenta; la distribución equitativa de la riqueza del planeta. No, no se entra al cielo despreciando o siendo indiferente a los deseos de Dios, claros y contundentes en su Palabra. Sin interpretaciones "torticeras", exclusivas, hipócritas e interesadas.
No seremos de los invitados al Banquete sin acudir primero en auxilio del enfermo; sin dar en justicia de comer, de lo suyo, al hambriento; sin calmar la sed -con el agua del respeto de la dignidad humana- del sediento; sin dar techo al que no lo tiene por falta de recursos; sin compartir mi manto para vestir al desnudo; sin visitar a los presos y escuchar miles de historias quebradas por el pecado personal y social; sin recoger los cristales rotos de un egoísmo y soberbia desmedida que nos lleva, en algunos casos, a tratar a las personas como cosas, pisoteando su dignidad; sin tratar dignamente a los difuntos, restos sagrados de una vida, que es don de Dios
Sin enseñar al que no sabe, permitiendo así que se le siga "manoseando", precisamente porque no sabe; sin dar buen consejo al que lo necesita, a riesgo que por ello, pongan nuestra cabeza en una bandeja o nuestra vida a los pies de los caballos; sin corregir con amor al que se equivoca o actúa con conciencia maliciosa; sin perdonar las ofensas que nos hacen y las que hacemos a otros; sin consolar a los que lloran o contienen con rabia sus lágrimas por razones justas y honradas; sin llevar pacientemente los defectos soportables del prójimo; sin rezar a Dios más por los vivos que existen y tienen necesidades concretas, que por los difuntos. No olvidemos que nuestro Dios es un Dios de Vivos, pues para Él todos viven.
No cruzaremos la puerta de la Nueva Vida sin una túnica blanca e inmaculada y una felicidad enorme por habernos gastado por el Reino. No participaremos de él amargados y habiendo amargado la vida de los demás. Entraremos en él, felices porque fuimos pobres en espíritu y pobres por nuestro desapego a tantos "becerros de oro" a quienes nos vendemos por tres cuartos.
Seremos parte de la Multitud de los Elegidos porque lloramos con aquellos que lloran e hicimos nuestras sus lagrimas; porque fuimos humildes y sencillos como el mismo Dios; porque hicimos lo posible por compartir en nuestras carnes el hambre y sed de justicia de un pueblo que aún espera ser saciado; porque nuestra meta fue vivir siendo misericordiosos; porque en nuestros ojos se dejó ver que fuimos trasparentes y de limpio corazón; porque procuramos la Paz, de por dentro y de por fuera; porque fuimos "perseguidos" por querer plantar en el planeta un ordenamiento económico más humano y justo, donde todos seamos y nos tratemos de verdad como hermanos y no como siervos; porque nos insultaron, difamaron, calumniaron con falsedad y maldad por decir la verdad con rodeos o sin ellos.
(Antonio Ramos Ayala, sacerdote) Religión Digital

Sé quién eres: el Santo de Dios


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
-«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo:
-«¡Cállate y y sal! de él».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
-« ¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor.

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado"

Pastores que sepan tratar y no maltratar”, “el Alzheimer espiritual” o el hecho de ser “misericordiado”, fueron algunos de los términos que utilizó Papa Francisco en el vídeo mensaje dirigido a los participantes del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el continente americano que se lleva a cabo en Bogotá del 27 al 30 de agosto. Se trata de uno de los vídeos mensajes más largos que ha hecho Papa Francisco durante su pontificado y en el que incide en varias ideas siempre relacionadas con la misericordia.
El Obispo de Roma recuerda la palabra del apóstol Pablo en su carta a Timoteo (1 Tm, 1,12-16a), donde resalta como Pablo utiliza la voz pasiva, el “fui misericordiado”. “La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja”, dice Francisco.
Pero advierte a su vez que “cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad”, llegamos al Alzheimer espiritual. “Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida”.
En su video mensaje el Santo Padre pregunta a los participantes del Jubileo del continente americano si en nuestras catequesis, en nuestros seminarios “enseñamos a los seminaristas el camino de tratar con misericordia”. “En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir —porque es una gracia—, que día a día somos invitados a aprender”.
Finalmente Papa Francisco detalla que este encuentro que ha sido organizado conjuntamente por la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en colaboración con los episcopados de Estados Unidos y Canadá, “no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia, es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo”.
(MZ-RV)