Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
sábado, 2 de febrero de 2013
Abrazar el dolor
En el mundo que nos rodea se hace una distinción radical entre la alegría y el sufrimiento. La gente tiene tendencia a decir: "Cuando uno está contento no puede tener penas, y cuando uno tiene penas no puede estar alegre". De hecho, nuestra sociedad contemporánea hace todo lo posible por mantener separadas la alegría y la tristeza. El sufrimiento y el dolor han de evitarse a toda costa, porque son lo opuesto a la alegría y la felicidad que deseamos.
La muerte, la enfermedad, las miserias humanas..., todo esto es menester quitarlo de la vista, porque nos aparta de la felicidad por la que luchamos. Son obstáculos en el camino que lleva a la meta de nuestra vida.

La visión que Jesús nos ofrece presenta un fuerte contraste con esta visión mundana. Jesús mostró, tanto con su enseñanza como con su vida, que la verdadera alegría se oculta con frecuencia en medio del sufrimiento, y que la danza de la vida empieza con el dolor. Él dice : "Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto...El que no puede dar su vida no puede encontrarla; si el hijo del hombre no muere, no puede enviar al Espíritu".
A los dos discípulos que estaban abatidos después de su pasión y su muerte, les dice Jesús: "¡Qué torpes sois y qué tardos para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su Gloria?".
Aquí se revela un modo de vida completamente nuevo. Este es el modo en que puede abrazarse el dolor, no por el deseo del sufrimiento, sino por la certeza de que del dolor nacerá algo nuevo. Jesús llama a nuestros dolores "dolores de parto". Dice: "La mujer cuando está de parto se siente angustiada, porque ha llegado su hora; pero cuando ya ha dado a luz al niño, no se acuerda más de la angustia por la alegría de que ha nacido un hombre en el mundo" (Jn 16,21).
La cruz se ha convertido en el símbolo más poderoso de esta nueva visión. La cruz es un símbolo de muerte y de vida, de sufrimiento y de alegría, de fracaso y de victoria. La cruz es la que nos muestra el camino.
Del libro: AQUÍ Y AHORA de Henri J. M. Nouwen
martes, 29 de enero de 2013
domingo, 27 de enero de 2013
DAR TESTIMONIO DE DIOS
Dice San Pablo: "Pero no aprecio en nada la vida [es
verdad], con tal de completar mi carrera y el misterio que recibí del Señor
Jesús: dar testimonio del mensaje de la gracia de Dios" (Hechos 20, 24).
Esto es lo que el Señor pone en mi corazón y lo que deseo
hacer siempre y de todos modos, en cualquier situación de este mundo.
Por eso, al leer esta página de los Hechos, me siento
profundamente conmovido y tocado, y os deseo a cada uno de vosotros que la
sintáis como vuestra propia autobiografía, que releáis vuestra vida desde ella
y podáis acercaros a las afirmaciones de Pablo, demasiado elevadas para mí.
Ninguno de nosotros está exento de culpa en lo relativo a quienes se pierden.
Pero sabemos que la misericordia del Señor es grande y debemos, por tanto, tratar
de ayudar con todas las fuerzas a los que se pierden.
Nuestra Iglesia es hoy un poco temerosa a la hora de ayudar a
quien se aleja. Es precisa en los establecimiento de los límites, pero no es
tan valerosa para extender la mano a quien está fuera de los límites.
En cambio, debemos dedicarnos a anunciar el reino de Dios y
el mensaje de la gracia de Dios, es
decir, de su misericordia a todos los que vuelven a Él.
El corazón de Dios es inmenso y "aunque la conciencia
nos acuse, Dios es más grande que nuestra conciencia y lo sabe todo" (I
Juan 3-20).
Somos verdaderamente misericordiosos si aprendemos a sufrir
con quien sufre, a gozar con quien goza, a practicar siempre y en las
circunstancias más desfavorables la ética del no hacer daño, la ética del no hacer
sufrir a nadie por causa de nuestro juicio.
Preguntémonos: ¿llevo a quienes están a mi alrededor el
mensaje de la misericordia de Dios? ¿Es
amado Jesús también por mi causa, o bien hay algunas personas que se alejan,
que no comprenden porque no consiguen percibir el rostro de Cristo
misericordioso?
Ciertamente, también Jesús fue fuerte y decidido, pero
prevaleció siempre en Él la misericordia y la acogida. Oremos, pues, para que
nuestra Iglesia crezca en el conocimiento de los grandes dones de misericordia
que se le conceden.
"Las alas de la libertad" de Carlo María Martini
"Las alas de la libertad" de Carlo María Martini
LA IGLESIA CATÓLICA
La Iglesia tiene su origen y realización en el destino eterno de Dios.
Fue preparada en la Antigua Alianza con la elección de Israel, signo de la reunión futura de todas las naciones.
Fundada por las palabras y las acciones de Jesucristo, fue realizada, sobre todo, mediante su muerte redentora y su Resurrección.
Más tarde, se manifestó como misterio de salvación mediante la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés.
Al final de los tiempos, alcanzará su consumación como asamblea celestial de todos los redimidos.
( Compendio 149 )
Isabel
sábado, 26 de enero de 2013
Creer en Dios siguiendo las huellas de Abraham
“Cuando afirmamos : "Creo en Dios", decimos, como Abraham: "Me fío de ti, confío en ti, Señor"
Decir "Creo en Dios" significa fundar en El mi vida, dejar que su palabra la oriente cada día en las opciones concretas, sin temor de perder algo de mí mismo.
Abraham, el creyente, nos enseña la fe, y, como extranjero en una tierra que no es la suya, nos muestra la verdadera patria. La fe nos hace peregrinos en la tierra, insertados en el mundo y en la historia, pero en camino hacia la patria celestial. Por lo tanto, creer en Dios nos hace portadores de valores que a menudo no coinciden con la moda y las opiniones del momento.En muchas sociedades, Dios se ha convertido en el "gran ausente" y en su lugar hay muchos ídolos, en primer lugar el deseo de poseer y el “yo" autónomo. E incluso los progresos, notables y positivos de la ciencia y la tecnología han dado a los seres humanos una ilusión de omnipotencia y autosuficiencia, y un creciente egocentrismo ha creado muchos desequilibrios en las relaciones entre las personas y en el comportamiento social”.
“Y, sin embargo, la sed de Dios no se ha extinguido y el mensaje del Evangelio sigue resonando a través de las palabras y las obras de muchos hombres y mujeres de fe. Abraham, el padre de los creyentes, sigue siendo el padre de muchos hijos que están dispuestos a seguir sus pasos y se ponen en camino obedeciendo a la llamada divina, confiando en la presencia benevolente del Señor y acogiendo su bendición para transformarse en bendición para todos. Es el mundo bendecido por la fe, al que todos estamos llamados, para caminar sin miedo siguiendo al Señor Jesucristo”.
Decir "Creo en Dios" nos conduce, entonces, “a partir, a salir continuamente de nosotros mismos al igual que Abraham, para llevar a la realidad cotidiana en que vivimos la certeza que viene de la fe: es decir, la certeza de la presencia de Dios en la historia, también hoy, una presencia que da vida y salvación”.
Benedicto XVI, 23 de enero de 2013
martes, 22 de enero de 2013
EL PECADO ORIGINAL
Para nuestros contemporáneos existen pecados populares e impopulares. Es popular por ejemplo la intemperancia en el placer. El glotón es un «gourmet», el borracho un «alegre beberrón», y cuando un hombre se oye llamar un Don Juan, se siente más halagado que insultado.
Pero el pecado original es claramente impopular. Tanto, que mucha gente lo resuelve de manera tajante negando su existencia, generalmente basándose en que es contrario a la justicia divina. Que Dios no nos castigaría por algo que en algún nebuloso tiempo remoto hicieron nuestros primeros padres. ¿Y se pretende afirmar que los bebés están tarados con el pecado original? ¿Bebés inocentes, puros, que acaban de nacer? ¡Imposible!
Es ésta una confusión de pensamiento increíble, que como siempre, se produce porque las buenas gentes no tienen ni idea de lo que están hablando. Tuvieron su poquito de clase de religión en el colegio y desde entonces no han aprendido nada o muy poco.
Dios creó a nuestros primeros padres perfectos. Por su rebelión perdieron esa perfección. Pero los padres imperfectos no pudieron engendrar más que hijos imperfectos. Y como este estado de imperfección es consecuencia de la rebelión de nuestros primeros padres, por eso hablamos de pecado original. El pecado original no es, pues, una culpa personal. Es «la falta de la Gracia sobrenatural», y ésta es un don gratuito de Dios. Dios no está obligado a concedérnoslo.
Nuestra culpa es impersonal, es «colectiva», algo así como si una familia sufre las consecuencias de que el padre haya disipado una fortuna en el juego, o una nación entera padece las secuelas de una guerra, porque un clan o un partido se ha metido en ella y la ha perdido. Y no creo que haya nadie capaz de disentir de que somos imperfectos. El bebé recién nacido, inocente y puro, es un saquito de egoísmo recién nacido inocente y puro. Es invidioso, celoso y tiene ataques de ira.
«Pero no sabe otra cosa», dice la madre indignada. Eso, precisamente. No sabe otra cosa. No es perfecto.
«Eso es humano», dice el papá. Eso. Precisamente. Ninguno de nosotros es perfecto. Dios quiere que volvamos a hacernos perfectos.
Con el sacramento del bautismo nos devuelven el don de Dios de la Gracia sobrenatural, perdida por nuestros primeros padres.
Pero nuestra naturaleza requiere la transformación constante por medio de la Gracia, un entrenamiento permanente y una vigilancia incesante. Estamos todos «torcidos» y el proceso de enderezamiento es largo y doloroso. ¡Este proceso se llama... vida!
El hombre que afirma: «Para mí no existe el pecado original», afirma en otras palabras: «Yo soy perfecto por naturaleza». Y esto es -por expresarlo con delicadeza- una afirmación un tanto atrevida.
| Autor: Louis de Wohl | Fuente: Conoze.com | |
La fe de un cristiano
“Un cristiano no puede vivir sin una vida de fe viva, sobrenatural... en todo lo que emprende.
En todos los momentos del día cree que Dios está con él, le ve... que le oye dirigiendo todas sus obras... que le toca... que Él le calienta, le sostiene, le fortalece, le conforta; y cree firmemente que con Él lo puede todo, sin Él nada...
Para el cristiano que camina en las alas de la fe no hay dificultades; todo lo vence, todo lo allana, “todo lo puede en aquel que le conforta”.
Ve realizarse mas milagros que si viese trasladarse las montañas: ve levantarse edificios espirituales de centenares y miles de almas muertas por el pecado y resucitadas por la vida de la gracia; ve levantarse edificios materiales sin elementos humanos; ve realizarse lo que parecían ensueños de oro; ve una mano omnipotente que, a la vez que le bendice, le conduce por los caminos de la vida que el dedo divino le trazara...
Se ve lleno de Dios, rodeado de Dios, siendo un pedazo de Dios colgado siempre de la voluntad de Dios para ejecutarla, y este Dios, tres veces Santo, une su voluntad divina a la de la pobre y débil criatura.”
Beata María Dolores Rodríguez Ortega Sopeña
Fuente: Tengo sed de Ti.
domingo, 20 de enero de 2013
EL CREDO BÍBLICO
CREO EN DIOS. "Nuestro Dios es el único Señor" (Deuteronomio 6,4).
PADRE TODO PODEROSO. "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (Lucas 18,27).
CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA. "En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1).
CREO EN JESUCRISTO. "El es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es" (Hebreos 1,3).
SU ÚNICO HIJO. "Pues Dios amo tanto al mundo, que dio a su Hijo Único, para que todo aquel que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna" (Juan 3,16).
NUESTRO SEÑOR. "Dios lo ha hecho Señor y Mesías" (Hechos 2,36).
QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO. "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo descansará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios" (Lucas 1,35).
NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN. "Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: la Virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel (que significa "Dios con nosotros")" (Mateo 1,22-23).
PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO. "Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús, y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro" (Juan 19,1-2).
FUE CRUCIFICADO. "Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado lugar de la Calavera (o que en hebreo se llama Gólgota). Allí lo Crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado. Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero, que decía: Jesús de Nazaret, Rey de los judíos" (Juan 19,17-19).
MUERTO Y SEPULTADO. "Jesús gritó con fuerza y dijo: -¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, murió (Lucas 23,46). Después de bajarlo de la cruz, lo envolvieron en una sábana de lino y lo pusieron en un sepulcro abierto en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie (Lucas 23,53).
DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS. "Como hombre, murió; pero como ser espiritual que era, volvió a la vida. Y como ser espiritual, fue y predicó a los espíritus que estaban presos" (1Pedro 3,18-19).
AL TERCER DÍA RESUCITO DE ENTRE LOS MUERTOS, "Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras, que lo sepultaron y que resucitó al tercer día" (1Corintios 15, 3-4).
SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTA SENTADO A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODO PODEROSO. "El Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,19).
DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS. "El nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como juez de los vivos y de los muertos" (Hechos 10,42).
CREO EN EL ESPÍRITU SANTO. "Porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado" (Romanos 5,5).
LA SANTA IGLESIA CATÓLICA. "Y yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mateo 16,18).
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS. "Después de esto, miré y vi una gran multitud de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos" (Apocalipsis 7,9).
EL PERDÓN DE LOS PECADOS. "A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados" (Juan 20,23).
LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE. "Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales" (Romanos 8,11).
Y LA VIDA ETERNA. "Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lámpara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su luz, y ellos reinarán por todos los siglos" (Apocalipsis 22,5).
AMEN. "Así sea. ¡Ven, Señor Jesús!" (Apocalipsis 22,20).
Fuente: Catholic.net
sábado, 19 de enero de 2013
SAN MATEO, POR BENEDICTO XVI
Mateo está siempre presente en las listas de los Doce elegidos por Jesús (cf.
Mt 10, 3; Mc 3, 18; Lc 6, 15; Hch 1, 13). En hebreo, su
nombre significa "don de Dios". El primer Evangelio canónico, que lleva su
nombre, nos lo presenta en la lista de los Doce con un apelativo muy preciso:
"el publicano" (Mt 10, 3). De este modo se identifica con el hombre
sentado en el despacho de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento:
"Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en
el despacho de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y le siguió"
(Mt 9, 9). También san Marcos (cf. Mc 2, 13-17) y san Lucas (cf.
Lc 5, 27-30) narran la llamada del hombre sentado en el despacho de
impuestos, pero lo llaman "Leví". Para imaginar la escena descrita en Mt
9, 9 basta recordar el magnífico lienzo de Caravaggio, que se conserva aquí, en
Roma, en la iglesia de San Luis de los Franceses.

Los Evangelios nos brindan otro detalle biográfico: en el pasaje
que precede a la narración de la llamada se refiere un milagro realizado por
Jesús en Cafarnaúm (cf. Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12), y se alude a la
cercanía del Mar de Galilea, es decir, el Lago de Tiberíades (cf. Mc 2,
13-14). De ahí se puede deducir que Mateo desempeñaba la función de recaudador
en Cafarnaúm, situada precisamente "junto al mar" (Mt 4, 13), donde Jesús
era huésped fijo en la casa de Pedro.
Basándonos en estas sencillas
constataciones que encontramos en el Evangelio, podemos hacer un par de
reflexiones. La primera es que Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un
hombre que, según la concepción de Israel en aquel tiempo, era considerado un
pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por
provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una
autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos
arbitrariamente. Por estos motivos, todos los Evangelios hablan en más de una
ocasión de "publicanos y pecadores" (Mt 9, 10; Lc 15, 1), de
"publicanos y prostitutas" (Mt 21, 31). Además, ven en los publicanos un
ejemplo de avaricia (cf. Mt 5, 46: sólo aman a los que les aman) y
mencionan a uno de ellos, Zaqueo, como "jefe de publicanos, y rico" (Lc
19, 2), mientras que la opinión popular los tenía por "hombres ladrones,
injustos, adúlteros" (Lc 18, 11).
Ante estas referencias, salta a
la vista un dato: Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente
mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a
los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables,
pronuncia la importante declaración: "No necesitan médico los sanos sino los
enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mc 2, 17).
La buena nueva del Evangelio consiste precisamente en que Dios ofrece su
gracia al pecador. En otro pasaje, con la famosa parábola del fariseo y el
publicano que subieron al templo a orar, Jesús llega a poner a un publicano
anónimo como ejemplo de humilde confianza en la misericordia divina: mientras
el fariseo hacía alarde de su perfección moral, "el publicano (...) no se
atrevía ni a elevar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
"¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!"". Y Jesús comenta: "Os digo
que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce,
será humillado; y el que se humille, será ensalzado" (Lc 18, 13-14). Por
tanto, con la figura de Mateo, los Evangelios nos presentan una auténtica
paradoja: quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad puede
convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios,
permitiéndole mostrar sus maravillosos efectos en su existencia.
A este
respecto, san Juan Crisóstomo hace un comentario significativo: observa que
sólo en la narración de algunas llamadas se menciona el trabajo que estaban
realizando esas personas. Pedro, Andrés, Santiago y Juan fueron llamados
mientras estaban pescando; y Mateo precisamente mientras recaudaba impuestos. Se
trata de oficios de poca importancia —comenta el Crisóstomo—, "pues no hay nada más
detestable que el recaudador y nada más común que la pesca" (In Matth. Hom.:
PL 57, 363). Así pues, la llamada de Jesús llega también a personas de bajo
nivel social, mientras realizan su trabajo ordinario.
Hay otra reflexión
que surge de la narración evangélica: Mateo responde inmediatamente a la
llamada de Jesús: "Él se levantó y lo siguió". La concisión de la frase subraya
claramente la prontitud de Mateo en la respuesta a la llamada. Esto implicaba
para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a
menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente Mateo comprendió que la familiaridad
con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios.
Se puede intuir fácilmente su aplicación también al presente: tampoco
hoy se puede admitir el apego a lo que es incompatible con el seguimiento de
Jesús, como son las riquezas deshonestas. En cierta ocasión dijo tajantemente:
"Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y
tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esto
es precisamente lo que hizo Mateo: se levantó y lo siguió. En este "levantarse"
se puede ver el desapego de una situación de pecado y, al mismo tiempo, la
adhesión consciente a una existencia nueva, recta, en comunión con Jesús.
Recordemos, por último, que la tradición de la Iglesia antigua concuerda
en atribuir a san Mateo la paternidad del primer Evangelio. Esto sucedió ya a
partir de Papías, obispo de Gerápolis, en Frigia, alrededor del año 130. Escribe
Papías: "Mateo recogió las palabras (del Señor) en hebreo, y cada quien las
interpretó como pudo" (en Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. III, 39, 16).
El historiador Eusebio añade este dato: "Mateo, que antes había predicado a los
judíos, cuando decidió ir también a otros pueblos, escribió en su lengua materna
el Evangelio que anunciaba; de este modo trató de sustituir con un texto escrito
lo que perdían con su partida aquellos de los que se separaba" (ib., III,
24, 6).
Ya no tenemos el Evangelio escrito por san Mateo en hebreo o
arameo, pero en el Evangelio griego que nos ha llegado seguimos escuchando
todavía, en cierto sentido, la voz persuasiva del publicano Mateo que, al
convertirse en Apóstol, sigue anunciándonos la misericordia salvadora de Dios.
Escuchemos este mensaje de san Mateo, meditémoslo siempre de nuevo, para
aprender también nosotros a levantarnos y a seguir a Jesús con decisión.
Conversión a Dios
Éxodo 3,1-15: Yo Soy me envía a vosotros.
Sal 102: El Señor es compasivo y misericordioso.
1 Corintios 10,1-6.10-12: La vida del pueblo en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.
Lucas 13, 1-9 :Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
“Convertíos a Mí de todo corazón” Es un confrontarse con el mismo Dios, tal como nos lo mostraban estas lecturas.
Yo Soy (Yahvé):
Dios es indefinible, el hombre no puede usar su santo nombre en vano; ante Él hay que descalzarse las sandalias. ¿Quién es Dios para mí? ¿Cómo me pongo delante de Él ¿Le adoro y amo sobre todas las cosas?
Zarza que no se extingue:
Se trata del fuego que es Dios mismo, en su misteriosa proximidad al hombre; un fuego, que debe llamear en el corazón de la historia y de cada ser humano, para purificarlo. ¿? ¿Arde mi corazón ante su presencia y la escucha de su Palabra?
Él ve la opresión de su pueblo, y oye su lamento; no es indiferente a su esclavitud, viene a liberarlo y a darle la Tierra prometida. ¿Experimento que Dios está atento a mis problemas? ¿Le presento en la oración mis sufrimientos y los de los hombres?
Dios desea ardientemente la conversión del pecador, y sabe esperar antes de intervenir con su justicia. Como buen Labrador exige a su viña que dé higos, si no, la cortará. Porque, çomo nos dice el evangelio, “si no os convertís, pereceréis!” ¿Siento a Dios “celoso” de mi amor? ¿La exigencia de Dios me hace crecer o me frena y aleja de El? ¿La fe me libera o me oprime?
Es un Dios providente, que nos pone ante los ojos la historia de Israel para que estemos atentos y nos mantengamos en pie. Esa historia es para todos nosotros invitación fuerte a la conversión: “Todo esto se escribió para escarmiento vuestro.” ¿Veo en mi vida concreta a Dios? ¿Miro mis experiencias pasadas como historia de salvación? ¿Cómo me enseña Dios a través de la vida?
Un Dios Paciente:
Dios sabe que convertirse de verdad no es fácil, ni cosa de horas o días. Porque conoce el interior del hombre, Dios sabe esperar, no tiene prisas, cuando ve una disposición sincera para la conversión; “Déjala todavía un año, a ver si da fruto.” ¿Cómo experimento la paciencia de Dios conmigo? ¿Me ayuda a aceptarme?
Dios Compasivo y Misericordioso:
El Dios que nos trae Jesús, sobre todo, es Padre. “El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades”; “rescata tu vida de la fosa, te colma de gracia y de ternura”. “Hace justicia y defiende a los oprimidos”; “enseña sus caminos”. Es “lento a la cólera y rico en clemencia”. Por eso “bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.” ¿Me conmueve su ternura y su clemencia? ¿Es de ver dad para mí compasivo y misericordioso? ¿Tengo presentes sus beneficios?
Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas / y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa / y te colma de gracia y de ternura.
El Señor hace justicia / y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés / y sus hazañas a los hijos de Israel
El Señor es compasivo y misericordioso, / lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles.
jueves, 17 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
ORAR
Para vivir el presente debemos creer profundamente que lo más importante es el aquí y el ahora. Continuamente estamos distraídos por cosas que han ocurrido en el pasado o que han de ocurrir en el futuro. No es fácil permanecer en el presente. Nuestra mente es difícil de dominar y sigue siempre sacándonos del momento presente.
La oración es la disciplina del momento. Cuando oramos entramos en la presencia de Dios, cuyo nombre es Dios con nosotros. Orar es escuchar atentamente a quien se dirige a nosotros aquí y ahora.
Cuando tenemos la valentía de confiar en que no estamos nunca solos, sino que Dios está siempre con nosotros, se ocupa siempre de nosotros y continuamente nos está hablando, entonces podemos ir desprendiéndonos gradualmente de las voces que nos hacen sentirnos preocupados y ansiosos, impidiendo que nos instalemos en el momento presente.
Se trata de un verdadero desafío, porque la confianza radical en Dios no es algo evidente.La mayor parte de nosotros desconfiamos de Dios. La mayor parte de nosotros piensa en Dios como una autoridad temible, que castiga, o bien como algo vacío y sin poder. El mensaje fundamental de Jesús fue que Dios no es ni un débil impotente ni un poderoso patrón, sino un amante, cuyo único deseo es darnos lo que más desea nuestro corazón.
Orar es escuchar esta voz amorosa. Cuando dejamos de rezar, cuando dejamos de oír esa voz amorosa que nos habla en cada momento, nuestras vidas se convierten en vidas absurdas en las que somos arrastrados y zarandeados por el presente y por el futuro.
No estamos solos, y el que está con nosotros sólo quiere una cosa: DARNOS AMOR.
Del libro "Aquí y ahora" de Henri J.M. Nouwen
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