domingo, 12 de noviembre de 2017

La familia de los que siguen a Jesús


El Día de la Iglesia Diocesana es una llamada al compromiso, a que cada uno aporte en la medida de sus posibilidades para el sostenimiento de las parroquias, o bien dedique parte de su tiempo a realizar aquel servicio que sea más acorde a su vocación. Pero antes que una invitación a hacer, el Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda una pertenencia. Somos una gran familia CONTIGO, reza el lema de este año. Hemos visto en las últimas semanas actitudes en línea radicalmente opuesta, con llamamientos a dejar de contribuir a la financiación de la Iglesia en protesta por los pronunciamientos de algunos de sus miembros en Cataluña. Se trata de una reacción profundamente injusta, puesto que ignora la silenciosa y esforzada labor que se viene realizando para evitar que la confrontación política contamine toda la vida social en esta comunidad. Pero sobre todo refleja una concepción muy pobre de la Iglesia, como una especie de dispensario de servicios que funciona a demanda del cliente-consumidor, en lugar de como una familia de la que uno forma parte, la familia de los discípulos de Jesús.
Alfa y Omega

12 de noviembre: san Josafat


De pequeño solía leer vidas de santos y libros sobre la unidad de las iglesias. Se convirtió al catolicismo e ingresó en la Orden monástica de San Basilio. En 1614 fue ordenado sacerdote y cuatro años después fue nombrado obispo. Fueron muchos los feligreses que reciben su ejemplo de castidad, pobreza y gran generosidad. Por socorrer a los pobres se desprendía de todo, hasta de las cosas más necesarias. Muere asesinado por sus detractores. Fue canonizado en el siglo XIX
Josafat nació en 1580 en Ucrania. Fue educado fuera de la Iglesia católica. Con 15 años comienza a trabajar en un comercio. En sus ratos libros a Josafat le gusta leer, sobre todo libros de santos. También le interesa la unión de las iglesias, lo que termina provocando que Josafat se termine convirtiendo al catolicismo, aunque de rito oriental.
Josafat, ya convertido, ingresa en la Orden monástica de San Basilio. Su vida como monje la coronan la piedad y la penitencia. Sus superiores llegan a afirmar de él: «en breve tiempo llegó a ser maestro de todos, en la ciencia, en la disciplina religiosa y en todas las virtudes».
En 1614 es ordenado sacerdote. La presencia de Josafat en el monasterio consigue aumentar los deseos de santidad de sus compañeros y arden en deseos de una mayor unión con Roma.
Cuatro años después es nombrado obispo de Pólotzk. Son muchos los feligreses que reciben su ejemplo de castidad, pobreza y gran generosidad. Por socorrer a los pobres se desprendía de todo, hasta de las cosas más necesarias. Pero sus buenas maneras también le granjean enemigos, que le llaman «el apóstata papista». Le intentan matar en varias ocasiones, pero él sigue incansablemente difundiendo la fe de Cristo.
Fruto de su predicación surgen diferentes folletos en los que Josafat habla sobre el primado de Pedro, la defensa de la fe católica y sobre el bautismo de san Vladimirio.
El 12 de noviembre de 1623 sus enemigos consiguieron dar muerte a su cuerpo, disparándole y rematándole con una hoz. Su alma subió al Padre. Veinte años después de su muerte fue beatificadopor el Papa Urbano VIII y Pío IX lo canonizó en 1867.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

Evangelio del domingo: No sabéis el día ni la hora


Durante el mes de noviembre la Iglesia se detiene de forma especial en recordar a quienes nos precedieron. Al mismo tiempo, la liturgia se acerca al final del año y nos acerca a la reflexión de las realidades últimas de nuestra vida y del mundo, y a la venida gloriosa de Jesucristo resucitado. San Pablo nos llama insistentemente a la esperanza ante la suerte de los difuntos. Mientras que el mundo pagano griego vivía bastante preocupado de lo inmediato, el apóstol quiere proponer a los habitantes de Tesalónica el consuelo de la certeza de que un día estaremos para siempre con el Señor, gracias a que Jesús murió y resucitó verdaderamente. Los primeros cristianos esperaban como inminente el retorno del Señor. Pero Pablo pretende que no centren su atención en tratar de adivinar cuándo exactamente vendrá de nuevo Jesucristo, sino en vivir llenos de esperanza. La certeza de estar para siempre con el Señor y de que Dios nos llevará con Él debe ser fuente de consuelo y de esperanza, al mismo tiempo que una llamada a vivir el día a día con serenidad en la espera del futuro. En definitiva, creer no significa únicamente afirmar un conjunto de verdades, sino también esperar en ellas. Implica hacer nuestras estas verdades, asimilando que nos afectan directamente y no solo como mera teoría.
Velad
En Mateo hay cinco grandes discursos, en los que el evangelista reúne las enseñanzas más importantes del Maestro. El último se ocupa de las realidades últimas o escatología, y en él se integra la parábola de las vírgenes prudentes. Este relato aparece con la noche como escenario. Y ello responde a algo no accesorio, que encuentra su reflejo en nuestras celebraciones, puesto que si existe un tipo de acción litúrgica de especial relevancia desde los primeros siglos del cristianismo es la vigilia. No es casualidad que actualmente las celebraciones más importantes del año conserven este modo de realización, como es el caso de la Epifanía o de Pentecostés. Pero, sin duda, las más importantes son la vigilia pascual, que constituye el centro del año litúrgico, así como la Misa de medianoche o Misa del Gallo, en Navidad. Desde los inicios del cristianismo y en continuidad con la tradición judía anterior, la noche aparece como el tiempo privilegiado de la salvación. El motivo es que, frente a la oscuridad, las tinieblas y la muerte, el Señor irrumpe como la luz y la vida otorgando un valor nuevo a nuestra existencia. Si olvidamos a Dios y a Cristo, el mundo vuelve a caer en el vacío y en el sinsentido. La vigilancia de la noche está unida a otro factor: la sorpresa y lo inesperado. Estamos en vela porque, como dice el Evangelio de este domingo, «no sabéis el día ni la hora».
El aceite de las lámparas
En la parábola que escuchamos se presentan dos tipos de vírgenes. Las diez tienen lámparas, las diez se quedan dormidas. Cuando de repente se presenta el esposo, solo hay una diferencia entre las prudentes y las necias: las primeras tenían aceite y las segundas no. San Agustín y otros autores ven en el aceite de la lámpara un elemento indispensable para ser admitido al banquete nupcial, un símbolo del amor que no se puede comprar. Se recibe como un don, se conserva en lo más íntimo y se practica en las obras. Precisamente a esto nos anima el pasaje evangélico de este domingo. No nos ha de preocupar conocer cuándo será el fin del mundo o el momento en el que volverá el Señor en poder y gloria. Ni siquiera es particularmente importante prever el fin de nuestros días en la tierra. Lo verdaderamente relevante es estar siempre con las lámparas encendidas, alimentadas por el amor que se nos ha dado como un don del Espíritu Santo. En realidad, se nos está diciendo también que no debemos esperar ningún momento culminante, ya que el esposo, Cristo, se presenta cada día ante nosotros en las diversas posibilidades que tenemos de responder al amor mayor que él ha tenido con nosotros.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid


Evangelio


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
Mateo 25, 1-13
Alfa y Omega


Encender una fe gastada

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.
No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.
Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus lámparas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue el novio a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo, donde se celebrará el banquete nupcial.
Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco "pensatas" y previsoras que toman consigo aceite para alimentar sus lámparas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas "necias" y descuidadas que se olvidan de tomar aceite, con el riesgo de que se les apaguen las lámparas.
Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus lámparas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: "Que se nos apagan las lámparas". Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.
Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del aceite. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal...? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: "Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?". ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?
¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE HOY:




Con la Ascensión, Jesús, el Hijo de Dios, llevó junto al Padre nuestra humanidad que Él asumió. Cristo quiere atraer a todos hacia sí, llamar a todo el mundo para que sea acogido entre los brazos abiertos de Dios, para que, al final de la historia, toda la realidad sea entregada al Padre. 

Pero existe este «tiempo inmediato» entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el tiempo que estamos viviendo. En este contexto del «tiempo inmediato» se sitúa la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25, 1-13). 

... El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él nos da, a todos nosotros, con misericordia y paciencia, antes de su venida final. Es un tiempo de vigilancia; tiempo en el que debemos tener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad; tiempo de tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo para vivir según Dios, pues no sabemos ni el día ni la hora del retorno de Cristo.

Lo que se nos pide es que estemos preparados al encuentro —preparados para un encuentro, un encuentro bello, el encuentro con Jesús—, que significa saber ver los signos de su presencia, tener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar vigilantes para no adormecernos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, con la alegría de Jesús. ¡No nos durmamos!

... Queridos hermanos y hermanas, que contemplar el juicio final jamás nos dé temor, sino que más bien nos impulse a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerle en los pobres y en los pequeños; para que nos empleemos en el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, nos reconozca como siervos buenos y fieles..
(De la catequesis del 24 de abril de 2013)

EVANGELIO DE HOY: VELAD, PORQUE NO SABÉIS EL DÍA NI LA HORA






Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." 

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra del Señor

sábado, 11 de noviembre de 2017

Capilla Hospitalaria de oración on line


Jóvenes San Juan de Dios acaba de poner en marcha una capilla on line que invita a orar juntos por aquellas realidades que hoy día más lo necesitan, como las personas refugiadas, en situación o riesgo de exclusión social, enfermas o inmigrantes. En cada una de las temáticas, el usuario podrá acceder a un texto bíblico, una canción, una oración y un espacio para dejar su petición o acción de gracias.
Orar por los pobres y por todas aquellas personas que están pasando un momento de dificultad, por los presos, por los ancianos, por los desempleados o por las personas sin hogar. Estas son algunas de las 21 temáticas que el internauta podrá elegirpara hacer una pausa y "conectar sus sentimientos con los de todos los hombres y mujeres de la tierra y presentárselos a Dios en una oración común", explica el Hno. Luis Marzo, responsable de Jóvenes San Juan de Dios.
La página web también facilita un espacio de oración por la Iglesia católica, por los misioneros que han sentido la llamada de llevar el Evangelio por todo el mundo, por las vocaciones en la Iglesia y en especial en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y por los jóvenes y los frutos del próximo Sínodo de 2018: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, entre otros.
Este espacio web pretende ser una herramienta dinámica y en permanente actualización. Periódicamente se incorporaran nuevas temáticas para orar, teniendo siempre presente la realidad de nuestro mundo.
Más información sobre Jóvenes San Juan de Dios
Jóvenes San Juan de Dios está formado por un pequeño grupo de jóvenes y Hermanos de San Juan de Dios que intentan ofrecer a otros jóvenes que lo deseen la oportunidad de entrar en contacto con el carisma de la Hospitalidad. Al mismo tiempo se encargan de promover y difundir los valores y actitudes que fomenten la sensibilización y compromiso con el mundo de la salud y la marginación. Y, para ello, ofrecen espacios y tiempos para el compromiso, el servicio y la reflexión desde la fe. Al mismo tiempo quieren hacer presente y cuidar la dimensión de la oración tanto personal como de grupo y dar conocer la posibilidad de transformar la sociedad con actitudes hospitalarias y de acogida.
(Orden Hospitalaria San Juan de Dios)

Olvidado siglo XX



Las experiencias políticas posteriores a la Primera Guerra Mundial ocasionaron una espantosa degradación moral que debe servir de severa advertencia para quienes deseen hoy traspasar los espacios de seguridad de nuestra civilización
El siglo XX fue, según Albert Camus, el siglo del miedo. Y el nuestro como hijo del anterior ha heredado, además, su gran paradoja de suma de tragedia y esperanza, de poder y abuso, de falsas libertades y sentimiento de inseguridad, de humanismo y barbarie. Las experiencias políticas posteriores a la Primera Guerra Mundial permitieron que el terror cobrara forma, adquiriera nombres, ganara adictos e, incluso, buscara dignificarse con mitos que prometían la liberación de los compatriotas mediante el exterminio de quienes habían sido designados como enemigos del pueblo. Aquellas experiencias ocasionaron una espantosa degradación moral que debe servir de severa advertencia para quienes deseen hoy traspasar los espacios de seguridad de nuestra civilización; han de actuar de cordón sanitario ante el radicalismo político y las ideologías que justifican el desprecio a la libertad individual y el envilecimiento comunitario bajo liderazgos mesiánicos y populismos desbordados.
Conmemoramos en estos días el centenario de la Revolución rusa y, con la perspectiva de un mundo tan influido por ella, el acontecimiento brinda una ocasión magnífica a los historiadores para ofrecer una interpretación adecuada del discurrir de una utopía que terminaría convirtiéndose para millones de personas en una horrible pesadilla. Ya lo había profetizado Lenin cuando dijo que la violencia acompañaría forzosamente el hundimiento del capitalismo y el parto de la sociedad comunista. Con idéntica indecencia, pero con más poesía, lo escribió Louis Aragon: «Los ojos azules de la revolución brillan con una crueldad necesaria».
Gentes sumisas que nunca reían
Después de que los bolcheviques disolvieran la Asamblea Constituyente rusa en nombre de la libertad, Rosa Luxemburgo les dijo: «La libertad de opinión es siempre la libertad de aquel que no piensa como nosotros». Su libertad es condición de la mía. Pero, lamentablemente, no fue esa la idea que empujó los vientos de la revolución. «Nosotros nunca hemos hablado de libertad sino de dictadura del proletariado… El problema no es de libertad, pues respecto de esta siempre preguntamos: Libertad, ¿para qué?». Fernando de los Ríos se debió de quedar atónito en 1920 cuando escuchó, de labios del mismísimo Lenin, el acta de defunción de una de las grandes conquistas de la humanidad. En su libro Mi viaje a Rusia, el intelectual socialista confesaría la penosa sensación que le había producido la capital de la revolución mundial, poblada de gentes sumisas que nunca reían. Su voz, sin embargo, sería acallada muy pronto por las de otros viajeros de la izquierda española, más maleables al espejismo, que recorrieron fascinados la Rusia de los soviets en trenes henchidos de pasión propagandística.
¿Queremos olvidar el siglo? ¿Olvidar sus utopías sumergidas en el terror? El amor por Stalin, el Gran timonel, el Padre de los pueblos, el Libertador de los oprimidos, el Guía supremo con los ojos prendidos del alba es uno de los capítulos más siniestros del siglo XX. En un país donde la gente que iba a trabajar se despedía de su familia todos los días porque nadie estaba seguro de regresar por la noche, Stalin obligó a los desgraciados cronistas de su despotismo a una reescritura permanente de la historia para escapar del pelotón de fusilamiento o de los campos de muerte del Gulag. Al mismo tiempo, los líderes de los partidos comunistas europeos no solo ocultaban la atroz realidad del paraíso soviético, sino que difundían por Occidente la farsante imagen de un régimen benefactor del pobre y el obrero.
Civilización sin recursos espirituales
Stalin dijo que mientras una muerte es una tragedia, un millón de muertes es simple estadística. No. Como mínimo un millón de muertes es un millón de tragedias. Como mínimo todo expediente es un destino humano descuartizado. La propaganda del estalinismo es estremecedora: innumerables intelectuales que vivían a resguardo del terror, que no se resistieron a la seducción del poder y el dinero, vitorearon a una de las mayores tiranías de todos los tiempos. ¿No escribió Alberti que sin Stalin ni siquiera el sol podía brillar como brillaba? Y cuando la opinión mundial empezaba a darse cuenta de la mentira del padrecito Stalin, del Educador de la humanidad, ¿Neruda no se había despedido de él con unos versos desmesurados «al capitán lejano que al entrar en la muerte / dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida?».
«Te enseñaré el miedo en un puñado de polvo», escribió el gran T.S. Elliot en su Tierra baldía. Nosotros hemos aprendido la lección del miedo entre los cascotes de un siglo expoliado que dejó a toda una civilización sin los recursos espirituales para comprenderse a sí misma y preservar sus principios. Y nos defenderemos de ese vitalismo irracionalista, de esa orgía de fanatismo y envilecimiento, de esa mezcla de desesperación y utopía, de esa violencia atroz contra el sentido de las palabras que tantas veces han alumbrado en Europa las formas más perversas del populismo antiliberal. Nos protegeremos de quienes nos quieren arrebatar nuestra condición moral, la sabiduría de nuestra tradición, el legítimo orgullo y el grave deber de conservar esa herencia siempre acosada, siempre pendiente de la fuerza de nuestra voluntad.
Fernando García de Cortázar, SJ
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto
Alfa yOmega

«Sois dioses e hijos del Altísimo todos»


Quienquiera que fuese el autor de la primera carta de Juan en los comienzos del s. II, probablemente en Asia menor, y en el seno de una tradición de autoridad apostólica que se remontaba a Juan, no disponía aún de signos de exclamación cuando escribía con caracteres griegos continuos y mayúsculos: «¡Mirad qué gran amor nos ha concedido el Padre para que seamos llamados hijos de Dios! ¡Y lo somos! A causa de esto, el mundo no nos conoce, porque no Le conoció. ¡Queridos! ¡Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado qué seremos! Sabemos que, cuando se manifieste, ¡seremos semejantes a Él, porque Le veremos como es!» (1 Jn 3, 1-2).
Somos… pero aún no lo que seremos… cuando lo seamos… será porque Le veremos. La filiación divina, ser hijo de Dios, no resulta ser un dato adquirido de una vez por todas, sino una vocación, ¡la vocación!, que se va cumpliendo en la vida del hombre. No es de extrañar que el autor de la primera carta de Juan se conmoviera confundido de amor por un Amor tan alto que persigue de ese modo ahijar a los hombres. Ya nos gustaría que con un asombro similar nuestra Facultad de Literatura Cristiana y Clásica San Justino no dejara de celebrar puntualmente, en cada mes de noviembre, sus Jornadas de estudio sobre la filiación en los inicios de la reflexión cristiana.
Ser hombre entraña una variada experiencia de filiación: somos hijos de nuestros padres, de los maestros, de Dios… Siendo todos hijos de Dios a título de criaturas, no lo somos necesariamente de igual modo a partir de ahí. Nos vamos perfeccionando, con un salto cualitativo merced a la gracia del Bautismo, y un camino de plenitud abierto que culminará solo cara a cara glorificados ante el Padre. ¿Podríamos acaso nosotros soñar con una vida tal si Cristo, Unigénito Hijo eterno de Dios, no hubiera vivido también, como hombre, ese camino de filiación que es nuestra salvación?
Nuestro tema se abre a perspectivas múltiples, en torno a la Trinidad, a Cristo, al hombre, al cosmos… A lo largo de 15 años lo venimos estudiando con ayuda de distintos especialistas de la Antigüedad y el cristianismo. Todo nos interesa (filosofía pagana, praxis política imperial de adopción, pedagogía, religiones, religión de Israel, reflexión cristiana, ortodoxa o no, etcétera) con tal de poner de relieve los tesoros más preciados de nuestra fe. Y si nuestra fe es preciosa, solo tiene una razón de ser que consiste en mover a los hombres para que fructifiquen, fructifiquemos, en un dinamismo de caridad, en un dinamismo animado por ese amor tan grande que nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios…
Patricio de Navascués
Decano de la FLCC (Universidad San Dámaso)

Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera?






Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
Y les dijo:
«Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».
Palabra del Señor.

PAPA: REZAR POR QUIENES ELIGEN LA CÁRCEL DE LA CORRUPCIÓN

Una historia de corrupción cotidiana. Es cuanto narra el Evangelio de San Lucas propuesto por la liturgia del segundo viernes de noviembre, a través de la figura del administrador que despilfarra los haberes del patrón y que, una vez descubierto, en lugar de buscar un trabajo honesto sigue robando con la complicidad de los demás. “Un verdadero grupo de corrupción”, fue la definición que dio el Papa en su homilía aludiendo a los acontecimientos de nuestro tiempo.
“¡Son poderosos éstos, eh! Cuando arman los grupos de corrupción son potentes; incluso llegan a tener actitudes mafiosas. Esta es la historia. Pero ésta no es una fábula, no es una historia que debemos buscar en los libros de historia antigua: la encontramos todos los días en los periódicos, todos los días. Esto sucede también hoy, sobre todo con los que tienen la responsabilidad de administrar los bienes del pueblo, no los propios bienes, porque este administrador de los bienes de los demás, no de los propios. Con los propios bienes nadie es corrupto, los defiende”.
De manera que la enseñanza que Jesús saca de este Evangelio – prosiguió diciendo el Papa Francisco – es precisamente la mayor sagacidad “de los hijos de este mundo” con respecto “a los hijos de la luz”: su mayor corrupción, su astucia llevada adelante “incluso con cortesía”, con “guantes de seda”.
Si hay algo que el cristiano no puede permitirse es ser ingenuo
¿Existe entonces – se preguntó el Santo Padre – “una astucia cristiana?”:
“Si estos son más astutos que los cristianos – aunque no diré cristianos porque también tantos corruptos se dicen cristianos – si estos son más astutos que los que son fieles a Jesús, yo me pregunto: ¿Existe una astucia cristiana? ¿Existe una actitud para quienes quieren seguir a Jesús – pero que no terminen mal – que no acaben siendo comidos vivos – como decía mi mamá: “Comidos crudos” – por los demás? ¿Cuál es la astucia cristiana, una astucia que no sea pecado, pero que sirva para llevarme adelante al servicio del Señor y también de ayuda a los demás? ¿Hay una astucia cristiana?”.
Sí, hay una “intuición cristiana para ir adelante sin caer en los grupos de los corruptos” y en el Evangelio – explicó el Papa – el Señor lo indica con algunas contraposiciones, cuando habla, por ejemplo, de los cristianos que son como “corderos en medio de los lobos” o “prudentes como las serpientes y mansos como la paloma”. Y entonces, ¿qué hacer?
Como cristianos tenemos un tesoro dentro: el tesoro que es el Espíritu Santo
Con tres actitudes Francisco indicó, ante todo una “sana desconfianza”, es decir, estar atentos a quien “promete mucho” y “habla mucho” como “aquellos que te dicen: ‘Haz la inversión en mi banco, que yo te daré un interés doble’”. La segunda actitud es la reflexión, ante las seducciones del diablo que conoce nuestras debilidades. Y, en fin, está la oración.
“Pidamos hoy al Señor que nos dé esta gracia de ser astutos, astutos cristianos, para tener esta astucia cristianaSi hay algo que el cristiano no puede permitirse es ser ingenuoComo cristianos tenemos un tesoro dentro: el tesoro que es el Espíritu Santo. Debemos custodiarlo. Y un ingenuo allí se deja robar el Espíritu. Un cristiano no puede permitirse ser ingenuo. Pidamos esta gracia de la astucia cristiana y de la intuición cristiana. También es una buena ocasión para rezar por los corruptos. Se habla del smog que causa la contaminación, pero también hay un smog de corrupción de la sociedad. Oremos por los corruptos: pobrecitos, que encuentren la salida de la cárcel en la que ellos han querido entrar”.
(María Fernanda Bernasconi - SPC).

PAPA FRANCISCO: LOS ESTADOS GASTAN EN ARMAS EN VEZ DE LUCHAR CONTRA LA POBREZA Y PROMOVER LA SANIDAD, LA EDUCACIÓN Y LA PAZ


El Papa Francisco recibió esta mañana a los participantes en el congreso internacional “Por un mundo libre de las armas nucleares y por el desarme integral”, que se está celebrando en el Vaticano. Participan en esta reunión once Premios Nobel de la Paz, altos cargos de la ONU y la OTAN, diplomáticos, representantes de los Estados, entre ellos Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur, Irán. 





En su discurso, el Papa Francisco dijo, entre otras cosas: 

“Es un hecho que la espiral de la carrera armamentista no se detiene y que los costos de modernización y desarrollo de las armas, no solamente las nucleares, representan un gasto considerable para las naciones, hasta el punto de dejar en segundo plano las prioridades reales de la humanidad que sufre: la lucha contra la pobreza, la promoción de la paz, la realización de proyectos educativos, ecológicos y sanitarios, y el desarrollo de los derechos humanos.

Además, no podemos por menos que sentir una aguda inquietud si consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales derivadas de cualquier empleo de las armas nucleares. 

Por lo tanto, considerando incluso el riesgo de una detonación accidental de esas armas, tenemos que condenar enérgicamente la amenaza de su uso, así como su posesión, precisamente porque existen en función de una lógica del miedo que no concierne solamente a las partes involucradas en el conflicto, sino a todo el género humano. 

Las relaciones internacionales no pueden estar dominadas por la fuerza militar, la intimidación mutua o la ostentación de los arsenales bélicos. Las armas de destrucción masiva, en particular las atómicas, no generan nada más que una engañosa sensación de seguridad y no pueden constituir la base de la convivencia pacífica entre los miembros de la familia humana, que debe inspirarse en una ética de la solidaridad...

Es necesario, en primer lugar... ocuparse de las personas y de los pueblos que sufren las desigualdades más dolorosas, a través de una labor que dé prioridad, con paciencia, a los procesos solidarios en vez de al egoísmo de los intereses... Debemos promover lo humano en su unidad inseparable de cuerpo y alma, de contemplación y acción”.

La conferencia ha sido organizada por el el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano. Participan también miembros de las Conferencias episcopales católicas; representantes de otras religiones; y delegaciones de profesores y estudiantes de universidades de Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea.

Papa Francisco: Si hay algo que el cristiano no puede permitirse es ser ingenuo

Durante la Misa celebrada en la Casa Santa Marta este viernes 10 de noviembre, el Papa Francisco advirtió contra la tentación de caer en la corrupción, y señaló que los cristianos no pueden permitirse ser ingenuos: «ante la astucia de la corrupción se debe responder con la astucia cristiana».
El Santo Padre reflexionó sobre los orígenes y consecuencias de la corrupción a partir del Evangelio del día en el que San Lucas habla del administrador corrupto.
Francisco advirtió sobre el poder que tienen los corruptos y el mal que pueden hacer. «Son poderosos. Cuando tienden las redes de la corrupción se vuelven poderosos, van hasta el fondo de su corrupción e incluso pueden terminar desarrollando actitudes mafiosas».
La historia del administrador corrupto que figura en el Evangelio «no es una fábula, no es una historia que podamos encontrar solamente en los libros de historia antigua. La encontramos todos los días en los periódicos, todos los días», lamentó.
«Es algo que sucede también hoy, sobre todo entre aquellos que tienen la responsabilidad de administrar los bienes del pueblo, no sus propios bienes, si no los bienes de los demás. Con los bienes propios, nadie es corrupto», ironizó.
El Papa destacó cómo el Evangelio es actual incluso cuando describe a los «corruptos de guante de seda», cuando al administrador se le descubren sus irregularidades, en vez de actuar con honestidad decide actuar con deslealtad, pero con astucia y gentileza para tratar de mantener su trabajo. Y se preguntó: «¿Qué ocurre si la astucia de los corruptos se vuelve más efectiva que la astucia de los cristianos?».
«Bueno, no diría astucia de los cristianos, porque también hay muchos corruptos que se definen cristianos –se corrigió–, digamos más bien qué pasaría si los corruptos son más astutos que los hijos fieles a Jesús».
Para evitar que la corrupción entre en los cristianos fieles el Papa indicó que «existe una actitud para aquellos que quieren seguir a Jesús de forma que no terminen mal, que no terminen devorados vivos por los demás. O como decía mi madre, que no terminen ‘comidos crudos’».
«¿Cuál es esa astucia cristiana, esa astucia alejada del pecado y que sirve para llevarme hacia el servicio al Señor y la ayuda del prójimo?», se preguntó. «En el Evangelio se explica cuál es esa estrategia cristiana para ir adelante sin caer en las redes de la corrupción. Lo dice Jesús cuando habla de ser ‘astutos como las serpientes y sencillos como la paloma’. ¿Y eso cómo se hace?».
Lo primero es «tener una sana desconfianza que permita estar vigilantes ante los que prometen demasiado, los que hablan demasiado, como aquellos que te dicen: ‘Invierte en mi banco y te daré el doble de interés’».
Lo segundo es «reflexionar, ante las seducciones del diablo que conoce nuestras debilidades, meditar con la oración».
«Si hoy rezamos, el Señor que nos dará la gracia de ser cristianos astutos, de poseer esa astucia cristiana. Si hay algo que el cristiano no puede permitirse, es ser ingenuo», destacó. «Como cristianos, tenemos un tesoro dentro: el Espíritu Santo. Debemos custodiarlo. El ingenuo deja que le roben el Espíritu. Un cristiano no puede permitirse el ser ingenuo», finalizó su homilía. 
ACI

viernes, 10 de noviembre de 2017

El cardenal Osoro en la fiesta de la Almudena: «Sin Dios la realidad se falsifica»




«Es María nuestra Madre la que nos hizo percibir que excluir a Dios del horizonte no nos hace ver la realidad; es más, sin Dios esta se falsifica». Esta es la advertencia que ha lanzado el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en su homilía en la tradicional Misa en honor a la patrona de Madrid, Santa María la Real de la Almudena
En una plaza Mayor abarrotada de fieles y autoridades –entre ellas, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que ha renovado el Voto de la Villa, y la presidenta regional, Cristina Cifuentes–, el purpurado ha denunciado que «el gran error de las tendencias dominantes en este siglo pasado fue falsificar la existencia, haciendo una amputación de la realidad fundante y decisiva que es Dios»; al tiempo que ha agradecido a la Virgen que nos acerque su verdadero rostro.
En la «época que se fragua ya» –ha explicado– es necesario conocer a un Dios que no es «pensando o hipotético», sino «el Dios de rostro humano», «el Dios del amor hasta la Cruz» que «nos dijo que somos hijos de Dios y, por eso mismo, hermanos de todos los hombres». «Bien sabe Ella que, cuando el discípulo acoge en su vida a este Dios que no es una idea, sino una Persona que nos “ama hasta el extremo”, no podemos dejar de responder si no es con un amor semejante y decir: “Te seguiré adonde vayas”», ha aseverado.
La Iglesia –ha subrayado el arzobispo de Madrid– tiene que mostrar este rostro de Dios en el mundo y «buscar siempre las condiciones más humanas, fomentando una cultura de la vida, de su respeto desde el inicio hasta la muerte; la cultura del encuentro entre los hombres, la eliminación de toda forma de violencia, la creación de condiciones para vivir la fraternidad en el respeto, en la entrega de unos a otros».
«Danos tu mirada, abraza nuestros pies y toca nuestro corazón»
Para llevar a cabo esta tarea, que el cardenal Osoro también ha hecho extensible «a todos los hombres y mujeres de buena voluntad», la propia Virgen de la Almudena puede ser un referente. Fijándose en la imagen de la patrona de Madrid, el purpurado ha incidido en que «mira a Dios y, por eso, a todos los hombres». «Solamente desde un encuentro radical con Dios podemos salir, mirar, acercarnos, curar, vendar, prestar nuestra vida a todos los hombres sin excepción, y no desentendernos de nadie», ha explicado.
Luego se ha fijado en las manos de la Virgen, que tocan los pies y el corazón de su Hijo. Como agarra sus pies con la mano derecha, «abraza nuestros pies para que caminemos, para que no dejemos de estar con todos los hombres, por el camino que sea». Y al tocar el corazón de Jesús con su mano izquierda pide que «tengamos la osadía y el atrevimiento de dejar que nuestro corazón palpite al unísono con el de Cristo».
«Santa María de la Almudena, danos tu mirada, abraza nuestros pies y toca nuestro corazón. Haz que los que creemos en tu Hijo caminemos como Él. Y que quienes, por los motivos que fuere, no creen, viendo a tus hijos se pregunten: ¿por qué nos miran como hermanos? ¿Por qué entran en todos los caminos? ¿Por qué tiene un corazón en el que caben todos los hombres? ¿Por qué?», ha concluido.
Junto al cardenal arzobispo de Madrid han concelebrado el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela; el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini; el arzobispo castrense, monseñor Juan del Río; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino; el obispo auxiliar de Getafe, monseñor José Rico Pavés; los vicarios generales de Madrid, Getafe y Alcalá; vicarios episcopales, y numerosos presbíteros.
Además de la alcaldesa y la presidenta de la Comunidad de Madrid, han participado en la Eucaristía la presidenta de la Asamblea, Paloma Adrados; miembros de la Corporación municipal y de la Cámara autonómica; autoridades militares; representaciones diplomáticas, y numerosos miembros de las congregaciones de la Almudena, hermandades y cofradías.
Infomadrid/R. Pinedo

10 de noviembre: san León Magno


San León Magno fue Papa y es doctor de la Iglesia. Luchó incansablemente en la promoción del primado de Roma. Enseñó que la liturgia cristiana no es el recuerdo de tiempos pasados, sino la actualización de realidades invisibles que actúan en la vida de cada uno. Frenó la invasión de los hunos de Atila y evitó que Roma fuera quemada por los vándalos de Genserico
San León Magno nació en la Toscana a finales del siglo IV. En torno al año 430 fue nombrado diáconode la Iglesia de Roma, de la que llegó a ocupar un puesto importante. Diez años después de su nombramiento fue enviado a la Galia para poner paz en la región pero esta misión solo duró un año. El Papa Sixto III falleció y San León fue nombrado su sucesor.
San León fue nombrado Santo Padre el 29 de septiembre del año 440. Su pontificado duró más de 21 años y es recordado como uno de los más importantes de la historia de la Iglesia. Tuvo lugar en una época histórica sumamente difícil en la que predominaban las invasiones salvajes. Tuvo que hacer frente a las invasiones bárbaras, lo que no impidió que consiguiera aumentar la importancia y el prestigio de la Sede de Pedro. San León apoyó y promovió incansablemente el primado romano.
Hay dos episodios en la vida de san León que han contribuido a ensalzar su figura como hombre de paz y con gran autoridad moral y política. En el año 452, los hunos de Atila se acercaban a Roma arrasando todo a su paso. San León salió al encuentro del Atila y lo convenció para que no continuara su invasión, con la que ya había arrasado gran parte del norte de Italia. Atila accedió y así el Papa logró salvar el resto de Italia. Tres años después otra invasión acechaba de nuevo Roma. En esta ocasión san León, que salió para intentar convencer al invasor de que frenara su barbarie, no consiguió evitar que los vándalos de Genserico saquearan durante dos semanas la ciudad. Lo que sí evitó el Santo Padre es que la ciudad fuera incendiada y que fueran saqueadas las basílicas de San Pedro, San Pablo y San Juan, en las que estaban refugiadas gran parte de la población.
Pero san León no sólo salvó a Roma de los bárbaros, también salvó a los católicos de la herejía de Eutiques, que negaba la verdadera naturaleza humana del Hijo de Dios. Esta herejía fue combatida en el Concilio de Calcedonia que afirmó la unión de las naturalezas humana y divina en una única Persona, sin confusión ni separación.
Consciente del momento histórico en el que vivía y de la transición que estaba produciéndose de la Roma pagana a la cristiana -en un período de profunda crisis-, san León Magno supo estar cerca del pueblo y de los fieles con la acción pastoral y la predicación. Impulsó la caridad en una Roma afectada por las carestías, por la llegada de refugiados, por las injusticias y por la pobreza. Se enfrentó a las supersticiones paganas y a la acción de los grupos maniqueos. Vinculó la liturgia a la vida diaria de los cristianos: por ejemplo, uniendo la práctica del ayuno con la caridad y la limosna, sobre todo con motivo de las cuatro témporas, que marcan en el transcurso del año el cambio de las estaciones.
Una de las enseñanzas más importantes de san León Magno es que la liturgia cristiana no es el recuerdo de tiempos pasados, sino la actualización de realidades invisibles que actúan en la vida de cada uno.
San León murió el 10 de noviembre del año 461. Entonces fue sepultado junto a la tumba de San Pedro. Sus reliquias se conservan todavía hoy en uno de los altares de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.
En 1754 un sucesor, Benedicto XIV, le nombró doctor de la Iglesia. San León fue el primer pontífice del que se conserva la predicación que hacía al pueblo, y también es el primero en la lista de los sucesores de Pedro que se puso el nombre de León. Posteriormente otros doce pontífices más utilizaron el mismo nombre.
Benedicto XVI / José Calderero @jcalderero