domingo, 15 de noviembre de 2015

RAZÓN DE LA ESPERANZA CRISTIANA


Apoyados en los textos sagrados que se proclaman este domingo, podemos afirmar que no estamos hechos para la corrupción, ni nuestro destino es el polvo. Hemos sido creados para gozar la vida eterna. El salmista canta: “Se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.” (Sal 15).
El sentido del salmo es sin duda profético, y se refiere a Jesucristo, resucitado de entre los muertos y sentado a la derecha de Dios Padre con gloria. Pero ha sido el mismo Jesús quien se ofreció a sí mismo por los pecados de todos, para que todos podamos gozar de su destino. “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados”. (Heb 10,14)
La liturgia de la Palabra de este domingo obedece a que celebramos prácticamente el último domingo del Tiempo Ordinario, ya que el próximo será la fiesta de Cristo Rey. Por este motivo, se nos propone a consideración los últimos tiempos, y la perspectiva teológica del final de la representación de este mundo.
Con la figura de Cristo Majestad, que viene sobre las nubes del cielo, se describe el triunfo definitivo del Señor, a quien se le someten todos los seres del cielo y de la tierra. “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”. (Mc 13, 27)
El juicio es de Dios, no nos corresponde a nosotros anticipar el veredicto. Según las Sagradas Escrituras, “los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (Dn 12, 3). Será el momento de la gran sorpresa, al escuchar de labios de Jesús: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber…” Y estas bendiciones se aplicarán a muchos que pasaron por el mundo haciendo el bien, aun sin saber que se lo hacían a Jesús.
Los que han caminado por esta vida con la mirada puesta en el rostro luminoso de quien ha dado su vida pro nosotros, no han tenido miedo al pensar en el encuentro con Cristo; por el contrario, han anhelado ese momento. Si ante el pensamiento de la vida eterna y del final de los días te intranquilizas, es una llamada a la confianza y al abandono en las manos de Dios, pero a su vez, también, a hacer el bien, porque al final será lo que nos sirva como título de bienaventuranza, gracias a la misericordia divina.

“Y al despertar, me saciaré de tu semblante” (sal 16).
Ángel Moreno de Buenafuente

Convicciones cristianas

Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?
Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el «Día Final» tan esperado, ¿qué podían pensar?
El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.
Primera convicción: La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin
El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.
Segunda convicción: Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre»
El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.
Tercera convicción: Jesús traerá consigo la salvación de Dios
Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.
Cuarta convicción: Las palabras de Jesús «no pasarán»
No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.
José Antonio Pagola

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.

Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Palabra del Señor.

sábado, 14 de noviembre de 2015

“Dime qué sentiste, hermano terrorista” (Carta abierta por los ataques en París)

Hermano terrorista:
Dime ¿qué sentiste?… en el momento en que miraste los ojos suplicantes de tu hermano y gatillaste su ausencia… cuando hombres y mujeres inocentes te rogaron misericordia, apelaron a la humanidad que corre por tus venas, y renegaste de tu condición de hombre. ¿Qué sentiste? Aquí en este mundo occidental decimos que odias demasiado, que eres un miserable, un terrorista desalmado, un animal despreciable; y sin embargo, estoy seguro que has amado a otra persona, tal vez tienes mujer e hijos. Estoy seguro que has palpado tu humanidad herida cuando alguna vez el dolor llamó a tu puerta y que tu corazón es capaz de conmoverse y sentir ternura.
Hermano terrorista, disculpa si es que no me cabe en el corazón que hayas abdicado completamente de tu humanidad. Por eso te pregunto: ¿qué sentiste cuándo mataste?, ¿placer?, ¿justicia?, ¿redención? ¡Dime! Confiesa que sentiste un breve chispazo de tristeza cuando viste tu rostro reflejado en la mirada vidriosa de las mujeres que asesinaste. Confiesa que se abrió una ligera herida, que se coló una gota de sangre humana en tu alma y te preguntaste: «¿Qué sentido tiene todo esto?». No me mal interpretes, soy cristiano, y sí, tal vez quiero una excusa para perdonarte o, aún peor, es probable que busque una razón para no odiar el hecho de que compartamos la misma naturaleza  — a mí también se me cuela el odio hermano — ; pero por encima de todo, te soy sincero, busco un pequeño atisbo de esperanza. Hermano terrorista, disculpa si soy ingenuo, pero busco la esperanza de que aún se te puede hablar de amor, de que tu humanidad no ha sido completamente tomada por el odio y de que, si te muestro mi corazón abierto, tal vez me enseñarías el tuyo. Por eso, hermano terrorista, confiesa: ¡te dolió matar! ¡Un relámpago de duda surcó tu frente! ¡El terror que causaste te asustó a ti también! ¡Disparaste con pena! ¡¿Te mataste con miedo?! ¡Dime que eres humano, maldita sea!

No me hables de los infieles, de la corrupción de Occidente, ni del premio reservado a los conductores de la Yihad. Creo que lo crees, e incluso, que crees sinceramente en todo eso; pero háblame más bien de este temor inesperado, hermano terrorista, de la sal en tu boca, de aquel estribillo de remordimiento que estuvo a punto de hacerte pedirle perdón a aquella mujer cuando descubriste que estaba embarazada. Porque es en esto último donde está no solo mi esperanza sino también la tuya, ¿no lo entiendes? Disculpa que te lo diga tan crudamente, pero Dios ha jugado un papel completamente distinto del que tú te esperabas en este atentado. No fue el ciclón de odio  — no la llames ira santa, por favor —  lo que Dios sembró en tu corazón, fueron más bien esas tímidas dudas de amor y humanidad, fue la reticencia y ese fastidioso retintín de incerteza donde Dios te hablaba. Por eso te ruego, hermano terrorista, no te avergüences de ellas porque no son un signo de tu infidelidad al plan de Dios; todo lo contrario, son la única garantía de que sigues siendo un ser humano y de que Dios no te ha abandonado ni siquiera en la noche más oscura de tu existencia.

Por eso, te repito, repasemos juntos el momento: ¡¿qué sentiste?! hermano terrorista.

Mauricio Artieda

"Los atentados de París no tienen justificación ni religiosa ni humana" Francisco condena "enérgicamente la violencia que no resuelve nada"


Estoy conmovido y siento dolor. No entiendo estas cosas,
El papa Francisco condenó hoy "enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada", al tiempo que se mostró "en oración con el sufrimiento de las familias afectadas" en los atentados terroristas de este viernes en París que dejaron más de un centenar de muertos.
"Informado de los horrendos ataques terroristas que tuvieron lugar en París y el Stade de France, matando a decenas de personas e hiriendo a muchos otros, Su Santidad Francisco se une en oración con el sufrimiento de las familias afectadas por el drama y el dolor del pueblo francés", informó este sábado el secretario de Estado Pietro Parolin en una carta dirigida al cardenal francés André Vingt-Trois, Arzobispo de París.
El Santo Padre "invoca a Dios, Padre de misericordia, que él da la bienvenida a las víctimas en la paz de su luz y trae consuelo y esperanza a los heridos y sus familias. Es responsable, así como todos los que participaron en el rescate de su cercanía espiritual", agrega la misiva divulgada esta mañana por la Santa Sede.
"Una vez más, el Santo Padre condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada, y le pide a Dios para inspirar a todos los pensamientos de la paz y de la solidaridad o de comunicar a las familias en la prueba y sobre todo los franceses, la abundancia de sus bendiciones", finaliza la carta del número dos del Vaticano.
Por otra parte, en l papa Francisco dijo hoy que los atentados de París "no tienen justificación ni religiosa ni humana. Esto no es humano", en una breve declaración hecha al canal de televisión TV200, de la Conferencia Episcopal Italiana.
"Estoy conmovido y siento dolor. No entiendo estas cosas, son difíciles de entender, hechas por seres humanos. Por eso estoy conmovido, con dolor y rezo", declaró el pontífice por teléfono.
"Estoy muy próximo al pueblo francés tan amado, estoy cerca de los familiares de las víctimas y rezo por todos ellos", declaró en la entrevista.

Preguntado por si los ataques de París son una muestra de la "guerra mundial a trozos" de la que el pontífice ha hablado en repetidas ocasiones, el papa respondió: "este es un trozo, no hay justificaciones para estas cosas". (RD/Agencias)

De frente al odio, contra el miedo, el mensaje de la misericordia. La reflexión del jesuita Federico Lombardi


En estos días tristes por la tempestad de una violencia homicida loca y horrible, muchos se preguntan cómo reaccionar. Algunos se hacen ya la pregunta sobre cómo vivir la espera del Jubileo

¡Atención! Estos homicidios poseídos de un odio insensato se llaman terroristas precisamente porque quieren difundir el terror. Si nosotros nos dejamos aterrorizar, han alcanzado ya su primer objetivo. Es una razón más para resistir con decisión y con coraje a la tentación del miedo. Naturalmente  es necesario ser prudentes y no irresponsables, tomar las precauciones que sean razonables. Pero debemos continuar viviendo, construyendo paz y confianza recíproca.
Por eso diría que el Jubileo de la misericordia se manifiesta todavía más necesario. Un mensaje de misericordia, es decir de amor de Dios, que tiene como consecuencia también el amor recíproco y la reconciliación. Es exactamente la respuesta que necesitamos dar en tiempos de tentación y desconfianza. Juan Pablo II decía que el mensaje de la misericordia era la gran respuesta de Dios y de los creyentes, en el tiempo oscuro y horrible de la segunda guerra mundial, de masacres obradas por los totalitarismo, por la difusión del odio entre los pueblos y las personas.

También hoy cuando el Papa Francisco habla de la tercera guerra mundial a pedazos, es necesario el mensaje de la misericordia para hacernos capaces de reconciliación, de construir puentes no obstante todo, de tener el coraje del amor. No es precisamente el tiempo de renunciar al Jubileo o de tener miedo. Tenemos más necesidad que antes. (Traducción del original italiano: jesuita Guillermo Ortiz- Radio Vaticana)

ORAR SIEMPRE SIN DESANIMARSE



Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: 

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario."

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme".

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

viernes, 13 de noviembre de 2015

Homilía del Papa: Dios es la “gran belleza”, todo lo demás pasa


Hay dos peligros que asechan a los creyentes: la tentación de divinizar las cosas de la tierra e incluso de idolatrar los “hábitos”, como si todo tuviera que durar para siempre. En cambio, la única belleza eterna a la que debemos tender es Dios. Lo afirmó el Papa Franciscoen su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta

“La gran belleza es Dios”. Lo reza también el Salmo: “Los cielos narran la belleza de Dios”. El problema del hombre es que con frecuencia se arrodilla ante lo que, de aquel esplendor es sólo un reflejo – que un día, de todos modos, se apagará – o incluso,  se vuelve devoto de placeres aún más pasajeros.

Apegados a las bellezas de acá

El Papa Bergoglio desarrolló su homilía poniendo de manifiesto las dos idolatrías en las que también puede caer quien tiene fe. La primera Lectura y el Salmo – observó Francisco –  se refieren a “la belleza de la creación”, pero también subrayan “el error” de “aquella gente que en estas cosas bellas no ha sido capaz de ver más allá, es decir la trascendencia”. Una actitud en la que el Pontífice identifica lo que denomina “la idolatría de la inmanencia”, que hace que uno se detenga ante una belleza “sin un más allá”:

“Se han apegado a esta idolatría; están sorprendidos por su poder y energía. No han pensado cuán superior es su Soberano, porque los ha creado, Aquel que es principio y autor de la belleza. Es una idolatría mirar las bellezas – tantas – sin pensar que habrá un ocaso. También el ocaso tiene su belleza… Y esta idolatría de estar apegados a las bellezas de acá, sin la trascendencia, todos nosotros corremos el riesgo de tenerla. Es la idolatría de la inmanencia. Creemos que las cosas son como son, son casi dioses, que jamás terminarán. Olvidamos el ocaso”.

Divinizar los hábitos

La otra idolatría – subrayó el Santo Padre – “es la de los hábitos” que ensordecen el corazón. Francisco la ilustró recordando las palabras de Jesús en el Evangelio del día, con su descripción de los hombres y las mujeres en tiempos de Noé o los de Sodoma cuando, recuerda que “comían, bebían, tomaban esposa y esposo” sin preocuparse por otra cosa, hasta el momento del diluvio o de la lluvia de fuego y azufre, de la destrucción absoluta:

“Todo es habitual. La vida es así: vivimos así, sin pensar en el ocaso de este modo de vivir. También esto es una idolatría: estar apegado a los hábitos, sin pensar que esto terminará. Y la Iglesia nos hace ver el final de estas cosas. También los hábitos pueden ser pensados como dioses. ¿La idolatría? La vida es así, vamos adelante así… Y así como la belleza terminará en otra belleza, nuestro hábito terminará en una eternidad, en otro hábito. ¡Pero está Dios!”.

Mirar la belleza que no pasa

En cambio – exhortó el Obispo de Roma – es necesario dirigir la mirada “siempre más allá”, hacia  “el hábito final”, al único Dios que está más allá “del fin de las cosas creadas”, como la Iglesia enseña en estos días que concluyen el Año litúrgico, para no repetir el error fatal de mirar hacia atrás, como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si “la vida es bella, también el ocaso será muy bello”:

“Nosotros  – los creyentes – no somos gente que vuelve atrás, que cede, sino gente que va siempre adelante”. Ir siempre adelante en esta vida, mirando las bellezas y con los hábitos que tenemos todos nosotros, pero sin divinizarlas. Terminarán… Que sean estas pequeñas bellezas, que reflejan la gran belleza, nuestros hábitos para sobrevivir en el canto eterno, en la contemplación de la gloria de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El Papa anima a la Iglesia a no ver a los laicos como "miembros de segunda clase"

El Papa ha invitado a la Iglesia a no ver a los laicos como miembros de "segunda clase" que solo ejecutan órdenes y ha recordado que pertenecen y participan junto a los miembros del orden sagrado y a los religiosos de la función sacerdotal, profética y real de Cristo mismo.
"El Concilio Vaticano II no mira a los laicos como si fueran miembros de segunda clase, al servicio de la jerarquía o como simples ejecutores de órdenes que vienen de lo alto, sino como discípulos de Cristo", ha señalado Francisco en el mensaje enviado a los participantes de la Jornada de estudio organizada por el Pontificio Consejo de Laicos, en colaboración con la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, sobre el tema de la vocación y misión de los laicos.
Además, ha especificado que a través de la fuerza del bautismo, los laicos "están llamados a animar todo ambiente, actividad y relación humana según el espíritu evangélico, llevando la luz, la esperanza, la caridad recibida por Cristo en los lugares que, de otra manera, permanecerían ajenos a la acción de Dios y abandonados a la miseria de la condición humana". Para el Papa, el Concilio Vaticano II ha hecho crecer en la Iglesia la formación de los laicos.

El Pontífice creó el pasado 2 de octubre una nueva Congregación de los Laicos que engloba a los pontificios consejos para los Laicos y para la Familia, actualmente guiados respectivamente por el cardenal Stranislaw Rylko y por el obispo Vincenzo Paglia. "Decidí instituir un nuevo dicasterio con competencia sobre los laicos, la familia y la vida, que sustituirá al Pontificio Consejo para los Laicos y al Pontificio Consejo para la Familia, y al que estará vinculada la Pontificia Academia para la Vida", comentó Francisco durante una de las sesiones de trabajo del Sínodo de obispos de la Familia.
(RD/Ep)

El cielo proclama la gloria de Dios.


Sal 18, 2-3. 4-5 

El cielo proclama la gloria de Dios.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos 
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

El cielo proclama la gloria de Dios.
Sin que hablen, sin que pronuncien, 
sin que resuene su voz, 
a toda la tierra alcanza su pregón 
y hasta los límites del orbe su lenguaje

El cielo proclama la gloria de Dios.

El día en que se manifestará el Hijo del Hombre


Lectura del santo evangelio según san Lucas, 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva.
Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. »
Ellos le preguntaron:
-«¿Dónde, Señor?»
Él contestó:
-«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»
Palabra del Señor.

jueves, 12 de noviembre de 2015

ORAR CON EL SALMO DE HOY: TU PALABRA, SEÑOR, ES ETERNA

Del salmo 118:


Tu palabra, Señor, es eterna

Tu Palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo.

Tu palabra, Señor, es eterna

Tu fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y permanece.

Tu palabra, Señor, es eterna

Por tu mandato subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu servicio.

Tu palabra, Señor, es eterna

La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes.
Tu palabra, Señor, es eterna

Haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,

Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien

Tu palabra, Señor, es eterna

‘Acógelos, Ayúdalos’, la nueva campaña de Misiones Salesianas por los refugiados

“El camino más peligroso de mi vida”
Más de 750.000 personas han cruzado el Mediterráneo este año huyendo de la guerra y el hambre
Más de 750.000 personas han cruzado el mar Mediterráneo en lo que va de año huyendo de la guerra y el hambre. “Cientos de miles de personas que, como decía hace pocos días un refugiado sirio acogido por los Salesianos, han realizado el camino más peligroso de sus vidas”, explica Ana Muñoz, portavoz de Misiones Salesianas.
“Estamos viendo la llegada de niños, mujeres… su deambular por toda Europa. Todos los días hay noticias de naufragios y muertes de personas que están tratando de salir del infierno de la guerra… Ante esto, no podemos mirar hacia otro lado”, añade Muñoz.
Por ello, hemos querido lanzar la campaña Acógelos, Ayúdalos. Es necesario que, como ciudadanos, demos una repuesta solidaria y un mensaje de acogida a aquellos que llegan sin nada buscando salvar sus vidas. Los misioneros salesianos en Turquía, Alemania, Austria, Italia o España ya se han puesto manos la obra para acoger y ayudar a los refugiados dando especial atención a los menores no acompañados.
“En Alemania ya hay 500 jóvenes y menores acogidos en centros salesianos y en Turquía llevamos años trabajando con los refugiados, sobre todo, con los niños y niñas para que puedan ir a la escuela”, explica Muñoz.
Hoy las necesidades se han multiplicado y necesitamos un verdadero compromiso con aquellos que nos necesitan. “Y no nos vamos a olvidar de aquellos que aún no han podido o querido dejar Siria. Allí, los misioneros salesianos continúan en Alepo, Damasco y Kafroun atendiendo a menores y jóvenes, a familias necesitadas…”, asegura la portavoz.
Acógelos, Ayúdalos es una iniciativa que trabajará en dos áreas: la acogida y la respuesta a las personas que están llegando a Europa, pero sin olvidar que es necesario buscar la paz y ofrecer oportunidades de futuro.


(Misiones Salesianas).-

Bienaventurados los que saben que van a morir

Palabras de Jake Bailey, joven de 18 años antes de morir
“Ninguno de nosotros sale vivo de la vida. No sabemos dónde terminaremos, ni cuándo terminaremos. Por eso, sed valientes, sed grandes, sed altruistas y sed siempre agradecidos por las oportunidades que tenéis; la oportunidad de aprender de quien vivía antes de vosotros y de quien camino junto a vosotros”.

Son las palabras impactantes pronunciadas por este joven, alumno del Instituto deChristchurch High School, en Nueva Zelanda. Y enfermo terminal. Tiene pocas semanas de vida y le ha sido diagnosticado un tumor fulminante y agresivo, sin remedio: un linforma Burkit no Hodgkinson.
Pero este joven, después de haber escrito estas palabras, quiso dejar su habitación del hospital para leerlas personalmente a sus compañeros. Se presentó en silla de ruedas con una lucidez digna de admiración, y conmovió hasta derramar las lágrimas entre los presentes, produciendo na gran ovación al terminar su discurso:
“Dejad que sean los demás quienes vivan vidas mediocres, no vosotros. Dejad a los demás llorar y preocuparse por pequeñas cosas, no vosotros. Dejad que sean los demás a dejar su futuro en las manos de los demás, no vosotros. El futuro está sólo en vuestras manos. Dejad los sueños para muy tarde, dedicaos a conseguir los objetivos más inmediatos”.
El joven Jake terminó estas palabras con el lema de la escuela “Altiora Peto”, frase latina que significa “Aspirar a lo más alto”. ¿Qué decir? Una bella historia para compartir y tenerla siempre en la mente, cuando los problemas de cada día nos parecen insuperables. Nos lo enseña este pequeño gran hombre.
Non solum sed etiam.
La noticia, tal cual la he transcrito, me llegaba de manos de un querido amigo, quien fuera hace años profesor de un servidor. Ha sido recogida de la prensa italiana y traducida por mi amigo.
Este blog no se llama por nada “non solum sed etiam”. La primera impresión respecto del testimonio de este joven sería la que figura en el último párrafo de la noticia. Pero he querido encontrar otras perspectivas. Vaya la primera: “Bienaventurados los que saben que van a morir”.
Dentro de poco se cumplirán 41 años de la muerte de mi padre. Dos días antes de morir quiso que su hijo, de 9 años, estuviese con él a solas un rato en la habitación del hospital. Entonces no lo entendí, pero años más tarde descubrí que mi padre se había despedido de mí y me había intentado dejar un legado más importante que lo que figurase en el testamento: La inmensa suerte de poder decir unas palabras a tus seres queridos antes de morir.
Esta es la dicha del joven Jake Bailey. Esta es la tremenda suerte que, en medio de un momento trágico, está pudiendo vivir este joven de 18 años.
No es ninguna tontería. Y si no que se lo pregunten a los familiares de los fallecidos en accidentes aéreos, o de trenes, o de tráfico; que se lo pregunten a los familiares de los asesinados en guerras, reyertas o actos terroristas; que se lo pregunten a los familiares de quienes entran en un quirófano y salen cubiertos con una sábana; que se lo pregunten a todos aquellos que han perdido a alguien sin poder decirse ni siquiera “adiós”.
Me alegro por este joven, que ha podido realizar un sueño, dejar un testamento vital a sus compañeros del colegio, que ha podido optar a permanecer en la mente de quienes le conocieron, más allá de la muerte, no solo por un recuerdo sino por unas palabras expresamente queridas decir por él.
Por eso, bienaventurados aquellos que saben que van a morir y ven cumplido su sueño de ver la última entrega de Star Wars, viajar a Disneyland o ver el mar. Pero sobre todo Bienaventurados los que antes de morir pueden despedirse de sus seres queridos y dejarles una palabra, quizá aquella que les ayude a recordarlos con más cariño y que les haga el resto de sus días más felices.


El Reino de Dios está dentro de vosotros


Lectura del santo evangelio según san Lucas, 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó:
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos:
-«Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis.
Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás.
Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»
Palabra del Señor