domingo, 24 de mayo de 2015

Papa Francisco: monseñor Romero pastor de los pobres, beato de la reconciliación.

El Papa Francisco participa a la distancia en la fiesta de El Salvador por la beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez este sábado 23 de mayo en la Plaza del Divino Salvador del Mundo ante la presencia de 300 mil personas entre nacionales y extranjeros, delegaciones de más de 57 países y líderes de la Iglesia a nivel planetario.
En primer lugar, el Papa compartió la “gran alegría” que viven “los salvadoreños”. Asimismo, remarcó la figura heroica de monseñor Romero, asesinato por los escuadrones de la muerte de ultraderecha, como servidor de Dios,  “en tiempos de difícil convivencia”, porque supo “guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia”.
 
Entretanto, sostuvo que “la voz del nuevo Beato sigue resonando hoy 
para recordarnos que la Iglesia, convocación de hermanos entorno a su Señor, es familia de Dios, en la que no puede haber ninguna división”. Al mismo tiempo, que alrededor de la figura del nuevo beato pidió la reconciliación del país y de América Latina. 
 Horas antes del evento se ha dado a conocer el contenido de la carta firmada por el Pontífice dirigida a monseñor José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal con motivo de la celebración de la beatificación de monseñor Romero, mártir, asesinado  “in odium fidei” (por odio a la fe) el 24 de marzo de 1980 en San Salvador.
 Romero constructor de paz 
Al pastor defensor de los derechos humanos, el Papa llama “constructor de paz con la fuerza del amor” y rememoró su testimonio de fe “con su vida entregada hasta el extremo
De igual manera, reconoció a Romero como sacerdote que respetó el mandato de Dios de apacentar “con ciencia y prudencia su rebaño” . “En ese hermoso país centroamericano, bañado por el Océano Pacífico, el Señor concedió a su Iglesia un Obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor”. Dios que no abandona al pueblo opreso 
 “El Señor nunca abandona a su pueblo en las dificultades, y se muestra siempre solícito con sus necesidades”.  Es el mensaje del Obispo de Roma al pueblo de El Salvador que vivió una guerra civil por 12 años y que dejó más de 70.000 muertos y 8.000 desaparecidos y más de un millón de refugiados.
 Dios “ve la opresión, oye los gritos de dolor de sus hijos, y acude en su ayuda para librarlos de la opresión y llevarlos a una nueva tierra, fértil y espaciosa, que ‘mana leche y miel’
Para honorar la memoria del nuevo beato cerca de 1500 campesinos y familias pobres salvadoreñas han ocupado los puestos de honor en la Misa, acompañados por 1200 sacerdotes. 
 En su carta, mencionó la particular atención de Romero por “los más pobres y marginados, además de las circunstancias de su martirio, asesinado mientras celebraba Misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia. “Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas
Iglesia de América Latina, fe bien entendida para la paz  y la solidaridad 
 “En este día de fiesta para la Nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos, - continuó - damos gracias a Dios porque concedió al Obispo mártir la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo, y fue moldeando su corazón para que, en su nombre, lo orientara e iluminara, hasta hacer de su obrar un ejercicio pleno de caridad cristiana”.
 En memoria del sacerdote que rechazaba las injusticias sociales, el Pontífice dijo que la “fe en Jesucristo, cuando se entiende bien y se asume hasta sus últimas consecuencias genera comunidades artífices de paz y de solidaridad. A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad”.
 Las palabras del Papa acompañaron la alegría extendida en la Plaza y siguieron a la eucaristía de la beatificación a cargo del cardenal Angelo Amato, designado por Francisco, acompañado por el monseñor, Vincenzo Paglia, postulador de la causa de beatificación de Monseñor Romero.
 El Salvador con Romero para dejar la violencia atrás
El mensaje del Papa Francisco está dirigido también a la pacificación de un país que vive una inseguridad que iguala a la vivida durante la Guerra Civil (1980-1992). En el primer trimestre del año se han registrado en El Salvador 1121 homicidios.
 “Es necesario renunciar a ‘la violencia de la espada, la del odio’, y vivir ‘la violencia del amor, la que dejo a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros”, se lee en la carta de Francisco.
 Igualmente escribió que “Monseñor Romero nos invita a la cordura y a la reflexión, al respeto a la vida y a la concordia”.  “Él supo ver y experimento en su propia carne «el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance a los demás». Y, con corazón de padre, se preocupó de «las mayorías pobres”, pidiendo a los poderosos que convirtiesen «las armas en hoces para el trabajo”.
 Devoción al mártir de la fe y amor al pueblo en El Salvador y América Latina 
 “Quienes tengan a Monseñor Romero como amigo en la fe, quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, encuentren en él fuerza y animo para construir el Reino de Dios, para comprometerse por un orden social más equitativo y digno”.
 Por último, el Papa pidió la “reconciliación nacional” ante los desafíos que hoy se afronta el país y sostuvo  “se une a sus oraciones para que florezca la semilla del martirio y se afiancen por los verdaderos senderos a los hijos e hijas de esa Nación, que se precia de llevar el nombre del divino Salvador del mundo”.  
 Cinco cardenales de América Latina han participado a la ceremonia, entre ellos Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de Honduras; José Luis Lacunza, de Panamá. Además, hicieron presencia 15 arzobispos y unos 60 obispos de Latinoamérica, Norteamérica y de Europa

Es sabido que el Papa Francisco ha dado el último impulso a la causa de beatificación que ha tenido que esperar 31 años de instrucción e investigación y que ahora seguirá su curso,  espera el pueblo salvadoreño, hasta llegar a la canonización del ‘mártir de América’. 
ALETEIA

Miradas de Jesús.

¿Cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? El Papa Francisco desarrolló su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta deteniéndose en el diálogo entre el Señor y Pedro que narra el Evangelio del día. El Pontífice hizo una reflexión sobre los tres tipos de miradas que Jesús dirige al Apóstol: la mirada de la elección, la del arrepentimiento y, en fin, la de la misión.
Jesús resucitado prepara de comer a sus discípulos y, tras haber comido, inicia un intenso diálogo entre el Señor y Pedro. El Papa puso de manifiesto que ha “encontrado” tres miradas diferentes en el Evangelio: de elección, de arrepentimiento y de misión.
La primera mirada, el entusiasmo
Al inicio del Evangelio de Juan – recordó el Papa – cuando Andrés va a ver a su hermano Pedro y le dice: “¡Hemos encontrado al Mesías!”, hay una mirada de entusiasmo. Jesús fija su mirada sobre él y le dice: “Tú eres Simón,  hijo de Jonás. Serás llamado Pedro”: “Es la primera mirada, la mirada de la misión”. Por tanto, hay una primera mirada: la vocación y un primer anuncio de la misión”. “Y ¿cómo es el alma de Pedro en aquella primera mirada? – se preguntó el Santo Padre.  Es entusiasta. El primer tiempo de ir con el Señor”.
La segunda mirada, el arrepentimiento

Después, el Papa se detuvo en la noche dramática del Jueves Santo, cuando Pedro reniega de Jesús tres veces: “Ha perdido todo. Ha perdido su amor” y cuando el Señor le cruza su mirada, llora.
“El Evangelio de Lucas dice: ‘Y Pedro lloró amargamente’. Aquel entusiasmo de seguir a Jesús se convirtió en llanto, porque él ha pecado: él ha renegado a Jesús. Aquella mirada cambia el corazón de Pedro, más que antes. El primer cambio es el cambio de nombre y también de vocación. Esta segunda mirada es una mirada que cambia el corazón y es un cambio de conversión al amor”.
Además, añadió, está la mirada del encuentro después de la Resurrección. “Sabemos que Jesús ha encontrado a Pedro, dice el Evangelio,  pero – observó el Papa – no sabemos que se han dicho”.
La tercera mirada, la misión
El Santo Padre explicó que el Evangelio del día “es una tercera mirada: la mirada es la confirmación de la misión, pero también la mirada en la que Jesús” pide a Pedro que le confirme su amor. Y tres veces el Señor pide a Pedro la “manifestación de su amor” y lo exhorta a apacentar a sus ovejas. A la tercera pregunta, Pedro “permanece entristecido, casi llora”:
“Entristecido porque por tercera vez Él le pregunta: ‘¿Me amas?’. Y él le dice: ‘Pero Señor, Tú sabes todo. Tú sabes que te amo’. Y Jesús responde: ‘Apacienta mis ovejas’. Ésta es la tercera mirada, la mirada de la misión. La primera, la mirada de la elección, con el entusiasmo de seguir a Jesús; la segunda, la mirada del arrepentimiento en el momento de aquel pecado tan grave por haber renegado a Jesús; la tercera mirada es la mirada de la misión: ‘Apacienta mis corderos’; ‘Pastorea mis ovejas’; ‘Apacienta mis ovejas’”.
Dejémonos mirar por Jesús
Pero “no termina ahí” – dijo también el Papa –. “Jesús va más allá” y le dice a Pedro: “Tú haces todo esto por amor, ¿y después? ¿Serás coronado rey? No”. Jesús predice a Pedro que también él deberá seguirlo por el camino de la Cruz:
“También nosotros podemos pensar: ¿cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? ¿Cómo me mira Jesús? ¿Con una llamada? ¿Con un perdón? ¿Con una misión? Pero, por el camino que Él ha hecho, todos nosotros estamos bajo la mirada de Jesús. Él nos mira siempre con amor. Nos pide algo,  nos perdona algo y nos da una misión. Ahora Jesús viene sobre el altar. Que cada uno de nosotros piense: ‘Señor, Tú estás aquí, entre nosotros. Fija tu mirada sobre mí y dime qué debo hacer; cómo debo llorar mis equivocaciones,  mis pecados; cuál es el coraje con el que debo ir adelante por el camino que tú has recorrido primero”.
En esta jornada – concluyó el Papa su homilía – “nos hará bien releer este diálogo con el Señor y pensar “en la mirada de Jesús sobre mí”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Hágase tu voluntad. Edith Stein

Unos años antes de empezar su vida entre las carmelitas descalzas de Colonia, Edith Stein reflexionaba acerca de la voluntad de Dios y preguntaba: «¿Cómo podemos pronunciar ese “hágase tu voluntad” si no tenemos ninguna certeza de lo que la voluntad de Dios exige de nosotros?».
Edith buscaba, aunque ya había experimentado que Dios va por delante dando luz. Decía que el Espíritu del Señor «se deja encontrar, cuando lo buscamos. Sí, Él espera no solamente a que lo busquemos, Él está continuamente en nuestra búsqueda y nos viene al encuentro».
Así como Pablo escribía a la comunidad de Corinto que, bajo la fuerza del Espíritu es posible reconocer que Jesús es Señor, Edith apuntaba que al acoger este Espíritu, se puede descubrir la voluntad de Dios y vivirla. Y recordaba cómo escuchar al Espíritu: «Ah, si solo aprendiéramos a escuchar vivamente, con el espíritu y el corazón en vez de con sentidos muertos, entonces experimentaríamos que la Palabra de Dios es vida y que con ella entra en nosotros la fuerza de Cristo».
Si en Corinto había problemas, el mundo que rodeaba a Edith vivía una crisis importante. Sin embargo, los dos hacen la experiencia del Espíritu, los dos descubren la fuerza que nace cuando es Él quien da vida a la propia vida. Aquel Espíritu del que Pablo decía que es un Espíritu de «energía, amor y buen juicio», no un espíritu cobarde, es el que movía también a Edith. Y con razón sentía que su trabajo implicaba «la gran tarea de liberar energías positivas».
Edith estaba convencida de que el Espíritu que había prometido Jesús, para guiar a los creyentes y llevarlos a la verdad plena, inspira el interior de quien quiere descubrir los caminos de Dios. Decía: «Cuando se sabe prestar atención a lo que en el silencio del corazón habla el Espíritu de Dios, y se decide, no solo a escuchar, sino a cumplir la Palabra», entonces se puede responder a la llamada de Dios y «colaborar en la obra de la Redención de Cristo».

«Escuchar vivamente» era lo que creía Edith que hay que hacer para comprender la voluntad de Dios. Ella formulaba de un modo muy sencillo qué es la voluntad de Dios. Decía que Él «vino al mundo para salvarnos, para unirnos con Él y para unirnos entre nosotros, y para hacer nuestra voluntad semejante a la suya».
Cuando Pablo explica a los corintios que el Espíritu se manifiesta en cada quien para el bien común, está hablando de cuál es la voluntad de Dios. Y cuando pide a los hermanos de Galacia que caminen según el Espíritu, está diciéndoles que comprendan la voluntad de Dios, que es una voluntad de amor y comunión.
«Rompamos filas y ayudémonos mutuamente» –pedía Edith– para vivir la fe, para ser testigos, para buscar el bien común y caminar según el Espíritu. Para poder decir «hágase».
Edith sabía que no hay certezas en el camino de la fe, que siempre es una apuesta del «todo por el todo». Había entendido que quien ama de verdad, guarda los mandamientos de Jesús y cumple la voluntad de Dios. Y sentía ya lo que su madre Teresa de Jesús apuntaba: que «aun en esta vida da Dios ciento por uno».
Por eso, cuando hable de vivir la voluntad de Dios, dirá que «quien cada día y de corazón dice “Señor, hágase tu voluntad”, puede confiar plenamente en que no actuará en contra de la voluntad de Dios, aun cuando no tenga una certeza subjetiva».
También por eso, creía que cuando se toma en serio la Palabra, cuando se da a los demás con la propia vida, entonces es cuando la palabra humana es cauce de la vida que Dios quiere repartir continuamente, es cauce del Espíritu de vida. Por eso Edith decía:
«Si aprendiéramos a hablar vivamente: a no distribuir la gran y santa Palabra como monedas manoseadas, sino con todo su sentido, impregnado de frescura de un espíritu despierto y de un corazón incandescente –entonces experimentaríamos que en nuestras palabras vive la fuerza del Espíritu, que encienden vida, irrumpen en otros corazones y los atraviesan todos hasta el cielo, y reparten gracia y consuelo».
«Nadie puede decir: Jesús es Señor, si no está movido por el Espíritu Santo», decía Pablo. Nadie puede decir: «Hágase tu voluntad» –dirá Edith- si no es movido por ese mismo Espíritu.

viernes, 22 de mayo de 2015

PAPA FRANCISCO: JESÚS NOS ENSEÑA A SER MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE

"De otra parábola podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: «No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,22); y narró la parábola del “siervo despiadado”. 

Éste, llamado por el patrón a restituir una grande suma, le suplica de rodillas y el patrón le condona la deuda. Pero inmediatamente encuentra otro siervo como él que le debía unos pocos céntimos, el cual le suplica de rodillas que tenga piedad; pero él se niega y lo hace encarcelar. 

Entonces el patrón, advertido del hecho, se irrita mucho y volviendo a llamar aquel siervo le dice: «¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?» (Mt 18,33). 

Y Jesús concluye: «Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos» (Mt 18,35).

La parábola ofrece una profunda enseñanza a cada uno de nosotros. Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos".

BENDICE, ALMA MÍA, AL SEÑOR

Del Salmo 10: 

Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo Nombre
Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios.

Bendice, alma mía, al Señor

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.

Bendice, alma mía, al Señor

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes.

Bendice, alma mía, al Señor

Oscar Romero, mártir por el odio a la fe

Una herejía práctica, la de los ricos y poderosos salvadoreños empeñados en defender un “evangelio“ anti-social.
El próximo sábado se producirá uno de los acontecimientos más suplicados, esperados, y necesarios en la Iglesia de nuestro tiempo, la beatificación del mártir salvadoreño monseñor Oscar Romero. En una entrevista concedida al periódico salvadoreño La prensa gráfica, monseñor Vincenzo Paglia, el postulador de la causa de Romero desde 1996, decía: “Me convertí en postulador casi por casualidad”.
 El camino hasta el nombramiento de Romero como mártir y la consecuente beatificación fue, en muchos tramos, escabroso, retador y estuvo marcado por la oposición de miembros de la curia romana, latinoamericana y salvadoreña a la figura, el pensamiento, el mensaje y el martirio mismo del arzobispo.
 Muchas veces, asegura monseñor Paglia, él pensó que era una causa imposible. En los momentos más difíciles, dice, se aferró a su fe y al crucifijo de Romero.
 Paglia cuenta que siempre estuvo convencido de que el martirio de Romero había sido provocado por “odio a la fe” de quienes lo mataron y no por “virtudes heroicas”, otra de las causales de martirio que contempla el derecho canónico.
 “Quienes lo mataron despreciaban lo sagrado”, dice. Probar que fue ese desprecio, que el odio fue el motivo del asesinato, y por tanto del martirio, requirió de una profunda revisión histórica de todos los escritos -cartas, diarios, editoriales-, homilías, grabaciones e intervenciones públicas de Romero. 
 Monseñor Oscar Romero nació en Ciudad Barrios, en San Miguel, el 15 de agosto de 1917, fue nombrado obispo de Santiago de María el 15 de octubre de 1974 y arzobispo de San Salvador el 22 de febrero de 1977, y fue asesinado el 24 de 1980 por hombres que, como dice el postulador de la causa, y así lo confirmado el Papa Francisco y se dirá desde San Salvador para todas las tierras y todos los cielos, “despreciaban lo sagrado”. 

Un día antes de que lo mataran, Óscar Arnulfo Romero llamaba a la conciencia de los gobernantes salvadoreños con estas palabras que fueron, entre muchas otras declaraciones y gestos valientes los que motivaron el “odio a la fe” que le llevo a la muerte:
 “En nombre de Dios y de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión! (…). La Iglesia predica su liberación tal como la hemos estudiado hoy en la Sagrada Biblia, una liberación que tiene, por encima de todo, el respeto a la dignidad de la persona, la salvación del bien común del pueblo y la trascendencia que mira ante todo a Dios y solo de Dios deriva su esperanza y su fuerza”.
 A monseñor Romero lo mató el “odio a la fe” de la oligarquía salvadoreña (esas catorce familias que acumulan el 99% de la riqueza del país y que siempre han manejado los poderes legislativos, gubernamentales, judiciales, económicos y culturales del país) como autor intelectual que presionó al gobierno de entonces de El Salvador, que fue el autor de la orden de asesinato; y los escuadrones de la muerte del Ejército salvadoreño como autores ejecutores de dicha orden.
 Exactamente los mismos autores que con el asesinato de Ellacuría y compañeros mártires jesuitas nueve años después.
 Y el “odio a la fe” consistía en una herejía práctica, la de los ricos y poderosos salvadoreños empeñados en defender un “evangelio “ anti-social, un cristianismo para el que el que no todos los hombres tienen dignidad, en una Iglesia que debería defender la injusticia social.
Fuente:  Aleteia

Lo único que importa es que Tú sigas siendo Tú.



La oración debe ser una entrega total. Dejémonos llevar con confianza en los brazos de Dios y nunca seremos defraudados.

El padre Llorente, jesuita misionero en Alaska, contaba lo que le había sucedido en cierta ocasión: El deshielo había desbordado el Yukón, arrastrando su iglesia y su casa casi 300 metros más debajo de la aldea. Estaba inundada de cieno inservible hasta el punto de tener que vivir en una tienda de campaña. Por fin, consiguió un poco de dinero, remontó río arriba y se fue a una zona donde pudo talar unos árboles. Después de unos días de frío, cansancio y hambre, volvía con aquellos troncos puestos en una balsa arrastrados por una pequeña motora para construir la iglesia.

Volvía exhausto. De repente, aquel motor del vaporcillo que le remolcaba por uno de los afluentes del Yukón, comenzó a fallar. Hubo un momento, dice el padre Llorente, en el que ya no podía más. Me sentía exhausto. Entonces, casi sin fuerzas, volví el rostro hacia el cielo y dije:

- Señor, Dios mío, por el amor de todas las almas que piden por mí, por el amor de tu Santísima Madre, por el amor de Jesucristo y de san José, por lo que más quieras, que no se pare el motor. Estamos solo a 100 metros del Yukón. Si me coge la corriente, estaré a salvo. No puedo más. ¡Dios mío, que no se pare el motor!

En aquel mismo momento, el motor hizo ploff y se paró. Entonces, me puse de rodillas en aquella barquita, los brazos en cruz, miré al cielo y grité:

- No importa, Señor. No importa nada. Lo único que importa es que Tú sigas siendo Tú.

Fuente: Tengo sed de Ti. Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña.

Venezuela: monseñor Romero “es un símbolo de lo que debe ser el pastor”


Monseñor Óscar Romero “es un símbolo de lo que debe ser el pastor” lo explicó la directora nacional de Caritas Venezuela, Janeth Márquez a los micrófonos de Radio Vaticano la relevancia de la figura de monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien será beatificado el próximo 23 de mayo en El Salvador.
Además, Janeth Márquez explica el importante trabajo que realiza Caritas en Venezuela que está compuesta por 30 caritas diocesanas y alrededor de 1.000 caritas parroquiales.

Sobre monseñor Romero, la directora nacional de Caritas Venezuela afirma: “cuando conocimos su obra, su historia y además de su muerte nosotros vivíamos en un país de riqueza y de grandeza, fue para nosotros un símbolo de lo que debe ser el pastor que, acompañando a su pueblo, también se da cuenta de las necesidades de su pueblo nos permite tener un referente que nos ayude a evaluar si nuestro caminar está siendo realmente en los carriles necesarios porque monseñor Romero nos trae una línea de acción importante que esacompañar, estar con los procesos, pero además, denunciar sin miedo”.

“Monseñor Romero nos anima a los laicos, a las laicas, a los sacerdotes, pero sobre todo a los Obispos a que tenemos que estar al lado de los que sufren, tenemos que anunciar la Palabra, pero también denunciar, sin entrar en la política, pero denunciar las injusticias para que las poblaciones puedan vivir con alegría y paz”.

“En Venezuela es un momento muy complicado y monseñor Romero lo vamos a celebrar con mucha grandeza, tendremos un evento el 28 de mayo en la Universidad Católica, más de mil personas, que vivimos la historia de monseñor Romero y que queremos pedirle hoy a Romero que nos ayude a tener un corazón limpio, un corazón profundo de solidaridad pero al lado de nuestro pueblo que nos permita denunciar sin caer en la polarización y que nos permita además ser testimonio de la vida de él”.
Para Radio Vaticano, MTC.

«NADIE HA SUBIDO AL CIELO, SINO EL QUE BAJÓ DEL CIELO»


De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón Mai 98, sobre la Ascensión del Señor, 1-2: PLS 2, 494-495)

Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él. [...] Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con Él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido.

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como: Tuve hambre, y me disteis de comer.

¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con Él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como Él por la divinidad, si que podemos por el amor hacia él.

No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

El Papa pidió en su homilía la gracia de la unidad luchando contra el espíritu del mundo

 Sus “llagas” son el “precio” que Jesús ha pagado para que la Iglesia estuviera unida para siempre a Él y a Dios. Los cristianos de hoy están llamados a pedir la gracia de la unidad y a luchar para que entre ellos no se insinúe el “espíritu de la división, de la guerra y de los celos”. Es la reflexión que hizo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
“La gran oración de Jesús”: que la Iglesia esté unida, que los cristianos “sean una sola cosa”, como el Señor lo es con su Padre. Y junto a esto “la gran tentación”: non ceder al otro “padre”, al de la “mentira” y al de la “división”. El Papa Bergoglio, siguiendo las lecturas de la liturgia del día, entró en el clima del Cenáculo y en la densidad de las palabras de Cristo en que encomienda al Padre a los Apóstoles antes de entregarse a la Pasión.

El precio de la unidad

Francisco observó que es consolador  escuchar que Jesús dice al Padre que no quiere rezar sólo por sus discípulos, sino también por aquellos que creerán en Él “a través de su palabra”. Una frase que hemos escuchado tantas veces, y por la que el Santo Padre pidió que se preste más atención:
“Quizás nosotros no estamos suficientemente atentos a estas palabras: ¡Jesús ha rezado por mí! Esto es, precisamente, fuente de confianza: Él reza por mí, ha rezado por mí...  Yo imagino – pero es una figura – cómo es Jesús ante el Padre, en el Cielo. Y así reza por nosotros, reza por mí. ¿Y qué ve el Padre? Las llagas, el precio. El precio que ha pagado por nosotros. Jesús reza por mí con sus llagas, con su corazón llagado y siegue haciéndolo.

Los rostros de la división

Jesús reza “por la unidad de su pueblo, por la Iglesia”. Pero Jesús – afirmó Francisco “sabe que el espíritu del mundo” es “un espíritu de división, de guerra, de envidias y de celos, también en las familias religiosas, también en las diócesis, y también en toda la Iglesia: es la gran tentación”. Esa que lleva – dijo el Papa – a las habladurías, a etiquetar, a tachar a las personas. Y explicó que esta oración pide que se destierren todas estas actitudes:
“Debemos ser uno, una sola cosa, como Jesús y el Padre son una sola cosa. Es precisamente éste el desafío de todos nosotros, los cristianos: no dejar lugar a la división entre nosotros, no dejar que el espíritu de la división, el padre de la mentira entre en nosotros. Buscar siempre la unidad. Cada uno es como es, pero trata de vivir la unidad. ¿Jesús te ha perdonado? Perdona a todos. Jesús reza para que nosotros seamos uno, una sola cosa. Y la Iglesia tiene tanta necesidad de esta oración de unidad”.

La unidad es una  gracia no un pegamento

Bromeando, Francisco dijo que no existe una Iglesia que se mantiene junta gracias a una “cola”, porque la unidad que pide Jesús “es una gracia de Dios” y “una lucha” en la tierra. Por eso “debemos dejar espacio al Espíritu,  para que nos transforme como el Padre está en el Hijo, en una sola cosa”:
“Y otro consejo que Jesús ha dado en estos días de despedida es el de permanecer en Él: ‘Permanezcan en mí’. Y pide esta gracia, que todos nosotros permanezcamos en Él. Y aquí nos indica, puesto que lo dice claramente: ‘Padre, quiero que aquellos que me has dado,que también ellos estén conmigo donde yo estoy’. Es decir, que estos permanezca allá, conmigo. El permanecer en Jesús, en este mundo, termina en el permanecer con Él ‘para que contemplen mi gloria’, como dice Jesús”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


miércoles, 20 de mayo de 2015

Una regla sabia: «Hijos, obedezcan siempre a sus padres, padres, no exasperen a sus hijos». Catequesis del Papa

En el miércoles de la VII semana de Pascua y a la vigilia del domingo de Pentecostés, el Santo Padre siguiendo con sus catequesis sobre la familia habló sobre la vocación natural a educar a los hijos en tiempos en los que no faltan las dificultades.
“Para los padres que ven a los hijos sólo a la noche cuando regresan cansados a casa es difícil educar a los hijos”, afirmó el Pontífice, y más aún para “los padres separados que están sobrecargados por esta condición”.
Fractura familia-sociedad, familia-escuela
La pregunta que plantea el Papa Bergoglio y que interpela a los padres en el marco de una realidad social en la que intelectuales críticos de todo tipo han acallado la figura parental de miles de formas para “defender a las jóvenes generaciones” de los daños “verdaderos o presuntos” de la educación familiar, es la de cómo educar.
“La  alianza educativa está en crisis en nuestros días. ¡Está rota! Los síntomas son muchos: por una parte hay tensiones y desconfianza entre padres y educadores; por otra parte, cada vez son más los “expertos” que pretenden ocupar el papel de los padres los cuales quedan relegados a un segundo lugar.”
Uno de los síntomas de la fractura familia-sociedad se da en las mismas escuelas donde se verifican tensiones y desconfianza entre padres y educadores, afirmó el Sucesor de Pedro. Los expertos, señaló, “saben todo”: objetivos, motivaciones, técnicas y los padres deben sólo escuchar, aprender y adecuarse. Así, los padres privados de su rol, “se vuelven a menudo excesivamente aprensivos y posesivos antes sus hijos, hasta el punto de no corregirlos jamás”.
El miedo a equivocarse
De ahí el Santo Padre hace partir una pregunta fundamental: ¿Cómo hemos llegado a este punto?
Así como es cierto que los padres, o más bien, algunos modelos del pasado tenían algunos límites, el Papa Bergoglio sostuvo que también es verdad que hay errores que sólo los padres están autorizados a cometer, porque pueden compensarlos en un modo que es imposible para cualquier otro.
La vida de hoy es “avara de tiempo” para “hablar, reflexionar y confrontarse”, dijo el Papa,  y es por eso que muchos padres “secuestrados” por el trabajo y otras preocupaciones, en el marco de la complejidad de la vida actual, están como “paralizados por miedo a equivocarse”.
“Es necesario favorecer la armonía, el diálogo y la colaboración entre los diversos agentes de la educación. El papel de los padres es insustituible, solo ellos pueden compensar algunos errores. Sin embargo, a veces se encuentran paralizados por miedo a equivocarse, ante la complejidad de la vida actual y las nuevas exigencias de sus hijos.”

Por eso el Santo Padre nos interpela a preguntarnos: ¿tratamos de entender dónde están verdaderamente los hijos en su camino? ¿Sabemos dónde está realmente su alma? ¿Lo queremos saber?
El papel de la Iglesia
“La Iglesia está llamada a acompañar la misión educativa de los padres, sobre todo con la luz de la Palabra de Dios, que funda la familia sobre el amor. El mismo Jesús recibió una educación familiar, que le ayudó a crecer en edad, sabiduría y gracia. Si la educación familiar recobra su protagonismo, muchas cosas cambiarán para bien. Es hora de que los padres y las madres regresen de su exilio  - se han autoexiliado de la educación de los hijos - y se impliquen plenamente en la educación de los hijos.”.
San Pablo Apóstol recuerda la reciprocidad de los deberes entre padres e hijos, nos recordó a su vez Francisco: “Hijos, obedezcan siempre a sus padres, porque esto es agradable al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen” (Col 3, 20- 21). “Una regla sabia”, dijo el Pontífice, en cuya base “está el amor” que “no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido,… todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Cor 13, 5- 6)
“Pidamos al Señor que dé a los padres la confianza, la libertad y el valor necesarios para cumplir fielmente su misión educativa. Que Dios los bendiga. Muchas gracias”.
(GM – RV)