jueves, 14 de marzo de 2013

Ceremonial de la Iglesia


En solemnidad y espectacularidad, nada como el ceremonial de la Iglesia Católica. Todo está medido desde siglos atrás. El niño que canta en la escolaní a es el mismo niño que lo mismo hacía y en el mismo lugar en el siglo XVII o XVIII. Cónclave. Elección del Sumo Pontífice, con llave.


Fórmula impuesta por el Papa Gregorio X, elegido Papa en 1271. Tres años tardaron los cardenales en decidirse, y el pueblo de Viterbo, harto de esperar, encerró con llave a los príncipes de la Iglesia, y los tuvo a pan y agua durante semanas. Para hacerlos más sensibles y receptivos a la inspiración divina, desmontaron el techo de la iglesia, y los cardenales no soportaron el hambre ni el frío, y al fin se decidieron. Más de tres años de
Sede Vacante. Le gustó la idea a Gregorio X y nacieron los cónclaves. La elección de un nuevo Papa es un misterio prodigiosamente dibujado por la tradición y la ceremonia. Tradicionalmente fallan los vaticinios y las encuestas. Y el resultado de las deliberaciones e inspiraciones del encierro bajo llave es tan grandioso, que los más entusiastas seguidores del Cónclave, al menos en España, son los ateos, los agnósticos y los laicos.

Ellos son los que analizan los pormenores de cada cardenal, sus virtudes y defectos, su preparación teológica y sus posibilidades. A los católicos no nos afecta tanto, porque aceptamos de buen grado al nuevo Papa sin preguntarnos demasiado los motivos de su elección.
Este Cónclave tiene un interés especial, histórico. Es el primero en setecientos años que se celebra con el anterior Papa vivo. Está en Castelgandolfo, sin la esclavina, sin los zapatos rojos, recluido en la oración. También la muerte de un Papa guarda toda la grandeza de la
tradición. La ventana cerrada que de golpe se abre y la luz de la habitación se ilumina, y el anuncio a las decenas de miles de fieles que siguen, desde la Plaza de San Pedro, los pulsos de la agonía. «Su Santidad el Papa ha vuelto a su Señor». En este Cónclave, el Papa se ha ido, sencillo y agotado, a pedirle al Señor un sucesor más vigoroso, más fuerte, más dispuesto a expulsar de la Iglesia a «ese Mal que también está entre nosotros».


Más de seis mil enviados especiales. Alguna importancia tendrá esa elección que a tantos les produce risa y distancia. Se juntan los informadores venidos de todo el mundo, y los llamados vaticanistas, los expertos, los que viven el día a día de la Santa Sede, y que acostumbran a ser los que más se equivocan y yerran en sus vaticinios. Ya se ha oído el «todos fuera», el «extra omnes», y hoy, con bastante probabilidad, puede subir por el cielo deRoma ecónclaves anteriores. Todos los expertos valorando los pros y los contras y en un colegio, una niña de pocos años desvelando el Misterio.
Lo he oído en la emisión de la Misa retransmitida por Telemadrid. En una clase, el profesor ha preguntado a los alumnos acerca del nuevo Papa. ¿Quién será el nuevo Papa? Y una niña ha respondido inmediatamente. «El que se sepamejor a Jesús». Otro niño ha levantado la mano, y el profesor le ha
preguntado. ¿Y  qué pasa si hay dos cardenales qe se saben igual de bien a Jesús? Y el niño ha respondido: «Entonces hay que jugárselo tirando una moneda. A cara o cruz». ¿Y quién gana, el que elija cara o el que elija cruz?
«El que elija cruz. Sale cruz seguro».
Lección de Teología.

sábado, 9 de marzo de 2013

Oración por los miembros de la parroquia que están haciendo ejercicios espirituales


Este fin de semana, algunos miembros de nuestra parroquia están haciendo ejercicios espirituales y el fin de semana 23 - 24 los realizarán un grupo de jóvenes.

Recemos al Espíritu Santo para que estos días de recogimiento y de encuentro más cercano e intenso con el Señor, sean muy fructíferos, vengan totalmente renovados y llenos del Amor de Dios.

VEN, ESPÍRITU SANTO


Ven, Espíritu Santo,
y envía del Cielo
un rayo de tu luz.


Ven, padre de los pobres,
ven, dador de gracias,
ven luz de los corazones.

 Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.


Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.
 
¡Oh luz santísima!
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.


Sin tu ayuda,
nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.

 Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está herido.


Dobla lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está extraviado.

Concede a tus fieles,
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de la salvación,
dales la felicidad eterna.

Espíritu Santo que velas por tu Iglesia


Espíritu Santo que velas por tu Iglesia,
Templo del Espíritu Santo:
te pedimos que guardes en tu amor
a nuestro Papa emérito, Benedicto XVI,
para que siga sirviendo con su oración
al Pueblo de Dios.


Te rogamos especialmente
que derrames tus dones, tu gracia, tu luz y tu amor
sobre los Cardenales del mundo entero
reunidos en Cónclave para elegir al nuevo Obispo de Roma,
Sucesor de Pedro, Siervo de los siervos de Dios.
Escucha oh Dios nuestra oración:


que el nuevo Santo Padre
sea amado y escuchado por todos los cristianos;
y que nosotros,
sintiendo la responsabilidad de no dejarle solo,
le ayudemos con la santidad de nuestras vidas,
en la apasionante tarea de llevar a Cristo
hasta el último rincón del mundo
en la Nueva Evangelización
a la que hemos sido convocados.


Ayúdanos en este tiempo de gracia,
a orar con fervor,
a santificar nuestro trabajo de cada día,
a cultivar la gracia de Dios en nuestra vida
–especialmente en el Sacramento de la Confesión y en la Santa Misa-
para poder acoger en el amor
al nuevo Vicario de Cristo.
Unidos con la Virgen María,
oramos ya por el nuevo Pontífice
poniéndolo bajo su maternal amparo.
“Todos con Pedro, a Jesús por María”
Amén.

viernes, 8 de marzo de 2013

La soledad



Hay dos tipos de soledad... 
por ejemplo, está la soledad de quien se aparta de todo para estar consigo mismo y entrar en el silencio del corazón... 
esa soledad es necesaria para escuchar la voz de Dios hablándonos en nuestro interior... 
y esa es la soledad que buscaba Jesús cuando se apartaba de sus discípulos en la madrugada para sumergirse en una oración profunda con el Padre...

Pero hay otra clase de soledad que es dolorosa y nos hace sufrir... 
es la soledad de no sentirse amado... 
de creer que no le importamos a nadie... 
que somos invisibles para quienes nos rodean... 
o peor aún, que nos rechazan o desprecian... 
esa es la soledad que sintió Jesús en la cruz... 
donde aquellos que por tres años le siguieron, escuchando sus palabras y viendo los signos que realizaba... 
cuando llegó el momento de la prueba le dejaron solo... 
más aún, la soledad de haber cargado sobre sí los pecados de todos los hombres... 
que por un instante le hicieron sentir hasta la soledad de estar apartado del Padre...

Hoy te invito a orar por todos aquellos que se sienten solos en este momento... 
pidiéndole al Señor que derrame su Amor en sus corazones y les permita experimentar el abrazo de un Dios cercano, que estuvo dispuesto a dar su vida por ellos...
De "Tengo sed de Ti"

Renuncia de Benedicto XVI

Un interesante artículo de la revista Criterio

Editorial: Los caminos que abre una renuncia

por Consejo de redacción ·
¿Por qué sorprendió tanto la renuncia de Benedicto XVI si se había expresado más de una vez sobre esa posibilidad, que además está contemplada en el Código de Derecho Canónico? Acaso por la relevancia histórica que significa tomar una decisión que atañe a la praxis y a la concepción misma del ejercicio de la autoridad del pontífice en la Iglesia católica. También sorprendió la distancia que separa el final de los dos últimos papados; Juan Pablo II jamás había contemplado esta posibilidad: “Sólo si Cristo se hubiera bajado de la cruz, yo tendría derecho a renunciar”. Los argumentos de Benedicto XVI son quizás más cercanos a la mentalidad contemporánea, y marcan un cambio radical para la Iglesia: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Y señaló que “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu”. El acento está puesto en el análisis racional de sus fuerzas y en su conciencia. Este Papa que no ha temido mostrar su debilidad, decidió ahorrarnos una repetición de la etapa final tan larga como preocupante de su antecesor, pero no se ha bajado de la cruz sino que ha sabido discernir y abrazar la cruz que hoy se le presenta.
Resulta parcial un análisis meramente sociológico o político del trascendental gesto. Se nos impone una apertura al misterio de la gracia, a la significación espiritual y teológica del paso emprendido por Benedicto XVI. Ciertamente la Iglesia es susceptible de ser considerada como otras instituciones, con sus razones y sus conflictos, con sus tradiciones y sus circunstancias políticas, pero no deberíamos perder de vista su íntimo carácter religioso.

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jueves, 7 de marzo de 2013

EL HIJO PRÓDIGO POR BENEDICTO XVI


Queridos hermanos y hermanas:

En este cuarto domingo de Cuaresma se proclama el Evangelio del padre y de los dos hijos, más conocido como parábola del "hijo pródigo" (Lc15,11-32). 

Este pasaje de san Lucas constituye una cima de la espiritualidad y de la literatura de todos los tiempos. En efecto, ¿qué serían nuestra cultura, el arte, y más en general nuestra civilización, sin esta revelación de un Dios Padre lleno de misericordia? 

No deja nunca de conmovernos, y cada vez que la escuchamos o la leemos tiene la capacidad de sugerirnos significados siempre nuevos. Este texto evangélico tiene, sobre todo, el poder de hablarnos de Dios, de darnos a conocer su rostro, mejor aún, su corazón.

Desde que Jesús nos habló del Padre misericordioso, las cosas ya no son como antes; ahora conocemos a Dios: es nuestro Padre, que por amor nos ha creado libres y dotados de conciencia, que sufre si nos perdemos y que hace fiesta si regresamos. 

Por esto, la relación con él se construye a través de una historia, como le sucede a todo hijo con sus padres: al inicio depende de ellos; después reivindica su propia autonomía; y por último —si se da un desarrollo positivo— llega a una relación madura, basada en el agradecimiento y en el amor auténtico.

En estas etapas podemos ver también momentos del camino del hombre en la relación con Dios. Puede haber una fase que es como la infancia: una religión impulsada por la necesidad, por la dependencia. A medida que el hombre crece y se emancipa, quiere liberarse de esta sumisión y llegar a ser libre, adulto, capaz de regularse por sí mismo y de hacer sus propias opciones de manera autónoma, pensando incluso que puede prescindir de Dios. Esta fase es muy delicada: puede llevar al ateísmo, pero con frecuencia esto esconde también la exigencia de descubrir el auténtico rostro de Dios. Por suerte para nosotros, Dios siempre es fiel y, aunque nos alejemos y nos perdamos, no deja de seguirnos con su amor, perdonando nuestros errores y hablando interiormente a nuestra conciencia para volvernos a atraer hacia sí. 

En la parábola los dos hijos se comportan de manera opuesta: el menor se va y cae cada vez más bajo, mientras que el mayor se queda en casa, pero también él tiene una relación inmadura con el Padre; de hecho, cuando regresa su hermano, el mayor no se muestra feliz como el Padre; más aún, se irrita y no quiere volver a entrar en la casa. Los dos hijos representan dos modos inmaduros de relacionarse con Dios: la rebelión y una obediencia infantil. Ambas formas se superan a través de la experiencia de la misericordia. Sólo experimentando el perdón, reconociendo que somos amados con un amor gratuito, mayor que nuestra miseria, pero también que nuestra justicia, entramos por fin en una relación verdaderamente filial y libre con Dios.

Queridos amigos, meditemos esta parábola. Identifiquémonos con los dos hijos y, sobre todo, contemplemos el corazón del Padre. Arrojémonos en sus brazos y dejémonos regenerar por su amor misericordioso. Que nos ayude en esto la Virgen María, Mater misericordiae
Benedicto XVI

martes, 5 de marzo de 2013

Tiempo de oración por la Iglesia

En este tiempo todas las miradas de los fieles católicos se dirigen a Roma, la sede del sucesor del Apóstol San Pedro.

Después que Simón Pedro confesó su fe en Jesús: "Tú eres el Mesías, el  Hijo de Dios vivo", Jesús le dijo: "¡Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrocará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y, lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 16-19)

Como en otros textos bíblicos el cambio de nombre indica la encomienda de una tarea o de una misión. Jesús cambia a Simón este nombre por el de "Pedro", que traduce del arameo Kefas y quiere decir "Roca". De este modo señala la construcción de una casa o templo, de una nueva comunidad, en la que Pedro, discípulo de Jesús, va a tener un papel fundamental. Este papel se describe con la expresión "atar y desatar" y la imagen de "las llaves".

El Papa Benedicto XVI ha sido el sucesor de Pedro en Roma. Él mismo ha declarado públicamente su renuncia. Es tiempo de orar por él, por su sucesor y por toda la Iglesia.
Elías Yanes
Arzobispo Emérito de Zaragoza

lunes, 4 de marzo de 2013

El Sacramento de la Penitencia


El grito de Cristo sigue vivo hoy como hace 2000 años: Convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1,15).

La escucha de esa invitación se concreta de modo particular en un sacramento que tiene un papel clave para la vida cristiana: el sacramento de la penitencia.

Lo explicaba el Papa Benedicto XVI en un discurso pronunciado el 9 de marzo de 2012. Tras preguntarse en qué sentido la confesión sacramental es el camino para la nueva evangelización, respondía:

"En primer lugar, porque la nueva evangelización toma su linfa vital de la santidad de los hijos de la Iglesia, del camino diario de conversión personal y comunitaria para conformarse de modo cada vez más profundo a Cristo. Y existe una estrecha trabazón entre santidad y sacramento de la reconciliación, testimoniada por todos los santos de la historia".

En la confesión, continuaba el Papa, "el pecador arrepentido, por la acción gratuita de la misericordia divina, es justificado, perdonado y santificado, abandona el hombre viejo para revestirse del hombre nuevo".

Desde la renovación que produce la gracia es posible vivir y transmitir el Evangelio. Lo había dicho ya el beato Juan Pablo II, en la Carta apostólica "Novo millennio ineunte" (n. 37), al recordar cómo el sacramento de la penitencia permite redescubrir el rostro misericordioso de Cristo. Lo repite su sucesor, Benedicto XVI, que no duda en gritar, en el discurso antes citado: "Por lo tanto, ¡la nueva evangelización inicia también desde el confesionario!"

Son palabras que muestran la urgencia de una pastoral más viva, más convencida, más creyente, de un sacramento que permite el encuentro entre la necesidad del hombre herido por el pecado y la gracia salvadora de un Dios que busca a cada uno de sus hijos. Son palabras que abren un horizonte magnífico a la nueva evangelización, que será posible sólo desde corazones convertidos y curados gracias a ese milagro de la misericordia que se produce en cada confesión bien hecha.

P. Fernando Pascual

sábado, 2 de marzo de 2013

Conversión en Cuaresma



Estamos en cuaresma, época apropiada para una verdadera conversión.  
Dios desea fervientemente que nos convirtamos, que seamos 
uno de sus conversos. No sólo quiere que aprendamos, 
sino que también practiquemos su forma de vida; quiere 
que nos comprometamos sincera y completamente con él.



Si voluntariamente deseamos seguir sus instrucciones, él 
promete ayudarnos. Por medio de su Espíritu nos dará el 
poder para que sea una realidad lo que nos dice en Efesios 
4:24: “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la 
justicia y santidad de la verdad”. Su propósito es cambiarnos, 
convertirnos desde adentro, desde el corazón.




Cuando alguien se dirigió a Jesucristo como “Maestro 
bueno”, él le respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno 
hay bueno sino uno: Dios” (Mateo 19:16-17). Lo que quiso 
decir Jesús fue que Dios es la única fuente de carácter justo, 
no que algún aspecto de su propio carácter no fuera bueno.



Tú bien sabes, Señor, cuáles son los defectos que debo corregir. Se bien, Señor, que mi salvación esta en juego, y no puedo seguir llevando esta vida estéril. Por eso, en esta cuaresma quiero hacer una decisión firme, sincera, de cambiar mis actitudes negativas para llenarme de los frutos positivos que tú esperas en mí. Se que cuento con tu gracia, Señor. Por eso estoy seguro que este año será grande en mi historia personal, para gloria tuya.

EL RICO EPULÓN Y EL POBRE LÁZARO

Meditación de Benedicto XVIJesús narra la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. El primero vive en el lujo y en el egoísmo, y cuando muere, acaba en el infierno. El pobre, en cambio, que se alimenta de las sobras de la mesa del rico, a su muerte es llevado por los ángeles a la morada eterna de Dios y de los santos. "Bienaventurados los pobres -había proclamado el Señor a sus discípulos- porque vuestro es el Reino de Dios".
Pero el mensaje de la parábola va más allá: recuerda que, mientras estemos en este mundo, debemos escuchar al Señor que nos habla mediante las sagradas Escrituras y vivir según su voluntad, de lo contrario, después de la muerte, será demasiado tarde para arrepentirse.

Por tanto, esta parábola nos dice dos cosas: la primera es que Dios ama a los pobres y les alivia de su humillación; la segunda es que nuestro destino eterno está condicionado por nuestra actitud, depende de nosotros seguir el camino que Dios nos ha mostrado para llegar a la vida, y este camino es el amor, no entendido como sentimiento, sino como servicio a los demás, en la caridad de Cristo. (Benedicto XVI, 26 de septiembre de 2010).

Reflexión apostólica

Hoy, la humanidad sigue necesitando pan y techo, como siempre ha sido; pero justamente ahora, las personas hemos tomado conciencia de lo importante que es ayudar a los demás. Sin embargo, hay que preguntarnos si la ayuda que damos no se queda sólo en una moneda o un pedazo de pan. En nuestros tiempos de consumismo, de trajín y de deseo de pasar por encima de los demás, lo que las personas más necesitan es una sonrisa amable, un gesto de piedad, una palmada de aliento. Los nuevos "Lázaros" me necesitan para que comparta su dolor y para que les muestre el amor de Dios. Cristo quiso sufrir lo que sufre un ser humano y su triunfo y resurrección son la prueba anticipada de nuestro triunfo. Basta abrir el corazón para ayudar a los demás y la valentía para perseverar en mis propias dificultades, en gratitud al amor de Dios.

martes, 26 de febrero de 2013

Elección del nuevo Papa

Nota del portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi:
«El camino de la Iglesia en estas últimas semanas del Pontificado del Papa Benedicto, hasta la elección del nuevo Papa a través de la "Sede vacante" y del Cónclave, es muy laborioso, dada la novedad de la situación. No tenemos - y nos alegra - que adolorarnos por la muerte de un Papa amado, pero no nos ha sido ahorrada otra prueba: aquella del multiplicarse de las presiones y de las consideraciones ajenas al espíritu con el que la Iglesia quisiera vivir este tiempo de espera y de preparación.

De hecho no falta quien busca aprovecharse del momento de sorpresa y desorientación de los espíritus débiles para sembrar confusión y echar descrédito a la Iglesia y sobre su gobierno, recurriendo a instrumentos antiguos - como la maledicencia, la desinformación, a veces la misma calumnia - o ejerciendo presiones inaceptables para condicionar el ejercicio del deber de voto por parte de uno u otro miembro del Colegio de cardenales, considerado no agradable por una razón u otra.

En la mayor parte de los casos quien se coloca como juez, emitiendo graves juicios morales, no tiene en verdad autoridad alguna para hacerlo. Quien ante todo tiene en mente dinero, sexo y poder, y está acostumbrado a interpretar en estos términos las diversas realidades, no es capaz de ver otra cosa ni siquiera en la Iglesia, porque su mirada no sabe dirigirse hacia lo alto o descender en profundidad para captar las dimensiones y las motivaciones espirituales de la existencia. De todo esto resulta una descripción profundamente injusta de la Iglesia y de tantos de sus hombres.

Pero todo aquello no cambiará la actitud de los creyentes, no mellará la fe y la esperanza con la que miran al Señor que ha prometido acompañar a su Iglesia. Queremos, según cuanto indica la tradición y la ley de la Iglesia, que este sea un tiempo de reflexión sincera sobre las expectativas espirituales del mundo y sobre la fidelidad de la Iglesia al Evangelio, de oración por la asistencia del Espíritu, de cercanía al Colegio de cardenales que se apresta al arduo servicio de discernimiento y de elección que le es pedido y que es principalmente para lo que existe.

En esto nos acompaña ante todo el ejemplo y la rectitud espiritual del Papa Benedicto, que ha querido dedicar a la oración del inicio de Cuaresma este último tramo de su Pontificado. Un camino penitencial de conversión hacia el gozo de Pascua. Así lo estamos viviendo y lo viviremos: conversión y esperanza».

domingo, 24 de febrero de 2013

La Transfiguración del Señor

La Transfiguración del Señor es particularmente importante para nosotros por lo que viene a significar. Por una parte, significa lo que Cristo es; Cristo que se manifiesta como lo que Él es ante sus discípulos: como Hijo de Dios. Pero,además, tiene para nosotros un significado muy importante, porque viene a indicar lo que somos nosotros, a lo que estamos llamados, cuál es nuestra vocación.


Las personas humanas a veces pretendemos ser felices por nosotros mismos, con nosotros mismos, pero acabamos dándonos cuenta de que eso no se puede. Cuántas veces hay amarguras tremendas en nuestros corazones, cuántas veces hay pozos de tristeza que uno puede tocar cuando va caminando por la vida. 

¿Sabemos nosotros llenar esos pozos de tristeza, de amargura o de ceguera con la auténtica felicidad, que es Cristo? Cuando tenemos en nuestra alma una decepción, un problema, una lucha, una inquietud, una frustración, ¿sabemos auténticamente meter a Jesucristo dentro de nuestro corazón diciéndole: «¡Qué bueno es estar aquí!»?

Hay una segunda parte de la felicidad, la cual se ve simbolizada en la presencia de Moisés y de Elías. Moisés y Elías, para la mentalidad judía, no son simplemente dos personaje históricos, sino que representan el primero la Ley, y el segundo a los Profetas. Ellos nos hablan de la plenitud que es Cristo como Palabra de Dios, como manifestación y revelación del Señor a su pueblo. La plenitud es parte de la felicidad. Cuando uno se siente triste es porque algo falta, es porque no tiene algo. Cuando una persona nos entristece, en el fondo, no es por otra cosa sino porque nos quitó algo de nuestro corazón y de nuestra alma. Cuando una persona nos defrauda y nos causa tristeza, es porque no nos dio todo lo que nosotros esperábamos que nos diera. Cuando una situación nos pone tristes o cuando pensamos en alguien y nos entristecemos es porque hay siempre una ausencia; no hay plenitud.

La Transfiguración del Señor nos habla de la plenitud, nos habla de que no existen carencias, de que no existen limitaciones, de que no existen ausencias. Cuántas veces las ausencias de los seres queridos son tremendos motivos de tristeza y de pena. Ausencias físicas unas veces, ausencias espirituales otras; ausencias producidas por una distancia que hay en kilómetros medibles, o ausencias producidas por una distancia afectiva.

Aprendamos a compartir con Cristo todo lo que Él ha venido a hacer a este mundo. El saber ofrecernos, ser capaces de entregarnos a nuestro Señor cada día para resucitar con Él cada día. "Si con Él morimos -dice San Pablo- resucitaremos con Él. Si con Él sufrimos, gozaremos con Él". La Transfiguración viene a significar, de una forma muy particular, nuestra unión con Cristo.

Ojalá que en este día no nos quedemos simplemente a ver la Transfiguración como un milagro más, tal vez un poquito más espectacular por parte de Cristo, sino que, viendo a Cristo Transfigurado, nos demos cuenta de que ésa es nuestra identidad, de que ahí está nuestra felicidad. Una felicidad que vamos a ser capaces de tener sola y únicamente a través de la comunión con los demás, a través de la comunión con Dios. Una felicidad que no va a significar otra cosa sino la plenitud absoluta de Dios y de todo lo que nosotros somos en nuestra vida; una felicidad a la que vamos a llegar a través de ese estar con Cristo todos los días, muriendo con Él, resucitando con Él, identificándonos con Él en todas las cosas que hagamos.

Pidamos para nosotros la gracia de identificarnos con Cristo como fuente de felicidad. Pidámosla también para los que están dentro de nuestro corazón y para aquellas personas que no son capaces de encontrar que estar con Cristo es lo mejor que un hombre o que una mujer pueden tener en su vida.

P. Cipriano Sánchez

viernes, 22 de febrero de 2013

Mi vida entera está bajo tu protección, Señor.


Mi vida entera está bajo tu protección, Señor, y quiero acordarme de ello cada hora y cada minuto, según vivo mi vida en la plenitud de mi actividad y en el descanso de tu cuidado.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que de vasta a mediodía.

De día y de noche, en la luz y en la oscuridad, tú estás a mi lado, Señor. Necesito esa confianza para enfrentarme a los peligros que me acechan por todas partes. Este mundo no es sitio seguro ni para el alma ni para el cuerpo, y no puedo aventurarme solo en terreno enemigo. Quiero escuchar una y otra vez las palabras que me aseguran tu protección cuando empiezo un nuevo día al levantarme y cuando entrego mi cuerpo al sueño por la noche, para sentirme así seguro en el trabajo y en el descanso bajo el cariño de tu providencia.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu píe no tropiece en la piedra.

Hermosas palabras llenas de consuelo. Hermoso pensamiento de ángeles que vigilan mis pasos para que no tropiece en ninguna piedra. Hermosa imagen de tu providencia que se hace alas y revolotea sobre mi cabeza con mensaje de protección y amor. Gracias por tus ángeles, Señor. Gracias por el cuidado que tienes de mí. Gracias por tu amor.
Y ahora quiero escuchar de tus propios labios las palabras más bellas que he oído en mi vida, que me traen el mensaje de tu providencia diaria como signo eficaz de la plenitud de la salvación que en ellas se encierra. Dilas despacio, Señor, que las escucho con el corazón abierto.
Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi nombre;
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación.

Gracias, Señor.
Texto sacado de Internet

miércoles, 20 de febrero de 2013

Comunión con Dios


El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.

Y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor,
que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón:
«Buscad mi rostro».
Tu rostro buscaré, Señor.

No me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

martes, 19 de febrero de 2013

Cuaresma, tiempo de conversión



Como cada año, en el primer Domingo de Cuaresma, se presenta el evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto. Fue a partir de este pasaje que el papa centró su enseñanza, recordando que “al comenzar su ministerio público, Jesús tuvo que desenmascarar y rechazar las falsas imágenes del Mesías que el tentador le proponía”. 
Hoy, dijo, “estas tentaciones son también imágenes falsas del hombre, que en todo tiempo socavan la conciencia, disfrazándose de propuestas convenientes y eficaces, incluso buenas”. 
En el relato de los evangelistas Mateo y Lucas, se presentan tres tentaciones de Jesús, “cuyo núcleo central consiste siempre en instrumentalizar a Dios para los propios intereses, dando más importancia al éxito o a los bienes materiales”, explicó el papa. 
De esta manera, continuó, “Dios se vuelve secundario, se reduce a un medio, al final se convierte en irreal, ya no importa, se desvanece”. Ante esto el catequista universal preguntó a los fieles: “En los momentos decisivos de la vida (..) ¿o bien queremos seguir el yo, o a Dios? ¿El interés individual o el verdadero Bien, aquello que es realmente bueno?” 
 
A fin de vivir a salvo del tentador, Benedicto XVI recordó que Jesús, “es la mano que Dios ha tendido al hombre, a la oveja perdida, para que vuelva a salvo (..) no tengamos miedo de afrontar también nosotros la lucha contra el espíritu del mal: lo importante es lo que lo hacemos con Él, con Cristo, el vencedor”. 
BenedictoXVI