Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
sábado, 12 de diciembre de 2015
viernes, 11 de diciembre de 2015
Rescripto del Papa Francisco sobre el cumplimiento y la observancia de la nueva ley del proceso matrimonial
Ciudad del Vaticano, 11 de
diciembre de 2015 (Vis).-El Santo Padre firmó, en la tarde del 7 de diciembre,
el siguiente Rescripto ex audientia sobre el cumplimiento y la observancia de
la nueva ley del proceso matrimonial.
''La entrada en vigor - en feliz coincidencia con la apertura del
Jubileo de la Misericordia – de las cartas apostólicas en forma de Motu Proprio
"Mitis Iudex Dominus Iesus" y "Mitis et Misericors Iesus"
del 15 de agosto de 2015, dadas para actuar la justicia y la misericordia sobre
la verdad del vínculo de los que han experimentado el fracaso matrimonial,
plantea, entre otras cosas, la necesidad de armonizar el procedimiento renovado
de los procesos matrimoniales con las reglas propias de la Rota Romana, en
espera de su reforma.
El Sínodo de los Obispos, recientemente concluído exhortó con
fuerza a la Iglesia a inclinarse sobre "sus hijos más frágiles, marcados
por el amor herido y extraviado" (Relatio finalis, n. 55), a los que debe
devolver la confianza y la esperanza.
Las leyes que ahora entran en vigor quieren mostrar la cercanía de
la Iglesia a las familias heridas, con el deseo de que a la multitud de los que
viven el drama del fracaso conyugal llegue la obra sanadora de Cristo a través
de las estructuras eclesiales con la esperanza de que se descubran nuevos
misioneros de la misericordia de Dios para con los otros hermanos, en beneficio
de la institución familiar.
Reconociendo a la Rota Romana, además del ''munus'' que le es
propio de Apelación ordinaria normal de la Sede Apostólica, también el de
defensa de la unidad de la jurisprudencia (Art. 126 § 1 Pastor Bonus) y el de
ayuda a la formación permanente de los agentes pastorales en los tribunales de
las Iglesias locales, establezco lo siguiente:
I.- Las leyes de reforma del proceso matrimonial más arriba
citadas abrogan o derogan cualquier ley o norma contraria hasta ahora vigente,
general, particular o especial, eventualmente aprobada también en forma
específica (por ejemplo, el Motu Proprio ''Qua cura'', dado por mi predecesor
Pío XI en tiempos muy distintos de los actuales)
II.-
1. En las causas de nulidad de matrimonio ante la Rota Romana, la
duda se establece de acuerdo con la antigua fórmula: An constet de matrimonii
nullitate, in casu.
2. No se puede apelar contra las decisiones de la Rota en materia
de nulidad de sentencias o de decretos.
3. Ante la Rota Romana no se admite el recurso por la ''nova
causae propositio'' después de que una de las partes haya contraído un nuevo
matrimonio canónico, a menos que conste la injusticia manifiesta de la decisión.
4. El decano de la Rota Romana tiene la potestad de dispensar por
causa grave de las Normas Rotales en materia procesal.
5. Como solicitaron los patriarcas de las Iglesias Orientales, se
deja a los tribunales territoriales la competencia sobre las causas ''iurium''
relacionadas con las causas matrimoniales sometidas al juicio de la Rota Romana
en apelación.
6. La Rota Romana juzgue las causas de acuerdo con la gratuidad
evangélica, es decir, con el patrocinio ex officio, exceptuada la obligación
moral para los fieles con recursos de entregar una oferta de justicia en favor
de las causas de los pobres.
Que los fieles, sobre todo a los heridos e infelices, miren a la
nueva Jerusalén, que es la Iglesia como "Paz de la justicia y gloria de la
piedad" (Baruc 5: 4) y que puedan, volviendo a encontrar los brazos
abiertos del Cuerpo de Cristo, cantar el Salmo de los exiliados (126, 1-2):
"Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, como soñando nos
quedamos Entonces se llenó de risa nuestra boca, y nuestros labios de gritos de
alegría''.
EL QUE SIGUE AL SEÑOR TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA
Del Salmo 1:El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la Ley del Señor,
y medita la Ley día y noche.
El que te sigue, Señor,
tendrá la luz de la vida
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
El que te sigue, Señor,
tendrá la luz de la vida
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
LOS HECHOS DAN RAZÓN A LA SABIDURÍA DE DIOS
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,16-19):
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado."
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»
Palabra del Señor
jueves, 10 de diciembre de 2015
Papa: dejémonos acariciar por la misericordia de Dios
Dios está enamorado de nuestra
pequeñez, su misericordia no tiene fin. Lo afirmó el Papa durante
la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la
que también participaron los cardenales del Consejo de los Nueve, que
comenzaron, precisamente hoy, su 12ª Reunión de trabajo con el Santo
Padre.
En su homilía, el Pontífice subrayó que la misericordia es como una caricia, como el abrazo de
un padre que da consuelo y seguridad a su hijo.
“El Señor es misericordioso y grande en el
amor”. El Papa
Francisco desarrolló su homilía matutina partiendo de la
primera Lectura – tomada del libro de Isaías – donde en un monólogo del
Señor se comprende que Dios ha elegido a su pueblo “no porque fuera grande o
poderoso”, sino “porque era el más pequeño de todos, el más miserable de
todos”.
Dios se enamora de nuestra pequeñez
Dios – prosiguió diciendo el Papa – “se ha enamorado de esta miseria, se ha enamorado precisamente
de esta pequeñez”. Y en este monólogo de Dios con su pueblo – reafirmó –
“se ve este amor”, un “amor tierno, un amor como el del papá o la mamá”,
cuando habla con el niño que “se despierta de noche asustado por un sueño”. Y
lo tranquiliza: “Yo te tomo la mano derecha, quédate tranquilo, no temas”:
“Todos nosotros conocemos las caricias de
los papá y de las mamás, cuando los niños están inquietos por el susto: ‘No
temas, yo estoy aquí; Yo estoy enamorado de tu pequeñez; me he enamorado de tu
pequeñez, de tu nada’. E incluso: ‘No tengas miedo de tus pecados, Yo te quiero
tanto; Yo estoy aquí para perdonarte’. Esta es la misericordia de Dios”.
Francisco recordó también a un santo que
hacía muchas penitencias, al que el Señor le pedía cada vez más hasta que éste
le dijo que ya no tenía nada más para darle y a quien Dios le respondió: “Dame
tus pecados”:
“El Señor quiere tomar sobre sí nuestras
debilidades, nuestros pecados, nuestros cansancios. Jesús cuántas veces hacía
sentir esto y después: ‘Vengan a mí, todos ustedes que están fatigados,
agobiados, y yo les daré descanso. Yo soy el Señor tu Dios, que te tengo por la
derecha, no temas pequeño, no temas. Yo te daré fuerza. Dame todo y yo te
perdonaré, te daré paz”.
Que la misericordia de Dios nos haga más
misericordiosos con los demás
Estas son “las caricias de Dios” – dijo
también el Papa
Bergoglio –, son las caricias de nuestro Padre, cuando
se expresa con su misericordia”:
“Nosotros que estamos tan nerviosos,
cuando una cosa no va bien, nos agitamos, estamos impacientes… En cambio Él:
‘Quédate tranquilo, hiciste algo gordo, sí, pero quédate tranquilo; no temas,
Yo te perdono. Dámela’. Esto es lo que significa lo que hemos repetido en el
Salmo: ‘El Señor es misericordioso y grande en el amor’. Nosotros somos
pequeños. Él nos ha dado todo. Nos pide sólo nuestras miserias, nuestras
pequeñeces, nuestros pecados, para abrazarnos, para acariciarnos”.
“Pidamos al Señor – concluyó
diciendo Francisco en su homilía – que despierte en cada uno de nosotros,
y en todo el pueblo, la fe en esta paternidad, en esta misericordia, en su
corazón. Y que esta fe en su paternidad y su misericordia nos haga un poco más
misericordiosos con los demás”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
No ha nacido uno más grande que Juan, el Bautista
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»
Palabra del Señor.
¿Por qué un Jubileo de la Misericordia?, lo explicó el Papa en su catequesis
Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Ayer he abierto aquí, en la Basílica de San Pedro, la Puerta Santa del
Jubileo de la Misericordia, después de haberla abierta ya en la Catedral de
Bangui en República Centroafricana. Hoy quisiera reflexionar junto a ustedes
sobre el significado de este Año Santo, respondiendo a la pregunta: ¿Por qué un
Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto?
La Iglesia necesita de este momento extraordinario. No digo: es bueno para
la Iglesia este tiempo extraordinario, no, no. Digo la Iglesia: necesita de
este momento extraordinario. En nuestra época de profundos cambios, la Iglesia
está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos
de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable
para todos nosotros, porque contemplando la Divina Misericordia, que supera
cada límite humano y resplandece sobre la obscuridad del pecado, podamos
transformarnos en testigos más convencidos y eficaces.
Dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso, y a los hermanos
necesitados de misericordia, significa poner la atención sobre el contenido
esencial del Evangelio: Jesús la Misericordia hecha carne, que hace
visible a nuestros ojos el gran misterio del Amor trinitario de Dios. Celebrar
un Jubileo de la Misericordia equivale a poner de nuevo al centro de nuestra
vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la fe cristiana, es
decir, Jesucristo, Dios misericordioso.
Un Año Santo, por lo tanto, para vivir la misericordia. Si, queridos
hermanos y hermanas, este Año Santo nos es ofrecido para experimentar en
nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia al lado de
nosotros y su cercanía, sobre todo en los momentos de mayor necesidad.
Este Jubileo, en resumen, es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda
a elegir únicamente “aquello que a Dios le gusta más”. Y, ¿qué cosa es lo que
“a Dios le gusta más”? Perdonar a sus hijos, tener misericordia de ellos, de
modo que también ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo
como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo. Esto es aquello que a
Dios le gusta más. San Ambrosio en un libro de teología que había escrito sobre
Adán toma la historia de la creación del mundo y dice que Dios, cada día
después de haber creado la luna, el sol o los animales, el libro, la Biblia
dice “y Dios dijo que esto era bueno” pero cuando ha creado al hombre y a
la mujer la Biblia dice “Dios dijo que esto era muy bueno” y San Ambrosio se
pregunta por qué dice “muy bueno” por qué -dice- está tan contento Dios después
de la creación del hombre y de la mujer, porque finalmente tenía a alguno para
perdonar. Es bello eh. La alegría de Dios es perdonar, el ser de Dios es
misericordia, por esto este año debemos abrir el corazón, para que este amor,
esta alegría de Dios nos llene, nos llene a todos nosotros de esta
misericordia.
El Jubileo será un “tiempo favorable” para la Iglesia si aprendemos a
elegir “aquello que a Dios le gusta más”, sin ceder a la tentación de pensar
que haya algo más importante o prioritario. Nada es más importante que elegir
“aquello que a Dios le gusta más”, ¡su misericordia, su amor, su ternura, su
abrazo, sus caricias!
También la necesaria obra de renovación de las instituciones y de las
estructuras de la Iglesia es un medio que debe conducirnos a hacer la
experiencia viva y vivificante de la misericordia de Dios que, sola, puede
garantizar a la Iglesia de ser aquella ciudad puesta sobre un monte que no
puede permanecer escondida (cfr Mt 5,14). Solamente
resplandece una Iglesia misericordiosa. Si debiéramos, aún solo por un momento,
olvidar que la misericordia es “aquello que a Dios le gusta más”, cada esfuerzo
nuestro sería en vano, porque nos convertiríamos en esclavos de nuestras
instituciones y de nuestras estructuras, por más renovadas que puedan ser, pero
siempre seríamos esclavos.
«Sentir fuerte en nosotros la alegría de haber sido reencontrados por
Jesús, que como Buen Pastor ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos» (Homilía
en las Primeras vísperas del domingo de la Divina Misericordia, 11
abril 2015): este es el objetivo que la Iglesia se pone en este Año Santo. Así
reforzaremos en nosotros la certeza de que la misericordia puede contribuir
realmente a la edificación de un mundo más humano. Especialmente en estos
nuestros tiempos, en que el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida
humana, el reclamo a la misericordia se hace más urgente, y esto en cada lugar:
en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia.
Cierto, alguno podría objetar: “Pero, Padre, la Iglesia, en este Año, ¿no
debería hacer algo más? Es justo contemplar la misericordia de Dios, pero ¡hay
muchas necesidades urgentes!”. Es verdad, hay mucho por hacer, y yo en primer
lugar no me canso de recordarlo. Pero es necesario tener en cuenta que, a la
raíz del olvido de la misericordia, está siempre el amor proprio. En el mundo,
esto toma la forma de la búsqueda exclusiva de los propios intereses, de
placeres, de honores unidos al querer acumular riquezas, mientras que en la vida
de los cristianos se disfraza a menudo de hipocresía y de mundanidad. Todas
estas cosas son contrarias a la misericordia. Los lemas del amor propio, que
hacen extranjera la misericordia en el mundo, son totalmente tantos y numerosos
que frecuentemente no estamos ni siquiera en grado de reconocerlos como límites
y como pecado. He aquí por qué es necesario reconocer el ser pecadores, para
reforzar en nosotros la certeza de la misericordia divina. “Señor, yo soy un
pecador, Señor soy una pecadora, ven con tu misericordia” y esta es una oración
bellísima, es fácil eh, es una oración fácil para decirla todos los días, todos
los días: “Señor yo soy un pecador, Señor yo soy una pecadora, ven con tu
misericordia”.
Queridos hermanos y hermanas, deseo que en este Año Santo, cada uno de
nosotros tenga experiencia de la misericordia de Dios, para ser testigos de
“aquello que a Dios le gusta más”. ¿Es de ingenuos creer que esto pueda cambiar
el mundo? Si, humanamente hablando es de locos, pero «porque la locura de Dios
es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más
fuerte que la fortaleza de los hombres» (1 Cor 1,25). Gracias.
(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Lo que Pío IX sintió al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción
“Cuando empecé a
proclamar el decreto dogmático, sentí mi voz impotente para hacerse oír por la
inmensa multitud (50.000 personas) que se apiñaba en la Basílica Vaticana.
Pero, cuando llegué a la fórmula de la definición, Dios dio a la voz de su
Vicario tal fuerza y tal vigor sobrenatural, que resonó en toda la Basílica. Y
quedé tan impresionado por tal socorro divino, que me vi obligado a suspender,
por un instante, mis palabras para dar libre desahogo a mis lágrimas.
Además
de eso, en cuanto Dios proclamaba el dogma por la boca de su Vicario, El mismo
dio a mi espíritu un conocimiento tan claro y tan grande de la incomparable
pureza de la Santísima Virgen que, abismado en la profundidad de ese
conocimiento, que ningún lenguaje podría describir, mi alma quedó inundada de
delicias inenarrables, delicias que no son terrenas y que no podrían
experimentarse sino en el Cielo.
Ninguna
prosperidad, ninguna alegría de este mundo podría dar la menor idea de esas
delicias. Y no temo afirmar que el Vicario de Cristo necesitó una gracia
especial para no morir de dulzura, bajo la impresión de tal conocimiento y de
tal sentimiento de belleza incomparable de María Inmaculada.
Tu,
mi queridísima hija [el Papa se dirige a la hermana superiora], fuiste
felicísima en el día de tu primera comunión y más aún en el día de tu profesión
religiosa. Yo mismo supe lo que significa ser feliz en el día de la ordenación
sacerdotal. Pues bien, reúne todas esas felicidades, con otras aún,
multiplícalas sin medida para hacer todas juntas una sola felicidad, y tendrás
así una pequeña idea de lo que sintió el papa el día 8 de diciembre de 1854.”
Domenico Bertetto, Il papa dell’Immacolata, Pio IX.
Civiltà (1972), pp. 63 a 65
Fuente: Aleteia
Bendice, alma mía, al Señor.
Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10
Bendice, alma mía, al Señor.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
Bendice, alma mía, al Señor.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestro pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestro pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Bendice, alma mía, al Señor.
Venid a mí todos los que estáis cansados
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30 En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor
martes, 8 de diciembre de 2015
El Papa inagura el Año de la misericordia con la apertura de la puerta santa Francisco: "El Jubileo nos obliga a no olvidar el espíritu del Vaticano II, el del samaritano"
Se
respira el clima de las grandes ocasiones. Francisco inaugura en Roma el
Año de la misericordia y abre la puerta santa, tras el prólogo de
Bangui. Y, en la homilía, explica que, para Dios, lo primero es la
misericordia, incluso antes que el juicio. Por eso, invita a la Iglesia a
recuperar el "espíritu del samaritano del Vaticano II", para salir,
de nuevo, a proclamar la alegría del amor al mundo.
El Papa concelebra rodeado de todos sus
cardenales curiales,
decenas de obispos y de sacerdotes en la Plaza de San Pedro. Al lado del altar,
un icono de estilo oriental de la Virgen María, madre de la misericordia. En el
otro lado, una peana con elEvangeliario del Año de la misericordia, abierto por
la página de la Anunciación.
En el frontal de la Basílica que da a la
plaza,el icono del año de la Misericordia, obra del artista jesuita
padre Rupnik.
Entre los invitados, el prior de Taizé, el presidente de Italia, Matarella, o el primer
ministro, Mateo Renzi.
Primera lectura del libro del Génesis en español:
"La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí"
Segunda lectura de la carta del apóstol
Pablo a los Efesios, leída en
inglés: "Nos eligió en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos
santos e irreprochables en el amor"
Lectura del pasaje del Evangelio de Lucas, cantado en italiano, del anuncio del
ángel: "En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea, llamada Nazaret...La Virgen se llamaba María..."
El Papa besa el
Evangeliario, con el icono del Año jubilar, obra también del padre Rupnik y, a
continuación el Evangelio queda expuesto en el altar.
La apertura de la puerta santa
Tras la misa,
la apertura de la Puerta Santa del jubileo extraordinario de la misericordia.
El Papa, en procesión, se dirige a la
puerta, revestido con una sencilla capa pluvial. Antes de situarse ante la
puerta santa y hacer una oración, se detiene para abrazar al Papa
emérito, Benedicto XVI, que quiso acompañarle en este momento
solemne.
"Cristo es
la puerta a través de la cual vamos a ti, belleza que no conoce ocaso...",
reza el Papa. Y añade: Esta es la puerta del Señor, ábranme la puerta de la
justicia"
El Papa empuja la puerta, cruza el umbral
y se queda rezando de pie durante unos momentos. Tras él, el Papa Benedicto, acompañado
de su secretario, monseñor Ganenswein.
Tras saludar de nuevo al Papa emérito,
Francisco se dirige al altar de la basílica. El templo está vacío, mientras
cruzan la puerta santa los cardenales, obispos, sacerdotes y fieles.
De pié, ante el altar de la confesión, el Papa espera estoicamente la larga
procesión de entrada en el templo de los clérigos. Algunso obispos y curas
besan el umbral de la puerta santa, antes de cruzarlo.
Ante el altar,
vuelve a hacer una oración litúrgica: "Concédenos hacer viva experiencia
de tu termura paterna y dar testimonio, con palabras y obras, de Cristo"
Y, a continuación, la bendición papal, con la que concluye la eucaristía.
Después, el Papa se dirige ante la imagen de la Virgen, mientras suena el
Regina coeli.
Religión digital
El Papa rinde homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España
Aclamado por el pueblo: "Papa Francisco estamos contigo"
En su oración, Francisco recordó a "aquellos que sienten más duro el
camino" de la vida
Tras la
apertura de la puerta santa por la mañana, el Papa se fue por
la tarde a rendir homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España ante la
Santa Sede. En ena ceremonia sencilla, pero llena de ternura y encanto, sobre
todo cuando Francisco besa, abraza y acaricia a decenas de enfermos que esperan
su bendición.
En su oración, Francisco recordó a
"aquellos que sienten más duro el camino" de la vida como
los enfermos, los presos y quienes "llegan de tierras lejanas en busca de
paz y trabajo".
"Vengo en nombre de las familias, con sus
alegrías y penas; de los niños y jóvenes,
abiertos a la vida; de los ancianos, llenos de experiencia", dijo el
pontífice a los pies de la estatua de la Inmaculada Concepción, en la plaza de
España de Roma.
Francisco dijo representar en modo particular a "los enfermos y a los encarcelados, a quienes
sienten más duro el camino".
"Como pastor vengo también en nombre de aquellos que han llegado desde tierras lejanas en
busca de paz y de trabajo", proclamó.
"Bajo tu manto hay lugar para todos porque eres
la madre de la Misericordia. Tu
corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos: la ternura de Dios, que
contigo se hizo carne y se convirtió en nuestro hermano, Jesús, salvador de
cada hombre y mujer", dijo.
El pontífice llegó a la plaza de España de Roma a las
15.48 hora local (14.48 GMT) y allí le esperaban miles de fieles, romanos y
turistas que le recibieron al grito de "Viva el papa" y
que también corearon su nombre al final de la celebración, cuando el pontífice
argentino se acercó a saludarles.
Jorge Bergoglio pronunció la oración a los pies de la
escultura de la Virgen, dondedepositó una franja de flores
blancas y amarillas, los colores de la bandera vaticana.
La tradición papal de la ofrenda de flores se remonta
a 1857, tres años después de la
definición dogmática de la Concepción Inmaculada de la Virgen María.
Por voluntad de Pío IX se
erigió este monumento en la romana Plaza de España y fue él quien lo bendijo el
8 de septiembre de 1857 desde el balcón central de la embajada española ante la
Santa Sede.
Después de la oración,
Francisco permaneció varios minutos en silencio y en meditación frente a la
escultura, mientras se escuchaban las letanías a la Virgen.
Al acto acudieron diversas autoridades políticas como
el comisario de Roma, Franco Paolo Tronca, y una comitiva de la Embajada de
España ante la Santa Sede encabezada por el embajador Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.
Una larga letanía, mientras el
Papa, de pié, reza con la cabeza baja. Los balcones de la embajada española
están repletos de gente, al igual que en las aceras de la Plaza de España y
aledaños.
Tras las letanías, el Papa imparte su bendición y el
coro entona el 'Tota pulchra est Maria'.
Y, a continuación, el saludo a las autoridades, entre
ellas, el cardenal Filoni,vecino de la Plaza de España, y el embajador español ante la Santa Sede.
Terminada la ceremonia oficial, el Papa se detiene a besar y saludar a los enfermos. Decenas de
enfermos que se han reunido allí con sus cuidadores. La gente le aclama, le
llama, llora a su paso.
Tras la larga fila de enfermos, saluda a la gente,
pero tadavía hay más. Y sigue saludando, a cada uno, con delicadeza, con
misericordia. Mientras la gente grita su nombre como un
talismán. Y la cola es interminable. El Ppaa lleva una hora
saludaando y bendiciendo a los enfermos, sus preferidos.
Y el Papa no se cansa. Está con los suyos. No tiene
prisa.Y la gente le devuelve su ternura: 'Viva el Papa' y 'Francesco,
Francesco'. Y el Papa se deja
querer, besar y acariciar. "Viva el Papa. Estamos siempre contigo",
le dice la gente.
Y Francisco se introduce en
su pequeño Fiat azul oscuro y se dirige a Santa María la Mayor.
José Manuel Vidal
Monseñor Osoro recuerda que «María, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra» en la Gran Vigilia de la Inmaculada
Como antesala del Año Santo de la Misericordia, que se inicia
precisamente mañana, festividad de la Inmaculada Concepción, se ha celebrado en
todas las diócesis españolas y en muy diversos países la Gran Vigilia de la
Inmaculada. En Madrid han sobresalido tres celebraciones: en la catedral de la
Almudena, en la basílica de la Merced y en el santuario de María Auxiliadora.
Todas han comenzado a las 21:00 horas y se han caracterizado por la gran
afluencia de público, con especial presencia de familias y jóvenes.
En su homilía en la catedral, monseñor Osoro ha resaltado que
«María Inmaculada, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra». «El ser humano
puede experimentar el Cielo aquí si acoge con todas las consecuencias la vida
que el hijo de Dios nos ha regalado», como hizo la Virgen, que «solo contenía a
Dios» y ofrece «el rico fruto que la Gracia de Dios ha dado en su vida», ha
señalado el prelado, antes de explicar que «la Inmaculada Concepción nos hace
la gran pregunta, nos da la gran respuesta y nos entrega la misión».
La pregunta que nos hace, según ha afirmado monseñor Osoro, es
«¿dónde estamos?». «¿Qué contiene nuestra vida?, ¿quién es el que orienta
nuestra vida?, ¿quién es el que nos marca la dirección de nuestra existencia?,
¿en qué palabra confiamos nosotros para adentrarnos en este mundo?», ha
abundado. «No me digáis que no tiene una fuerza extraordinaria para nosotros el
que nos reunamos aquí esta noche en esta catedral dedicada a la Virgen, en esta
fiesta, para que nos hagamos estas preguntas. [...] Ella da la respuesta: nos
enseña a cantar un cántico nuevo. Ella es maestra. María es la Madre de
Misericordia, la que entrega a esta tierra la misericordia, la desmedida del
amor de Dios», ha aseverado el arzobispo, para luego concluir que ahí nace
«nuestra gran misión». La Virgen, según ha remarcado, «es Madre de Misericordia
en todas las circunstancias»; «nos dice dónde se encuentra la Gloria y
alabanza». «Decimos a María que nos ayude para decir a Dios sí, siempre a Dios
sí, nunca a Dios no. Tenemos que decir no a todo aquello que no nos lleva a
tener la riqueza que tan plenamente vivió la Inmaculada Concepción».
El dogma de la Inmaculada Concepción de María
La Inmaculada Concepción de María es el dogma de
fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de
todo pecado, desde su concepción.
El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre
de 1854 , en su bula Ineffabilis Deus.
"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina
que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha
de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia
y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús
Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y
constantemente creída por todos los fieles..."
(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)
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