martes, 5 de agosto de 2014

¿ Por qué has dudado ?

san Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que se subieran a la barca y se adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente.

Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le contestó: Señor, si eres tú mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Él le dijo: Ven.

Pedro bajó de la barca y se echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

En cuento subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante Él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Generaset. Y los hombres de aquel lugar , apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por todo aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos.

Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Meditación del Papa Francisco

El "fantasma" es el que precisamente los discípulos ven asombrados y temerosos venir hacia ellos caminando sobre el mar. Pero su estupor nace de una dureza de corazón, porque no habían entendido la multiplicación de los panes sucedida poco antes. Así, si tú tienes el corazón endurecido tú no puedes amar y piensas que el amor es imaginarse cosas. No, el amor es concreto. Y esta concreción se funda sobre dos criterios. Primer criterio: amar con las obras, no con las palabras. ¡Las palabras se las lleva el viento! Hoy están, mañana no están. Segundo criterio de concreción es: en el amor es más importante el dar que el recibir. El que ama da, da... Da cosas, da vida, da sí mismo a Dios y a los demás. Sin embargo, quien no ama, quien es egoísta, siempre busca recibir, siempre buscar tener cosas, tener ventajas.
 (Cf. S.S. Francisco, 9 de enero de 2014, homilía en la capilla de Santa Marta).


lunes, 4 de agosto de 2014

DADLES VOSOTROS DE COMER. Escrito por José Antonio Pagola

Mt 14, 13-21
Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se está haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.
Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.
La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.
Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.
¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.
El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.
En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús: “Dadles vosotros de comer”?

José Antonio Pagola


Sine dominico non possumus! ( Sin el domingo no podemos )

En el año 304 dC fueron apresados un grupo de cristianos en Abitina, la actual Túnez, porque habían sido sorprendidos celebrando la eucarística dominical... esto estaba prohibido y el castigo era la muerte... así que fueron llevados ante el juez... y a la pregunta de por qué lo habían hecho, respondieron: “Sine dominico non possumus!” (Sin el domingo no podemos)...

El don de la Eucaristía es el don de Dios mismo... Jesucristo que se hace presente en medio de su Iglesia... para alimentarla, sostenerla, sanarla... por eso hoy, al igual que aquellos primeros cristianos, no podemos vivir sin el don de la Eucaristía... sin el don de Jesucristo vivo y presente en medio de nosotros...

Les cuento esto porque en una ocasión tuve la visita de una hermana evangélica pentecostal en nuestra página de Facebook... originalmente comenzó cuestionando nuestra devoción a la Virgen y los dogmas marianos... pero el pequeño debate se extendió a otros aspectos del catolicismos... y ella, con voz triunfante, dijo haber sido católica... pero que se había ido porque ya se sabía la Misa de memoria y se aburría en ella... en la iglesia evangélica, en cambio, había “hablado en lenguas” y “sentía bonito”...

Me estuvo curioso esto... pues el culto evangélico siempre es “lo mismo”... se lee la Palabra, se escucha una predicación y se alaba al Señor... así que lo que la hermana decía, más que una razón, era una excusa... y mostraba el desconocimiento que tienen muchos católicos sobre qué cosa es la Misa...

En primer lugar... la Misa no es nuestra, sino de Dios... nosotros no asistimos a la celebración de la Eucaristía para “sentir bonito”... sino para darle culto a Dios de la manera que Él nos enseñó en la Última Cena y que los verdaderos cristianos han estado haciendo por dos mil años...

Además... la estructura de la Misa es siempre la misma, pero las oraciones que elevamos al Padre, a través de Jesucristo y con el poder del Espíritu Santo son distintas... lamentablemente, hay muchos católicos que están en cuerpo... pero su mente y su alma andan vagando fuera del templo...

No pretendo dar una explicación completa ni ir detalladamente por cada parte de la Misa... pero sí mostrarles la importancia de estar atentos y de unirnos a las oraciones que hacemos durante la celebración... de hecho, esa es la forma en que nosotros, la asamblea, participamos de la Misa... uniéndonos al sacerdote que nos preside en el culto que damos a Dios...

Al comienzo de la Misa... pedimos a Dios que nos perdone por nuestras faltas y errores... pero para eso hay que abrirle el corazón de par en par... necesitamos estar conscientes y pedir perdón con verdadero arrepentimiento... si lo hacemos, la Misericordia de Dios nos arropa, perdonando y sanando nuestras heridas... por eso nos lanzamos en una alabanza a la Santísima Trinidad en el Gloria...

La liturgia de la Palabra es el momento en que Dios nos habla... recordemos que la Palabra de Dios «es viva y eficaz» y «no retorna a Él vacía»... pero para que actúe, debemos escucharla con atención... debemos dejar que eche raíces en nuestra alma... y hacerla vida en nosotros...


Una parte muy importante de la celebración es la oración de los fieles... ese es el momento en que todos, unidos como un solo corazón, elevamos nuestras peticiones al Padre... pedimos por la Iglesia... por nuestra comunidad... por aquellos que están más necesitados... y por nosotros mismos... Jesús nos dijo que “cuando dos o más se pusieran de acuerdo para pedir algo en su Nombre, Él nos lo concedería”... eso es lo que hacemos en ese momento... estamos escuchando las peticiones, haciéndolas nuestras y pidiéndole a Jesús que las lleve al Padre...

Durante el ofertorio, el sacerdote presenta a Dios los dones eucarísticos: el pan y el vino, que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo... durante esa parte, nosotros también presentamos a Dios una ofrenda de aquellos bienes que Él mismo nos ha confiado a través de nuestros trabajos... pero el ofertorio no debe quedarse ahí... es momento, también, de ofrecerle al Señor nuestros problemas y necesidades... nuestros pecados y flaquezas... nuestras angustias y tristezas... también nuestras alegrías, nuestros anhelos, nuestros propósitos y nuestra disposición para servirle... en fin, es el momento de presentarle a Dios toda nuestra vida... de ponerla en la patena y el cáliz, junto al pan y al vino... para que cuando el Espíritu Santo venga sobre ellos... nos transforme a nosotros también, en una ofrenda agradable a Dios...

Durante el prefacio le damos gracias a Dios por todo lo que tenemos y somos, pues todo lo hemos recibido de Él... en especial, le damos gracias por el don de su Hijo... que se hará presente en medio de nosotros como «Pan de Vida», alimento espiritual que nos da «vida eterna»...

La plegaria eucarística nos lleva al momento de la Pasión... y la consagración es Jesucristo mismo, que entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por nuestros pecados... es el momento del Calvario... y ante esa realidad mística que se devela ante nosotros, no podemos permanecer impasibles... es momento de estar de rodillas y de unir nuestra alma a la de María, que es traspasada por la espada del sufrimiento junto a la Cruz...

Luego de la consagración... nos unimos a Jesucristo, vivo y resucitado, que nos invita a elevar esa oración que Él mismo enseñó a los Apóstoles... y después del Padrenuestro... nos abrazamos con el símbolo de la Paz, dejando que la Paz de Jesús se pasee por toda la asamblea...


Finalmente, llegamos al momento más grande y más sublime en la vida de un católico: poder llegar a recibir a Jesús Sacramentado en la Comunión... “comer” a Dios... fundirse en abrazo con Él... dejar que Él me llene y poder decir con San Pablo, «ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí»...

Al concluir, el sacerdote nos bendice y nos envía al mundo... para ser reflejo de Jesucristo y dar testimonio de Él... esa es la Misión del cristiano, anunciar la Buena Nueva a todas las gentes... y esa es la encomienda que recibimos antes de marcharnos...

La Misa no se trata de nosotros, sino de Dios... no se trata de “sabérsela de memoria”, sino de vivirla a plenitud... y no se trata de “sentir bonito”, sino de hacernos uno con nuestro Dios y Salvador... por eso, sin la Eucaristía no podemos vivir...
 Fuente: tengoseddeti.org

San Juan María Vianney

San Juan María Vianney, presbítero, que durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, cerca de Belley, en Francia, con una intensa predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la Eucaristía, brilló de tal modo, que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas (1859). 

Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes".
El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad.

Fue beatificado el 8 de enero de 1905 por el Papa San Pío X, y canonizado por S.S. Pío XI el 31 de mayo de 1925 

ORACIÓN DEL SANTO CURA DE ARS
" TE AMO, OH MI DIOS " 
Autor: San Juan María Vianney 

Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti. 

Amén.

Dios, Padre providente que no nos hace faltar "el pan de cada día", ¡si nosotros sabemos compartirlo con los hermanos! Francisco en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
este domingo, el Evangelio nos presenta el milagro de la multiplicación de los panes y los pescados (Mt 14,13-21). Jesús lo realizó a lo largo del Mar de Galilea, en un lugar aislado donde se había retirado con sus discípulos después de enterarse de la muerte de Juan el Bautista. Pero, muchas personas los siguieron y los alcanzaron; y Jesús, al verlos, sintió compasión y curó a los enfermos hasta la noche. Entonces los discípulos, preocupados por la hora tardía, le sugirieron despedir a la muchedumbre para que ella pudiese ir a las ciudades a comprarse lo necesario para comer. Pero Jesús, tranquilamente, les respondió: «Denles de comer ustedes mismos» (Mt 14,16); y haciéndose traer cinco panes y dos pescados, los bendijo, y comenzó a partirlos y darlos a los discípulos, quienes los distribuían a la gente. Todos comieron hasta saciarse e incluso, ¡sobró!
En este hecho podemos captar tres mensajes. El primero es la compasión. Frente a la multitud que lo busca y - por así decirlo – “no lo deja en paz”, Jesús no reacciona con irritación. No dice “esta gente me da fastidio”. No, no. Reacciona con un sentimiento de compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Pero estemos atentos: compasión, lo que siente Jesús, no es simplemente sentir piedad. ¡Es más! Significa “padecer con”, es decir, compenetrarse en el sufrimiento del otro, al punto de tomarlo sobre sí. Así es Jesús, sufre junto a nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. Y el signo de esta compasión son las muchas sanaciones que realizó. Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, aunque legítimas, nunca serán tan urgentes como las de los pobres, que carecen de lo necesario para vivir. Nosotros hablamos seguido de los pobres, pero cuando hablamos de los pobres, ¿oímos que aquel hombre, aquella mujer, aquellos niños no tienen lo necesario para vivir? ¿Que no tienen para comer, no tienen para vestirse, no tienen la posibilidad de medicinas? También los niños que no tienen la posibilidad de ir a la escuela… Y por eso, nuestras exigencias - aún legítimas - no serán jamás tan urgentes como aquellas de los pobres, que no tienen lo necesario para vivir.
El segundo mensaje es el compartir. El primero es la compasión, aquello que sentía Jesús, con el compartir. Es útil comparar la reacción de los discípulos frente a la gente cansada y hambrienta, con la de Jesús. Son diferentes. Los discípulos piensan que es mejor despedirse de ellos, para que puedan ir a buscarse la comida. En cambio, Jesús dice: denles de comer ustedes mismos. Dos reacciones diferentes, que reflejan dos lógicas opuestas: los discípulos razonan de acuerdo con el mundo, por lo que cada uno debe pensar en sí mismo; reaccionan como si dijeran: “arréglenselas solos”. Jesús razona en cambio de acuerdo a la lógica de Dios, que es aquella del compartir. ¡Cuántas veces nosotros nos damos vuelta hacia otro lado con tal de no ver a los hermanos necesitados! Y esto, mirar hacia otro lado, es un modo educadode decir con guantes blancos: “arréglenselas solos”. Y esto no es de Jesús: esto es egoísmo. Si Él hubiera despedido a la gente, muchas personas se habrían quedado sin comer. En cambio, aquellos pocos panes y pescados, compartidos y bendecidos por Dios, fueron suficientes para todos. Y atención ¿eh?: no es una magia, ¡es un “signo”! Un signo que invita a tener fe en Dios, el Padre providente, que no nos hace faltar “el pan nuestro de cada día”, si nosotros sabemos compartirlo como hermanos.
Compasión, compartir.Y el tercer mensaje: el milagro de los panes preanuncia la Eucaristía. Esto se puede ver en el gesto de Jesús que “recita la bendición” (v. 19) antes de partir el pan y distribuirlo a la gente. Es el mismo gesto que hará Jesús en la Última Cena, cuando instaura el memorial perpetuo de su Sacrificio redentor. En la Eucaristía, Jesús no da un pan, sino el pan de vida eterna, se dona a Sí mismo, ofreciéndose al Padre por amor a nosotros. Nosotros debemos ir a la Eucaristía con aquel sentimiento de Jesús, es decir, la compasión, y con aquel deseo de Jesús, compartir. Quien va a la Eucaristía sin tener compasión por los necesitados y sin compartir, no se encuentra bien con Jesús.
Compasión, compartir, Eucaristía. Este es el camino que Jesús nos indica en este Evangelio. Un camino que nos lleva a afrontar con fraternidad las necesidades de este mundo, pero que nos conduce más allá de este mundo, porque parte de Dios Padre y regresa a Él. Que la Virgen María, Madre de la Divina Providencia, nos acompañe en este Camino.
Traducción del italiano: Griselda Mutual, RV

viernes, 1 de agosto de 2014

CRISIS DE GAZA: MENSAJE DEL CARDENAL RODRÍGUEZ MADARIAGA

"Israel y Hamás deberían deponer las armas y comprobar que la mayoría de sus víctimas son personas inocentes".

-El cardenal pide que se levante el bloqueo de Gaza y se permita a sus habitantes poder vivir una vida digna. 

El Arzobispo de Teguciglapa y Presidente de Caritas Internacional, Card. Oscar Rodríguez Maradiaga firma una reflexión en la que exhorta «al alto el fuego permanente, aunque sea solo un primer paso en el camino hacia una paz justa, que se base en negociaciones inclusivas en toda la región».

«“Que (...) Cristo encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado”.» 

Citando estas palabras de San Juan XXIII – en la Pacem in Terris, el Card. Rodríguez Maradiaga señala que «desde comienzos de julio, casi dos millones de palestinos en Gaza y parte de la población israelí se han visto atrapados en una devastadora guerra». 

Y destaca que «la población no tiene un lugar seguro para refugiarse, cuando caen las bombas en aquella pequeña franja de tierra, densamente poblada, que es Gaza. Allí ven a sus hijos asesinados, sus barrios arrasados y sus esperanzas de paz futuras destrozadas».

«El campo de batalla son barrios llenos de niños, mujeres y hombres. Con hospitales abarrotados de heridos y muertos, escuelas bombardeadas, incluso cuando sirven como refugio», escribe también el Presidente de Caritas Internacional.

«El camino de la reconciliación es largo, pero inicia dentro de nosotros mismos. Israel y Hamás, ¿cómo es que miran ustedes la brizna de paja que hay en el ojo de su hermano, y no reparan en la viga que hay en el propio? Lo que deberían hacer es deponer las armas y tomar unos binoculares, para comprobar que la mayoría de sus víctimas son personas inocentes».

Recordando que «ésta es la tercera guerra en cinco años, entre Israel y los activistas de Gaza», la reflexión del purpurado añade también que «los palestinos de Gaza ya viven una vida en la que escasea el suministro de agua, la mayor parte de la comida proviene de las organizaciones humanitarias y está fuera del alcance de sus habitantes la dignidad de poder tener un trabajo».

«Caritas facilita ayuda material y espiritual a la población de Gaza, en momentos de necesidad y desesperación. Exhortamos a que se levante el bloqueo de Gaza y se permita a sus habitantes proteger su propia vida y medios de sustento, con el fin de poder vivir una vida digna». 

El Card. Rodríguez Maradiaga recuerda también que «cuando recientemente encontró a los presidentes de Israel y Palestina en el Vaticano, el Papa Francisco dijo: “Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez”.»

«Como Caritas, rezamos por la paz en Tierra Santa. Rezamos por las familias palestinas e israelíes que han perdido a sus hijos, madres y hermanos y por los que han resultado muertos. Nuestras oraciones se elevan por los niños que viven en el terror, cuyas cicatrices mentales seguirán siendo profundas, incluso mucho tiempo después de que termine esta guerra».


«La Confederación Caritas envía su cariño y solidaridad a los empleados de Caritas que arriesgan su vida cada día trabajando en Gaza. Son personas que trabajan humildemente y sin tregua al servicio de Jesús, en las condiciones más difíciles que se puedan ustedes imaginar. ¡Que Dios les acompañe en cada paso que den! También rezamos por nuestros compañeros de Caritas Jerusalén y el apoyo vital que ellos ofrecen constantemente a los compañeros que trabajan en el terreno».

Antes de firmar su reflexión, «Mientras conmemoramos el Centenario de la I Guerra Mundial» el Cardenal Rodríguez Maradiaga evoca asimismo las palabras del Papa Benedicto XV: “La fuerza puede reprimir el cuerpo, pero no puede reprimir las almas de los hombres”. Rezamos para que a pesar de estos tiempos terribles de guerra y opresión, las almas de los palestinos y los israelíes sigan siendo libres para creer en un futuro de justicia y paz».

ASIA/TIERRA SANTA - El Patriarca de Jerusalén Twal: la tregua no sirve, si Gaza sigue siendo una prisión desesperada

Jerusalén - La tregua que ha comenzado es algo bueno, pero no servirá de nada si las condiciones en Gaza siguen siendo las de una tierra desesperada en estado de asedio, donde sólo puede crecer el miedo y la frustración que alimentan el odio. 
Casi parece que se busque hacer de Gaza una fábrica de desesperados, listos para convertirse fácilmente en extremistas dispuestos a todo”. Con estas palabras, el patriarca de Jerusalén de los latinos Fouad Twal subraya en una conversación con la Agencia Fides, la fragilidad que se vive e invita a reflexionar sobre lo insuficiente que será a largo plazo esta suspensión temporal de las acciones acordadas entre Israel y Hamas. Según el Patriarca es necesario eliminar las condiciones estructurales que alimentan el odio ciego, a partir del embargo: “Hasta los túneles construidos en Gaza”, señala Su Beatitud Twal “son un producto del embargo a su manera: si se pone fin a este asedio, si se abren las calles y se permite la libertad de movimientos de personas y mercancías, si se permite la pesca libre en el mar frente de Gaza, entonces todo podrá hacerse más superficial y nadie tendrá que cavar túneles subterráneos para pasar”.
En opinión del patriarca latino de Jerusalén, el deseo perverso y ciego de aniquilar al enemigo está convirtiendo a la población civil de Gaza en víctima a sacrificar: “Basta con mirar los nombres de las víctimas: el 70 por ciento”, señala Su Beatitud “son mujeres y niños: también sugiere que, entre los muchos túneles, Hamas no pensó en construir refugios subterráneos para el pueblo”.En cuanto a las reacciones internacionales, el Patriarca también envía un mensaje importante a los que siguen expresando sus declaraciones verbales de solidaridad con los cristianos y las personas que sufren en Oriente Medio: 
“Llegan muchas cartas de muchos amigos que viven en otros países y continentes. Damos las gracias a todos, pero tal vez hay mucha compasión y poco ayuda concreta. Fui a visitar a los heridos fuera de Gaza que están en el Hospital Francés, y me quedé impresionado. Sus familias también necesitan de todo. Nosotros hacemos lo que podemos con Cáritas y los recursos del Patriarcado, pero recibimos muy poco apoyo desde el exterior, nos llega muy poca ayuda concreta y efectiva. No es suficiente con mensajes y declaraciones hechas en la red para decir: estamos con vosotros”. .

QUE ME ESCUCHE TU GRAN BONDAD, SEÑOR


Del salmo 68: 


Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver lo que no he robado?


Que me escuche tu gran bondad, Señor.



Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.


Que me escuche tu gran bondad, Señor.


Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.


Que me escuche tu gran bondad, Señor.


LES FALTABA FE


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,54-58):

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.


Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.


COMENTARIO DEL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI: "Según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret. Pero se muestra así la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperamos. (...) 

En nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. De modo análogo los samaritanos, después de haber oído el testimonio de su conciudadana, a la que Jesús había encontrado junto al pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: 'Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo' (Jn 4, 42)". (catequesis de la audiencia general del 4 de octubre de 2006).

ORACIONES DE SAN IGNACIO

       ALMA DE CRISTO

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

 ORACIÓN DE ENTREGA
Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad,
mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.

Vos me disteis,
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es Vuestro:
disponed de ello
según Vuestra Voluntad.

Dadme Vuestro Amor y Gracia,
que éstas me bastan.
Amén.

jueves, 31 de julio de 2014

PARÁBOLA DE LA RED


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.


Fuente: News.Va

Meditación del Papa Francisco

El testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena muy sugerente. Estas solían acompañar las celebraciones y las oraciones con la aclamación "Maranathá", una expresión constituida por dos palabras arameas que, según cómo sean pronunciadas, se pueden entender como una súplica: "¡Ven, Señor!", o como una certeza alimentada por la fe: "Sí, el Señor viene, el Señor está cerca". Es la exclamación con la que culmina toda la Revelación cristiana, al final de la maravillosa contemplación que se nos ofrece en el Apocalipsis de Juan. En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en nombre de la humanidad, de toda la humanidad, y en cuanto su primicia, se dirige a Cristo, su esposo, deseando ser envuelta por su abrazo; un abrazo, el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y de amor.
Si pensamos en el juicio en esta perspectiva, todo miedo disminuye y deja espacio a la esperanza y a una profunda alegría: será precisamente el momento en el que seremos juzgados. Preparados para ser revestidos de la gloria de Cristo, como de una vestidura nupcial, y ser conducidos al banquete, imagen de la plena y definitiva comunión con Dios. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013)

martes, 29 de julio de 2014

Marta en la resurrección de Lázaro

En el episodio de Betania. Lágrimas derramadas por las hermanas Marta y María junto a su hermano Lázaro, muerto y puesto ya hace cuatro días en la sepultura. También Jesús llora. Pero de aquellas lágrimas del Amigo Divino saltan destellos de victoria, que son el primer anuncio del misterio de la Pascua.


¡Oh, qué palabras las que se dijeron Jesús y Marta! La seguridad de la Resurrección y de la vida garantizada a la humanidad redimida toda entera por virtud de la sangre de Cristo.

"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá para siempre". En realidad, la Pascua —cuyo anuncio solemne tuvo lugar en Betania— está toda aquí: celebración perenne y renovada del misterio de Cristo, Rey glorioso e inmortal de los pueblos y de los siglos, consuelo y alimento para toda la humanidad, por Él redimida y reservada al triunfo de sus destinos eternos, y también a los triunfos pacíficos dentro de la humana convivencia y de la ordenada prosperidad sobre la Tierra.


MENSAJE PASCUAL DE SU SANTIDAD JUAN XXIII .
Domingo 2 de abril de 1961

El consejo de Cristo a Marta

Cristo le enseña a construir el presente mirando a la eternidad, pues así aprenderá el verdadero valor de las cosas.

¿Cuál es el sentido de la vida humana?

Es ésta una pregunta que todos nos hacemos cuando vemos que no podemos lograr todo lo que queremos, cuando vemos que muere una persona en el inicio mismo de su vida, cuando contemplamos el sufrimiento de tantos seres humanos por culpa del egoísmo de los hombres, cuando vemos la desesperación de tantas personas ante el sufrimiento propio o de un ser querido. Y la realidad es que no podemos aceptar que todo se reduzca a nacer, vivir si es que se puede llamar vivir a muchas vidas, para terminar en la nada. El ser humano debe tener un fin más allá de las cosas que hace o que ve.

Marta representa para nosotros una forma de vivir. Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. Impresiona el cariño de Jesús por aquella mujer que se desvivía por atenderle y procurarle bienestar. El hecho de repetir dos veces su nombre es señal de cariño, de ternura y de reconocimiento a su labor. Pero Jesús quiere prevenirla contra un gran escollo de la vida: el vivir sin más, el irse tragando los días sin ver en el horizonte, el hacer muchas cosas, pero no preocuparse de lo más importante.

Marta es el símbolo de una humanidad que ha dado prioridad al hacer o al tener sobre el ser, a la eficacia sobre lo importante, a la inmanencia sobre la trascendencia. Marta somos cada uno de nosotros cuando en el día al día decimos: "no tengo tiempo para rezar, no tengo tiempo para formarme, no tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo para Dios". Basta asomarse a la calle y a las casas para ver cuánto se hace, cómo se corre, cómo se vive. Pareciera que estamos construyendo la ciudad terrena o que hubiera que terminar cada día algo que mañana hay que volver a empezar.

El consejo de Cristo a Marta, santa después al fin y al cabo, está lleno de afecto, de afecto del bueno. La invita a tomarse la vida de otra forma, a respirar, a vivir serenamente, a preocuparse más de las cosas del espíritu. Ahí va a encontrar la paz y la tranquilidad. Le enseña a construir el presente mirando a la eternidad, pues así aprenderá el verdadero valor de las cosas.

Sin duda, Marta aprendió aquella lección y, sin dejar de ser la mujer activa y dinámica que era, en adelante su corazón se aficionó más a lo verdaderamente importante. Marta, por medio de Cristo, había comprendido que la vida tiene un sentido, que el fin del hombre está por encima de las cosas cotidianas. 


Autor: P. Juan J. Ferrán,| Fuente:www.catholic.net



lunes, 28 de julio de 2014

El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero y vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Las breves semejanzas propuestas por la liturgia del día son la conclusión del capítulo del Evangelio de Mateo dedicado a las parábolas del Reino de Dios (13, 44-52). Entre éstas hay dos pequeñas obras de arte: las parábolas del tesoro escondido en el campo y la de la perla de gran valor. Ellas nos dicen que el descubrimiento del Reino de Dios puede producirse improvisamente como para el campesino que, arando, encuentra el tesoro inesperado; o después de una larga búsqueda, como para el mercante de perlas que, finalmente, encuentra la perla preciosísima soñada desde hacía tanto tiempo. Pero en ambos casos, permanece el dato primario que el tesoro y la perla valen más que todos los otros bienes y, por tanto, el campesino y el mercante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder comprarlos. No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar, o de reflexionar: se dan cuenta inmediatamente del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

Así es para el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, lo que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez.

Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, éste es el gran tesoro. Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, se han sentido tan conmovidos por Jesús, que se han convertido a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano “al agua de rosas”. Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí, dejas todo. Puedes cambiar efectivamente el tipo de vida, o seguir haciendo lo que hacías antes, pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que sabor, que da luz a todo, también a las fatigas, también a los sufrimientos y también a la muerte. Leer el Evangelio, leer el Evangelio. Hemos hablado de esto. ¿Se acuerdan? Cada día leer un pasaje del Evangelio, y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera. En cualquier caso tenerlo a mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús.

Todo adquiere sentido cuando allí, en el Evangelio, encuentras este tesoro, que Jesús llama “el Reino de Dios”, es decir Dios, que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. Esto es lo que Dios quiere, es aquello por lo cual Jesús se ha dado a sí mismo hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y trasladarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús, es tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo.
Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede tener escondida su fe, porque transluce en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más simples y cotidianos: transluce el amor.