jueves, 10 de diciembre de 2015

No ha nacido uno más grande que Juan, el Bautista


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»
Palabra del Señor.

¿Por qué un Jubileo de la Misericordia?, lo explicó el Papa en su catequesis

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Ayer he abierto aquí, en la Basílica de San Pedro, la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia, después de haberla abierta ya en la Catedral de Bangui en República Centroafricana. Hoy quisiera reflexionar junto a ustedes sobre el significado de este Año Santo, respondiendo a la pregunta: ¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto?
La Iglesia necesita de este momento extraordinario. No digo: es bueno para la Iglesia este tiempo extraordinario, no, no. Digo la Iglesia: necesita de este momento extraordinario. En nuestra época de profundos cambios, la Iglesia está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable para todos nosotros, porque contemplando la Divina Misericordia, que supera cada límite humano y resplandece sobre la obscuridad del pecado, podamos transformarnos en testigos más convencidos y eficaces.
Dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso, y a los hermanos necesitados de misericordia, significa poner la atención sobre el contenido esencial del Evangelio: Jesús  la Misericordia hecha carne, que hace visible a nuestros ojos el gran misterio del Amor trinitario de Dios. Celebrar un Jubileo de la Misericordia equivale a poner de nuevo al centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la fe cristiana, es decir, Jesucristo, Dios misericordioso.
Un Año Santo, por lo tanto, para vivir la misericordia. Si, queridos hermanos y hermanas, este Año Santo nos es ofrecido para experimentar en nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia al lado de nosotros y su cercanía, sobre todo en los momentos de mayor necesidad.
Este Jubileo, en resumen, es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente “aquello que a Dios le gusta más”. Y, ¿qué cosa es lo que “a Dios le gusta más”? Perdonar a sus hijos, tener misericordia de ellos, de modo que también ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo. Esto es aquello que a Dios le gusta más. San Ambrosio en un libro de teología que había escrito sobre Adán toma la historia de la creación del mundo y dice que Dios, cada día después de haber creado la luna, el sol o los animales, el libro, la Biblia dice “y Dios dijo que esto era bueno”  pero cuando ha creado al hombre y a la mujer la Biblia dice “Dios dijo que esto era muy bueno” y San Ambrosio se pregunta por qué dice “muy bueno” por qué -dice- está tan contento Dios después de la creación del hombre y de la mujer, porque finalmente tenía a alguno para perdonar. Es bello eh.  La alegría de Dios es perdonar, el ser de Dios es misericordia, por esto este año debemos abrir el corazón, para que este amor, esta alegría de Dios nos llene, nos llene a todos nosotros de esta misericordia.
El Jubileo será un “tiempo favorable” para la Iglesia si aprendemos a elegir “aquello que a Dios le gusta más”, sin ceder a la tentación de pensar que haya algo más importante o prioritario. Nada es más importante que elegir “aquello que a Dios le gusta más”, ¡su misericordia, su amor, su ternura, su abrazo, sus caricias!
También la necesaria obra de renovación de las instituciones y de las estructuras de la Iglesia es un medio que debe conducirnos a hacer la experiencia viva y vivificante de la misericordia de Dios que, sola, puede garantizar a la Iglesia de ser aquella ciudad puesta sobre un monte que no puede permanecer escondida (cfr Mt 5,14). Solamente resplandece una Iglesia misericordiosa. Si debiéramos, aún solo por un momento, olvidar que la misericordia es “aquello que a Dios le gusta más”, cada esfuerzo nuestro sería en vano, porque nos convertiríamos en esclavos de nuestras instituciones y de nuestras estructuras, por más renovadas que puedan ser, pero siempre seríamos esclavos.
«Sentir fuerte en nosotros la alegría de haber sido reencontrados por Jesús, que como Buen Pastor ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos» (Homilía en las Primeras vísperas del domingo de la Divina Misericordia, 11 abril 2015): este es el objetivo que la Iglesia se pone en este Año Santo. Así reforzaremos en nosotros la certeza de que la misericordia puede contribuir realmente a la edificación de un mundo más humano. Especialmente en estos nuestros tiempos, en que el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida humana, el reclamo a la misericordia se hace más urgente, y esto en cada lugar: en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia.
Cierto, alguno podría objetar: “Pero, Padre, la Iglesia, en este Año, ¿no debería hacer algo más? Es justo contemplar la misericordia de Dios, pero ¡hay muchas necesidades urgentes!”. Es verdad, hay mucho por hacer, y yo en primer lugar no me canso de recordarlo. Pero es necesario tener en cuenta que, a la raíz del olvido de la misericordia, está siempre el amor proprio. En el mundo, esto toma la forma de la búsqueda exclusiva de los propios intereses, de placeres, de honores unidos al querer acumular riquezas, mientras que en la vida de los cristianos se disfraza a menudo de hipocresía y de mundanidad. Todas estas cosas son contrarias a la misericordia. Los lemas del amor propio, que hacen extranjera la misericordia en el mundo, son totalmente tantos y numerosos que frecuentemente no estamos ni siquiera en grado de reconocerlos como límites y como pecado. He aquí por qué es necesario reconocer el ser pecadores, para reforzar en nosotros la certeza de la misericordia divina. “Señor, yo soy un pecador, Señor soy una pecadora, ven con tu misericordia” y esta es una oración bellísima, es fácil eh, es una oración fácil para decirla todos los días, todos los días: “Señor yo soy un pecador, Señor yo soy una pecadora, ven con tu misericordia”.
Queridos hermanos y hermanas, deseo que en este Año Santo, cada uno de nosotros tenga experiencia de la misericordia de Dios, para ser testigos de “aquello que a Dios le gusta más”. ¿Es de ingenuos creer que esto pueda cambiar el mundo? Si, humanamente hablando es de locos, pero «porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres» (1 Cor 1,25). Gracias.



(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Lo que Pío IX sintió al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción


“Cuando empecé a proclamar el decreto dogmático, sentí mi voz impotente para hacerse oír por la inmensa multitud (50.000 personas) que se apiñaba en la Basílica Vaticana. Pero, cuando llegué a la fórmula de la definición, Dios dio a la voz de su Vicario tal fuerza y tal vigor sobrenatural, que resonó en toda la Basílica. Y quedé tan impresionado por tal socorro divino, que me vi obligado a suspender, por un instante, mis palabras para dar libre desahogo a mis lágrimas.
Además de eso, en cuanto Dios proclamaba el dogma por la boca de su Vicario, El mismo dio a mi espíritu un conocimiento tan claro y tan grande de la incomparable pureza de la Santísima Virgen que, abismado en la profundidad de ese conocimiento, que ningún lenguaje podría describir, mi alma quedó inundada de delicias inenarrables, delicias que no son terrenas y que no podrían experimentarse sino en el Cielo.
Ninguna prosperidad, ninguna alegría de este mundo podría dar la menor idea de esas delicias. Y no temo afirmar que el Vicario de Cristo necesitó una gracia especial para no morir de dulzura, bajo la impresión de tal conocimiento y de tal sentimiento de belleza incomparable de María Inmaculada.
Tu, mi queridísima hija [el Papa se dirige a la hermana superiora], fuiste felicísima en el día de tu primera comunión y más aún en el día de tu profesión religiosa. Yo mismo supe lo que significa ser feliz en el día de la ordenación sacerdotal. Pues bien, reúne todas esas felicidades, con otras aún, multiplícalas sin medida para hacer todas juntas una sola felicidad, y tendrás así una pequeña idea de lo que sintió el papa el día 8 de diciembre de 1854.”

Domenico Bertetto, Il papa dell’Immacolata, Pio IX. Civiltà (1972), pp. 63 a 65
Fuente: Aleteia

Bendice, alma mía, al Señor.



Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10

Bendice, alma mía, al Señor.
Bendice, alma mía, al Señor, 
y todo mi ser a su santo nombre. 
Bendice, alma mía, al Señor, 
y no olvides sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor.
Él perdona todas tus culpas 
y cura todas tus enfermedades; 
él rescata tu vida de la fosa 
y te colma de gracia y de ternura.
Bendice, alma mía, al Señor.
El Señor es compasivo y misericordioso, 
lento a la ira y rico en clemencia; 
no nos trata como merecen nuestro pecados 
ni nos paga según nuestras culpas.
Bendice, alma mía, al Señor.

Venid a mí todos los que estáis cansados


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30 En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor

martes, 8 de diciembre de 2015

Francisco abre la Puerta Santa

El Papa inagura el Año de la misericordia con la apertura de la puerta santa Francisco: "El Jubileo nos obliga a no olvidar el espíritu del Vaticano II, el del samaritano"


Se respira el clima de las grandes ocasiones. Francisco inaugura en Roma el Año de la misericordia y abre la puerta santa, tras el prólogo de Bangui. Y, en la homilía, explica que, para Dios, lo primero es la misericordia, incluso antes que el juicio. Por eso, invita a la Iglesia a recuperar el "espíritu del samaritano del Vaticano II", para salir, de nuevo, a proclamar la alegría del amor al mundo.
El Papa concelebra rodeado de todos sus cardenales curiales, decenas de obispos y de sacerdotes en la Plaza de San Pedro. Al lado del altar, un icono de estilo oriental de la Virgen María, madre de la misericordia. En el otro lado, una peana con elEvangeliario del Año de la misericordia, abierto por la página de la Anunciación.
En el frontal de la Basílica que da a la plaza,el icono del año de la Misericordia, obra del artista jesuita padre Rupnik.
Entre los invitados, el prior de Taizé, el presidente de Italia, Matarella, o el primer ministro, Mateo Renzi.
Primera lectura del libro del Génesis en español: "La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí"
Segunda lectura de la carta del apóstol Pablo a los Efesios, leída en inglés: "Nos eligió en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables en el amor"
Lectura del pasaje del Evangelio de Lucas, cantado en italiano, del anuncio del ángel: "En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret...La Virgen se llamaba María..."

El Papa besa el Evangeliario, con el icono del Año jubilar, obra también del padre Rupnik y, a continuación el Evangelio queda expuesto en el altar.
La apertura de la puerta santa
Tras la misa, la apertura de la Puerta Santa del jubileo extraordinario de la misericordia.
El Papa, en procesión, se dirige a la puerta, revestido con una sencilla capa pluvial. Antes de situarse ante la puerta santa y hacer una oración, se detiene para abrazar al Papa emérito, Benedicto XVI, que quiso acompañarle en este momento solemne.

"Cristo es la puerta a través de la cual vamos a ti, belleza que no conoce ocaso...", reza el Papa. Y añade: Esta es la puerta del Señor, ábranme la puerta de la justicia"
El Papa empuja la puerta, cruza el umbral y se queda rezando de pie durante unos momentos. Tras él, el Papa Benedicto, acompañado de su secretario, monseñor Ganenswein.
Tras saludar de nuevo al Papa emérito, Francisco se dirige al altar de la basílica. El templo está vacío, mientras cruzan la puerta santa los cardenales, obispos, sacerdotes y fieles. De pié, ante el altar de la confesión, el Papa espera estoicamente la larga procesión de entrada en el templo de los clérigos. Algunso obispos y curas besan el umbral de la puerta santa, antes de cruzarlo.
Ante el altar, vuelve a hacer una oración litúrgica: "Concédenos hacer viva experiencia de tu termura paterna y dar testimonio, con palabras y obras, de Cristo"

Y, a continuación, la bendición papal, con la que concluye la eucaristía. Después, el Papa se dirige ante la imagen de la Virgen, mientras suena el Regina coeli.
Religión digital

El Papa rinde homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España

Aclamado por el pueblo: "Papa Francisco estamos contigo"

En su oración, Francisco recordó a "aquellos que sienten más duro el camino" de la vida
 Tras la apertura de la puerta santa por la mañana, el Papa se fue por la tarde a rendir homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España ante la Santa Sede. En ena ceremonia sencilla, pero llena de ternura y encanto, sobre todo cuando Francisco besa, abraza y acaricia a decenas de enfermos que esperan su bendición.

En su oración, Francisco recordó a "aquellos que sienten más duro el camino" de la vida como los enfermos, los presos y quienes "llegan de tierras lejanas en busca de paz y trabajo".

"Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y penas; de los niños y jóvenes, abiertos a la vida; de los ancianos, llenos de experiencia", dijo el pontífice a los pies de la estatua de la Inmaculada Concepción, en la plaza de España de Roma.

Francisco dijo representar en modo particular a "los enfermos y a los encarcelados, a quienes sienten más duro el camino".
"Como pastor vengo también en nombre de aquellos que han llegado desde tierras lejanas en busca de paz y de trabajo", proclamó.
"Bajo tu manto hay lugar para todos porque eres la madre de la Misericordia. Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos: la ternura de Dios, que contigo se hizo carne y se convirtió en nuestro hermano, Jesús, salvador de cada hombre y mujer", dijo.

El pontífice llegó a la plaza de España de Roma a las 15.48 hora local (14.48 GMT) y allí le esperaban miles de fieles, romanos y turistas que le recibieron al grito de "Viva el papa" y que también corearon su nombre al final de la celebración, cuando el pontífice argentino se acercó a saludarles.

Jorge Bergoglio pronunció la oración a los pies de la escultura de la Virgen, dondedepositó una franja de flores blancas y amarillas, los colores de la bandera vaticana.
La tradición papal de la ofrenda de flores se remonta a 1857, tres años después de la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de la Virgen María.
Por voluntad de Pío IX se erigió este monumento en la romana Plaza de España y fue él quien lo bendijo el 8 de septiembre de 1857 desde el balcón central de la embajada española ante la Santa Sede.
Después de la oración, Francisco permaneció varios minutos en silencio y en meditación frente a la escultura, mientras se escuchaban las letanías a la Virgen.
Al acto acudieron diversas autoridades políticas como el comisario de Roma, Franco Paolo Tronca, y una comitiva de la Embajada de España ante la Santa Sede encabezada por el embajador Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.

Una larga letanía, mientras el Papa, de pié, reza con la cabeza baja. Los balcones de la embajada española están repletos de gente, al igual que en las aceras de la Plaza de España y aledaños.
Tras las letanías, el Papa imparte su bendición y el coro entona el 'Tota pulchra est Maria'.
Y, a continuación, el saludo a las autoridades, entre ellas, el cardenal Filoni,vecino de la Plaza de España, y el embajador español ante la Santa Sede.

Terminada la ceremonia oficial, el Papa se detiene a besar y saludar a los enfermos. Decenas de enfermos que se han reunido allí con sus cuidadores. La gente le aclama, le llama, llora a su paso.
Tras la larga fila de enfermos, saluda a la gente, pero tadavía hay más. Y sigue saludando, a cada uno, con delicadeza, con misericordia. Mientras la gente grita su nombre como un talismán. Y la cola es interminable. El Ppaa lleva una hora saludaando y bendiciendo a los enfermos, sus preferidos.
Y el Papa no se cansa. Está con los suyos. No tiene prisa.Y la gente le devuelve su ternura: 'Viva el Papa' y 'Francesco, Francesco'. Y el Papa se deja querer, besar y acariciar. "Viva el Papa. Estamos siempre contigo", le dice la gente.
Y Francisco se introduce en su pequeño Fiat azul oscuro y se dirige a Santa María la Mayor.

José Manuel Vidal

Monseñor Osoro recuerda que «María, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra» en la Gran Vigilia de la Inmaculada

Como antesala del Año Santo de la Misericordia, que se inicia precisamente mañana, festividad de la Inmaculada Concepción, se ha celebrado en todas las diócesis españolas y en muy diversos países la Gran Vigilia de la Inmaculada. En Madrid han sobresalido tres celebraciones: en la catedral de la Almudena, en la basílica de la Merced y en el santuario de María Auxiliadora. Todas han comenzado a las 21:00 horas y se han caracterizado por la gran afluencia de público, con especial presencia de familias y jóvenes.
En su homilía en la catedral, monseñor Osoro ha resaltado que «María Inmaculada, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra». «El ser humano puede experimentar el Cielo aquí si acoge con todas las consecuencias la vida que el hijo de Dios nos ha regalado», como hizo la Virgen, que «solo contenía a Dios» y ofrece «el rico fruto que la Gracia de Dios ha dado en su vida», ha señalado el prelado, antes de explicar que «la Inmaculada Concepción nos hace la gran pregunta, nos da la gran respuesta y nos entrega la misión».

La pregunta que nos hace, según ha afirmado monseñor Osoro, es «¿dónde estamos?». «¿Qué contiene nuestra vida?, ¿quién es el que orienta nuestra vida?, ¿quién es el que nos marca la dirección de nuestra existencia?, ¿en qué palabra confiamos nosotros para adentrarnos en este mundo?», ha abundado. «No me digáis que no tiene una fuerza extraordinaria para nosotros el que nos reunamos aquí esta noche en esta catedral dedicada a la Virgen, en esta fiesta, para que nos hagamos estas preguntas. [...] Ella da la respuesta: nos enseña a cantar un cántico nuevo. Ella es maestra. María es la Madre de Misericordia, la que entrega a esta tierra la misericordia, la desmedida del amor de Dios», ha aseverado el arzobispo, para luego concluir que ahí nace «nuestra gran misión». La Virgen, según ha remarcado, «es Madre de Misericordia en todas las circunstancias»; «nos dice dónde se encuentra la Gloria y alabanza». «Decimos a María que nos ayude para decir a Dios sí, siempre a Dios sí, nunca a Dios no. Tenemos que decir no a todo aquello que no nos lleva a tener la riqueza que tan plenamente vivió la Inmaculada Concepción».

El dogma de la Inmaculada Concepción de María


La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. 

El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 , en su bula Ineffabilis Deus.


"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." 

(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Inmaculada Concepción de la Virgen María. De los sermones de san Anselmo, obispo


El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la noche, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. [...]


Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo queestaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.



¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!

Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.

Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste. ¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!


Fuente: News.Va

HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Papa en conexión con Asís: Navidad es abrirse al perdón

Abrir el corazón a la misericordia, frente a las desgracias que padecen los emigrantes en el mar, “no fáciles de perdonar”. Es la invitación que hizo el Papa Francisco mediante una video conexión con Asís. En efecto, desde la Ciudad del Vaticano, la tarde del II Domingo de Adviento, el Pontífice encendió, simbólicamente, el Pesebre y el Árbol de Navidad frente a la Basílica de San Francisco de Asís, ambos símbolos dedicados a los emigrantes.
Antes de la conexión con el Obispo de Roma, Monseñor  Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, celebró la Santa Misa en la Basílica Inferior de Asís, en cuya homilía invitó a ponerse a la escucha de la Palabra del Señor, recorriendo tres vías siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, a saber: el desierto, o sea el lugar de la oración y de la reflexión; la conversión, que cambia radicalmente nuestra vida a través de la caridad y la esperanza y, en fin, la misión, porque el cristiano no debe tener miedo de hablar de Cristo.
Monseñor Gänswein bendijo el Pesebre que fue preparado en una barca de siete metros de longitud, que navegó por el mar Mediterráneo y que en marzo de 2014 permitió el traslado de nueve tunecinos a la isla italiana de Lampedusa.
Durante la ceremonia también asistieron 31 prófugos hospedados por la Caritas diocesana procedentes de Afganistán, Camerún, Irán y Nigeria y un oficial de la Marina Militar que participó en las operaciones de salvataje de los emigrantes en el canal de Sicilia.
Hablando espontáneamente, el Papa Francisco dijo:
“Mirando aquella barca…  Jesús siempre está con nosotros, también en los momentos difíciles. ¡Cuántos hermanos y hermanas se han ahogado en el mar! Están con el Señor, ahora. Él ha venido a darnos esperanza, y debemos tomar esta esperanza. Ha venido para decirnos que Él es más fuerte que la muerte, que Él es más grande que toda maldad. Ha venido para decirnos que es misericordioso, todo misericordia; y en esta Navidad los invito a abrir el corazón a la misericordia, al perdón. Pero no es fácil perdonar estas matanzas. No es fácil”.
El Santo Padre agradeció de corazón a las mujeres y a los hombres que componen la Guardia Costera, porque han sido instrumento de la esperanza que nos trae Jesús. Y añadió que han sido sembradores de esperanza, de la esperanza de Jesús.
Tras agradecer las palabras de uno de los emigrantes que la tierra italiana ha recibido generosamente, Francisco añadió que el Sur de Italia ha sido un ejemplo de solidaridad para todo el mundo. Y manifestó su deseo de que al ver ese Pesebre todos puedan decirle a Jesús: “¡También yo he dado una mano para que tú seas un signo de esperanza”!
A todos los refugiados el Papa Francisco les dijo, con las palabras del Profeta: “Levanten la cabeza, el Señor está cerca. Y con Él la fuerza, la salvación, la esperanza. El corazón, quizás, afligido, pero la cabeza alta en la esperanza del Señor.
Y concluyó diciendo:
“A todos ustedes refugiados, y a todos ustedes de la Guardia Costera, les agrazo y les deseo una Santa Navidad, llena de esperanza, y con tantas caricias del Señor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Nuestro Señor viene y nos salvará


Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14 
Nuestro Señor viene y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
«Dios anuncia la paz 
a su pueblo y a sus amigos.» 
La salvación está ya cerca de sus fieles, 
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, 
la justicia y la paz se besan; 
la fidelidad brota de la tierra, 
y la justicia mira desde el cielo.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
El Señor nos dará la lluvia, 
y nuestra tierra dará su fruto. 
La justicia marchará ante él, 
la salvación seguirá sus pasos
Nuestro Señor viene y nos salvará.


Hoy hemos visto cosas admirables


Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo:
- «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar:
- «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó:
- «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir levántate y anda,'?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados - dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor:
- «Hoy hemos visto cosas admirables.»
Palabra del Señor.