viernes, 18 de julio de 2014

Yo quiero misericordia y no sacrificios.


Evangelio según San Mateo 12,1-8.

En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".

Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". 
Fuente: News. va

jueves, 17 de julio de 2014

IMPORTANCIA DE LO PEQUEÑO. Escrito por José Antonio Pagola


Mt 13, 24-42
Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.


Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas "semillas" de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño "fermento" de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.


José Antonio Pagola

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Evangelio según San Mateo 11,28-30.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

Meditación del Papa Francisco


Con su mansedumbre. Jesús nunca ha dejado de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Estaba allí, entre la gente, curaba a todos, enseñaba, rezaba. Pero, tan débil Jesús: como un cordero. 

Pero ha tenido la fuerza para cargar sobre sí todos nuestros pecados: todos. "Pero, padre, usted no sabe mi vida: tengo uno que... pero, ni siquiera puedo llevarlo con un camión...". Muchas veces, cuando miramos en nuestra conciencia, nos encontramos con algunos que son grandes, ¿eh? Pero Él los lleva. 

Él ha venido para eso: para perdonar, para traer la paz en el mundo, pero primero en el corazón. Quizá cada uno de nosotros tiene una tormenta en el corazón, quizá tiene una oscuridad en el corazón, quizá se siente un poco triste por una culpa... Él ha venido a quitar todo eso. Él nos da la paz, Él lo perdona todo.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL SEÑOR NO RECHAZA A SU PUEBLO, EL JUSTO OBTENDRÁ SU DERECHO


 El Señor no rechaza a su pueblo

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos.


El Señor no rechaza a su pueblo

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?


El Señor no rechaza a su pueblo


El que plantó el oído ¿no va a oír?;
el que formó el ojo ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre ¿no va a saber?


El Señor no rechaza a su pueblo

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.


El Señor no rechaza a su pueblo

Fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Juan Pablo II, Mensaje a la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Ya desde los primeros ermitaños que se establecieron en el monte Carmelo y que habían ido como peregrinos a la tierra del Señor Jesús, la vida se suele representar como una ascesis hasta llegar a Cristo nuestro Señor, monte de salvación (cf. Misal romano, Oración colecta de la misa en honor de nuestra Señora del Carmen, 16 de julio). Orientan esa peregrinación interior dos iconos bíblicos muy apreciados por la tradición carmelitana: el del profeta Elías y el de la Virgen María.


El profeta Elías arde en celo por el Señor (cf. 1 R 19, 10); se pone en marcha hacia el monte Horeb y, aunque se siente cansado, sigue caminando hasta alcanzar la meta. Sólo al término de su arduo itinerario encuentra al Señor en el susurro de una brisa suave (cf. 1 R 19, 1-18).
Contemplando su ejemplo, los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo comprenden más profundamente que sólo quien se mantiene entrenado para escuchar a Dios e interpretar los signos de los tiempos es capaz de encontrar al Señor y reconocerlo en los acontecimientos diarios. Dios habla de muchos modos, incluso a través de realidades que a veces pueden parecer insignificantes.

El otro icono es el de la Virgen María, a quien veneráis bajo el título de Hermana y Belleza del Carmelo. La Virgen se pone en camino para ir a visitar a su anciana prima, santa Isabel. En cuanto recibe el anuncio del ángel (cf. Lc 1, 26-38), al saber que Isabel necesita ayuda, parte generosamente, casi corriendo por los senderos del monte (cf. Ct 2, 8; Is 52, 7). Durante el encuentro con su prima, de su alma brota un cántico de alegría: el Magníficat (cf. Lc 1, 39-56). Cántico de alabanza al Señor y testimonio de humilde disponibilidad a servir a sus hermanos. En el misterio de la Visitación todo cristiano ve el modelo de su vocación. Así debe ser especialmente para vosotros, reunidos en asamblea capitular con la finalidad de imprimir a la Orden un nuevo impulso ascético y misionero. Con el corazón rebosante de alabanza al Señor en la contemplación de su misterio, avanzad con alegría por los caminos de la caridad, abriéndoos a la acogida fraterna, para ser testigos creíbles del amor misericordioso del Verbo de Dios hecho hombre para redimir el mundo.

martes, 15 de julio de 2014

¡ Ay de ti, Betsaida !

Evangelio según San Mateo 11,20-24.


Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".
MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Cuando pensamos en el regreso de Cristo y en su juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien que cada uno habrá realizado o habrá dejado de realizar durante su vida terrena, percibimos que nos encontramos ante un misterio que nos supera, que no conseguimos ni siquiera imaginar. Un misterio que casi instintivamente suscita en nosotros una sensación de miedo, y quizás también de trepidación. Pero si reflexionamos bien sobre esta realidad, esta sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser un gran motivo de consuelo y confianza. [...]

"Quien cree en él no está condenado; pero quien no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Hijo único de Dios". Esto significa entonces que ese juicio, el juicio ya está en marcha, empieza ahora, en el transcurso de nuestra existencia.

Este juicio es pronunciado en cada instante de la vida, como respuesta de nuestra acogida con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o bien de nuestra incredulidad, con la consiguiente cerrazón en nosotros mismos. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013). .

Oración para el V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Jesús

Dios, Padre nuestro,
te alabamos y te bendecimos,
porque nos concedes la gracia de celebrar
el V centenario del nacimiento
de Santa Teresa de Jesús.

Señor Jesucristo, “amigo verdadero”,
ayúdanos a crecer en tu amistad,
para que, como Teresa, hija de la Iglesia,
demos testimonio de tu alegría ante el mundo, atentos a las necesidades
de la Humanidad.


Espíritu Santo,
ayúdanos a avanzar,
“con limpia conciencia y humildad”,
en el camino de la vida interior,
cimentados en la verdad,
con renovado desprendimiento,
y amor fraterno incondicional.

Como Teresa de Jesús,
maestra de espiritualidad,
enséñanos a orar de todo corazón:
“Vuestra soy, Señor, para Vos nací
¿qué mandáis hacer de mi? Amén.

lunes, 14 de julio de 2014

"Quien pierda la vida por mí y por el Evangelio, ése se salvará"

Jesús llama a seguirle personalmente. Podemos decir que esta llamada está en el centro mismo del Evangelio. Por una parte Jesús lanza esta llamada; por otra oímos hablar a los Evangelistas de hombres que lo siguen, y aún más, de algunos de ellos que lo dejan todo para seguirlo.

Pensemos en todas las llamadas de las que nos han dejado noticia los Evangelistas: “Un discípulo le dijo: Señor, permíteme ir primero a sepultar a mi padre; pero Jesús le respondió: Sígueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos” (Mt 8, 21-22): forma drástica de decir: déjalo todo inmediatamente por Mí. Esta es la redacción de Mateo. Lucas añade la connotación apostólica de esta vocación: “Tú vete y anuncia el reino de Dios” (Lc 9, 60). En otra ocasión, al pasar junto a la mesa de los impuestos, dijo y casi impuso a Mateo, quien nos atestigua el hecho: “Sígueme. Y él, levantándose lo siguió” (Mt 9, 9; cf. Mc 2, 13-14).

Seguir a Jesús significa muchas veces no sólo dejar las ocupaciones y romper los lazos que hay en el mundo, sino también distanciarse de la agitación en que se encuentra e incluso dar los propios bienes a los pobres. No todos son capaces de hacer ese desgarrón radical: no lo fue el joven rico, a pesar de que desde niño había observado la ley y quizá había buscado seriamente un camino de perfección, pero “al oír esto (es decir, la invitación de Jesús), se fue triste, porque tenía muchos bienes” (Mt 19, 22; Mc 10, 22). Sin embargo, otros no sólo aceptan el “Sígueme”, sino que, como Felipe de Betsaida, sienten la necesidad de comunicar a los demás su convicción de haber encontrado al Mesías (cf. Jn 1, 43 ss.). Al mismo Simón es capaz de decirle desde el primer encuentro: “Tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Jn 1, 42). El Evangelista Juan hace notar que Jesús “fijó la vista en él”: en esa mirada intensa estaba el “Sígueme” más fuerte y cautivador que nunca. Pero parece que Jesús, dada la vocación totalmente especial de Pedro (y quizá también su temperamento natural), quiera hacer madurar poco a poco su capacidad de valorar y aceptar esa invitación. En efecto, el “Sígueme” literal llegará para Pedro después del lavatorio de los pies, durante la última Cena (cf. Jn 13, 36), y luego, de modo definitivo, después de la resurrección, a la orilla del lago de Tiberíades (cf. Jn 21, 19).

No cabe duda que Pedro y los Apóstoles —excepto Judas— comprenden y aceptan la llamada a seguir a Jesús como una donación total de sí y de sus cosas para la causa del anuncio del reino de Dios. Ellos mismos recordarán a Jesús por boca de Pedro: “Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19, 27). Lucas añade: “todo lo que teníamos” (Lc 18, 28). Y el mismo Jesús parece que quiere precisar de “qué” se trata al responder a Pedro. “En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres e hijos por amor al reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo, y la vida eterna en el venidero” (Lc 18, 29-30).

En Mateo se especifica también el dejar hermanas, madre, campos “por amor de mi nombre”; a quien lo haya hecho Jesús le promete que “recibirá el céntuplo y heredará la vida eterna” (Mt 19, 29).

En Marcos hay una especificación posterior sobre el abandonar todas las cosas “por mí y por el Evangelio”, y sobre la recompensa: “El céntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre e hijos y campos, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero” (Mc10, 29-30).

Dejando a un lado de momento el lenguaje figurado que usa Jesús, nos preguntamos: ¿Quién es ese que pide que lo sigan y que promete a quien lo haga darle muchos premios y hasta “la vida eterna”? ¿Puede un simple Hijo del hombre prometer tanto, y ser creído y seguido, y tener tanto atractivo no sólo para aquellos discípulos felices, sino para millares y millones de hombres en todos los siglos?

 En realidad los discípulos recordaron bien la autoridad con que Jesús les había llamado a seguirlo sin dudar en pedirles una dedicación radical, expresada en términos que podían parecer paradójicos, como cuando decía que había venido a traer “no la paz, sino la espada”, es decir, a separar y dividir a las mismas familias para que lo siguieran, y luego afirmaba: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37-38). Aún es más fuerte y casi dura la formulación de Lucas: “Si alguno viene a mí y no aborrece a(expresión del hebreo para decir: no se aparte de) su padre, su madre, su mujer, sus hermanos, sus hermanas y aún su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 26).


Ante estas expresiones de Jesús no podemos dejar de reflexionar sobre lo excelsa y ardua que es la vocación cristiana. No cabe duda que las formas concretas de seguir a Cristo están graduadas por Él mismo según las condiciones, las posibilidades, las misiones, los carismas de las personas y de los grupos. Las palabras de Jesús, como Él dice, son “espíritu y vida” (cf. Jn 6, 63), y no podemos pretender concretarlas de forma idéntica para todos. 

Pero según Santo Tomás de Aquino, la exigencia evangélica de renuncias heroicas como las de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y renuncia de sí por seguir a Jesús —y podemos decir igual de la oblación de sí mismo en el martirio, antes que traicionar la fe y el seguimiento de Cristo— compromete a todos “secundum praeparationem animi” (cf. S. Th. II-II q. 184, a. 7, ad 1), o sea, según la disponibilidad del espíritu para cumplir lo que se le pide en cualquier momento que se le llame, y por lo tanto comportan para todos un desapego interior, una oblación, una autodonación a Cristo, sin las cuales no hay un verdadero espíritu evangélico.


Del mismo Evangelio podemos deducir que hay vocaciones particulares, que dependen de una elección de Cristo: como la de los Apóstoles y de muchos discípulos, que Marcos señala con bastante claridad cuando escribe: “Subió a un monte, y llamando a los que quiso, vinieron a Él, y designó a doce para que lo acompañaran...” (Mc 3, 13-14). El mismo Jesús, según Juan, dice a los Apóstoles en el discurso final: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo os he elegido a vosotros...” (Jn 15, 16).

No se deduce que Él condenara definitivamente al que no aceptó seguirlo por un camino de total dedicación a la causa del Evangelio (cf. el caso de joven rico: Mc 10, 17-27). Hay algo más que pone en juego la libre generosidad de cada uno. Pero no hay duda que la vocación a la fe y al amor cristiano es universal y obligatoria: fe en la Palabra de Jesús, amor a Dios sobre todas las cosas y también al prójimo como a nosotros mismos, porque “el que no ama a su hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios a quien no ve” (1 Jn 4, 20).

Jesús, al establecer la exigencia de la respuesta a la vocación a seguirlo, no esconde a nadie que su seguimiento requiere sacrificio, a veces incluso el sacrificio supremo. En efecto, dice a sus discípulos: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la salvará...” (Mt 16, 24-25).

Marcos subraya que Jesús había convocado con los discípulos también a la multitud, y habló a todos de la renuncia que pide a quien quiera seguirlo, de cargar con la cruz y de perder la vida “por mi y el Evangelio” (Mc 8, 34-35). (Y esto después de haber hablado de su próxima pasión y muerte! (cf. Mc 8, 31-32).
Pero, al mismo tiempo, Jesús proclama la bienaventuranza de los que son perseguidos “por amor del Hijo del hombre” (Lc 6, 22): “Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa” (Mt 5, 12).

Y nosotros nos preguntamos una vez más: ¿Quién es éste que llama con autoridad a seguirlo, predice odio, insultos y persecuciones de todo género (cf. Lc 6, 22), y promete “recompensa en los cielos”? Sólo un Hijo del hombre que tenía la conciencia de ser Hijo de Dios podía hablar así. En este sentido lo entendieron los Apóstoles y los discípulos, que nos transmitieron su revelación y su mensaje. En este sentido queremos entenderlo nosotros también, diciéndole de nuevo con el Apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío”.


 JUAN PABLO II. Miércoles 28 de octubre de 1987

El Papa: No a la política del descarte, hoy se descarta a toda una generación de jóvenes

Volver a poner en el centro al hombre, para no caer en el reduccionismo antropológico que descarta a los niños, a los ancianos y a las jóvenes generaciones. Es cuanto en síntesis dijo el Papa Francisco a los participantes en el seminario internacional sobre “el bien común global hacia una economía más inclusiva”, organizado por el Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz y por la Segunda Sección de la Secretaría de Estado, que se celebró el pasado 12 de julio en la Ciudad del Vaticano.

Usando la metáfora del vino, que tras la destilación se transforma en aguardiente, el Santo Padre advirtió acerca de la posibilidad para el hombre de perder su propia esencia, transformándose en otra cosa, en un mero instrumento. Durante el almuerzo con los académicos, expertos y representantes de grandes empresas, el Pontífice también recordó la necesidad de superar “una política, una sociología, una actitud de descarte”.

Hoy el hombre ya no está en el centro y termina al servicio de alguna otra cosa; ya no está en el centro de su reflexión, no se coloca como eje de la sociedad para desarrollar su pensamiento, para elaborar sus elecciones, y así pierde su humanidad. El Papa Francisco dirigió estas fuertes palabras al mundo de hoy, donde las decisiones son generadas por los intereses económicos, de modo que el hombre:

“Se convierte en un instrumento del sistema, sistema social, económico, sistema donde señorean los desequilibrios. Cuando el hombre pierde su humanidad, ¿qué nos espera? Sucede lo que a mí se me ocurre decir en un lenguaje común: una política, una sociología, una actitud ‘del descarte’. ¡Se descarta lo que no sirve para esto, porque el hombre el hombre no está en el centro!”

Y entonces es necesario que el hombre vuelva “al centro de la sociedad, al centro de los pensamientos, al centro de la reflexión”, añadió el Santo Padre. Y a cuantos estudian los sistemas económicos y trabajan para instituciones internacionales y grandes empresas, el Pontífice reafirmó que es necesario salvar al hombre:
“Se descarta a los niños, porque el nivel de natalidad – al menos aquí en Europa – todos los conocemos; se descarta a los ancianos, porque no sirven. ¿Y ahora? ¡Se descarta a toda una generación de jóvenes! ¡Y esto es gravísimo! He visto una cifra: 75 millones de jóvenes, menores de 25 años, sin trabajo. Los “jóvenes ni - ni”: ni estudian, ni trabajan. No estudian porque no tienen posibilidades, no trabajan porque no hay trabajo. ¡Es otro descarte! ¿Cuál será el próximo descarte? Detengámonos a tiempo, por favor”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

domingo, 13 de julio de 2014

El Maligno no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres, dijo el Papa en el Ángelus


El verdadero protagonista es la propia semilla, que produce más o menos fruto según el terreno sobre el que cae, explicó el Obispo de Roma en la reflexión previa a la oración dominical del ángelus en la plaza de san Pedro en Roma, con miles de peregrinos que llegaron al mediodía para escucharlo y rezar a la Virgen con el Papa.

Su reflexión se inspiró en el Evangelio del día, de san Mateo, que nos muestra a Jesús que predica a la orilla del lago de Galilea, y como una gran multitud lo circunda lo circunda, él sube en una barca, se aleja un poco de la orilla y predica desde allí, hablando en parábolas: un lenguaje comprensible para todos, con imágenes de la naturaleza y de la vida cotidiana, como la parábola del sembrador.
En este caso Jesús no se limitó a presentar la parábola, afirmó Francisco. “La semilla que cae sobre el camino indica a cuantos escuchan el anuncio del Reino de Dios pero no lo acogen; así llega el Maligno y se lo lleva. De hecho el Maligno no quiere la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Este es la primera comparación. La segunda es aquella de la semilla que cae sobre las piedras: esta representa a las personas que escuchan la Palabra de Dios y la acogen enseguida, pero superficialmente, porque no tiene raíces y son inconstantes; y cuando llegan las dificultades y los tormentos, estas personas caen enseguida. El tercer caso es aquella de la semilla que cae entre las zarzas: Jesús explica que se refiere a las personas que escuchan la Palabra pero, a causa de las preocupaciones mundanas y de las seducciones de la riqueza, permanece sofocada. Finalmente, la semilla que cae en terreno fértil representa a cuantos escuchan la Palabra, la acogen, la cuidan y la comprenden, y esa da fruto. El modelo perfecto de esta tierra es la Virgen María”.
El sucesor de Pedro afirmó: “Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a los oyentes de Jesús dos mil años atrás. No recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor lanza incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Con qué disposición la acogemos? ¿Cómo esta nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a unas zarzas? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero formado y cultivado con cuidado, para que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos”.
Jesuita Guillermo Ortiz, Radio Vaticana

sábado, 12 de julio de 2014

SEMBRAR. Escrito por José Antonio Pagola

Mt 13, 1-23

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: "El que tenga oídos para oír, que oiga". Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: "Salió el sembrador a sembrar". Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de "cosechar" éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, "pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie".


Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma

Evangelio según San Mateo 10,24-33.

Jesús dijo a sus apóstoles: "El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."

viernes, 11 de julio de 2014

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos


Del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23 

«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre. 


Meditación del Papa Francisco

Nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Ellos, con esta santa astucia, han custodiado la fe. 
También nosotros debemos custodiar la fe ante una oscuridad que, tantas veces, se disfraza de luz. Porque el demonio, dice san Pablo, se viste de ángel de luz muchas veces. Y aquí necesitamos la santa astucia para custodiar nuestra fe del canto de las sirenas que te dicen: hoy tenemos que hacer esto o aquello. La fe es una gracia y un don. Nos toca custodiarla con la santa astucia, con la oración y con la caridad. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: "Sean sagaces como serpientes y simples como palomas" (S.S. Francisco, 6 de enero de 2014).

LA VIRGEN QUE DESATA LOS NUDOS Y EL PAPA FRANCISCO


Queridos amigos, como les prometimos hace algunas semanas, aquí les ofrecemos la historia de la Virgen que desata los nudos, advocación mariana de la que es muy devoto el Papa Francisco –como verán en la foto, con la llegada del Papa Francisco en el Vaticano han puesto un cuadro de esta Virgencita-. Al final encontrarán también una oración para rezar a Nuestra Señora. 

Un ángel presenta a la Virgen una cinta con nudos que ella va desatando; otro ángel recoge la cinta ya
alisada. Es la imagen de “María que desata los nudos”, una pintura al óleo sobre lienzo realizada en torno al 1700 y que se encuentra en la iglesia de St. Peter am Perlach, en Alemania.
 

La Virgen Desatanudos es una advocación de la Inmaculada Concepción, con la luna bajo sus pies. Ella desata los nudos de nuestros pecados y de nuestros problemas más difíciles. Además, aplasta con su pie la causa de todos ellos: la serpiente, que simboliza el demonio. En la parte inferior del cuadro, un ángel guía a un hombre por la oscuridad de la vida.

La devoción del cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, por esta imagen de María, nació hace muchos años. Según contó a la Radio Vaticana el padre Alejandro Russo, rector de la Catedral de Buenos Aires, “el Papa, cuando era un sacerdote jesuita, pasó un periodo en Alemania por motivos de estudio, y allí, en una Iglesia, encontró la imagen de la Virgen que desata los nudos. Entonces llevó algunas estampas a Buenos Aires y, cuando escribía una carta a alguien, enviaba una de estas estampas de la Virgen junto a lo que había escrito”.

“Con el tiempo, una pintora argentina se ofreció a hacer una copia de la imagen que se encontraba en Alemania, para colocarla en una capilla de la Universidad del Salvador. En la capilla de la Universidad, la Virgen contaba con la devoción y la cercanía de muchas personas, pero era un ambiente pequeño”. 

“Por eso, algunas personas que trabajaban en esta universidad y que pertenecían a la parroquia de San José del Talar, en el barrio de Agronomía, en Buenos Aires, pidieron al párroco el permiso de colocar en la iglesia una copia exacta de la Virgen que está en Alemania, y más grande que la que se encontraba en la capilla del Salvador”.

“Un ocho de diciembre, la imagen de la Virgen fue colocada en la iglesia. La gente descubrió el cuadro, y en aquel momento, unas 20-30 mil personas acudían los fines de semana y el día 8 de cada mes. Esto ha seguido así hasta hoy, con más o menos gente, y se ha convertido en una devoción importante en la República Argentina”.

“Ciertamente no fue el cardenal Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, quien inspiró la colocación del cuadro en este lugar; pero fue él quien inspiró la devoción, porque siempre, hasta el momento en el que se marchó de Buenos Aires, cuando escribía una carta metía siempre una imagen de la Virgen que desata los nudos, y también una imagen de San José. Con esta misma imagen felicitaba las Navidades y las Pascuas. Y fue la imagen que utilizó como estampa para distribuirla el día de su ordenación episcopal”. 

Es difícil decir algo con certeza sobre el origen de esta pintura, ya que el cuadro original no está firmado. “Lo cierto es que genera devoción en los fieles, una especie de tranquilidad ante todo tipo de dificultades –dice el padre Russo-. Llegan personas con problemas familiares, muchos padres y madres que tienen problemas con los hijos, sobre todo por la droga; otros que tenían problemas de trabajo, o enfermedades. Me gusta decir esto: recemos a la Santísima Virgen, que es la que desata el último nudo, como puerta del Cielo, que desata el nudo de las almas del Purgatorio”.

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DESATANUDOS

Santa María desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios,
durante los días de tu vida aceptaste con
toda humildad la voluntad del Padre,
y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con
sus confusiones.

Ya junto a tu Hijo
intercediste por +nuestras dificultades y,
con toda sencillez y paciencia,
nos diste ejemplo de cómo desenredar
la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como
Madre Nuestra, pones en orden y haces mas
claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
Tú que con corazón materno desatas los
nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos recibas en tus manos
y que nos libres de las ataduras y confusiones
con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.

Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra
y desata los nudos, que impiden nos unamos a Dios,
para que libres de toda confusión y error,
los hallemos en todas las cosas,
tengamos en El puestos nuestros
corazones y podamos servirle
siempre en nuestros hermanos. Amén

«NO ANTEPONGAN NADA ABSOLUTAMENTE A CRISTO» De la Regla de san Benito, abad

El Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y, si tú, al oír esta invitación, respondes: "Yo", entonces Dios te dice: "Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; guárdate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy."

¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.
Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquel que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.
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