martes, 1 de marzo de 2016

El Papa en Sta. Marta: ‘La salvación de Dios no sigue nuestros esquemas’


En la homilía de este lunes, el Papa invita a leer las bienaventuranzas y Mateo 25 y ver “si hay algo que me indigna” porque la indignación es un lujo que solo pueden permitirse los vanidosos
 (ZENIT – Ciudad del Vaticano). – El papa Francisco, en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta, recordó que la salvación de Dios no viene de las cosas grandes, del poder o del dinero, sino de las cosas pequeñas y sencillas.
Tal y como señaló el Papa, las lecturas del día nos hablan de la indignación: se indigna un leproso, Naamán el sirio, que pide al profeta Eliseo que lo cure, pero no aprecia la forma sencilla en la que esta sanación debería suceder. También se indignan los habitantes de Nazaret frente a las palabras de Jesús, su conciudadano. Es la indignación frente al proyecto de salvación de Dios que no sigue nuestros esquemas. Por eso, el Pontífice advirtió que no es “como nosotros pensamos que sea la salvación, esa salvación que todos queremos”.
Jesús siente el “desprecio” de “los doctores de la Ley que buscaban la salvación en la casuística de la moral” y en muchos preceptos, pero el pueblo no tenía confianza en ellos.De este modo indicó que los saduceos buscaban la salvación en los compromisos con los poderes del mundo. Y la gente no les creía. Pero sí creían en Jesús, “porque hablaba con autoridad”.
Y ¿por qué esta indignación? El Papa respondió que se debe a que en nuestra imaginación, “la salvación debe venir de algo grande, de algo majestuoso; solo nos salvan los poderosos, los que tienen fuerza, que tienen dinero, que tienen poder: estos pueden salvarnos”. Pero –recordó– el plan de Dios es otro. “Se indignan porque no pueden entender que la salvación solamente venga de lo pequeño, de la sencillez de las cosas de Dios”.
En esta línea, Francisco prosiguió asegurando que cuando Jesús hace la propuesta del camino de salvación nunca habla de cosas grandes sino de cosas pequeñas. Son “dos pilares del Evangelio” que se leen en Mateo, las bienaventuranzas, y en el capítulo 25, el Juicio Final.
Asimismo, invitó, como preparación a la Pascua, a leer las bienaventuranzas y Mateo 25 y así “pensar y ver si algo de esto nos indigna, me quita la paz. Porque la indignación es un lujo que solo pueden permitirse los vanidosos, los orgullosos”.
Finalmente, el Santo Padre recordó que nos hará bien tomar un poco de tiempo para leer las bienaventuranzas, leer Mateo 25 y estar atentos a qué sucede en nuestros corazón: “Si hay algo de indignación, pedir la gracia al Señor de entender que el único camino de la salvación es la ‘locura de la Cruz’, es decir la aniquilación del Hijo de Dios, del hacerse pequeño. Representado aquí, en el baño en el Jordán o en el pequeño pueblo de Nazaret”.

(Texto de Radio Vaticano traducido y adaptado por ZENIT)

L'Osservatore Romano califica Spotlight como "un filme emocionante, y no es anticatólico"

El filme «Spotlight», ganador del Oscar a la mejor película, es «emocionante» y «no es anticatólico» porque «da voz al horror y al dolor profundo de los fieles», según «L'Osservatore romano».

En un artículo firmado por Lucetta Scaraffiatras conocerse el galardón concedido al filme que narra la investigación periodística que destapó abusos sexuales a menores en la Iglesia católica de Boston, el diario vaticano lamenta sin embargo que no se mencione la «lucha larga y tenaz» de Benedicto XVI en ese ámbito.
«Es verdad, en la narración no se da espacio a la lucha larga y tenaz que Joseph Ratzinger, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y como Papa, emprendió contra la pedofilia en la Iglesia», se agrega en alusión al Papa emérito.
«Pero en un filme no se puede decir todo y las dificultades con las que se encontró Ratzinger no hacen más que confirmar la tesis del filme, y es que demasiado a menudo las instituciones eclesiásticas no han sabido reaccionar con la necesaria determinación frente a estos crímenes», se lee en el diario vaticano.
«La pedofilia no se deriva necesariamente del voto de castidad», añade el artículo, donde se destaca que el filme consigue reflejar la preocupación de «demasiados» en la Iglesia por la imagen de la institución y «no por la gravedad del acto». «El hecho de que en la ceremonia de los Oscar se haya hecho un llamamiento al Papa Francisco para que combata este flagelo debe verse como una señal positiva», valora el diario de la Santa Sede.
«Hay confianza en un Papa que está continuando con la limpieza comenzada por su predecesor ya como cardenal», se añade. «Spotlight», obra del cineasta Tom McCarthy, protagonizada por Michael Keaton, Mark Ruffalo y Rachel McAdams, logró el Oscar a la Mejor Película y al Mejor Guión Original.


COMENTARIO DE SAN JUAN PABLO II AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 18,21-35:

¡El perdón! Cristo nos ha enseñado a perdonar. Muchas veces y de varios modos Él ha hablado de perdón. Cuando Pedro le preguntó cuántas veces habría de perdonar a su prójimo, “¿hasta siete veces?”, Jesús contestó que debía perdonar “hasta setenta veces siete”. 

En la práctica, esto quiere decir: siempre. Efectivamente, el número “setenta por siete” es simbólico, y significa, más que una cantidad determinada, una cantidad incalculable, infinita. 

Al responder a la pregunta sobre cómo es necesario orar, Cristo pronunció aquellas magníficas palabras dirigidas al Padre: “Padre nuestro que estás en los cielos”; y entre las peticiones que componen esta oración, la última habla del perdón: “Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros las perdonamos” a quienes son culpables con relación a nosotros (“a los que nos ofenden”).

Finalmente, Cristo mismo confirmó la verdad de estas palabras en la cruz, cuando, dirigiéndose al Padre, suplicó: “¡Perdónalos!”, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 32, 34).

“Perdón” es una palabra pronunciada por los labios de un hombre, al que se le ha hecho mal. Más aún, es la palabra del corazón humano. En esta palabra del corazón, cada uno de nosotros se esfuerza por superar la frontera de la enemistad que puede separarlo del otro, trata de reconstruir el espacio interior de entendimiento, de contacto, de unión. 

Cristo nos ha enseñado con la palabra del Evangelio y, sobre todo, con el propio ejemplo, que este espacio se abre no sólo ante el otro hombre sino, a la vez, ante Dios mismo. El Padre, que es Dios de perdón y de misericordia, desea actuar precisamente en este espacio del perdón humano, desea perdonar a aquellos que son capaces de perdonar recíprocamente, a los que tratan de poner en práctica estas palabras: “Perdónanos... como nosotros perdonamos”. 

El perdón es una gracia, en la que se debe pensar con humildad y gratitud profundas. (…) Cristo nos ha enseñado a perdonar. El perdón es indispensable también para que Dios pueda plantear a la conciencia humana los interrogantes sobre los que espera respuesta en toda la verdad interior.

En este tiempo, cuando tantos hombres inocentes perecen a manos de otros hombres, parece imponerse una necesidad especial de acercarse a cada uno de los que matan, acercarse con el perdón en el corazón y, al mismo tiempo, con la misma pregunta que Dios, Creador y Señor de la vida humana, hizo al primer hombre que había atentado contra la vida del hermano y se la habla quitado, había quitado lo que es propiedad sólo del Creador y del Señor de la vida.

Cristo nos ha enseñado a perdonar. Enseñó a Pedro a perdonar “hasta setenta veces siete. Dios mismo perdona cuando el hombre responde a la pregunta dirigida a su conciencia y a su corazón, con toda la verdad interior de la conversión.

Dejando a Dios mismo el juicio y la sentencia en su dimensión definitiva, no cesemos de pedir: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

(San Juan Pablo II, catequesis del 21 de octubre de 1981)
Me asombra

PERDONAR SIEMPRE

Evangelio según San Mateo 18,21-35.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".

Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. 

Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. 

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". 

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. 

 Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. 

 El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 

 Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. 

 Éste lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'. 

 E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. 

 Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos". 

lunes, 29 de febrero de 2016

La capilla de la Crucifixión en el Santo Sepulcro recupera su esplendor


Nada más entrar en el Santo Sepulcro, a la derecha, dos escaleras de piedra muy empinadas suben a las capillas del Gólgota, el lugar del suplicio de Jesucristo. Se encuentran a unos cinco metros de altura sobre el nivel de la basílica.
En la capilla que pertenece a los franciscanos, la undécima estación del Vía Crucis, se hace memoria de la crucifixión. La Custodia de Tierra Santa acaba de restaurar su decoración y mosaicos de cristal de colores brillantes, para rememorar la historia medieval del lugar de oración. Allí donde se veía un techo manchado por el polvo y el aceite quemado, ahora se puede ver un azul profundo salpicado por teselas de oro.
En la llamada capilla de la Crucifixión, sus arcos y cúpulas están llenos de símbolos y figuras bíblicas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Del siglo XII es el medallón que representa la Ascensión, y que ya había sido restaurado en 2001. El altar, en bronce plateado, es un regalo del gran duque de Toscana Fernando de Médici (1588). Entre las dos capillas se encuentra el altar de la Dolorosa. El medio busto de la Virgen es un presente de la reina María de Portugal (1778).
La basílica del Santo Sepulcro encierra los lugares físicos de la crucifixión y la resurrección de Jesús bajo un mismo techo. Este emplazamiento fue descubierto en la esquina del foro occidental de la ciudad Aelia Capitolina, de la época de Adriano, por la reina Elena, la madre de Constantino, que derribó el templo y construyó una enorme basílica consagrada en el día de Pascua del año 326.
La iglesia fue reconstruida parcialmente en el siglo siguiente por Justiniano, y se mantuvo intacta hasta 1009, cuando el califa Hakim la destruyó casi en su totalidad. Fue reparada parcialmente por un monje llamado Robert, pero cuando los Cruzados llegaron a la ciudad en torno al año 1099, el templo se reconstruyó solo con la mitad de sus dimensiones originales, y así ha llegado hasta nuestros días.
En el exterior, la basílica está formada por varios volúmenes superpuestos y añadidos, entre los que destaca un campanario truncado; sobre ese cúmulo de edificaciones y terrazas, se levantan dos cúpulas, una mayor que la otra, que caracterizan el perfil de Jerusalén. El interior está configurado como un conjunto complejo de altares y capillas, grandes y pequeñas, cerradas con muros o abiertas, dispuestas en diferentes niveles comunicados por escaleras.
El templo está custodiado por diversas confesiones cristianas. En esta línea, el Santo Sepulcro es la sede del patriarca ortodoxo de Jerusalén y es la catedral del Patriarcado Latino de Jerusalén. La distribución de las distintas capillas y lugares es un laberinto. Por ejemplo, el lugar de la Crucifixión así como el Santo Sepulcro como tal está custodiado por los griegos ortodoxos, mientras que los armenios tienen, entre otros, el templete desde donde la Virgen María contempló cómo moría su Hijo. Y en una gruta, los franciscanos veneran el lugar donde santa Elena descubrió la cruz del Señor.

(ZENIT – Madrid)

Las "preguntas desnudas del Evangelio", tema de los ejercicios de la Curia

Con diez preguntas para preparar la Pascua, el Papa Francisco y los miembros de la Curia romana reflexionarán durante el periodo de retiros espirituales, del 6 al 11 de marzo, en la Casa Divino Maestro de Ariccia (Italia). El padre Ermes Ronchi, de la orden de los Siervos de María, dirigirá la meditación sobre las "preguntas desnudas del Evangelio".
La primera meditación de este retiro espiritual será sobre la pregunta: "Jesús se dio la vuelta y vio que lo seguían, les dijo: ¿Qué buscan?" (Jn 1, 38). Sucesivamente reflexionaran las preguntas:
"¿Por qué tienen miedo, no tienen fe?" (Mc, 4, 40);
"Ustedes son la sal de la tierra. ¿Pero si la sal pierde sabor, luego será salada con qué? "(Mt, 5, 13)";
Pero, ¿quién dicen que soy yo?" (Lc 9, 20);
 "Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?" (Lc 7, 44);
"Jesús dijo a sus discípulos: ¿Cuántos panes tienen?" (Mc 6, 38; Mt 15, 34);
"Entonces Jesús se levantó y dijo: mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿alguien te ha condenado?" (Juan 8, 10);
"Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?" (Jn 20, 15);
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" (Jn 21, 16);
 "María dijo al ángel: ¿Cómo puede ser esto?" (Lc 1, 34).
El retiro espiritual comenzará el primer día con la adoración Eucarística, y el rezo de las Vísperas. Y los siguientes días comenzarán la jornadas con el rezo de Laudes, posteriormente una meditación, y posteriormente la celebración de la Misa. Por las tardes, se llevará a cabo la segunda meditación que precederá la adoración Eucarística y las Vísperas. El último día, está prevista solo una meditación.

Durante el periodo de retiro, como de costumbre, se suspenden las audiencias privadas y especiales, incluyendo la audiencia general del miércoles.

MI ALMA TIENE SED DEL DIOS VIVO


Del Salmo 41:

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el Rostro de Dios?

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío.

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el Rostro de Dios?

Tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el Rostro de Dios?

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el Rostro de Dios?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el Rostro de Dios?

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.


Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el Rostro de Dios?

San Juan Crisóstomo, Sermón sobre Elías, la viuda y la limosna


La viuda de Sarepta acoge al profeta Elías con toda generosidad y agota toda su pobreza en su honor, aunque sea un extranjero de Sidón. Jamás había escuchado lo que dicen los profetas sobre el mérito de la limosna, y menos todavía la palabra del Cristo: ” Tuve hambre y me disteis de comer ” (Mt 25,35).

¿Cuál será nuestra excusa, si después de de tales exhortaciones, después de la promesa de recompensas tan grandes, después de la promesa del Reino de cielos y de su felicidad, no alcanzamos el mismo grado de bondad que esta viuda? Una mujer de Sidón, una viuda, encargada del cuidado de una familia, amenazada por el hambre y que ve venir la muerte, abre su puerta para acoger a un hombre desconocido y le da la poca harina que se le queda…

¿Pero nosotros, que hemos sido instruidos por los profetas, que escuchamos las enseñanzas de Cristo, que tenemos la posibilidad de reflexionar sobre el futuro, que no estamos amenazados por el hambre, que poseemos mucho más que esta mujer, tendremos excusa, si no nos atrevemos a compartir nuestros bienes? ¿ Descuidaremos nuestra propia salvación?…


Manifestemos pues hacia los pobres una gran compasión, con el fin de ser dignos de poseer para la eternidad los bienes futuros, por gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo.

NINGÚN PROFETA ES BIEN RECIBIDO EN SU TIERRA


Evangelio según San Lucas 4,24-30. 

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 

Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". 

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. 

Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
 

domingo, 28 de febrero de 2016

“La invencible paciencia de Jesús, nos invita siempre a la conversión”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Cada día, lamentablemente, las crónicas reportan malas noticias: homicidios, incidentes, catástrofes… en el pasaje evangélico de hoy, Jesús se refiere a dos hechos trágicos que en aquel tiempo habían suscitado mucha sensación: una represión cruel realizada por los soldados romanos dentro del templo; y el derrumbe de la torre de Siloé, en Jerusalén, que había causado dieciocho victimas (Cfr. Lc 13,1-5).
Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de sus oyentes y sabe que ellos interpretan este tipo de acontecimientos de modo equivocado. De hecho, piensan que, si aquellos hombres han muerto así, cruelmente, es signo que Dios los ha castigado por alguna culpa grave que habían cometido; por así decir: “se lo merecían”. Y en cambio, el hecho de ser salvados de la desgracia equivalía a sentirse “bien”. Ellos se lo merecían; yo estoy bien.
Jesús rechaza claramente esta visión, porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peores de los otros. Más bien, Él invita a sacar de estos hechos dolorosos una enseñanza que se refiere a todos, porque todos somos pecadores; de hecho, dice a aquellos que le habían interpelado: «Si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera» (v. 3).
También hoy, frente a ciertas desgracias y a eventos dolorosos, podemos tener la tentación de “descargar” la responsabilidad en las victimas o incluso en Dios mismo. Pero el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿Qué idea de Dios nos hemos hecho? ¿Estamos realmente convencidos que Dios es así, o esto no es otra cosa que nuestra proyección, un dios hecho “a nuestra imagen y semejanza”? Jesús, al contrario, nos invita a cambiar el corazón, a hacer una radical inversión en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal – y esto lo hacemos todos, ¿eh?, los compromisos con el mal –, las hipocresías – pero, yo creo que casi todos tenemos un poco, de hipocresía –, para retomar decididamente el camino del Evangelio. Pero esta ahí nuevamente, la tentación de justificarse: ¿De qué cosa debemos convertirnos? ¿No somos en fin de cuentas buenas personas – cuantas veces hemos pensado esto: pero, en fin de cuentas yo soy bueno, soy un bueno: y no es así, ‘eh? –, no somos creyentes, incluso bastante practicantes? Y nosotros creemos que así somos justificados.
Lamentablemente, cada uno de nosotros se asemeja mucho a un árbol que, por años, ha dado múltiples pruebas de su esterilidad. Pero, para nuestra buena suerte, Jesús se parece a un agricultor que, con una paciencia sin límites, obtiene todavía una prórroga para la higuera infecunda: «Déjala todavía este año – dice el dueño – […] Puede ser que así dé frutos en adelante» (v. 9). Un “año” de gracia: el tiempo del ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, marcado por un cierto número de Cuaresmas, que se nos ofrecen como ocasiones de arrepentimiento y de salvación. Un tiempo de un “año jubilar de la misericordia”. La invencible paciencia de Jesús, ¿Han pensado ustedes en la paciencia de Dios? Han pensado también en su irreducible preocupación por los pecadores, ¡cómo debería provocarnos a la impaciencia en relación a nosotros mismos! ¡No es jamás demasiado tarde para convertirse,  jamás! Hasta el último momento: la paciencia de Dios nos espera. Recuerden aquella pequeña historia de Santa Teresa del Niño Jesús, cuando rezaba por aquel hombre condenado a muerte, un criminal, que no quería recibir la consolación de la Iglesia, rechazaba al sacerdote, no quería: quería morir así. Y ella rezaba, en el convento, y cuando aquel hombre está ahí, en el momento de ser asesinado, se dirige al sacerdote, toma el Crucifijo y lo besa. ¡La paciencia de Dios! También, ¡lo mismo hace con nosotros, con todos nosotros!  Cuantas veces, nosotros no lo sabemos: lo sabremos en el Cielo; pero cuantas veces nosotros estamos ahí, ahí, y ahí el Señor nos salva: nos salva porque tiene una gran paciencia por nosotros. Y esta es su misericordia. Jamás es tarde para convertirnos, pero ¡es urgente, es ahora! Comencemos hoy.
La Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar jamás a los demás, sino a dejarnos interpelar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Niños robados e invisibles, también en España. Solo en 2015, han desaparecido al menos 113 menores migrantes o refugiados

Denuncia Europol que, en el último año, se ha perdido el rastro de 10.000 niños refugiados que han llegado hasta la Unión Europea. Un fenómeno frente al que se reclama la acción inmediata de los estados para que pongan en marcha todos los dispositivos para prevenir futuros casos y encontrar a los menores desaparecidos. Pero, ¿y en España?
¿Algunos de estos casos se han dado en nuestro país con menores refugiados y migrantes en general? Al no detallar Europol casos concretos por nacionalidades, resulta esencial acudir a las denuncias de las instituciones centradas en la lucha contra la trata y la atención a quienes cruzan nuestras fronteras huyendo de la guerra, la persecución o la miseria. No es fácil recabar información concreta, pero lo poco que se va conociendo estremece.

En conversación con Vida Nueva, Rosa Flores, directora del Centro de Migraciones de Cruz Roja en Puente Genil (Córdoba), ofrece un dato: "Durante 2015 se han documentado 654 casos en los que los equipos de Cruz Roja Española han detectado indicadores de trata de seres humanos. De ellos, 141 correspondían a niñas y niños, de los cuales 113 están en paradero y situación desconocida. Desgraciadamente, estos números no suponen más que la punta del iceberg".

Otros indicadores muestran que, durante el primer semestre de 2015, desaparecieron de centros de acogida en toda España un mínimo de 35 madres con 39 niños, 13 embarazadas y una adulta con discapacidad intelectual aparentemente también en estado de gestación.

La Fundación Amaranta (una de las muchas iniciativas de las religiosas adoratrices destinadas a combatir la trata y al acompañamiento de víctimas de la prostitución y sus hijos) tiene constancia de 60 menores robados en todo 2015 en el país. De sus propios centros desaparecieron tres bebés y dos madres. Si nos alejamos un poco, la perspectiva es dantesca: el Defensor del Pueblo estima que desde 2013 han desaparecido entre 130 y 180 mujeres y pequeños en esta situación.

Un ejemplo de la indefensión de los menores que llegan a España como refugiados o migrantes en general lo recoge detalladamente una sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo emitida el 22 de mayo de 2014. Aunque se trata de una simple declaración de que las competencias para hacerse cargo de un caso corresponden al Juzgado de L'Hospitalet de Llobregat, son muy significativos los hechos que se relatan: el 10 de septiembre de 2013, ocho mujeres subsaharianas -siete con menores de muy corta edad a su cargo y otra embarazada- llegaron en patera y posteriormente fueron acogidas en Puente Genil, siendo atendidas durante 10 días en el Centro de Migraciones de Cruz Roja.
Allí se pudo comprobar, recoge la sentencia, que "dos de las chicas hacían de ‘madam' o controladoras de las otras, teniendo teléfonos móviles y detectándose un cierto grado de sumisión por parte de las demás". A las siete que venían con bebés a su cargo se les hizo la prueba del ADN. Los resultados no llegaron hasta el 30 de enero de 2014, comprobándose que en ninguno de los casos ellas eran realmente las madres... Pero ya era tarde, porque, desde el 20 de septiembre anterior, todas ellas ya habían abandonado repentinamente el centro, dejando allí ropa y objetos personales.
Tras interceptar la policía los teléfonos de las dos controladoras, se pudo saber que las chicas habían sido llevadas a Barcelona y, desde allí, a través de una red de trata, habían sido repartidas entre Hospitalet, Sevilla, Almería, Italia o Francia. En todos esos lugares, se constata, "tienen a las mujeres extranjeras sometidas y obligadas a ejercer la prostitución a efectos de pagar la deuda supuestamente contraída". Del destino de todos los menores, así como su origen o la identidad de sus auténticos familiares, no se dice nada.
(Miguel Ángel Malavia, en Vida Nueva)

"No juzguéis y no seréis juzgados" El triple filtro de Sócrates

Tenemos sobrada conciencia de que en nuestras conversaciones, muchas veces, introducimos temas que afectan a otras personas: "¿Sabes lo que le ha sucedido a fulano? ¿Sabes lo que me han dicho de zutano?" Y empezamos a hacer comentarios sin estar seguros de lo que decimos y en ausencia de la persona afectada. Hacemos añicos la fama de esa persona e incurrimos contra el octavo mandamiento que nos dice: "No levantarás falsos testimonios ni mentirás".
¡Cuánto bien nos haría a todos cuidar más nuestra lengua y no hablar más de la cuenta! Y sería muy bueno, cosa no siempre fácil de hacer, comentar más las cosas buenas de los demás y felicitarles por ello.
Mirad qué consejo tan sabio dio, en su tiempo, el filósofo griego Sócrates a un amigo que le abordó un día diciéndole:"¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?" "Espera un momento -replicó Sócrates-, antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Por eso lo llamo el examen del triple filtro."
"El primer filtro es la verdad: ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?" "No -dijo el hombre-, en realidad oí hablar sobre eso y..." "Bien -dijo Sócrates-, entonces no sabes si es cierto o no. Permíteme ahora aplicar el segundo filtro, la bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?" "No -dijo el hombre-, al contrario". "Entonces -replicó Sócrates-, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo... Sólo que falta el tercer filtro, el filtro de la utilidad: ¿Me sirve de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?" "No -dijo el hombre-, la verdad es que no".
"Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no sabes si es cierto, ni es algo bueno de él e incluso no es algo útil para mí, ¿para qué quiero saberlo?" De este modo, Sócrates cortó el comentario que pretendían hacerle sobre su amigo. Hermosa manera de cortar esa corriente tan perniciosa de comentarios, de dimes y diretes sobre los demás.
¡Qué bueno es saber vencer el morbo sobre las cosas malas de los demás! ¡Qué bueno es no escuchar esos comentarios ni propagarlos! Si lo practicásemos, seguramente la convivencia entre familias y entre vecinos sería mucho más hermosa y armoniosa. El papa Francisco nos recuerda muchas veces que hemos de evitar las críticas y las murmuraciones, pues son la carcoma de la convivencia.
Tomemos ese compromiso de no escuchar, de no propagar todo aquello que no sabemos si es cierto, si no es algo bueno ni es útil para nosotros. Recordemos las palabras de Jesús: "No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados".
+Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

LA PACIENCIA DIVINA. Ángel Moreno de Buenafuente

En la Biblia la higuera significa la sinagoga, y Jesús, después de tres años de vida pública, denuncia, de alguna manera, la esterilidad del judaísmo, pero en la parábola Jesús apuesta por alargar el plazo, a ver si por fin la higuera da fruto. Y esto mimo hace con nosotros.

Texto bíblico: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córta1a. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas".»

El papa Francisco en la Bula nos ofrece una forma actual de practicar las obras de misericordia, entre ellas la paciencia. “… se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; (…) si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas” (MV 15).

Pensamiento: Si la cólera dura un instante, la misericordia de Dios dura por siempre.

ORACIÓN: “Nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, 5 y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5, 3-5)

PROPUESTA

Si Dios tiene tanta paciencia, tenla tú contigo mismo

¿Dónde estamos nosotros?

Unos desconocidos le comunican a Jesús la noticia de la horrible matanza de unos galileos en el recinto sagrado del templo. El autor ha sido, una vez más, Pilato. Lo que más les horroriza es que la sangre de aquellos hombres se haya mezclado con la sangre de los animales que estaban ofreciendo a Dios.

No sabemos por qué acuden a Jesús. ¿Desean que se solidarice con las víctimas? ¿Quieren que les explique qué horrendo pecado han podido cometer para merecer una muerte tan ignominiosa? Y si no han pecado, ¿por qué Dios ha permitido aquella muerte sacrílega en su propio templo?

Jesús responde recordando otro acontecimiento dramático ocurrido en Jerusalén: la muerte de dieciocho personas aplastadas por la caída de un torreón de la muralla cercana a la piscina de Siloé. Pues bien, de ambos sucesos hace Jesús la misma afirmación: las víctimas no eran más pecadores que los demás. Y termina su intervención con la misma advertencia: «si no os convertís, todos pereceréis».

La respuesta de Jesús hace pensar. Antes que nada, rechaza la creencia tradicional de que las desgracias son un castigo de Dios. Jesús no piensa en un Dios «justiciero» que va castigando a sus hijos e hijas repartiendo aquí o allá enfermedades, accidentes o desgracias, como respuesta a sus pecados.

Después, cambia la perspectiva del planteamiento. No se detiene en elucubraciones teóricas sobre el origen último de las desgracias, hablando de la culpa de las víctimas o de la voluntad de Dios. Vuelve su mirada hacia los presentes y los enfrenta consigo mismos: han de escuchar en estos acontecimientos la llamada de Dios a la conversión y al cambio de vida.


Todavía vivimos estremecidos por el trágico terremoto de Haití. ¿Cómo leer esta tragedia desde la actitud de Jesús? Ciertamente, lo primero no es preguntarnos dónde está Dios, sino dónde estamos nosotros. La pregunta que puede encaminarnos hacia una conversión no es «¿por qué permite Dios esta horrible desgracia?», sino «¿cómo consentimos nosotros que tantos seres humanos vivan en la miseria, tan indefensos ante la fuerza de la naturaleza?».

Al Dios crucificado no lo encontraremos pidiéndole cuentas a una divinidad lejana, sino identificándonos con las víctimas. No lo descubriremos protestando de su indiferencia o negando su existencia, sino colaborando de mil formas por mitigar el dolor en Haití y en el mundo entero. Entonces, tal vez, intuiremos entre luces y sombras que Dios está en las víctimas, defendiendo su dignidad eterna, y en los que luchan contra el mal, alentando su combate.

José Antonio Pagola

ES NECESARIO QUE NOS CONVIRTAMOS Y DEMOS FRUTOS


Evangelio según San Lucas 13,1-9.

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.

El les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 

Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera".


Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'.

Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'".