viernes, 9 de enero de 2015

DECIDIDOS A SER LIBRES Y A GENERAR LIBERTAD. POR DON CARLOS OSORO, ARZOBISPO DE MADRID.

Quiero acercarme a vosotros para deciros con todas mis fuerzas dónde está la novedad del Año Nuevo. ¡Qué fuerza tiene para nuestra vida, y para la vida de todos los hombres, descubrir dónde está la novedad! ¡Cuántas veces decimos feliz Año Nuevo! Pero muchas veces nos quedamos en unos nuevos días que comienzan y en cómo va pasando la vida, casi sin darnos cuenta. La novedad del Año que comienza es que Jesucristo está con nosotros. No estamos solos. Dios nos acompaña, es más, va delante de nosotros. Nos ha revelado su rostro, y por Él hemos conocido quién es Dios y quiénes somos nosotros. Por eso os digo a todos vosotros también esas palabras que tantas veces nos decimos, pero os las acerco con este contenido: ¡Feliz Año Nuevo! Lo nuevo surge porque Dios vino a esta historia, se hizo Hombre: “la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. De ahí también el título y el contenido del Mensaje que el Papa Francisco nos ha regalado en la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: “No esclavos, sino hermanos”. El año nuevo se convierte en una llamada a renovar nuestra adhesión absoluta y total a Dios, y en él a todos los hombres. “Decididos a ser libres y generar libertad”.

   Entremos al comenzar el año experimentando que el Señor nos bendice, que ilumina nuestro rostro con su Rostro, que nos hace conocer los caminos que tenemos que seguir los hombres para experimentar y dar la paz y la salvación a todos, que hemos de contar con alegría que es Dios quien da la justicia verdadera y que hace posible que los pueblos vivan con rectitud y no haciéndose esclavos los hombres unos de otros. Ello nos manifiesta la urgencia de hacer que todos los hombres conozcan la alegría del Evangelio, que es el mismo Jesucristo. En conocerlo y acogerlo en nosotros está el presente y el futuro de la libertad de los hombres. Escuchemos de Él el proyecto de Dios sobre la humanidad. Es un proyecto en el que la vida de discípulos de Cristo nos hace nacer de nuevo y regenera siempre la fraternidad entre los hombres. Globalicemos la fraternidad y no la división y el desencuentro. Una fraternidad que se expresa en la multiplicidad y en la diferencia. Volvamos nuestra mirada a Jesucristo, contemplemos su rostro. ¡Qué maravilla es poder descubrir a los primeros cristianos entre los que se encontraban judíos y griegos, esclavos y libres hombres y mujeres! (cf. 1 Co 12, 13; Ga 3, 28). Entre los primeros cristianos había diversidad de origen, diversidad de condición social, pero no disminuía entre ellos la dignidad de cada uno, que era la misma, ni excluirían a nadie de la pertenencia al pueblo de Dios.

   Pensemos por un momento en la multiplicidad de rostros de esclavitud que existen a nuestro alrededor, también en estos momentos de la historia humana: oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores de la vida económico-social, entre tantos emigrantes que sufren condiciones de vida que impiden vivir con la dignidad que todo ser humano por ser hijo de Dios tiene. Pensemos también en las personas que están obligadas a ejercer la prostitución, entre los cuales se encuentran también menores. Es necesario anunciar la alegría del Evangelio, entre otras cosas para hacer ver las causas profundas de la esclavitud que viven tantas personas. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad sabemos que especialmente la raíz de las esclavitudes está en una concepción de la persona recortada y construida a nuestro gusto o según nuestros intereses, a la que en vez de ver “como imagen y semejanza de Dios”, tratamos como un objeto.

Y esa falsa concepción trae la corrupción del corazón humano, que sabemos se corrompe cuando se aleja de Dios y, por ello, de los demás, que en vez de verlos como hermanos, los ve como contrincantes o enemigos. “Decididos a ser libres y engendrar libertad”. La corrupción del corazón trae pobreza, subdesarrollo, exclusión, envidias, enfrentamientos, odios, el que me sobren los que no piensan como yo. El corazón siempre se corrompe cuando los hombres y las mujeres estamos dispuestos a cualquier cosa para ser nosotros los beneficiados de todo. Hagamos un compromiso real por derrotar la esclavitud y por estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Esta decisión pasa necesariamente por entregar la alegría del Evangelio, que es globalizar la fraternidad, no la esclavitud o la indiferencia. ¿Cómo  hacer posible esto?:

            1) Déjate bendecir por Dios. Dejarnos bendecir, proteger e iluminar por el Señor. El Señor nos habla también a nosotros hoy: Él se ha fijado en nosotros, nos ha mirado, nos ha amado, se ha hecho hombre por nosotros, nos ha mostrado su rostro, nos ha regalado el rostro humano verdadero, es el rostro que construye, alimenta, proyecta y diseña una manera de ser y de estar en el mundo.
            2) No ignores que eres hijo de Dios y, por ello, hermano de todos los hombres. Sabernos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos de todos los hombres. Esto es lo que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo: que somos hijos y, por ello, hermanos.
            3) Conserva como María y medita todas las cosas en tu corazón. Conservar como María en su silencio admirable y contemplativo a Dios mismo. María está ante el misterio, llena de luz y de amor, de fe y esperanza, de amor y donación. María vive desde la interioridad, que en definitiva es saber escuchar y vivir la Palabra que da vida a nuestro corazón y a los hombres. En el centro de su vida puso a Dios como prioridad y de primera necesidad para estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Si Dios está ausente, la vida personal y social enferma.
            Con gran afecto, os bendice:
+Carlos, Arzobispo de Madrid



¿Qué es el Castillo de las Moradas teresianas?

El mismo nombre de “moradas”, utilizado con tanta frecuencia por Teresa, está reclamando origen bíblico, pues ya en el mismo comienzo, la autora cita el texto de Juan (1M1,1): “En la casa de mi Padre hay mucha moradas” (Jn 14,2). Es probable que en un primer momento Teresa lo entienda como la parte reservada de un castillo, una estancia. Y así utilizará también a lo largo de la narración esa imagen. Pero, si se observa con atención, esta representación pasa a un plano secundario, porque las connotaciones bíblicas la van absorbiendo. Pero, además, es que Teresa, apenas comienza, infunde tal dinamismo a esta palabra que la enmarca en su más genuino sentido de Sagrada Escritura.
En efecto, Juan entiende la palabra morada como una derivación del verbo griego “meno”, vocablo que utiliza para significar la relación permanente, vital y sin interrupción entre Jesús y el Padre, Jesús y nosotros, y a veces también entre el Padre y nosotros (14,23). Dinamismo teológico muy teresiano también. Por tanto, podemos decir que Teresa asume para su obra esa categoría tan significativa del IV Evangelio. Desde este punto de vista, todo el libro de Moradas ya cobra un cariz bíblico. En algún sentido podíamos decir que las Moradas son un comentario al texto joaneo antes recordado. Pasaje que, por otra parte, ha tenido un largo significado en la dogmática de la Iglesia y en la tradición espiritual. Teresa, como sabemos, ha concentrado en el fondo de la persona la entera historia de salvación, sobre todo la evangélica. Baste de momento notar que en el centro del alma tiene lugar el matrimonio espiritual (7M 2,1-3). La casa del Padre con sus muchas moradas se va a hallar en lo más hondo del ser humano, en el corazón del hombre y de la mujer.
El contenido de las moradas del Padre se prosigue luego en Juan en el Apocalipsis (21,10-23), en el que morada es la ciudad entera. Así parece que Teresa entiende también las suyas. De hecho algunos de los elementos que componen su visión del alma están tomados de esa ciudad escatológica y encantada de que habla el discípulo de Jesús (1M 2,1).
Veamos el texto: “Un castillo todo de un diamante o muy claro cristal a donde hay mucho aposentos. Así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo, un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites” (1M 1,1).
El alma es un castillo, dice Teresa. Piénsese que entonces en el castillo se concentraba una ciudad entera. Podemos decir, pues, que el castillo en la mente de Teresa es una pequeña y preciosa ciudad; esa ciudad es el alma donde mora el Señor. En última instancia, la ciudad celestial que Teresa tenía “in mente” es la descrita por Juan, la ciudad que viene de arriba, vestida de novia (Ap 21,9-12). No olvidemos que las moradas se dirigen a preparar el matrimonio con Cristo, en el centro del alma (7M 2,1-3), donde hemos dicho que se sitúa la ciudad, venida de lo alto, de Dios, donde mora Cristo y la Trinidad.

Los fundamentos de la ciudad teresiana vienen descritos con trazos bíblicos. El primer recuerdo de Teresa es para el Génesis (1,26). Y mientras en Vida, en los dos capítulos primeros, nos presentará de forma velada la creación, la tentación y la caída, aquí va a hacer referencia al alma, imagen de Dios (Gn 1,26). Por tanto, una realidad muy rica y llena de misterios, de moradas (Jn 14,2) o, mejor, de posibilidades de acoger a Dios. Ese ser imagen de Dios, le va a dar capacidad de Dios, de llenarse de él, de estar constituida desde su esencialidad para él. El alma es un espacio para el Señor. Dios nos creó para la relación con él. Las moradas son capacidades dinámicas esencialmente abiertas para ser plenificadas. Esa posibilidad de relación la apoya Teresa en Proverbios 8,31, que presenta a un Dios que tiene sus delicias en estar entre los hombres. La palabra deleite también puede hacer referencia al Génesis: “Un paraíso de delicias” (3,23-24), según algunas traducción de la palabra hebrea “Edén”, y era como se traducía este texto en los libros de piedad del siglo XVI.
Otro texto teresiano nos ayuda también a recomponer la imagen que ella está persiguiendo: “Qué será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida, que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida que es Dios, cuando cae en pecado mortal: no hay tinieblas más tenebrosas ni cosa tan oscura y negra que no lo esté mucho más” (1M 2,1). Este pasaje es paralelo con V 40,5, que en seguida consideraremos, en el que habla de una experiencia de Cristo en su alma. Pero antes, no olvidemos que Teresa dice que en ese centro interior hay un sol (Ap 2,7; 21,23) y una fuente (Gn 2,6). El árbol de vida hace alusión o al Génesis, árbol de la vida, o al salmo (1,3) o quizás más al Apocalipsis (22,1). Sea como fuere, el imaginario es bíblico, y, sin duda, está desplazando la idea de castillo. Del castillo Teresa ha dado el salto de inmediato a la ciudad de Jerusalén, y de las estancias del castillo medieval, a las moradas del cuarto evangelio ola Jerusalén celestial del Apocalipsis.
Así es la contemplación teresiana dela Biblia. Se trata de una asunción profunda de las categorías de las Escrituras de tal manera, que quedan perfectamente incorporadas a su discurso, aunque ella muchas veces no lo perciba. El sol de la ciudad celestial, ahora lucirá en la morada del alma. De esta forma la antropología teresiana se reconstruye desde las perspectivas escatológicas de la Escritura. Y Teresa realiza este milagro de forma natural, casi sin pretenderlo, por conexiones de su yo hebreo y místico con los textos inspirados que ella pretende vivir de forma total.
Lo primero que se observa en esta comprensión teresiana del yo es su capacidad de asumir los símbolos y conectarlos. La percepción inmediata es una ciudad humana, el castillo, que es donde ella veía que vivían los reyes y las élites de la sociedad; pero eso sólo es la plataforma que la proyecta a otra ciudad y a otro Rey, y da el salto a la Bibliay en seguida busca allí los ámbitos donde se desenvuelve la vida de Dios con los hombres, el cielo. El cielo es el lugar donde se halla Dios; y ella ha descubierto que ese Dios habita el centro del hombre. Así lo pudo contemplar un día en una de sus famosas visiones: “Estando una vez en las horas con todas, de presto se recogió mi alma y parecióme ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lado ni alto ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo, y también este espejo –yo no sé decir cómo- se esculpía todo en el mismo Señor por una comunicación que yo no sabré decir, muy amorosa” (V 40,5).
Esta Belleza es patrimonio de todo ser humano. El pecado lo único que hace es oscurecerlo y entenebrecerlo, pero la realidad siempre permanece. El texto continúa: “Dióse me a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser”, (Cf. V 40,5). En un texto paralelo de Moradas podemos leer:”Qué será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida, que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida, que es Dios, cuando cae en pecado mortal. No hay tinieblas más tenebrosas ni cosa tan oscura y negra, que no lo esté mucho más. No queráis más saber de que, con estarse el mismo Sol que le daba tanto resplandor y hermosura todavía en el centro de su alma, es como si allí no estuviese para participar de El, como el cristal para resplandecer en él el sol” (1M 2,1).
Sin duda, el castillo de Moradas reproduce la experiencia que nos narra en Vida 40,5. Comparando los textos citados, se evidencia que desde un punto de vista literario-espiritual, el sol, la fuente y la luz simbolizan la presencia de Cristo en el alma, espejo o cristal. La meta consiste en que a través del seguimiento de Cristo la persona se identifique con él, es decir, alcance el centro de sí misma. Teresa lo describe así: “Aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual –aunque más delicada que las dichas-, como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo:«Pax vobix»” (7M 2,3). Aparece una nueva figura: el Cenáculo. En moradas quintas (1,13) nos hablará de la bodega del Cantar, que identifica con el centro del alma, aludiendo también al cenáculo. Por eso no e extraño que escriba en Fundaciones: “En aquella eternidad adonde son las moradas conforme al amor con que hemos imitado la vida de nuestro buen Jesús” (14,5).

Para Teresa el centro del castillo donde se halla el Rey viene identificado con el centro del yo humano, con el paraíso del Génesis. La bodega del Cantar, el Cenáculo, las moradas de Juan y la ciudad del Apocalipsis. Por consiguiente, el Rey del Castillo, es el Esposo del Cantar, el Cristo Resucitado del Cenáculo, el Hijo de las Moradas de Juan, y el Rey (Cordero) del Apocalipsis. También al Paraíso del Génesis, por cuanto hemos visto Teresa lo cristologiza.

Por el P. Secundino Castro, Carmelita descalzo

EL PAPA FRANCISCO SOBRE EL ATENTADO DE PARÍS: LA VIOLENCIA HOMICIDA ES ABOMINABLE Y NO SE JUSTIFICA JAMÁS

Queridos amigos, como sabrán, ayer tres terroristas entraron en la sede de un semanario francés y asesinaron a 12 personas e hirieron a otras 11. 

El Papa Francisco ha expresado su firme condena por este atentado. Así lo ha referido en un comunicado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi:

“El Santo Padre expresa la más firme condena por el horrible atentado que ha sacudido esta mañana la ciudad de París con un alto número de víctimas, sembrando la muerte, hundiendo en la consternación a la entera sociedad francesa, turbando profundamente a todas las personas amantes de la paz, mucho más allá de los confines de Francia.

El Papa participa con la oración al sufrimiento de los heridos y de las familias de los difuntos y exhorta a todos a oponerse con todo medio a la difusión del odio y de toda forma de violencia, física y moral, que destruye la vida humana, viola la dignidad de las personas, mina radicalmente el bien fundamental de la convivencia pacífica entre las personas y los pueblos, no obstante las diferencias de nacionalidad, de religión y de cultura.

Cualquiera sea la motivación, la violencia homicida es abominable, no es jamás justificable, la vida y la dignidad de todos deben ser garantizados y tutelados con decisión, toda instigación al odio debe ser rechazada, el respeto del otro debe ser cultivado.

El Papa expresa su cercanía, su solidaridad espiritual y su apoyo a todos aquellos que, según sus diversas responsabilidades, continúan a empeñarse con constancia por la paz, la justicia y el derecho, para curar en profundidad los origines y las causas del odio, en este momento doloroso y dramático, en Francia y el toda parte del mundo marcada por tensiones y violencias”.

jueves, 8 de enero de 2015

Compañeros de viaje

En tren, en autobús, en coche, en avión o en barco, viajamos juntos.

Desde que cruzamos la puerta, comenzamos a ser compañeros de viaje. Quizá solo por unas horas, en ocasiones durante varios días. Luego, cada uno seguirá su camino, hasta alcanzar la meta que esperaba.

Mientras dura el viaje, estamos juntos. Tal vez en silencio, por respeto a los pensamientos del otro. Tal vez en una conversación intrascendente, hablando del tiempo, del fútbol o del mal estado de las carreteras. Tal vez, en un diálogo profundo, porque logramos conectar en un interés común.

El tiempo no perdona. Llega la hora de separarnos. Si el viaje ha permitido un encuentro feliz y fecundo, queda en el corazón algo de tristeza. Quizá nos volveremos a ver más adelante, en una de esas misteriosas casualidades de la vida. O tal vez hemos intercambiado teléfonos y mails, deseosos de seguir nuestro diálogo.

¿Qué significó ese encuentro casual? ¿Fuimos simplemente dos extraños que estaban juntos durante el viaje? ¿Había algo dentro de cada uno que nos permitía compartir intereses, ideales, sueños, temores y esperanzas?

Si alargamos la mirada, seremos capaces de reconocer que somos compañeros de camino de cada ser humano. Algunos están lejos, a miles de kilómetros de distancia. Otros están muy cerca, en el piso de arriba o de abajo, aunque en ocasiones no sabemos sus nombres...

Todos, lejanos o cercanos, vamos hacia adelante, nos acercamos, inexorablemente, a una meta común: la que inicia tras la muerte.

El camino hacia esa meta definitiva parece largo. Para algunos, el final llega de modo inesperado. Para otros, se retrasa más de lo que desearían. Para todos, esa meta nos une misteriosamente: al otro lado de esa frontera descubriremos que en cada uno había un alma llamada a lo eterno, hermanada, profundamente, con los demás seres humanos.


El viaje continúa, en este tren tranquilo o en ese camión que nos marea con sus curvas. Tú y yo estamos de camino. Somos compañeros, y es hermoso cuando logramos sintonizar en temas que deciden el presente y el futuro: Dios, el amor, la verdad, la justicia, la misericordia, la belleza de lo eterno...
P. Fernando Pascual

SER NIÑO ANTE TI Oración para un día de Reyes


Señor, concédeme el don de ser niño
y poder descansar en tu regazo
sin vergüenza y sin miedo,
pues a medida que crecemos
otros intereses nos hacen olvidar
que la confianza y la ternura
son imprescindibles para madurar
y recorrer tus caminos.

Concédeme el don de ser niño
para saber mirar a los demás
con cariño y transparencia,
pues el paso de los años
va cargando nuestra vida
de suspicacias, temores y envidias
que doblan nuestra la espalda
y tensionan nuestras entrañas

Concédeme el don de ser niño
para confiar en los demás
y compartir gratuitamente,
con generosidad y limpieza,
lo que de ti recibo, cada día, para ser feliz;
pues el egoísmo, la avaricia y las comparaciones
apagan todas las estrellas
y encienden nuestras más oscuras vanidades.

Concédeme el don de ser niño;
quítame todo lo que me impide llegar a ti
y me aleja de quienes son niños
y van llenos de carencias y necesidad;
 quítame la desconfianza, la doblez y el orgullo
que no acepta perderse entre los más pobres.
¡Que recupere, en el cuerpo y en el espíritu,
la maleabilidad de la niñez para servir!

¡Vuélveme niño otra vez!

Y si así no logro alcanzarte
o no logras retenerme,
o no me dejo querer,
o no aprendo o servir,
o creo que soy más y mejor,
o no me doy a los que tú quieres,
vuélvete, Señor, a mí
y háblame como una madre habla a su bebé.

                                                (Florentino Ulibarri)

miércoles, 7 de enero de 2015

"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".

Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25.

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.

Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!

El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.

Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. 

GOBERNANTES DE LA TIERRA, SIRVAN AL SEÑOR CON TEMOR


Del salmo 2: 

Felices los que se refugian en el Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido: 

Felices los que se refugian en el Señor

El que reina en el Cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor.

Felices los que se refugian en el Señor

Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy
Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra». 

Felices los que se refugian en el Señor

Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor;
temblando, ríndanle homenaje,
no sea que se irrite y vayan a la ruina.


¡Felices los que se refugian en el Señor!

De News.va

Papa Francisco explica el significado de la estrella de los Reyes Magos

Después de celebrar la Misa de la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco rezó el ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólicos antes miles de personas, algunas de ellas llegadas desde Alemania, Irlanda o Estados Unidos de América.
Antes de rezar, el Pontífice explicó que en este día “hacemos memoria de la llegada de los Reyes, llegados de Oriente, para adorar al recién nacido Rey de los Judíos y Salvador universal y ofrecerle regalos simbólicos”.
“La estrella que es capaz de guiar a todo hombre a Jesús es la Palabra de Dios: Es la luz que orienta nuestro camino, nutre nuestra fe y la regenera. Es la palabra de Dios que renueva continuamente nuestros corazones y nuestras comunidades”, afirmó.
Para el Papa es importante “no olvidar leerla y meditarla todos los días, para que sea para cada uno como una llama que llevamos dentro de nosotros para iluminar nuestros pasos, e incluso para aquellos que caminan a nuestro lado, y que tal vez luchan por encontrar el camino a Cristo”.
Francisco remarcó que el viaje que realizan los Reyes Magos es “un viaje del alma, como un camino hacia el encuentro con Cristo”. Y “ellos están atentos a los signos que les indican la presencia; están cansados por afrontar las dificultades de la búsqueda; son valientes en las consecuencias de la vida derivadas del encuentro con el Señor”.
De hecho, “la experiencia de los Magos evoca el camino de todos los hombres hacia Cristo”. “Como para los Magos, también para nosotros buscar a Dios quiere decir caminar, mirando el cielo y viendo en él el signo visible de la estrella del Dios invisible que habla a nuestro corazón”.
De nuevo sobre los Magos, señaló que “con su gesto de adorar, los Magos testimonian que Jesús ha venido a la tierra para salvar no sólo a un pueblo, sino a todas las personas”.
“En la fiesta de hoy –continuó el Pontífice- nuestra mirada se ensancha al horizonte del mundo entero para celebrar la ‘manifestación’ del Señor a todos los pueblos, es decir, la manifestación del amor y de la salvación universal de Dios”.
Sobre esto, subrayó que “no se reserva su amor sólo para algunos privilegiados, sino que lo ofrece a todos” porque “así como de todos es el Creador y el Padre, así de todos quiere ser el Salvador”.

Esto es lo que hace que estemos llamados a “cultivar siempre con gran fidelidad y esperanza hacia cada persona su salvación: También a aquellos que nos parecen estar lejos del Señor son seguidos –o mejor ‘perseguidos’- por su amor apasionado y fiel”, concluyó.

EL PAPA EN EL DÍA DE REYES: JESÚS ESTÁ EN TODOS LOS HERMANOS Y HERMANAS MÁS PEQUEÑOS QUE SUFREN



Queridos amigos, les ofrecemos el texto completo de la homilía del Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor: 

"Ese Niño, nacido de la Virgen María en Belén, vino no sólo para el pueblo de Israel, representado en los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada hoy por los Magos de Oriente. Y precisamente hoy, la Iglesia nos invita a meditar y rezar sobre los Magos y su camino en busca del Mesías.

Estos Magos que vienen de Oriente son los primeros de esa gran procesión de la que habla el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 60,1-6). Una procesión que desde entonces no se ha interrumpido jamás, y que en todas las épocas reconoce el mensaje de la estrella y encuentra el Niño que nos muestra la ternura de Dios. Siempre hay nuevas personas que son iluminadas por la luz de la estrella, que encuentran el camino y llegan hasta Él.

Según la tradición, los Magos eran hombres sabios, estudiosos de los astros, escrutadores del cielo, en un contexto cultural y de creencias que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vicisitudes humanas. Los Magos representan a los hombres y a las mujeres en busca de Dios en las religiones y filosofías del mundo entero, una búsqueda que no acaba nunca. Hombres y mujeres en búsqueda.

Los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida. Ellos buscaban la Luz verdadera: «Lumen requirunt lumine», dice un himno litúrgico de la Epifanía, refiriéndose precisamente a la experiencia de los Magos; «Lumen requirunt lumine». Siguiendo una luz ellos buscan la luz. Iban en busca de Dios. Cuando vieron el signo de la estrella, lo interpretaron y se pusieron en camino, hicieron un largo viaje.


El Espíritu Santo es el que los llamó e impulsó a ponerse en camino, y en este camino tendrá lugar también su encuentro personal con el Dios verdadero.

En su camino, los Magos encuentran muchas dificultades. Cuando llegan a Jerusalén van al palacio del rey, porque consideran algo natural que el nuevo rey nazca en el palacio real. Allí pierden de vista la estrella. Cuántas veces se pierde de vista la estrella. Y encuentran una tentación, puesta ahí por el diablo, es el engaño de Herodes. El rey Herodes muestra interés por el niño, pero no para adorarlo, sino para eliminarlo. 

Herodes es un hombre de poder, que sólo consigue ver en el otro a un rival. Y en el fondo, también considera a Dios como un rival, más aún, como el rival más peligroso. En el palacio los Magos atraviesan un momento de oscuridad, de desolación, que consiguen superar gracias a la moción del Espíritu Santo, que les habla mediante las profecías de la Sagrada Escritura. Éstas indican que el Mesías nacerá en Belén, la ciudad de David.


En este momento, retoman el camino y vuelven a ver la estrella. El evangelista apunta que experimentaron una «inmensa alegría» (Mt 2,10), una verdadera consolación. Llegados a Belén, encontraron «al niño con María, su madre» (Mt 2,11). Después de lo ocurrido en Jerusalén, ésta será para ellos la segunda gran tentación: rechazar esta pequeñez. Y sin embargo: «cayendo de rodillas lo adoraron», ofreciéndole sus dones preciosos y simbólicos. La gracia del Espíritu Santo es la que siempre los ayuda. Esta gracia que, mediante la estrella, los había llamado y guiado por el camino, ahora los introduce en el misterio. 

Esta estrella que les ha acompañado durante el camino los introduce en el misterio. Guiados por el Espíritu, reconocen que los criterios de Dios son muy distintos a los de los hombres, que Dios no se manifiesta en la potencia de este mundo, sino que nos habla en la humildad de su amor. El amor de Dios es grande, sí. El amor de Dios es potente, sí. Pero el amor de Dios es humilde, muy humilde. De ese modo, los Magos son modelos de conversión a la verdadera fe porque han dado más crédito a la bondad de Dios que al aparente esplendor del poder.

Y ahora nos preguntamos: ¿Cuál es el misterio en el que Dios se esconde? ¿Dónde puedo encontrarlo? Vemos a nuestro alrededor guerras, explotación de los niños, torturas, tráfico de armas, trata de personas… Jesús está en todas estas realidades, en todos estos hermanos y hermanas más pequeños que sufren tales situaciones (cf. Mt 25, 40.45). El pesebre nos presenta un camino distinto al que anhela la mentalidad mundana. Es el camino del anonadamiento de Dios, de esa humildad del amor de Dios que se abaja, se anonada, de su gloria escondida en el pesebre de Belén, en la cruz del Calvario, en el hermano y en la hermana que sufren.

Los Magos han entrado en el misterio. Han pasado de los cálculos humanos al misterio, y éste es el camino de su conversión. ¿Y la nuestra? Pidamos al Señor que nos conceda vivir el mismo camino de conversión que vivieron los Magos. Que nos defienda y nos libre de las tentaciones que oscurecen la estrella. Que tengamos siempre la inquietud de preguntarnos, ¿dónde está la estrella?, cuando, en medio de los engaños mundanos, la hayamos perdido de vista. 

Que aprendamos a conocer siempre de nuevo el misterio de Dios, que no nos escandalicemos de la “señal”, de la indicación, de aquella señal anunciada por los ángeles: «un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12), y que tengamos la humildad de pedir a la Madre, a nuestra Madre, que nos lo muestre. 

Que encontremos el valor de liberarnos de nuestras ilusiones, de nuestras presunciones, de nuestras “luces”, y que busquemos este valor en la humildad de la fe y así encontremos la Luz, Lumen, como han hecho los santos Magos. Que podamos entrar en el misterio. Que así sea".

Qué nos han traído los Reyes Magos

Te traemos ALEGRÍA. Ya sabemos que, en muchas ocasiones, avanzas cabizbajo y triste. Que te preocupa la situación de tu entorno y del mismo mundo. La alegría, aunque sea un bien escaso, viene por un gran torrente que se da en las personas buenas.

Te dejamos VALOR. En varios momentos, la rectitud, se convierte en enemiga del pillaje. Ante la debilidad o la incertidumbre te vendrá bien para hacerles frente.

Te obsequiamos FE. En nuestras subidas y bajadas a las casas, percibimos una cosa: el hombre está tremendamente solitario. En un rincón te hemos dejado “fe”. Te garantizamos que, con ella, nunca te encontrarás solo.

Te inyectamos un poco de AMOR. Por experiencia, aunque seamos reyes, sabemos que, quien ama, sufre. También, en propias carnes, para llegar hasta Belén tuvimos que esquivar varios inconvenientes. Luego vimos que, el amor, lo multiplica y satisface todo.
 
Te regalamos un vaso de SENSIBILIDAD. Constatamos que, por diversas causas, en el mundo se llora mucho pero, a veces, las lágrimas se quedan sólo en eso. La sensibilidad que te traemos, tal vez, no te hará llorar pero sí te empujará a trabajar en contra de aquello que consideres injusto.
 
Si buscas hoy, en el fondo de tu corazón, verás que te hemos puesto un nombre: DIOS. Nos extraña tantos que dicen ser sus hijos, pero, por otro lado, les cuesta dar la cara por El. Es el regalo del que más nos cuesta desprendernos. Aprovéchalo.
 
Debajo de tu almohada depositamos LA VERDAD. No te dejes vencer por las verdades a medias que son grandes mentiras. El decir las cosas a la cara puede llevar a un gran disgusto. El no decir la verdad puede generar un maremoto de complicaciones.
 
En la sala de estar, te hemos confiado la SINCERIDAD. Ya sabemos que muchos dicen que “hay que ser sinceros”. Pero, amigo, ser sincero no es lo mismo que abrir el corazón. A veces, en nombre de la sinceridad, sólo se busca el hacer daño buscando la debilidad del otro. Cuando hables…piensa lo que dices y, si de verdad, es sentimiento noble de tu corazón.
 
Nos ha costado entrar en tu hogar. Hemos comprobado que, prácticamente, tenías de todo. Por ello mismo, y visto lo visto, te damos lo que –sin ella- nada de lo que posees te dará la felicidad: SALUD. Con ella disfrutarás, incluso, de lo que no tienes. Sin ella, hasta la mayor riqueza te producirá ansiedad y desdicha.
 
Cuando te encuentres airado, violento, fuera de ti mismo, sube a lo más alto de tu casa. Allá arriba, en un rincón, hemos dejado el don de la PAZ. Ella, por ser una meta difícil de alcanzar y puesta en lo más alto de la cumbre, te hará erguir tu cabeza para pedírsela a Dios.
Siempre, tus amigos y reyes.

De Reflejos de Luz

lunes, 5 de enero de 2015

“El papa Francisco está armando la que había que armar”

Carlos Osoro, el hombre elegido por el papa Francisco para liderar en España la primavera eclesiástica, escenificó ayer su primer golpe de mano al frente de la archidiócesis de Madrid. Cada año por estas fechas, desde el 2007, su predecesor, el cardenal Antonio María Rouco, reunía en la plaza de Colón a cientos de miles de fieles en manifestación contra el Gobierno de turno, con la pretensión de imponer la moral católica al resto de la sociedad. La disculpa era la Jornada de la Familia con motivo de la Navidad. Osoro, en el cargo desde hace apenas dos meses, ha suprimido aquella manifestación y la ha sustituido por una jornada diocesana de oración y bendiciones.
Se ha desarrollado en la catedral de La Almudena, convertida durante 24 horas en hogar de familias numerosas a las que el arzobispo ha atendido sin prisas, una a una. Con los mayores conversaba; a los niños les iba regalando una artística estampa dibujada por él mismo, además de medallas de chocolate. A todos apretó la mano efusivamente, abrazos o besos incluidos. Es una de sus características, no pequeña: la campechanía. En la terminología al uso, ya existe una definición. “Osoro no tiene mano de obispo”. Hace referencia a cómo dan la mano la mayoría de los prelados, acostumbrados a que los fieles se la besen con reverente y sumisa inclinación.
La Iglesia no está perseguida en España, lo he dicho muchas veces
No está siendo fácil el cambio en Madrid después de dos décadas de pontificado de Rouco. Osoro no suelta una mala palabra sobre sus pasos hasta ahora, pero deja algunas claves. Sobre la supresión de la ruidosa jornada de la familia, presume de que muchos obispos le han agradecido la medida. “Podrán dedicarse a su diócesis sin sentirse obligados a venir a Madrid”, dice. También cuenta, como de pasada, que recibió en su despacho y conversó durante cuatro horas con Kiko Argüello, el fundador del Camino Neocatecumenal, los famosos kikos, auténtico jaleador de las jornadas. En otro momento de la entrevista, cuando se le pregunta por la economía de la diócesis (más de 60 millones de euros de presupuesto anual), reconoce que la polémica jornada “la pagaba entera la diócesis y costaba un dineral”.
Las polémicas que no cesan
El arzobispo Osoro no se sale del guión oficial al abordar tres temas que queman en la Iglesia católica española, perpleja por la creciente secularización y abrumada por las encuestas que reflejan que es una de las instituciones peor valoradas.
»Abuso de menores. Francisco quiere acabar con la teoría de que la ropa sucia se lava en casa. Lo ha demostrado en el caso del joven sometido a abusos por sacerdotes de Granada. Osoro reconoce que la Conferencia Episcopal ha tratado el tema. “Es tan evidente que no se puede tolerar abuso alguno”, dice. No todos los obispos cumplen. Ha ocurrido con los llamados miguelianos, la orden desautorizada por el obispo de Tuy-Vigo. Allí se les ha tolerado incluso después de las primeras denuncias. Osoro, en cambio, cuando se trasladaron a Madrid, resolvió condenarlos en apenas una semana.
»Acuerdos de 1979. Los obispos son conscientes de que más pronto que tarde algún Gobierno va a pedir renegociar los privilegios que España concede al Estado vaticano. Osoro justifica: “Con ese dinero hacemos mucho bien”. ¿Piensa que los ciudadanos harían el mal si tuvieran su mismo privilegio fiscal? Asume la ironía, pero insiste en que España y el Vaticano tienen relaciones desde 1480.
»Inmatriculaciones. La ley permite a los obispos poner a su nombre cualquier bien sin propietario. Algunas diócesis han llegado a registrar jardines o la casa del maestro. Osoro reconoce que él también ha ordenado inmatriculaciones. La Conferencia Episcopal ha tratado el tema, preocupada por la mala imagen que dan esos sucesos. “Nos perjudican, pero tenemos derecho a inmatricular lo que siempre ha sido de la Iglesia, como los templos”. ¿También las casas de los maestros? “De esas exageraciones no estoy de acuerdo”.
Hay una pregunta que permite este vulgarismo: ¿la que está armando el papa Francisco, no? Osoro está de acuerdo. Y más. “Es la que había que armar. Nos está diciendo que debemos salir al mundo desde Jesús. Se nota que ha trabajado mucho el libro de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Está haciendo posible que gente que estaba mirando hacia otra parte, vuelva la vista hacia la Iglesia con un cariño especial y con curiosidad. Nos dice que tenemos que ser audaces y que el Evangelio es alegría y encuentro, no la condena o la derrota del otro. Y todo sin miedo”.
Vive en un hogar de ancianos, visita cárceles y recorre poblados chabolistas.
La Conferencia Episcopal ha repetido estos años que la Iglesia romana está perseguida en España y que aquí se vive con miedo, en un ambiente casi pre bélico, como el que precedió al golpe de Estado militar de 1936. Osoro niega con energía. “Desde luego, no estoy de acuerdo. He dicho muchas veces que la Iglesia no está perseguida en España, ni está arrinconada, ni tiene miedo a salir al encuentro de la gente. Pero, desgraciadamente, sí que hay persecuciones en otros lugares”.
Osoro vive en un hogar de ancianos en Aravaca, a 20 kilómetros de Madrid, visita cárceles, ha recorrido —¡sin prensa!— poblados chabolistas y se presentó un día en la parroquia de san Carlos Borromeo, que Rouco quiso cerrar por díscola. También acudió a rezar con los curas del Foro de Curas, siempre perseguidos. Es el modelo Francisco. “No hago nada extraordinario. Cumplo con mi misión, que es la de Jesús. Como él, estoy abierto a todo el mundo, sin descartar a nadie”.
Se va sabiendo cómo decidió Francisco elegir a Osoro como su hombre en España. Lo sugirió en público, cuando se reunió con los obispos españoles llegados a Roma para rendir cuentas, el 3 de marzo pasado. Francisco dijo ese día a Osoro: “Le voy a cambiar el nombre; voy a llamarle el Peregrino”. Osoro, efectivamente, antes de llegar a Madrid, ha peregrinado por tres diócesis (Orense, Oviedo y Valencia), además de haber mandado mucho en Cantabria como vicario y rector del Seminario.
No hago nada extraordinario. Estoy abierto a todo el mundo
Al pontífice argentino debió llamarle la atención esa movilidad, siempre ascendente. Lo habitual es que los obispos se retiren en su primera diócesis aunque lleven décadas en el mismo destino. Pero Osoro sigue pensando que el sucesor natural de Rouco habría sido otro cardenal, en concreto Antonio Cañizares. “Si he de decir verdad, y debo decirla, no sé por qué me eligió. Nunca esperé estar aquí. Es la primera vez en mi vida que he hecho un acto de obediencia absoluta”.
Parece evidente que, al colocarlo en la archidiócesis de Madrid, tan enorme en cifras y en influencia, Francisco señala a Osoro como el próximo líder del catolicismo español y, ahora mismo, como el encargado de remover las resistencias de la Iglesia española a los cambios que exige el Vaticano. El arzobispo no está tan seguro. “Lo que se me pide es que sea el obispo de esta iglesia y que lo sea con la manera y el estilo que Francisco nos ha regalado en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, es decir, que me entregue a los fieles con la alegría del Evangelio, sin miedo, sin recelos, abierto a todos”.


"No hay futuro sin proyectos de paz", el Papa a la hora del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Bello domingo nos regala el año nuevo. ¡Bella jornada!

San Juan dice en el Evangelio que hemos leído hoy: «En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron». «La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre» (Jn. 1,1-18).Los hombres hablan tanto de la luz, pero a menudo prefieren la tranquilidad engañadora de la oscuridad. Nosotros hablamos mucho de la paz, pero a menudo recurrimos a la guerra o elegimos el silencio cómplice o no hacemos nada concreto para construir la paz. De hecho, San Juan dice: «Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Porque el juicio es éste: la luz - Jesús - ha venido al mundo, pero los hombres prefirieron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Cualquier persona, de hecho, que hace el mal, odia la luz. Y no viene a la luz para que sus obras no sean reprendidas. Así dice el Evangelio de San Juan. El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz descubre sus malas obras. ¡Quien hace el mal, odia la luz! ¡Quien hace el mal, odia la paz!

Hemos iniciado hace pocos días el año nuevo en el nombre de la Madre de Dios, celebrando la Jornada Mundial de la Paz, sobre el tema “No esclavos, sino hermanos”. Mi auspicio es que se supere la explotación del hombre por parte del hombre. Esta explotación es un plaga social que mortifica las relaciones interpersonales e impide una vida de comunión marcada por el respeto, la justicia y la caridad. Cada hombre y cada pueblo tiene hambre y sed de paz; cada hombre y cada pueblo tiene hambre y sed de paz…por lo que es necesario y urgente construir la paz.

La paz no es solamente la ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Ésta es la paz. Sin embargo, silenciar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar inicio a un camino que conduce al logro de la paz en sus diferentes aspectos. Pienso en los conflictos que todavía ensangrientan demasiadas regiones del planeta, en las tensiones en las familias y comunidades: ¡en cuántas familias, en cuántas comunidades también parroquiales hay guerras! Así como también en los contrastes encendidos en nuestras ciudades, nuestros países, entre grupos de diferentes estratos culturales, étnicos y religiosos. Tenemos que convencernos, no obstante todas las apariencias en contrario, que la concordia es siempre posible, en todos los niveles y en todas las situaciones. ¡No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz! ¡No hay futuro sin paz!

Dios en el Antiguo Testamento hacía una promesa. El profeta Isaías decía: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2, 4). ¡Es bello! La paz es anunciada como don especial de Dios en el nacimiento del Redentor: «Paz a los hombres que amados por Él». (Lc 2, 14)Ese don debe ser incesantemente implorado en la oración. Recordemos, aquí, en la plaza, aquel cartel: “En la raíz de la paz está la oración”. Este don tiene que ser implorado y tiene que ser recibido cada día con compromiso, en las situaciones en las que nos encontramos. En los albores de este nuevo año, todos nosotros estamos llamados a reavivar en el corazón un impulso de esperanza, que debe traducirse en obras concretas de la paz. “¿Tu no estás bien con esto? ¡Haz la paz! En tu casa, ¡haz la paz! En tu comunidad,  ¡haz la paz! En tu trabajo, ¡haz la paz! Obras de paz, de reconciliación y fraternidad. Cada uno de nosotros debe cumplir gestos de fraternidad hacia su prójimo especialmente hacia quienes están extenuados por tensiones familiares o disidencias de diversa índole. Estos pequeños gestos tienen mucho valor: pueden ser semillas que dan esperanza, puede abrir caminos y perspectivas de paz.


Invoquemos ahora a María, Reina de la Paz. Ella, durante su vida terrena, conoció no pocas dificultades, relacionadas con la fatiga diaria de la existencia. Pero nunca perdió la paz del corazón, fruto del abandono confiado en la misericordia de Dios. A María, nuestra tierna Madre, le pedimos que indique al mundo entero el camino seguro del amor y de la paz. Ángelus domini...

Los Magos maestros de humildad, no confiaron en su sabiduría



Los Magos fueron los primeros de la larguísima fila de aquellos que han sabido encontrar a Cristo en su propia vida y que han conseguido llegar a Aquel que es la luz del mundo, porque tuvieron humildad y no confiaron sólo en su propia sabiduría.

A Belén, no los poderosos y los reyes de la tierra, sino unos Magos, personajes desconocidos, quizás vistos con sospecha, en todo caso indignos de particular atención.


Estos personajes procedentes de Oriente no son los últimos, sino los primeros de la gran procesión de aquellos que, a través de todas las épocas de la historia, saben reconocer el mensaje de la estrella, saben caminar por los caminos indicados por la Sagrada Escritura y saben encontrar, así, a Aquél que es aparentemente débil y frágil, pero que en cambio es capaz de dar la alegría más grande y más profunda al corazón del hombre.


En Él, de hecho, se manifiesta la realidad estupenda de que Dios nos conoce y está cerca de nosotros, de que su grandeza y poder no se expresan en la lógica del mundo, sino en la lógica de un niño inerme, cuya fuerza es sólo la del amor que se nos confía.


Los dones de los Magos, acto de justicia


Los Magos llevaron en regalo a Jesús oro, incienso e mirra. "No son ciertamente dones que respondan a necesidades primarias", en aquel momento la Sagrada Familia habría tenido ciertamente mucha más necesidad de algo distinto que el incienso y la mirra, y tampoco el oro podía serle inmediatamente útil.


Estos dones, sin embargo, tienen un significado profundo: son un acto de justicia.


Según la mentalidad oriental, representan el reconocimiento de una persona como Dios y Rey: es decir, son un acto de sumisión.


La consecuencia que deriva de ello es inmediata. Los Magos no pueden ya proseguir por su camino. Han sido llevados para siempre al camino del Niño, la que les hará desentenderse de los grandes y los poderosos de este mundo y les llevará a Aquel que nos espera entre los pobres, el camino del amor que por sí solo puede transformar el mundo.


No sólo, por tanto, los Magos se han puesto en camino, sino que desde aquel acto ha comenzado algo nuevo, se ha trazado una nueva vía, ha bajado al mundo una nueva luz que no se ha apagado.


Esa luz, no puede ya ser ignorada en el mundo: los hombres se moverán hacia aquel Niño y serán iluminados por la alegría que solo Él sabe dar.


La importancia de la humildad


Sin embargo, aunque los pocos de Belén que reconocieron al Mesías se han convertido en muchos a lo largo de la historia, los creyentes en Jesucristo parecen ser siempre pocos.


Muchos han visto la estrella, pero son pocos los que han entendido su mensaje.


¿Cuál es la razón por las que unos ven y encuentren, y otros no? ¿Qué es lo que abre los ojos y el corazón? ¿Qué les falta a aquellos que permanecen indiferentes, a aquellos que indican el camino pero no se mueven?


El obstáculo que lo impide, es la demasiada seguridad en sí mismos, la pretensión de conocer perfectamente la realidad, la presunción de haber ya formulado un juicio definitivo sobre las cosas volviendo cerrados e insensibles sus corazones a la novedad de Dios.


Lo que falta es la humildad auténtica, que sabe someterse a lo que es más grande, pero también el auténtico valor, que lleva a creer a lo que es verdaderamente grande, aunque se manifieste en un Niño inerme.


Falta la capacidad evangélica de ser niños en el corazón, de asombrarse, y de salir de sí para encaminarse en el camino que indica la estrella, el camino de Dios.


El Señor sin embargo tiene el poder de hacernos capaces de ver y de salvarnos,


Pido a Dios que nos de un corazón sabio e inocente, que nos consienta ver la estrella de su misericordia, nos encamine en su camino, para encontrarle y ser inundados por la gran luz y por la verdadera alegría que él ha traído a este mundo.


Benedicto XVI, Solemnidad de la Epifanía del Señor