viernes, 27 de marzo de 2015

EN EL PELIGRO INVOQUÉ AL SEÑOR Y ME ESCUCHÓ


Del Salmo 17: 

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios.
Desde su templo Él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

ORAR CON SANTA TERESA DE JESÚS. Un momento de oración con el capítulo 26 de 'Camino de Perfección'.

Una santa que «engolosina» almas. Santa Teresa de Jesús.

Fue santa, escritora, mística y líder. Una mujer que dejó una profunda huella capaz de transmitir su pasión a las almas ateas con un lenguaje tan sencillo como poderoso. Cercano de tan natural y lleno de imágenes que le confieren una fuerza especial. 
La escritora asturiana María Teresa Álvarez invitó ayer a los asistentes a la última de las cuatro conferencias del ciclo organizado por el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS con motivo del V centenario de Santa Teresa de Jesús, a leer los escritos de la santa. Una «gozada» que ella ha tenido ocasión de releer para preparar la exposición de un personaje «al que admiro» y por el que confiesa un respeto supremo. Y quizás vuelva a ellos con más intensidad porque el coordinador del Aula de LA VOZ, Armando Arias, la conminó a escribir un libro sobre Teresa de Jesús en un plazo no superior a los dos años. Aplauso de un auditorio lleno de nuevo, que minutos antes ya había premiado a la escritora por su exposición.
De escritora a escritora. María Teresa Álvarez decidió abordar así la figura de la santa abulense, intercalando la lectura de párrafos de su obra con las investigaciones de los expertos y su propia opinión. Destacó de ella su «valentía» en un siglo, el XVI, en el que la mujer tenía un papel completamente subordinado al del hombre y que ella, con inteligencia, supo esquivar. La escritora, la asturiana, cree que la mística, «siempre en el punto de mira del Tribunal de Inquisición por visionaria y por seguir a los alumbrados», atribuye sus escritos al mandato de sus confesores para «disculpar» su afición a la escritura. Una mera disculpa, según Álvarez, desmontada por su febril trabajo, con libros, textos y más de mil cartas, de las que se conservan la mitad.
Aseguró ayer que Santa Teresa «intentaba mantenerse en la ortodoxia», esa que dejaba a la mujer en un segundo plano, «pero su interior se rebelaba» a través de textos que «son un diálogo directo con Dios». En ellos se libera explicando sus pensamientos y sentimientos y describe sus experiencias místicas. «No es una mística teorizante sino experimental», según rescató María Teresa Álvarez de los estudios sobre la santa.
«Estuvo siempre en el punto de mira de la Inquisición por visionaria»«Ella intentaba mantenerse en la ortodoxia pero su interior se rebelaba»«Tiene un estilo propio que no busca notoriedad sino llegar con sus textos»

A esa intención de ilustrar y culturizar a sus monjas se puede asociar su estilo literario. Ante todo, «propio», coinciden todos, porque no busca ninguna notoriedad sino «llegar con sus textos», aunque para ello tenga que recurrir al lenguaje más «coloquial». Esa naturalidad no quiere decir, advirtió la escritora, que no trabajara cada frase. Y como muestra, la intención de Santa Teresa de «engolosinar a las almas». «¿Acaso no es la palabra más perfecta para lo que quiere decir?», se preguntó Álvarez.
El caso de Edith Stein
El poder de seducción de sus escritos lo ejemplificó en el caso de Edith Stein, filósofa alemana atea, que en 1921, por pura casualidad, sacó de la biblioteca un libro de Teresa de Jesús. «Cuando lo cerré, me dije: aquí está la verdad». Judía, se convirtió al catolicismo e ingresó en la Orden Carmelita.


Es el poder de Santa Teresa, la 'feminista' del siglo XVI, temor de las autoridades eclesiásticas de su tiempo por el recelo que despertaba el liderazgo espiritual de una mujer, y «espíritu libre», que trató de defender el espacio de las mujeres.
Teresa Álvarez

«EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN». San León Magno, papa


El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla. [...]


Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo — por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales— fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. [...]

Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.

En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte. [...]

Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.

En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.

La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque en el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

De las cartas de san León Magno, papa
(Carta 28, a Flaviano, 3-4: PL 54, 763-767)
News.va

Sólo la fe en Jesús nos da alegría, dijo el Papa en su homilía

No es la doctrina fría la que causa alegría, sino la fe y la esperanza de encontrar a Jesús. Es triste un creyente que no sabe regocijarse. Es uno de los conceptos que el Papa Francisco expresó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta, la última de este mes de marzo, puesto que el Santo Padre reanudará esta celebración Eucarística en la que participa un pequeño grupo de fieles el próximo 13 de abril.

La alegría de Abraham que exulta ante la esperanza de llegar a ser padre, como se lo prometió Dios, guió la reflexión del Papa Bergoglio en que comentó las lecturas del día. Abraham es anciano, al igual que su esposa Sara, pero él cree, abre “el corazón a la esperanza” y se siente “lleno de consolación”. Jesús recuerda a los Doctores de la ley que Abraham “exultó en la esperanza” de ver su día “y se sintió lleno de alegría”:

El centro de la ley es el amor
“Y esto es lo que no entendían estos Doctores de la ley. No comprendían la alegría de la promesa; no entendían la alegría de la esperanza; no comprendían la alegría de la alianza. ¡No entendían! No sabían regocijarse, porque habían perdido el sentido de la alegría, que sólo viene de la fe. Nuestro padre Abraham fue capaz de alegrarse porque tenía fe: fue hecho justo en la fe. Estos habían perdido la fe. Eran Doctores de la ley, ¡pero sin fe! Es más: ¡habían perdido la ley! Porque el centro de la ley es el amor, el amor por Dios y por el prójimo”.
Francisco continuó diciendo:

Hombres sin fe, sin ley, apegados a las doctrinas
“Sólo tenían un sistema de doctrinas precisas y puntualizaban cada día que nadie debía tocarlas. Hombres sin fe, sin ley, apegados a doctrinas que también se convertían en unaactitud casuística: se puede pagar el impuso a César, ¿no se puede? Esta mujer, que se casó siete veces, cuando vaya al Cielo, ¿será esposa de aquellos siete? Esta casuística… Éste era su mundo, un mundo abstracto, un mundo sin amor, un mundo sin fe, un mundo sin esperanza, un mundo sin confianza, un mundo sin Dios. ¡Y por esto no podían regocijarse!”.

Ser creyente sin alegría es triste
El Papa observó con ironía que tal vez los Doctores de la ley eran capaces de divertirse, “pero sin alegría”, es más “con miedo”. “Ésta es la vida sin fe en Dios, sin confianza en Dios, sin esperanza en Dios”. Y “su corazón estaba petrificado”. “Es triste – subrayó Francisco – ser creyente sin alegría y la alegría no existe cuando no existe la fe, cuando no existe la esperanza, cuando no existe la ley sino sólo las prescripciones, la doctrina fría”:

“La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es la piedra miliar de la fe de una persona. Sin alegría aquella persona no es un verdadero creyente. Volvamos a casa, pero antes hagamos la celebración aquí con estas palabras de Jesús: ‘Abraham, su padre, exultó en la esperanza de ver mi día. Lo vio y se sintió lleno de alegría’. Y pidamos al Señor la gracia de ser exultantes en la esperanza, la gracia de poder ver el día de Jesús, cuando nos encontraremos con Él, y la gracia de la alegría”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


"EL PADRE ESTÁ EN MÍ Y YO EN EL PADRE"


Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»

Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque Tú, siendo un hombre, te haces Dios.»

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? 

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. 

Muchos acudieron a Él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en Él allí.
De News.va

jueves, 26 de marzo de 2015

El Papa empezó oración mundial por la paz humanidad!, con Santa Teresa

¡Que el fuego del amor de Dios venza los incendios de guerra que afligen a la humanidad

El Papa Francisco dio comienzo a la oración mundial por la paz, aceptando de corazón la
propuesta de los Carmelitas Descalzos de ‘capitanear’ esta iniciativa, en el marco del V Centenario de Santa Teresa de Jesús, rogando que interceda por esta súplica. En la Capilla de la Casa de Santa Marta, el Obispo de Roma pronunció la oración que dará la vuelta al mundo, gracias a la familia carmelita:
El diálogo prevalezca siempre sobre el conflicto armado
«Queridos hermanos y hermanas:
Pasado mañana, 28 de marzo se celebra el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia.
A petición del P. General de la Orden de los Carmelitas Descalzos -  aquí presente hoy con el Padre Vicario -  en esa jornada tendrá lugar en todas las comunidades carmelitas del mundo una hora  de oración por la paz. Me uno de corazón a esta iniciativa, con el fin de que el fuego del amor de Dios venza los incendios de guerra y de violencia que afligen a la humanidad y el diálogo prevalezca por doquier sobre el conflicto armado. Santa Teresa de Jesús interceda por esta nuestra súplica».
A esta oración están invitados a unirse todos los católicos, los cristianos de otras confesiones, los miembros de otras religiones y los hombres y mujeres de buena voluntad. Está inspirada en las palabras de Santa Teresa de Ávila: ‘Estase ardiendo el mundo (Teresa de Jesús, Camino de perfección 1,5) […] al contemplar los conflictos, las guerras y las divisiones de la sociedad y la Iglesia de su tiempo, con el anhelo de presentar a Jesús la súplica de la humanidad de hoy.

Después de la oración, el Papa recibió una vela encendida ad propositum, que entregó a su vez al P. General de la Orden de los Carmelitas, Padre Saverio Cannistrá, acompañado por el Vicario General Emilio Martínez.

(CdM – RV)

RECURRID AL SEÑOR Y A SU PODER, BUSCAD SU ROSTRO


Del Salmo 104: 

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su Rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

¡Estirpe de Abrahám, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
Él gobierna toda la tierra.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahám,
del juramento hecho a lsaac.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

"EL QUE ES FIEL A MI PALABRA NO MORIRÁ JAMÁS"

Evangelio según San Juan 8,51-59.



Jesús dijo a los judíos:

"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".

Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'.

¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?".

Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', y al que, sin embargo, no conocen. 

Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.

Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría".

Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?".

Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy".

Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

La familia ocupa un puesto central, el Papa en su catequesis

El 25 de marzo, de hecho, en la Iglesia celebramos solemnemente la Anunciación, el inicio del misterio de la Encarnación. El Arcángel Gabriel visita la humilde muchacha de Nazaret y le anuncia que concebirá y dará a luz al Hijo de Dios. Con este anuncio, el Señor ilumina y fortalece la fe de María, como luego hará también con su esposo José, para que Jesús pueda nacer en una familia humana. Esto es muy bello: nos muestra que profundo es el misterio de la Encarnación, así como Dios lo ha querido, que comprende no solamente la concepción en el vientre de la madre, sino también la acogida en una verdadera familia. Hoy me gustaría contemplar con ustedes la belleza de este vínculo. La belleza de esta condescendencia de Dios; y podemos hacerlo recitando juntos el Ave María, que en la primera parte retoma precisamente las mismas palabras del Ángel, aquellas que le dirigió a la Virgen. Oremos juntos:
Y ahora un segundo aspecto: el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación, en muchos países se celebra la Jornada por la Vida. Por ello, veinte años atrás, San Juan Pablo II en esta fecha firmó la Encíclica Evangelium vitae. Para conmemorar este aniversario hoy están presentes en la Plaza muchos adherentes del Movimiento por la Vida. 
En la Evangelium Vitae la familia ocupa un lugar central, en cuanto es el seno de la vida humana. La palabra de mi venerado Predecesor nos recuerda que la pareja humana ha sido bendecida por Dios desde el principio para formar una comunidad de amor y de vida, a la que ha sido confiada la misión de la procreación. Los esposos cristianos, celebrando el sacramento del matrimonio, se vuelven disponibles para honrar esta bendición, con la gracia de Cristo, para toda la vida. La Iglesia, por su parte, se compromete solemnemente a cuidar a la familia que nace, como un don de Dios para su propia vida, en las buenas y en las malas: el vínculo entre la Iglesia y la familia es sagrado e inviolable. La Iglesia, como madre, nunca abandona la familia, aun cuando esta está abatida, herida y mortificada de tantas maneras. Ni siquiera cuando cae en el pecado, o se aleja de la Iglesia; siempre hará de todo para tratar de curarla y de sanarla, para invitarla a la conversión y para reconciliarla con el Señor.
Y bien, si esta es la tarea, es claro cuánta oración necesita la Iglesia para ser capaz, en todo tiempo, de cumplir esta misión. Una oración llena de amor por la familia y por la vida. Una oración que sabe regocijarse con los que gozan y sufrir con los que sufren.
He aquí entonces lo que junto con mis colaboradores, hemos pensado proponerles hoy: renovar la oración para el Sínodo de los Obispos sobre la familia. Relanzamos este compromiso hasta el próximo octubre, cuando tendrá lugar la Asamblea sinodal ordinaria dedicada a la familia. Quisiera que esta oración, al igual que todo el camino sinodal, esté animada por la compasión del Buen Pastor por su rebaño, especialmente por las personas y familias que por diversos motivos están «cansadas y abatidas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36). Así, sostenida y animada por la gracia de Dios, la Iglesia podrá estar aún más comprometida y más unida, en el testimonio de la verdad del amor de Dios y de su misericordia por las familias del mundo, ninguna excluida, tanto dentro como fuera del redil.
Les pido que por favor no hagan faltar su oración. Todos - el Papa, Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos - todos estamos llamados a rezar por el Sínodo. De esto hay necesidad, ¡no de habladurías! Invito a rezar también a cuantos se sienten alejados, o que ya no están acostumbrados a hacerlo. Esta oración por el Sínodo sobre la familia es por el bien de todos. Sé que esta mañana les entregaron una estampita, y que la tienen entre sus manos. Tal vez estará un poco mojada… Los invito a conservarla y llevarla con ustedes, para que en los próximos meses puedan recitarla a menudo, con santa insistencia, como Jesús nos ha pedido.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Hágase en mí. Hermana Glenda

Anunciación del Señor

El Señor está en camino con nosotros para ablandar nuestro corazón y solo con un corazón humilde como el de María podemos acercarnos a Dios. Adán y Eva, cediendo a la seducción de Satanás, creyeron ser como Dios. Esa "soberbia suficiente" hace que se alejen del paraíso. Pero el Señor no los deja caminar solos porque les hace una promesa de redención y camina con ellos. El Señor acompañó la humanidad en este largo camino. Ha hecho un pueblo. Estaba con ellos. Y ha recordado que ese camino que comenzó con una desobediencia, termina con una obediencia, con el sí de María al anuncio del ángel.

El nudo que ha hecho Eva con su desobediencia, lo ha desatado María con su obediencia, es un camino en el cual las maravillas de Dios se multiplican.

El Señor está en camino con su pueblo. Y ¿por qué caminaba con su pueblo, con tanta ternura? Para ablandar nuestro corazón. Explícitamente Él lo dice: 'Yo haré de tu corazón de piedra un corazón de carne'. Ablandar nuestro corazón para recibir esa promesa que había hecho en el paraíso. Para un hombre ha entrado el pecado, para otro viene la salvación. Y este camino tan largo nos ayudó a otros nosotros a tener un corazón más humano, más cercano a Dios, no tan soberbio, no tan suficiente.

 (Cf Homilía de S.S. Francisco, 25 de marzo de 2014, en Santa Marta).


"¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo"

Evangelio según San Lucas 1,26-38.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.

Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".

María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".

El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.

También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,porque no hay nada imposible para Dios".

María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.

martes, 24 de marzo de 2015

ARDENAL BAGNASCO: "INVOCAR EL NOMBRE DE DIOS PARA CORTAR GARGANTAS ES UNA BLASFEMIA QUE CLAMA AL CIELO Y A LA TIERRA"

El Cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), abrió ayer con un discurso la sesión del Consejo Permanente de la CEI.
El cardenal dedicó buena parte de su discurso al tema de la persecución de los cristianos:
“No podemos no quedarnos dolorosamente atónitos ante la persecución contra los cristianos, que crece y se hace más cruel. El mundo de la fe, del sentido común, el mundo de los humanos queda desconcertado y golpeado”.
Cuestionando los motivos de esta persecución, afirmó: “La razón, incluso antes de la fe, no puede sino condenar tanta barbarie y estudiada crueldad contra las minorías, especialmente contra los cristianos solo por ser cristianos. Y no puede dejar de condenar las estrategias locas y sangrientas que hacen ir hacia atrás el reloj de la historia".
"La religión nunca puede ser utilizada para matar o hacer violencia a invocar el nombre de Dios para cortar las gargantas es una blasfemia que está gritando al cielo y a la tierra”.
Por último, destacó: “Si bien sigue siendo una responsabilidad urgente el garantizar los derechos de la libertad religiosa en el mundo, una vez más instamos a Europa a hacer un serio examen de conciencia sobre el fenómeno de los occidentales que se alistan en los escuadrones de la muerte”.

Los obispos italianos viven hoy un momento especial de oración por los mártires, misioneros y laicos, de estos tiempos: "A todos ellos queremos hacer sentir la cercanía de nuestro amor y del de nuestras comunidades, y la gratitud inmensa por el ejemplo de su fe intrépida. ¡La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos!”.
News.Va

¿Cristianos? Sí, pero...

¿Cuántos se dicen cristianos pero no aceptan «el estilo» con el cual Dios quiere salvarnos? Son a quienes el Papa Francisco definió como «cristianos sí, pero...», incapaces de comprender que la salvación pasa por la cruz. Y Jesús en la cruz —explicó el Pontífice en la homilía de la misa que celebró en Santa Marta el martes 24 de marzo— es precisamente «el núcleo del mensaje de la liturgia de hoy».
En el pasaje evangélico de san Juan (8, 21-30), Jesús dice: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre...» y, anunciando su muerte en la cruz, recuerda la serpiente de bronce que Moisés hizo elevar «para curar a los israelitas en el desierto», como se lee en la primera lectura tomada del libro de los Números (21, 4-9). El pueblo de Dios esclavo en Egipto —explicó el Papa— había sido liberado: «Ellos habían visto verdaderos milagros. Y, cuando tuvieron miedo, en el momento de la persecución del faraón, cuando estuvieron ante el mar Rojo, vieron el milagro» que Dios había realizado para ellos. El «camino de liberación» comenzó con la alegría. Los israelitas «estaban contentos» porque fueron «liberados de la esclavitud», contentos porque «llevaban consigo la promesa de una tierra muy buena, una tierra sólo para ellos» y porque «ninguno de ellos había muerto» en la primera parte del viaje. También las mujeres estaban contentas porque tenían con ellas «las joyas de las mujeres egipcias».

Pero a un cierto punto, continuó el Pontífice, en el momento que «se alargaba el camino», el pueblo ya no soportó el viaje y «se cansó». Por ello comenzó a hablar «contra Dios y contra Moisés: ¿por qué nos han sacado de Egipto para morir en el desierto?». Comenzó «a criticar: a hablar mal de Dios, de Moisés», diciendo: «No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia, el maná». Es decir, a los israelitas «les daban náuseas las ayudas de Dios, el don de Dios. Y, así, la alegría del comienzo de la liberación se convirtió en tristeza, en murmuración».
Probablemente preferían «un mago que con la varita mágica» los liberase y no un Dios que les hiciese caminar y que «en cierto modo» les hiciese «ganar la salvación» o, «al menos, merecerla en parte».
En la Escritura se ve «un pueblo descontento» y, destacó el Papa Francisco, «la crítica es una vía de salida de ese descontento». En su descontento «se desahogaban, pero no se daban cuenta de que con esa actitud envenenaban su alma». He aquí, entonces, la llegada de las serpientes, porque «así, como el veneno de las serpientes, en ese momento el pueblo tenía el alma envenenada».

También Jesús habla de la misma actitud, de «ese modo de ser no contento, no satisfecho». Refiriéndose a un pasaje que encontramos en los Evangelios de san Mateo (11, 17) y de san Lucas (7, 32), el Pontífice dijo: «Jesús, cuando habla de esta actitud dice: “¿Quién os entiende a vosotros? Sois como esos niños en la plaza: hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; os hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. Entonces, ¿nada os satisface?”». Es decir, el problema «no era la salvación, la liberación», porque «todos la querían»; el problema era «el estilo de Dios: no gustaba el sonido de Dios para bailar; no gustaban las lamentaciones de Dios para llorar». Entonces, «¿qué querían?». Querían, explicó el Papa, obrar «según su pensamiento, elegir el propio camino de salvación». Pero ese camino «no conducía a nada».
Una actitud que encontramos aún hoy. Incluso «entre los cristianos», se preguntó el Papa Francisco, ¿cuántos están «un poco envenenados» de esta insatisfacción? Oímos decir: «Sí, verdaderamente, Dios es bueno, pero cristianos sí, pero...». Son los que, explicó, «no terminan de abrir el corazón a la salvación de Dios» y «piden siempre condiciones»; los que dicen: «Sí, sí, sí, yo quiero ser salvado, pero por este camino». Es así que «el corazón se envenena». Es el corazón de los «cristianos tibios», que tienen siempre algo de qué lamentarse: «“pero el Señor, ¿por qué me ha hecho esto?” –“pero te ha salvado, te ha abierto la puerta, te ha perdonado muchos pecados”– “Sí, sí, es verdad, pero...”». El israelita en el desierto decía: «Yo quisiera agua, pan, eso que me gusta, no esta comida tan ligera. Estoy hastiado». Y también nosotros «muchas veces decimos que estamos hastiados del estilo divino». Destacó el Papa Francisco: No aceptar el don de Dios con su estilo, ese es el pecado; ese es el veneno; lo que nos envenena el alma, te quita la alegría, no te deja seguir».
Y «¿cómo resuelve todo esto el Señor? Con el mismo veneno, con el mismo pecado»: es decir, «Él mismo toma sobre sí el veneno, el pecado y es elevado». Así sana «esta tibieza del alma, ese ser cristianos a medias», ese ser «cristianos sí, pero...». La curación, explicó el Papa, llega sólo «mirando la cruz», mirando a Dios que asume nuestros pecados: «mi pecado está allí». Sin embargo, «cuántos cristianos mueren en el desierto de su tristeza, de su murmuración, de su no querer el estilo de Dios». Esta es la reflexión para cada cristiano: mientras Dios «nos salva y nos muestra cómo nos salva», yo «no soy capaz de tolerar un poco un camino que no me gusta mucho». Es «ese egoísmo que Jesús reprochaba a su generación», la que decía acerca de Juan Bautista: «No, es un endemoniado». Y la que cuando vino el Hijo del hombre lo definió como un «comilón» y un «borracho». «¿Pero quién os entiende?» dijo el Papa añadiendo: «También yo, con mis caprichos espirituales ante la salvación que Dios me da, ¿quién me entiende?».
He aquí entonces la invitación a los fieles: «Miremos a la serpiente, el veneno ahí en el cuerpo de Cristo, el veneno de todos los pecados del mundo y pidamos la gracia de aceptar los momentos difíciles; de aceptar el estilo divino de salvación; de aceptar también esta comida tan ligera de la que se lamentaban los judíos»: la gracia, o sea, «de aceptar los caminos por los cuales el Señor me conduce hacia adelante». El Papa Francisco concluyó deseando que la Semana Santa «nos ayude a salir de esta tentación de llegar a ser “cristianos sí, pero...”».