lunes, 14 de diciembre de 2015

“¡Conviértete! Para poder recibir al Dios de la alegría”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy hay una pregunta repetida tres veces: «¿Qué debemos hacer? » (Lc3,10.12.14). Le preguntan a Juan Bautista tres categorías de personas: primero, la muchedumbre en general; segundo, los publicanos, es decir los cobradores de impuestos; y tercero, algunos soldados. Cada uno de estos grupos pregunta al profeta qué debe hacer para realizar la conversión que él está predicando. La respuesta de Juan a la pregunta de la muchedumbre es el compartir los bienes de primera necesidad:  «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto» ( v.11). A los cobradores de impuestos dice no exigir nada más de la suma debida (cfr v.13), ¿qué quiere decir esto? No hacer sobornos, es claro Bautista; y el tercer grupo a los soldados les pide no extorsionar nada a ninguno sino contentarse de sus pagos (cfr v.14). Son las tres respuestas para las tres preguntas. Tres respuestas para un idéntico camino de conversión, que se manifiesta en empeños concretos de justicia y de solidaridad. Es el camino que Jesús indica en toda su predicación: el camino del amor hecho por el prójimo.
Y en estas advertencias de Juan Bautista comprendemos cuáles eran las tendencias generales de quien en aquella época tenía el poder, bajo las formas diversas. Las cosas no han cambiado tanto. No obstante, ninguna categoría de personas está excluida del recorrer el camino de la conversión para obtener la salvación, ni siquiera los publicanos considerados pecadores por definición. Ni siquiera ellos están excluidos de la salvación. Dios no impide a ninguno la posibilidad de salvarse. Él está –se puede decir esta palabra– Él está ansioso por usar la misericordia, usarla hacia todos en el tierno abrazo de reconciliación y de perdón.

Esta pregunta - ¿qué debemos hacer? – la sentimos también nuestra. La liturgia de hoy nos repite, con las palabras de Juan, que es necesario convertirse, es necesario cambiar dirección de marcha y emprender el camino de la justicia, de la solidaridad, de la sobriedad: son los valores imprescindibles de una existencia plenamente humana y auténticamente cristiana. ¡Conviértanse! Es la síntesis del mensaje del Bautista. Y la liturgia de este tercer domingo de Adviento nos ayuda a redescubrir una dimensión particular de la conversión: la alegría. Quien se convierte y se acerca al Señor siente la alegría. El profeta Sofonías nos dice hoy: «¡Alegráte, hija de Sion!», dirigido a Jerusalén (Sof 3,14); y el apóstol Pablo exhorta así a los cristianos de Filipo: «Alégrense siempre en el Señor» (Fil 4,4). Hoy se necesita valentía para hablar de alegría, ¡se necesita sobre todo fe! El mundo está sofocado por tantos problemas, el futuro agobiado por incógnitas y temores. Y sin embargo, el cristiano es una persona alegre, y su alegría no es cualquier cosa superficial y efímera, sino profundo y estable, porque es un don del Señor que llena la vida. Nuestra alegría deriva de la certeza que «el Señor está cerca» (Fil 4,5). Está cerca con su ternura, con su misericordia, con su perdón, con su amor.
Que la Virgen María nos ayude a reforzar nuestra fe, para que sepamos acoger al Dios de la alegría, que siempre quiere vivir en medio de sus hijos. Y que nuestra Madre nos enseñe a compartir las lágrimas con quien llora, para poder compartir también la sonrisa.
(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Llamamiento del Papa sobre el Clima: que la solidaridad sea más concreta


Tras dirigir el rezo del Ángelus, el Papa Francisco recordó que este sábado concluyó la Conferencia sobre el clima de París “con la adopción de un acuerdo que muchos definieron histórico”.
Texto completo de las palabras del Papa Francisco después del rezo del Ángelus:
Queridos hermanos y hermanas,
La Conferencia del clima ha apenas concluido en París con la adopción de un acuerdo que muchos definieron histórico. Su actuación requerirá un empeño coral y una generosa dedicación por parte de cada uno. Deseando que sea garantizada una particular atención a las poblaciones más vulnerables exhorto a la entera comunidad internacional proseguir con solicitud el camino emprendido en el signo de una solidaridad que se convierta cada vez más concreta.
Martes próximo, 15 de diciembre, en Nairobi iniciará la Conferencia Ministerial de la Organización Internacional del Comercio. Me dirijo a los Países que participarán, de modo que las decisiones que serán tomadas tengan en cuenta las necesidades de los pobres y de las personas más vulnerables, como también de las legítimas aspiraciones de los Países menos desarrollados y del bien común de la entera familia humana.
En todas las catedrales del mundo, están abiertas las Puertas Santas, para que el Jubileo de la Misericordia pueda ser vivido plenamente en las Iglesias particulares. Deseo que este momento fuerte estimule a tantos para hacerse instrumentos de la ternura de Dios. Como expresión de las obras de misericordia, están abiertas también las “Puertas de la Misericordia” en los lugares de dificultad y de marginación.  En este sentido, saludo a los detenidos de las cárceles de todo el mundo, especialmente aquellos de la cárcel de Padua, que hoy están unidos a nosotros espiritualmente para este momento de oración, y les agradezco el regalo del concierto.
Saludo a todos ustedes, peregrinos llegados de Roma, de Italia y de tantas partes del mundo. En particular saludo a aquellos procedentes de Varsovia y de Madrid. Dirijo un pensamiento especial a la fundación Dispensario Santa Marta en el Vaticano: a los padres con sus hijos, a los voluntarios y a las Hermanas Hijas de la Caridad; ¡gracias por su testimonio de solidaridad y de acogida! Saludo también a los miembros del Movimiento de los Focolares junto a amigos de algunas comunidades islámicas. Vayan hacia adelante, vayan hacia adelante con valentía en su camino de diálogo y de fraternidad, porque ¡todos somos hijos de Dios!
A todos un cordial deseo de buen domingo y buen almuerzo. No se olviden, por favor, de rezar por mí. ¡Hasta la vista!
(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Señor, instrúyeme en tus sendas.


Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9

Señor, instrúyeme en tus sendas.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; 
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Señor, instrúyeme en tus sendas.
Recuerda, Señor, que tu ternura 
y tu misericordia son eternas; 
acuérdate de mí con misericordia, 
por tu bondad, Señor.
Señor, instrúyeme en tus sendas.
El Señor es bueno y es recto, 
enseña el camino a los pecadores; 
hace caminar a los humilles con rectitud, 
enseña su camino a los humildes.
Señor, instrúyeme en tus sendas.


El bautismo de Juan ¿de dónde venía?


Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 23-27
En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
- «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les replicó:
-«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»
Ellos se pusieron a deliberar:
-«Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?' Si le decimos "de los hombres". tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.»
Y respondieron a Jesús:
- «No sabemos.»
Él, por su parte, les dijo:
- «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
Palabra del Señor.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Carlos Osoro abre la puerta de la misericordia en Madrid Arzobispo de Madrid: "Comunicar el amor misericordioso de Dios es nuestra misión"

El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidió hoy en la catedral de Santa María la Real de la Almudena la apertura del Año de la Misericordia en la diócesis. En su homilía, el prelado de la capital asegura que la misión de los católicos es "comunicar el amor misericordioso de Dios", cuya omnipotencia "se manifiesta en su misericordia, que es paciente y eterna". E inivta a llevarla a "todas las periferias".
Acompañaban a Carlos Osoro, el nuncio del Papa en España, Renzo Fratini, el obispo auxiliar, Martínez Camino, y decenas de sacerdotes. También estuvo presente, sin concelebrar, el cardenal Rouco Varela, en un sitial colocado al otro lado del del arzobiso madrileño.
Texto íntegro de la homilía del arzobispo de Madrid
Una vez inaugurado el Año Jubilar de la Misericordia el pasado día 8 de diciembre en Roma por el Papa Francisco, en todas las catedrales de las Iglesias Particulares del mundo, en este III Domingo de Adviento, hemos abierto la Puerta Santa, que nos expresa visiblemente cómo se abre, para todos nosotros y para la humanidad entera, la puerta de la misericordia de Dios. Es una gracia inmensa para todos nosotros atravesar esta puerta, que representa a Cristo.
Os invito a todos a atravesar esta puerta, a deteneros en ella unos momentos, y sentir en lo más profundo del corazón cómo, entrando por Cristo, en Cristo y con Cristo, estamos dispuestos a vivir con todas las consecuencias el paso por esta puerta de Verdad, de Vida, de Amor, de Misericordia; que no es más que mostrar con nuestra vida que, lo que Cristo nos da, lo repartimos a quienes nos encontremos en el camino de nuestra vida. Cristo te acoge. Te regala su amor. Te acoge.
Cuando paséis la Puerta, que es Cristo, tomad conciencia del regalo que nos hace. Entramos por ella para obtener misericordia y perdón. «Yo soy la puerta -dice el Señor-: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos» (Jn 10, 9). Jesús tiene un rostro y con él, nos da su mensaje, que no es otro que la misericordia. Es el mensaje más fuerte del Señor. Cristo con su misericordia nos abraza y nos da la gracia de poder confiarle a Él nuestra vida. ¿Cuál es ese mensaje que nos dice? Este: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

Quizá tengáis la tentación de decir: «¡Ay, señor arzobispo, si usted conociera mi vida!». No importa, entra por Él, confía en la misericordia de Dios. Dile a Jesús lo que tienes, ya que te pesa y te ata quitándote la esperanza, la libertad y la alegría. El Señor te abraza, te besa, te dice «tampoco yo te condeno, anda en adelante no peques más». Es verdad que no es fácil. No es fácil hacerlo, pues supone entrar en un abismo incomprensible. La omnipotencia de Dios se manifiesta en la misericordia, que es paciente y es eterna. No estamos acostumbrados a esto, a que se nos ame de esa manera; tampoco nosotros los hacemos con los demás. No estamos acostumbrados a escuchar lo que Jesús dijo desde la Cruz: «Perdónales, porque no saben lo que hacen». Y sin embargo, hemos de hacerlo. Escuchar estas palabras trae salud al mundo, a la historia de los hombres.

Repartir al que no tiene

La palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.
El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.
Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.
¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?
¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana?¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?
Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos «cautivos de una religión burguesa». El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es esta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.
Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este «cautiverio», comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad ycultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.

José Antonio Pagola

LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

El papa Francisco nos sorprende constantemente con su testimonio y enseñanzas, como sucedió con la exhortación “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio), referencia oportuna para este tiempo de Adviento, y de manera especial para este Domingo de la Alegría.
Aún tengo en mis oídos la memoria del eco de los cánticos que entonamos por las calles de Jerusalén, al alba, durante el Via Crucis. Como parábola y deseo, los peregrinos cantábamos: “¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”!”
Hoy es el profeta quien invita a la ciudad santa a alegrarse: “Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén”. “El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta».
La razón de la alegría a la que nos invita la Liturgia no es otra que la certeza de la proximidad del Señor. Pero no como si hiciéramos representación, poniéndonos en el supuesto de que va a llegar el Señor a visitarnos, sino porque está en medio de nosotros. “Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.».”
La razón de la alegría es la proximidad de la Navidad -“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”-, pero sobre todo el sabernos habitados por la presencia divina. Él nos habita.
Esta verdad nos debería hacer a todos los humanos mucho más respetuosos. Juan Bautista nos aconseja: -«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.» Y el papa Francisco, al inicio de su exhortación, nos invita: “En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría”, que no es otra que Jesucristo: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).
Hoy, en las Iglesias particulares, se abre la puerta de la misericordia, motivo de alegría, de reconciliación, de paz, de convivencia, de novedad de vida, de agradecimiento, de encuentro más vivo con la persona de Jesucristo, pues Él es la Puerta, y de reconciliación con los hermanos y con toda la creación.
El motivo de la alegría es la celebración del amor de Dios, quien “en la « plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, envió a su Hijo, nacido de la Virgen María, para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él, ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret, con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”.

Buenafuente es “Templo Jubilar”. ¡Feliz Año de la Misericordia!

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: - «¿Entonces, qué hacemos?»

Él contestó: - «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: - «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: - «No exijáis más de lo establecido.»

Unos militares le preguntaron: - «¿Qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: - «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no seria Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: - «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio

Palabra del Señor

sábado, 12 de diciembre de 2015

¡SEÑOR, QUE BRILLE TU ROSTRO Y NOS SALVE!

Del salmo 79:

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
Tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que Tú hiciste vigorosa.

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que Tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu Nombre.


Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Fiesta de la Virgen de Guadalupe


Reflexión del Papa Francisco por la fiesta de la Virgen de Guadalupe (Audiencia General,11 de diciembre de 2013)

Cuando la Virgen se apareció a san Juan Diego, su rostro era el de una mujer mestiza y sus vestidos estaban llenos de símbolos de la cultura indígena. Siguiendo el ejemplo de Jesús, María se hace cercana a sus hijos, acompaña como madre solícita su camino, comparte las alegrías y las esperanzas, los sufrimientos y las angustias del Pueblo de Dios, del que están llamados a formar parte todos los pueblos de la tierra.

La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después.

Este abrazo de María señaló el camino que siempre ha caracterizado a América: ser una tierra donde pueden convivir pueblos diferentes, una tierra capaz de respetar la vida humana en todas sus fases, desde el seno materno hasta la vejez, capaz de acoger a los emigrantes, así como a los pueblos y a los pobres y marginados de todas las épocas. America es una tierra generosa.

Éste es el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, y éste es también mi mensaje, el mensaje de la Iglesia. Animo a todos los habitantes del Continente americano a tener los brazos abiertos como la Virgen María, con amor y con ternura.
Pido por todos ustedes, queridos hermanos y hermanas de toda América, y también ustedes recen por mí. Que la alegría del Evangelio esté siempre en sus corazones. El Señor los bendiga y la Virgen los acompañe.

Oración


viernes, 11 de diciembre de 2015

Rescripto del Papa Francisco sobre el cumplimiento y la observancia de la nueva ley del proceso matrimonial

Ciudad del Vaticano, 11 de diciembre de 2015 (Vis).-El Santo Padre firmó, en la tarde del 7 de diciembre, el siguiente Rescripto ex audientia sobre el cumplimiento y la observancia de la nueva ley del proceso matrimonial.
''La entrada en vigor - en feliz coincidencia con la apertura del Jubileo de la Misericordia – de las cartas apostólicas en forma de Motu Proprio "Mitis Iudex Dominus Iesus" y "Mitis et Misericors Iesus" del 15 de agosto de 2015, dadas para actuar la justicia y la misericordia sobre la verdad del vínculo de los que han experimentado el fracaso matrimonial, plantea, entre otras cosas, la necesidad de armonizar el procedimiento renovado de los procesos matrimoniales con las reglas propias de la Rota Romana, en espera de su reforma.
El Sínodo de los Obispos, recientemente concluído exhortó con fuerza a la Iglesia a inclinarse sobre "sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado" (Relatio finalis, n. 55), a los que debe devolver la confianza y la esperanza.
Las leyes que ahora entran en vigor quieren mostrar la cercanía de la Iglesia a las familias heridas, con el deseo de que a la multitud de los que viven el drama del fracaso conyugal llegue la obra sanadora de Cristo a través de las estructuras eclesiales con la esperanza de que se descubran nuevos misioneros de la misericordia de Dios para con los otros hermanos, en beneficio de la institución familiar.
Reconociendo a la Rota Romana, además del ''munus'' que le es propio de Apelación ordinaria normal de la Sede Apostólica, también el de defensa de la unidad de la jurisprudencia (Art. 126 § 1 Pastor Bonus) y el de ayuda a la formación permanente de los agentes pastorales en los tribunales de las Iglesias locales, establezco lo siguiente:
I.- Las leyes de reforma del proceso matrimonial más arriba citadas abrogan o derogan cualquier ley o norma contraria hasta ahora vigente, general, particular o especial, eventualmente aprobada también en forma específica (por ejemplo, el Motu Proprio ''Qua cura'', dado por mi predecesor Pío XI en tiempos muy distintos de los actuales)
II.-
1. En las causas de nulidad de matrimonio ante la Rota Romana, la duda se establece de acuerdo con la antigua fórmula: An constet de matrimonii nullitate, in casu.
2. No se puede apelar contra las decisiones de la Rota en materia de nulidad de sentencias o de decretos.
3. Ante la Rota Romana no se admite el recurso por la ''nova causae propositio'' después de que una de las partes haya contraído un nuevo matrimonio canónico, a menos que conste la injusticia manifiesta de la decisión.
4. El decano de la Rota Romana tiene la potestad de dispensar por causa grave de las Normas Rotales en materia procesal.
5. Como solicitaron los patriarcas de las Iglesias Orientales, se deja a los tribunales territoriales la competencia sobre las causas ''iurium'' relacionadas con las causas matrimoniales sometidas al juicio de la Rota Romana en apelación.
6. La Rota Romana juzgue las causas de acuerdo con la gratuidad evangélica, es decir, con el patrocinio ex officio, exceptuada la obligación moral para los fieles con recursos de entregar una oferta de justicia en favor de las causas de los pobres.
Que los fieles, sobre todo a los heridos e infelices, miren a la nueva Jerusalén, que es la Iglesia como "Paz de la justicia y gloria de la piedad" (Baruc 5: 4) y que puedan, volviendo a encontrar los brazos abiertos del Cuerpo de Cristo, cantar el Salmo de los exiliados (126, 1-2): "Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, como soñando nos quedamos Entonces se llenó de risa nuestra boca, y nuestros labios de gritos de alegría''. 


EL QUE SIGUE AL SEÑOR TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA

Del Salmo 1:

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la Ley del Señor,
y medita la Ley día y noche.

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

LOS HECHOS DAN RAZÓN A LA SABIDURÍA DE DIOS


Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,16-19):
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado."

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Palabra del Señor

jueves, 10 de diciembre de 2015

Papa: dejémonos acariciar por la misericordia de Dios

 Dios está enamorado de nuestra pequeñez, su misericordia no tiene fin. Lo afirmó el Papa durante la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la que también participaron los cardenales del Consejo de los Nueve, que comenzaron, precisamente hoy, su 12ª Reunión de trabajo con el Santo Padre.
En su homilía, el Pontífice subrayó que la misericordia es como una caricia, como el abrazo de un padre que da consuelo y seguridad a su hijo.
“El Señor es misericordioso y grande en el amor”. El Papa Francisco desarrolló su homilía matutina partiendo de la  primera Lectura – tomada del libro de Isaías – donde en un monólogo del Señor se comprende que Dios ha elegido a su pueblo “no porque fuera grande o poderoso”, sino “porque era el más pequeño de todos, el más miserable de todos”.

Dios se enamora de nuestra pequeñez

Dios – prosiguió diciendo el Papa “se ha enamorado de esta miseria, se ha enamorado precisamente de esta pequeñez”. Y en este monólogo de Dios con su pueblo – reafirmó –  “se ve este amor”, un “amor tierno, un amor como el del papá o la mamá”, cuando habla con el niño que “se despierta de noche asustado por un sueño”. Y lo tranquiliza: “Yo te tomo la mano derecha, quédate tranquilo, no temas”:
“Todos nosotros conocemos las caricias de los papá y de las mamás, cuando los niños están inquietos por el susto: ‘No temas, yo estoy aquí; Yo estoy enamorado de tu pequeñez; me he enamorado de tu pequeñez, de tu nada’. E incluso: ‘No tengas miedo de tus pecados, Yo te quiero tanto; Yo estoy aquí para perdonarte’. Esta es la misericordia de Dios”.

El Señor toma sobre sí nuestras debilidades

Francisco recordó también a un santo que hacía muchas penitencias, al que el Señor le pedía cada vez más hasta que éste le dijo que ya no tenía nada más para darle y a quien Dios le respondió: “Dame tus pecados”:
“El Señor quiere tomar sobre sí nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestros cansancios. Jesús cuántas veces hacía sentir esto y después: ‘Vengan a mí, todos ustedes que están fatigados, agobiados, y yo les daré descanso. Yo soy el Señor tu Dios, que te tengo por la derecha, no temas pequeño, no temas. Yo te daré fuerza. Dame todo y yo te perdonaré, te daré paz”.

Que la misericordia de Dios nos haga más misericordiosos con los demás

Estas son “las caricias de Dios” – dijo también el Papa Bergoglio –, son las caricias de nuestro Padre, cuando se expresa con su misericordia”:
“Nosotros que estamos tan nerviosos, cuando una cosa no va bien, nos agitamos, estamos impacientes… En cambio Él: ‘Quédate tranquilo, hiciste algo gordo, sí, pero quédate tranquilo; no temas, Yo te perdono. Dámela’. Esto es lo que significa lo que hemos repetido en el Salmo: ‘El Señor es misericordioso y grande en el amor’. Nosotros somos pequeños. Él nos ha dado todo. Nos pide sólo nuestras miserias, nuestras pequeñeces, nuestros pecados, para abrazarnos, para acariciarnos”.
“Pidamos al Señor  –  concluyó diciendo Francisco en su homilía  – que despierte en cada uno de nosotros, y en todo el pueblo, la fe en esta paternidad, en esta misericordia, en su corazón. Y que esta fe en su paternidad y su misericordia nos haga un poco más misericordiosos con los demás”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).