lunes, 12 de diciembre de 2011

VISIÓN DEL EVANGELISTA LUCAS

Vivimos con los hombres de la Biblia. Ellos son nuestros amigos invisibles. No nos dejan en paz si es que estamos en una posición cómoda o andamos ciegos.

Lucas provoca, es de izquierda. Simpatiza con los pecadores y los oprimidos. Se empeña a favor de los enfermos. Jesús le devuelve a la viuda de Naín la vida de su hijo, que había muerto.
Su sensibilidad por los que sufren no sorprende, puesto que era médico.

Lucas centra su atención en Jesús como salvador. Con su Evangelio y los Hechos de los apóstoles inscribe en la memoria de la Iglesia la dimensión social. La hospitalidad, la sorpresa deparada por los no creyentes, el oaprendizaje a partir de los propios errores y la maldición de la falta de misericordia hacen de Lucas un maestro que hoy tiene acceso a los corazones de los jóvenes.

Es radical en su mensaje pero no hiere a nadie. Ensalza a los pobres y muestra a los que tienen bienes un camino para tratar con su riqueza, más aún les indica cómo pueden, con esos bienes, hacer felices a otros y llegar a ser felices ellos mismos. Todos entienden su palabra.

Tal como lo describe Lucas, Jesús está del lado de los hombres que tienen la audacia de levantarse contra la injusticia. Además, Lucas  ignora menos que los otros evangelistas a las mujeres que acompañan a Jesús.

Del libro "Coloquios nocturnos en Jerusalén" de Carlo M. Martini

sábado, 10 de diciembre de 2011

¡Alégrense porque el Señor está cerca!

Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.

Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.

El cardenal Joseph Ratzinger escribió que "el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza".

En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias:

Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.
Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.

Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.

¡Alégrense porque el Señor está cerca!
 Autor: P. Thomas Rosica

Fuente: Catholic.net
 

viernes, 9 de diciembre de 2011

María como modelo

Sobre la ejemplaridad de María se ha detenido por extenso Pablo Vl en la Marialis cultus. Tratando ampliamente de la admirable santidad de María, fruto de la generosidad de Dios y al mismo tiempo de la respuesta humilde y generosa de María, esclava del Señor, el pontífice llama la atención ante todo sobre esta respuesta personal y ejemplar de María. "Bien pronto los fieles comenzaron a fijarse en María para, como ella, hacer de la propia vida un culto a Dios, y de su culto un compromiso de vida" (MC 21).

 "El sí de María es para todos los cristianos una lección y un ejemplo para convertir la obediencia a la voluntad del Padre en camino y en medio de santificación propia". María, en la enseñanza del papa es modelo de vida, modelo universal, modelo de inserción del culto en la vida propia; a su lado el cristiano aprende a vivir, como María, su vida propia con Dios. Cuando el cristiano "contempla la santidad y las virtudes de la llena de gracia" (MC 22), el papa habla de "operante imitación", igual que hace la iglesia "en conmovido estupor", cuando ve en ella "como en una imagen purísima, todo lo que ella desea y espera ser".


Pero a la luz de la ejemplaridad de María también el culto asume un sentido más amplio y vital, resume y presenta toda la actitud del hombre respecto a Dios. María, "modelo de la iglesia en el ejercicio del culto", muestra en ella el modo de vivir la relación entre el hombre y Dios. Los cuatro títulos de la Virgen orante: Virgen a la escucha, Virgen en oración, Virgen madre, Virgen oferente, expresan cómo la iglesia y el cristiano deben desarrollar la relación esencial con Dios: con la actitud de fe que se pone a escuchar (MC 17), la actitud de diálogo gozoso como el del Magnificat (MC 18), la respuesta a la vocación propia de servicio que en María se convierte en maternidad (MC 19) y, finalmente, con la capacidad de expresar en la oferta de sí, en la participación de la oferta redentora de Cristo (MC 20). Así vivida, la devoción a María no deja ya lugar a una piedad egoísta, sentimental e infantil, que excluye el compromiso y la coherencia de vida

Más acuciante es todavía la llamada de Pablo Vl cuando se dirige a los hombres de hoy invitándoles a ver bien en la realidad de María su actualidad: su vida"tiene un valor ejemplar, universal y permanente" (MC 35); María es modelo siempre actual. Es preciso volver a encontrar el verdadero rostro de María, que puede estar cubierto por superestructuras socio-culturales; hay que encontrar la figura verdadera y la verdadera función y misión de María (MC 36); sobre todo es hoy esencial tener presente que la Virgen del evangelio, la mujer de Juan, es la que se contempla y promete en el Génesis, pero también la joven judía "bendita entre las mujeres", colocada en la historia para indicar cómo debe ser en el plan divino la mujer de hoy en todas las situaciones y condiciones reales de la vida; y, con la mujer, el hombre "artífice de la ciudad terrena y temporal, pero peregrino diligente hacia la celeste y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado pero sobre todo testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones" (MC 37).


La imagen renovada y reconsiderada de María que se propone al hombre le ayuda a vivir en plena conformidad con la voluntad de Dios; para esto "Dios ha hecho y dado a María al mundo, para que en el mundo encuentre el hombre en ella una hermana y una madre ejemplar"; alzando los ojos a María, el hombre de hoy puede encontrar en ella el modelo de toda virtud humana y cristiana.

Pablo VI

jueves, 8 de diciembre de 2011

María Inmaculada, redimida por preservación del pecado.Catequesis de Juan Pablo II

1. La doctrina de la santidad perfecta de María desde el primer instante de su concepción encontró cierta resistencia en Occidente, y eso se debió a la consideración de las afirmaciones de san Pablo sobre el pecado original y sobre la universalidad del pecado, recogidas y expuestas con especial vigor por san Agustín.
El gran doctor de la Iglesia se daba cuenta, sin duda, de que la condición de María, madre de un Hijo completamente santo, exigía una pureza total y una santidad extraordinaria. Por esto, en la controversia con Pelagio, declaraba que la santidad de María constituye un don excepcional de gracia, y afirmaba a este respecto: «Exceptuando a la santa Virgen María, acerca de la cual, por el honor debido a nuestro Señor, cuando se trata de pecados, no quiero mover absolutamente ninguna cuestión, porque sabemos que a ella le fue conferida más gracia para vencer por todos sus flancos al pecado, pues mereció concebir y dar a luz al que nos consta que no tuvo pecado alguno» (De natura et gratia, 42).

San Agustín reafirmó la santidad perfecta de María y la ausencia en ella de todo pecado personal a causa de la excelsa dignidad de Madre del Señor. Con todo, no logró entender cómo la afirmación de una ausencia total de pecado en el momento de la concepción podía conciliarse con la doctrina de la universalidad del pecado original y de la necesidad de la redención para todos los descendientes de Adán. A esa consecuencia llegó, luego, la inteligencia cada vez más penetrante de la fe de la Iglesia, aclarando cómo se benefició María de la gracia redentora de Cristo ya desde su concepción.

2. En el siglo IX se introdujo también en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en el sur de Italia, en Nápoles, y luego en Inglaterra.
Hacia el año 1128, un monje de Cantorbery, Eadmero, escribiendo el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción, lamentaba que la relativa celebración litúrgica, grata sobre todo a aquellos «en los que se encontraba una pura sencillez y una devoción más humilde a Dios» (Tract. de conc. B.M.V., 1-2), había sido olvidada o suprimida. Deseando promover la restauración de la fiesta, el piadoso monje rechaza la objeción de san Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana. Recurre oportunamente a la imagen de la castaña «que es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos» (ib., 10). Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original -argumenta Eadmero-, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo» (ib.).

A pesar de Eadmero, los grandes teólogos del siglo XIII hicieron suyas las dificultades de san Agustín, argumentando así: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Y si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado.

3. Duns Escoto, siguiendo a algunos teólogos del siglo XII, brindó la clave para superar estas objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. Sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso, preservándola del pecado original.

De ese modo, introdujo en la teología el concepto de redención preservadora, según la cual María fue redimida de modo aún más admirable: no por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.

La intuición del beato Juan Duns Escoto, llamado a continuación el «doctor de la Inmaculada», obtuvo, ya desde el inicio del siglo XIV, una buena acogida por parte de los teólogos, sobre todo franciscanos. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas.
Ese providencial desarrollo de la liturgia y de la doctrina preparó la definición del privilegio mariano por parte del Magisterio supremo. Ésta tuvo lugar sólo después de muchos siglos, bajo el impulso de una intuición de fe fundamental: la Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde el origen de su vida
4. La afirmación del excepcional privilegio concedido a María pone claramente de manifiesto que la acción redentora de Cristo no sólo libera, sino también preserva del pecado. Esa dimensión de preservación, que es total en María, se halla presente en la intervención redentora a través de la cual Cristo, liberando del pecado, da al hombre también la gracia y la fuerza para vencer su influjo en su existencia.

De ese modo, el dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien contribuye admirablemente a poner mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana
A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad (cf. Lumen gentium, 65) que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 7-VI-96

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La MISERICORIA DE DIOS

Meditación del Papa


Quien va con el Señor, incluso en los valles oscuros del sufrimiento, de la incertidumbre y de todos los problemas humanos, se siente seguro. Tú estás conmigo: ésta es nuestra certeza, la certeza que nos sostiene. La oscuridad de la noche da miedo, con sus sombras cambiantes, la dificultad para distinguir los peligros, su silencio lleno de ruidos indescifrables. Si el rebaño se mueve después de la caída del sol, cuando la visibilidad se hace incierta, es normal que las ovejas se inquieten, existe el riesgo de tropezar, de alejarse o de perderse, y existe también el temor de que posibles agresores se escondan en la oscuridad (Benedicto XVI, 5 de octubre de 2011)
Reflexión

Las palabras del Santo Padre, nos dan una seguridad de la gran misericordia y paciencia de Dios para con el hombre: "Tú estás conmigo: ésta es nuestra certeza, la certeza que nos sostiene". Es una certeza saber que Nuestro Señor Jesucristo siempre va a nuestro encuentro, y que se alegra de tenernos a su lado.

Sin embargo, Él permite que nos perdamos en ocasiones para que comprendamos que nos cuida en cada momento, que está a nuestro lado. Pero hay que recordar que tenemos un deber muy grande al llevar a Cristo a los demás, y que, con nuestra certeza de que Élnunca nos dejará solos, haremos que las personas también se den cuenta de ello, y confíen más en Jesucristo.
Diálogo con Cristo

Señor Jesús, después de meditar contigo sobre la misericordia que tienes con aquellos que se han perdido por no hacer caso a lo que Tú quieres, te doy gracias por regalarme la certeza de que nunca me dejarás en los momentos en los yo me pierda, sabiendo que me esperas y que siempre sales a mi encuentro.
Dios me ama tanto que nunca me dejará solo, ¿Cuál es mi respuesta?
“Tanto se complace Dios en nuestros actos de bondad para con los demás, que ofrece su misericordia solamente a quienes sonmisericordiosos”. (San Hilario, en Catena Aurea vol. I, p. 248)

Andrés González Cristóbal, LC

martes, 6 de diciembre de 2011

PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR

San Juan Bautista fue el precursor de Jesús, la "voz" que Dios envió para preparar la venida de su hijo.
Ya decía Isaías:
Mira que envío a mi mensjero delante de ti,
para que vaya preparando tu camino.
Preparad el camino del Señor
haced rectas sus sendas.

Observando la vida del  Bautista y pensando en sus palabras: Debemos meditar sobre la necesidad de la penitencia y de la confesión frecuente.

La conversión continua, no sólo en grandes cosas, también en esos aspectos de la vida que a veces descuidamos, amor a los que tenemos al lado, preocuparnos de los problemas de los que están a nuestro alrededor y ayudar, si es posible, una palabra amable, una sonrisa, prefección y puntualidad en el trabajo, dando el primer lugar a otros...

San Juan Bautista estaba siempre disponible, la palabra iba acompañada de la obra.
Así debemos prepararnos para la llegada del Señor, siendo coherentes con nuestra fe,  fiarnos totalmente del Señor y que nuestas obras y nuestro continuo caminar a su lado, en los momentos fáciles y en los momentos difíciles nos preparen para su llegada.
MEMM

lunes, 5 de diciembre de 2011

MISIÓN DE LOS DISCÍPULOS DEL SEÑOR

Meditación del Papa


"Él deja a sus Apóstoles y, a través de ellos, a todos nosotros - el mensaje -: "Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos (...) Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19). Como Jesús, los mensajeros de paz de su reino deben ponerse en camino, deben responder a su invitación. Deben caminar, pero no con la potencia de la guerra o con la fuerza del poder.

San JuanCrisóstomo, en una de sus homilías, comenta "Siendo corderos, venceremos y, aunque estemos rodeados de muchos lobos, conseguiremos superarlos". Pero si nos hacemos lobos, seremos derrotados, porque seremos privados de la ayuda del pastor". Los cristianos no deben nunca caer en la tentación de ser lobos entre los lobos; no es con el poder, con la fuerza, con la violencia que el reino de paz de Cristo se extiende, sino con el don de sí, con el amor llevado hasta el extremo, aún hacia los enemigos.

Jesús no vence el mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la Cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. Y esto tiene como consecuencia para quien quiere ser discípulo del Señor, su invitado, el estar también preparado a la pasión y al martirio, a perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfen el bien, el amor, la paz. Es ésta la condición para poder decirentrando en cada realidad "Paz sea a esta casa" (Lc 10,5). (Benedicto XVI, audiencia general, miércoles 26 de octubre de 2011)

Reflexión
El Papa nos enseña que no podemos llevar este mensaje por nosotros mismos, estando alejados del pastor, de Cristo. Sólo lograremos cumplir con este mandato misionario en cada una de las difíciles situaciones en las que vivimos, si estamos unidos a Cristo.

Y el Papa va más allá: "No es con el poder, con la fuerza, con la violencia que el reino de paz de Cristo se extiende, sino con el don de sí". No podemos aceptar pasivamente el mal que sugiere el mundo y mucho menos querer combatirlo con la fuerza.

Sólo podremos ayudar este mundo siendo de verdad lo que somos: cristianos, misioneros, apóstoles de Cristo. Y eso implica el don de nosotros mismos, salir de nuestras seguridades, de nuestras comodidades, para que elprójimo tenga también la paz y el amor de Dios, que nosotros debemos transmitir.

martes, 29 de noviembre de 2011

ADVIENTO

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

Pero nosotros, ¿verdaderamente estamos preparándonos para recibir al Señor?. ¿No estamos metidos en una espiral de la que es muy dificil salir? Comidas, hay que hacer una cena y una comida especial, pero, ¿es necesario perder tanto tiempo y tanto dinero?

Los regalos, un montón de regalos que hay que pensar y comprar, pero ¿no es el cumpleaños de Jesús?, ¿qué regalo le hacemos a Él?.
Hay familias que verdaderamnete celebran el Adviento y la Navidad de una forma cristiana. Pero otras no podemos o no sabemos.

Yo hoy te pido Jesús que me ayudes a preparar mi corazón para recibirte como te mereces y aunque el ambiente exterior no me ayude mucho, en Nochebuena tenga un ratito para darte la bienvenida y mi regalo es el único que se me ocurre ofrecerte intentar amarte cada vez más.
H. de Carmen.

NECESITAMOS TIEMPO PARA PENSAR

Escuchamos música, vemos películas, leemos libros, consultamos páginas de Internet. La cantidad de informaciones y de estímulos puede aturdir los corazones. Pero luego, ¿buscamos tiempo para pensar

Un modo de vivir desordenado nos ha llevado a suponer que no tenemos tiempo para la reflexión. En realidad, el tiempo no ha cambiado: la Tierra se mueve hoy como hace mil años (a no ser que los astrónomos tengan que precisar este dato). Lo que ha cambiado es nuestro modo de vivir o, mejor, nuestro modo de malvivir
Con menos prisas, con menos solicitaciones, con menos angustia por lo accesorio, seremos capaces de abrir espacios para pensar. No de un modo egoístico: un pensamiento encerrado en uno mismo resulta extremadamente pobre e inhumano. Sino de un modo abierto, solidario, disponible a la escucha de los “sabios” en humanidad, en alegría, en justicia, enexperiencias buenas, en ideas verdaderas.
Necesitamos rescatar tiempo para abordar temas esenciales: el origen de la vida, el horizonte que se abre tras la muerte, la dignidad de cada hombre o mujer: nacido o no nacido, rico o pobre, con títulos o sin ellos. Necesitamos invertir la mejor parte de las energías interiores en ese asunto que desde que el hombre es hombre ha preocupado a millones de habitantes de nuestro planeta: ¿qué lugar, qué papel desempeña Dios en el sucederse de los hechos y en las expectativas de los corazones
El día empieza. Lo susurra o lo grita un despertador inflexible, o un pájaro que picotea en la ventana. Mil “necesidades” intentarán ocupar nuestros minutos e inquietar el alma hasta impedir que la mirada atisbe lo esencial, lo importante, lo que nunca acaba.

Si ponemos orden en la agenda interna, si dejamos de ser esclavos de mensajes que nos aturden y oprimen, lograremos abrir espacios para lo que nunca pasa, para lo realmente importante, para lo que más necesitamos: el maravilloso e infinito Amor que viene de un Dios que nos conoce y nos espera en un Reino que dura eternamente.
P. Fernando Pascual

jueves, 24 de noviembre de 2011

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

La Iglesia es "comunión de los santos": esta expresión designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3).

Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha "muerto por todos", de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos.

"Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 30).

«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica 4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69). 


Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

Del Catecismo de la Iglesia Católica

SEÑOR DE LA JUSTA CERCANÍA.

Cualquier segundo es una puerta
para entrar a tiempo.
Todo centimetro es una tierra
que lleva tu huella.
Cada color y cada aroma
me hacen sentir tu fantasia
jugando hacia el infinito.
En cada mirada se asoma
la intimidad de tu misterio.
Todo golpe de azada
cae sobre la tierra
con certeza de cosecha.
Cada canto verdadero
trae hasta mi corazón
el rumor de la fiesta
que ya empezó eterna
al final de mi camino.

 
Señor, no puedes perderte en una clandestinidad absoluta:
yo me moriría en tu ausencia.
Ni puedes revelarte en toda tu grandeza :
yo quedaría absorbido
en el resplandor de tu gloria.


Tú eres el Señor de la justa cercania,
del sacramento necesario
que nos permite irnos haciendo , sin tanto frio y noche
que quede crudo nuestro barro ,
ni tanto sol y medio dia
que tu fuego nos calcine .
ISABEL
Del libro Salmos para " sentir y gustar internamente " .

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Acordémonos de esta viuda que, preocupada por los pobres, se olvida de sí misma hasta el punto de dar todo lo que le quedaba para vivir, pensando sólo en la vida futura, tal como lo atestigua el mismo Señor. Los demás habían dado lo que les sobraba, pero ella, quizás más pobre que muchos pobres- puesto que toda su fortuna quedaba reducida a dos monedas-, en su corazón era más rica que todos los ricos.

Sólo dirigía su mirada hacia las riquezas de la recompensa eterna; deseosa de los tesores celestiales, renunció a todo lo que poseía como a bienes que proceden de la tierra y que a la tierra regresan. Dio lo que tenía para alcanzar lo que no veía. Dio bienes perecederos para obtener bienes inmortales.
Esta pobre mujer no se olvidó de los bienes previstos y dispuestos por el Señor para obtener la recompensa futura. Por eso, el Señor tampoco se olvidó de ella, y el juez de este mundo pronunció por adelantado su sentencia: elogia a aquella que coronará en el día del juicio.
San Paulino de Nola (sacado del Magnificat)

lunes, 21 de noviembre de 2011

NUESTRO ÚLTIMO EXAMEN

Entonces dirá el rey a los de su derecha:


"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte

Y el rey les dirá
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?"
 él replicará
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Algunas personas hemos hecho muchos exámenes en nuestra vida, otros no tantos, pero esos exámenes no tenían tanta importancia como el examen que nos falta a todos los que todavía disfrutamos de vivir. Nos falta el único examen que importa de verdad, nos falta el último examen: NOS TENEMOS QUE EXAMINAR DEL AMOR.
Al final de nuestra vida, a todos, de todas la naciones, de todas culturas, de todas ideologías, nos van a preguntar si hemos amado a los demás, si hemos ayudado a los que nos necesitaban, si hemos consolado a los tristes y hemos visitado a los enfermos.
Si hemos visto a Cristo en los demás, sobre todo si lo hemos visto en los más necesitados, no solo de cosas materiales, sino también necesitados de amor y compañía.

Pidamos al Señor que nos ayude a librarnos de nuestro egoísmo y amemos a los demás como él nos ama.
JME

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL PECADO

En algunos lugares es fácil encontrar a católicos que han perdido la idea del pecado. De ahí se deriva la desafección hacia el sacramento de la confesión y, en no pocos lugares, la costumbre de comulgar sin ninguna inquietud acerca de si uno posee o no posee las disposiciones suficientes para participar en la Mesa del Señor. Otros llevan la pérdida del sentido del pecado mucho más lejos: dejan de comulgar, se alejan poco a poco de una Iglesia que “no les sirve”, apagan en su interior todo anhelo detranscendencia al dejarse invadir por las preocupaciones del mundo.

A través de la catequesis de adultos, de lasdiversas actividades pastorales de la parroquia, de la predicación dominical, se hace urgente un esfuerzo por superar este tipo de interpretaciones equivocadas e insuficientes.
Para descubrir lo que es el pecado necesitamos reconocer que nuestra vida está íntimamente relacionada con Dios, que existimos como seres humanos desde un proyecto de amor maravilloso. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Dios llama a cada uno de sus hijos a una vida feliz y plena en el servicio a los hermanos, y que nos pide, para ello, que vivamos los mandamientos.

Porque existe Dios, porque tiene un plan sobre nosotros, entonces sí que podemos comprender qué es el pecado, qué enorme tragedia se produce cada vez que optamos por seguir nuestros caprichos: nos apartamos del camino del amor.

Es triste haber cometido tantas faltas, haberle fallado a Dios, haber herido al prójimo. Es doloroso reconocer que hemos incumplido buenos propósitos, que hemos cedido a la sensualidad o a la soberbia, que hemos preferido el egoísmo a la justicia, que hemos buscado mil veces la propia satisfacción y no la sana alegría de quienes viven a nuestro lado. Pero la mirada puesta en Cristo, el descubrimiento de la Redención, debería sacarnos de nosotros mismos, debería llevarnos a la confianza: la misericordia es mucho más fuerte que el pecado, el perdón es la palabra decisiva de lahistoria humana, de mi vida concreta y llena de heridas.

Al mismo tiempo, si al mirar a Dios reconocemos que existe el pecado, también podemos descubrir que existe El misterio de la Cruz, de la misericordia, está presente en el sacramento de la Penitencia. Pero, de modo especial, en la Eucaristía. Allí no sólo recordamos, sino que participamos nuevamente en la entrega del Hijo al Padre, en la donación del Amor más grande, que por salvar al esclavo no dudó en entregar al Hijo, como recordamos en el solemne pregón que se canta en la Vigilia Pascual.
Con los ojos puestos en el Crucificado, que también es el Resucitado, podemos descubrir la maldad del pecado y la fuerza de la misericordia. Desde el abrazo profundo de Dios Padre nace en los corazones la fuerza queacerca al sacramento de la confesión, el arrepentimiento profundo que aparta del mal camino, la gratitud que lleva a amar mucho, porque mucho se nos ha perdonado (cf. Lc 7,37-50). Son verdades que los mismos sacerdotes necesitamos vivir en lo más profundo de nuestra alma, son verdades que necesitamos transmitir como una experiencia maravillosa a la que todos están invitados.l perdón, la misericordia,especialmente a la luz del misterio de Cristo.

P. Fernando Pascual

martes, 15 de noviembre de 2011

¡Señor, yo creo en ti, pero aumenta mi fe!

"Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!» Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios."


El ciego de Jeericó nos da una enseñanza clara, hay que tener mucha fe. Nosotros solemos pedir cosas al Señor, pero como no nos las concede o tarda más de lo que pensamos, nos desanimamos enseguida.

El ciego gritaba y gritaba, estaba seguro de que el Señor le iba a curar, ¿estamos nosotros tan seguros? ¿O necesitamos que Jesús nos aumente la fe?

A veces Dios puede tardar tanto en concedernos nuestras peticiones, quizás porque no nos conviene, que nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, como dice San Pablo. Y otras veces porque no lo pedimos con suficiente fe, nuestro Padre está esperando que acudamos a Él con amor y mucha fe.

"Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre".

También nos damos cuenta que el ciego después de curado sigue alabando a Dios, esto también debe se una gran enseñanza para nosotros.

¡Señor, yo creo en ti, pero aumenta mi fe!

MEMM